28 mar. 2009

Sabines, el poeta divino


MIS DULCES COMPAÑÍAS/Francisco Gómez Maza
En mi cabecera siempre hay dos libros:
Los amo como a las mujeres de mi vida.
El que está a la izquierda es de Jaime Sabines;
el de la derecha, el Cantar de los Cantares.
El poeta bíblico debió de haber nacido en Coyatocmo,
lugar de flanboyanes, de mangos y duces capulines,
y donde hasta las hojas que se lleva el Viento son poema.
El reino de Pakal es un poema y sus hijos, poetas.
Acá en Tuxtla las mujeres son la poesía de los dioses.
Páginas de un libro que desnuda el Viento,
cuando ellas salen a pasear al parque de los sabinos,
o simplemente caminan por la calle Real.
Y de aquí salió Jaime Sabines – el profeta divino –
(divino porque los poetas son la voz de las divinidades).
Partió de Coyatocmo para venir a posar en mi cabecera
y proteger este corazón que aún no se acostumbra
a ser siempre roto.
Sabines y el Cantar de los Cantares son mi dulce compañía
en mis interminables noches,
alejado del mundanal ruido,
sumergido en mi enmimismidad, sin la mujer que amo.
Ella se fue de pronto, hace ya todo el tiempo,
y entonces llegó Sabines
con el Cantar de los Cantares.
Y la enterró para que los muchos hombres
que viven quietos debajo de la tierra la cuidaran.
Esas noches eternas, con las sábanas frías,
las llenan Jaime y el Cantar de los Cantares.
Ah, y la Luna, porque voy al jardín
para jugar con ella.
Y es cuando viajo al Tuxtla de los flanboyanes,
de los conejos juguetones y los sabiondos turipaches,
y me sumerjo en aquellas aguas clarísimas
del Sabinal de antaño.
Siempre acompañado de la Luna,
del Cantar de los Cantares y de Jaime Sabines,
el cantor de las intimidades
y escultor del cuerpo de mujeres ardientes.
Y es cuando viajo por el Infinito, más allá de las estrellas,
en busca del
Amor que se fue hace ya todo el tiempo.
Y digo en busca porque sé que jamás me encontraré con ella.
Se ha ido para siempre, amor, amor, amor desamorado.
Gracias, amigo Jaime, mi genio de la infancia,
de aquella niñez de los empedrados tuxtlenses.
De don Julio, el Mayor Sabines
con genes de poeta.
Aquí continuarás alimentando mi ánima,
ánima solitaria, vagabunda,
que me lleva en la noche a jugar con la Luna,
de tu mano y de la del Cantar de los Cantares.

Cambios en El Salvador

El cambio llegó a El Salvador/Luis Yáñez-Barnuevo, diputado en el Parlamento Europeo
Publicado en EL PAÍS, 28/03/09;
Las elecciones de los últimos años en América Latina han marcado una clara tendencia hacia la izquierda, la gran beneficiaria del fracaso del neoliberalismo representado por el consenso de Washington predicado durante la era de George W. Bush. Dos modelos de izquierda han accedido al poder. Por un lado, aquellos que pueden considerarse próximos a la socialdemocracia. Son los casos de Brasil, Uruguay, Chile, Perú, Paraguay, Costa Rica, Panamá, Guatemala y ahora El Salvador. Por otro, el modelo autotitulado “socialismo del siglo XXI” de Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua. Naturalmente, este esquema, como todos, peca de simplificador, pero está claro que entre los primeros dominan la institucionalidad, la alternancia en el poder y el carácter gradualista y reformista de sus políticas, y en los segundos existe una tendencia al populismo izquierdizante y al caudillismo con dosis variables de antinorteamericanismo.
Las afinidades electivas funcionan en el interior de cada grupo, pero ello no quiere decir que actúen como bloques homogéneos ni antagónicos entre sí. Sí parece evidente que Brasil lidera, con diplomacia y sutileza, al grupo de izquierda moderada, y Venezuela intenta hacer lo propio con los partidarios del “socialismo del siglo XXI”, disputándose ambos, con ventaja para Brasil, la hegemonía en Suramérica, como se ha demostrado con la creación y funcionamiento de UNASUR.
Hasta las elecciones del 15 de marzo, El Salvador había quedado al margen de la citada tendencia a la izquierda. El país venía siendo gobernado por la derecha, el partido ARENA, desde las elecciones presidenciales de 1989, aunque desde el proceso de paz de 1992, en el pacto de Chapultepec, que terminó con 12 años de guerra civil, la izquierda ha ido creciendo bajo las siglas del FMLN, minoría mayoritaria en la Asamblea parlamentaria desde las elecciones del 18 de enero último y con más votos que ARENA en las municipales de la misma fecha. Pero no lo ha tenido fácil en un país donde se ha cultivado un fuerte anticomunismo militante desde los años treinta del siglo pasado, cuando los terratenientes cafeteros y los militares provocaron la famosa matanza de Izalco, en la que murieron más de 30.000 campesinos, poco después del fusilamiento del propio Farabundo Martí.
Claro está que, como ocurre siempre en toda situación de extrema polarización, el FMLN continúa dominado por sectores dogmáticos. Los intentos modernizadores se han saldado en el pasado con expulsiones o creación de nuevos partidos, y las crisis siempre las han ganado los “comandantes”. Las cosas sólo empezaron a cambiar cuando emergió como candidato del FMLN a la presidencia de la República Mauricio Funes, un prestigioso e independiente periodista político, quien desde el principio dejó clara su tendencia socialdemócrata, su acercamiento a Lula, Bachelet o Zapatero y su distancia de los Castro, de Chávez y, especialmente del vecino Daniel Ortega, cuyo régimen se aleja cada vez más del sandinismo y se acerca más al caligulismo. El grupo de “amigos de Mauricio Funes” -formado por intelectuales y profesionales independientes- ha jugado a favor de la mesura, de la izquierda reformista.
Favorecido, sin duda por la victoria arrolladora de Barack Obama en Estados Unidos, en un país de fuerte influencia norteamericana, la moderación de Funes, la ausencia de agresividad en su mensaje, la centralidad de su discurso han terminado por calar en las capas medias urbanas sin perder el apoyo tradicional de los votantes del FMLN. No lo tenía fácil, insisto, porque sociológicamente el país es mayoritariamente de derechas y porque, sólo un mes antes de los comicios, el tercer y cuarto partidos, el PCN (Partido de Conciliación Nacional) y PDC (Partido Demócrata Cristiano), habían retirado sus candidatos a la presidencia en favor del aspirante presentado por ARENA, Rodrigo Ávila, antiguo jefe de la Policía Nacional Civil.
Durante la campaña electoral muchos se han hecho la gran pregunta: ¿logrará Funes desde la presidencia hacer valer su autoridad democrática o mandarán los duros del FMLN? La respuesta la darán los hechos. Naturalmente, ARENA y sus medios afines han atizado el miedo a la llegada al poder de “los comunistas” y han asociado hasta la saciedad el cambio que promete Funes con la creación de un régimen autoritario, incluso advirtiendo sobre el fin de la democracia en El Salvador. Está por ver cómo aceptará la derrota un partido como ARENA tras 20 años de dominio casi total de las instituciones de la República.
Funes quiere formar un gobierno plural, con independientes y miembros de otros partidos, además del FMLN, y se enfrenta a varios retos importantes: los derivados de la crisis económica mundial -que, cómo no, afecta también a su país- y los específicos salvadoreños, como la gestión de la emigración -más de dos millones de salvadoreños trabajan en el extranjero, sobre todo en EE UU-, la alta tasa de violencia y homicidios comunes, que junto con las reformas del sistema electoral y la edificación
de un sistema de contrapoderes independientes y plurales son urgentes para profundizar y modernizar la democracia salvadoreña. El nuevo presidente ha ofrecido mano tendida, diálogo y consenso a la oposición. Sería una irresponsabilidad no aceptar su oferta.

Espionaje masivo

Una operación masiva de espionaje electrónico fue detectada en computadores de cientos de Gobiernos y en sus oficinas privadas en todo el mundo, incluidas las del Dalai Lama, reportó hoy The New York Times, citando un informe de expertos canadienses.
En el reporte, que será difundido durante este fin de semana, los investigadores señalaron que el sistema de espionaje era controlado casi en su totalidad desde China, aunque no necesariamente creen que el Gobierno de ese país esté involucrado.
Los investigadores, que pertenecen al Centro de Estudios Internacionales Munk, de la Universidad de Toronto, recibieron una solicitud de las oficinas del líder tibetano, quien mantiene una disputa política con China, de revisar sus computadoras en busca de software malicioso, con lo que se descubrió la infiltración.
La indagación exhibió los resultados del sistema de espionaje que, en menos de dos años, logró infectar al menos mil 295 computadoras en 103 países, incluídas muchas Embajadas y oficinas de Ministros de Relaciones Exteriores de otros países así como las instituciones del exilio tibetano en India, Bruselas, Londres y Nueva York.
Los investigadores, quienes tienen experiencia en detectar espionaje informático, dijeron que el sistema "GhostNet", como ellos lo llaman, está enfocado principalmente en vigilar a Gobiernos de países del Sur y Este de Asia.
Según el Times, esta investigación es por mucho la más grande si se basa en el número de países a los que ha afectado el espionaje electrónico.
Los autores del texto indican que el "ataque" continúa y que diariamente son infectadas una docena de computadoras. Asimismo, señalaron que una computadora de la OTAN es "vigilada" por los espías durante la mitad del día al igual que las máquinas de la Embajada India en Washington.
La infiltración no se limita a obtener información o revisar documentos, puede incluso realizar un monitoreo tipo "Big Brother", por ejemplo, pueden encender una cámara y el micrófono de una computadora y grabar lo que está sucediendo en una habitación u oficina.
Los investigadores señalaron algunos de los efectos que en la vida real han perjudicado a las víctimas del espionaje, aseguran que luego de que la oficina del Dalai Lama envió una invitación por correo electrónico a un diplomático, el Gobierno chino llamó al funcionario para instarlo a rechazar un eventual encuentro con el líder tibetano.
Autoridades internacionales han sido alertadas de lo que está sucediendo, sin embargo, éstas se ven limitadas ante la poca legislación que existe dentro del ciberespacio, según los investigadores. El FBI rechazó realizar comentarios sobre la información, añade el rotativo estadounidense en su edición en línea.
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The NYT on line, March 29, 2009
Vast Spy System Loots Computers in 103 Countries
By
JOHN MARKOFF
TORONTO — A vast electronic spying operation has infiltrated computers and has stolen documents from hundreds of government and private offices around the world, including those of the Dalai Lama, Canadian researchers have concluded.
In a report to be issued this weekend, the
researchers said that the system was being controlled from computers based almost exclusively in China, but that they could not say conclusively that the Chinese government was involved.
The researchers, who are based at the
Munk Center for International Studies at the University of Toronto, had been asked by the office of the Dalai Lama, the exiled Tibetan leader whom China regularly denounces, to examine its computers for signs of malicious software, or malware.
Their sleuthing opened a window into a broader operation that, in less than two years, has infiltrated at least 1,295 computers in 103 countries, including many belonging to embassies, foreign ministries and other government offices, as well as the Dalai Lama’s Tibetan exile centers in India, Brussels, London and New York.
The researchers, who have a record of detecting computer espionage, said they believed that in addition to the spying on the Dalai Lama, the system, which they called GhostNet, was focused on the governments of South Asian and Southeast Asian countries.
Intelligence analysts say many governments, including those of China, Russia and the United States, and other parties use sophisticated computer programs to covertly gather information.
The newly reported spying operation is by far the largest to come to light in terms of countries affected.
This is also believed to be the first time researchers have been able to expose the workings of a computer system used in an intrusion of this magnitude.
Still going strong, the operation continues to invade and monitor more than a dozen new computers a week, the researchers said in their report, “Tracking ‘GhostNet’: Investigating a Cyber Espionage Network.” They said they had found no evidence that United States government offices had been infiltrated, although a
NATO computer was monitored by the spies for half a day and computers of the Indian Embassy in Washington were infiltrated.
The malware is remarkable both for its sweep — in computer jargon, it has not been merely “phishing” for random consumers’ information, but “whaling” for particular important targets — and for its Big Brother-style capacities. It can, for example, turn on the camera and audio-recording functions of an infected computer, enabling monitors to see and hear what goes on in a room. The investigators say they do not know if this facet has been employed.
The researchers were able to monitor the commands given to infected computers and to see the names of documents retrieved by the spies, but in most cases the contents of the stolen files have not been determined. Working with the Tibetans, however, the researchers found that specific correspondence had been stolen and that the intruders had gained control of the electronic mail server computers of the Dalai Lama’s organization.
The electronic spy game has had at least some real-world impact, they said. For example, they said, after an e-mail invitation was sent by the Dalai Lama’s office to a foreign diplomat, the Chinese government made a call to the diplomat discouraging a visit. And a woman working for a group making Internet contacts between Tibetan exiles and Chinese citizens was stopped by Chinese intelligence officers on her way back to Tibet, shown transcripts of her online conversations and warned to stop her political activities.
The Toronto researchers said they had notified international law enforcement agencies of the spying operation, which in their view exposed basic shortcomings in the legal structure of cyberspace. The
F.B.I. declined to comment on the operation.
Although the Canadian researchers said that most of the computers behind the spying were in China, they cautioned against concluding that China’s government was involved. The spying could be a nonstate, for-profit operation, for example, or one run by private citizens in China known as “patriotic hackers.”
“We’re a bit more careful about it, knowing the nuance of what happens in the subterranean realms,” said Ronald J. Deibert, a member of the research group and an associate professor of political science at Munk. “This could well be the
C.I.A. or the Russians. It’s a murky realm that we’re lifting the lid on.”
A spokesman for the Chinese Consulate in New York dismissed the idea that China was involved. “These are old stories and they are nonsense,” the spokesman, Wenqi Gao, said. “The Chinese government is opposed to and strictly forbids any cybercrime.”
The Toronto researchers, who allowed a reporter for The New York Times to review the spies’ digital tracks, are publishing their findings in Information Warfare Monitor, an online publication associated with the Munk Center.
At the same time, two computer researchers at
Cambridge University in Britain who worked on the part of the investigation related to the Tibetans, are releasing an independent report. They do fault China, and they warned that other hackers could adopt the tactics used in the malware operation.
“What Chinese spooks did in 2008, Russian crooks will do in 2010 and even low-budget criminals from less developed countries will follow in due course,” the Cambridge researchers, Shishir Nagaraja and Ross Anderson, wrote in their report, “The Snooping Dragon: Social Malware Surveillance of the Tibetan Movement.”
In any case, it was suspicions of Chinese interference that led to the discovery of the spy operation. Last summer, the office of the Dalai Lama invited two specialists to India to audit computers used by the Dalai Lama’s organization. The specialists, Greg Walton, the editor of Information Warfare Monitor, and Mr. Nagaraja, a network security expert, found that the computers had indeed been infected and that intruders had stolen files from personal computers serving several Tibetan exile groups.
Back in Toronto, Mr. Walton shared data with colleagues at the Munk Center’s computer lab.
One of them was Nart Villeneuve, 34, a graduate student and self-taught “white hat” hacker with dazzling technical skills. Last year, Mr. Villeneuve linked the Chinese version of the Skype communications service to a Chinese government operation that was systematically eavesdropping on users’ instant-messaging sessions.
Early this month, Mr. Villeneuve noticed an odd string of 22 characters embedded in files created by the malicious software and searched for it with
Google. It led him to a group of computers on Hainan Island, off China, and to a Web site that would prove to be critically important.
In a puzzling security lapse, the Web page that Mr. Villeneuve found was not protected by a password, while much of the rest of the system uses encryption.
Mr. Villeneuve and his colleagues figured out how the operation worked by commanding it to infect a system in their computer lab in Toronto. On March 12, the spies took their own bait. Mr. Villeneuve watched a brief series of commands flicker on his computer screen as someone — presumably in China — rummaged through the files. Finding nothing of interest, the intruder soon disappeared.
Through trial and error, the researchers learned to use the system’s Chinese-language “dashboard” — a control panel reachable with a standard Web browser — by which one could manipulate the more than 1,200 computers worldwide that had by then been infected.
Infection happens two ways. In one method, a user’s clicking on a document attached to an e-mail message lets the system covertly install software deep in the target operating system. Alternatively, a user clicks on a Web link in an e-mail message and is taken directly to a “poisoned” Web site.
The researchers said they avoided breaking any laws during three weeks of monitoring and extensively experimenting with the system’s unprotected software control panel. They provided, among other information, a log of compromised computers dating to May 22, 2007.
They found that three of the four control servers were in different provinces in China — Hainan, Guangdong and Sichuan — while the fourth was discovered to be at a Web-hosting company based in Southern California.
Beyond that, said Rafal A. Rohozinski, one of the investigators, “attribution is difficult because there is no agreed upon international legal framework for being able to pursue investigations down to their logical conclusion, which is highly local.”

J.J. Linz, el sociologo


Juan Linz y la sociología política contemporánea
SALVADOR GINER
Babelia, EP, 28/03/2009;
Sociología. El decano de los sociólogos españoles, Juan José Linz Storch de Gracia, es uno de los más eminentes entre los europeos. A través de su cátedra en Yale, también lo es en Norteamérica. La obra de Juan Linz es vastísima, pero también es notoriamente dispersa. Cada vez se hacía más necesario reunirla y tener acceso a ella de un modo menos exasperante para sus devotos aprendices o para quienes quieren consultarla, dada su importancia y alcance. Ésa es la tarea que están realizando José Ramón Montero y Jeff Miley en una edición en siete volúmenes, de los que han aparecido ya dos, publicados por el Centro de Estudios Constitucionales, bajo el impulso decidido de José Álvarez Junco. La revisión, reordenación y puesta al día de la obra linziana hacen de ella, en no pocos casos, una obra original y en cierto sentido inédita. Estamos ante un acontecimiento intelectual de primer orden, que pone la aportación del profesor Linz en una justa perspectiva, al tiempo que representa un necesario tributo intelectual de sus compatriotas.
Juan J. Linz. Obras escogidas
Fascismo: perspectivas históricas y comparadas (1)
Nación, Estado y lengua (2)
Edición de José Ramón Montero y
Thomas Jeffrey Miley
Centro de Estudios Políticos y
Constitucionales. Madrid, 2008
342 y 646 páginas. 56 euros cada volumen

El primer volumen reúne los estudios pioneros de Linz sobre el fascismo, así como sobre lo que él mismo bautizó como "regímenes autoritarios". Incluye también sus pesquisas en torno a la quiebra de las democracias y su asalto por parte del fascismo o por movimientos fascistoides o dictatoriales. Incorpora sus estudios sobre la naturaleza del fascismo y la de los regímenes de su estilo en diversos países. El segundo reúne las indagaciones de Juan Linz sobre la formación de la nación y del nacionalismo a través del Estado moderno, las relaciones de ese nacionalismo con las lenguas de cada área (y con lo que ahora algunos llamarían multiculturalismo) así como con su propio primordialismo (propio de ciertos nacionalismos étnicos, como el vascongado) y con la solución federal. Lo señalado de la obra de Juan Linz no es sólo la temática sino también los resultados de sus interpretaciones y hallazgos. Esos resultados encontraron desde el primer momento un eco muy notable en la sociología política internacional. Gran parte de la ciencia política y de la sociología del poder y la autoridad, tras la II Guerra Mundial, se dirigió comprensiblemente hacia el estudio de la democracia, al de los partidos y al de los procesos de representación política. Significativamente la obra hoy clásica de Seymour Martin Lipset, Political Man, de 1959, apoyaba gran parte de sus argumentos en la vasta tesis doctoral sobre la crisis de Weimar del entonces joven madrileño -como a él le complace definirse- discípulo de Javier Conde, que era Juan Linz.
La obra de Linz ha sido debidamente reconocida con la gratitud debida por la comunidad científico social de su país. Tuve el honor de contribuir a la concesión del Premio Príncipe de Asturias, y a hacer de portavoz de su obra en una ocasión y la suerte de coincidir todo un año sabático con él y con Rocío Terán, su esposa, en Yale. Sus discípulos directos, entre los que no me encuentro, han tenido mejores ocasiones que la mía para gozar de su enseñanza e incansable docencia: Juan Linz no conoce las agujas del reloj y distingue mal la noche del día. Sus discusiones y análisis con el material empírico delante no tienen límite conocido. Algunos hemos tenido la suerte de poder discrepar con él en algunos terrenos interpretativos. Fue así cómo, en un país yermo, como es el nuestro, de debates intelectuales realmente serios, la interpretación linziana del franquismo como "régimen autoritario", con un "pluralismo" de clase e ideológico limitado, incitó a que algunos difirieran de ella. Así se generó un importante debate, serio, riguroso, siempre dentro de la más estricta corrección y respeto mutuo. Se enfrentaban así a una visión más conservadora y "comprensiva" o relativamente benigna del franquismo -así como de otros regímenes de los por Linz llamados autoritarios-, pero impecablemente
democrática y liberal, como es la de Juan Linz, con otra menos piadosa hacia el régimen franquista. En su excelente trabajo biográfico, los profesores Montero y Miley sortean ese significativo episodio que en mi opinión no fue ni mucho menos menor puesto que significó que la sociología y la interpretación linzianas, hasta entonces circunscritas a expertos -politólogos, historiadores, sociólogos-, entraran en un círculo más amplio de debate, en la conversación intelectual pública, e incluso -durante la época de la transición a la democracia- en el ámbito de la política española.
Es significativo que todo ello no quedara en discusión y examen de conciencia para españoles, sino que tanto en Hispanoamérica como en Europa la sociología política y la politología se interesaran también por esas cuestiones literalmente, a la luz, de las interpretaciones de Juan Linz, basadas siempre en una masa ingente de materiales que milagrosamente él ha sabido organizar, sistematizar y analizar de modo más que ejemplar.
A Juan Linz le ha quedado tiempo -mucho tiempo- para enseñar, crear escuela, multiplicar discípulos y colaborar en la consolidación democrática de su patria. El inventario de lo que ha hecho por ella es tan largo que ni siquiera la larga introducción biográfica los cuenta todos. Sépase que quien logró, en un momento harto difícil, que una asociación modesta de sociólogos marginados -de "PNN resentidos" en inmortal expresión de un servidor del régimen de la época- entrara contra viento y marea, con pleno derecho, en la Asociación Internacional de Sociología fue el profesor Juan Linz. Pero no sólo ese gremio le está profundamente obligado, sino toda la ciencia social española. Y, sospecho, la mayoría de los lectores que hayan llegado al final de esta humilde reseña en su honor.

La invisible

La espía septuagenaria/ROSA MONTERO
Publicado en el suplemento de Babelia El País,, 28/03/2009;
Stella Rimington debe de estar llena de vida para ser capaz de armar el personaje de Liz Carlyle. La invisible es una novela formidable, un libro hipnótico y lleno de sombras
Dicen que los escritores se pueden dividir entre aquellos cuya vida es más interesante que sus obras y aquellos cuyos textos son más interesantes que sus vidas. Me parece que en el caso de Stella Rimington a mí me
gusta el paquete completo. Por un lado, su biografía, sin duda singular, de espía de altos vuelos, tan altos, de hecho, que fue la primera mujer que dirigió el MI-5, el famoso servicio de inteligencia británico; pero, por otro lado, también he gozado de su primera novela, que esta mujer publicó con 69 años (ahora tiene 73 y está estupenda), una edad poco usual para ponerse a debutar en nada. Claro que los seres humanos somos capaces de vivir muchas vidas, y los espías probablemente estén aún más predispuestos a la multiplicidad en la existencia. O puede que eso de empezar cuando todos acaban sea un rasgo genético británico: por ejemplo, siempre me ha encantado la historia de Minna Keal, una inglesa que estudió música de niña pero después se pasó la vida trabajando como secretaria, hasta que, al jubilarse, regresó al piano y emprendió una brillantísima carrera como compositora clásica contemporánea. Una carrera, además, muy larga: desde los 73 años hasta los 93, que fue cuando murió.
Inicio de 'La invisible', de Stella Rimington
DOCUMENTO (PDF - 47,81Kb) - 28-03-2009
Rimington parece seguir las longevas, briosas y prolíficas huellas de Minna: desde que se estrenó como novelista en 2004 ha sacado tres libros más, todos con la misma protagonista. Pero en España por ahora sólo se ha publicado, hace un par de meses, la primera novela. Se titula La invisible y es, naturalmente, una historia de espías. La protagoniza una muy creíble, compleja y brillante agente treintañera del MI-5, Liz Carlyle, en quien el lector no puede evitar practicar ese feo vicio de la lectura que consiste en ir buscando rastros de la autora. Además la propia Rimington reconoce, en una breve nota de agradecimientos al final del libro, que su personaje tiene "muchos elementos autobiográficos". Lo cierto es que Liz resulta fascinante y ofrece una poderosa alternativa a los agentes masculinos que el género de espías nos ha dado. Por no hablar de las estereotipadas mujeres que suelen aparecer en esas novelas. Liz es analítica, seria e inteligente, y, al mismo tiempo, se lamenta de que la lluvia le estropee sus bonitos zapatos. Es valiente pero prudente. Es fría y a la vez apasionada. De alguna manera, está en perpetuo conflicto con sus emociones. Y tiene unas relaciones bastante difíciles con sus compañeros varones. ¡Liz Carlyle parece tan joven! Mejor dicho: es una mujer con toda la fuerza y el apremio de su plenitud. La septuagenaria Rimington debe de estar llena de vida para ser capaz de armar un personaje así.
Hará unos diez años cené en Madrid con el famosísimo espía Markus Wolf, el hombre que, durante más de tres décadas, dirigió la sección exterior de la Stasi, el temible servicio de inteligencia de la Alemania del Este. Wolf, que por entonces tenía unos 75 años (moriría con 83 en 2006), acababa de publicar en español sus memorias, El hombre sin rostro (editorial Javier Vergara), un libro bastante espeso que leí en su momento y que apenas si consigo rememorar, salvo que era un texto prolijo en aburridos datos, descafeinado en sustancia y rico en alegatos exculpatorios. En persona, Wolf era un hombre muy educado y provisto de cierto magnetismo, y recuerdo que los otros escritores presentes en la cena cayeron rendidos a sus pies, tal vez obnubilados por el hecho de que Wolf inspiró a John Le Carré (o eso dicen) el personaje de Karla, el maestro de espías soviético que aparece en varios de sus libros. Y no hay cosa que más guste a un novelista que conocer en carne y hueso a un personaje de ficción que han admirado. A mí, en fin, también me pareció curioso conocerlo, pero no pude evitar cierto repelús y el convencimiento de que ese hombre tan cortés debía de tener el armario lleno de muertos
. Una intuición que la maravillosa y oscarizada película La vida de los otros vino a reafirmarme años después.
Esa misma pregunta ronda tu cabeza cuando lees el hipnótico libro de Stella Rimington: esta mujer encantadora que inspiró el personaje de M en las películas de James Bond, ¿tendrá también su montoncito de cadáveres bajo la alfombra? Aunque estoy segura de que el MI-5, que tiene que responder a los controles democráticos, no es en absoluto comparable a la brutal Stasi, que era el brazo represor de una dictadura, también creo que los servicios de inteligencia no deben de ser precisamente el colmo de la honestidad y los derechos humanos. ¿Cuánta oscuridad habrá dejado Rimington fuera de su libro?
Es una cuestión imposible de contestar, pero debo decir que La invisible está llena de sombras. Uno de los grandes atractivos del libro es su complejidad moral, la falta de esquematismos, los infinitos matices del gris con que dibuja el mundo. En eso se acerca a los maestros del género, a Graham Green, al mejor Le Carré. En eso y en la riqueza de los retratos humanos, en el vigor de las escenas, en lo trepidante de la acción. Es una primera novela formidable. Curiosamente, los que quedan peor en el libro son el MI-6, la agencia hermana británica, especializada en inteligencia exterior, mientras que el MI-5 se ocupa de la seguridad nacional. A juzgar por lo que cuenta La invisible, y no lo dudo, las dos agencias arrastran un enfrentamiento inmemorial, y es de suponer que la autora se ha divertido mucho metiéndose con ellos. Me pregunto cómo se habrán tomado los del MI-6 una obra en la que terminan siendo unos inmorales. Y también me pregunto cuánto habrá de real. Ése es el valor añadido que posee esta novela: que, al leerla, no puedes evitar el escalofrío de saber que Rimington sabe.
La invisible. Stella Rimington. Traducción de Francisco Pérez Navarro. Ediciones B. Barcelona, 2009. 373 páginas. 18 euros.