Revista
Proceso
# 2065, 29 de mayo de 2016..
Tetelcingo:
bajo la visión implacable de las buscadoras/ Jaime Luis Brito.
Con
el rostro de sus ausentes en la playera o en una manta, familiares de personas
desaparecidas trabajan con la fiscalía estatal, la Universidad Autónoma el
Estado de Morelos y corporaciones federales en las fosas clandestinas de
Tetelcingo. Registran minuciosamente la extracción de cuerpos a fin de ayudar a
identificarlos y así aliviar el dolor de sus deudos, como narran Concepción y
Lina, dos de las buscadoras a las que se debe en gran medida la reapertura de
las fosas.
TETELCINGO,
Mor.- Esta población morelense “representa la confirmación de que el Estado
también tiene sus fosas clandestinas”, dice Javier Sicilia, fundador del
Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad. Al menos aquí, la fiscalía local
cavó dos, o “quizá tres”, donde depositó irregularmente más de 100 cuerpos. Las
autoridades dicen que es una “práctica común” de las fiscalías del país, aunque
eso sea ilegal.
Durante
las recientes exhumaciones, además de los equipos periciales de la Fiscalía
General del Estado (FGE), la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM),
la Procuraduría General de la República y la Policía Federal, un grupo de
madres y otros familiares de desaparecidos han tenido que usar trajes Tyvek,
como los que usan los peritos, a fin de presenciar y registrar todo lo que
ocurre en las fosas.