17 jul. 2010

Patricia Flores


La burbuja que reventó
Daniel Lizárraga
Revista Proceso # 1759, 18 de julio de 2010;
Más que cambios estratégicos, al gabinete de Felipe Calderón lo caracterizan auténticas mutilaciones, parches mal puestos, retazos de solución... Salvo un par de excepciones, del equipo original del presidente, aquel con el que llegó a Los Pinos en 2006, queda nada más el recuerdo. Las defenestraciones de Fernando Gómez Mont y Patricia Flores, si bien anunciadas no dejan de cimbrar a la principal institución del país, que ya muestra la cara de la derrota. Por si algo faltara, la renuncia del vocero presidencial, Maximiliano Cortázar, tiene todo el tufo de un castigo ejemplar. Ahora, analistas y ciudadanos se preguntan: ¿Cuántas bajas más están en puerta?
El 6 de agosto de 2008, Felipe Calderón entregó a Patricia Flores Elizondo las riendas de su gabinete al nombrarla jefa de la Oficina de la Presidencia, aun a sabiendas de que no contaba con carrera partidista, que carecía de experiencia política en el gobierno y que no había ganado ni una elección municipal.
Nacida en Durango hace 42 años, Patricia Flores es una comunicóloga egresada de la Universidad de Monterrey. Conoció a Felipe Calderón en 2000, cuando ella fue secretaria general de la Cámara de Diputados y él era coordinador de la bancada del PAN.
A diferencia de algunos de los amigos que rodean al mandatario, Patricia Flores nunca ha ocupado una curul ni un escaño. Sin embargo, fue la heredera del poder que tuviera en su momento el fallecido Juan Camilo Mouriño, a quien en los hechos se le consideraba como un vicepresidente, aunque ese cargo no exista formalmente en México.
Apenas el pasado 11 de junio fue presentada por Quién –una de las revistas del corazón más conocidas en México– como “La mujer que mueve Los Pinos”. En el texto aparecieron fotografías de ella posando perfectamente peinada y maquillada.
Un mes después, Patricia Flores dejó de ser la jefa de la Oficina de la Presidencia en medio de un incesante golpeteo desde columnas y editoriales de diarios de la Ciudad de México, en los que la describieron como una conspiradora, promotora de nombramientos, renuncias y venganzas políticas dentro del gabinete y, sobre todo, como la voz que más pesaba en las decisiones de Calderón, hasta el punto de fracturar a su equipo de trabajo.
Ante la presión mediática y política dentro de Los Pinos, Flores soltó las riendas del poder el miércoles 14. Su salida, junto con la del secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, estaba planeada para el siguiente lunes.
No obstante, de un momento a otro Felipe Calderón adelantó la decisión. El secretario de Economía, Gerardo Ruiz Mateos, quien estaba en gira por Alemania, recibió una llamada de la Presidencia para que suspendiera sus citas con empresarios del ramo automotriz y regresara, de inmediato, a México a fin de hacerse cargo nuevamente de la Oficina de la Presidencia.
La tarde en que se anunció su salida, en el salón Manuel Ávila Camacho de la sede presidencial, Patricia Flores mostraba unas gruesas ojeras; mientras Calderón agradecía su trabajo ella no dejaba de mover dedos y piernas, jalaba aire como si le costara trabajo respirar y pasaba saliva como si trajera un dulce en la boca. La mirada la puso en el techo o en las paredes mientras decenas de flashes le estallaban en el rostro descompuesto.
Calderón, que la miraba fijamente, explicó que ella “coordinó eficientemente” a sus colaboradores en momentos críticos, como la crisis de la influenza A/H1N1, la puesta en marcha de medidas contracíclicas durante la recesión económica internacional, así como en la ejecución operativa de la liquidación de Luz y Fuerza del Centro.
Además de coordinar a los gabinetes de seguridad, social, económico y el de infraestructura –dijo Calderón–, impulsó la realización de proyectos especiales, como las celebraciones del Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución.
“En la jefatura de la Oficina de la Presidencia se impulsaron programas que seguramente dejarán huella en este gobierno: la cobertura universal de salud, la infraestructura carretera y hospitalaria, la lucha por la seguridad pública, entre muchos otros”, puntualizó el mandatario.
Dotar a todos los niños mexicanos de un seguro universal de salud al terminar el actual gobierno, en 2012, es uno de los proyectos más apreciados por Calderón, y todo su equipo sabe eso desde los tiempos de la transición presidencial, entre agosto y diciembre de 2006.
Nada se sabía en público de algunas de las tareas que ella condujo desde su escritorio.
Al salón Manuel Ávila Camacho acudió el equipo de Los Pinos. Aquellos que nunca asoman el rostro en público –como Rafael Giménez, coordinador de Opinión Pública– ocuparon los sitios para invitados especiales. Alejandra Sota, todavía coordinadora de Estrategia y Mensaje Gubernamental, permaneció de pie atenta a los movimientos y a los discursos de quienes se iban del equipo de trabajo.
En dos ocasiones Gómez Mont –quien en ese momento dejaba de ser secretario de Gobernación– y Gerardo Ruiz –quien abandonaba Economía– tomaron del brazo a Flores para susurrarle algo al oído. Ella, nerviosa, permaneció un momento quieta y siguió respirando profundamente.
Cuando terminó el acto, la recién destituida caminó presurosa hacia la primera fila de los invitados especiales. Allí uno de sus colaboradores le dio una botella de agua y ella bebió como si acabara de correr una maratón.
La sobrina consentida
Patricia Flores tuvo su primer contacto con el mundo de la política de la mano de su tío Rodolfo Elizondo, personaje del panismo desde los tiempos en que era oposición y, posteriormente, una figura en la Cámara de Diputados, en el Senado y en los gabinetes de Vicente Fox y Felipe Calderón.
El senador hizo a su sobrina –las revistas del corazón dicen que es su consentida– secretaria técnica de la Comisión de Concordia y Pacificación (Cocopa), que buscó establecer acuerdos de paz con el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) entre 1994 y 1997.
Los reporteros y enviados a Chiapas la recuerdan como la encargada de pagar los hoteles, las comidas y todos los gastos generados por los senadores y diputados de la Cocopa. Entre ellos estaba Rodolfo Elizondo, quien desde aquellos años ya era cercano a Felipe Calderón.
De acuerdo con registros públicos, Patricia Flores se afilió al PAN en 1994, cuando su tío la incorporó a esa comisión, en la que también había personajes como Heberto Castillo y Luis H. Álvarez.
En 1997, una vez terminada su tarea en la Cocopa, Patricia Flores llegó a la Cámara de Diputados como coordinadora técnica en la Comisión de Régimen Interno y Concertación Política, cuando su tío aún ocupaba una curul.
La carrera de Patricia Flores transitó por ahí en puestos puramente administrativos. En 1999 ascendió a jefa de la Oficina de Apoyo a la Secretaría General de la Cámara de Diputados. Ese año la presidencia de la mesa directiva recayó en un panista: Francisco José Paoli Bolio.
Más adelante, a partir de 2001, Flores llegó a ser secretaria general de la Cámara de Diputados.
En ese periodo enfrentó una oleada de críticas cuando un grupo de diputados del PRD, coordinados por Martí Batres, denunció que ella y parte de su equipo cobraron aguinaldos de alrededor de 500 mil pesos y, además, había aprobado una liquidación de más 700 mil pesos para Jesús Cabrera Castillo Nájera, director de Seguridad y Resguardo (casualmente, esposo de Patricia).
No obstante, Flores permaneció en el mismo puesto hasta 2004, cuando presuntamente pasó a la Fundación Colosio del PRI, de acuerdo con una revisión hemerográfica. Sin embargo, ella misma se ha encargado de desmentir esa versión.
Lo que no ha podido negar es que a partir de 2006 se incorporó al equipo de transición presidencial encabezado por Juan Camilo Mouriño. En ese periodo ella ganó 72 mil pesos mensuales y en la lista de colaboradores no era la única persona con los apellidos Flores Elizondo.
Según consta en documentos obtenidos por Proceso –expedientes de Banjército obtenidos merced a la Ley de Acceso a la Información– una de sus hermanas, Laurencia Flores Elizondo, obtuvo 32 mil 479 pesos cada 30 días en ese mismo periodo de transición. Otra de sus hermanas, Aidé, ha sido jefa de la División de Adquisiciones de Bienes y Contrataciones del IMSS.
La esposa de Rodolfo Elizondo, María Cecilia del Palacio Flores, también estaba en la nómina con un salario de 32 mil 479 pesos mensuales. Esta última se desempeñó como la número dos en el equipo de apoyo de la primera dama, Margarita Zavala, al inicio del actual gobierno.
La llegada a Los Pinos
Luego de que Felipe Calderón tomó posesión, Patricia Flores apareció en el equipo de Los Pinos como coordinadora general de Administración, a las órdenes del entonces jefe de la Oficina de la Presidencia, Juan Camilo Mouriño.
El accidente aéreo en el que murió éste y los cambios forzados dentro del gabinete catapultaron a Patricia Flores hasta el número dos en la jerarquía de Los Pinos. A partir del 6 agosto de 2008 y hasta el pasado miércoles ella controló el dinero, coordinó al gabinete, nombró y quitó delegados de las secretarías de Estado en todo el país, pretendió influir en las políticas de comunicación, revisó los discursos en fechas importantes e incluso se adentró en la Secretaría de Salud, asunto que metió continuamente en problemas al titular del ramo, José Ángel Córdova Villalobos.
Todo con la venia de Felipe Calderón, quien la consideró durante casi dos años como su persona de mayor confianza. No había asunto importante que no pasara por su oficina. La fuerza que tomó Flores fue provocando fracturas dentro del equipo presidencial. Uno de los enconos surgió con el coordinador de Comunicación Social, Max Cortázar, quien en alguna ocasión entabló con ella una fuerte discusión, que terminó gracias a la intervención del secretario particular del presidente, Luis Felipe Bravo Mena.
El “affaire” Téllez
Entre 2009 y 2010, la exsubsecretaria de Comunicaciones y Transportes, Purificación Carpinteyro, envió tarjetas informativas y oficios a Felipe Calderón en los que se describían presuntas irregularidades, algunas graves, en el manejo de los satélites, así como en correos, en concesiones, en licitaciones y, en general, en el manejo oficial respecto de los operadores de telecomunicaciones, cometidas por el secretario del ramo, Luis Téllez.
Esa información en lugar de ser transmitida tal cual al mandatario, primero pasó la aduana de la Oficina de la Presidencia. Fue ahí donde, de acuerdo con versiones obtenidas por Proceso, Luis Téllez y la propia Patricia Flores habrían maquinado las acusaciones –periodísticas y luego penales– contra Carpinteyro, quien mediante sus informes presuntamente alertaba sobre negocios irregulares y fallos a favor de Televisa.
Patricia Flores fue durante casi dos años símbolo de poder. Aun cuando orgánicamente no tenía las mismas atribuciones de Juan Camilo Mouriño, ella también manejó las riendas. En 16 años de carrera era la número dos en México, apenas por debajo del presidente.
Y si bien dentro de Los Pinos hizo sentir siempre su peso por la cercanía con el mandatario, no era una figura pública.
Sin embargo, durante los últimos tres meses se desencadenó una embestida mediática en su contra desde columnas y editoriales en diarios como El Universal, Milenio y Reforma.
En esos espacios se llamó a Patricia Flores “la jefa”, se le tildó de ser el poder tras el trono, dueña de un inmenso poder dentro de Los Pinos que le podía hablar al oído a Felipe Calderón y cuya negatividad amenazaba la estabilidad del grupo que ha rodeado al mandatario desde hace años.
De manejarse en un bajo perfil, repentinamente quedó expuesta como la villana dentro de Los Pinos. Además, el reportero de uno de esos rotativos dio cuenta de cómo sus familiares seguían cobrando dentro del gobierno de Felipe Calderón.
Por medio de la información dada a los columnistas desde el gabinete y, sobre todo, desde la propia residencial oficial de Los Pinos se pasó por alto uno de los principios fundamentales del calderonismo: evitar las filtraciones a la prensa.
Al nombrar a Gerardo Ruiz, otro de sus amigos, jefe de la Oficina de la Presidencia, Calderón le instruyó hacer una revisión puntual de esa instancia, rediseñar mecanismos que incrementen su eficacia y, en consecuencia, emprender una reestructura indispensable para cumplir con sus objetivos en sus distintas facetas, tanto de comunicación como de relaciones públicas y de seguimiento de los programas prioritarios de gobierno.
Calderón fue especialmente enfático al encargarle organizar un “seguimiento puntual” de los compromisos oficiales a fin de “cumplirlos a tiempo, de acuerdo con lo establecido en el Plan Nacional de Desarrollo, y construir también en tiempo y forma los principales programas y proyectos de la administración pública”.
Mientras Calderón externaba esas ideas, Patricia Flores apretaba las mandíbulas, respiraba más hondo y trataba de sostener una sonrisa forzada. l

Francisco Blake Mora


Blake Mora, de fracaso en fracaso
Álvaro Delgado, reportero
Revista Proceso, # 1759, 18 de julio de 2010;
Con el nombramiento de su nuevo secretario de Gobernación, Francisco Blake Mora, Felipe Calderón confirma que le interesa más una lealtad basada en afectos y complicidades personales que en la visión de Estado o en la eficacia institucional que debería tener el primer círculo presidencial. Y los panistas, que ya se ven en manos de este dúo en el proceso electoral de 2012, comienzan a rezongar.
A Felipe Calderón y José Francisco Blake Mora, el cuarto secretario de Gobernación en tres años y medio de gobierno, los une no sólo la militancia, la abogacía y la amistad de una década, sino la práctica de imponer desde el poder público a candidatos del Partido Acción Nacional (PAN) que luego son repudiados por el electorado.
El caso más reciente que los unificó fue la imposición de Carlos Torres, exsecretario particular de Calderón, como candidato panista a la alcaldía de Tijuana, Baja California, con el uso de los recursos y la estructura de los gobiernos estatal y municipal que orquestó Blake Mora como secretario de Gobierno.
Además de señalamientos de numerosos panistas, enfurecidos por la línea oficial, la delación de un funcionario municipal panista de Tijuana, Gustavo Lemus, acreditó la intervención del gobernador, José Guadalupe Osuna Millán, y el alcalde Jorge Ramos para entronizar a Torres, exdiputado federal, sobre Alejandro Monraz y Javier Castañeda.
Ese operativo gubernamental, que se produjo también con los otros cuatro candidatos a alcaldes y a las 16 diputaciones –que derivó en la peor derrota del PAN en 21 años de gobierno–, lo desmenuzó Lemus, director de Inspección y Verificación, en una charla con un empresario no identificado, difundida el 29 de marzo en YouTube:
“Ayer estuvimos en la noche con el Blake –informa Lemus– y traemos los datos del góber; el gobierno federal anda metiendo la narices, ya hizo una encuesta; el gobierno local, claro, hizo la suya. ¡Cabrón, yo comparo las tres encuestas con la que trae Monraz y andan iguales!
–Órale –dice el empresario–, pero tú sabes que ya la maquinaria se echó a andar.
–Sí, nada más que mucha raza no se esperó a ver qué iba a decidir Jorge Ramos, qué iba a decidir el góber. ¡Nunca miré al góber tan exageradamente interesado en una interna. Creo que ni en la de él.
–Sí, pero sí hace falta que ayude el góber ahí. Carlos tiene que repuntar ya.
–¡Qué cabrón se oye, pero el coordinador de campaña de Torres es el góber y el presidente municipal! He estado viendo cómo se están moviendo. Es como una derrota (sic) personal la que agarró el góber y, luego, va a venir el presidente de la República en dos semanas, creo, a un evento con el Carlos Torres.”
En la conversación con el comerciante de la Zona Norte, donde se ubican los centros nocturnos, Lemus habla de cómo, para sumar apoyos a Torres, Blake Mora reparte cargos a panistas, como la delegación regional del Instituto Nacional de Migración (INM) a Antonio Valladolid, y a Héctor Magaña la dirección de la Comisión Estatal de Servicios Públicos de Tijuana (CESPT).
“¡Uta, están repartiendo sabroso!”, exclama el funcionario, quien le detalla al empresario otro mecanismo de compra de votos a favor de Torres: “Y como hay un chorro de presupuesto para ese tema, agarras a un bato que vota y le dices: ¿cuánto ganas? Y te dice: 10 mil pesos al mes. No, pues no te preocupes, vas a ganar 20 (mil). ¡Uta, dice, ¿pues qué hay que hacer?”.
Luego relata una comida con Torres, quien lo elogió:
“Me echó champú. Dijo: Gente como Gustavo Lemus en Reglamentos debe seguir. ¡Me sorprendió, me sorprendió el cabrón! Y luego ya lo encontré en la noche, a él y al Blake, nos vimos en el Big Boy. Y bien, me gustó la idea. ¡Se va a poner chingón, se va a poner chingón!”
El perdedor gana
Pero no. Aunque Torres se impuso como candidato ante Monraz y Castañeda, tal como era la voluntad de Calderón, Osuna y Blake, sufrió una derrota contundente ante el priista Carlos Bustamante.
Lo mismo ocurrió en los otros cuatro municipios, ganados todos por el PRI, que se impuso también en 13 de las 16 diputaciones locales, lo que representa la peor derrota del PAN desde que, en 1989, se hizo gobierno con Ernesto Ruffo, a quien le sucedieron otros cinco gobernadores.
Así, pese a que Calderón lo considera un “operador político leal, práctico y eficaz”, como lo definió al presentarlo como sucesor de Fernando Gómez Mont, Blake Mora está identificado como uno de los principales responsables de la debacle ante el PRI, que no ganaba las cinco alcaldías hace tres décadas, desde 1980.
Esta contundente derrota en Baja California es semejante a la que el PAN padeció en las elecciones federales de 2009, cuando sus candidaturas fueron impuestas por Calderón mediante Germán Martínez, entonces presidente de ese partido, tal como Proceso documentó.
La diferencia de Martínez con Blake es que éste no renunció al cargo de secretario de Gobierno, pese a que muchos panistas lo demandaron al propio gobernador, sino que Calderón lo ascendió al segundo cargo del gobierno federal, lo que sigue causando estupor en Baja California y en todo el país.
Y es que tres días después de la derrota, el miércoles 7, en dos reuniones del gobernador con los integrantes de su gabinete, presidentes de los comités municipales del PAN en el estado, con legisladores locales y federales, así como prominentes militantes, se exigió la renuncia de Blake Mora.
Sin embargo, Osuna lo defendió: “Por supuesto que Blake no es el operador político, no podemos hacer a Blake responsable de una derrota, voy a revisar todas las dependencias, sus programas y sus perfiles, por supuesto. Pero no se le echen encima a Blake como si fuera el causante”.
Osuna culpó al gobierno de Calderón: “En ningún país donde haya problemas económicos el partido gobernante gana la elección… esa es la modernidad, esa es la alternancia de hoy, lo importante es aprender de la historia y de la experiencia”.
El semanario Zeta, de Tijuana, publicó una serie de reportajes sobre la elección del 4 de julio y el encabezado de la portada fue Los derrotados, y sobre el emblema del PAN aparecen las fotografías de Calderón, Osuna y Blake Mora.
Firmado por Adela Navarro y Sergio Haro, uno de los reportajes identifica a la imposición, la división, el abuso de poder, la corrupción, los excesos de poder, la inseguridad y el nepotismo como los factores que llevaron a la derrota del PAN, en coalición con Nueva Alianza (Panal), partido de Elba Esther Gordillo, y Encuentro Social, partido estatal de evangélicos.
“Tanto Osuna Millán desde el gobierno del estado como Jorge Ramos desde la alcaldía de Tijuana, hasta llegar a Francisco Blake en la Secretaría de Gobierno del estado, se encargaron de presionar, vía nómina, presupuesto de desarrollo social, dádivas y acciones populistas, para imponer primero a sus candidatos y luego presionar a los electores. Evidentemente, el electorado tomó lo que le dieron pero votó a su conciencia.”
Sobre los excesos del poder, Zeta describe al “secretario de Gobierno y sus fines de semana pescando en yate en Ensenada, hospedándose en hoteles de lujo junto a su seguridad y secretario privado”, y puntualiza sobre Blake Mora:
“Desde la Secretaría de Gobierno se ha convertido en el poder tras el trono tanto en el gobierno como en el Partido Acción Nacional. Por debajo de la mesa, con bajo perfil, ha movido los hilos de la política panista hasta, imponer candidatos, negociar con los partidos de oposición y utilizar el presupuesto, el de finanzas y el de desarrollo social, en busca de votos. La lógica indica que luego de la derrota debería ser el primero en renunciar, pero el gobernador actúa más por capricho al mantenerlo que con dignidad al despedirlo.”
Aridez curricular
Para Calderón, sin embargo, Blake Mora es un “operador político leal, práctico y eficaz” para encomendarle la virtual jefatura del gabinete y promover el diálogo con los poderes y las fuerzas políticas a su “nombre y representación”.
La “importante trayectoria en el servicio público” y en la política de Blake Mora, que “comienza desde la base misma de la participación cívica”, como exaltó Calderón, se limita a su título de abogado por la universidad estatal, un diplomado en planeación estratégica en el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), una regiduría en Tijuana –donde nació hace 44 años–, una diputación federal, una diputación local y ser secretario general de Gobierno de Baja California desde noviembre de 2007.
Fuera de la política, sólo ha pertenecido al despacho de abogados Vértice Asesores, S.C., del que fue socio fundador y que ya no existe.
Esta árida currícula contrasta con la de Gómez Mont, prominente litigante y legislador, pero también con la de sus otros dos antecesores en el sexenio: Juan Camilo Mouriño y Francisco Ramírez Acuña.
Salvo su paso por la Cámara de Diputados, de 2000 a 2003, cuya bancada del PAN coordinó Calderón –quien lo hizo miembro de la Sección Instructora que debió haber sometido a juicio político a los líderes petroleros Carlos Romero Deschamps y Ricardo Aldana, involucrados en el Pemexgate–, toda la carrera política de Blake Mora se ha desarrollado en Baja California.
En su gestión se le asocia a la indiferencia ante el desastre que causó en Mexicali el terremoto de diciembre del año pasado y la completa impunidad de los altos funcionarios de gobierno en las más de 100 muertes en la penitenciaría de Tijuana, así como los 2 mil 400 asesinatos en los primeros tres años de gobierno.
Nada de eso contó ahora, como tampoco cuando, en agosto de 2009, Calderón lo promovió como sustituto de Eduardo Medina Mora en la Procuraduría General de la República (PGR), aunque el Senado optó por Arturo Chávez, socio de Diego Fernández de Cevallos.
El único partido que ensalzó al nuevo funcionario fue el PAN, su partido que, cuando no había pasado ni una hora de su designación, emitió un comunicado para darle la bienvenida y ofrecerle su “disposición para participar en las mesas de análisis y discusión sobre el combate a la inseguridad pública y las trascendentales reformas que siguen pendientes”.
El comunicado del PAN puntualizó: “La dirigencia del PAN está segura de que con el trabajo de Francisco Blake Mora a cargo de la Secretaría de Gobernación se fortalecerá el diálogo y los acuerdos políticos, tal y como lo convocó el primer mandatario el pasado 29 de junio”.
El cambio en la Secretaría de Gobernación se produjo después de un proceso de desgaste de Gómez Mont que se aceleró desde el 4 de marzo, cuando se conoció el pacto PRI-PAN para aumentar los impuestos a los mexicanos a cambio de cancelar alianzas en el Estado de México.
Gómez Mont fungió como “testigo” en la firma del documento entre Nava y Beatriz Paredes, presidenta del PRI, y el secretario de Gobierno de Peña Nieto, Eduardo Miranda Nava, y eso explicó por qué se opuso públicamente a las alianzas del PAN con la izquierda y por qué renunció al PAN casi un mes antes, pese a que nunca se reafilió formalmente.
Tras las elecciones del 4 de julio, en las que las coaliciones del PAN tuvieron éxito en tres gubernaturas, su posición se hizo insostenible, además de confrontarse con los organismos defensores de los derechos humanos (a los que llamó a no ser “tontos útiles” de la delincuencia) y de culpar a los medios de fomentar la violencia.
Aunque era ostensible el distanciamiento con su jefe, aun públicamente, Gómez Mont reiteradamente aclaró que la decisión de irse de la Secretaría de Gobernación no era suya, sino de Calderón.
Todavía el miércoles, al mediodía, el subsecretario Roberto Gil Zuarth rechazó que Gómez Mont fuera a dejar el cargo y aseguró, en entrevista para el diario El Universal, que eran sólo rumores.
“La Secretaría de Gobernación tiene a un buen titular, honesto, capaz e inteligente, que ha sabido construir espacios de diálogo”, dijo Gil Zuarth, quien, según la nota de ese diario, evitó responder si tenía interés en ocupar el puesto.
Gil no se enteró o mintió porque, desde la noche del martes 13, Gómez Mont comenzó a vaciar los cajones de la que fue su oficina desde el 10 de noviembre de 2008...
***
Un apagafuegos gris
Adela Navarro Bello /Semanario Zeta
TIJUANA, BC.- Una de las pocas medidas que Francisco Blake Mora tomó durante su gestión como secretario de Gobierno fue contratar, entre septiembre y octubre de 2008, a Iván Ortega Colmenares, El Comandante Simón, para que combatiera la inseguridad generalizada en el estado.
Blake solía presumir que en Sinaloa, donde colaboró a partir del año 2000 con el gobernador Juan S. Millán, Ortega Colmenares había bajado el índice de secuestros.
La realidad era diferente: al jefe policiaco se le acusaba en esa entidad de recibir dádivas de familiares de personas que habían sido rescatadas por su equipo; además, creó negocios, como Safeguard, para vender artículos a los directivos de corporaciones policiacas. Ante las quejas, Ortega Colmenares tuvo que dejar el cargo.
Años después, ya como funcionario del gobierno bajacaliforniano, Blake encontró a Ortega Colmenares en un vuelo y éste le expuso un plan para disminuir el secuestro y le pidió que lo contratara; de paso, le vendió artículos de su compañía para armar a su equipo y a otras corporaciones.
Y Blake le dio trabajo, pero el gusto le duró poco. Cuando Zeta hizo pública la transacción entre ambos e informó sobre el historial del Comandante Simón en Sinaloa, Blake tuvo que recular.
Por eso el miércoles 14, cuando el presidente Felipe Calderón Hinojosa anunció que Blake sustituiría a Fernando Gómez Mont en la Secretaría de Gobernación, llamó la atención el crédito que le concedió al tijuanense por su “papel fundamental” en la disminución de la inseguridad en Baja California:
“Se trata –dijo Calderón– de un operador político leal, práctico y eficaz, cuyo perfil servirá también en la tarea de intensificar y dignificar la actividad política de mi gobierno en esta segunda mitad de la administración. Le instruyo a encarar con responsabilidad y compromiso la lucha en contra del crimen organizado y por la seguridad pública, la lucha en contra de este principal enemigo de nuestra sociedad y de nuestras instituciones, así como tomar parte activa en el diálogo que he propuesto con todas las fuerzas políticas del país y la sociedad en su conjunto a fin de fortalecer la estrategia nacional de seguridad como una política del Estado mexicano.”
La sorpresa fue mayúscula.
El modelo Baja California: una falacia
La diferencia entre Chihuahua, Michoacán, Morelos, Tamaulipas, Guerrero, Nuevo León y Baja California es que en este estado el cártel de Sinaloa y el de los hermanos Arellano Félix (CAF) se repartieron el territorio en paz.
En Tijuana, que antes era la ciudad donde había más ejecuciones, secuestros y tráfico de droga, el CAF se quedó con la plaza; hoy no tiene competidor. Mexicali, a su vez, quedó en manos de la organización criminal de Joaquín Guzmán Loera, El Chapo.
En los otros seis estados, donde los índices de violencia se dispararon, los cárteles del Golfo, de Sinaloa, Los Zetas, La Familia y las dos estructuras restantes de los Beltrán Leyva aún pelean el territorio. En Tijuana, los Arellano Félix han sido los beneficiarios de las detenciones de criminales al servicio de una célula disidente del CAF.
Este es el motivo principal de la aparente disminución de la inseguridad en Baja California, no la participación de Blake, como lo mencionó el presidente Calderón. Lo cierto es que la inseguridad no ha disminuido. De enero a junio de 2008, el primer semestre de Blake como secretario de gobierno en Baja California, hubo 285 ejecuciones; en 2009 fueron 479, y en 2010 se elevaron a 530, todas ellas producto de ajustes del narcotráfico y del crimen organizado.
En varias entrevistas recientes con Zeta, el general Alfonso Duarte Mújica, comandante de la II Zona Militar con sede en Tijuana, comentó que se ha detectado la presencia de sicarios y narcotraficantes al servicio del cártel de Sinaloa y de La Familia michoacana en la ciudad.
Y ahora, el general Sergio Chávez declaró a Javier Cruz Aguirre, editor de Zeta en Ensenada, que el narcotráfico está creciendo en Baja California, particularmente en el puerto. Esta situación, así como los sembradíos de mariguana y amapola, podrían provocar un enfrentamiento entre los cárteles, comentó el militar.
Lo que sucede en Baja California en materia de seguridad se puede sintetizar en dos puntos: el papel del Ejército y las delaciones que han permitido a las autoridades la captura de varios disidentes del CAF.
Por lo que atañe al primero, desde que José Guadalupe Osuna Millán asumió como gobernador, cedió al entonces general de la II Región Militar, Sergio Aponte Polito, la coordinación de la estrategia de combate al crimen organizado. Incluso lo hizo por escrito, en una carta que Blake entregó al militar.
Sin embargo, cuando Aponte Polito denunció que la corrupción en la Procuraduría General de Justicia de Baja California continuaba –incluso proporcionó nombres de agentes, subprocuradores y otros funcionarios–, ni el gobernador ni su secretario de Gobierno lo escucharon. El militar terminó por pedir su retiro.
Pese al desdén del gobierno, el trabajo del general dio frutos. La sociedad tuvo confianza en los soldados y comenzó a denunciar a los delincuentes. Eso permitió a las tropas asestar golpes al crimen organizado y al narcotráfico, liberar secuestrados, confiscar droga y detener a miembros de la mafia.
Los generales Rubén Venzor Arellano, en la II Región Militar, y Alfonso Duarte Mújica, en la II Zona Militar, se erigieron como coordinadores de la seguridad en Baja California, tarea que le correspondía a Blake.
Asimismo, las delaciones permitieron a la Marina y a la Policía Federal capturar a los hermanos Teodoro y José Manuel García Simental, y a Raydel López Uriarte, en La Paz, Baja California Sur, durante los primeros tres meses de este año.
Sacar de circulación a los cabecillas de la célula disidente del CAF tuvo dos efectos en Tijuana: el cártel se erigió como la única organización criminal y se atenuaron los enfrentamientos violentos derivados de las ejecuciones en territorio tijuanense. En síntesis, no se sostiene la afirmación del presidente Calderón en el sentido de que con Blake disminuyeron los índices de inseguridad y violencia en Tijuana.
El rescate de Blake
Como secretario de Gobierno de Baja California, Francisco Blake Mora tuvo un bajo perfil, sin protagonismos, conferencias de prensa ni posicionamientos institucionales.
Al él le correspondió maniobrar al interior del PAN para sacar las candidaturas de Carlos Torres a la presidencia municipal de Tijuana, de Raúl Leggs a la alcaldía de Rosarito, de Hugo Zepeda en Ensenada y de Alfonso Álvarez Juan en Tecate. Para lograrlo comprometió las nóminas municipal y estatal al ofrecer puestos, sueldos y apoyos a los grupos internos de Acción Nacional para que se inclinaran por los candidatos oficiales.
Pero el domingo 4 de julio no hubo duda: Blake cargó con la derrota. Zeta supo de reuniones de “reflexión” sobre la caída electoral, donde el aún secretario de Gobierno permaneció callado ante el gobernador, el dirigente estatal del PAN y los diputados federales panistas en Baja California.
Y aunque la derrota del PAN en el estado puede no ser significativa en cuanto a número de votos en una elección nacional, dice mucho si se considera que fue aquí donde, en 1989, el PAN ganó por primera vez una gubernatura al PRI.
A partir de entonces, Acción Nacional mantuvo su presencia en el gobierno, los municipios y el Poder Legislativo en Baja California. Pero la fallida operación política de Blake hizo que el PRI ganara en las cinco alcaldías y se quedara con 13 de las 16 diputaciones.
Ante una caída de esa magnitud, sobre todo en el estado más simbólico para el PAN, cualquier coordinador político hubiera renunciado, pero en este caso no fue así. Ni Andrés de la Rosa ha renunciado al partido ni Blake Mora dejó el gobierno estatal. Por el contrario, el presidente Felipe Calderón, de quien es amigo desde el año 2000, lo rescató. Hoy, Blake despacha en la Secretaría de Gobernación.
Si actúa como lo hizo en Baja California, Blake no dará a Calderón los resultados que éste necesita. A pesar de ser un apagafuegos y manejarse sin protagonismos, Blake no finiquita los asuntos que maneja.
Un ejemplo: en el conflicto magisterial optó por plegarse al Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación de Elba Esther Gordillo y emitir un fallo contra el Sindicato Estatal de Trabajadores de la Educación, cuyos líderes fueron a la cárcel. Hoy, el problema de fondo, la toma de nota del gobierno hacia un sindicato magisterial aún no se resuelve. De hecho, Blake estableció las condiciones jurídicas para que el gobierno no se decidiera por ninguno de los sindicatos y que éstos pelearan judicialmente el contrato bajacaliforniano.
A Blake se le conoce más por su amistad con el presidente Calderón que por su currículum, según el cual sólo ha tenido cuatro encomiendas: regidor del ayuntamiento de Tijuana, diputado local, diputado federal y secretario de Gobierno.
Ningún posgrado en el extranjero ni maestría en alguna institución nacional. Cuando Zeta supo que el nuevo titular de Gobernación ostentaba una licenciatura expedida por la Universidad Autónoma de Baja California, solicitó a la institución información acerca de la generación en la cual cursó sus estudios, la fecha de fin de cursos, la tesis que presentó y otros datos que sustentaran la formación académica. No hubo respuesta.
Para los analistas locales y nacionales, Blake llega a suplir a Fernando Gómez Mont porque es del círculo cercano del presidente Felipe Calderón. Ahí, dicen, es evidente que cuenta más la amistad que la capacidad.

Max Cortazar

El último del “grupo compacto”
Daniel Lizárraga
Proceso # 1759, 18 de julio de 2010;
El presidente Felipe Calderón anunció la renuncia de uno de sus mejores amigos en Los Pinos, Maximiliano Cortázar Lara, luego de que durante más de tres semanas se publicaron en diarios nacionales filtraciones en las que se denostó el papel de Patricia Flores como jefa de la Oficina de la Presidencia.
El anuncio se hizo la noche del viernes 16 sin que hubiera de por medio alguna conferencia de prensa o mensaje a los medios de comunicación, como ha ocurrido cuando cualquier otro amigo del mandatario entra o sale del gabinete.
Pese al hermetismo en torno al anuncio, trascendió que la renuncia está relacionada con la salida de Los Pinos de Patricia Flores, otra de las que fueron figuras cercanas del presidente Calderón.
Según versiones originadas en Los Pinos, el equipo cercano de Calderón se partió en dos frentes abiertamente confrontados. Por un lado el de Maximiliano Cortázar y por el otro el de Patricia Flores. El miércoles 14 el periodista Carlos Loret de Mola escribió en su columna Historias de reporteros, en El Universal, que dos grupos de influencia en el equipo de Calderón se habían separado en el último año:
“Por un lado”, dice la columna, “Los Rupturistas. La figura más relevante es la saliente Patricia Flores, jefa de la Oficina de la Presidencia. Le acompañan el encargado de las encuestas que es el coordinador de Opinión Pública, Rafael Giménez, y la coordinadora de Estrategia, Sofía Frech”. Tenían como objetivo, según Loret de Mola, “atizar conflictos” y alentar “la aspiración presidencial del secretario de Educación Pública, Alonso Lujambio (...) Por el otro, Los Conciliadores”, encabezados por Maximiliano Cortázar y Alejandra Sota (ahora sustituta de Cortázar) y a la que se le identifica “detrás de los discursos en su calidad de coordinadora de Estrategia y Mensaje Gubernamental”.
Max Cortázar trabajó con Calderón desde la precampaña dentro del PAN en búsqueda de la Presidencia de la República. Durante los más de tres años de gobierno tuvo toda su confianza no sólo en el manejo de las relaciones públicas con los dueños de los medios de comunicación, sino también en el reparto discrecional de la publicidad y en la aplicación de una selectiva estrategia de comunicación social.
Prácticamente desde que se inició el actual sexenio Cortázar hizo sentir el abierto desacuerdo del gobierno federal hacia la labor de Proceso, al grado de obstaculizar la labor del reportero designado para informar de las actividades del presidente Calderón.
En su edición 1628, del 13 de enero de 2007, Proceso denunció la “guerra” contra la revista:
“–¿De qué se va a tratar? Es un golpe tras otro. Duro, duro, cada semana. No puede ser –reclamó manoteando (Cortázar) y sin dejar de mover la cabeza.
“–Aclaren lo que no esté fundamentado. ¿Qué texto se ha escrito con información que no esté documentada? –le respondió el reportero de Proceso.
“El problema es que no hay semana sin golpe. Uno tras otro. Dale y dale. Además hay portadas que no van, como esa del general Galván (Guillermo Galván, secretario de la Defensa Nacional) en la que lo sacaron de cerca abarcando casi todo. ¿Qué es eso? –se obstinó Cortázar.”
Con el tiempo, la posición de Los Pinos se endureció más. En septiembre de 2007, en su edición 1613, Proceso denunció la política de Felipe Calderón de “utilizar recursos públicos –los destinados a la publicidad oficial– para reconocer los méritos de los medios de comunicación que le son afines y castigar o golpear a los que asumen posturas editoriales críticas, como es el caso de este semanario”.
Aun desde los tiempos de la campaña presidencial, el exvocero de la Presidencia ya se encargaba de supervisar y censurar el trabajo de los reporteros que seguían la campaña de Calderón (Proceso 1571).
Cortázar también fue instrumento de presión para mantener a salvo los intereses del grupo Radio Centro en su conflicto con el periodista José Gutiérrez Vivó, según éste lo denunció a Proceso en su edición 1651.
Maximiliano Cortázar conoció a Felipe Calderón por su cercanía con la familia de Margarita Zavala Gómez del Campo.
Cuando los Zavala vivían en la zona del Desierto de los Leones, en el poniente de la Ciudad de México, Cortázar era su vecino. De hecho, él fue testigo de cómo Calderón cortejó a Margarita Zavala.
La amistad trabada con los años entre Calderón y Cortázar se sostuvo firme a pesar de las críticas. El ahora exjefe de Comunicación en Los Pinos es músico –fue baterista de la banda Timbiriche– y no tiene título universitario.
Sin embargo, este lazo de amistad aparentemente se vino abajo durante los últimos meses ante la severa crisis dentro del equipo que rodea a Calderón, sobre todo ante la conformación de los dos grupos, el encabezado por Flores y el liderado por Cortázar.
Así, el grupo compacto del primer círculo que rodeó y ayudó a gobernar a Calderón desde Los Pinos durante casi cuatro años –Juan Camilo Mouriño, Ernesto Cordero, Salvador Vega Casillas, César Nava y Maximiliano Cortázar– ya está desintegrado.

Blake Mora

Blake, el “respetuoso”
Gloria Leticia Díaz
Revista Proceso # 1759, 18 de julio de 2010;
Pese a que el nuevo secretario de Gobernación, Francisco Blake Mora, dice ser respetuoso de los derechos humanos, durante su gestión en Baja California –donde fue secretario general de Gobierno– dos activistas se vieron obligadas a huir de Tijuana ante el riesgo de ser asesinadas.
Colaboradoras de la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos (CMDPDH) y de la Comisión Ciudadana de Derechos Humanos del Noroeste (CCDH), Silvia Vázquez Camacho y Blanca Mesina Nevárez vieron trastocadas sus vidas tras emprender la defensa de 42 torturados por militares destacados en Tijuana.
Ambas están amenazadas desde que, el 5 de noviembre de 2009, los casos de tortura a 36 policías municipales, dos agentes ministeriales y cuatro civiles fueron presentados en Washington ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). De esas víctimas, 25 policías y los civiles aún están presos en el Cefereso de Nayarit (Proceso 1701 y 1722).
Mesina es hija de Miguel Ángel Mesina, expolicía municipal que ha denunciado al secretario de Seguridad Pública de Tijuana, teniente coronel Julián Leyzaola Pérez, como uno de los torturadores.
Acoso y amenazas
De mensajes intimidatorios a través de familiares de detenidos, el hostigamiento pasó a llamadas amenazantes –una a los padres de Silvia Vázquez el 2 de febrero de este año y varias a Blanca Mesina el siguiente 28 de febrero–, el incendio de una camioneta de Silvia el 2 de febrero y la amenaza directa de un encapuchado contra Blanca el pasado 18 de mayo.
Raúl Ramírez Baena, presidente de la CCDH, dice a Proceso que Blake es responsable del destierro de Mesina y Vázquez: “El tema de derechos humanos es obligado de cualquier titular de Gobernación, federal o estatal (...) en el caso de Silvia y Blanca, no hubo interlocución ni resolución del conflicto que se le planteaba”, apunta.
El 4 de marzo de 2010 la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) solicitó al gobierno de José Guadalupe Osuna Millán medidas de protección para las activistas, responsabilidad que recayó en la Secretaría General de Gobierno, es decir, en Blake Mora.
Tres meses más tarde, el 4 de junio, ante “las demoras en la implementación de un esquema de seguridad”, la CIDH otorgó medidas cautelares a favor de las activistas.
De acuerdo con la notificación, la CIDH solicitó al Estado mexicano “que adopte las medidas necesarias para garantizar la vida y la integridad personal de Blanca Mesina Nevárez y Silvia Vázquez Camacho y sus familias; que concierte las medidas a adoptarse con las beneficiarias y sus representantes, y que informe a la CIDH sobre las medidas adoptadas a fin de investigar los hechos que dieron lugar a la adopción de medidas cautelares”.
Antes, el 18 de mayo, en el centro de Tijuana Blanca Mesina fue perseguida y amenazada por un encapuchado.
Desde su refugio –las dos mujeres están fuera de la entidad– Blanca narra a Proceso que mientras circulaba en calles de esa ciudad su auto fue embestido dos veces por una pick up sin placas y con los vidrios polarizados.
Al sentir el segundo golpe: “Aceleré, vi un Oxxo y me metí al estacionamiento (...) me alcanzó la pick up y me estaba bajando de mi carro cuando se me acercó un (...) encapuchado. El hombre me dijo: ‘¿Qué pasó Blanquita? ¿No entendiste que ya no debes estar denunciando? Si no te mato ahorita es por las elecciones (del 4 de julio), no queremos hacer pedos y sabemos que lo tuyo es internacional. Deja de estar chingando’. Me dio un beso en la mejilla y se fue”.
Silvia Vázquez apunta: “La situación era insostenible porque mientras el acoso contra nosotras era cada vez más cercano, no veíamos una coordinación en las tareas de resguardo por parte de las autoridades. En las reuniones en la Unidad de Protección y Defensa de los Derechos Humanos, de la Segob, lo que advertimos es que los representantes de Baja California y del gobierno federal se pasaban la bolita para evadir la responsabilidad de garantizar nuestra seguridad”.
El pasado 3 de junio, cuenta Vázquez, los peticionarios de las medidas cautelares se levantaron de la mesa de negociaciones en la Segob por la falta de definición de la dependencia. Hasta el jueves 15, las dos mujeres no habían sido convocadas para aplicar esas medidas.
Además no hay avance en las indagatorias por el acoso y amenazas a las activistas en la PGR ni en la Procuraduría General de Justicia de Baja California, pese a que, sostienen las dos, los agentes investigadores de ambas dependencias saben que detrás de los actos de intimidación está el teniente coronel Leyzaola Pérez.
“Esperamos que toda vez que el nuevo secretario (Blake) conoce nuestra situación, actúe consecuentemente con sus manifestaciones rendidas el día de ayer (miércoles 14 de junio) al mencionar que cree en la defensa de los derechos humanos, y realice acciones concretas para que podamos regresar a Tijuana”, puntualiza Vázquez.
Ramírez Baena advierte que el destierro de las activistas es consecuencia de la “ausencia de una política de derechos humanos en Baja California, de lo que era responsable Blake hasta el martes 13 de julio”.
El caso de los pescadores
Como ejemplo de “la línea de Blake”, Ramírez Baena trae a colación el caso de los pescadores indígenas Emilio Hurtado y José Antonio Guerra, detenidos por militares el 19 de mayo acusados de atrapar una totoaba, pez en peligro de extinción.
“Después de semanas de mantener un plantón, Blake Mora se dignó atender a las organizaciones indígenas y a nosotros como defensores; ofreció abogados, pero como lo que se le pedía era que usara sus buenos oficios para interceder a favor de los detenidos ante el gobierno federal, rompió el diálogo. Esa es la línea de Blake.”
Otras activistas, como Alma Díaz, coordinadora de la Asociación Esperanza contra las Desapariciones Forzadas y la Impunidad, y la defensora de derechos de la mujer María del Carmen Rioseco, apuntalan la información sobre Blake Mora.
Díaz afirma que Blake al frente de la Secretaría General de Gobierno, “nunca movió un dedo para crear la fiscalía especial para atender” los casos de mil 700 desaparecidos en la entidad en los últimos 15 años.
Representante de la asociación Alaíde Foppa, María del Carmen Rioseco, consultora también del Instituto Nacional de las Mujeres, sostiene que el actual secretario de Gobernación no fue “un buen vínculo” entre el gobierno estatal y los grupos de mujeres enfocados a los casos de violencia intrafamiliar.
“Desde 2008 pedimos su intervención para instalar el consejo consultivo del Instituto de la Mujer de Baja California, pues la entonces titular, Mayté Aguilar de Ferreiro, no quiso hacerlo.
“Blake Mora jamás nos atendió ni dio respuesta a nuestras peticiones; ni siquiera le hizo caso a la presidenta del Inmujeres, Rocío García Gaytán.”
Tras recordar que durante la gestión de Blake se reformó la Constitución local para decretar el derecho a la vida desde la concepción y que se le acusó de “bloquear iniciativas a favor de los derechos humanos”, Ramírez Baena afirma que Blake “pertenece a sectores conservadores que tiene como línea proteger al grupo gobernante y al partido en el poder. Durante su gestión en Baja California, nunca hubo una política de derechos humanos.” l

Babelia

CRÓNICA: SILLON DE OREJAS
La tentacular dificultad de escoger
MANUEL RODRÍGUEZ RIVERO
Babelia, 17/07/2010;
En las últimas semanas mundiales he constatado, comprobado o aprendido la mar de cosas de diversa (pero indudable) importancia. Uno: cualquier régimen político en cuyo ordenamiento jurídico quepa la posibilidad de condenar a muerte (por lapidación o no: el modo es solo una cuestión de infamia añadida a la infamia) a una mujer "adúltera" es simplemente execrable, por mucho que dicha ley afirme basarse en la interpretación correcta de la sharia o de la pretendida voluntad de un Dios "clemente y misericordioso". Si el siniestro Ahmadineyad no es uno de los máximos representantes e intérpretes del moderno islamofascismo, que venga ese mismo Dios y lo vea. Dos: lo que los catalanes llaman Madrit (es decir, ciertas instituciones del Estado, ciertos partidos de ámbito estatal y los medios afines al tea party de cuanto peor mejor y España se hunde) sigue siendo la más incansable partera de independentistas y senyeras esteladas, a mucha distancia suasoria de ERC y otros partidos soberanistas. Tres: (parafraseando a Talleyrand) quien no ha conocido los días de antes de la vuvuzela ignora lo que era la dulzura de vivir. Cuatro: el pulpo Paul ha entrado en nuestras vidas para quedarse. Permítanme que me detenga en este último extremo, quizás como homenaje al kraken gigante de 20.000 leguas de viaje submarino. En una época en que es patente la infantilización de la política y de los medios, Paul ofrece con su bendita estolidez tentacular innumerables ventajas. Las prestaciones mánticas de dicho cefalópodo podrían ser utilizadas por la Administración del Estado para lograr una más eficiente (y firme) toma de decisiones en los distintos departamentos. De hecho, y extraoficialmente, es posible que el nombramiento de la nueva directora de la Biblioteca Nacional (quien, por cierto, ofrece un estupendo perfil de gestora) hubiera sido realizado tras consulta (de pago) al acuario que lo alberga, al que podrían haber sido enviadas fotografías de los distintos candidatos junto con un percebe gallego por cada una. No me extrañaría nada ver en el BOE la convocatoria de un concurso para obtener la reproducción masiva de Paul (mis topos me cuentan que podrían haberse iniciado los contactos secretos con Ian Wilmut, director del equipo que clonó a la oveja Dolly) y distribuir la prole octópoda resultante por ministerios y consejerías, a los que se enviarán los correspondientes acuarios normalizados (como los pulpos no hablan, no sería necesaria la traducción simultánea en las autonomías bilingües). Si, además, pudieran obtenerse en el mercado negro, imagínense qué chollo. Por ejemplo, para mí, que nunca sé a qué carta libresca quedarme.
 
Ninguno de los dos escritores mexicanos cuya obra me llevaría entera a una isla desierta (Rulfo y Arreola) se caracterizaron por su exuberancia creadora. Pero conste que en mi elección nada tendría que ver el escaso peso físico de sus libros, sino su cualidad de imprescindibles. De Juan José Arreola (Zapotlán el Grande, 1918-Guadalajara, 2001) reedita ahora RBA su Confabulario, que en la edición que publicó Cátedra en 1986 se llamó "definitivo". Se trata de relatos magistrales, medidos, modernísimos, que exudan una sabiduría narrativa aprendida en los grandes poetas (Baudelaire, Whitman) y en escritores a los que amó: Papini, Schwob, Kafka. Ejerció todos los oficios (incluyendo los de corrector de pruebas y redactor de solapas), lo que le robó tiempo para escribir. En el prólogo a Confabulario (que es, por sí mismo, una obra maestra del género) confiesa melancólicamente: "No he tenido tiempo de ejercer la literatura. Pero he dedicado todas las horas posibles a amarla. Amo el lenguaje por sobre todas las cosas y venero a los que mediante la palabra han manifestado el espíritu, desde Isaías a Kafka". En estos cuentos se palpa ese amor y esa veneración. Y mucho oficio. Si no los ha leído todavía no sé a qué está esperando. Corra.
Arreola
Ojeo un ¡Hola! en la peluquería y constato la deuda que las revistas (finas) del corazón tienen contraída con la novela romántica, ese género que tanto vende y que se ve permanente e inexplicablemente condenado al ostracismo en las poco fiables listas de éxitos elaboradas a partir de "librerías consultadas". De acuerdo con los datos proporcionados por el Barómetro de hábitos de lectura de 2009, la llamada "novela romántica" es la que más gusta a un 15,7% de los lectores, por delante (aunque nadie lo diría) de la policiaca. En todo caso, el reportaje del célebre semanario se refiere a la boda de Victoria de Suecia y Daniel Westling, un evento regio que viene a confirmar la tendencia de las monarquías a matrimoniar sangre azul y (plebeyez) roja, quizás como penúltimo intento de asegurar la permanencia de tan añeja institución en este tiempo histriónico y sine nobilitate (si la deriva morganática resultase poco eficaz, me temo que a los reyes del mundo no les quedaría más remedio que salir a luchar por la audiencia en programas-basura tipo Sálvame o Supervivientes). Bajo la rúbrica "escenas en el balcón de palacio" encuentro destacadas dos perlas anacrónicas que comentan sendas fotografías a todo color: a) "un galante don Felipe coloca caballerosamente un chal a doña Letizia" y b) "la princesa giró la cabeza para agradecer al Príncipe el gentil gesto que acaba de tener con ella". ¿No les parece estupendo?: gentil, caballeroso, galante, don, doña, agradecer, cabeza (en este contexto, sin relación con la máquina popularizada por monsieur Guillotin). Ya sé que en la prensa (fina) del corazón el lenguaje que se lleva es ese, y no algo del tipo monólogo de Molly Bloom. Pero, qué quieren que les diga, no deja de extrañarme que ese romanticismo de dónde vas Alfonso etcétera siga funcionando en una revista que ya comentaban mi abuela y mi madre en aquellas largas tardes de verano en que yo las escuchaba atento y aplicado desde mi siesta fingida. El universo que refleja ese lenguaje es como de caja de música dentro de una burbuja, nada que ver con las sordideces del mundo, ni siquiera con su tragicomedia cotidiana o con los talk shows de gran audiencia en los que una invitada deshecha en lágrimas denuncia urbi et orbi que su madre se lo monta con su prometido (al final todo les queda perdonado). Como en las novelas aburridas, en esos reportajes regios no hay ni un resquicio para la ironía o para el sentido del humor: quizás porque no tratan de lo que podríamos llamar seres humanos como usted y como yo (es un decir), sino de figuras de un fantástico tableau vivant. Uno echa de menos la mención de cualquier estridencia o tropiezo, incluso de la (improbable) irrupción (ahí mismo, en el balcón de palacio) de una de esas flatulencias (no importaría el sujeto emisor, con tal de que fuera regio) a las que se refiere el divino Jonathan Swift en el divertido opúsculo El beneficio de las ventosidades (Sexto Piso), cuya lectura veraniega les recomiendo vivamente. Y con la ventaja suplementaria de que, en este caso, no es necesario apretarse la nariz.
Flatulencias

Cuentas pendientes

ENTREVISTA a Martín Kohan, literatura bajo control
LEILA GUERRIERO
Babelia; 17/07/2010
"Siempre voy a estar mejor en un bar que en mi casa", dice Martín Kohan, el escritor argentino ganador del Premio Herralde 2007 con Ciencias morales y autor de la novela Cuentas pendientes (Anagrama), desde el Literarisches Colloquium de Berlín, una residencia para escritores y traductores donde permaneció un mes, contradiciendo su costumbre de regresar a su ciudad lo antes posible.
-Cada vez que me invitan a alguna parte digo: "Bueno, voy, pero tendría que volver enseguida". No es que extrañe mi casa. No me gusta estar en un mismo lugar demasiado tiempo y la casa de uno es ante todo eso: un mismo lugar. Pero escribo en bares y cuando paso mucho tiempo fuera extraño la sociabilidad de bar de Buenos Aires.

-Conocí a una persona así, como Giménez. Era difícil decidir si no estaba entendiendo las cosas, o si las estaba entendiendo demasiado bien. Hay algo en la obsesión que me interesa. En términos literarios lleva a un tipo de recursividad en el lenguaje, una clase de minuciosidad verbal que me seduce. Esa concentración excesiva en el detalle, esa pasión por la insistencia con lo mismo, conlleva necesariamente una cierta desconexión con el entorno. Detenerse en cada palabra, elegir cada palabra, sopesar cada palabra. Me gusta escribir así. Probar esa intensidad de la escritura.

Pero si Giménez aparenta ser un hombre abatido por el infortunio -adeuda cuatro meses de alquiler; lo aqueja una impotencia humillante que se transforma en erección ante el cuerpo de su suegra cenagosa; padece una diarrea invencible- poco antes del final todo cambia: tocan timbre, es el Dueño que pretende cobrar lo que le deben y aquel hombre que era el sinónimo de la derrota se devela en facetas complejas, inquietantes, gracias a un diálogo que sólo en apariencia es inocente y que resulta, en verdad, un acontecimiento tortuoso y policial. "Giménez me mira. Me mira incisivamente: dirime, sopesa. Me parece que en este momento está empezando a poner en duda todo: que yo sea profesor, que tenga afición por la lectura", dice la voz del narrador -que es el Dueño que es, a su vez, escritor- en ese final que cambia por completo todo lo que se ha leído hasta entonces.

-Pensé en una novela que diese un giro tal que cambiara repentinamente no todo lo que iba a pasar desde ese momento, sino todo lo que había ido pasando hasta entonces.

Una novela que cambia ya no el futuro sino el pasado, que ejerce el control más extremo, el imposible: el de cambiar lo que no existe: lo que ya pasó.

-Yo no pretendo que lo que vivo y lo que escribo se junten en alguna parte. Como tampoco pretendo que se junten lo que escribo y lo que soy, aunque fatalmente hay traspasos y evidencias. Para mí la literatura es contraste, es la compensación, a mí la literatura me gusta porque es el lugar de lo otro, de los otros, donde puedo descansar de mí y de las cosas que vivo.

Martín Kohan no trasnocha, no es un hedonista, detesta todas las derivaciones de la palabra diversión, no se droga -ni se ha drogado-, no se emborracha -ni se ha emborrachado-, y lleva una agenda invertida, en la que no anota lo que debe hacer sino lo que ya hizo, con la ilusión de que ese registro minucioso le permita tener su rutina bajo control.
-Sé bien que no es así, o no tanto como quisiera, pero de hecho me calma. No me gusta nada que me saque de mi eje. Por eso no tomo alcohol, no me drogo. En la literatura también siento que estoy controlando. Que las novelas salen controladitas.
-¿Tenés Internet en tu casa?
http://www.elpais.com/elpaismedia/babelia/media/201007/17/portada/20100717elpbabpor_1_Pes_PDF.pdf
-No. Voy a un ciber cuando preciso ver algo. Con Internet es fácil dejarse llevar, y a mí no me gusta dejarme llevar. -
El protagonista de Cuentas pendientes es Giménez, un hombre de 80 años que alquila un departamento en un edificio donde también viven su ex mujer y su ex suegra, una anciana postrada e incontinente. La vida del hombre transcurre entre ese paisaje sórdido y un bar, al que acude para revisar el periódico en el que busca ofertas de autos que puedan resultar negocio para Vilanova, el militar de cuyas manos recibió, siendo beba, a su hija adoptada, hija sin duda de desaparecidos. La historia comienza con Giménez abriendo la heladera, buscando un huevo, encontrando dos. "A Giménez le viene entonces una clara idea a la mente, y es que existe un método de prueba poco menos que infalible que sirve para determinar, sin necesidad de romper la cáscara, cuándo un huevo está cocido y cuándo no. Consiste en lo siguiente: se hace girar el huevo con una especie de pellizco ampliado, como se lo haría con un trompo o, en escala menor, con una perinola. Según el huevo gire o no gire, o mejor dicho según gire, porque girar gira siempre, con mayor libertad o con mayor empastamiento, se puede deducir su estado en el interior: si crudo o cocido. Giménez hace la prueba, resuelve, repite la operación, confirma. Guarda en la heladera el huevo que según su juicio no ha conocido nunca hervor y se queda con el otro, al que da por duro".
***
Lentamente, con ritmo de orfebre, escribió una obra prolífica que empezó en 1993 con La pérdida de Laura, siguió con cuentos, ensayos y novelas, y tuvo su punto de inflexión en Dos veces junio (Sudamericana, 2002), que lo colocó en un sitio de prestigio entre los autores de su generación. La novela, protagonizada por un conscripto, transcurre durante la dictadura militar argentina, pleno Mundial 78, y arranca con una pregunta: ¿a partir de qué edad se puede empezar a torturar a un niño? La pregunta desata la búsqueda del médico que es quien puede dar una respuesta y la historia está narrada con un lenguaje austero que transforma en horror todo lo que toca: "El doctor Padilla detectó un intenso silbido respiratorio y calculó la existencia de agua acumulada en los pulmones. Por tales motivos recomendó la suspensión temporaria de las técnicas interrogativas de inmersión, siempre y cuando existiera la necesidad de preservar la vida de la detenida". El recurso del idioma falsamente impávido se extrema en las dos novelas siguientes: Ciencias morales (donde María Teresa, preceptora del Colegio Nacional Buenos Aires, un emblemático colegio del Estado, se esconde en el baño de varones con el pretexto de descubrir a quienes se ocultan para fumar, mientras la dictadura se cuela en la trama como un flujo siniestro) y Cuentas pendientes, donde Kohan vuelve sobre otro recurso presente en sus libros anteriores: el fino arte del merodeo, el estremecimiento creado al sesgo y por elevación.
-Hay un problema con la computadora, y es que los dedos van demasiado rápido en el teclado. Cuando yo escribo a mano el tiempo del dibujo de la letra se acompasa con la cadencia que busco en la frase, y con el tiempo de aparición de las frases en la cabeza. El teclado es una desgracia, porque la mano escribió demasiado rápido cuando todavía la palabra siguiente no apareció. Qué importa que en la computadora sea más rápido si la literatura es lenta.
No está del todo claro si eso tiene que ver con la infancia, pero Martín Kohan, que estudió Letras, que se pagó la carrera trabajando como comentarista deportivo -es fanático de Boca-, que se casó y que no fue a su fiesta de bodas -odia las fiestas-, escribe a mano, con lapiceras Parker y cuadernos de marca Rivadavia, escolares, de 50 o de 94 horas, sin anillar.
-Cuando fui a recibir el Premio Herralde mi mamá me decía: "Ponete una camisita". Y yo no uso camisas. Así que me puse mi camiseta de gala, que es una de esas que tienen cuello.
De modo que, para que esa edad dichosa no se terminara, clausuró todo rito de pasaje y empezó a cultivar costumbres que aún conserva: no fumar, no beber alcohol, no tomar café (sólo en los bares) y vestirse con diversas versiones de la ropa que usaba por entonces: camisetas, zapatillas, jeans.
-Yo tenía mucho desagrado respecto a la adolescencia. Así que estiré hasta la estupidez la infancia. Tenía la idea de que era muy triste que la infancia se terminara. Viví eso con la absoluta certeza, que todavía conservo, de que la edad más dichosa era esa, y que se estaba terminando.
Atravesó una infancia feliz, de fútbol y de bicicletas, aunque con zonas de timidez que todavía persisten y que lo llevan a retraerse, a permanecer mudo en cualquier reunión que involucre a más de cuatro.
-Un día me cansé. Cuenta la leyenda familiar que me senté frente a mi papá y mi mamá y les dije: "Trabajar y estudiar para un chico es mucho. Dejo las publicidades".
Nacido en 1967 fue, hasta los seis años, un niño de la tele: alguien que protagonizó publicidades: de un flan, de jugos, de pantalones.
Cuentas pendientes es el último libro del autor argentino, que busca en cada palabra la intensidad de la escritura. "No pretendo que lo que vivo y lo que escribo se junten en alguna parte, aunque fatalmente hay traspasos y evidencias", afirma

Loew Ben Bezalel

Tras los pasos del cabalista de Praga/Marek Halter, pintor y novelista francés de origen polaco.
Traducción de José Luis Sánchez-Silva
Publicado en EL PAÍS, 14/07/10;
En Praga, delante del viejo ayuntamiento judío, se erige la imponente estatua del gran rabino Judá Loew Ben Bezalel (1512-1609), conocido como MaHaRaL, el Cabalista.
La estatua tiene más de un siglo. Nadie se atrevió a destruirla, ni los nazis, ni los soviéticos, ni siquiera los grafiteros de nuestros días. Ahí está, inmutable, protegida por su propia leyenda. Durante el proceso Slánský, interpuesto en 1952 por el poder estalinista contra los espías y los cosmopolitas -es decir, los antiguos dirigentes comunistas de origen judío-, el Gobierno dispuso una guardia ante el monumento para protegerlo de posibles agresiones antisemitas. ¿Por qué esta excepción? Por miedo a una maldición. Aquí nació, producto de las palabras y del barro, el primer humanoide de la historia: el Golem. Mucho después de su muerte, su creador sigue inspirando temor.
Los praguenses cuentan que, en 1941, Heydrich, recién nombrado gobernador adjunto del Reich en Bohemia-Moravia, le propuso a su amigo Himmler utilizar la fuerza del Golem para ganar la guerra. Apasionado por el esoterismo, Hitler lo aprobó. Solo quedaba descodificar las fórmulas cabalísticas que habían hecho posible la aparición del prodigio, una noche del año 1600, ante una muchedumbre congregada al pie de la sinagoga Vieja-Nueva de Praga.
Por aquel entonces, Europa estaba en llamas: católicos y protestantes se hacían la guerra. Todo los separaba, excepto su odio hacia los judíos. Las persecuciones antisemitas se multiplicaban. Los judíos se dirigieron a su rabino en busca de protección. Este dudó y luego hizo que le trajeran miles de cubos con arcilla procedente de la orilla del río Moldava, que atraviesa la ciudad. El rabino modeló con ella una enorme forma de contornos casi humanos y le insufló la vida. Y así nació el Golem, pura fuerza sin boca, pues el Verbo solamente les corresponde a los hombres. Esta especie de bomba atómica intimidó a los antisemitas, pero podía volverse contra sus creadores de la noche a la mañana.
El monstruo de arcilla garantizó la seguridad de la ciudad judía y restableció la paz y el bienestar. Después, el Golem dejó de tener utilidad y se vio relegado a trabajos de construcción y tareas vulgares. Los niños se burlaban de él. La gente lo insultaba. Un día el Golem se rebeló y destruyó todo lo que encontró a su paso. Alertado, su creador, el gran rabino Loew, tuvo que quitarle la vida a su obra: el Golem volvió a ser barro. Los habitantes de la ciudad, presa de remordimientos, transportaron ese barro hasta el sótano de la sinagoga Vieja-Nueva, la más antigua de Europa.
Para devolverle la vida a ese montón de arcilla, el nazi Heydrich organizó una unidad denominada “comando Golem”. Su objetivo: encontrar a los últimos oficiantes de la sinagoga y, si era necesario, torturarlos para obtener las fórmulas necesarias para su resurrección.
Según los praguenses, el comando obtuvo la información que buscaba. Pero, como explica rabí Haim, guardián de la sinagoga, “al no poder descubrir la melodía que acompañaba las palabras pronunciadas por el MaHaRaL”, no consiguió realizar el sueño de Hitler. Arno Parik, conservador del Museo Judío de Praga, cita a David Gans, testigo del prodigio: “Nadie, salvo el MaHaRaL, fue lo bastante puro como para conocer este secreto de la Cábala”.
MaHaRaL, el gran rabino Loew, nació en 1512 en Worms, a orillas del Rin. Llegó a Praga a una edad avanzada y a petición de la comunidad judía y del emperador romano germánico Rodolfo II. Allí permaneció como gran rabino hasta su muerte a los 97 años, en 1609. Cabalista reputado, Loew era también un apasionado de la Filosofía y la Astronomía. En Praga entabló amistad con Tycho Brahe y Johannes Kepler, los dos famosos astrónomos que, al mismo tiempo que Galileo y siguiendo a Copérnico, probaron que no solo la Tierra giraba alrededor del Sol, sino que una multitud de sistemas solares y planetas poblaban el cielo infinito. Para los cabalistas no fue una revelación. El Zohar, o Libro del esplendor, obra emblemática de la Cábala, redactado, según se cree, en la España del siglo XIII por Moisés de León, ya hablaba de ello. Para los gentiles, en cambio, este descubrimiento fue fulminante. Desde la noche de los tiempos, los hombres estaban convencidos de que la Tierra era el centro del Universo. Entre Dios y los hombres, había una simple relación vertical: el hombre estaba abajo; el Señor, en los cielos. Pero si el espacio que había por encima de nuestras cabezas, ese espacio reservado a Dios, contaba realmente con una infinidad de astros y planetas, ¿dónde se encontraba Su morada? MaHaRaL responde: en el lenguaje. ¿No nos ha sido dicho que en el principio era el Verbo?
Todo el mundo se acercó entonces a la Cábala. Su extraña anticipación de este descubrimiento esencial le valió un interés repentino y desenfrenado que desbordó los ambientes judíos.
Para mí, nativo de Varsovia, hollar las calles en las que el Golem cobró vida era una aventura extraordinaria. Uniendo mis pasos a los pasos del MaHaRaL cumplía un sueño de infancia, raro privilegio. Pronto descubrí asombrado que el antiguo barrio de Praga permanecía intacto, que sus sinagogas, su ayuntamiento y sus cementerios seguían ahí. Eso me dejó perplejo: mi ciudad, la ciudad judía de Varsovia, desapareció completamente.
¿Por qué los nazis respetaron Praga? ¿Por miedo a MaHaRaL y al Golem? El mismo Goethe visitó la sinagoga Vieja-Nueva de Praga antes de escribir El aprendiz de brujo. El Golem de Gustav Meyrink (1915) fue uno de los primeros best seller de la literatura mundial. Por otra parte, la fascinación que los judíos ejercían sobre Heydrich era tal que hizo que la Comisión de Evaluación Racial le extendiera un certificado que probaba su pureza de sangre: “Ni sangre de color ni sangre judía”. Siempre llevaba ese documento junto al corazón; también aquel 4 de junio de 1942 en que la resistencia checa consiguió abatirlo. Sin embargo, antes había tenido tiempo para presentarle su proyecto a Hitler: convertir el barrio praguense de Josefov en el “museo exótico de una raza extinta”.
Ya que era peligroso tocar la Praga judía a causa del MaHaRaL, demiurgo del Golem, ¿por qué no convertirla en una especie de Jurassic Park en el que las generaciones futuras pudieran contemplar las huellas de un pueblo maléfico borrado para siempre de la faz de la Tierra? En el número 1 de la calle Staré Školy, en un hermoso edificio modernista de la antigua judería de Praga, se encuentra el Museo Judío. Su historiador, Arno Parik, me explica que “bajo control de los nazis, 40 empleados trabajaban 12 horas al día para refundar un museo en lugar del nuestro -cerrado en 1939- que abriría sus puertas el 3 de agosto de 1942. Para ello, catalogaron más de 200.000 objetos”.
En aquella época, cerca de 120.000 judíos vivían en Praga. Hoy, apenas son 1.700. Su barrio sigue como entonces, con sus “rincones oscuros, pasajes secretos, ventanas condenadas, patios sucios, cervecerías ruidosas y albergues siniestros”, como lo describe Kafka. ¿Salvado por el miedo que ejercía y sigue ejerciendo el cabalista de Praga? Al amparo de la Sinagoga Klausen, la escuela del MaHaRaL, descubro el viejo cementerio judío. Miles de tumbas. Más de 12.000. El tiempo ha producido múltiples fisuras en la imponente piedra bajo la que reposan el gran rabino Loew y su esposa Perl.
No me hubiera gustado abandonar Praga sin volver a ver al MaHaRaL. Pero, siguiendo la vieja máxima yiddish, “no preguntes nunca tu camino a alguien que lo conozca, pues podrías extraviarte”, me pierdo. Le he dado la espalda por error a la estatua del gran rabino Loew y vuelvo a encontrarme ante la casa de Kafka, en el 2 B de la calle Cihelná. Aquí, nada parece haber cambiado. A excepción de un café en la planta baja -el Café Franz Fafka, claro está- y de una tienda en la que venden bolígrafos con la efigie del escritor y figurillas de terracota representando al Golem.
Una pareja de ancianos duda entre el bolígrafo y la estatuilla. Finalmente, compran 20 Golem de una vez; “son para regalar”, explica el señor del pelo blanco en un inglés con fuertes resonancias germánicas. Luego, volviéndose hacia mí con el pequeño Golem en la mano, añade: “Será mi amuleto”. Yo me digo que tal vez no sea mala idea y también compro algunos.

La vida es sueño

La vida es sueño/ Fernando García de Cortázar
Publicado en ABC, 14/12/08;
La anécdota me la contó un amigo periodista hace unos días. Ocurrió en El Escorial, durante un curso de verano organizado bajo el muy sugerente epígrafe «Diez autores en busca de su personaje histórico». Ante un público compuesto en su mayoría por universitarios, el hispanista Henry Kamen trazaba un retrato objetivo, con luces y sombras, de Felipe II, el gran rey burócrata, el de los ojos que todo lo ven y todo lo ocultan, según el secretario felón Antonio Pérez, sin duda uno de los monarcas más enigmáticos, más replegados sobre sí que conoce la historia.
Por breve tiempo, gracias a la palabra del historiador británico, la católica figura del Habsburgo recobró su augusta presencia entre las columnatas, portales, salas, pasillos y helados rincones de El Escorial. Pálido en su fiebre de poderes y mudas preocupaciones. Pálido entre escribanos, embajadores, gentes de armas, doncellas extraviadas, centinelas somnolientos. Por muy, muy breve tiempo. Porque terminada la conferencia, los universitarios empezaron a descalificar a Felipe II. Sorprendido, el historiador pidió a los estudiantes que se explicaran, y éstos, sin ningún sonrojo, con ninguna documentación sobre la que fundar sus opiniones, insistieron en tildar al Habsburgo de tirano mezquino, rencoroso, fanático e hipócrita. Al final, fatigado, Kamen dijo: «Es inaudito. Los únicos en todo el mundo que se creen ya la Leyenda Negra a pies juntillas son ustedes, los universitarios españoles. Me abochorna.»
Siempre me ha intrigado esa prisa en aceptar versiones de una vulgar superficialidad respecto a la historia. Siempre me ha avergonzado esa manía de tratar nuestro pasado como algo que puede modificarse, o al menos como algo que podemos darnos la satisfacción de reprochar a alguien, al adversario político en concreto. Y abochorna más aún el olvido y el silencio ingrato con que menospreciamos partes enteras de nuestra cultura. Mientras mi amigo periodista terminaba de contarme la anécdota de El Escorial, yo pensaba en algo que me había ocurrido unos meses atrás. Pensaba en un catedrático de instituto que, después de una conferencia durante la que había mencionado de pasada a Baltasar Gracián, se acercó para decirme que el autor de El Criticón, el último gran moralizador de la corriente estoica, ya no existe en los colegios españoles, ha desaparecido. Ya no se enseña a Gracián, me dijo con cierta melancolía y cautela diplomática.
Después de Sófocles, de Shakespeare, debemos colocar a Calderón, dijo Goethe, quien después de poner en escena varias obras del autor español en Weimar confesó a Eckermann que si toda la poesía del mundo desapareciera se podría restaurar con una sola de esas piezas, El príncipe constante. Qué raro, si nos paramos a pensarlo, que hoy aparezca un director español dispuesto a descubrir los tesoros del arte y del pensamiento calderoniano. Qué fabuloso regalo navideño. Porque quien asista estos días de diciembre al Teatro Albéniz volverá a descubrir que la literatura es parte de una de las conjuras más eficaces a favor de la felicidad, y que en esa conjura se encuentra La vida es sueño, del pesimista Calderón de la Barca, ahora, con un Segismundo -Fernando Cayo-, prodigioso.
Leí por primera vez La vida es sueño cuando aún no era más que un adolescente, y de aquella aventura me quedó un relámpago de fascinación: el mismo, pero ahora hecho realidad sobre un escenario, que me ha dejado la adaptación de Juan Carlos Pérez de la Fuente y Pedro Manuel Víllora. El hombre, el mundo y sus incertidumbres… todo cabe en Calderón de la Barca, testigo y cronista de los entresijos de lo que entonces se llamaba libre albedrío y hoy denominamos libertad, genial culminación del drama barroco por excelencia:« ¿Qué es la vida? Un frenesí / ¿Qué es la vida? Una ilusión, / una sombra, una ficción…»
Nuestro tiempo, que reduce la vida y la cultura a la política y la política a la propaganda, se contenta muchas veces, muy de acuerdo con el nivel moral que lo distingue, con juicios de este tipo. Tratemos de saber si Marco Aurelio, Dante, Erasmo, Montaigne, Cervantes o Goethe, eran de izquierda o derecha. La estupidez de tan elemental clasificación salta a la vista. ¿Por qué? Porque somos mucho más que abstracciones o símbolos, porque somos algo mucho más complejo, caótico, caprichoso y cambiante que lo que quieren hacernos pensar los herederos de Robespierre y los ciegos e ingenuos devotos del turismo revolucionario.
Siempre hay quien quiere que las cosas sean blancas o negras, sin incertidumbres, sin matices. Siempre hay aficionados a sustituir los puntos de vista de una época pasada -los únicos válidos para captar y comprender al autor y su obra- por los actuales parámetros morales. Hoy no es nada extraño escuchar entre algunos intelectuales y no pocas gentes del teatro que Calderón es un implacable clérigo y paladín de la Contrarreforma, un destacado artesano teatral que puso su genio verbal y escénico al servicio de los Austrias, ¡un dramaturgo de derechas!, eso y sólo eso.
Torre suspendida entre el cielo y la tierra, el nombre y la obra de Calderón de la Barca, uno de nuestros dramaturgos más universales, tampoco ha escapado ni escapa todavía al desprecio más ignorante. La admiración que le dedicaron sus contemporáneos españoles del siglo XVII y los románticos alemanes del XIX ni se prolongó ni halló demasiado eco dentro de España. Si a Gracián se le reprocha oscuridad, a Calderón, a partir del siglo XVIII, se le echa en cara su catolicismo monolítico y antipático.
Porque también hay acontecimientos y empresas arriesgadas capaces de entusiasmar y devolver la esperanza. Como el montaje teatral de La vida es sueño, de Calderón de la Barca, que está estos días en el teatro Albéniz de Madrid, después de pasar por Berlín y Barcelona.
Los ejemplos pueden multiplicarse hasta el cansancio, y conducirnos a la melancolía estéril. ¡La estupidez, la monserga, la ignorancia y el desconocimiento respecto de nuestros gigantes de la historia y la cultura son tan vergonzosos, y las lagunas de nuestros políticos tan abundantes! Y sin embargo, no todo está perdido.
Todo esto -un grupo de universitarios juzgando desde la ignorancia más arrogante a Felipe II, la desaparición de Gracián- no tiene nada de nuevo. Se trata, en realidad, de la sombra alargada de una sola historia, un reflejo más del desprecio que en España cultivamos hacia nuestra propia historia, que está llena de terribles sombras, pero que es grandiosa. Lo escrito por Lope de Vega en el Siglo de Oro, en La Dragontea, es aún una de las cuestiones más absurdas y bochornosas de nuestro tiempo: «¡Oh patria! Cuántos hechos, cuántos nombres, / cuántos sucesos y victorias grandes… / Pues que tienes quien haga y quien te obliga, / ¿por qué te falta, España, quien lo diga?». El propio Gracián, muerto y enterrado en el mismo lejano siglo, y más valorado, mucho más valorado afuera, por Goethe, Kant o Schopenhauer, que dentro de España, también parece advertirlo, aunque con más resignación, como si no pareciera importarle demasiado: «¡Oh alabanza que siempre viene de los extraños! ¡Oh desprecio que siempre llega de los propios!».
El comentario me conmovió singularmente. Tantas cosas en todas partes, tantos anuncios para animar la lectura en las escuelas y acercar a los jóvenes a los escaparates de las librerías, tanto lamento institucional por el bajo nivel cultural de nuestros universitarios, tanta inteligencia cortesana aplaudiendo la gran presencia cultural y artística de España en el mundo, y de pronto resulta que uno de los escritores centrales en la formación del pensamiento crítico europeo, que un autor precioso y necesario como Cervantes, ha desaparecido de nuestros institutos, se ha esfumado no en el vacío, sino en la confusión de los ditirambos. Por supuesto, Gracián no es fácil: es un prosista que tiene profundidades y matices que no agota ninguna lectura, que sólo se nos entrega después de un largo asedio, una atención obstinada y ferviente. Pero, ¿acaso Quevedo no?, ¿y Shakespeare?