Renato
Leduc y el chiste de escribir
Este
martes se cumplen 30 años de que falleció el escritor y periodista mexicano,
cuya poesía siempre era un juego de versificación antisolemne y muchas veces
procaz
RAFAEL MIRANDA BELLO/ESPECIAL
Leduc,
durante una manifestación del magisterio, el 9 de agosto de 1960.
Enemigo
tenaz de la cursilería y el lenguaje encorsetado, Renato Leduc, el hombre de
pluma y de porvenir color permanganato a quien no le complacía que lo tildaran
de bohemio, murió hace tres décadas en Tepepan, Xochimilco, el 2 de agosto de
1986. “Yo toda mi vida he trabajado, escribo para seis periódicos, ¡carajo!,
¿bohemio? ¡Una chingada!”, dijo a la escritora Oralba Castillo, el gran
conversador de verbo perdurable que mantuvo singulares tratos –de feliz y
caldeada procacidad– con las palabras. Algunos de sus poemas, más allá de ser
“simples pendejadas de juventud”, como él mismo llegó a definirlos, dieron al
traste con la parafernalia artepurista de su época, y también, así lo señala el
escritor Enrique Serna en el artículo Renato Leduc: el pase del desdén, es
significativo el hecho de que a pesar de “su inconsistencia tonal (...) muchas
veces la irrupción del ruido en mitad de la sinfonía y el zigzagueo burlón
entre el prosaísmo y la metáfora suntuosa confieren a su poesía una vigencia
contracultural que seguramente deslumbrará a muchos lectores jóvenes”.






