17 oct 2026

El fin no justifica los medios: La estrepitosa caída de César Jáuregui

El fin no justifica los medios: La estrepitosa caída de César Jáuregui

Por Fred Alvarez Palafox

El hombre que hasta hace unos meses sostenía en sus manos el monopolio de la justicia en Chihuahua, hoy observa el sistema desde el frío banquillo de los acusados. La mañana de este sábado, en las calles de la capital chihuahuense, la historia dio un giro institucional sin precedentes. A las 10:20 horas, sobre la avenida La Cantera en la colonia Campestre Washington, fue detenido César Gustavo Jáuregui Moreno, exfiscal general del estado. No se trata de un mero tropiezo burocrático, sino del desenlace judicial de una crisis parida por la soberbia y la clandestinidad.

Para entender esta caída hay que mirar hacia lo profundo de la Sierra Tarahumara. Entre el 17 y el 19 de abril, en la comunidad de El Pinal, municipio de Morelos, se orquestó un golpe contra un narcolaboratorio. Lo que en el papel pretendía ser una medalla al valor para el estado, terminó en una tragedia evitable. Se operó en las sombras, al margen de la ley, saltándose la cadena de mando y a espaldas de la propia gobernadora, Maru Campos.

Pero el agravante mayor fue abrirle la puerta a la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos. Aquella incursión irregular dejó un saldo fatal e inaceptable: dos agentes de seguridad mexicanos y dos estadounidenses muertos. Cuatro vidas perdidas en el altar de la opacidad.

La acusación que hoy sostiene el Gobierno federal contra Jáuregui trasciende las faltas administrativas o el fuero común: se le imputa el delito de traición a la patria, sumado a la causa penal 3055/2026 por ejercicio ilegal del servicio público y coalición.

De acuerdo con la titular de la Fiscalía General de la República (FGR), Ernestina Godoy, el exfuncionario franqueó la soberanía nacional al coordinar esta intervención extranjera al margen del Estado mexicano. Las investigaciones documentan una escena que parece sacada de la ficción: agentes estadounidenses acudiendo en múltiples ocasiones a las instalaciones de la Agencia Estatal de Investigación, trabajando de la mano con la Fiscalía Especial de Operaciones Estratégicas, todo sin dar el menor aviso al Gobierno federal.

"En la carpeta de investigación está plenamente establecido [...] que la participación en el operativo de estos extranjeros no tenía justificación alguna y tampoco la tenía la cadena de mando para permitirlo", subrayó Godoy, señalando la grave vulneración a la División de Poderes.

Acorralado, y mientras coqueteaba abiertamente con la candidatura panista a la alcaldía de Chihuahua, Jáuregui se había defendido de manera desafiante días antes de perder la libertad: "Lo volvería a hacer, porque lo verdaderamente imperdonable hubiera sido ser omiso y tibio".

Pero el combate al crimen organizado tiene límites infranqueables. Torcer la ley escudándose en un supuesto buen propósito es dar el primer paso hacia el abismo. Como bien lo sentenció Gilberto Loya Chávez, actual encargado del despacho de la fiscalía: "Un buen resultado no justifica violar la ley". A Jáuregui no se le procesa por combatir al narcotráfico, sino por los oscuros y fatales medios que utilizó para intentarlo.

Hoy, con el arresto asentado en el Registro Nacional de Detenciones y mientras Guillermo Arturo Zuany Portillo —extitular de la Agencia Estatal de Investigación— permanece prófugo, la tensión se respira en el ambiente de Chihuahua. Este oscuro episodio nos deja una crónica viva sobre los excesos del poder. Nos recuerda que la justicia es implacable y que el Estado de derecho no admite atajos, ni siquiera para aquellos que un día juraron defenderlo.




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