8 oct 2026

Morena: 15 años no es nada...

 15 años no es nada...

Quince años... Se dicen fácil, ¿verdad? Quince años cumple Morena como movimiento político. Y para celebrarlo, como dictan los cánones del "pueblo sabio", llenaron el Auditorio Nacional. Discursos de hegemonía, recuentos históricos con Alfonso Durazo en el micrófono y una dirigencia convencida de que el país se pinta solo de guinda.

Pero mientras el discurso oficial olía a incienso y victoria, en las páginas de El Financiero, el caricaturista Rictus les regaló una foto de foto de perfil mucho más precisa. Una estampa demoledora donde las velas del pastel festivo no son de cera, sino barriles de combustible. El famoso huachicol fiscal.


Porque hay que reconocerlo: nada resume mejor esta fiesta que ese pastel barnizado con evasión millonaria de IEPS, contrabando en las aduanas y una vista gorda del SAT que ya quisiera cualquier contribuyente común.


Y si la sátira visual de Rictus no fuera suficiente para retratar la comedia, la fauna política terminó de hacer el trabajo.


Por un lado, los senadores... Ah, los senadores. Arribando al Auditorio Nacional no a pie, no en metro, ¡sino en autobuses de lujo pintados de guinda! Mostrando sus boletos con la sonrisa de quien se sabe inmune y gritando: “¡Pueblo, pueblo, pueblo!”. Un derroche de "austeridad republicana" que casi hace rodar una lágrima de emoción. Neta..


Y por el otro lado, los diputados. Los pobres diputados de San Lázaro a los que Ricardo Monreal amarró a sus curules bajo la amenaza de un regaño. Mientras los senadores brindaban, a los diputados les tocó quedarse a trabajar como novias de pueblo: vestidos, alborotados y devolviendo las entradas.


Al final, Rictus no tuvo que inventar nada; la realidad le hizo la mitad del trabajo. Quince años después, Morena nos demuestra que aprendió rápido las mañas del viejo régimen: a celebrar el poder con guante blanco, a hablar del pueblo desde el transporte de lujo y a soplarle a las velas de un pastel decorado con la corrupción de sus propias aduanas.


¡Felices quince años! Y que el huachicol pague la cuenta.


Para la historia inmediata!


PD: Pero la ironía no termina en la estampa del pastel. El retrato que el cartón hace de la fauna política reunida en el festejo resulta igualmente duro: un reflejo de cómo la celebración del poder busca ignorar las redes de complicidad y la corrupción en las fronteras. Rictus no perdonó el aniversario. 

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