25 sept 2006

Elecciones en EE UU

Asa Hutchinson exdirector de la Administración para el Control de Drogas de EE UU (DEA) y exsubsecretario de Transporte y Seguridad Fronteriza del Departamento de Seguridad Nacional Interna y ahora candidato republicano a gobernador por Arkansas acaba de hacer un comercial de campaña sobre drogas e inmigración
Hace unos días la Cámara de Representantes de EE UU aprobó la propuesta de la construcción de la barda fronteriza y días después aprobó un paquete de proyectos de ley sobre deportación de pandilleros, encarcelamiento de los que cavan túneles bajo la frontera y autorización a las autoridades locales y estatales para detener a indocumentados.
En parte esa es una iniciativa de Hutchinson.
Y bueno el tema esta en las campañas.
Estos son los datos del spot de Hutchinson, que empezó a trasmitirse el miércoles 20 de septiembre, a muy pocas semanas de las elecciones del 7 de noviembre.
TITULO: "Seguridad"
DURACION: 30 segundos
PRODUCTOR: Scott Howell & Co.
TRASMITIDO: En todo el estado de Arkansas.
TEXTO: Hutchinson: "He visto como la adicción a las metanfetaminas puede destruir una familia. Y he visto como la inmigración ilegal le hace daño a nuestras comunidades. Como gobernador, lucharé para hacer cumplir la ley contra las drogas, por tratamiento y educación. Y perseguiré a la inmigración ilegal entrenando a los patrulleros estatales para que hagan cumplir las leyes de inmigración y para asegurar que el estado no contrate a trabajadores ilegales. Ser líder significa enfrentar los grandes retos. Especialmente cuando se trata de la seguridad de nuestras familias".
IMAGENES CLAVE: Hutchinson hablando directamente a la cámara. Imagen de un laboratorio de drogas casero. Agentes de la patrulla fronteriza persiguiendo a inmigrantes ilegales. Imágenes breves de un salón de clases y de la oficina de un doctor.
ANALISIS: En su segundo anuncio de televisión, Hutchinson se concentra en dos temas, las drogas y la inmigración ilegal, aprovechando su historial como director de la Agencia de Control de Drogas y como subsecretario de Seguridad Interna.
Sobre las drogas, Hutchinson promueve sus propuestas de recortar las metanfetaminas. Hutchinson ha propuesto crear una oficina para hacer cumplir las leyes de drogas, que estaría se haría moviendo a los agentes de la oficina existente antinárcoticos del estado a una unidad separada. En el comercial también dice que luchará contra la metanfetamina por medio de más educación y tratamiento pero no ofrece nada específico.
A comienzos de este año Hutchinson dijo que quiere reducir el consumo de drogas en el estado en un 50 por ciento y se dice que quiere sumarle 5 millones de dólares más a los juzgados que tratan casos de narcóticos. También ha pedido más programas de educación sobre las drogas por medio de fondos particulares.
El comercial también promueve a Hutchinson como "el único candidato que tiene un plan para luchar contra la inmigración ilegal", continuando con la critica que iniciara en diciembre al candidato demócrata, Mike Beebe , durante su primer debate televisado.
Hutchinson propuso que la policía estatal creara una posición de investigador de tiempo completo para estudiar la falsificación de documentos y que a las agencias estatales, contratistas y subcontratistas se les requiera verificar el estado legal de todos sus empleados nuevos. Hutchinson también ha dicho que el estado debe participar en un acuerdo con el Departamento Federal de Seguridad Interna para le de un poco de autoridad sobre asuntos de inmigración a la policía estatal.

Beebe ha dicho que él utilizará el "púlpito público" de la oficina del gobernador para promover una agenda de mayor seguridad fronteriza y de más programas federales para reducir la cantidad de inmmigrantes ilegales. Beebe y los líderes demócratas estatales han criticado a Hutchinson y dicen que el ex subsecretario de Seguridad Interna a cargo de la frontera y del transporte, en los casi dos años que desempeñó en el puesto no logró reducir la inmigración ilegal.
Fuente: análisis de Andrew DeMillo, escritor de la agencia The Associated Press.

Osama Bin Laden, ¿muerto?


Pero todo apunta que goza de cabal salud y como un fantasma esta en todas partes; según una versión se mueve en una franja de 20 kilómetros sobre la frontera entre Afganistán y Pakistán.

El periódico francés L’Est Républicain publicó el sábado 23 de septiembre una nota supuestamente confidencial de los servicios secretos en la que informan al jefe del Estado, Jacques Chirac, de la posible muerte del líder de la red Al Qaeda, Osama Bin Laden, por fiebre tifoidea; Oussama Ben Laden serait mort, dice la nota del periódico: www.estrepublicain.fr

En tanto la revista Time, por su parte, cita a fuentes saudíes para afirmar que el terrorista “tiene una grave enfermedad relacionada con el agua”. -Is Bin Laden Dead?; http://www.time.com/ (http://www.time.com/time/world/article/0,8599,1538569,00.html

Incluso el periódico mexicano La Jornada reproduce la nota en primera plana y la Rayuela da por muerto al líder de Al Qaeda; "A falta de Bin Laden sólo quedará Bush en la lista de los jefes del terror"; Un mundo sin Bin Laden, dice el editorial de este domingo 24 de septiembre de 2006.

Sin embargo, el propio Chirac señaló que la muerte del terrorista no estaba confirmada y añadió "no tengo ningún comentario que hacer" declaró, al tiempo que dijo estar “sorprendido” de que “una nota confidencial” de los servicios de espionaje francés se haya filtrado, por lo que pidió una investigación al respecto.
El diario L’Est Républicain publicó la información que detalla el contenido de una nota confidencial de la Dirección General de los Servicios Exteriores (DGSE espionaje) transmitida el pasado jueves 21 de septiembre a Jacques Chirac. Dicho documento, sobre la base de las informaciones recibidas de sus homólogos de los servicios secretos saudíes, anunciaba la posibilidad de la muerte, por tifoidea, de Bin Laden.

Según “una fuente habitualmente fiable”, el líder de Al Qaeda, se encontraba en Pakistán el pasado 23 de agosto cuando una tifoidea le causó la parálisis parcial de sus miembros inferiores, enfermedad que no se pudo tratar dado su aislamiento geográfico.
Siempre según la versión del diario francés, los servicios secretos saudíes tratan de conocer desde el pasado 4 de septiembre el lugar exacto donde habría sido enterrado Bin Laden para poder anunciar la noticia de su muerte.
Por su parte, el más reciente número de la revista estadounidense cita sus propias fuentes saudíes para corroborar la teoría de la muerte o grave enfermedad de Bin Laden, que según aseguran “habría contraído una grave enfermedad relacionada con el agua”. Las fuentes de Time señalan que hay una “alta probabilidad” de que Bin Laden haya muerto de dicha enfermedad, aunque el gobierno saudí todavía no ha recibido evidencias concretas del fallecimiento. “Esto no es un rumor. Está muy grave, su enfermedad podría ser terminal, pero no tenemos informaciones concretas que nos digan que ya ha muerto”, aseguran. (www.time.com/time: Is Bin Laden Dead?).
Tras tener noticia de la publicación de la nota, el Departamento de Estado estadounidense emitió un comunicado en el que aseguran que no están en condiciones de confirmar el documento. “No tenemos ninguna confirmación de esos informes”, señaló el portavoz Sean McCormack.
ItelCenter, una organización con sede en Washington dedicada a hacer un seguimiento de las comunicaciones terroristas, dijo conocer que algún otro informe similar haya sido difundido por la internet.

Y ayer el ministro francés de Asuntos Exteriores, Philippe Douste-Blazy, aseguró ayer que, hasta donde él sabe, Bin Laden no está muerto. "En absoluto estamos informados de cualquier tipo de problema de salud o de su muerte", declaró Douste-Blazy en una entrevista a la cadena de televisión LCI.

Y parece que una vez más los servicios de inteligencia - y algunos medios- se equivaron: Bin Laden goza de cabal salud.
Y es que a diferencia del caso de Saddam Hussein, hasta hoy nadie se ha presentado a cobrar los 27 millones de dólares ofrecidos como recompensa.
Quien si murió hoy según la agencia Europa Press es es Omar Faruq, un importante lugarteniente del líder de Al Qaeda. Fue muerto por las fuerzas británicas en una redada en una casa de la ciudad iraquí de Basora, informaron responsables de seguridad, citados por la BBC. Al-Farouq era uno de los cuatro presuntos miembros de Al-Qaeda que se fugó de una prisión en la ciudad afgana de Bagram en julio del año pasado.

El fantasma de Bin Laden en campaña en EE UU
En tanto en EE UU los republicanos y los demócratas están peleando por la cuestión de seguridad nacional en sus campañas para las elecciones legislativas del 7 de noviembre, y ayer domingo, el ex presidente de EE UU Bill Clinton lamento haber fracasado en su intento de capturar a Osama Bin Laden. ''No lo maté, pero por lo menos hice el intento'', indicó en una entrevista transmitida ayer en el programa Fox News Sunday. "Esa es la diferencia entre algunos y yo, incluyendo todos los derechistas que me atacan ahora''.
Agrego ''si yo todavía fuera presidente tendríamos más de 20,000 tropas allí tratando de matarlo'.
Una unidad especial de la CIA para detener al líder terrorista fue cerrada a fines de 2005, según informó el diario The New York Times.
Osama Bin Laden: "Dios todopoderoso me concedió la gracia de nacer de padres musulmanes en la península Arábiga, en el barrio de Al Malazz, en Riad, el 10 de marzo de 1957. Después, Dios fue misericordioso con nosotros, que fuimos a la sagrada Medina seis meses después de que naciera. El resto de mi vida estuve en Hejaz , entre La Meca, Yedda y Medina. Como todo el mundo sabe, mi padre, el jeque Muhammad Bin Auad Bin Laden, nació en Hadramaut. "Después estudié en Hejaz. Estudié Económicas en la Universidad de Yedda, la llamada Universidad Rey Abdul Aziz. De niño trabajé en carreteras para la empresa de mi padre, Dios tenga piedad de su alma. Mi padre murió cuando yo tenía 10 años."
Éste es un breve relato de la vida de Osama Bin Laden en el libro de Peter L. Bergen Osama, de cerca, que publicará la editorial Debate en marzo (El País, 10/09/2006)
Peter Arnett: le pregunta: ¿Cuáles son sus planes para el futuro?
Bin Laden: Los verá y oirá hablar de ellos en los medios, Dios mediante.

24 sept 2006

abusar de la palabra

El arte del silencio/Jorge Edwards, escritor chileno

Tomado de EL PAÍS, 23/09/2006

Hemos abusado del lenguaje en la política, en la literatura, en el arte. El exceso verbal ha sido una fuente inagotable de errores, de fracasos, de situaciones congeladas. Habría que estudiar en qué medida la violencia que flotaba en el aire durante los años de la Unidad Popular, incluso durante los tiempos finales del régimen de Eduardo Frei Montalva, desembocó en el abuso y en la violencia armada que ahora tratamos de sancionar en los tribunales de justicia. Las palabras tienen un peso, una luz y una sombra, un efecto que puede llegar a ser devastador.
No siento demasiado respeto por la gente que usa las palabras con laxitud, en forma desbordante, sin medir su peso verdadero. Desconfío de los escritores torrenciales, palabreros, aun cuando su flujo verbal asuma las apariencias de la vanguardia, así como desconfío de los políticos demasiado locuaces. Ejemplos de escritores excesivos y que a la vez tienen un sentido débil de la construcción, de la composición del texto, hay muchos. En la literatura francesa se produjo a comienzos del siglo XX el gran contagio, el sarampión de Marcel Proust. Fui en mi juventud, como casi toda mi generación, un proustiano apasionado, fanatizado. Todavía releo páginas sueltas de la Recherche con frecuencia. Hace poco, a propósito de una película de mi amigo Raúl Ruiz, releí entero El tiempo recobrado. Pero no sé qué ocurriría después de una relectura atenta de toda la obra monumental. Lo que siempre tengo presente es que Proust, antes de entrar en su texto, concibió una arquitectura capaz de sostenerlo en toda su riqueza. De otro modo habría naufragado en palabras. Quizá nos toque volver pronto a los grandes maestros de la síntesis, del pensamiento concentrado, de la construcción sabia: otra vez Flaubert, otra vez Antón Chéjov y Joseph Conrad, con Borges, el inevitable Borges, a cargo del timón.
Los políticos suelen abusar de las palabras como si el ejercicio no tuviera consecuencias. En una primera etapa, los intelectuales, los escritores, los hombres de pensamiento, sienten la tentación de aplaudir, pero lo más frecuente es que al cabo de poco tomen sus distancias. Eso de los empresarios chupasangre, dicho y repetido por un dirigente de nuestro socialismo, me ha parecido más pintoresco que otra cosa, pero la verdad es que revela un deterioro de nuestra convivencia política. Lo cual obliga a reflexionar sobre otro asunto: si la convivencia política vale por sí misma, o si a veces, como se decía en algunas etapas revolucionarias, se impone la extraña necesidad de agudizar el conflicto.
Karl Popper, uno de los críticos del marxismo más agudos y tenaces del siglo XX, sostenía que el error de la doctrina se hallaba en su origen mismo. Y consistía en buscar por todas partes al enemigo, en proponer una política de constante confrontación, de división de la sociedad, en lugar de buscar amigos que ayuden a encontrar soluciones. Si uno alguna vez ha podido observar de cerca un estado de conflicto revolucionario, uno se ha visto sorprendido por el proceso inexorable de creación de enemigos. Se diría que la existencia del enemigo se convierte en parte del horizonte cotidiano. Es por eso que Mijaíl Gorbachov, a pesar de numerosos errores, tuvo una visión central positiva, de fondo humanista: la de convertir a Rusia en un país normal. No sabemos exactamente qué quiso decir con eso, pero podemos suponerlo. Embarcada en la Guerra Fría, dominada por el propósito insensato de destruir de raíz el capitalismo, la sociedad soviética se había enfermado. Estaba enferma de ideología, de odio, de represión, dolencias que siempre van acompañadas, en la sombra, en el reverso de la medalla, de cinismo y desencanto. Como siempre, el testimonio de la literatura, del arte, es más seguro que el de la historia. Lean ustedes los escritos de la disidencia, los textos de Nadejna Mandelstam, las novelas de Pasternak, los cuentos de Isaac Babel, y comprobarán que siempre se observa el mismo fenómeno. El enemigo lo justifica todo, y por esta misma razón, aunque no exista, es necesario inventarlo. ¿Qué sentido, por ejemplo, tiene acusar de gusanos, de enemigos de la patria, de agentes de la CIA, esto es, de las agencias del enemigo, a todos los que no están de acuerdo con mi revolución, con mi dictadura personal, con mi sistema?
Es el vicio de origen, el pecado original del comunismo. Y lo más inquietante es que todo comienza con un uso determinado y un abuso del lenguaje. En el principio era el verbo: un verbo, en este caso, manipulado, saturado de odiosidad. Y la enfermedad del comunismo se transmite de inmediato al anticomunismo. Escuchar un discurso de Fidel Castro en sus momentos de culminación, de exaltación a su más alto nivel, no es muy diferente de escuchar un discurso de Adolfo Hitler o del general Augusto Pinochet. Francisco Franco, debido probablemente a su astucia de gallego y al contexto internacional en el que lo tocó que actuar, era un poco menos gárrulo y se exponía algo menos. La duración del franquismo fue casi tan larga como la del castrismo. Y en materia de controles internos, no era ni un ápice menos duro que el pinochetismo. Pero hay un fenómeno que percibo con frecuencia en España y que nunca deja de sorprenderme: la figura de Franco es menos negra, está más alejada de una noción del mal absoluto, incluso entre sus enemigos, que la de Augusto Pinochet. Por eso parece casi razonable que un juez español dedique sus energías a juzgar los crímenes chilenos y no los de su propia dictadura, tan imprescriptibles, sin embargo, como los de la nuestra.
En estos días se ha mencionado en la crítica y en el ensayismo chileno la obra del filósofo, esteta y poeta Luis Oyarzún Peña. También se ha hecho un homenaje en no sé qué aniversario de su muerte a otro filósofo y notable escritor, Jorge Millas. En París, hacia mediados del año 1972, recibí una carta de Luis Oyarzún, enviada desde la ciudad lejana de Valdivia, en la que me hablaba con inquietud, con malos presentimientos, del lenguaje de la prensa de extrema derecha y de extrema izquierda de esos días. Veía en ese lenguaje los signos de una guerra interna muy próxima. Mucho tiempo después me ha tocado estudiar al personaje de Jorge Millas, gran amigo de Oyarzún y profesor mío de filosofía del derecho. Encontré que Millas participó en el congreso de escritores de Concepción a comienzos de los sesenta. Fue un congreso célebre, al que concurrieron figuras extraordinarias y todavía mal conocidas, como Alejo Carpentier y Carlos Fuentes. Hubo largas intervenciones sobre la entonces joven Revolución Cubana y dominó el tono de la apología, el aplauso incondicional. Pues bien, Jorge Millas se transformó en la única voz disidente. Fue, por lo demás, una voz discreta, esencialmente equilibrada. Lo que sostuvo, en resumen, es que también había que explorar otros caminos, otras alternativas, a fin de lograr una auténtica liberación de nuestro mundo. A pesar de su tono, o quizá por eso mismo, su intervención cayó como un balde de agua fría. Fue un escándalo político de gran envergadura.
El silencio que ha rodeado a Luis Oyarzún y a Jorge Millas en la historia intelectual chilena de estas últimas décadas, en contraste con el ruido, con la palabrería que vienen de otros sectores, me parece decidor. Es un silencio que habla fuerte. Isaac Babel, poco antes de ser deportado a Siberia en los años del terror estalinista, declaró en la unión de escritores soviéticos que él se había convertido en un maestro del arte del silencio. Nosotros estamos muy lejos de vivir en una situación comparable, pero no hay que abusar nunca de las palabras, con ningún pretexto, en ninguna circunstancia. La democracia, por sólida que parezca, hay que cuidarla siempre. Acordémonos de Lucho Oyarzún encerrado en su provincia y del reservado Jorge Millas, quien desconfiaba siempre de la euforia y hasta de cualquier forma de unanimidad.

23 sept 2006

El Cardenal Norberto Rivera


Norberto Rivera Carrera, Arzobispo Primado de México

Nació en La Purísima, municipio de Tepehuanes, Durango el 6 de junio de 1942.

Cursó sus estudios de Filosofía en el Seminario Diocesano de Durango y Teología en el Pontificio Colegio Pío Latinoamericano y en la Pontificia Universidad Gregoriana en Roma.

Fuue ordenado sacerdote el 3 de julio de 1966; fue Vicario en la Parroquia de Río Grande, en Zacatecas, Profesor de Teología Dogmática en el Seminario Mayor de Durango, Asesor Diocesano del Movimiento de Jornadas de Vida Cristiana, Prefecto de disciplina en el Seminario de Durango, Asesor Diocesano del M.F.C., encargado de Comunicaciones Sociales de la Arquidiócesis de Durango y Profesor de Eclesiología en la Universidad Pontificia de México.
Dentro de la Conferencia del Episcopado Mexicano, fue Secretario Ejecutivo del Departamento de Pastoral Familiar, en la Comisión Episcopal para el Apostolado de los Laicos.

Fue nombrado Obispo de Tehuacán el 5 de noviembre y consagrado el 21 de diciembre de 1985. (Sustituyó al obispo Rafael Ayala Ayala, quien estuvo al frente de la diócesis de Tehuacán, Puebla de 1962 a 1985) ministerio que desarrolló de 1985 a 1995.
Acompaño al cardenal Alfonso López Trujillo en el Congreso Latinoamericano “Familia, Mujer y Empresa” celebrado del 11 al 13 de mayo de 1995 en Monterrey, NL organizada por el Pontificio Consejo para la Familia, con el apoyo de 86 personajes del sector empresarial de América Latina, consideró que la superación de los problemas económicos en América Latina se debe al “heroísmo de muchas mujeres que, con imaginación y trabajo y sacrificio, hacen posible la subsistencia de muchas familias”
Dos meses despues fue promovido -a propuesta del nuncio Girolamo Prigione- por Juan Pablo II como Arzobispo Primado de México, Arquidiócesis de la que tomó posesión el 26 de Julio de 1995, sustituyó en el cargo al Cardenal Ernesto Corripio Ahumada, hoy arzobispo Primado emérito.

Fue nombrado Cardenal de la Santa Iglesia el 18 de enero de 1998 y recibió el birrete cardenalicio en el consistorio del 21 de febrero del mismo año.
Cargos antes de ser Primado:
· Asesor diocesano del Movimiento “Jornadas de Vida Cristiana” (1958-1970)
· Vicario cooperador de la parroquia de Río Grande, Zacatecas (1966- 1967).
· Prefecto de disciplina de los alumnos de filosofía en el Seminario Mayor de Durango (1970-1973).
· Asesor diocesano del “Movimiento Familiar Cristiano” (1975- 1978).
· Catedrático de Teología Dogmática en el Seminario Mayor de Durango (1967-1985)
· Profesor de Eclesiología en la Universidad Pontificia de México (1982-1985).
· Miembro del Consejo Episcopal para la Familia del Celam (1989-94).
· Representante de la Región Pastoral de Oriente (1989-1991).
· Presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Familiar, CEM (1992-1994)
· Visitador junto con los obispos, Juan Sandoval Iñiguez, Javier Lozano Barragán, Rafael Gallardo y Raúl Vera, de seminarios de Congregaciones religiosas .
Practicamente no se supo en los medios de conflictos en Tehuacan de parte de Rivera Carrera, recuerdo que lo más grave fue el caso del sacerdote ecuatoriano Hallo del Salto, el cual fue expulsado de México.
Norberto Rivera Carrera me sorprendió con un servicio religioso el día 18 de septiembre de 1995 en la víspera del décimo aniversario del terremoto del 19 de septiembre de 1985.

La importancia del discurso del Arzobispo, radica en que en ese momento fue considerado como DEMASIADO CRÍTICO y como una virtual toma de posición del prelado frente a las políticas de gobierno, ya que define su postura económica y política frente a la crisis por la que atraviesa el país.
Otro aspecto a considerar es que el mensaje se da justamente en una fecha muy significativa para los capitalinos.

A continuación sólo algunas partes del discurso:

El arzobispo criticó de manera tajante y directa el modelo neoliberal, como el utilizado por el actual gobierno, ante el que -dijo- “necesitamos con urgencia un cambio económico y social, ya que los efectos de las crisis recurrentes son más devastadores que los sismos de 1985”.

También criticó de manera indirecta, el discurso oficial, al señalar que “no basta con elogiar el orgullo estoico con el que los mexicanos afrontan cada sexenio la cuesta de los ajustes económicos concomitantes de las crisis de los últimos decenios”. Sentenció que “no basta con aludir al sacrificio de los obreros y los campesinos. No basta con reconocer la marginación centenaria de los indígenas, tanto los que permanecen en sus lugares de origen como los que pasean su miseria por las calles de nuestra ciudad”.

El prelado afirmó que es urgente el cambio, y “por eso exhorto a todos, a los más altos responsables de las decisiones políticas, económicas y sociales, a los banqueros y empresarios de todos los rangos, así como a todos los ciudadanos, a buscar con creatividad y perseverancia nuevos caminos”.
Sostuvo que en lo económico es “necesario corregir el rumbo del capitalismo neoliberal y aceptar el pago social de la ganancias”.
Pidió adoptar alternativas más acordes con las múltiples dimensiones de la persona que requiere de fomento y de seguridad social: “Los trabajadores no sólo son agentes de la producción”. Consideró que “la libre competencia, las leyes del mercado y las ganancias no pueden ser consideradas como los únicos criterios que han de regir la economía”.

Sin apartarse del camino de la crítica, señaló que lo erróneo del modelo “lo muestra el resultado catastrófico de los últimos años, con 40 millones de mexicanos cada vez más pobres y la excesiva concentración de la riqueza en unos cuantos privilegiados”. Señaló “no hay ningún signo, hasta ahora, de que esto pueda suceder en el contexto actual, más bien parece lo contrario, con la fuga de esos capitales a otros países”.

Por ello señaló “no podemos permanecer como si nada ante los signos de muerte que se viven en nuestro país, donde prolifera la extrema pobreza, la corrupción, la impunidad y la violencia”, y llamó a hacer un frente común contra el narcotráfico.

Agudiza su crítica al señalar que “no ha resultado válida la justificación de que era necesario primero generar riqueza para después destribuirla”. Demandó modificaciones en el campo de la política, en el que es necesario abrir cauces a la expresión y corresponsabilidad de todos los partidos y organizaciones.

Finalmente anunció que la Iglesia Católica mexicana lanzará un programa de ayuda dirigido a la gente más necesitada y que será coordinado por la sección Caritas de la Arquidiócesis de México.

Podemos interpretar las opiniones en materia económica de Mons. Rivera, como un propuesta a los gobernantes de volver los ojos al capitalismo humanista concepto que ha manejado el Vaticano. Sin embargo, llama la atención el tono crítico, inusual en la jerarquía católica, que se hace al modelo económico neoliberal, al subrayar sus consecuencias y pedir directamente un cambio de rumbo. En lo político el prelado también con la misma energía demanda modificaciones.

Considerado en un primer momento, como perteneciente a una corriente ortodoxa de la iglesia, el arzobispo sorprende y adopta un discurso ya utilizado por el ala más progresista de la Conferencia Episcopal Latinoamericana (Celam) y de la misma Conferencia Episcopal Mexicana (CEM).

Es posible que sea un mensaje político del Arzobispo primado de México al gobierno, en el sentido de que es mejor tener a la Iglesia Católica como aliada que como enemiga.
Hubo reacciones fuertes de varios columnistas y en sectores como la masonería, las iglesias evangélicas y algunos partidos políticos como el PPS y el PARM, más que nada por el hecho de que uno de los principales representantes de la Iglesia católica en México haya utilizado el púlpito para vertir sus opiniones políticas.
Con este discurso Mons. Rivera Carrera pretendió asumir el papel de dirigente real de la Iglesia Católica mexicana, quitándole el espacio a Mons. Sergio Obeso, entonces presidente de la CEM.

22 sept 2006

Dialogo y tolerancia


¡Más reacciones sobre el discurso papal!
El Papa Benedicto XVI tendrá un encuentro este lunes 25 de septiembrecon exponentes de las comunidades musulmanas en Italia y con los embajadores de países de mayoría islámica.
El encuentro pretende aclarar las interpretaciones de su discurso pronunciado el 12 de septiembre en Ratisbona que provocaron duras reacciones de grupos musulmanes. Los acompañarán el cardenal Paul Poupard, presidente del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso y están invitados todos los embajadores de países de mayoría musulmana acreditados ante la Santa Sede.
La Santa Sede tiene el estatuto de observador ante la Liga Árabe (con sede en El Cairo) y mantiene relaciones diplomáticas con casi todos los países de mayoría musulmana. Entre los países con los que no ha entablado estas relaciones se encuentra Arabia Saudita.
Comparto con mis amigos lectores de esta bitácora los textos de Rafael Navarro-Valls, catedrático de la Universidad Complutense y autor del libro Del poder y de la Gloria; de Tariq Ramadan, catedrático de Estudios Islámicos e investigador principal en Oxford; del profesor Antonio Elorza, de John L. Esposito, profesor de Religión y director de centro Príncipe Alwalid Bin Talal para el Entendimiento entre Musulmanes y Cristianos (Univ. Georgetown) y autor de ´What everyone needs to know about Islam y de Unholy War: Terror in the name of Islam.
El Islam no está contra el Papa/Rafael Navarro-Valls, catedrático de la Universidad Complutense y autor del libro Del poder y de la Gloria
Tomado de EL MUNDO, 22/09/2006
Acaba de concluir en Kazajastán el II Congreso de líderes de las religiones tradicionales del mundo. A la cita han asistido altos cargos de todas las grandes religiones, incluidos dos cardenales de la Iglesia católica y varios líderes musulmanes -entre estos últimos, el secretario general de la Liga Mundial de Muslim (Arabia Saudí), el gran muftí de Kazajastán, el rector de la Universidad Internacional Islámica de Pakistán y el ministro de Asuntos Religiosos de Egipto-.
Como conclusiones de la Declaración Final que fue aprobada por el conjunto de participantes destacan las que apoyan el diálogo interreligioso e intercultural, el esfuerzo colectivo por una cultura de la paz y la utilización de la autoridad espiritual de los líderes para rechazar toda violencia y terrorismo.
El discurso que el Papa pronunció recientemente en el paraninfo de la Universidad de Ratisbona -y que ha despertado tan grande polémica- se movía en esos parámetros. ¿Dónde está, pues, el problema? Es decir, ¿cuál es la causa de esa marejada levantada en algunas zonas islámicas? Los que trabajamos habitualmente en medios académicos sabemos que un texto, sacado de su contexto, pronto se convierte en pretexto. Pretexto para laminar al adversario científico, político o teológico. Descalificar un mensaje haciendo una relectura inexacta supone una falta de fidelidad a las fuentes, lo que produce -los universitarios lo sabemos bien- un caos dialéctico cuando se introduce un elemento ideológico extraño.

Como ha dicho Umberto Eco refiriéndose al incidente de Ratisbona, un pequeño episodio es deformado «para desencadenar movimientos de protesta por los radicales de turno». Según el propio Eco, «habría podido el Pontífice enunciar el teorema de Pitágoras y hubieran sido capaces de demostrar que era un ataque racista». De ahí la insistencia de la Santa Sede -de su portavoz, del Secretario de Estado y del propio Papa- en recomendar «una lectura atenta de todo el discuso pontificio». Y de ahí también que la Comisión Europea haya manifestado que hay que tener en cuenta el discurso del Papa «en su conjunto» y no reaccionar a «frases fuera de contexto y menos aún a frases sacadas deliberadamente de contexto».
Las recientes intervenciones del presidente iraní y de Rodríguez Zapatero haciendo una llamada al diálogo inciden positivamente en un panorama en que los radicales comienzan a ser desplazados.
Es sintomático que los académicos de origen musulmán presentes en el paraninfo de Ratisbona no encontraran nada especialmente estridente en el discurso de Benedicto XVI. Sin embargo, la primera televisión que dio noticia de la famosa cita del Papa en esa universidad fue Al Jazira. (En ámbitos en los que suele leerse poco, esta cadena qatarí -de gran difusión en todos los países islámicos- llena el vacío.) Pero no hubo una exégesis, una aclaración del contexto, una citación completa. Esta falta de ética periodística rebotó a Occidente, a través de la BBC, y con la actual sensibilidad hacia el islam los ecos se amplificaron. Se abrió paso la idea de la existencia de una acerba confrontación. Es sorprendente que las manifestaciones comenzaran incluso antes de que el discurso fuera traducido a un idioma comprensible por las personas que salieron de manifestación.

Vistas las cosas con más calma, la realidad es que no son estrictamente correctos titulares de prensa como éste: «El islam contra el Papa». Todas las Televisiones del mundo han buscado -en vano- imágenes de grandes masas islámicas en marchas contra el Papa. Pero, ¿qué han podido reflejar? Dos docenas de manifestantes en Estambul; una manifestación ordenada y silenciosa en Teherán; poca cosa en Indonesia, primer país del mundo en demografía musulmana… No ha habido ninguna manifestación en Sudán -país duro del islam-. Tampoco en Senegal, con mayoría islámica, ni en Nigeria -con una región integrista como Kaduna-. Nada en Malasia. Dos botellas de gasolina contra los muros exteriores de dos iglesias cristianas no católicas en Palestina. Ciertamente, ha sido asesinada una religiosa con su guardaespaldas, pero eso es más bien un acto del radicalismo yidahista que algo conectado con el sentir popular. Aunque éste puede encenderse en el futuro, desde luego, si se le manipula adecuadamente.
En cuanto a las manifestaciones verbales, las más llamativas han sido las del presidente Erdogan en Turquía, el rey Mohamed VI en Marruecos, el ministro de Exteriores de Pakistán y algún otro dirigente político. Según los analistas, se trata de líderes con problemas internos que han aprovechado para intentar incorporar o recuperar a sus posiciones movimientos integristas nacionales. Lo mismo se puede decir de algunos líderes religiosos musulmanes: daba la impresión de que competían por el liderazgo en una religión sin clara jerarquía.

En contraste, el gran muftí de Damasco, Ahmad Al-Din Hasoun, ha manifestado noblemente: «Después de lo que el Papa dijo el domingo pasado en el Angelus, no necesito otra clarificación. Lo que es necesario es hablar para evitar que los extremistas aticen el odio. He leído la totalidad de su discurso y no he encontrado la voluntad de levantar el odio religioso». Igualmente, el gran imán de al Azhar, el jeque Mohamed Sayed Tantaui, acaba de hacer un llamamiento a favor del diálogo y en contra de los conflictos. Estas intervenciones avalan la tesis de que no es el islam quien se opone al Papa sino sólo los extremistas, que son un peligro también -y quizás, sobre todo- contra el islam mismo.
Dejando al margen el incidente de Ratisbona, ¿qué hay en el fondo de estas incomprensiones? Probablemente más que una confrontación de culturas, como diría Hutchison, lo que existe es un choque de epistelmologías. Es decir, del modo de concebir el propio sentido de la razón. En Occidente se cree -y esto se debe a sus raíces cristianas- que la razón puede plantear cualquier cuestión, también de exégesis histórica. La teología cristiana -tanto la católica como la protestante- hace radicar su fuerza en el juego combinado de fe y razón. Ésta puede responder a preguntas sobre Dios en su relación con los hombres. La parte más integrista del islam -no la moderada- renuncia (cuando no prohibe) a plantearse cuestiones que tengan que ver con la literalidad del Corán o con el Profeta. La simple mención de esos temas en una cita académica -aunque sea para argumentar en contra- se transmuta en una ofensa o en una blasfemia. De ahí el malentendido con el discurso del Papa.

Quedaría un último punto para la reflexión: ¿cuál es en realidad el pensamiento de Benedicto XVI sobre el islam y su relación con el cristianismo? Sobre eso sí que no hay ninguna duda: basta leer cuanto ha escrito en los últimos 30 años el cardenal Josef Ratzinger para obtener una respuesta. Naturalmente, el estudioso, el periodista o el teólogo pueden renunciar a la lectura de esas páginas. Pero en este caso, se pierde la autoridad para entrar en el debate de estos días.
El Papa y el Islam: el verdadero debate/Por Tariq Ramadan, catedrático de Estudios Islámicos e investigador principal en Oxford. (traducción de M. L. Rodríguez Tapia)
Tomado de EL PAÍS, 22/09/2006
Unas frases pronunciadas por el papa Benedicto XVI han desatado una tormenta de ardientes reacciones. En el mundo musulmán, líderes religiosos, políticos e intelectuales han unido sus voces a las de las masas indignadas para protestar por lo que consideran un “insulto” a su fe. La mayoría no había leído el discurso del Papa; otros conocían un resumen según el cual el Papa vinculaba Islam con violencia. Todos se alzaron contra lo que consideran una “ofensa intolerable”.

Me hubiera gustado que adoptasen un punto de vista más razonado en sus críticas. En primer lugar, porque, a pesar del amor que innegablemente sienten los musulmanes por el profeta Mahoma, sabemos que determinados grupos y Gobiernos manipulan este tipo de crisis y las utilizan como válvulas de escape para sus poblaciones descontentas. Cuando a los ciudadanos se les priva de sus derechos esenciales y su libertad de expresión, no cuesta nada dejar que den rienda suelta a su ira a propósito de unas caricaturas danesas o unas palabras del Pontífice. Y también porque lo que estamos presenciando es una protesta de masas caracterizada por un estallido incontrolable de emociones, que acaba siendo la prueba de que los musulmanes no son capaces de entablar un debate razonable y de que la violencia no es la excepción sino la regla.
Algunos afirmaron que el Papa había ofendido a los musulmanes y exigieron una disculpa personal. Benedicto XVI pidió perdón, pero la polémica no ha amainado. Hay poderosas razones para sentirse asustado por una oscura cita del siglo XIV, atribuida al emperador bizantino Manuel II Paleólogo, que criticaba las “obras malévolas” del Profeta del islam. La verdad es que los ejemplos escogidos por el Papa para abordar la relación entre la violencia y el islam son discutibles, por no decir sorprendentes. Como sorprendente fue su referencia al erudito Zahiri Ibn Hazm (una figura cuya escuela de pensamiento es marginal) al hablar del islam y la racionalidad. Quizá sus palabras fueron elípticas, faltas de claridad, superficiales e incluso un poco torpes, pero ¿fueron un insulto por el que haya que exigir una disculpa formal? ¿Es justo o sensato que los musulmanes se ofendan por la cita -sólo porque la escogió el Papa-, cuando ignoran a diario, desde hace cinco años, las interpelaciones sobre el significado de yihad y el uso de la fuerza?

Benedicto XVI es un hombre de su tiempo, y las preguntas que hace a los musulmanes corresponden a ese tiempo: unas preguntas que pueden y deben responderse con claridad y argumentos sólidos. Para empezar, no debemos aceptar que yihad se traduzca como “guerra santa”. Nuestra prioridad debe ser explicar los principios de la resistencia legítima y la ética islámica en situaciones de conflicto, no animar a la gente a manifestarse.
Pero el aspecto más inquietante de la crisis es quizá que la mayoría de los comentaristas, y en especial los comentaristas musulmanes, parecen haber ignorado el auténtico debate lanzado por Benedicto XVI.
En su discurso, el Papa recuerda a los secularistas racionalistas, deseosos de eliminar de la Ilustración todas las referencias al cristianismo, que dichas referencias son parte fundamental de la identidad europea. Les será imposible entablar un diálogo interconfesional si no pueden aceptar las bases cristianas de su propia identidad (sean o no creyentes). Luego aborda el tema de la fe y la razón y, al subrayar la relación privilegiada entre la tradición racionalista griega y la religión cristiana, intenta establecer una identidad europea que sería cristiana en lo religioso y griega en cuanto a la razón filosófica. De esa forma, el islam, que, por lo visto, no tiene ese tipo de relación con la razón, sería ajeno a la identidad europea construida a partir de dicho legado. Hace años, el entonces cardenal Ratzinger manifestó su oposición al ingreso de Turquía en Europa con argumentos similares. La Turquía musulmana nunca ha podido ni podrá reivindicar una cultura genuinamente europea. Es otra cosa: el Otro.
Éstos son los mensajes que piden una respuesta, mucho más que las palabras sobre la yihad. El papa Benedicto XVI está invitando a los ciudadanos del continente a que sean conscientes del ineludible carácter cristiano de su identidad, que corren el riesgo de perder. El mensaje puede ser legítimo en estos tiempos de crisis de identidad, pero es inquietante y quizá peligroso porque es reduccionista en dos aspectos, el enfoque histórico y la definición de la identidad europea.Eso es lo que exige una respuesta de los musulmanes. Deben rechazar una interpretación de la historia del pensamiento europeo que elimina el papel del racionalismo musulmán, en la que la contribución árabe y musulmana queda reducida a la mera traducción de las grandes obras de Grecia y Roma. La memoria selectiva que con tanta facilidad “olvida” las decisivas aportaciones de pensadores musulmanes racionalistas como Al Farabi (siglo X), Avicena (siglo XI), Averroes (siglo XII), al Ghazali (siglo XII), Ash Shatibi (siglo XIII) e Ibn Jaldun (siglo XIV), reconstruye una Europa falsa, que se engaña sobre su propio pasado. Ante eso, los musulmanes deben recordar con pruebas que comparten los valores fundamentales sobre los que se apoya Europa y Occidente.
Ni Europa ni Occidente pueden sobrevivir mientras sigamos tratando de definirnos mediante la exclusión de ese Otro -el islam, los musulmanes- al que tememos. Es posible que lo que más necesite Europa no sea un diálogo con otras civilizaciones, sino un auténtico diálogo consigo misma, con esas facetas de sí misma que se ha negado a reconocer durante demasiado tiempo y que, todavía hoy, le impiden aprovechar del todo la riqueza de las tradiciones religiosas y filosóficas que la forman.
Europa debe aprender a aceptar la diversidad de su pasado para dominar el forzoso pluralismo de su futuro. El reduccionismo del Papa no ha contribuido precisamente a este proceso de recuperación, y los críticos no deberían esperar que pida disculpas sino demostrarle sencilla y razonablemente que, desde el punto de vista histórico, científico e incluso espiritual, está equivocado. Sería además una forma de que los musulmanes de hoy se reconcilien con la inmensa creatividad de los pensadores musulmanes europeos del pasado que, hace 10 siglos, aceptaban tranquilamente su identidad europea y que, con sus reflexiones críticas, alimentaron y enriquecieron inmensamente a Europa y a Occidente.

Ratzinger, error y diálogo/Antonio Elorza, catedrático de Ciencia Política
Tomado de EL PAÍS, 21/09/2006
Lo sucedido con el discurso pronunciado por Benedicto XVI en la Universidad de Ratisbona muestra hasta qué punto la cuestión del diálogo entre las civilizaciones, y por ende entre las religiones, se mueve sobre arenas movedizas. Al tomar la palabra, el Papa tenía como principal intención subrayar, precisamente, el valor de ese “diálogo genuino de culturas y religiones”, sin olvidar la crítica a un racionalismo de valor universal que postergase la idea de lo divino. Hasta aquí su toma de posición se acercaba a unos potenciales interlocutores musulmanes. Pero al mismo tiempo aspiraba a subrayar que la manifestación religiosa debía ser incompatible con la violencia, y de este modo pasó muy pronto a criticar frontalmente la yihad. Una inteligente cláusula de cautela le hizo recordar de entrada el versículo 2,256, amparándose en la advertencia coránica de que no ha de existir “ninguna coacción en materia de religión”. Como todos ya sabemos, la raíz del conflicto reside en el relato subsiguiente, la conversación del emperador Manuel II Paleólogo con un erudito persa en 1391, donde el primero critica la figura de Mahoma por su mandato de “difundir por la espada la fe que él predicaba”. El bizantino manifiesta que la expansión de la fe mediante la violencia es irracional.

Desde una lectura desapasionada, la propuesta papal, formulada sirviéndose del relato, es impecable. La religión con violencia deviene barbarie; la fe se apoya en la razón. Hubiera bastado que retomase la cita inicial del versículo 2,256 del Corán para que el círculo se hubiera cerrado armónicamente. Sólo que Ratzinger se deja llevar del razonamiento del personaje mencionado y sugiere un contraste entre un cristianismo inspirado por el “logos” y un islam sometido a la eventual voluntad arbitraria de Dios. Idealización para el primero, crítica estricta para el segundo. Si a esto añadimos la reproducción de los duros calificativos de Manuel II contra el Profeta, el conflicto resulta inevitable. No hubiese sido inútil recordar que el emperador, por largo tiempo rehén del sultán otomano Bayaceto, tenía su visión del Islam no sólo de los libros, sino de una realidad amenazadora y demasiado visible.

En cualquier caso, la principal objeción al discurso del Papa reside en que una lección de teología histórica no puede en estos momentos desconocer sus implicaciones políticas, entre ellas el desagrado que le podía producir a un Gobierno turco neokemalista una evocación de la memoria histórica de Bizancio. Era como mentar la bicha, sobre todo si se aspiraba a visitar el país a corto plazo.
Lo dicho por Ratzinger es en una parte razonable, en otra discutible, pero el tipo de reacción visceral suscitado, incluidas las palabras del primer ministro turco, Tayyip Erdogan, demuestra que será muy difícil introducir en el programa de la Alianza de Civilizaciones el menor atisbo de crítica, cuando ésta aluda a aspectos concretos del Islam, y por supuesto al más espinoso de todos, la yihad. Y si en pleno auge del terrorismo islamista, los pensadores musulmanes tienden a enmascarar el tema con los tópicos habituales sobre la yihad como esfuerzo personal o como acto legítimo de resistencia a la opresión exterior, y los externos al Islam se ven forzados a aceptar lo anterior y callar para no levantar protestas, la labor positiva de la Alianza quedará cercenada de antemano.

Diálogo supone aceptar la emisión de las opiniones del otro, aun cuando puedan irritar, y por lo que vemos la exigencia de una actitud reverencial en medios islámicos, contrapunto del recelo, cuando no del desprecio en Occidente, tiene por desembocadura única un callejón sin salida.
En el mundo de hoy existe el riesgo de la formación de una comunidad de creyentes radicalizados, que o acepta o respalda la yihad. Y la política internacional de Occidente está haciendo cuanto está en su mano para atraer adhesiones a semejante proyecto de destrucción. Por eso, el establecimiento de contactos entre vértices institucionales, sustentados en comisiones de expertos, es un primer paso necesario, pero no suficiente. Hace falta dar calado al programa de actuaciones, hun-dirse en el incómodo barro del estudio de las causas de los procesos de radicalización islamista. En los países occidentales, no basta una acción policial eficaz, siendo imprescindible conocer y atender las demandas de socialización de los colectivos musulmanes, sin por ello dar vía libre a la constitución de guetos autárquicos. Apoyo a los musulmanes como ciudadanos con diferente religión y cultura, sí; umma frente a Estado de derecho, no, sería la fórmula.
Los cauces de relación entre intelectuales de las dos religiones siguen siendo pobres, y se limitan a encuentros entre quienes piensan de la misma manera, al amparo de los poderes político y académico. Faltan interlocutores e informaciones que quiebren el círculo vicioso del masoquismo de raíz saidiana (por los epígonos de Edward E. Said), según el cual las responsabilidades son todas de Occidente y el Islam resulta envuelto en una atmósfera de angelización. Y a modo de complemento sobran soñadores de ocasión, entre ellos intelectuales de primera calidad, los cuales se entregan a sugerir la historia paradisiaca de un Mediterráneo construido sobre la convergencia de las religiones.
A partir de semejantes ensoñaciones, resulta fácil proceder a la designación de interlocutores escasamente fiables. El razonamiento de base para su selección es bien simple: si hay un Islam radical, fuente del terrorismo yihadista, pongamos nuestra confianza en el islamismo moderado, gracias a él, los colectivos musulmanes alcanzarán en el mundo árabe regímenes más justos que las presentes dictaduras y en los países occidentales su hegemonía eliminará el peligro del islamismo radical, volcado hacia la yihad.
El inconveniente es que los nuevos elegidos rechazan ciertamente el terrorismo, se atienen a una visión del mundo presidida por una lectura estricta del Corán y las tradiciones, y si bien aceptan el concepto de modernización, lo hacen para transformarlo desde el interior, cuando no a proceder de forma primaria a su inexorable rechazo. Como en el caso de Tariq Ramadan, pueden propugnar la integración de los creyentes en los marcos jurídico-políticos del Estado de derecho, defender la democracia, sustituir la consideración belicista de Europa como dar al-harb por la de dar as-shahada, tierra de predicación. No es poco. Pero su propósito es la formación de la umma, una comunidad de musulmanes, en principio compatible con el Estado de derecho, aunque con sus propias normas que llegado el caso, previa consulta con los expertos legales propios, prevalece en las conciencias sobre la legislación del Estado. La visceral oposición de Ramadán a la ley prohibitoria del velo mostró su verdadera opción. Y otro tanto sucede con sus posiciones sobre la lapidación (moratoria), los homosexuales (fuera de la senda de Dios) o el castigo físico a la mujer dispuesto en el 4,34 del Corán, a administrar con un palito simbólico del árbol siwak. No hay en Ramadán choque de civilizaciones, sino “cara a cara de las civilizaciones”, partiendo de la superioridad del Islam. Menos propicio al diálogo es otro proyecto, el de “islamizar la modernidad”, del teólogo y político marroquí Abdessalam Yassin, influyente en medios magrebíes en su país y en España. Sólo introduciendo los valores islámicos podrá salvarse una modernidad perversa. Escuchar a tales portavoces está bien; no así creer que pueden ser eficaces interlocutores en un diálogo de religiones y políticas. De momento, sólo en la experiencia desarrollada en Turquía bajo la cautelosa dirección de Tayyip Erdogan puede adivinarse una conciliación efectiva entre islamismo y sociedad abierta.
Quedan, no obstante, caminos abiertos, partiendo de la existencia de un pensamiento islámico reformador, abierto a la democracia, que separa, en la línea de Taha y de Charfi, la concepción teológica del Islam, formulada en La Meca, de su desarrollo histórico posterior. Tal es la clave: el problema no es el Islam, sino su deriva hacia la violencia, que el Papa supo captar, pero fue luego incapaz de desarrollar. Por otra parte, el Islam tampoco es inmóvil: a partir de la indagación llamada ijtihad, de su actualización, puede enlazar con las condiciones de una sociedad abierta. Ahí está el esfuerzo fallido de Jatamí, adelantado por cierto de la idea del Diálogo de Civilizaciones. Sólo que la tarea corresponde aquí a los hoy marginales reformadores musulmanes, con el objeto de abordar una labor de separación entre lo permanente y lo pasajero, la teología y el mito, algo que ya emprendieron otras religiones.
Aunque también aquí la realidad es a veces dura, como en esa edición del Corán de bolsillo, avalada por la editorial saudí Darussalam y vendida en Londres, en que dentro del versículo 8,60, allí donde se habla de aterrar (irhab) a los enemigos, la caballería es sustituida por la conveniencia de emplear “tanques, aeroplanos, misiles, artillería”. Por una vez, la palabra de Alá no es sagrada literalmente.
Inhábil en las formas, ciego ante lo que podía suceder, el Papa ha sabido, sin embargo, designar cuál es el fondo del problema.
Benedicto XVI y el Islam/Por John L. Esposito, profesor en Religión y Asuntos Intern., dir. Ctro. Príncipe Alwalid Bin Talal para el Entendimiento entre Musulmanes y Cristianos (Univ. Georgetown) y autor de ´What everyone needs to know about Islam y de Unholy War: Terror in the name of Islam.
Traducción: Juan-Gabriel López Guix
Tomado de LA VANGUARDIA, 21/09/2006.
El mensaje y el objetivo principales del discurso de Benedicto XVI en Ratisbona no era el islam, mencionado sólo en cuatro párrafos de un texto de ocho páginas. Sin embargo, la conferencia pronunciada por el Papa ante un público universitario se ha convertido en motivo de una protesta internacional en todo el mundo musulmán. Marruecos retiró su embajador en el Vaticano, desde Turquía hasta Indonesia los jefes de Estado manifestaron su repulsa, el jeque de la mezquita Al Azhar comentó la ignorancia del Papa sobre el islam, y los dirigentes de las organizaciones musulmanas pidieron una disculpa pública. El incidente también ha desencadenado manifestaciones públicas, la quema de una efigie del Papa en Pakistán y actos de violencia contra cristianos e iglesias cristianas.
El Papa ha declarado con claridad que su principal objetivo era debatir sobre el “tema de la fe y la razón”. Con ello reaccionaba y respondía a una de sus principales preocupaciones, los excesos de la secularización: el triunfo del laicismo y la creciente debilidad del cristianismo y la Iglesia católica en su tierra natal, Alemania, y en Europa en general, así como los intentos de excluir la religión del ámbito de la razón. Aunque el Vaticano ha declarado que el Papa no pretendía ofender, sus comentarios han inquietado a muchos musulmanes. Particularmente ofensiva les ha resultado la cita de un emperador bizantino del siglo XIV acerca del profeta Mahoma: “Muéstrame lo que Mahoma ha traído de nuevo y encontrarás sólo cosas malvadas e inhumanas, como su orden de difundir por medio de la espada la fe que predicaba”. Mahoma es reverenciado en el islam como profeta final de Dios y como modelo de vida musulmana. Además, el comentario de que ordenó difundir el islam por medio de la espada es inexacto. El Corán y Mahoma reconocieron el derecho de defender el islam y la comunidad musulmana luchando contra los mequíes que amenazaban y atacaban a los musulmanes. Igual de problemáticas son las afirmaciones papales de que el pasaje coránico “No hay coacción en religión” (Corán, 2,256) fue revelado en los primeros tiempos de la profetización de Mahoma en La Meca, una etapa en que “Mahoma aún no tenía poder y estaba amenazado”, y de que el precepto que fue superado más tarde cuando gobernó en Medina, con las “disposiciones desarrolladas sucesivamente y fijadas en el Corán acerca de la guerra santa”. Las dos afirmaciones son incorrectas. El versículo 2,256 no pertenece a la etapa mequí, sino al posterior periodo medinense y además el Corán no equipara la yihad y la guerra santa. Esa interpretación de la yihad se desarrolló años más después de la muerte de Mahoma, cuando fue utilizada por los califas para justificar sus guerras de expansión imperial y el dominio en nombre del islam.
Benedicto XVI es un destacado teólogo católico, pero no es un experto en islam. El Vaticano ha tenido en el pasado reciente algunos islamólogos de primera fila que han actuado como asesores del papado. Las referencias incorrectas al islam podrían haber sido detectadas con facilidad. Si el principal objetivo del Papa era encarar el tema de la relación entre la fe y la coacción por un lado y entre la fe y la razón por otro, la historia cristiana ofrece abundantes ejemplos (Inquisición, Galileo; y también de otros temas mencionados: la violencia, el extremismo y la guerra santa) sin tener que recurrir a pasajes extraídos de polémicas mutuas.
¿Han sobrerreaccionado los musulmanes a las declaraciones del Papa?
Sus respuestas deben entenderse en el contexto de nuestro mundo posterior al 11-S con una mayor polarización y unos aumentos alarmantes de la islamofobia. Muchos musulmanes se sienten acosados. Según una encuesta de Gallup World Poll realizada entre los 800 millones de musulmanes, existe un resentimiento generalizado ante lo que los encuestados perciben como una denigración del islam y de los árabes y musulmanes en Occidente. La polémica de las caricaturas en Europa puso de manifiesto los peligros de la xenofobia y la islamofobia, así como lo profundo de la rabia y la indignación. Por lo tanto, resulta fácil comprender que los musulmanes expresen su desilusión y rabia y que pidan una disculpa y un diálogo, del mismo modo que los dirigentes judíos han reclamado reuniones urgentes con el Papa o los dirigentes de otras iglesias cuando se han producido comentarios o acciones ofensivas.
Eso fue lo que ocurrió en el caso de los dirigentes judíos estadounidenses antes de la visita papal de 1987, después de que el Papa Juan Pablo II se reuniera con Kurt Waldheim. Como observaron destacados dirigentes musulmanes durante la polémica europea de las caricaturas - y como también han hecho en la actual situación-, las expresiones de preocupación o indignación no excluyen la discusión y el diálogo y, desde luego, no justifican nunca los actos de violencia.
El Papa Benedicto ya se ha disculpado, pero es posible hacer más cosas. Podría invitar a representantes religiosos y eruditos musulmanes a reunirse con él para debatir los temas planteados por su discurso, escuchar sus preocupaciones y respuestas a sus comentarios específicos sobre el islam, el Profeta y la yihad.
Podría invitarlos a que se unieran a él para expresar en un lenguaje mutuamente aceptable la preocupación por la violencia en nombre de la religión y el abuso de los derechos humanos. La próxima visita a Turquía podría ser una ocasión para demostrar en sus pronunciamientos públicos su respeto por el islam y los musulmanes, así como su deseo de continuar los grandes logros realizados por la Iglesia católica en el diálogo católico-musulmán desde el concilio Vaticano II.
Ya es hora de ponerse en marcha. El Papa se ha disculpado, y musulmanes y católicos (en realidad, todos los cristianos) tienen que volver a ponerse en marcha y avanzar a partir de los importantes logros del diálogo interreligioso de las últimas décadas. En el siglo XXI, resultará un factor crucial para las relaciones católico-musulmanas el modo en que el papado de Benedicto XVI y los católicos colaboren con sus interlocutores musulmanes para superar la ignorancia y la hostilidad, así como la amenaza de la violencia y la intolerancia mundiales

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