Drones en la frontera norte….
Por Fred Alvarez Palafox...
El cielo de la frontera norte se ha convertido en una nueva línea de vigilancia invisible. Mientras del lado estadounidense la tecnología militar avanza hacia sistemas láser de alta energía para neutralizar aeronaves —reportando, según datos de Fox News, el derribo de más de trescientos artefactos en lo que va del año—, en México la estrategia se sostiene bajo otros parámetros operativos y de soberanía.
El contraste es alarmante. Frente a esa sofisticación del vecino del norte, la respuesta oficial en México sigue anclada en el optimismo burocrático.
En Zacatecas, ante el cuestionamiento de Israel Aldave de Grupo Fórmula, el general secretario Ricardo Trevilla presumió cifras de la Operación Frontera Norte: 14 mil 270 detenidos, miles de armas y toneladas de droga aseguradas, defendiendo que los 165 equipos antidrones bastan.
Con todo respeto al general secretario, esos datos se quedan cortos ante la realidad.
Hace apenas unas semanas, a mediados de agosto, el secretario del Ejército de EU, Daniel Driscoll, puso sobre la mesa una oferta directa para que México adquiera tecnología militar de vanguardia y sistemas avanzados de intercepción. La pregunta inevitable es: ¿por qué hoy la Sedena la rechaza o la minimiza?
¿Acaso se trata de una defensa ciega de la soberanía o de una limitante presupuestal disfrazada de autosuficiencia?
Apelar a la doctrina de «coordinación sin subordinación» es políticamente correcto, pero militarmente ingenuo cuando las organizaciones criminales operan con flotas de drones comerciales convertidos en ojos tácticos para burlar la ley. Cruzar los brazos bajo el argumento de que los equipos actuales bastan es ignorar que el adversario evoluciona más rápido que nuestros inventarios.
La soberanía no se defiende ignorando las herramientas del siglo XXI, sino adquiriéndolas, dominándolas y utilizándolas para no depender de la mirada ajena en nuestro propio territorio. Porque cuando el crimen organizado domina el espacio aéreo, la soberanía deja de ser un discurso político y se convierte en una peligrosa simulación.
Eso sí, lo digo con todo respeto.
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