14 jun 2009

Las primeras damas

La influencia 'prohibida' de las primeras damas/Reportaje
El papel de las esposas de los jefes de Estado de hoy está por definir -
Algunas han hecho historia imponiendo sus agendas políticas
GABRIELA CAÑAS
El País, 14/06/2009;
¿Cuál es la función de la Reina? ¿Y la de la esposa del presidente de la República Francesa? ¿Cuál es el rol de la cónyuge del inquilino de la Casa Blanca? La respuesta es sencilla: absolutamente ninguno. En el mismo momento en que sus maridos ascienden a la cima, una ley no escrita condena a sus esposas a convertirse en sus calladas sombras. Michelle Obama ganaba como vicepresidenta del hospital de la Universidad de Chicago 240.000 euros anuales; el doble que su marido. Pero cuando en enero se disponía a mudarse a la Casa Blanca recibió del otro lado del Atlántico un sabio y frustrante consejo. "Que aprenda a cogerle el gusto al asiento de atrás", dijo Cherie Blair, la esposa del ex primer ministro de Reino Unido.
Para entonces, Michelle Obama ya se había definido a sí misma como una simple madre de dos preciosas niñas preocupada por el tipo de país que le iba a ofrecer a sus hijas. El traslado a la Casa Blanca puso fin a sus electrizantes mítines de campaña y a sus opiniones abiertas sobre la política de su país. Y, sin embargo, sigue siendo el centro de todas las miradas y se sospecha que puede jugar un rol importante. Antes que ella desarrollaron un rol relevante Eleonor Roosvelt, Danielle Mitterrand o Diana de Gales y otras mujeres que tuvieron que combinar la discreción con el irresistible atractivo que produce una mujer que puede participar del enorme poder de su marido, como explica Carl Sferrazza Anthony, autor de un exhaustivo trabajo sobre las esposas de los mandatarios estadounidenses.
Todas ellas, y algunas más, son mujeres que tuvieron que reinventar sus personajes sobre una base legal inexistente que les priva de alguna manera de sus vidas anteriores, pero también de obligación oficial alguna y de cualquier tipo de remuneración. En España, frente al amplio papel que la Constitución otorga al Rey, nada se dice de la Reina salvo que puede convertirse en regente en determinadas circunstancias. En Francia ocurre algo similar con la esposa del presidente de la República y en Reino Unido, con el marido de la Reina, como ha podido comprobar este periódico con los Gobiernos de los países citados. Los cónyuges de los primeros ministros o presidentes de Gobierno tampoco existen legalmente.
Sólo Estados Unidos se distingue un tanto y aunque no reserva papel legal a la primera dama ni tiene tampoco un estatuto especial para ella sí que publicita en la página web oficial de la Casa Blanca las biografías de las 46 primeras damas habidas hasta el momento y recoge por escrito el orden de importancia protocolaria que deben recibir incluso las viudas de ex presidentes.
Fue este país el que acuñó el término de primera dama en 1860 y el que les exige a las que acceden a tal situación que se conviertan en madres y esposas ejemplares para toda la sociedad. Pero también ha sido el que más primeras damas activistas ha generado de los derechos humanos, la igualdad de la mujer o la reforma sanitaria, aunque la prensa prefiera derrochar tinta en sus atuendos y sus problemas sentimentales.
En Europa, las cosas no son muy distintas. El molde es el más tradicional de los posibles. Como bien explican el experto en protocolo Pablo Batlle y el director de la Escuela Diplomática José Antonio Martínez de Villarreal, las esposas de los jefes de Estado suelen desarrollar actividades paralelas en el terreno de la cultura, la beneficencia y la cooperación al desarrollo. Fuera de ello, la mirada de la opinión pública es vigilante y estricta. Cuando la anterior esposa del presidente de la República Francesa, Cecilia Sarkozy, logró que Libia excarcelase a cinco enfermeras búlgaras en julio de 2007, un diputado socialista se preguntó sobre la legitimidad democrática de la misión realizada y los periodistas exigieron las debidas explicaciones al presidente sobre el "heterodoxo" papel jugado por su cónyuge. Nicolas Sarkozy defendió entonces el pragmatismo, pero añadió una frase demoledora: "Se trataba de un problema de mujeres, humanitario".
En efecto, la tradición y el protocolo han dibujado las estrechas lindes del camino de estas mujeres, provengan de la empresa, la abogacía, el periodismo, la música, las finanzas o la diplomacia. Y así, con pequeños retoques a favor de sus gustos personales, todas se mueven en terrenos parecidos. La reina de España se implica en programas de lucha contra la drogadicción y el alzhéimer y la princesa de Asturias, en actividades que tengan que ver con la educación, las mujeres y los niños, como explica la propia Casa del Rey, donde la Reina dispone de una secretaría propia, pero no la princesa.
Michelle Obama, como ya indica la Casa Blanca, se va a dedicar a temas "cercanos a su corazón" apoyando a las familias de los militares o ayudando a la conciliación de la vida profesional y personal de las mujeres. Carla Bruni-Sarkozy, la actual esposa del presidente francés, ha sido nombrada embajadora del Fondo Mundial contra el Sida, la Malaria y la Tuberculosis.
A nivel interno, todas ellas suelen tener una secretaría particular que administra sus agendas sensibles a sus inquietudes personales, pero con gran estrechez de miras. Sin embargo, por mucho que clamen los defensores de la ortodoxia y las tradiciones, sus actos suelen obtener ecos extraordinarios. "Su papel de relaciones públicas es indiscutible", dice Batlle. Ellas pueden influir muy positivamente en la mejora de las relaciones diplomáticas de dos países, aunque se les exige que no intervengan en política en modo alguno. Difícil equilibrio.
En ese papel positivo de buenas relaciones puede inscribirse el encuentro de la princesa de Asturias y Carla Bruni, que llegó acompañado de unas polémicas fotos demasiado evidentes sobre la elegancia y el porte de ambas mujeres. En ese papel se inscriben las asistencias a funerales de jefes de Estado en nombre de sus maridos o las visitas a museos y escuelas. Pero no sólo eso.
Como Carla Bruni o Letizia Ortiz, la apariencia física de la princesa Diana de Gales ejerció una irresistible atracción para la opinión pública mundial. Ni antes ni después de su divorcio del príncipe Carlos tuvo Diana de Gales asignado papel alguno. En el imaginario colectivo quedarán sus problemas sentimentales y sus fascinantes modelos. Pero a ella se le debe también el extraordinario apoyo que obtuvo la madre Teresa de Calcuta y, sobre todo, parte del éxito del Tratado de Ottawa que en diciembre de 1997 logró acordar la prohibición de las minas antipersonas.
Danielle Mitterrand rompió todos los moldes en los años ochenta. Además de no convivir en El Elíseo con su marido, fue una luchadora infatigable por los derechos humanos esquivando convencionalismos gracias a su fundación France-Libertés, que de alguna manera le permitió mantener su perfil inconformista y atrevido. La antigua agente de enlace durante la Resistencia se reunía con Fidel Castro para pedir la libertad de los disidentes, defendía a los saharauis frente a Rabat, acusaba al régimen indonesio de una campaña de terror en Timor Oriental y hasta sufría un atentado en el Kurdistán iraquí.
Carla Bruni-Sarkozy, por su parte, no ha abandonado su carrera de modelo y cantante -lo que ya es un avance- y, como primera dama de su país, no sólo se ha embarcado contra el sida. El pasado día 18 de mayo reclamó la liberación de la líder birmana de la oposición Aung San Suu Kyi (encarcelada por una nueva acusación tras años de reclusión domiciliaria) en una carta abierta dirigida al Gobierno de aquel país. "Aprovecho la situación que tengo y el eco que mi carta pudiera producir convirtiéndome en portavoz de todos aquellos que, en mi país, encuentran intolerable la suerte reservada a esta mujer", decía la carta. "Yo también he enviado una carta en los mismos términos", dice el ministro francés de Exteriores Bernard Kouchner, "pero le confieso una cosa: estoy seguro de que en Birmania han sido más sensibles al mensaje de Carla Bruni que al mío".
Danielle Mitterrand se negó a ser
"el paquete del presidente", pero lo cierto es que todavía hoy, en el siglo XXI, las esposas de los jefes de Estado deben limitarse, como se estipula oficialmente, a ser las meras acompañantes de sus maridos. Expresar sus opiniones, como lo hizo la reina Sofía sobre los matrimonios homosexuales a través de un libro de Pilar Urbano, es algo fuera de norma. El Partido Popular la recordó elegantemente a la Reina su deber de cerrar la boca, norma que figura en una ley nunca escrita. "Los miembros de la familia real deberían mantener un principio de neutralidad", dijo el PP. "No deja de ser irónico que, en estos tiempos que corren de lucha por la igualdad, las mujeres casadas con nuestros líderes políticos tengan que aparcar sus ambiciones durante el mandato de sus cónyuges y guardarse su opinión para ellas mismas", ha dicho también la abogada Cherie Blair.
Sin duda, el papel de Cherie Blair ha sido incómodo. Si una primera dama es permanentemente cuestionada, qué decir de las esposas de los primeros ministros y presidentes de Gobierno. Carmen Romero, Ana Botella y Sonsoles Espinosa han declinado hablar de sus experiencias en La Moncloa para este reportaje. Es sabido el esfuerzo que algunas de estas mujeres han hecho para intentar pasar inadvertidas. Es una situación que muchos hombres han empezado a sufrir y que muchos más sufrirán en el futuro.
En este momento, la nueva generación de príncipes de las casas reales europeas está dominada por mujeres. Los futuros maridos de las que serán reinas de España, Noruega, Holanda, Suecia y Bélgica tendrán pocos modelos de los que tomar ejemplo. Uno de esos escasos ejemplos es el del príncipe Felipe, duque de Edimburgo, marido de la reina Isabel. Este príncipe consorte acompaña a su esposa a la mayor parte de sus viajes, es almirante del Ejército, institución con la que mantiene un firme compromiso, y además preside los Premios Duque de Edimburgo, un programa especialmente diseñado para jóvenes, y encabeza la organización naturalista World Wide Fund for Nature (WWF).
La senadora Cristina Fernández solía acompañar en los viajes a su marido cuando éste era presidente de Argentina. Ahora que ella es la presidenta, Néstor Kirchner ha optado por quedarse en casa la mayoría de las veces. En el siguiente nivel, el Ejecutivo, la deserción de los consortes es aún más notoria. En Alemania, al marido de la canciller Angela Merkel se le conoce como "el fantasma de la ópera", porque sólo suele acompañarla en público al festival de ópera de Bayreuth. Joachim Sauer es un profesor de química que ni siquiera acudió al Parlamento cuando su esposa fue proclamada canciller. Le incomoda sobremanera ejercer el papel de consorte, pero no pudo esquivar el de anfitrión con las primeras damas en la celebración en Berlín del 50º aniversario de la Unión Europea.
Aquel día, mientras Angela Merkel guiaba a los jefes de Estado o de Gobierno (casi todos hombres), Sauer paseaba en una marcha paralela rodeado de mujeres. Quizá el día en que ambos cortejos sean realmente mixtos desaparecerán las polémicas de los consortes y también esa denominación de "primera dama" que Batlle encuentra tan trasnochada y rancia.

Próximos legisladores

PRI perfila alfiles para San Lázaro
Nta de Alejandro Sánchez
Excélsior, 14 de junio de 2009;
Eliseo Mendoza Berrueto, ex gobernador de Coahuila, es uno de los priistas clave para Beatriz Paredes en la próxima Legislatura, pero que por ahora la presidenta nacional del PRI ha determinado manejarlo de bajo perfil.
“Está actuando de modo discreto, pero es su as bajo la manga”, reveló una fuente del CEN. Junto con Berrueto, el grupo de plurinominales que llegará a San Lázaro ligados a la tlaxcalteca son Óscar Levín, Sebastián Lerdo de Tejada, Francisco Rojas, Claudia Ruiz Massieu y la actriz Lilia Aragón.
Paredes ha expresado su intención de ocupar su curul hasta 2011 para mantener el liderazgo en el PRI.
En el otro frente está el grupo del senador Manlio Fabio Beltrones, quien busca impedir que Paredes controle la próxima coordinación.
Entre ellos se encuentran: María Esther Scherman, Felipe Solís Acero, Alejandro Canek Vázquez Góngora y Jesús Alberto Cano.
Pero hay dos grupos que podrían definir en manos de quién queda el liderazgo parlamentario, pero que ahora son autónomos.
Uno es el equipo de Emilio Chuayffet, quien será diputado en la LXI Legislatura y que en su currículum político destaca la hazaña de haber tumbado de la coordinación parlamentaria de la LVIII Legislatura a Elba Esther Gordillo.
A diferencia de los demás, busca la curul por la vía del voto; las posibilidades son altísimas, porque su distrito está en Atlacomulco, el legendario bastión priista.
Con él van a San Lázaro Alfonso Navarrete Prida, ex procurador de Justicia del Edomex, e Ignacio Rubí, ex secretario del Trabajo de Enrique Peña Nieto.
El otro grupo es el de Ulises Ruiz, gobernador de Oaxaca, que si bien seguirá al frente de la entidad, tiene entre sus aliados a los próximos diputados César Augusto Santiago, Carlos Flores Rico y Jorge Franco.
Cercanos a Beatriz Paredes revelaron a Excélsior que la dirigente ha intentado atraer a Ulises, pero éste ha pintado su raya e incluso ha sido un duro crítico y la ha acusado de ser aliada del Presidente.
En la reunión del 19 de mayo, en Metepec, ante 14 gobernadores y los coordinadores parlamentarios, Ruiz cuestionó sin titubeos a Paredes. “¿Díganos si se arregló con el Presidente?” La puso contra la pared hasta que la defendieron Natividad González Parás, Ismael Hernández y Andrés Granier. Y luego habló Manlio Fabio.
Así se pelean las posiciones en el PRI y se buscan aliados. En el tricolor se designan los coordinadores parlamentarios por votación directa entre los integrantes de bancada.

Clara Rojas en México

Aplicar la pena capital nunca ha cautivado a Clara Rojas, ex candidata colombiana plagiada por las FARC
Andrés Becerril, reportero
Excélsior, 14 de junio de 2009;
Clara Rojas González, ex candidata a la Vicepresidencia de Colombia, secuestrada durante seis años por las FARC (2002-2008), rechazó que la pena de muerte sea la solución para acabar con los secuestros en México; en cambio, sostiene que debe haber una comunión entre las autoridades y la sociedad y una mayor promoción de valores de convivencia.
De visita en la Ciudad de México para promocionar su libro Cautiva, Rojas dijo que la situación que vive
este país por los secuestros la ve con preocupación y dolor.
“Porque digo, cómo es que pasan estas cosas, y cuando llego a México siento la preocupación de la gente por el fenómeno, así me lo han manifestado. Me preocupa, porque es una sociedad que tiene un temor totalmente fundado, porque se está dando una situación y, aparentemente, no hay una solución, y por supuesto eso genera una desazón enorme”.
En entrevista, la autora del libro que cuenta su experiencia en la selva colombiana, dice que su secuestro a manos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) o en las de cualquier persona producto de un grupo delincuencial no tiene ninguna diferencia. “Claro, tienen lo mismo en común: privar a las personas de su libertad, mantenerlos incomunicados, bajo el agobio de si se va a poder vivir o no. El drama del secuestro es tenaz”.
De acuerdo con Clara Rojas, quien fue secuestrada junto con Ingrid Betancourt y con quien terminó disgustada, sin que ninguna de las dos haya hecho público aún el por qué, estableció que para combatir el fenómeno del secuestro no basta con que el gobierno de México actúe en solitario.
“Creo que tiene que haber un compromiso de la sociedad civil; la diferencia con Colombia es que allá actúa una guerrilla que lleva años secuestrando, en el caso de México alcanzo a ver que es un tema delincuencial cuyo único objetivo es económico, el cual también duele mucho.
“Es uno de los grandes desafíos de las sociedades que crecen mucho, como la mexicana, donde siempre hay un grupo de desadaptados, no hay otra manera de llamarlos a quienes también la sociedad debe volcar su atención, quizá más a escala preventiva que posterior”, señaló.
Rojas está enterada de que en México hay un debate sobre la pena de muerte para los secuestradores.
“En Colombia, donde hemos vivido una violencia tan fuerte y por la que ha muerto tanta gente, parece que la pena de muerte no fuera suficiente ni ofrece una solución, por eso creo que se trata de ir a buscar la causa: cómo es posible que jóvenes se dediquen a secuestrar a gente para ganar un dinero. Es, entonces, cuando la sociedad en su conjunto tenemos que poner cada uno nuestro granito de arena, a través de las universidades, para que estudien este fenómeno de inadaptación social, para ver cómo se ofrecen alternativas a su manejo”.
Según Rojas, que durante su cautiverio concibió y dio a luz a su hijo Emmanuel, las personas que se dedican al secuestro normalmente no tienen vínculos sociales o familiares buenos y creen que no pueden tener otras alternativas a través de la educación, el empleo o su vida familiar.
Por eso se pronunció porque el gobierno organice campañas de difusión desde las escuelas, sobre la importancia que tiene el respeto del otro, de los valores de la convivencia, de los derechos y obligaciones con la sociedad. “Eso es tratar de hacer una medicina preventiva para que en algunos años no exista este problema, pero ahora hay que enfrentarlo y le corresponde a las autoridades afrontarlo directamente.
“Son ellos los que tienen los elementos, pero acompañados por la sociedad civil, porque la policía sola nunca puede dar abasto.
“Tiene que ser justo a través de la sociedad, que sienta confianza en su policía, que la llame y le diga ‘aquí hay una persona sospechosa’ y que a partir de ahí se formen redes de apoyo y así se va previendo, para que los mismos grupos delictivos vean que hay una sincronización entre la autoridad y la población, y eso va a ir mermando su operatividad, hasta que poco a poco se pueda ir manejando el problema.”
Rojas opina que secuestros como los ocurridos el año pasado, como el de Fernando Martí y Silvia Vargas, y el de Marco Antonio Equihua, hace unas semanas, son los desafíos del crecimiento, donde a veces parece que el Estado está inerme ante todos los problemas que se le presentan.
“Pero una es la gestión de los gobiernos y otra la de la sociedad civil; el hecho de que el gobierno no reaccione no significa que la sociedad no pueda salir a las calles y protestar, hacer marchas pacíficas para pedir solidaridad en algo que nos afecta.
“Todos debemos participar en la medida de nuestras posibilidades, hay que apoyar a las familias. Desgraciadamente no es un problema que se maneje de un día para el otro, por eso es importante que a través de organizaciones se puedan crear canales con el gobierno, para que les pueda dar verificación de los compromisos y noticias de cómo se está avanzando y lo que se pueda obtener.”
Reconoce, sin embargo, que no es fácil, porque a la gente le cuesta trabajo creer en las autoridades.
“En Colombia pasaba eso que la gente no creía en las autoridades, pero es un esfuerzo de años; allá la policía se ha comprometido a recuperar la confianza de la gente. Y ahora las instituciones de mayor confianza son la policía y el ejército en Colombia.”
Agrega que la depuración de los cuerpos policiacos, como se está haciendo en México, lleva tiempo “pero sólo el compromiso y los años logran que se recupere la confianza en las instituciones”.

Redes sociales

Experiencias de evangelización en las redes sociales
Encuentro de webmasters cristianos de Europa
HELSINKI, jueves 11 de junio de 2009 (
ZENIT.org).- Cuarenta webmasters cristianos de doce países de Europa han compartido sus diversas experiencias de evangelización en internet y en las redes sociales como Facebook y Twitter.
Ha sido durante el 14ª
Congreso de webmasters cristianos de Europa, celebrado del 7 al 10 de junio en Helsinki y Estocolmo, bajo el título "Twitting Gospel", según informó a ZENIT el presidente del congreso, el pastor luterano Ralf Peter Reiman.
Entre las experiencias presentadas se encuentra una plataforma de redes sociales utilizada por la Iglesia Evangélica Luterana de Letonia para ofrecer atención pastoral a sus miembros, especialmente los emigrantes letones que viven en Irlanda.
También una campaña de recaudación de fondos de la Iglesia de Suecia basada en los medios de comunicación social.
Y diversas iniciativas para compartir recursos espirituales, como la web
Espacio Sagrado, de los jesuitas de Irlanda, y el Ciclo de oración ecuménica del Consejo Mundial de las Iglesias.
Los participantes concluyeron que "como las redes sociales se popularizan cada vez más, las Iglesias deben esforzarse por encontrar las mejores maneras de usar estas nuevas herramientas para comunicarse con sus miembros y extender el Evangelio".
Como la mayoría de los jóvenes usan hoy en día estas redes sociales para mantenerse en contacto con sus amigos y sus familias, la Iglesia tiene que estar presente en esos medios si quiere llegar a ellos, añadieron.
Sin embargo, señaló una de las participantes, Terhi Paananen, en su presentación dedicada al uso de estos medios, "no es suficiente con ir donde va la gente, sino que necesitamos tener una misión y un propósito: ayudar, alentar y enseñar".
Por Patricia Nava
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Wanda Poltawska y Juan Pablo II

Juan Pablo II , una mujer y muchas cartasLa historia de Wanda Poltawska, “hermanita” de Karol Wojtyla
ROMA, viernes, 12 junio 2009 (
ZENIT.org).- Desde hace unas semanas, su nombre circula por los diarios de medio mundo. Se llama Wanda Poltawska, es polaca, tiene 88 años y es médica psiquiatra. La razón de este interés repentino de la prensa está en el hecho de que Poltawska hizo públicas muchas de las cartas que recibió de Juan Pablo II. Y, como era previsible, algunos medios de comunicación quisieron hacer de las cartas de un Papa a una mujer un escándalo.
Las cartas, publicadas en un libro, publicado hace algunas semanas en Polonia, forman parte de una intensa correspondencia intercambiada entre Poltawska y Wojtyla en el curso de 55 años. Los dos se conocieron inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial, se hicieron amigos, colaboraron juntos en numerosas iniciativas. Primero en Cracovia, en las actividades culturales y sociales de la diócesis, sobre todo para los problemas de la familia; y, tras la elección de Karol Wojtyla como pontífice, en Roma, donde Poltawska se convirtió en miembro del Consejo Pontificio para la Familia, consultora del Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud y miembro de la Academia Pontificia para la Vida.
Una actividad intensa, una amistad transparente, que todos conocían. Una amistad que tuvo extraordinaria visibilidad en 1984, cuando se supo que Poltawska había sido objeto de un milagro por intercesión del padre Pío, por medio de la solicitud de Karol Wojtyla. La historia se remonta a 1962. Enferma de tumor, Wanda estaba a punto de morir. Los médicos no daban esperanzas. Querían de todos modos intentar una operación. Wojtyla, joven obispo, se encontraba en Roma para el Concilio. Fue informado y escribió enseguida una carta al padre Pío, pidiéndole que rezara por aquella mujer. La carta tiene fecha de 17 de noviembre de 1962. Fue entregada al padre Pío a mano por Angelo Battisti, que era administrador de la Casa Alivio del Sufrimiento. El padre Pío pidió a Battisti que le leyera la carta. Al acabar, dijo: "Angelito, a esto no se puede decir que no". Battisti, que conocía bien los carismas del padre Pío, volvió a Roma sorprendido y seguía preguntándose el "por qué" de aquella frase: "A esto se puede decir que no". Once días más tarde, el 28 de noviembre, fue encargado de llevar una nueva carta al padre Pío. En esta, el obispo polaco agradecía al padre sus oraciones porque "la mujer enferma de tumor, se curó de repente, antes de entrar en el quirófano".
Un verdadero y llamativo milagro por tanto, atestiguado por los médicos. Conozco bien este asunto porque fui yo el que lo dio a conocer por primera vez en 1984, en una biografía del padre Pío que escribí para Mondadori (Italia). Las cartas de Wojtyla me habían sido dadas por Angelo Battisti quien me había también contado el detalle del comentario increíble del Padre: "A esto no se puede decir que no". Apenas salido mi libro, estas cartas fueron reproducidas por la prensa de medio mundo y por tanto, desde entonces, la amistad entre Karol Wojtyla y Wanda Poltawska era conocida. Enseguida hubo muchos otros artículos sobre el argumento, míos y de otros colegas, y se publicaron numerosas y bellísimas fotografías, que ahora reproducen varios diarios. Nada de nuevo, por tanto. Una gran amistad, una extraordinaria colaboración que no se interrumpieron con la elección de Wojtyla al solio pontificio.
La publicación de las cartas, sin embargo, levanta ampollas. Y también preocupación, sobre todo en el mundo eclesiástico. El cardenal de Cracovia, en una entrevista, hecha en medio de la polémica, ha recriminado a la doctora Poltawska diciendo que debía estar callada. Pero, examinando la situación con mente fría, se llega a dar la razón a la doctora Poltawska. Ha hecho bien en publicar estas cartas. Su amistad era sabida. Muchos conocían esta correspondencia. En la Congregación para las Causas de los Santos querían aquellas cartas. Pero no se sabe cómo las habrían juzgado. Y su juicio habría permanecido secreto, sepultado en los archivos de aquellos palacios infranqueables. La doctora Poltawska ha preferido la luz del sol. Precisamente porque no hay nada que esconder. Al contrario, son cartas bellísimas, de una riqueza espiritual y humana conmovedora. Demuestran, por si hubiera todavía necesidad, la grandeza desmesurada del corazón sde Karol Wojtyla, el inmenso amor que tenía en aquél corazón suyo, "inmenso" precisamente porque "amaba" con el amor de Dios.
Un asunto similar se verificó en el curso de la causa de beatificación del padre Pío. En torno a 1990, la causa se bloqueó. Y precisamente por una serie de cartas que el padre había escrito a una "hija espiritual" suya, Cleonice Morcaldi. La había conocido en torno a 1930, cuando era adolescente y quedó huérfana de ambos progenitores. Como había prometido a la madre moribunda de la chica, el padre Pío se encargó de ella, como si fuera una verdadera "hija adoptiva". Y desde entonces la trató siempre con afecto y amor grandísimos, como un padre trata a una hija. Amistad discutida, condenada, causa de grandes sufrimientos y humillaciones para el padre Pío, de calumnias e insinuaciones gravísimas. Y también en aquella historia había cartas, consideradas demasiado afectuosas. Un día aquellas cartas me fueron dadas por dos sacerdotes, hijos espirituales del padre Pío y amigos de Cleonice Morcaldi. Me pidieron publicarlas para que el mundo juzgara si eran "cartas de pecado" o en cambio extraordinarias pruebas de una amistad espiritual altísima. Las publiqué en mi libro "A tu per tu con padre Pio". Enseguida suscitaron un auténtico revuelo, pero luego la verdad acabó por emerger y nadie habló más de escándalo sino más bien aquellas cartas contribuyeron a comprender de modo todavía más profundo la grandeza del corazón del padre Pío.
En los varios artículos publicados en estos días se habla de las cartas del Papa a la doctora Poltawska, pero nadie se detiene a explicar quién es esta mujer y por qué fue tan amiga de Karol Wojtyla. Al estallar la Segunda Guerra Mundial en 1939, Wanda Poltawska era una joven estudiante universitaria. Tenía 18 años. Asistía a los círculos de estudiantes católicos. Y cuando los nazis invadieron Polonia, como tantos otros de sus coetáneos, entró a formar parte de la Resistencia partisana, para defender la patria. Pero fue descubierta, arrestada, conducida a Alemania y pasó cinco años en un campo de concentración.
Al regresar a casa, reanudó los estudios, se licenció en Medicina, se especializó en Psiquiatría. Persona reservada, no hablaba nunca de todo lo que había sufrido. Quiso sin embargo transcribir en un cuaderno lo que recordaba para que no se perdiera. Y sólo al comienzo de los años 80 se dejó convencer por una amiga para publicar aquellas memoria suyas en un librito, que se titula "Ravenshruck. Tengo miedo de mis sueños". Me lo dio a conocer en 1996 el profesor Adolfo Turano, microbiólogo, que lo estaba traduciendo para publicarlo también en Italia. Conservo todavía el manuscrito que me dio. Luego, el profesor murió prematuramente pero sé que el libro, el año pasado, fue publicado en Italia. Es un documento conmovedor. Desvela detalles tremendos, algunos inéditos, sobre la crueldad de los verdugos nazis. Poltawska cuenta la propia historia de joven prisionera que vive un drama espantoso, pero la cuenta con una conmovedora y maravillosa participación en el sufrimiento de los demás. Poltawska no se limita a contar, en aquellas páginas, los propios padecimientos, las propias ansias, los propios sufrimientos. Mira a sí misma y a todas las compañeras con el mismo interés. Y este es un dato a tener bien presente porque demuestra que los sufrimientos inhumanos padecidos no apagaron nunca en su corazón la bondad, la dignidad humana, la solidaridad. En los campos de concentración alemanes estaba el infierno, se extendió el "mal personificado" pero entre las víctimas inocentes hubo luminosos e increíbles ejemplos de bien, de altruismo heroico.
"Una tarde --escribe Wanda Poltawska al inicio de su librito de memorias (cito de la traducción que me dio el profesor Turano)-- estudiaba en casa cuando en la entrada una voz masculina, en polaco, resonó extraña y agresiva: ‘¿Quién de vosotros es Wanda?'. Y así empezó. Me alcé, salí... y he vuelto sólo ahora, tras casi cinco años de campo de concentración". La joven, primero fue llevada al comando de la Gestapo, en Cracovia, y sometida a un interrogatorio que duró algunos días. Fue golpeada, violentamente, con puñetazos en la cara, en el estómago, amenazada con un revólver.
Fue luego encerrada en una celda atestada de personas. "En la prisión había piojos, pulgas, suciedad, no había agua y brotó el tifus. De noche, a veces, de repente, encendían las luces haciéndonos permanecer firmes, empezaban a llamar a algunos de nosotros. Después, en la celda, no se dormía ya, se rezaba por aquellas que habían salido. Y poco después, bajo nuestras ventanas, oíamos los disparos de la ejecución". Tras casi siete meses, las prisioneras fueron cargadas en un tren de mercanías y enviadas a Alemania, al vituperado lager de Raven­sbruck, donde los médicos alemanes hacían experimentos con cobayas humanas. "Estábamos destinadas a morir. Nuestras vigilantes nos golpeaban hasta la sangre. Fuimos desnudadas, nos dieron vestidos de rayas, nos raparon al cero, querían destruir nuestra personalidad". Empezaron los trabajos, pesados, pesadísimos. "Cargaban una cantidad desmedida de peso en nuestros hombros... Recuerdo haber llevado sobre mis hombros 80 kilos de cemento subiendo escaleras estrechas hasta el techo de una casa de dos pisos: me sentía morir pero no podía hacer caer el peso porque detrás de mí había otra prisionera y la habría matado... Teníamos que palear arena. Teníamos al lado a las vigilantes con terribles perros que gruñían amenazadores apenas una de nosotras descansaba un poco. Las manos sangraban. Por la mañana, la arena estaba mojada y pesada, durante el día se secaba con el viento, se levantaba, entraba en los ojos, en la boca, en las orejas". Un tormento terrible lo constituía el frío. "Donde dormíamos pendían del techo los carámbanos. Sobre nuestras colchas había escarcha y la vigilante nos ordenaba sistemáticamente que abriéramos las ventanas de los dos lados del dormitorio para hacernos daño con las corrientes. "En las barracas donde íbamos a trabajar hacía, en cambio, mucho calor. La barraca estaba atestada y sudábamos. Teníamos vestidos ligeros, con las mangas cortas. Mi turno terminaba a las cinco de la mañana, nos arrojaban fuera, todas sudadas y con los mismos vestidos ligeros permanecíamos horas y horas al hielo". "Volvíamos del trabajo con las manos hinchadas, los huesos rotos. Nos echábamos en los camastros y tras una hora sonaba la sirena y teníamos que levantarnos para pasar lista. Volvíamos al dormitorio y tras otra hora otra vez la sirena para pasar lista. No se lograba pegar ojo. El cansancio era enorme. A veces, durante el paso de lista, se dormía de pie, con los ojos abiertos, y alguna caía al suelo traspuesta y era cogida a bastonazos. El hambre era más fuerte que el deseo de dormir. Estábamos delgadas como esqueletos. Ni siquiera la vista de mujeres desnudas, en cola para el baño, terriblemente flacas, causaba ya disgusto. Mirábamos con indiferencia nuestra delgadez y la de las otras, así como la pérdida de los senos y la muerte. Por el hambre nos convertimos en ladronas, nos robábamos un mendrugo, reñíamos por pocas migajas". Y luego, en un cierto momento, el llamamiento de un grupo que fue llevado al pabellón de enfermería, entre ellas también Wanda. Son lavadas, una enfermera les depila las piernas, les practica inyecciones que hacen perder la consciencia y cuando las chicas se despiertan se encuentran con las piernas enyesadas. ¿Qué sucedió? No lo saben. Son devueltas al dormitorio en una silla de ruedas. En la cama, durante la noche, cuando acaba el efecto del potente somnífero, empiezan dolores agudísimos. Empieza así el martirio. Aquellas chicas se convierten en cobayas humanas para atroces experimentos médicos. Las operaciones en las piernas se suceden en periodos fijos. Las heridas practicadas son tratadas con medicinas especiales que producen infecciones, gangrenas. En aquél estado, las víctimas son abandonadas solas en el dormitorio, sin ninguna asistencia. Wanda aún no pudiendo tenerse en pie, se deja caer de la cama y, agarrándose a los camastros de las compañeras, llega a aquellas que sufren más para darles un poco de consuelo, baña los rostros quemados por la fiebre con trapos húmedos, conforta a quien está agonizando. De día llegan los médicos que observan las heridas y ordenan otros experimentos. Las pobres cobayas humanas son devueltas al pabellón de enfermería y sometidas a otras horribles mutilaciones, extracciones de trozos de hueso, inyecciones de bacterias en las heridas. Un calvario espantoso e interminable. Cada poco, una chica muere. Desaparecen de este modo muchas. Wanda recuerda, escribiendo sus nombres, como sobre una lápida, porque son víctimas inocentes, asesinadas por un odio absurdo, frío, cínico, humanamente inconcebible. La exasperación de las supervivientes es indecible. Pero Wanda, incluso en aquella tremenda situación, logra mantener su equilibrio cristiano. "No tenía odio y ni siquiera ahora lo tengo. ¿Qué veía en aquellos alemanes? Les miraba y buscaba en ellos a las personas". Esta, en una rapidísima síntesis, la increíble y horrible experiencia que Wanda Poltawska hizo, de los 18 a los 23 años, en el campo de concentración de Ravensbruck. Una experiencia capaz de destruir cualquier equilibrio psíquico. Wanda sobrevivió física y psíquicamente a aquellos horrores gracias a su fe. Y gracias a la ayuda de un joven sacerdote, Karol Wojtyla, conocido a su vuelta a casa, logró superar y vencer las consecuencias devastadoras que los horrores padecidos habrían ciertamente dejado en su personalidad. A aquel sacerdote confió sus dramas espantosos y aquel sacerdote pudo "comprender", porque también él, en los años de la guerra, fue martirizado por grandes dolores personales que lo condujeron a la vocación sacerdotal. Y nació así una amistad, continuada para el resto de la vida, llena de actividades y de iniciativas para promover los valores que retoñaron de aquellos lejanos sufrimientos. Por Renzo Allegri, traducido del italiano por Nieves San Martín

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