10 sept 2026

Senador morenista amenaza a periodista y exhibe la intolerancia del poder.

 Senador morenista amenaza a periodista y exhibe la intolerancia del poder.

Por Fred Alvarez Palafox...

La crispación que hoy impregna el debate público mexicano vuelve a mostrar su rostro más frágil y autoritario en este episodio. Cuando la labor periodística se responde con la intimidación, el costo no lo paga únicamente el comunicador aludido, sino el andamiaje democrático entero.

Enmarcar un reportaje incómodo bajo el cómodo latiguillo del «chayote» no es más que un recurso de evasión. El senador Luis Fernando Salazar (Morena) confunde el escrutinio legítimo del poder con una agresión personal, un reflejo preocupante de la intolerancia que persiste ante la fiscalización pública. Su postura quedó plasmada en el mensaje que lanzó en redes sociales contra Enrique Acevedo:

«@JulietaRamirezP @nmas Que locura y que vergüenza, la exhibición del chayote plus al Maximo @Enrique Acevedo vamos a ir tras de ti por vulgar mentiroso, eres un corriente, vergüenza te debería…»

Pretender que la defensa de una compañera de partido justifica el amago de «ir tras de ti» revela no solo un gravísimo error político, sino una peligrosa normalización del lenguaje de hostigamiento desde las más altas tribunas del Estado.

Ante esto, las reacciones del espectro político reflejaron la profunda polarización del país. Por un lado, figuras de la oposición como la panista Lilly Téllez —quien exigió la intervención de la FGR—, junto con Jorge Álvarez Máynez de Movimiento Ciudadano y Alejandro Moreno del PRI, condenaron enérgicamente las amenazas y advirtieron sobre el riesgo latente a las libertades fundamentales.

Por otro lado, al interior del propio oficialismo hubo matices y distanciamientos necesarios: el presidente del Senado, Higinio Martínez, y el senador Emmanuel Reyes Carmona se deslindaron públicamente de la postura de su compañero de bancada.

Horas después, el propio Salazar intentó atenuar el golpe con un segundo mensaje para sostener que su «postura fue en defensa de la dignidad y contra el hostigamiento sistemático hacia la senadora Julieta Ramírez».

Aunque reconoció que su tono fue un error y asumió su responsabilidad, mantuvo sus críticas al reportaje y a los periodistas, exigiendo que estos también se hagan responsables de sus contenidos.

Esa narrativa encontró eco en espacios de entrevista, como el que concedió a la periodista Ale Salazar: "Reconozco mi error y me disculpo, pero no pueden acusar sin pruebas" @nmas @Enrique_Acevedo.»

Con eso, el legislador dio por cerrado el tema para dedicar su tiempo a "acciones legislativas", como si la gravedad de una amenaza pública pudiera solventarse mediante un simple viraje de agenda.

Ese reconocimiento a medias, sin embargo, resulta estéril e insuficiente. La crítica a un trabajo periodístico se debate con datos, réplicas legales o aclaraciones puntuales, jamás con advertencias veladas que apelan a la coacción.

Al final, este choque deja una estela amarga: un oficialismo que a menudo reacciona con reflejos hostiles ante la indagatoria incómoda y una clase política que prefiere el estallido visceral antes que asumir la altura de miras que el país exige.

Va un abrazo solidario para Enrique Acevedo.

Dios te salve libertad de expresión, llenara eres de gracias, el Señor es contigo.

¡Para la historia inmediata!

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