Leer poesía en voz alta
Por Fred Álvarez Palafox
Hay una magia particular en el acto de pronunciar las palabras. A mí me pasa cuando leo poesía: necesito hacerlo en voz alta, escucharme a mí mismo, sentir cómo resuenan los versos en el pecho para terminar de atrapar su sentido profundo. Y cada vez que leo a Neruda, a Salinas o a Sabines, los versos se despliegan distintos. Es otra voz, es otra música: es un sortilegio.
Y es que, en el fondo, la clave de todo habita ahí: en el lenguaje oral. Debemos prestar atención y mirar hacia un territorio largamente olvidado: la voz y el oído. Con los ojos solo comprendemos aquello que primero aprendimos a descifrar con los oídos. El lenguaje oral es el cimiento de todo.