La nueva escuela mexicana y la prueba PISA 2025/ Fred Alvarez Palafox
El rezago en matemáticas y lectura revelados por la prueba PISA 2026, obliga a mirar de frente la crisis educativa. | Fred Álvarez.
La Silla Rota, 9/9/2026 · 22:03 hs
La educación se rescata con autocrítica, verdad y rigor, no con consignas de ocasión.
"Los estudiantes usan IA para escribir trabajos, los profesores usan IA para calificarlos, los títulos pierden su significado y las empresas tecnológicas hacen fortunas. Bienvenidos a la muerte de la educación superior". Leí esta reflexión en redes sociales y fue inevitable pensar en nuestro propio laberinto educativo.
Recordemos aquel verano de 2023, cuando México entero soltó una carcajada. En la habitual solemnidad de Palacio Nacional, una profesora asumió la misión de defender el espíritu solidario de la Nueva Escuela Mexicana. Pero en su afán pedagógico, la forma devoró al fondo. Al entonar aquel infantil "lero, lero, maromero" entre saltitos y manoteos, despojó de toda gravedad a una reforma que urgía de altura de miras. Como bien retrata el elocuente cartón de Paco Calderón en Reforma, la caricatura terminó asfixiando a la educación. Nos distrajo el baile viral y dejamos escapar la oportunidad de discutir qué modelo de aprendizaje queríamos realmente para nuestros niños. Hoy, al estrellarnos contra los crudos resultados de la prueba PISA 2025, despertamos de golpe: el "lero, lero" terminó siendo para nosotros.
Y es que los memes han dejado de dar risa. Volver al rezago educativo de hace un cuarto de siglo no es un simple tropiezo metodológico ni una casualidad global; es la crónica de un abandono sistemático. Cuando seis de cada diez jóvenes en los países de la OCDE dominan el nivel básico en matemáticas, y en México apenas tres logran descifrarlo, la estadística se convierte en una hipoteca social inaceptable. Lo verdaderamente grave no es solo nuestro promedio de 388 puntos —una caída estrepitosa—, sino la ausencia casi total de jóvenes mexicanos en los niveles de excelencia.
El golpe de realidad aterrizó en la mañanera del 8 de septiembre. Cuestionada de frente, la presidenta se escudó en una narrativa predecible: la visión corta de las evaluaciones internacionales. Construyó un panorama a modo, celebrando un triunfo ilusorio en ciencias (de 2022 a 2025) que los datos duros desmienten de tajo, pues si miramos la película completa desde 2018, México cayó de 419 a 410 puntos. Diluyó hábilmente el desplome en lectoescritura justificándolo como una tragedia global causada por las pantallas; un triste consuelo bajo la lógica de que, en el país de los ciegos, el tuerto es rey.
Como salvavidas discursivo, se proyectó de forma íntegra un video de Andreas Schleicher, directivo de la OCDE —considerado el cerebro tras el informe—, quien elogió la resiliencia del magisterio y el espíritu crítico de los alumnos. El oficialismo adoptó de inmediato este mensaje para presumir las virtudes de su modelo humanista. La mandataria respaldó la idea señalando que los jóvenes tienen la intuición adecuada para sobrevivir en la era de la Inteligencia Artificial al saber deconstruir problemas complejos, planteando como reto convertir esa resiliencia en el motor de la economía.
Pero hay un punto ciego monumental en este discurso triunfalista: el rezago innegable en matemáticas y lectura. Por más que el pensamiento crítico sea el corazón de la nueva estrategia, este no puede florecer en el aire; necesita echar raíces sobre el suelo firme del razonamiento lógico-matemático y la comprensión lectora profunda.
A la par de este declive, hay un matiz cultural ineludible. Como atinadamente me comentó el profesor mazatleco Francisco Javier Elorriaga Barraza, enfrentamos una adicción colectiva donde le cedimos el pensamiento al maestro Google y a la IA. La academia, en voz del investigador argentino Carlos Alberto Scolari, lo confirma: el problema no es la tecnología en sí, sino nuestro consumo. El uso recreativo e intensivo de las redes aniquila el desempeño, mientras que un uso moderado y crítico dibuja un escenario de aprendizaje prometedor. La tecnología no es un enemigo, pero tampoco una varita mágica.
El verdadero peligro, entonces, no es el celular ni la computadora, sino la necedad de quien se niega a ver el tamaño de la tragedia. Si el Estado insiste en los aplausos vacíos y en maquillar la realidad, el único resultado será condenar a nuestras juventudes a la marginación en un mundo ferozmente competitivo. La educación se rescata con autocrítica, verdad y rigor, no con consignas de ocasión. Y para esa titánica tarea, hace falta algo más que discursos: urge un secretario de Educación Pública con peso, visión y oficio.
Hace más de un año, el secretario Mario Delgado descalificó la objetividad de pruebas estandarizadas como PISA bajo el argumento de que enfrentan “limitaciones muy importantes” ante las disparidades de los entornos escolares; incluso, en un comunicado oficial, sentenció que “los resultados son muy relativos”. Frente a ello, apostó por las evaluaciones diagnósticas de la Nueva Escuela Mexicana para trazar el rumbo del sector y blindar la autonomía docente mediante un seguimiento integral del conocimiento, las habilidades socioemocionales y la ética. Hoy la realidad le cobra factura, y caricaturistas como Camacho, en el diario Reforma, no dudan en plantarle las orejas de burro.
Por cierto, la mañanera del martes cerró con una estampa casi teatral. Con el ánimo intacto tras el vendaval, la presidenta exclamó desde el atril: —¡Que viva la escuela, la Nueva Escuela Mexicana!... y el magisterio nacional.
Sin comentarios.
PD. Las caricaturas son nota.
Mi comentario en la red…
https://www.youtube.com/watch?v=z1oOaqpSMQU
@fredalvarez
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