20 mar. 2010

El lenguaje de la imagen

CRÍTICA: LIBROS / Ensayo
Los lenguajes de la imagen
IURY LECH
Babelia El País, 20/03/2010
El poder de las imágenes ha suscitado en todas las civilizaciones un sentimiento antagónico de admiración y rechazo, de placer y censura, tanto como si retratasen lo bello, deformasen la naturaleza, preservasen la realidad o manipulasen las certezas utilizando la reflexión y la propaganda. En una sociedad rendida a "las simulaciones visuales, los estereotipos, las ilusiones, las copias, las reproducciones, las imitaciones y las fantasías", tal como sugiere Mitchell en su polémico y formativo libro Teoría de la imagen, la cultura de la imagen ha desplazado a la humanidad de las palabras hacia una representación visual que nos sitúa en un medio infrahumano, despojado de jerarquías pero también de capacidad crítica. El autor no intenta construir una teoría, sino establecer las diferencias entre imagen y lenguaje, y desvelar las consecuencias del enfrentamiento pasivo entre espectador y lector, reasentar la iconología en su perspectiva de ciencia de las imágenes.
La imagen se ha convertido en constructora de la realidad y en emisora de la comunicación, aunque a menudo no se sabe si lo que se ve en las pantallas reproduce la realidad o son meros atisbos para poder comprenderla. La mirada, sostiene Arlindo Machado en El sujeto en la pantalla, es un quiasma, el entrecruzamiento entre uno y la alteridad, donde "el vidente y lo visible funcionan, en relación con la mirada, como el derecho y el revés", y uno no existe sin el otro, ambas partes son partes del otro. Todo forma parte de un montaje que apunta a privilegiar los contenidos que satisfagan las ansias de comodidad del receptor, que con la llegada de lo digital incluso ha sustituido al tradicional narrador por los programas de ordenador.
El cine, como exploración de realidades paralelas, provoca en el espectador la necesidad de salirse de sí mismo y propone un nomadismo interior, desplazamientos mentales entre las fantasías personales menos reconocibles y las imágenes más heterodoxas que provienen del exterior, alquimia que hasta el presente ha mantenido su exitoso secreto, tal como destaca Hasta donde el cine nos lleve, una sistematizada recopilación cinéfila que, tomando como modelo la literatura de viajes, propone la alternativa de un "cine de viajes", filmes que proyectan la mirada desde la oscuridad de las salas hacia un punto infinito que quizás en última instancia permita una transliteración del destino del homo itinerantis. El privilegiado protagonismo del imaginario del cine, que de atracción de feria ha pasado a convertirse en ventana abierta a sinfín de paisajes metafóricos, recibe un lúcido y sintético estudio en la ampliada y revisada edición de El discurso cinematográfico, de Ismail Xavier, un clásico entre los textos ensayísticos dedicados a este arte audiovisual, que delimita la historia del cine como la historia de las ideas cinematográficas, la cual se debate entre lo transparente y lo opaco, ofreciendo un discurso plural, desarrollado en torno a las relaciones entre cine, invención e ideología. Pero la imagen fílmica no sólo posee componentes de evasión o de interpelación conceptual con las tensiones, los traumas, las obsesiones o las visiones apocalípticas de cada época. También como la creación de mitos. La experiencia cinematográfica tiene mucho que aportar en el ámbito de la educación y del saber, tal como refleja Esther Gispert en su comprometido despliegue teórico contenido en Cine, ficción y educación, para quien "la introducción del cine de ficción en la educación plantea un doble reto: por un lado, aceptar la posibilidad de construir discursos de conocimiento a través de la ficción y, por otro lado, convertir el cine documental en un objeto de estudio y no reducirlo a un simple sustituto de la realidad".
No obstante, el problema no reside tanto en la propia imagen sino en la percepción de quien mira. Si se está de acuerdo en que la imagen en movimiento ha sido y es una de las formas más trascendentales para representar la realidad y contar sucesos ficticios nunca acaecidos pero que nos sirven como sistema de alerta, también se ha convertido en un sistema perverso, entregado a la creación de contextos fraudulentos, que parten principalmente del medio publicitario como creador de necesidades inútiles o de la tergiversación del devenir histórico. De este hecho deja constancia el demoledor texto De la miseria humana en el medio publicitario, que ataca con virulencia los abusos y excesos de la industria de la publicidad y del consumismo ciego, cáncer enquistado en nuestro modo de vida infantil y responsable último de los peligros a los que se debe enfrentar la humanidad ante una anunciada devastación del mundo, curiosamente escenario repetido hasta la saciedad en decenas de películas del llamado género catastrofista. -

La ciudad de ls viudas

La ciudad de las viudas
ANA GABRIELA ROJAS
Publicado en El País Semanal, 14/03/2010;
Marginadas por sus familias. Sumidas en la pobreza. Mayores, jóvenes e, incluso, menores de edad. Todas comparten la misma desgracia: ser viuda en India. Vrindavan, a 150 kilómetros de Delhi, es una ciudad que acoge a las mujeres que ya nadie quiere.
Todavía no amanece. Pero la sombra que estaba tirada en el polvoroso suelo empieza a desperezarse. Lentamente se levanta y anda por las frías y retorcidas callejuelas. Cojea. Su caminar transmite pesar. Como si con cada paso pidiera perdón por su existencia. De la oscuridad van surgiendo otros espectros similares que le acompañan en la misma dirección. Cada vez se unen más hasta formar un silencioso desfile del que sólo son testigos los perros callejeros. Esta peregrinación llega a una estrecha calle que desemboca en una pequeña puerta con símbolos hinduistas. Detrás de ella hay un patio interno ocupado ya por cientos de las siluetas sentadas en posición de flor de loto.
Comienza un dolido cantar que sobrecoge. Más que humano, el murmullo continuo y monótono parece venir de otro mundo. En este trance casi hipnótico empieza a clarear. Los primeros rayos rojizos y húmedos de luz van descubriendo a las mujeres que se esconden bajo las sombras. Algunas son viejecitas a las que el tiempo les ha menguado los huesos, les ha llenado los ojos con cataratas o les ha arrancado los dientes. También hay jóvenes, algunas, incluso, menores de edad. Todas comparten la misma desgracia: ser viudas en India. Y también que con sus maridos perdieron todo lugar en la sociedad. Han quedado desposeídas y marginadas.
Así, arrastradas por la pobreza o repudiadas por su familia, miles de mujeres han llegado aquí, a Vrindavan, también llamada ciudad de las viudas. Está a sólo 150 kilómetros de Nueva Delhi, la capital de la emergente India, y a sólo 70 kilómetros de su perla turística: Agra, con el Taj Mahal, que irónicamente fue construido por amor a una mujer. Vrindavan, un lugar que parece olvidado por el tiempo, es, en cambio, el lugar adonde van a parar las mujeres a quienes nadie quiere ya. Según el hinduismo, el juguetón dios Krishna pasó aquí su infancia, por eso para muchas ramas de esta religión, entre ellas los Hare Krishna, es un lugar sagrado. Cientos de templos de todos los tamaños y formas sobresalen en sus medievales calles laberínticas, por las que corre el desagüe al aire libre.
Se cree que quienes mueren en Vrindavan se liberan del eterno ciclo de reencarnación, por lo que es un centro de peregrinación para creyentes y santones. Las viudas también se encomiendan al dios de piel azul, al que consideran su "esposo espiritual", así que mendigan en esta ciudad un poco de comida mientras esperan su muerte. Algunos cientos de ellas se reúnen en diferentes ashrams, o centros religiosos, donde se ganan algunas rupias por sus cantos y algunos indios de clase media y alta reparten comida o algunas monedas para contentar al dios.
"Cuando murió mi esposo, su familia me echó de la casa diciendo que mi vida no valía nada. Yo no tengo dinero ni forma de trabajar. Por eso vine a Vrindavan: cada día me alimento de limosnas y cada noche rezo por no despertar al día siguiente", cuenta Radha Devi. Esta septuagenaria deambula descalza y apoya su fragilidad en un bastón. Como la mayoría de las viudas en la ciudad, Radha lleva la cabeza rapada y viste de blanco.
Radha es sólo una de los miles y miles de mujeres que al quedarse sin marido no tenían otro lugar adónde ir y emigraron a Vrindavan. Nadie sabe ciertamente cuántas hay en la ciudad, de 57.000 habitantes, pero podrían ser unas 15.000, según un estudio del Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer (Unifem). A orillas del río Yamuna, Vrindavan es la ciudad de viudas por excelencia, pero también hay una gran concentración de estas mujeres en Varanasi, otra ciudad sagrada a la orilla del Ganges.
"Aquí estoy mejor que en mi aldea. Hay otras mujeres como yo y creo que Krishna nos protege", dice al principio Radha. Pero después, entre una lágrima que se le escapa sin querer, admite que le duele la indiferencia de sus hijos, que se siente sola y marginada por el resto de la gente. Sus ojos hablan de un largo sufrimiento. Ahora, su mayor temor es el cada vez más cercano día en que ya no podrá caminar: su espalda está ya tan cruelmente curva que casi la parte por la mitad.
Una mujer que ha perdido a su marido debe permanecer en duelo el resto de su vida, según las tradiciones hinduistas más conservadoras. Debe olvidarse de sus coloridos saris, no llevar ningún ornamento y cortarse todo el cabello para no producir deseo en otro hombre. También su comida debe ser insípida, sin condimentos o carnes que pudiesen despertar su libido. No es bienvenida en las festividades porque su presencia es de mal agüero. La gente les huye porque son tan peligrosas que hasta su sombra podría traer desgracias: se les considera las culpables de la muerte de sus esposos.
"La idea de fondo es que una buena mujer debe ser modesta y casta. Siempre debe estar protegida por un hombre. Primero, su padre, y luego, su esposo. Cuando éste muere, la mujer se convierte en una amenaza para el orden social. Y más si es joven. Hay un estigma que lleva por ser una criatura anormal en la sociedad". Así explica Martha Chen, profesora en Harvard y autora del libro Widows in India. Social neglect and public action (Viudas en India. Descuido social y acción pública).
El 'sati', o la antigua tradición hinduista en la que la viuda se suicidaba saltando a la pira funeraria de su difunto marido, se consideraba el máximo acto de amor (aunque muchas veces lo era más por presión social). Pero estas costumbres empezaron a erradicarse durante la colonia inglesa y está prohibido en las leyes de India independiente desde 1987. Acabado el sati -con sus excepciones-, la mejor forma de honrar al esposo es ahora un luto bien llevado, en el que se repriman todos los deseos y necesidades.
Pero esta exclusión social también tiene trasfondos económicos. La sociedad india es infinitamente diversa y es imposible generalizar, aunque en la gran mayoría de los casos la estructura patriarcal de la familia otorga todos los poderes económicos y sociales al hombre. Los matrimonios son arreglados y la mujer va a vivir a la casa de su nuevo esposo, siendo casi propiedad de él y de su familia política. Cuando las mujeres quedan viudas, las familias les echan porque no quieren hacerse cargo de ellas. "No en todos los casos se debe a que no tengan suficiente dinero, sino, simplemente, porque no quieren", dice la especialista en género y pobreza de Harvard.
A los parientes políticos no les conviene que la viuda reclame la parte de sus derechos de propiedad, como la casa y la tierra que pertenecían al esposo y a los hermanos de éste. Algunas veces "crean el rumor de que es un peligro para la sociedad, como que es una bruja o una mujer fácil, para que deje su casa y su aldea y, con ellas, sus propiedades. La gente común es simple y supersticiosa. No quieren a una bruja en la aldea, así que la excluyen", cuenta Ginny Shrivastava. Esta canadiense ha vivido muchos años en India y dirige en otra ciudad, Udaipur, la Asociación de Mujeres Fuertes Solas (ASWA, por sus siglas en inglés), que cuenta con casi 30.000 integrantes, el 75% de ellas viudas.
Chando Honhoga enviudó hace 15 años. Su cuñado le echó de casa sin miramientos con sus dos hijos, por lo que se vio obligada a improvisar una choza en su tierra de cultivo. Años después, el cuñado convenció al hijo de Chando, ya mayor, de que acusara a su madre de hechicera y le quitara su tierra. Sin un lugar propio donde sentirse a salvo, la mujer se lamenta: "Más que no tener una casa me duele la traición de mi hijo, que me despojó, cuando yo luché sola para criarlo".
Las viudas en India tienen derecho a heredar según la ley, pero en muchos casos, como en el de Chando, son los hijos y la familia política los que abusivamente y mediante acoso o tortura se quedan con las propiedades. En otras ocasiones puede que den la tierra a la mujer, pero sin dejarle decidir: por ejemplo, no puede venderla, aunque necesite el dinero; o, si se trata de tierra de cultivo, no le permiten usar los pozos de agua cercanos.
Las opciones para una mujer de mantenerse sin la ayuda de un hombre son muy limitadas. Pocas están preparadas o tienen la posibilidad de obtener un empleo. El Gobierno concede una pensión de viudedad de 400 rupias al mes (unos 6,30 euros), pero, además de ser muy poco, no llega a todas. En la ciudad donde creció Krishna, por ejemplo, sólo una cuarta parte de las viudas la recibe. "La burocracia hace muy difícil para las mujeres, analfabetas en su mayoría, exigir la pensión. Muchas no saben siquiera que existe", cuenta Usha Rai, responsable del estudio para Unifem. El Gobierno y otras instituciones privadas sí proveen algunos servicios y refugios en Vrindavan, pero sólo cubren un pequeño porcentaje de las viudas.
En la ciudad de Krishna, como en toda India, hay muchas viudas jóvenes. En parte se debe al gran número de matrimonios de niñas o jóvenes con hombres mayores, porque éstos tienen dinero o porque se acostumbran a que la familia de la mujer conceda dote a la del hombre "por llevarse la carga de una mujer". Así resulta mejor casar a las hijas a temprana edad: a mayor edad se debe pagar más para que una mujer sea aceptada.
Pratima Sharma fue obligada por sus padres a casarse a los 17 años con un hombre que era 30 años mayor, porque "era un hombre de bien y tenía dinero". Pero tres años después el marido murió de cáncer. Pratima se quedó con un hijo y sin dinero para mantenerlo. Aunque es muy joven, no piensa en volver a casarse: "Nadie me aceptaría con mi hijo", asegura. Un segundo matrimonio es casi imposible para las viudas, aun para las jóvenes y sobre todo para las de las castas más altas. Aunque también aquí hay un giro machista; a los hombres viudos sí se les alienta a encontrar una nueva esposa, no siendo importantes su edad o su casta.
A pesar de todo, Pratima se considera muy afortunada. Su hijo está en la escuela y ella recibe entrenamiento para ser auxiliar de enfermería. Viven en Vrindavan, en el ashram de la ONG The Guild of Service. Amar Bari, que significa 'nuestra casa', es el centro de acogida donde las viudas son tratadas con más dignidad: se les ofrecen tres comidas al día, un lugar limpio y digno, y a las que están en condiciones se les entrena en algún trabajo. Se les alie?nta a vestirse de colores y a mejorar su autoestima.
"Tenemos que cambiar la mentalidad de la sociedad para que recuperen sus derechos, de los que han sido privadas históricamente", argumenta la responsable de este ashram, la activista por las viudas más reconocid?a ?en el país:? Mohini Giri. Esta mujer, también viuda, restriega en la cara de la sociedad india las pésimas condiciones en las que quedan las mujeres cuando pierden a sus maridos. Giri comenzó sus reivindicaciones cuando viajó a Vrindavan como titular del departamento para la mujer. Quedó horrorizada al ver un cadáver devorado por perros que nadie se había preocupado de quitar de la calle, o de cremarlo, porque era el de una viuda.
El ashram de Giri acoge a unas 120 mujeres. "Creemos que cada gota forma el océano, y estamos haciendo todo lo que podemos, pero todavía falta un mundo por hacer. Hay miles de mujeres abandonadas en la calle", asegura con su aire de fortaleza. Los problemas normales de la edad y la pobreza se ven agravados por el ostracismo social. Estas mujeres sufren enfermedades en los ojos, en las vías respiratorias y en los huesos, o malnutrición e higiene personal y salud mental en absoluto descuido, según encontró un sondeo de su ONG.
La mortalidad entre las viudas es mucho más alta que entre los viudos, según descubrió por otra parte la especialista de Harvard. "Hay cosas que están pasando. No es que las asesinen, pero sí que hay mucha negligencia. En general, la salud de las mujeres no interesa, mucho menos si son viudas. Son la más aguda expresión del abandono".
En Vrindavan tienen una subsistencia absolutamente precaria. Unas mendigan, otras cantan en los ashrams seis horas al día a cambio de tres o cuatro rupias (unos cinco céntimos de euro). Incluso, los administradores de la fundación reconocen que esto no alcanza para nada. "Hoy sólo he comido una taza de arroz que me regalaron, a veces, ni eso", cuenta Rani Mandal. Casi todo el dinero que gana con sus cantos lo gasta en el alquiler de un cuartucho que comparte con otras cuatro mujeres. Todo lo que hay dentro son unos sacos que utilizan para no estar directamente en el piso. "No hay electricidad, ni baño, ni agua corriente, pero prefiero dormir aquí porque en la calle hace mucho frío", explica Rani.
A pesar de lo patéticas que pueden ser las condiciones en Vrindavan, podrían no ser las peores, aseguran las especialistas. En India hay unos 33 millones de viudas, muchas de las cuales viven en aldeas donde sufren crueles abusos y marginación. Al menos en Vrindavan existen ciertas redes de apoyo y ellas comparten su soledad. La mayoría de las mujeres no volverían a sus aldeas, asegura la profesora de Harvard. "No tengo otro lugar adónde ir", es la respuesta de varias de ellas cuando se les pregunta qué hacen en la ciudad de Krishna. La gran mayoría llegan -o han sido traídas por sus familiares- del Estado de Bengala Occidental. Esto sucede porque allí existe un gran culto a Krishna y porque allí sí se les otorga el derecho de propiedad, así que los hijos prefieren mandar a su madre "a que se salve espiritualmente".
En la India que aspira a ser potencia mundial las cosas van cambiando, aseguran las expertas, pero a paso muy lento. Y este cambio se produce sobre todo en las ciudades, donde sí pueden encontrarse excepciones de viudas trabajadoras y que incluso podrían volver a casarse, porque los estigmas están un poco menos presentes que en las áreas rurales, donde habita la mayor parte de la población.
Pero poco han cambiado, por ejemplo, las condiciones que nos presenta Deepha Mehta en su película sobre este asunto, Water (Agua), ambientada en 1938 y que, de hecho, tuvo que ser filmada fuera de India por las amenazas de extremistas hinduistas. "Ahora hay menos viudas niñas, pero la situación de marginación y abandono que sufren todavía es parecido", asegura Chen. También han disminuido las mafias de prostitución, aseguran las expertas, pero todavía podrían estar explotando a las mujeres más jóvenes.
Muchas aseguran que sus motivos para estar en Vrindavan son religiosos. "Mi vida está vacía: no tengo ni para comer, pero estoy llena porque tengo a Krishna", en palabras de Sarosati Banarjee. Pero éste resulta también un buen pretexto de la sociedad para exculparse. "Las viudas vienen por su gusto a dedicar sus últimos años de vida a alabar al dios. El sacrificio es la base de la femineidad india", asegura sin ningún tipo de duda un trabajador social.
Pero no todos piensan así sobre ellas. "Hemos fallado como sociedad. Me da mucha rabia ver cómo viven. Me siento culpable de que los indios permitamos que sucedan estas atrocidades. No son diez, ni vente, sino miles de mujeres viviendo en estas terribles condiciones", dice Dilip Mehta, director del poético documental titulado The forgotten women (Las mujeres olvidadas) y hermano de Deepa Metha.
A excepción de unas pocas que mendigan en la vía principal de Vrindavan, frente al templo de los Hare Krishnas, la mayoría optan por ser invisibles durante las horas de más ajetreo en las calles. Aunque representan casi una cuarta parte de la población de la ciudad, no parecerían tantas: normalmente se esconden del resto del mundo en los patios interiores de los ashrams. La monotonía de los cantos sólo se rompe allí esporádicamente cuando en una esquina aparece alguien ofreciendo algo de ayuda o llega un doctor dispuesto a atenderlas.
Sólo hacia el final del día, cuando los negocios cierran al anochecer y los demás habitantes regresan a sus casas dejando las calles de nuevo en calma, vuelven a escucharse los bastones repicando en el suelo. Las viudas se pierden de nuevo entre las sombras y arrancan otra vez el triste desfile. Ahora caminan de vuelta a sus húmedos cuartuchos, o en busca de un rincón discreto para dormir en la calle.

Marcela y Elisa

REPORTAJE: HISTORIA
Marcela y Elisa, casadas en 1901
CRISTÓBAL RAMÍREZ
Publicado en El País Semanal, 14/03/2010;
Más de 2.000 mujeres lesbianas se han casado en España gracias a la ley de Zapatero de 2005. Pero este avance social tiene un sorprendente precedente: Marcela y Elisa se casaron en A Coruña en 1901. Por la Iglesia. Pero las descubrieron, la justicia las persiguió y la prensa se ensañó con ellas. Una valiente historia feminista recogida ahora en un libro.
Miren a la izquierda. Dos muchachas serias. Vestidas de negro. No es un entierro. La imagen parece triste, pero es una foto de boda. El triunfo personal de Elisa y Marcela. Se casaron en 1901. Por amor. Porque querían ser libres. Porque sí. La foto no cuenta los palos que les dio la vida. Comienza una historia real que parece novela.
–¡Ay, mamá! ¡Si vieses qué amiga más simpática y más buena tengo! Estoy encantada.
Un día, Marcela le soltó esto a su madre, y ya nunca se separaría de Elisa. La relación entre las dos chicas fue intensa desde el principio. Sentían la necesidad de estar juntas siempre. A toda costa. La madre de Marcela diría a un periodista: "Yo, que dominaba a mi esposo y que podría dominar a un regimiento con caballos y todo, no pude hacer nada bueno de ella". Marcela y Elisa se fueron a vivir juntas a Dumbría, un pueblecito coruñés a cuya escuela fue destinada la primera. Después de un tiempo, las dos muchachas fingieron pelearse. Era parte de una estrategia: Elisa dijo que no aguantaba más, que se iba; Marcela anunció que se casaría con Mario, un primo de su amiga, y se anticipó a los futuros comentarios:
–No he visto cosa más parecida a Elisa. Es de su misma estatura, tiene la misma voz e iguales maneras. ¡Hasta su mismo genio!
Elisa se fue un tiempo a A Coruña para transformarse en Mario: se cortó el pelo y empezó a usar trajes de chaqueta y a fumar. Para casarse, tenía que estar bautizado como hombre, así que se presentó ante un cura para convertirse al cristianismo. El cura ni lo miró bien: no dudó en ganar un creyente para la causa católica.
La boda se celebró el sábado 8 de junio en la iglesia coruñesa de San Jorge. A las siete y media de la mañana. Discreción. La pareja se hizo un retrato en el estudio del fotógrafo francés José Sellier. Como toda pareja feliz. Y al día siguiente volvieron a Dumbría en la típica diligencia de la época. Una señora que también iba dentro no se pudo reprimir:
–Si no es doña Elisa, es el diablo en su figura.
La mentira duró poco.
Así fue la primera boda homosexual en España de la que se tiene constancia, 104 años antes de que Zapatero promulgara la ley que permite los matrimonios entre personas del mismo sexo. A comienzos del siglo XX, dos maestras de escuela reventaron las conciencias santurronas y biempensantes de la época de la Restauración. A nadie le entraba en la cabeza.
Narciso de Gabriel, catedrático y decano de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de A Coruña, ha investigado la historia en profundidad durante 15 años. La ha reconstruido. El resultado es el libro Elisa y Marcela. Más allá de los hombres, que se publicó en gallego hace unos años y ahora la editorial Libros del Silencio lo saca en castellano la próxima semana. De Gabriel ha rastreado periódicos antiguos (de donde se han extraído la mayoría de las palabras de los personajes para este reportaje), ficheros, registros y bibliotecas con polvo. Antes que él, el colectivo coruñés Milhomes reivindicó las figuras de estas dos mujeres como precursoras del feminismo y la lucha contra la discriminación sexual. Esta asociación incluso otorga el premio Elisa y Marcela a las iniciativas que luchan por los derechos de gays, lesbianas y transexuales. Y hace tiempo que piden una calle con sus nombres en A Coruña. Aún no lo han conseguido.
Y por cosas como ésta, las primeras esposas no son conocidas en España. Gonzalo Canedo, el editor de Libros del Silencio, no tenía ni idea de las dos valientes. Cuando leyó el volumen en gallego, no dudó en traducirlo. "Me sorprendió que todo esto sucediera en una ciudad de provincias como A Coruña. Sí me lo podría haber imaginado en Nueva York o Londres, pero no aquí". Tanto le inspiró la historia que el título inaugurará la colección A contracorriente, en la que Canedo pretende publicar textos narrativos, biográficos o ensayísticos sobre personas que se sentían libres y les cortaron las alas. Por sus ideales sexuales, religiosos o políticos. "Es una defensa de los que han sufrido las injusticias de una sociedad que arremete contra el que haga peligrar su concepto de normalidad", señala Canedo. Quiere que retumbe la voz de los silenciados.
Marcela y Elisa fueron pioneras. El 22 de julio de 2005 hubo codazos entre los cámaras de televisión, los fotógrafos y los periodistas en la boda de las primeras mujeres que se casaron por la ley de Zapatero. El acontecimiento tuvo lugar en los juzgados de Mollet del Vallès (Barcelona). Una española y una argentina. Sebastiana y Verónica. Pareja de hecho desde hacía años. Estrenaron la reforma del Código Civil. Eran las primeras mujeres que se unieron en matrimonio en España. Y ninguna se tuvo que travestir porque todo era legal.
En julio de 2010 se cumplen cinco años de la entrada en vigor de la ley. Desde 2005 y hasta junio del año pasado se han casado 2.121 mujeres en España (no están disponibles datos más actualizados). El caso de Elisa y Marcela toma nueva vigencia. Refleja la invisibilidad de las lesbianas durante siglos. Hasta que un gobierno las sacó al escaparate social. A ellas y a los gays. Elisa y Marcela se adelantaron a la pareja de Cataluña. También a ellas se les abalanzó la prensa. Pero de otra forma.
"Novios de contrabando" fue uno de los titulares más conocidos. O "Asunto ruidoso. Un matrimonio sin hombre". La prensa estaba tras las chicas coruñesas, pero también las autoridades. Las amadas se escaparon a Oporto. Pensaron que en otro país estarían a salvo. Pero la vida les dio un guantazo de los grandes: las arrestaron. Al día siguiente, todo Oporto conocía la historia de la boda de dos mujeres ante Dios. Entre tanto, Mario juraba que era hombre. Sólo quería justificar todo el embrollo. Pero dos médicos la reconocieron y concluyeron que su sexo era femenino. La obligaron a vestirse de mujer. Acababan tres meses de travestismo.
Un paréntesis. Quizá usted lo está pensando. Si ya vivían juntas y llevaban una vida de pareja, ¿por qué se empeñaron en casarse y asumir riesgos? Raquel Platero es hoy profesora de Secundaria en Madrid, una de las pocas investigadoras sobre el lesbianismo en España, y adelanta una respuesta: "Hacerse esa pregunta forma parte de un presentismo perverso. Hay que contextualizar las cosas del pasado en su momento. En la historia de las dos muchachas subyace todo un discurso sobre la masculinidad. Elisa se convierte en hombre porque eso refuerza la idea de persona controladora. Ahora nos puede parecer fatal, pero es comprensible porque venimos de una tradición muy machista". Además, recalca Platero, la boda no fue un acto de rebeldía, sino una continuación con los patrones de la época. Casarse en una iglesia significaba estar en sociedad. Ser normales.
Aun así, A Coruña, Madrid y Barcelona se llevaron las manos a la cabeza. Los periódicos se vendían como puñados de garbanzos. Algunos medios obviaron el caso y cuestionaron los detalles pornográficos de otros. Incluso la escritora Emilia Pardo Bazán, en La Ilustración Artística, se lamentaba: "¡Cuánto siento que sea tan escabrosa la inaudita novela que estos días se ha divulgado en la prensa!". Los periódicos luchaban por tener los detalles más suculentos. El semanario Nuevo Mundo, que incluía imágenes, vendió 19.000 ejemplares sólo en Madrid en dos días. De los periódicos madrileños, fue El Imparcial el que más espacio le dedicó a la historia, con titulares como "Un folletín en acción. Dos mujeres que se casan". El Heraldo de la Industria fue más allá: "España, país de locos".
El pueblo portugués se volcó con Elisa y Marcela. Las consideraban dos desgraciadas. El juez las dejó en libertad, por la presión popular, tras pasar 13 días en prisión. Las amadas continuaron viviendo en Oporto. La historia quedó disuelta en el recuerdo, pero el Día de Reyes de 1902 ocurrió algo que fue más que un tornado: Marcela tuvo una niña de no se sabe quién. El autor del libro sostiene la teoría de que fue otra estrategia: dar más credibilidad al matrimonio con Elisa y tener descendencia. Los periódicos, encantados, volvieron a ocuparse de ellas. Muchos textos eran caricaturas, como refleja este extracto: "Marcela ha tenido una niña de generación espontánea, como las lombrices". Elisa, con su pronto, se enfrentó a un periodista:
–¿Es cosa del otro mundo que nazca un niño o una niña? No hay nada más natural: ¡una mujer tiene un hijo! (…) ¡No somos dos criminales!
La desesperación. Y, aun así, siguieron adelante con su vida. Raquel Platero cree que existen más casos de lesbianas que nunca se escondieron a pesar de los tiempos opresivos. "Esta historia la conocemos porque hay fallos en el plan trazado", arguye. "No sabemos nada de las historias de éxito porque salieron bien". Platero no cree que ausencia de información significa inexistencia. Ella ha investigado sobre el lesbianismo en el franquismo. "Casi todos los libros dicen que fue inconcebible en esta época. Lo que era pecado, también era delito y enfermedad. Una tríada. La mujer era un ser infantil y tutelado. Pero empiezas a escarbar en la historia y ves que no es así".
No es así porque ha descubierto que, aunque la ley de vagos y maleantes era férrea, las mujeres lesbianas se las apañaban para sortear la represión. Estaban las mujeres que vendían aguardiente en el Retiro y mantenían relaciones sexuales entre ellas. Estaban las salas de matrimonios en las cárceles femeninas para aquellas que tenían pareja. Estaban las pandillas de lesbianas barcelonesas que quedaban para ir de cámping y se reconocían al preguntarse si eran libreras o del asunto. Y de todo esto poco se sabe. Platero se queja de que el lesbianismo prácticamente no se ha investigado en España.
Elisa y Marcela están esperando su final. Sigue así: cansadas de pasarlas canutas, decidieron partir a Buenos Aires, como miles de gallegos, en 1902. A ver si las dejaban en paz. Trabajaron un tiempo como criadas, pero no podían verse todo lo que deseaban. Había que hacer algo: Elisa se casó con un anciano al que no le quedaban muchos años de vida. La idea era no trabajar para poder estar más tiempo con Marcela y volver con ella cuando enviudara del viejo. Pero éste se enteró de todo. Y montó en cólera. Y las denunció. La prensa bonaerense apenas se ocupó del caso, quién sabe por qué. La pista de las enamoradas invencibles y libertarias se perdió de repente. No se sabe si fueron felices o se pasaron la vida huyendo.
Miren la foto del principio. Todo esto pasó recién abierto el siglo XX.

Carta papal a los católicos de Irlanda

"Habéis sufrido tremendamente y yo lo siento realmente. Sé que nada puede borrar el mal que habéis soportado. Ha sido traicionada vuestra confianza, y vuestra dignidad ha sido violada (...) Es comprensible que os resulte difícil perdonar o reconciliaros con la Iglesia. En su nombre expreso abiertamente la vergüenza y el arrepentimiento que todos sentimos".
Esas son las palabras que Benedicto XVI dirige a los irlandeses que en los últimos 30 años han sido víctimas de abusos sexuales por parte de sacerdotes y religiosos.
La Pastoral que el Papa ha dirigido a la Iglesia y los fieles irlandeses, firmada ayer y dada a conocer hoy, subraya de nuevo la condena y el arrepentimiento por los casos de abusos a niños que se han sucedido en los últimos años. El Papa se expresa así en la larga carta pastoral que, ante el escándalo de pederastia que está sacudiendo a la Iglesia irlandesa, ha dirigido a los católicos de ese país y que hoy al mediodía el Vaticano ha hecho pública
En este documento, el Papa se dirige a obispos, curas y religiosos pero también directamente a los jóvenes que han sufrido los abusos, a sus padres y a todos los feligreses. A cada uno de estos grupos, Benedicto XVI les dedica un punto de los 14 que la componen.
Según se lee en uno de los pasajes del documento, el Pontífice ha decidido dirigirse a todos los fieles irlandeses para mostrarles su "cercanía" y proponer un "camino de curación, renovación y reparación". Aunque afirma que la Iglesia ha hecho ya progresos para afrontar este problema, reconoce que para recuperarse de esta "terrible herida" aún queda mucho por hacer: "la Iglesia de Irlanda debe reconocer ante sí misma y ante el Señor los serios pecados cometidos contra niños indefensos".
Benedicto XVI critica duramente a los sacerdote y religiosos acusados de haber cometido abusos. "Habéis traicionado la confianza que os fue dada por pobres inocentes y por sus padres y debéis responder por ella ante Dios y ante los tribunales adecuados". Así mismo, se lamenta de que hayan destruido "la estima del pueblo irlandés y traído vergüenza y deshonor" al resto de religiosos y de los "graves perjuicios a la Iglesia y a la percepción pública del sacerdocio y de la vida religiosa". La pastoral concluye con una serie de instrucciones como dedicar la penitencia de los viernes a rezar por estos pecados o a encomendarse a John Vianney y anunciando un próximo viaje a Irlanda.
Además, Benedicto XVI ha ordenado una inspección de diócesis y seminarios irlandeses implicados en los casos de pederastia y ha afirmado que esos sacerdotes deben "responder ante Dios y los tribunales”.
En la misiva el Pontífice usa palabras muy duras contra los curas pederastas, acusa también a los obispos irlandeses de no haber sabido gestionar los casos ocurridos y dice que tienen que reconocer que se cometieron graves errores de juicio y fallo de dirección.
La carta a los católicos irlandeses la ha escrito tras conocer dos informes oficiales -el Informe Ryan y el Informe Murphy- que desvelaron que durante décadas centenares de niños irlandeses sufrieron abusos sexuales por parte de sacerdotes en ese país, sobre todo en la archidiócesis de Dublín desde 1975 a 2004.
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CARTA DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI A LOS CATÓLICOS DE IRLANDA (Traducción no oficial)
1. Queridos hermanos y hermanas de la Iglesia en Irlanda, os escribo con gran preocupación como Pastor de la Iglesia universal. Al igual que vosotros estoy profundamente consternado por las noticias concernientes al abuso de niños y jóvenes indefensos por parte de miembros de la Iglesia en Irlanda, especialmente sacerdotes y religiosos. Comparto la desazón y el sentimiento de traición que muchos de vosotros experimentaron al enterarse de esos actos pecaminosos y criminales y del modo en que fueron afrontados por las autoridades de la Iglesia en Irlanda.
Como sabéis, invité hace poco a los obispos de Irlanda a una reunión en Roma para que informasen sobre cómo abordaron esas cuestiones en el pasado e indicasen los pasos que habían dado para hacer frente a una situación tan grave. Junto con algunos altos prelados de la Curia Romana escuché lo que tenían que decir, tanto individualmente como en grupo, sea sobre el análisis de los errores cometidos y las lecciones aprendidas, que sobre la descripción de los programas y procedimientos actualmente en curso. Nuestras discusiones fueron francas y constructivas. Estoy seguro de que, como resultado, los obispos están ahora en una posición más fuerte para continuar la tarea de reparar las injusticias del pasado y de abordar cuestiones más amplias relacionadas con el abuso de los niños de manera conforme con las exigencias de la justicia y las enseñanzas del Evangelio.
2. Por mi parte, teniendo en cuenta la gravedad de estos delitos y la respuesta a menudo inadecuada que han recibido por parte de las autoridades eclesiásticas de vuestro país, he decidido escribir esta carta pastoral para expresaros mi cercanía, y proponeros un camino de curación, renovación y reparación.
Es verdad, como han observado muchas personas en vuestro país, que el problema de abuso de menores no es específico de Irlanda o de la Iglesia. Sin embargo, la tarea que tenéis ahora por delante es la de hacer frente al problema de los abusos ocurridos dentro de la comunidad católica de Irlanda y de hacerlo con coraje y determinación. Que nadie se imagine que esta dolorosa situación se resuelva pronto. Se han dado pasos positivos pero todavía queda mucho por hacer. Necesitamos perseverancia y oración, con gran fe en la fuerza salvadora de la gracia de Dios.
Al mismo tiempo, debo también expresar mi convicción de que para recuperarse de esta dolorosa herida, la Iglesia en Irlanda, debe reconocer en primer lugar ante Dios y ante los demás, los graves pecados cometidos contra niños indefensos. Ese reconocimiento, junto con un sincero pesar por el daño causado a las víctimas y sus familias, debe desembocar en un esfuerzo conjunto para garantizar que en el futuro los niños estén protegidos de semejantes delitos.
Mientras os enfrentáis a los retos de este momento, os pido que recordéis la "roca de la que fuisteis tallados" (Isaías 51, 1). Reflexionad sobre la generosa y a menudo heroica contribución ofrecida a la Iglesia y a la humanidad por generaciones de hombres y mujeres irlandeses, y haced que de esa reflexión brote el impulso para un honesto examen de conciencia personal y para un sólido programa de renovación de la Iglesia y el individuo. Rezo para que, asistida por la intercesión de sus numerosos santos y purificada por la penitencia, la Iglesia en Irlanda supere esta crisis y vuelve a ser una vez más testimonio convincente de la verdad y la bondad de Dios Todopoderoso, que se manifiesta en su Hijo Jesucristo.
3. A lo largo de la historia, los católicos irlandeses han demostrado ser, tanto en su patria como fuera de ella, una fuerza motriz del bien. Monjes celtas como San Columba difundieron el evangelio en Europa occidental y sentaron las bases de la cultura monástica medieval. Los ideales de santidad, caridad y sabiduría trascendente, nacidos de la fe cristiana, quedaron plasmados en la construcción de iglesias y monasterios y en la creación de escuelas, bibliotecas y hospitales, que contribuyeron a consolidar la identidad espiritual de Europa. Aquellos misioneros irlandeses debían su fuerza y su inspiración a la firmeza de su fe, al fuerte liderazgo y a la rectitud moral de la Iglesia en su tierra natal.
A partir del siglo XVI, los católicos en Irlanda atravesaron por un largo período de persecución, durante el cual lucharon por mantener viva la llama de la fe en circunstancias difíciles y peligrosas. San Oliver Plunkett, mártir y arzobispo de Armagh, es el ejemplo más famoso de una multitud de valerosos hijos e hijas de Irlanda dispuestos a dar su vida por la fidelidad al Evangelio. Después de la Emancipación Católica, la Iglesia fue libre de nuevo para volver a crecer. Las familias y un sinfín de personas que habían conservado la fe en el momento de la prueba se convirtieron en la chispa de un gran renacimiento del catolicismo irlandés en el siglo XIX. La iglesia escolarizaba, especialmente a los pobres, lo que supuso una importante contribución a la sociedad irlandesa. Entre los frutos de las nuevas escuelas católicas se cuenta el aumento de las vocaciones: generaciones de sacerdotes misioneros, hermanas y hermanos, dejaron su patria para servir en todos los continentes, sobre todo en mundo de habla inglesa. Eran excepcionales, no sólo por la vastedad de su número, sino también por la fuerza de la fe y la solidez de su compromiso pastoral. Muchas diócesis, especialmente en África, América y Australia, se han beneficiado de la presencia de clérigos y religiosos irlandeses, que predicaron el Evangelio y fundaron parroquias, escuelas y universidades, clínicas y hospitales, abiertas tanto a los católicos, como al resto de la sociedad, prestando una atención particular a las necesidades de los pobres.
En casi todas las familias irlandesas, ha habido siempre alguien - un hijo o una hija, una tía o un tío - que dieron sus vidas a la Iglesia. Con razón, las familias irlandesas tienen un gran respeto y afecto por sus seres queridos que dedicaron la vida a Cristo, compartiendo el don de la fe con los demás y traduciéndola en acciones sirviendo con amor a Dios y al prójimo.
4. En las últimas décadas, sin embargo, la Iglesia en vuestro país ha tenido que enfrentarse a nuevos y graves retos para la fe debidos a la rápida transformación y secularización de la sociedad irlandesa. El cambio social ha sido muy veloz y a menudo ha repercutido adversamente en la tradicional adhesión de las personas a las enseñanzas y valores católicos. Asimismo , las prácticas sacramentales y devocionales que sustentan la fe y la hacen crecer, como la confesión frecuente, la oración diaria y los retiros anuales se dejaron ,con frecuencia, de lado.
También fue significativa en este período la tendencia, incluso por parte de los sacerdotes y religiosos, a adoptar formas de pensamiento y de juicio de la realidad secular sin referencia suficiente al Evangelio. El programa de renovación propuesto por el Concilio Vaticano II fue a veces mal entendido y, además, a la luz de los profundos cambios sociales que estaban teniendo lugar, no era nada fácil discernir la mejor manera de realizarlo. En particular, hubo una tendencia, motivada por buenas intenciones, pero equivocada, de evitar los enfoques penales de las situaciones canónicamente irregulares. En este contexto general debemos tratar de entender el inquietante problema de abuso sexual de niños, que ha contribuido no poco al debilitamiento de la fe y la pérdida de respeto por la Iglesia y sus enseñanzas.
Sólo examinando cuidadosamente los numerosos elementos que han dado lugar a la crisis actual es posible efectuar un diagnóstico claro de las causas y encontrar las soluciones eficaces. Ciertamente, entre los factores que han contribuido a ella, podemos enumerar: los procedimientos inadecuados para determinar la idoneidad de los candidatos al sacerdocio y a la vida religiosa, la insuficiente formación humana, moral, intelectual y espiritual en los seminarios y noviciados, la tendencia de la sociedad a favorecer al clero y otras figuras de autoridad y una preocupación fuera de lugar por el buen nombre de la Iglesia y por evitar escándalos cuyo resultado fue la falta de aplicación de las penas canónicas en vigor y de la salvaguardia de la dignidad de cada persona. Es necesaria una acción urgente para contrarrestar estos factores, que han tenido consecuencias tan trágicas para la vida de las víctimas y sus familias y han obscurecido tanto la luz del Evangelio, como no lo habían hecho siglos de persecución.
5. En varias ocasiones, desde mi elección a la Sede de Pedro, me he encontrado con víctimas de abusos sexuales y estoy dispuesto a seguir haciéndolo en futuro. He hablado con ellos, he escuchado sus historias, he constatado su sufrimiento, he rezado con ellos y por ellos. Anteriormente en mi pontificado, preocupado por abordar esta cuestión, pedí a los obispos de Irlanda, durante la visita ad limina de 2006 que "establecieran la verdad de lo ocurrido en el pasado y tomasen todas las medidas necesarias para evitar que sucediera de nuevo, para asegurar que los principios de justicia sean plenamente respetados y, sobre todo, para curar a las víctimas y a todos los afectados por estos crímenes atroces “ (Discurso a los obispos de Irlanda, el 28 de octubre de 2006).
Con esta carta, quiero exhortaros a todos vosotros, como pueblo de Dios en Irlanda, a reflexionar sobre las heridas infligidas al cuerpo de Cristo, los remedios necesarios y a veces dolorosos, para vendarlas y curarlas , y la necesidad de la unidad, la caridad y la ayuda mutua en el largo proceso de recuperación y renovación eclesial. Me dirijo ahora a vosotros con palabras que me salen del corazón, y quiero hablar a cada uno de vosotros y a todos vosotros como hermanos y hermanas en el Señor.
6. A las víctimas de abusos y a sus familias
Habéis sufrido inmensamente y me apesadumbra tanto. Sé que nada puede borrar el mal que habéis soportado. Vuestra confianza ha sido traicionada y violada vuestra dignidad. Muchos de vosotros han experimentado que cuando tuvieron el valor suficiente para hablar de lo que les había pasado, nadie quería escucharlos. Aquellos que sufrieron abusos en los internados deben haber sentido que no había manera de escapar de su dolor. Es comprensible que os sea difícil perdonar o reconciliaros con la Iglesia. En su nombre, expreso abiertamente la vergüenza y el remordimiento que sentimos todos. Al mismo tiempo, os pido que no perdáis la esperanza. En la comunión con la Iglesia es donde nos encontramos con la persona de Jesucristo, que fue Él mismo una víctima de la injusticia y el pecado. Como vosotros aún lleva las heridas de su sufrimiento injusto. Él entiende la profundidad de vuestro dolor y la persistencia de su efecto en vuestras vidas y vuestras relaciones con los demás, incluyendo vuestra relación con la Iglesia.
Sé que a algunos de vosotros les resulta difícil incluso entrar en una iglesia después de lo que ha sucedido. Sin embargo, las heridas de Cristo, transformadas por su sufrimiento redentor, son los instrumentos que han roto el poder del mal y nos hacen renacer a la vida y la esperanza. Creo firmemente en el poder curativo de su amor sacrificial - incluso en las situaciones más oscuras y desesperadas - que libera y trae la promesa de un nuevo comienzo.
Al dirigirme a vosotros como un pastor, preocupado por el bienestar de todos los hijos de Dios, os pido humildemente que reflexionéis sobre lo que he dicho. Ruego que, acercándoos a Cristo y participando en la vida de su Iglesia - una Iglesia purificada por la penitencia y renovada en la caridad pastoral - podáis descubrir de nuevo el amor infinito de Cristo por cada uno de vosotros. Estoy seguro de que de esta manera seréis capaces de encontrar reconciliación, profunda curación interior y paz.
7. A los sacerdotes y religiosos que han abusado de niños
Habéis traicionado la confianza depositada en vosotros por jóvenes inocentes y por sus padres. Debéis responder de ello ante Dios Todopoderoso y ante los tribunales debidamente constituidos. Habéis perdido la estima de la gente de Irlanda y arrojado vergüenza y deshonor sobre vuestros semejantes. Aquellos de vosotros que son sacerdotes han violado la santidad del sacramento del Orden, en el que Cristo mismo se hace presente en nosotros y en nuestras acciones. Junto con el inmenso daño causado a las víctimas, un daño enorme se ha hecho a la Iglesia y a la percepción pública del sacerdocio y de la vida religiosa.
Os exhorto a examinar vuestra conciencia, a asumir la responsabilidad de los pecados que habéis cometido y a expresar con humildad vuestro pesar. El arrepentimiento sincero abre la puerta al perdón de Dios y a la gracia de la verdadera enmienda.
Debéis tratar de expiar personalmente vuestras acciones ofreciendo oraciones y penitencias por aquellos que habéis ofendido. El sacrificio redentor de Cristo tiene el poder de perdonar incluso el más grave de los pecados y extraer el bien incluso del más terrible de los males. Al mismo tiempo, la justicia de Dios nos llama a dar cuenta de nuestras acciones sin ocultar nada. Admitid abiertamente vuestra culpa, someteos a las exigencias de la justicia, pero no desesperéis de la misericordia de Dios.
8. A los padres
Os habéis sentido profundamente indignados y conmocionados al conocer los hechos terribles que sucedían en lo que debía haber sido el entorno más seguro para todos. En el mundo de hoy no es fácil construir un hogar y educar a los hijos. Se merecen crecer con seguridad, cariño y amor, con un fuerte sentido de su identidad y su valor. Tienen derecho a ser educados en los auténticos valores morales enraizados en la dignidad de la persona humana, a inspirarse en la verdad de nuestra fe católica y a aprender los patrones de comportamiento y acción que lleven a la sana autoestima y la felicidad duradera. Esta tarea noble pero exigente está confiada en primer lugar a vosotros, padres. Os invito a desempeñar vuestro papel para garantizar a los niños los mejores cuidados posibles, tanto en el hogar como en la sociedad en general, mientras la Iglesia, por su parte, sigue aplicando las medidas adoptadas en los últimos años para proteger a los jóvenes en los ambientes parroquiales y escolares. Os aseguro que estoy cerca de vosotros y os ofrezco el apoyo de mis oraciones mientras cumplís vuestras grandes responsabilidades
9. A los niños y jóvenes de Irlanda
Quiero dirigiros una palabra especial de aliento. Vuestra experiencia de la Iglesia es muy diferente de la de vuestros padres y abuelos. El mundo ha cambiado desde que ellos tenían vuestra edad. Sin embargo, todas las personas, en cada generación están llamadas a recorrer el mismo camino durante la vida, cualesquiera que sean las circunstancias. Todos estamos escandalizados por los pecados y errores de algunos miembros de la Iglesia, en particular de los que fueron elegidos especialmente para guiar y servir a los jóvenes. Pero es en la Iglesia donde encontraréis a Jesucristo que es el mismo ayer, hoy y siempre (cf. Hb 13, 8). Él os ama y se entregó por vosotros en la cruz. ¡Buscad una relación personal con Éll dentro de la comunión de su Iglesia, porque él nunca traicionará vuestra confianza! Sólo Él puede satisfacer vuestros anhelos más profundos y dar pleno sentido a vuestras vidas, orientándolas al servicio de los demás. Mantened vuestra mirada fija en Jesús y su bondad y proteged la llama de la fe en vuestros corazones. Espero en vosotros para que, junto con vuestros hermanos católicos en Irlanda, seáis fieles discípulos de nuestro Señor y aportéis el entusiasmo y el idealismo tan necesarios para la reconstrucción y la renovación de nuestra amada Iglesia.
10. A los sacerdotes y religiosos de Irlanda
Todos nosotros estamos sufriendo las consecuencias de los pecados de nuestros hermanos que han traicionado una obligación sagrada o no han afrontado de forma justa y responsable las denuncias de abusos. A la luz del escándalo y la indignación que estos hechos han causado, no sólo entre los fieles laicos, sino también entre vosotros y vuestras comunidades religiosas, muchos os sentís desanimados e incluso abandonados. Soy también consciente de que a los ojos de algunos aparecéis tachados de culpables por asociación, y de que os consideran como si fuerais de alguna forma responsable de los delitos de los demás. En este tiempo de sufrimiento, quiero dar acto de vuestra dedicación cómo sacerdotes y religiosos y de vuestro apostolado, y os invito a reafirmar vuestra fe en Cristo, vuestro amor por su Iglesia y vuestra confianza en las promesas evangélicas de la redención, el perdón y la renovación interior. De esta manera, podréis demostrar a todos que donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia (cf. Rm 5, 20).
Sé que muchos estáis decepcionados, desconcertados y encolerizados por la manera en que algunos de vuestros superiores abordaron esas cuestiones. Sin embargo, es esencial que cooperéis estrechamente con los que ostentan la autoridad y colaboréis en garantizar que las medidas adoptadas para responder a la crisis sean verdaderamente evangélicas, justas y eficaces. Por encima de todo, os pido que seáis cada vez más claramente hombres y mujeres de oración, que siguen con valentía el camino de la conversión, la purificación y la reconciliación. De esta manera, la Iglesia en Irlanda cobrará nueva vida y vitalidad gracias a vuestro testimonio del poder redentor de Dios que se hace visible en vuestras vidas.
11. A mis hermanos, los obispos
No se puede negar que algunos de vosotros y de vuestros predecesores han fracasado, a veces lamentablemente, a la hora de aplicar las normas, codificadas desde hace largo tiempo, del derecho canónico sobre los delitos de abusos de niños. Se han cometido graves errores en la respuesta a las acusaciones. Reconozco que era muy difícil comprender la magnitud y la complejidad del problema, obtener información fiable y tomar decisiones adecuadas en función de los pareceres contradictorios de los expertos. No obstante, hay que reconocer que se cometieron graves errores de juicio y hubo fallos de dirección. Todo esto ha socavado gravemente vuestra credibilidad y eficacia. Aprecio los esfuerzos llevados a cabo para remediar los errores del pasado y para garantizar que no vuelvan a ocurrir. Además de aplicar plenamente las normas del derecho canónico concernientes a los casos de abusos de niños, seguid cooperando con las autoridades civiles en el ámbito de su competencia. Está claro que los superiores religiosos deben hacer lo mismo. También ellos participaron en las recientes reuniones en Roma con el propósito de establecer un enfoque claro y coherente de estas cuestiones. Es imperativo que las normas de la Iglesia en Irlanda para la salvaguardia de los niños sean constantemente revisadas y actualizadas y que se apliquen plena e imparcialmente, en conformidad con el derecho canónico.
Sólo una acción decisiva llevada a cabo con total honestidad y transparencia restablecerá el respeto y el afecto del pueblo irlandés por la Iglesia a la que hemos consagrado nuestras vidas. Hay que empezar, en primer lugar, por vuestro examen de conciencia personal, la purificación interna y la renovación espiritual. El pueblo de Irlanda, con razón, espera que seáis hombres de Dios, que seáis santos, que viváis con sencillez, y busquéis día tras día la conversión personal. Para ellos, en palabras de San Agustín, sois un obispo, y sin embargo, con ellos estáis llamados a ser un discípulo de Cristo (cf. Sermón 340, 1). Os exhorto a renovar vuestro sentido de responsabilidad ante Dios, para crecer en solidaridad con vuestro pueblo y profundizar vuestra atención pastoral con todos los miembros de vuestro rebaño. En particular, preocupaos por la vida espiritual y moral de cada uno de vuestros sacerdotes. Servidles de ejemplo con vuestra propia vida, estad cerca de ellos, escuchad sus preocupaciones, ofrecedles aliento en este momento de dificultad y alimentad la llama de su amor por Cristo y su compromiso al servicio de sus hermanos y hermanas.
Asimismo, hay que alentar a los laicos a que desempeñen el papel que les corresponde en la vida de la Iglesia. Aseguraos de su formación para que puedan, articulada y convincentemente, dar razón del Evangelio en medio de la sociedad moderna (cf. 1 Pet 3, 15), y cooperen más plenamente en la vida y misión de la Iglesia. Esto, a su vez, os ayudará a volver a ser guías y testigos creíbles de la verdad redentora de Cristo.
12. A todos los fieles de Irlanda
La experiencia de un joven en la Iglesia debería siempre fructificar en su encuentro personal y vivificador con Jesucristo, dentro de una comunidad que lo ama y lo sustenta. En este entorno, habría que animar a los jóvenes a alcanzar su plena estatura humana y espiritual, a aspirar a los altos ideales de santidad, caridad y verdad y a inspirarse en la riqueza de una gran tradición religiosa y cultural. En nuestra sociedad cada vez más secularizada en la que incluso los cristianos a menudo encuentran difícil hablar de la dimensión trascendente de nuestra existencia, tenemos que encontrar nuevas modos para transmitir a los jóvenes la belleza y la riqueza de la amistad con Jesucristo en la comunión de su Iglesia. Para resolver la crisis actual, las medidas que contrarresten adecuadamente los delitos individuales son esenciales pero no suficientes: hace falta una nueva visión que inspire a la generación actual y a las futuras generaciones a atesorar el don de nuestra fe común. Siguiendo el camino indicado por el Evangelio, observando los mandamientos y conformando vuestras vidas cada vez más a la figura de Jesucristo, experimentaréis con seguridad la renovación profunda que necesita con urgencia nuestra época . Invito a todos a perseverar en este camino.
13. Queridos hermanos y hermanas en Cristo, profundamente preocupado por todos vosotros en este momento de dolor, en que la fragilidad de la condición humana se revela tan claramente, os he querido ofrecer palabras de aliento y apoyo. Espero que las aceptéis como un signo de mi cercanía espiritual y de mi confianza en vuestra capacidad para afrontar los retos del momento actual, recurriendo, como fuente de renovada inspiración y fortaleza a las nobles tradiciones de Irlanda de fidelidad al Evangelio, perseverancia en la fe y determinación en la búsqueda de la santidad. En solidaridad con todos vosotros, ruego con insistencia para que, con la gracia de Dios, las heridas inflingidas a tantas personas y familias puedan curarse y para que la Iglesia en Irlanda experimente una época de renacimiento y renovación espiritual
14. Quisiera proponer, además, algunas medidas concretas para abordar la situación.
Al final de mi reunión con los obispos de Irlanda, les pedí que la Cuaresma de este año se considerase un tiempo de oración para la efusión de la misericordia de Dios y de los dones de santidad y fortaleza del Espíritu Santo sobre la Iglesia en vuestro país. Ahora os invito a todos a ofrecer durante un año, desde ahora hasta la Pascua de 2011, la penitencia de los viernes para este fin. Os pido que ofrezcáis el ayuno, las oraciones, la lectura de la Sagrada Escritura y las obras de misericordia por la gracia de la curación y la renovación de la Iglesia en Irlanda. Os animo a redescubrir el sacramento de la Reconciliación y a utilizar con más frecuencia el poder transformador de su gracia.
Hay que prestar también especial atención a la adoración eucarística, y en cada diócesis debe haber iglesias o capillas específicamente dedicadas a ello. Pido a las parroquias, seminarios, casas religiosas y monasterios que organicen períodos de adoración eucarística, para que todos tengan la oportunidad de participar. Mediante la oración ferviente ante la presencia real del Señor, podéis cumplir la reparación por los pecados de abusos que han causado tanto daño y al mismo tiempo, implorar la gracia de una fuerza renovada y un sentido más profundo de misión por parte de todos los obispos, sacerdotes, religiosos y fieles.
Estoy seguro de que este programa conducirá a un renacimiento de la Iglesia en Irlanda en la plenitud de la verdad de Dios, porque la verdad nos hace libres (cf. Jn 8, 32).
Además, después de haber rezado y consultado sobre el tema, tengo la intención de convocar una Visita Apostólica en algunas diócesis de Irlanda, así como en los seminarios y congregaciones religiosas. La visita tiene por objeto ayudar a la Iglesia local en su camino de renovación y se establecerá en cooperación con las oficinas competentes de la Curia Romana y de la Conferencia Episcopal Irlandesa. Los detalles serán anunciados en su debido momento.
También propongo que se convoque una misión a nivel nacional para todos los obispos, sacerdotes y religiosos. Espero que gracias a los conocimientos de predicadores expertos y organizadores de retiros en Irlanda, y en otros lugares , mediante la revisión de los documentos conciliares, los ritos litúrgicos de la ordenación y profesión, y las recientes enseñanzas pontificias, lleguéis a una valoración más profunda de vuestras vocaciones respectivas, a fin de redescubrir las raíces de vuestra fe en Jesucristo y de beber a fondo en las fuentes de agua viva que os ofrece a través de su Iglesia.
En este año dedicado a los sacerdotes, os propongo de forma especial la figura de San Juan María Vianney, que tenía una rica comprensión del misterio del sacerdocio. "El sacerdote -escribió- tiene la llave de los tesoros de los cielos: es el que abre la puerta, es el mayordomo del buen Dios, el administrador de sus bienes." El cura de Ars entendió perfectamente la gran bendición que supone para una comunidad un sacerdote bueno y santo: “Un buen pastor, un pastor conforme al corazón de Dios es el tesoro más grande que Dios puede dar a una parroquia y uno de los más preciosos dones de la misericordia divina ".Que por la intercesión de San Juan María Vianney se revitalice el sacerdocio en Irlanda y toda la Iglesia en Irlanda crezca en la estima del gran don del ministerio sacerdotal.
Aprovecho esta oportunidad para dar las gracias anticipadamente a todos aquellos que ya están dedicados a la tarea de organizar la Visita Apostólica y la Misión, así como a los muchos hombres y mujeres en toda Irlanda que ya están trabajando para proteger a los niños en los ambientes eclesiales. Desde el momento en que se comenzó a entender plenamente la gravedad y la magnitud del problema de los abusos sexuales de niños en instituciones católicas, la Iglesia ha llevado a cabo una cantidad inmensa de trabajo en muchas partes del mundo para hacerle frente y ponerle remedio. Si bien no se debe escatimar ningún esfuerzo para mejorar y actualizar los procedimientos existentes, me anima el hecho de que las prácticas vigentes de tutela, adoptadas por las iglesias locales, se consideran en algunas partes del mundo, un modelo para otras instituciones.
Quiero concluir esta carta con una Oración especial por la Iglesia en Irlanda, que os dejo con la atención que un padre presta a sus hijos y el afecto de un cristiano como vosotros, escandalizado y herido por lo que ha ocurrido en nuestra querida Iglesia. Cuando recéis esta oración en vuestras familias, parroquias y comunidades, la Santísima Virgen María os proteja y guíe a cada uno de vosotros a una unión más estrecha con su Hijo, crucificado y resucitado. Con gran afecto y confianza inquebrantable en las promesas de Dios, os imparto a todos mi bendición apostólica como prenda de fortaleza y paz en el Señor.
Desde el Vaticano, 19 de marzo de 2010, Solemnidad de San José,
BENEDICTUS PP. XVI
ORACIÓN POR LA IGLESIA EN IRLANDA
Dios de nuestros padres,
renuévanos en la fe que es nuestra vida y salvación,
en la esperanza que promete el perdón y la renovación interior,
en la caridad que purifica y abre nuestros corazones
en tu amor , y a través de tí en el amor de todos nuestros hermanos y hermanas.
Señor Jesucristo,
Que la Iglesia en Irlanda renueve su compromiso milenario
en la formación de nuestros jóvenes en el camino de la verdad,la bondad, la santidad y el servicio generoso a la sociedad.
Espíritu Santo, consolador, defensor y guía,
inspira una nueva primavera de santidad y entrega apostólica
para la Iglesia en Irlanda.
Que nuestro dolor y nuestras lágrimas,
nuestro sincero esfuerzo para enderezar los errores del pasado
y nuestro firme propósito de enmienda,
den una cosecha abundante de gracia
para la profundización de la fe
en nuestras familias, parroquias, escuelas y asociaciones,
para el progreso espiritual de la sociedad irlandesa,
y el crecimiento de la caridad. la justicia, la alegría y la paz en toda la familia humana.
A ti, Trinidad,
con plena confianza en la protección de María,
Reina de Irlanda, Madre nuestra,
y de San Patricio, Santa Brígida y todos los santos,
nos confiamos nosotros mismos, nuestros hijos,
y confiamos las necesidades de la Iglesia en Irlanda.