6 dic. 2009

Minaretes en Suiza

Switzerland’s Invisible Minarets/by Peter Stam, the author of the novel On a Day Like This. This essay was translated by Philip Boehm from the German
THE NEW YORK TIMES, 05/12/09;
Three years ago I was invited to the Tehran International Book Fair; afterward I traveled around the country. The mosques I visited were so empty as to give the impression that Iran was as secular as Western Europe.
It wasn’t until I took a trip to a place of pilgrimage in the mountains that I saw large numbers of the faithful. The traffic started piling up even before my group reached the town of Imamzadeh Davood. A few of the pilgrims were making the trek on foot, together with the sheep they intended to sacrifice. The narrow streets were bustling just as at Christian places of pilgrimage: booths crammed with junk, groups of teenagers taking pictures of each other, every nook and cranny packed with candles lighted by believers in the hope their wishes would be fulfilled.
I was received by the mayor and invited to dinner — the first Swiss he had ever met. He showed me the mosque and led me to the tomb of the saint. I, the unbeliever, was allowed into places where even pilgrims were not permitted. During my three weeks in Iran, my faith, or rather the lack thereof, was never an issue. However bellicose the political face of Islam often appears, in everyday practice what I experienced was a religion of hospitality and tolerance.
Switzerland, on the other hand, appeared alarmingly intolerant last weekend, when 58 percent of our voters approved a ban on the building of new minarets. When the minaret referendum was proposed by the rightist Swiss People’s Party, no one really took it seriously.
Some consideration was given to having it declared invalid on the grounds that it was unconstitutional as well as a violation of the European Convention on Human Rights, but in the end the government agreed to allow the referendum to go forward, probably in the hope that it would be roundly defeated and thereby become a symbol of Swiss open-mindedness. So certain were the politicians of prevailing that hardly any publicity was fielded against the initiative. As a result, the streets were dominated by the proponents’ posters, which showed a veiled woman in front of a forest of minarets that looked like missiles.
Minarets have never been a problem in Switzerland. There are four in the entire country, some of which have been standing for decades. (One of them is in my city but I’ve never seen it.) And only two other minarets were being planned. Most mosques are in faceless industrial districts where no one notices them. But perhaps that is exactly the problem. Islamic immigrants don’t live with us but beside us, just as French, German, Italian and Romansch-speaking Swiss live alongside each other without a great deal of animosity — or interaction.
The average Swiss citizen has no real contact with Islam. Headscarves are seldom seen on the street, and chadors are practically nonexistent. Moreover, when young proponents of the ban talk about problems with Muslims, they almost exclusively mean young men from the Balkans, who come across as male chauvinists but are almost never active members of Muslim communities. Most people encounter Islam only through the news media, which don’t report on the Muslims in our country but focus on terrorist attacks in Afghanistan, Iranian plans for an atomic bomb and Muammar el-Qaddafi’s absurd proposal to abolish Switzerland.
It’s hard to find one overarching explanation for why the Swiss voted as they did. Similar referendums have brought surprises: 35 percent of voters wanting to do away with the army, for instance, or 58 percent approving of same-sex partnerships. The prevailing Swiss attitude is both conservative and liberal: on the one hand everything should stay the way it is, on the other everyone should be able to do what he or she wants.
What’s most conspicuous in these referendums is that we are a nation of pragmatists, inclined to our dour obstinacy, and we owe our success not to grand ideas but to problem-solving. So focused are we on getting things done, it almost doesn’t matter if the problem isn’t a problem, or if the solution risks sullying the country’s reputation. We Swiss sacrificed our good standing as a multicultural and open-minded society to ban the construction of minarets that no one intends to build in order to defend ourselves against an Islam that has never existed in Switzerland.
Perhaps Muslims here are more Swiss than the rest of us might think. They too will solve the problem we’ve made for them: they are likely to swallow the results of this referendum, do without their minarets and continue to assemble for prayer, unnoticed and unperturbed

El abogado del Diablo

El abogado del Diablo/JÜRGEN SCHREIBER
Publicado en El País, 6/12/2009;
© ‘Die Zeit’ Traducción de News Clips
Fritz Steinacker se hizo famoso defendiendo a los peores criminales nazis. Personajes como Josef Mengele, Aribert Heim, Viktor Capesius… y otros que suman acusaciones por 750.000 asesinatos. Bajo el influjo de sus terribles actos ha vivido medio siglo. ¿Está orgulloso de sus éxitos?
Fritz Steinacker, del despacho Laternser & Steinacker, lleva 50 años defendiendo a un fantasma. El 5 de mayo de 1962, éste se presentó en persona en su bufete de la calle de Schumann de Francfort sin que el abogado sepa cómo. Ese día, el ex médico de las SS Aribert Heim les dejó allí un “poder”. Y hasta hoy, Heim sigue reapareciendo en la vida de este hombre de 87 años. “Tiene que ser ésta”. Steinacker saca la copia de un expediente con la vigorosa V con que Heim escribió “Vollmacht” [poder, en alemán]. El original se guarda en la brigada regional de investigación criminal. Con una mezcla de caligrafía romana y alemana, Heim encomienda a “los señores abogados” representarle “judicial y extrajudicialmente tanto en sus asuntos privados como en los jurídico-patrimoniales…”. Estas líneas eran un anuncio de huida enmascarado. Dijo: “Ya tendrán noticias mías”. Se deducía que no quería afrontar entonces un inminente proceso por homicidio. Y no lo haría nunca, porque en 1962, este criminal de guerra desapareció para siempre. Para los encargados de la prosecución del caso, quedó “en paradero desconocido”.

Jackie Kennedy

El secreto de Jackie (Kennedy)/DOUGLAS THOMPSON
Publicado en El País Semanal, 6/12/2009;
Allí estaba Jacqueline Kennedy Onassis. El Santo Grial de los ‘paparazzi’, en la intimidad de la isla de Skorpios. Relajada, desnuda, ajena a toda la polémica que la rodeaba. Y allí estaba también un fotógrafo dispuesto a conseguir lo imposible. Casi 40 años después de su publicación, el autor ha decidido subastar esas fotos. "Deben verse", dice. "Así era la Jackie feliz". Éstas son las imágenes. Y ésta es la historia de una exclusiva mundial.
El estridente ruido de los pájaros al amanecer ocultaba el sonido del motor fueraborda mientras el sol salía rápidamente para iluminar todas las islas. Iba a hacer calor.
Sería un día radiante, casi sin brisa, tal y como había pronosticado el hombre del tiempo. Otro hombre más importante se había puesto nervioso sólo de pensar que ella podría estar allí. Aquel día, su pequeña barca amarilla descascarillada apareció sin ser vista en la orilla como un rayo de sol. Empujándola hacia la arena, el italiano de ojos marrones alcanzó la espesa vegetación que llegaba hasta el agua y la escondió allí. Sólo rezaba por tener suerte para que su paciencia y tesón se vieran recompensados. Y de repente, al cabo de tres horas, llegó el deseado encuentro con la señora Jacqueline Kennedy Onassis (Long Island, 1929-Manhattan, 1994).

Cuidemos a los amigos

Cuidemos a los amigos/Jenny Moix,
Publicado en El País Semanal, 06/12/2009;
Los buenos amigos son una compañía y un apoyo constante en la vida, contra viento y marea. Tenerlos beneficia nuestra salud y bienestar personal. Sin embargo, no los valoramos como debiéramos.
Cuando alguien nos describe a un desconocido suele especificarnos su profesión, si se trata de una persona casada o no, si tiene hijos, e incluso, cuánto gana. Difícilmente nos indica si se trata de una persona con o sin amigos. Parece como si la profesión, el estado civil y la posición económica fueran algo mucho más relevante y definitorio que la amistad.
A la misma conclusión podemos llegar si nos fijamos en cómo se define a la gente soltera, divorciada, sin pareja. “Está solo” o “está sola”. La premisa implícita es que los singles están solos y los que tienen pareja no. La pareja cuenta más que los amigos para decidir si etiquetamos a alguien de “solo”. ¿Realmente le damos a la amistad el inmenso valor que posee?
Sufrir estrés incrementa las posibilidades de padecer muchas enfermedades digestivas, cardiológicas, dermatológicas… incluso infecciosas. Por eso, cualquier remedio que nos ayude a controlarlo es una valiosa fuente de salud. Muchas investigaciones demuestran que la amistad es una de estas potentes medicinas. Investigadores de la Universidad de Pittsburgh han observado que cuando se pide a los sujetos de un experimento que lleven a cabo tareas estresantes, tan sólo tener un amigo en la misma habitación, aunque no ayude en la tarea, convierte en menos probable que aumenten su ritmo cardiaco y su presión arterial.

Unificar a las policías: García Luna

Combate al delito: unificar criterios/Genaro García Luna, secretario de Seguridad Pública. Publicado en Reforma, 6 diciembre 2009.-


La propuesta de fusionar las 2 mil 22 corporaciones de policía municipales que existen en México en 31 corporaciones estatales consiste en crear un mecanismo de coordinación policial en el país, que permita unificar criterios en el combate a la delincuencia y el crimen organizado, y optimizar los recursos materiales, financieros y de capital humano con los que se cuenta para frenar la evolución del delito desde sus primeras etapas.
De acuerdo con la propuesta, la integración de los cuerpos de policía municipales y el de la entidad federativa en una sola corporación se sujeta a las particularidades del marco jurídico de cada estado. Es importante señalar que este esquema de operación ya funciona en el Distrito Federal, en donde el servicio de seguridad pública en las 16 demarcaciones territoriales es regulado y operado por un solo mando.
A diferencia de los modelos de policía unificada nacional, que integran todas las policías del país en un solo mando y concentran las operaciones de prevención y combate al delito de los tres órdenes de gobierno, en esta propuesta se mantienen los mandos estatales; es decir, cada policía estatal seguirá siendo responsable de atender los delitos del fuero común en su territorio y la asignación de recursos será competencia de la entidad.
La propuesta de fusión de las policías municipales enfatiza que los alcaldes tendrán la garantía de disponer de la fuerza pública para la gestión del gobierno municipal.
La coordinación y coadyuvancia entre las propias policías estatales y la Policía Federal en el combate al crimen permitirá que la respuesta a la delincuencia en cada rincón del país sea proporcional al esfuerzo que se requiere y a los perfiles delictivos detectados.
Para lograr la unificación de criterios en el combate a la delincuencia resulta necesario homologar sistemas, métodos y procedimientos de operación policial a nivel nacional a corto plazo, por ello se requiere que las corporaciones de policía estatales se sumen al Nuevo Modelo de Policía, el cual previene y combate el delito a partir de la generación de inteligencia.
El fundamento del nuevo modelo de policía es el ciclo básico de inteligencia -conformado por cuatro etapas: planeación, captación, análisis y explotación- que incrementa las capacidades en la prevención y combate al delito, ya que además de la flagrancia, este esquema integra información y datos sustantivos para el combate a la estructura criminal.
Fuerzas complementarias
Otro factor que atiende la propuesta es la profesionalización y formación educativa de la mayoría de los agentes. De acuerdo con el Sistema Nacional de Seguridad Pública, las policías municipales conjuntan 159 mil 734 elementos a nivel nacional, lo que representa el 39 por ciento de los elementos activos (las policías estatales suman 187 mil elementos, que equivalen al 45.63 por ciento). De esos 159 mil 734 elementos, 70 por ciento tiene menos de 10 años de instrucción académica; la mitad es mayor de 35 años de edad, y 60.9 por ciento recibe un ingreso máximo de 4 mil pesos mensuales.
En la actualidad, las policías municipales mantienen un esquema de atención a faltas cívicas, al aplicar los reglamentos de tránsito, policía y buen gobierno, lo que les impide contar con elementos suficientes para combatir el delito en las etapas tempranas, atacar al narcomenudeo y frenar la evolución criminal.
A lo anterior se suma que más de la mitad de las 2 mil 22 corporaciones de policía municipales cuentan con un máximo de 20 policías, y sólo 25 corporaciones en 16 estados de la República Mexicana concentran el 26 por ciento del total de elementos municipales activos; sin olvidar que 417 municipios del país carecen corporaciones policiales.
En información dada a conocer por la propia Secretaría de Seguridad Pública se destaca que la delincuencia organizada en su operación local busca articular el hampa común, por lo que la falta de combate sistemático y permanente al delito en sus etapas más tempranas permite una evolución criminal que genera cuadros delictivos cada vez más violentos, como sucede con el secuestro, un delito de alto impacto social.
Los registros oficiales muestran que en la última década, los delitos del fuero común han oscilado entre 92 y 95 por ciento, por lo que el combate a los delitos del fuero común y del fuero federal debe ser complementario.
En la actualidad, la tranquilidad de la mayoría de los mexicanos se ve afectada por la comisión de delitos patrimoniales, en particular el robo en sus diversas modalidades.
Información proporcionada por víctimas de delitos en la Sexta Encuesta Nacional sobre Inseguridad del Instituto Ciudadano de Estudios sobre la Inseguridad indica que el robo representa el 78.8 por ciento de los delitos que se cometen en el país, y también representó el 40.1 por ciento del total de denuncias presentadas ante el Ministerio Público durante 2008.
El robo es el primer eslabón en la cadena delincuencial, el cual de no ser atendido y sancionado a tiempo, en la mayoría de los casos, va aumentando la gravedad de los ilícitos que se cometen llegando a la extorsión, el secuestro y el homicidio.
De acuerdo con información del Sistema Penitenciario Nacional, actualmente hay más de 9 mil personas internas vinculadas con el delito de secuestro, lo cual hace indispensable frenar las etapas primarias del delito con un adecuado combate.
La propuesta de fusionar las 31 corporaciones de policía estatales también busca fortalecer la capacidad de las instituciones de seguridad pública a nivel local para el combate a la delincuencia, ya que la perspectiva actual del crimen detectó la vulnerabilidad en las capacidades, perfil, dispersión y debilidad institucional en algunas corporaciones para infiltrarlas y montarse en su infraestructura como mecanismo primario de operación.
La suma de las acciones antes descritas permitiría cumplir con uno de los principales objetivos del Estado mexicano que es garantizar y mejorar la calidad de vida de los mexicanos, en este caso mediante el combate articulado en todo el país de los delitos de mayor frecuencia e impacto en la ciudadanía.
El autor es secretario de Seguridad Pública.

Seguridad pública, encuesta de Reforma

Rehúsan estados Policía Nacional

Descartan 17 de 23 Gobernadores eliminar a municipales.
Rechazan entidades mando único policial; piden que se respeten diferencias regionales
Reforma Pp, 6 diciembre 2009).- REFORMA / Staff
Más de la mitad de los Gobernadores del País se resiste a la desaparición de las Policías municipales y su sustitución por una Policía Nacional, según un sondeo aplicado por REFORMA.
De 23 Mandatarios que respondieron el sondeo, 17 contestaron "no" a "¿Estaría de acuerdo en la creación de una Policía Nacional que reemplazara las funciones de las Policías municipales?".
Sin embargo, tres de ellos (DF, Durango y Michoacán) se pronunciaron en favor de estudiar un esquema de sustitución de corporaciones municipales por un solo cuerpo policiaco por entidad.
Baja California, Chihuahua, Sinaloa, Morelos, Nuevo León y Veracruz respaldan la idea de reemplazar a los municipales.
Del 12 de octubre al 1 de diciembre, REFORMA y el Instituto Mexicano para la Competitividad enviaron el sondeo a los 32 Mandatarios estatales.
Al explicar su rechazo a una Policía Nacional, Campeche, Guerrero, Hidalgo, Jalisco, Puebla, Tamaulipas y Yucatán argumentaron que sería improcedente un mando único que tome decisiones desde el centro sin considerar las realidades locales.
"La diversidad demográfica y cultural nos ha demostrado que cada región tiene sus propios usos y costumbres", explicó la yucateca Ivonne Ortega.
Los Mandatarios de Durango y Guanajuato ven peligroso para la gobernabilidad una Policía más numerosa que el Ejército.
Otros, como el mexiquense Enrique Peña y el tlaxcalteca Héctor Ortiz, se pronunciaron por la profesionalización de las Policías locales antes de unificar las corporaciones. En tanto, 15 Mandatarios se dijeron a favor de un código penal nacional único.
El plan de García Luna
En un texto escrito para REFORMA, el Secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna, aclaró que el modelo que busca el Gobierno federal consiste en desaparecer las 2 mil 22 Policías municipales que operan en el País y concentrarlas en 31 cuerpos estatales siguiendo un modelo similar al de la Policía del DF. Además, existiría la Policía Federal.
"En esta propuesta se mantienen los mandos estatales; es decir, cada Policía estatal seguirá responsable de atender los delitos del fuero común en su territorio, y la asignación de recursos será competencia de la entidad".Policía nacional: resistencias y argumentos
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Sondeo Seguridad y política. El debate en torno a la desaparición de las policías municipales está abierto: más de la mitad de los gobernadores del país se manifiestan en contra

Juan E. Pardinas
Reforma 6 diciembre 2009.- En un contexto donde autoridades y partidos son reacios a tomar posiciones claras en debates de política pública es alentador que 22 gobernadores y el jefe de Gobierno del Distrito Federal hayan aceptado participar en este sondeo sobre una reforma a los códigos penales y los cuerpos de policía del país. Las respuestas de los mandatarios locales ponen de manifiesto puntos de vista contrastantes en torno a la distribución de responsabilidades de seguridad pública entre los tres niveles de gobierno.
Quince de los 23 mandatarios que respondieron al estudio se manifestaron a favor de homologar los códigos penales para reemplazarlos con un Código Penal Nacional Único. El argumento a favor del Código Único sostiene que las entidades de la República ni siquiera tienen una definición homogénea de lo que es un delito; hay estados que lo describen como una "acción u omisión que sancionan las leyes penales", mientras que para otros es una "conducta típica, antijurídica y culpable".
 Varios gobernadores expresaron preocupación por la diferencia entre aprobar un Código Penal Nacional Único y homologar sentencias y procesos penales. La aprobación de un Código Único implicaría modificar la Constitución federal y las constituciones locales, para que los congresos estatales no legislen en materia penal. Un Código Único para todo el país tendría un texto más rígido y complicaría los procesos de reformas para incorporar y tipificar nuevas conductas criminales.
 Diversas realidades
 La guerra contra el crimen organizado en México tiene muchos contrastes regionales. Cada entidad del país vive de manera distinta su propia versión de la crisis de seguridad pública. Estas experiencias divergentes se reflejan en la posición de los gobernadores estatales frente a la iniciativa de crear una policía nacional. Diecisiete mandatarios locales se manifestaron en contra y 6 a favor (Baja California, Chihuahua, Sinaloa, Morelos, Nuevo León y Veracruz) de remplazar a las policías municipales con una Policía Nacional. Los seis ejecutivos estatales que apoyan dicha iniciativa gobiernan entidades que han sufrido un fuerte embate por parte del crimen organizado.
De acuerdo con el seguimiento que realiza el periódico Reforma, durante 2009 Chihuahua y Sinaloa son los dos estados con mayor número de ejecuciones a nivel nacional. Los otros cuatro gobernadores que se manifiestan a favor de la Policía Nacional han vivido momentos críticos en los sistemas de seguridad pública de sus entidades. En Baja California, la policía municipal de Tijuana ha sufrido el asesinato de 42 efectivos entre diciembre de 2007 y noviembre de 2009. En este mismo periodo, un centenar de miembros de dicha corporación municipal han sido arraigados por probable complicidad en el asesinato de sus colegas uniformados. En Morelos, en mayo pasado los secretarios de Seguridad Pública del estado y de la ciudad de Cuernavaca fueron detenidos por sospecha de colaborar con bandas de narcotraficantes. En Nuevo León, durante el presente año las policías municipales se han enfrentado en repetidas ocasiones a fuerzas federales de seguridad. En Veracruz, a finales de julio fue asesinado junto con su familia el subcoordinador de la Policía Intermunicipal Veracruz-Boca del Río.
A pesar de la oposición a la idea de una Policía Nacional, los mandatarios de Durango, Distrito Federal y Michoacán ven con buenos ojos la iniciativa de remplazar las 2 mil 22 fuerzas policiales de los ayuntamientos con 31 cuerpos policiacos estatales. Un ejemplo de este modelo es el Distrito Federal, donde no existe una fuerza policial a nivel de las delegacionales y los cuerpos de policía preventiva están concentrados en la Secretaría de Seguridad Pública de la capital.
Los gobernadores de Baja California Sur y Tlaxcala estarían a favor de reemplazar a las corporaciones municipales por una Policía Nacional, siempre y cuando la medida se tomara sólo en los ayuntamientos que así lo soliciten, con el aval del Congreso del estado. Este diseño institucional le daría plena libertad a los municipios de elegir la mejor forma de encarar la amenaza del crimen organizado. Los ayuntamientos que así lo decidieran podrían solicitar que las responsabilidades policiales en su territorio fueran transferidas a la autoridad federal. Con este diseño, nuestro sistema federal se podría transformar en un verdadero laboratorio de estrategias de seguridad pública, donde se podría comparar y evaluar el desempeño de los distintos cuerpos policiales.
Una de las objeciones para crear una Policía Nacional es la complejidad de operar y coordinar a un cuerpo de uniformados con un tamaño semejante al Ejército mexicano. En el país existen cerca de 150 mil policías municipales¹ y la Secretaría de la Defensa Nacional tiene en sus filas alrededor de 195 mil efectivos². ¿Cuál sería la reacción de los militares mexicanos ante una fuerza de seguridad que rivalizaría en su escala y compitiera por sus asignaciones presupuestales? ¿Una Policía Nacional debería ser una de las ramas del Ejército bajo la estructura y mando de la Secretaría de la Defensa Nacional? Las respuestas a estas interrogantes demuestran la complejidad de reformar los cuerpos policiales del país.
Dieciocho gobernadores estatales se manifestaron en contra de que la Policía Nacional reemplazara también las funciones de las policías estatales, como ocurre en países como Colombia, Chile o España. En el caso de los dos países sudamericanos, la Policía Nacional de Colombia y el cuerpo de Carabineros de Chile dependen directamente del Ministerio de Defensa. En España, la Policía Nacional pertenece a la estructura del Ministerio del Interior, pero la política de ascensos y sus operaciones militares corresponden a la autoridad de las Fuerzas Armadas.
El crimen organizado es la principal amenaza a la seguridad nacional, al federalismo mexicano y al municipio libre. No podemos esperar que nuestro sistema de seguridad pública, diseñado para enfrentar a los criminales del siglo pasado, sea funcional para confrontar los peligros del siglo XXI. Es necesario adaptar nuestras instituciones policiales para enfrentar a un enemigo con una capacidad inédita para propagar la corrupción y la violencia. Ante semejante desafío, el mayor riesgo es la continuidad.
El autor es director de análisis de finanzas públicas del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO).
Notas:
¹Secretaría de Seguridad Pública, datos del 2008.
² Secretaría de la Función Pública, datos del 2006.
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Corporaciones en crisis

Sondeo Seguridad y política. Sin capacitación ni recursos, infiltradas por el crimen y señaladas por la sociedad como el eslabón más débil en la lucha contra la delincuencia
Jésica Zermeño
Reforma, 6 diciembre 2009).- Acechadas por el crimen organizado, sin recursos económicos y humanos suficientes para desempeñar sus labores y con agentes sin capacitación, las policías municipales se han convertido en el eslabón más vulnerable de la lucha contra la delincuencia organizada.
La presencia de las policías locales en la mayoría de las alcaldías es simbólica y, en algunos casos, inexistente.
El 82 por ciento de los 2 mil 443 municipios que hay en el país cuenta con un cuerpo policiaco. De estas 2 mil 22 corporaciones, 198 operan con cinco o menos elementos, según cifras del Sistema Nacional de Seguridad Pública.
De acuerdo con la Secretaría de Seguridad Pública federal, el 70 por ciento de los agentes municipales tienen menos de 10 años de instrucción académica, y el 60 por ciento de los elementos en activo recibe en promedio 4 mil pesos mensuales, lo que se convierte en un obstáculo importante para que estas agrupaciones desempeñen eficientemente su papel.
Las malas condiciones de trabajo se han traducido, en lo que va de este año, en paros en por lo menos cinco entidades: Tamaulipas, estado de México, Coahuila, Puebla y Jalisco.
Ante esta debilidad estructural, los agentes locales se han convertido en un blanco cotidiano para la delincuencia.
De agosto de 2008 a la fecha han sido ejecutados por lo menos 13 directores de policías locales, y al menos otros 19 directores y secretarios de Seguridad Pública municipales han sido detenidos por nexos con el crimen organizado.
Cuarteles municipales en Baja California, Coahuila, Michoacán, Guerrero, Guanajuato, Chihuahua y Durango fueron atacados con granadas.
La complicidad entre los agentes locales y el crimen se refleja también en detenciones, pues el 90 por ciento de los 357 elementos de seguridad aprehendidos por supuestos nexos con el narcotráfico pertenecía a agrupamientos locales (Reforma, 26/09/2009).
Esto ha generado enfrentamientos abiertos con las corporaciones estatales, federales y hasta militares, en Nuevo León, Coahuila, Michoacán, estado de México, Guanajuato y Tabasco.
Abandono
La precaria situación de las policías municipales fue descrita por el secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna, el pasado 24 de septiembre ante los diputados, en el marco de la Glosa del Tercer Informe de Gobierno del presidente Felipe Calderón.
El secretario señaló que éstas tenían una vinculación muy débil con la sociedad y habían sido abandonadas. Y por primera vez, puso en la mesa la solución que propone: "Una prioridad para la evolución del modelo de seguridad pública del país es la transformación de las policías y su esquema de operación. Por ello hoy, con respeto a esta soberanía, propongo que se analice la conveniencia de que las 2 mil 22 corporaciones de policía municipales que operan en el país se integren en 31 policías estatales", expresó.
El Poder Legislativo es el facultado para realizar reformas a los artículos 21 y 115 constitucionales, que le otorgan a los municipios las funciones de seguridad pública local.
El presidente Calderón hizo suya la propuesta el pasado 26 de noviembre, en la sesión del Consejo Nacional de Seguridad Pública. El primer mandatario puso a deliberación del Consejo la posible integración de una comisión para discutir a fondo la propuesta de García Luna y examinar sus pros y contras.
Nulos avances
Según lo estipulado en el Acuerdo Nacional por la Seguridad (firmado en agosto del 2008), para agosto de 2010 los gobiernos municipales tendrían que haber desarrollado mecanismos de selección y capacitación de los elementos de las policías municipales. Pero éstos no están listos aún.
Además, los municipios que reciben recursos de la Federación mediante el Subsidio para la Seguridad Pública Municipal (Subsemun) tendrían que haber sometido a controles de confianza a todo el personal de sus corporaciones policiacas. Esto tampoco ha pasado.
Incluso, el secretario ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, Jorge Tello Peón, admitió el pasado 18 de agosto que es prácticamente imposible evaluar a todos los policías del país pues no existen los recursos ni económicos ni técnicos para ello.
El cumplimiento de las autoridades municipales fue tan pobre tras un año del acuerdo que las asociaciones de alcaldes fueron las peor evaluadas por México Unido Contra la Delincuencia, con 0.9 por ciento y ningún compromiso completado.
A pesar de este mal desempeño, para 2010 la Conferencia Nacional de Seguridad Pública Municipal solicitó casi 10 mil millones de pesos para el Subsemun, 43 por ciento más que en el 2009. Estos recursos tuvieron subejercicios de más del 60 por ciento en este año.
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Combate al delito: unificar criterios
 Postura del gobierno federal. La Secretaría de Seguridad Pública federal propone fusionar 2 mil 22 policías municipales en 31 cuerpos estatales
Genaro García Luna
Reforma 6 diciembre 2009).- La propuesta de fusionar las 2 mil 22 corporaciones de policía municipales que existen en México en 31 corporaciones estatales consiste en crear un mecanismo de coordinación policial en el país, que permita unificar criterios en el combate a la delincuencia y el crimen organizado, y optimizar los recursos materiales, financieros y de capital humano con los que se cuenta para frenar la evolución del delito desde sus primeras etapas.
De acuerdo con la propuesta, la integración de los cuerpos de policía municipales y el de la entidad federativa en una sola corporación se sujeta a las particularidades del marco jurídico de cada estado. Es importante señalar que este esquema de operación ya funciona en el Distrito Federal, en donde el servicio de seguridad pública en las 16 demarcaciones territoriales es regulado y operado por un solo mando.
A diferencia de los modelos de policía unificada nacional, que integran todas las policías del país en un solo mando y concentran las operaciones de prevención y combate al delito de los tres órdenes de gobierno, en esta propuesta se mantienen los mandos estatales; es decir, cada policía estatal seguirá siendo responsable de atender los delitos del fuero común en su territorio y la asignación de recursos será competencia de la entidad.
La propuesta de fusión de las policías municipales enfatiza que los alcaldes tendrán la garantía de disponer de la fuerza pública para la gestión del gobierno municipal.
La coordinación y coadyuvancia entre las propias policías estatales y la Policía Federal en el combate al crimen permitirá que la respuesta a la delincuencia en cada rincón del país sea proporcional al esfuerzo que se requiere y a los perfiles delictivos detectados.
Para lograr la unificación de criterios en el combate a la delincuencia resulta necesario homologar sistemas, métodos y procedimientos de operación policial a nivel nacional a corto plazo, por ello se requiere que las corporaciones de policía estatales se sumen al Nuevo Modelo de Policía, el cual previene y combate el delito a partir de la generación de inteligencia.
El fundamento del nuevo modelo de policía es el ciclo básico de inteligencia -conformado por cuatro etapas: planeación, captación, análisis y explotación- que incrementa las capacidades en la prevención y combate al delito, ya que además de la flagrancia, este esquema integra información y datos sustantivos para el combate a la estructura criminal.
Fuerzas complementarias
Otro factor que atiende la propuesta es la profesionalización y formación educativa de la mayoría de los agentes. De acuerdo con el Sistema Nacional de Seguridad Pública, las policías municipales conjuntan 159 mil 734 elementos a nivel nacional, lo que representa el 39 por ciento de los elementos activos (las policías estatales suman 187 mil elementos, que equivalen al 45.63 por ciento). De esos 159 mil 734 elementos, 70 por ciento tiene menos de 10 años de instrucción académica; la mitad es mayor de 35 años de edad, y 60.9 por ciento recibe un ingreso máximo de 4 mil pesos mensuales.
En la actualidad, las policías municipales mantienen un esquema de atención a faltas cívicas, al aplicar los reglamentos de tránsito, policía y buen gobierno, lo que les impide contar con elementos suficientes para combatir el delito en las etapas tempranas, atacar al narcomenudeo y frenar la evolución criminal.
A lo anterior se suma que más de la mitad de las 2 mil 22 corporaciones de policía municipales cuentan con un máximo de 20 policías, y sólo 25 corporaciones en 16 estados de la República Mexicana concentran el 26 por ciento del total de elementos municipales activos; sin olvidar que 417 municipios del país carecen corporaciones policiales.
En información dada a conocer por la propia Secretaría de Seguridad Pública se destaca que la delincuencia organizada en su operación local busca articular el hampa común, por lo que la falta de combate sistemático y permanente al delito en sus etapas más tempranas permite una evolución criminal que genera cuadros delictivos cada vez más violentos, como sucede con el secuestro, un delito de alto impacto social.
Los registros oficiales muestran que en la última década, los delitos del fuero común han oscilado entre 92 y 95 por ciento, por lo que el combate a los delitos del fuero común y del fuero federal debe ser complementario.
En la actualidad, la tranquilidad de la mayoría de los mexicanos se ve afectada por la comisión de delitos patrimoniales, en particular el robo en sus diversas modalidades.
Información proporcionada por víctimas de delitos en la Sexta Encuesta Nacional sobre Inseguridad del Instituto Ciudadano de Estudios sobre la Inseguridad indica que el robo representa el 78.8 por ciento de los delitos que se cometen en el país, y también representó el 40.1 por ciento del total de denuncias presentadas ante el Ministerio Público durante 2008.
El robo es el primer eslabón en la cadena delincuencial, el cual de no ser atendido y sancionado a tiempo, en la mayoría de los casos, va aumentando la gravedad de los ilícitos que se cometen llegando a la extorsión, el secuestro y el homicidio.
De acuerdo con información del Sistema Penitenciario Nacional, actualmente hay más de 9 mil personas internas vinculadas con el delito de secuestro, lo cual hace indispensable frenar las etapas primarias del delito con un adecuado combate.
La propuesta de fusionar las 31 corporaciones de policía estatales también busca fortalecer la capacidad de las instituciones de seguridad pública a nivel local para el combate a la delincuencia, ya que la perspectiva actual del crimen detectó la vulnerabilidad en las capacidades, perfil, dispersión y debilidad institucional en algunas corporaciones para infiltrarlas y montarse en su infraestructura como mecanismo primario de operación.
La suma de las acciones antes descritas permitiría cumplir con uno de los principales objetivos del Estado mexicano que es garantizar y mejorar la calidad de vida de los mexicanos, en este caso mediante el combate articulado en todo el país de los delitos de mayor frecuencia e impacto en la ciudadanía.
El autor es secretario de Seguridad Pública.

L guardería ABC de Hermosillo

Guardería ABC, seis meses sin justicia/Daniel Gershenson, Presidente de Alconsumidor, AC.
Publicado en Enfoque de Reforma, 6 de diciembre de 2009:
Esto sucedió así. Era el mediodía del viernes 5 de junio de 2009. Un incendio que dio inicio en bodegas de la Secretaría de Hacienda acabó esparciéndose por el espacio compartido, y llegó con fuerza indescriptible hasta la Guardería ABC de la Colonia Y Griega en la ciudad de Hermosillo.
Dentro del galerón subrogado por el Instituto Mexicano del Seguro Social, del que eran dueños miembros de distinguidas familias sonorenses, reposaban cientos de niños de 0 a 4 años de edad, total y absolutamente indefensos. Lo que sucedió después es de sobra conocido: 49 niños -cuyos padres jamás imaginaron que esa misma mañana habrían de depositar a sus hijos e hijas en una trampa mortal- murieron en el lugar de los hechos, o tiempo después en clínicas y hospitales, abatidos por el humo y por el fuego.
Cuarenta y nueve vidas cercenadas por la guadaña de la impunidad. Decenas de sobrevivientes con secuelas físicas y sicológicas graves que les afectarán a ellos y a sus familiares para siempre.
Para cualquiera con una pizca de sentido común, estaba claro que la bodega-guardería jamás debió haberse habilitado para dar ese servicio. No cumplía con mínimos estándares de seguridad y mantenimiento. Eran más que evidentes las numerosas anomalías en su diseño y ubicación.
En cuanto se conoció la noticia, los tres niveles de gobierno se enfrascaron en disputas esté- riles. Habían abdicado de su función más elemental, a saber: la protección de la vida y la salud de los más vulnerables.
Después del horror indescriptible, vino la opacidad. Un tejido de intereses -que abarca a miembros de la élite política, empresarial y eclesiástica- salió al paso de cualquier investigación confiable. El entonces gobernador, Eduardo Bours, se lavó las manos alardeando que en sus noches dormía como niño. Entretanto, funcionarios de su gobierno ofrecían a los padres afectados empleo, moneda o especie. La gestión del empresario priista terminó meses después, en el más absoluto descrédito.
Llegó el panista Guillermo Padrés. Él se había comprometido a llegar al fondo del asunto, pero ratificó como procurador estatal a Abel Murrieta (cuestionado por su mal desempeño durante el incendio, y sus secuelas en la administración de Bours). Pésima señal. Padrés retiraba una promesa que había sido la principal razón de su triunfo electoral.
Los jueces asignados a la causa tampoco cumplieron. Parcialidad descarada, fianzas ridículas para los dueños de la guardería, maltrato a los padres de familia, tortuguismo: apuestas al desgaste u olvido que no podían prosperar. Por ese motivo, los padres de Hermosillo presentaron denuncia formal en el Consejo de la Judicatura, cuyas conclusiones se harán públicas a principios del año entrante.
Justicia colectiva
Y sin embargo, hubo luces en la oscuridad. A petición de los padres, la Suprema Corte inició una investigación, aún en curso. Ya se trabaja en un dictamen técnico, elaborado por peritos norteamericanos, para determinar los verdaderos orígenes del incendio. De lo que no hay duda es que prevalecieron criterios estrictamente comerciales en el manejo de la guardería.
Mucho se ha logrado en estos seis meses. No todo lo que se quiere, pero sí ha despertado la conciencia en la opinión pública. Miles de ciudadanos volcaron su apoyo a los padres que conforman el Movimiento 5 de junio, y que son grandes ejemplos de entereza, tenacidad y valentía en circunstancias sumamente adversas.
Con el tiempo transcurrido se han ampliado aún más los vínculos sociales y de apoyo, y con ello está cerca la anhelada obtención de verdad y justicia en el caso de la Guardería ABC.
Los medios han sido baluarte contra la amnesia y el fatalismo. Gracias al empuje de una sociedad cada vez más exigente, informada y sobre todo participativa, muy pronto podrían aprobarse reformas fundamentales que otorguen armas de defensa a grupos y comunidades vulnerables, en temas como el de la salud y los derechos humanos: nos referimos a las Acciones o Procesos Colectivos.
El incendio de la Guardería ABC enlutó hogares, a la nación entera, y le dio la vuelta al mundo: es un punto sin retorno. De las lecciones que se obtengan y su traducción en políticas públicas para los niños mexicanos dependerá nuestro destino (por un lado, generoso e incluyente: por el otro, ensimismado y bárbaro). Con reformas de fondo a favor de un acceso pleno a la Justicia Colectiva -apoyados siempre por los padres de Hermosillo- podremos transitar de la gesticulación al cambio duradero, y 49 muertes infantiles no habrán sido en vano.

Testigos protegidos

Columna PLAZA PÚBLICA
Delatores, informantes o testigos falsos
Miguel Ángel Granados Chapa
Reforma, 6 Dic. 09
Ejemplo de las contrahechuras de la procuración federal de justicia es el hecho de que la SIEDO tendrá que investigarse a sí misma en dos casos en que informantes colaboradores terminaron perdiendo la vida
Inspirado más en el cine y la televisión que en la práctica jurídica norteamericana, el uso de testigos protegidos (llamados eufemísticamente colaboradores) reveló no sólo su fracaso el martes pasado, sino también los recovecos de un mecanismo que ha servido para inculpar a inocentes aunque quizá también para llevar a la cárcel a delincuentes con los que riñeron quienes los señalan.
Ese día fue asesinado en una cafetería muy concurrida en la colonia Del Valle Édgar Enrique Bayardo del Villar, un peculiar funcionario policiaco de alto nivel en el momento de su detención, hace 13 meses, acusado por sus nexos con bandas de narcotraficantes. En vez de que se le fincara proceso, se le convirtió en informante del Ministerio Público. Ingresó al programa de testigos colaboradores y siguió con el tren de vida de sus años recientes, en que simultáneamente era miembro de la autoridad y presumiblemente cómplice de delincuentes.
En su breve carrera como perseguidor del delito, Bayardo del Villar fue miembro de la Policía Judicial Federal, después subprocurador de Justicia en Tlaxcala y en julio de 2007 fue recibido en la Policía Federal Preventiva, ya bajo el mando del secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna. Sea porque los controles que regulan el ingreso son muy laxos, sea porque se trata de reclutar precisamente a ese tipo de personas, a nadie pareció extrañar que un hombre acaudalado como Bayardo del Villar aceptara una paga de 26 mil pesos mensuales. En sus declaraciones patrimoniales como miembro de la PFP dijo contar con bienes por 28 millones de pesos, consistentes, entre otros, en residencias con valor de 4 millones una, y 5 millones y medio otra, así como vehículos de lujo: un BMW de 700 mil pesos, un Mercedes Benz de 800 mil y una camioneta Jeep Cherokee, blindada, que valoró en un millón de pesos. Bayardo del Villar declaró también poseer obras de arte y joyas por 5 millones de pesos.
Se le detuvo a fines de octubre del año pasado, cuando Jesús Zambada Reyes, hijo de El Rey Zambada, fue capturado en la colonia Lindavista y solicitó su auxilio. Es que Bayardo era su protector o por lo menos informaba a la banda de su padre de movimientos policiacos. Bayardo fue arraigado pero no se le inició proceso, no obstante que había poderosas razones para iniciar una averiguación previa en su contra, al menos por sus signos exteriores de riqueza. Bayardo se salvó de ir a la prisión quizá porque propuso o aceptó un canje: informaría de malos manejos que conocía de cerca a cambio de que se le condonaran los presuntos delitos que hubiera cometido. Una información relevante proporcionada por él condujo a la detención de su jefe Víctor Gerardo Garay Cadena, a la sazón comisionado (es decir, jefe principal) de la Policía Federal Preventiva.
Hacía poco que Garay Cadena había decidido al fin ir tras un maleante de nacionalidad colombiana, Harold Mauricio Poveda, apodado El Conejo. Según el testimonio de Bayardo, su jefe se había mostrado ridículamente reticente a realizar operaciones ya planeadas contra El Conejo. Cuando finalmente accedió a hacerlo, no la pasó mal: llegó personalmente a la casa de Poveda, una mansión en el Camino al Desierto de los Leones, que entre sus muchas extravagancias contenía un zoológico. Contaba también con un jacuzzi que Garay aprovechó para bañarse junto con muchachas contratadas para una fiesta que la incursión policiaca interrumpió. Garay habría tomado para sí droga que se repartía en la juerga. Hoy está sometido a proceso, después de la delación de Bayardo.
Bayardo, en cambio, no sólo quedó en libertad formal sino que le fueron devueltos los cuantiosos bienes que habían sido asegurados en el momento de su detención. Se le pagaba además un estipendio de hasta 50 mil pesos por mes. Y podía ir y venir según su voluntad, como lo hizo el 1o. de diciembre, en que sin avisar a sus custodios salió de la casa de seguridad en Santa Úrsula, mansión que fue propiedad de Amado Carrillo, El Señor de los Cielos, y ahora es utilizada por la Procuraduría General de la República, quién sabe si con autorización del Servicio de Administración y Enajenación de Bienes (SAE) o sin ella, para alojar a sus colaboradores.
El vocero de la PGR, Ricardo Nájera, puso particular énfasis en recordar que se trata de testigos colaboradores, no de testigos protegidos, como suele llamársele en los medios, en confusión que hasta ese momento la autoridad no había tenido interés en diluir. Pero cuando quedó claro que los protegidos no lo estaban, se recordó su estatus verdadero: no estando sometidos a juicio alguno, tienen libertad para ir y venir. Y aun para suicidarse: el 20 de noviembre pasado, Jesús Zambada, el muchacho que llamó a Bayardo para que lo rescatara, se privó de la vida en la misma casa donde se alojaba el ex policía asesinado el martes pasado. ¿A quién se le habrá ocurrido permitirles tal vecindad, no obstante que había sido clara en el momento de la captura de ambos la turbia relación que los hacía conocidos? ¿Cuál es el objeto de ofrecer habitación a los colaboradores si no son al mismo tiempo protegidos, es decir, si no tienen escoltas? Zambada pudo suicidarse -si es que en efecto él mismo atentó contra su vida- porque no había ningún género de cuidado dentro de la casa. Y si Bayardo fue asesinado ello se debió a una conjunción de circunstancias: no dio aviso a sus escoltas, que ahora nos dicen que no estaba obligado a hacerlo porque nada lo retiene, y porque alguien en la casa dio aviso a quienes lo asesinaron de que estaba en la calle. Probablemente alguien lo siguió y puso su paradero en conocimiento de quienes lo ultimaron.
Todas esas suposiciones implican a personal de la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada, SIEDO, que ahora tiene la responsabilidad de encontrar a los asesinos de Bayardo, a quien desprotegió, lo mismo que determinar procesalmente si Zambada se suicidó efectivamente. Tal contrasentido -investigadores que se investigan a sí mismos- es una de las contrahechuras de la procuración federal de justicia, que no son menores que las de la Secretaría de Seguridad Pública. En una y otra dependencias, encargadas de garantizar la tranquilidad de los mexicanos impidiendo la comisión de delitos y persiguiendo a quienes los perpetran, gira una rueda de la fortuna que un día tiene en la cúspide a los mandos y al siguiente los tiene en la cárcel.
Están presos un subprocurador, Noé Ramírez Mandujano, y Garay Cadena, comisionado de la PFP. Pero un antecesor de este último, José Luis Figueroa, ha vuelo a alzar cabeza después de que fue depuesto de la jefatura de la PFP por la abulia con que su personal reaccionó ante el linchamiento de agentes de esa policía en Tláhuac, hace cinco años. Ahora dirigirá el Centro Nacional de Planeación, Análisis e Información para el Combate a la Delincuencia. Ése fue también el puerto de llegada en la PGR de Ardelio Vargas Fosado, igualmente mando principal de la policía preventiva que ahora es diputado federal.
Esa designación corresponde a la mudanza de mandos emprendida en la Procuraduría de la República por su discutido titular, Arturo Chávez Chávez, ante el cual renunció, el 17 de noviembre, el subprocurador Jurídico y de Asuntos Internacionales, Juan Miguel Alcántara. Dada su trayectoria como legislador panista, su inclusión en la segunda línea de la PGR, apenas ocurrida en agosto del año pasado, se explicaba sólo por un alto sentido del deber que lo obligara a aceptar una posición a la que no aspiraba, ni siquiera con el eventual ofrecimiento de que en su momento reemplazaría a Eduardo Medina Mora. Si hubo tal promesa, no fue cumplida y eso explicaría las desavenencias que muy pronto afloraron entre el nuevo procurador y Alcántara, quien se retiró inconforme con la reestructuración emprendida por Chávez Chávez. Son los peores, ha llegado a decir, refiriéndose a los recién designados altos mandos. Si eso es verdad, y ante lo sucedido a Bayardo, pronto sabremos mucho acerca de los testigos colaboradores, protegidos y desprotegidos, usados a veces como única pieza acusatoria en expedientes delicados como los de los alcaldes de Michoacán, algunos de ellos manifiestamente inocentes, pues han sido imputados a partir de señalamientos de desconfiables delatores.

Cuidado con las bromas en Feis

¿El 'terrorista' de internet?
Durante varios meses el Grupo de Delitos Informáticos adelantó una rigurosa investigación que terminó con la captura de Nicolás Castro
PORTADA Revista Semana, 5 de diciembre de 2009;
El país está sorprendido con el caso de un joven estudiante que amenazó por Facebook a los hijos del Presidente y enfrenta ocho años de cárcel.
El mismo día que en los medios se armó el escándalo por el grupo de Facebook , Jerónimo Uribe denunció el caso ante las autoridades.
La senadora Piedad Córdoba afirmó la semana pasada que hay decenas de grupos en Facebook con amenazas contra ella
Joel Tenenbaun fue condenado por una Corte en Estados Unidos a pagar 4,5 millones de dólares por bajar de internet 30 canciones. Su caso generó un gran debate sobre las libertades en la red
Joel Tenenbaum, un joven de 25 años y candidato a un doctorado de física de la universidad de Boston, se despertó una mañana cualquiera de julio de este año con una noticia terrible: una Corte de Estados Unidos lo condenó a pagar 4,5 millones de dólares (9.000 millones de pesos) por bajar de manera ilegal 30 canciones en Internet y distribuirlas entre sus amigos en la red.

La seguridad colombiana

La seguridad colombiana, en duda
Un informe alerta del rearme y la expansión de una nueva generación de paramilitares y la reorganización de las FARC en algunos departamentos
PILAR LOZANO | Bogotá
Publicado en El País, 07/12/2009:
Una afirmación del analista colombiano León Valencia, basada en una investigación de la corporación Arco Iris que él mismo dirige, ha provocado un revuelo en Colombia y ha puesto a la defensiva al Gobierno de Álvaro Uribe: la seguridad democrática, la bandera del actual Gobierno, ha empezado su declive.
El informe alerta sobre el rearme de paramilitares y la reorganización y reactivación de la guerrilla en algunos departamentos del centro del país y en las zonas fronterizas. Según estos datos, la seguridad democrática habría llegado a un punto de quiebre.
El estudio asegura que a la cabeza del rearme están varios mandos medios paramilitares que quedaron fuera de la ley de Justicia y Paz, el marco jurídico de la desmovilización de estos grupos. De acuerdo al informe, estos ejércitos ilegales operan en 293 de los cerca de mil municipios del país, incluidas las grandes ciudades; trafican con drogas y siguen matando líderes sociales, maestros, víctimas que denuncian a los paramilitares o que reclaman sus tierras.
Para Valencia, el proceso de desmovilización de los paramilitares estuvo "muy mal manejado" y algunas de sus estructuras, entre ellas las del narcotráfico, quedaron intactas. Una versión totalmente opuesta a la oficial, que califica a los nuevos paramilitares de bandas criminales y defiende la idea de que las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) están al borde de la derrota.
Nada más conocer el informe, el Gobierno acusó a Arco Iris de dar aire a la subversión, de desprestigiar al Ejecutivo de Uribe y de entregarle armas a la oposición. Alfredo Rangel, de la Fundación Seguridad y Democracia, tachó el informe de "propaganda política opositora, revestida de un falso ropaje académico". La polémica generada es relevante en tanto y cuanto se produce en la antesala de las elecciones presidenciales de mayo de 2010.
"Sin duda esta política ha generado logros indiscutibles que han supuesto una mejora de la calidad de vida de la gente. Pero el conflicto cambia, no es igual que hace siete años", aseguró a EL PAÍS el candidato independiente Sergio Fajardo. Este matemático, que, junto al ex ministro de Defensa Juan Manuel Santos, parte como favorito en caso de que Uribe no esté en el ramillete de candidatos, asegura sin rodeos: "Las FARC no están derrotadas, se ajustan a las circunstancias y esto obliga a replantear las estrategias de la Fuerza Pública".
El ciudadano de a pie ve que las cosas no van por buen camino: en Medellín, la cifra de menores de 18 años asesinados este año en la puerta de sus casas o escuelas supera los 100; en Cali, tercera ciudad del país, el pasado domingo asesinaron en el cementerio a seis personas de una misma familia; en Bogotá, la sensación de inseguridad crece a diario...
"La criminalidad urbana no es parte de la concepción de seguridad democrática; ésta no desarrolló herramientas para enfrentarla y está creciendo en toda Colombia", asegura Fajardo, para quien la raíz de este fenómeno nace de la disputa del negocio de la venta de droga en las grandes capitales. "Es consecuencia del proceso contra los paramilitares -ligados desde siempre al narcotráfico- y su suspensión, en 2008, con la extradición de sus jefes. Los mandos medios se disputan este mercado estratégico", concluye.
León Valencia lo tiene claro: Si se sigue minimizando el fenómeno de los nuevos paramilitares, muy pronto el problema se les puede ir de las manos.
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Cara y sello
Revista Semana, 5 de diciembre de 2009:
Eduardo Pizarro y León Valencia son antagonistas en el libro sobre la Ley de Justicia y Paz coeditado por SEMANA y Norma. Pizarro despliega optimismo, mientras Valencia le clava un aguijón al gobierno.
A Eduardo Pizarro y a León Valencia los unen muchas cosas. Pasaron su juventud en las filas de la izquierda. Se convirtieron en respetados intelectuales y escritores cuyas plumas, en sendas columnas de opinión, levantan ampolla. Y sueñan lo mismo: que algún día se logre la reconciliación entre los colombianos. Pero tienen profundas divergencias. Valoran de manera diferente los problemas del país y, sobre todo, están en dos orillas distintas respecto a la Ley de Justicia y Paz.
Pizarro es el presidente de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación, en donde representa al gobierno, y cuyo trabajo es que la Ley de Justicia y Paz les cumpla a las víctimas. León Valencia, director de la Corporación Nuevo Arco Iris, es uno de los críticos más duros del proceso de negociación con las AUC y en especial de la para-política. Por eso SEMANA y Editorial Norma los han unido en un libro a dos voces que hace un balance de la Ley de Justicia y Paz, cuatro años después de que esta entrara en vigencia, en el primero de varios títulos que se publicarán en la serie Cara y Sello, que busca poner en blanco y negro los grandes temas del país.
Del texto de Eduardo Pizarro, titulado ‘Reparar el bote en alta mar’, se infiere que la aplicación de la Ley ha sido en sí misma una transición política. Pizarro hace un análisis comparado de la experiencia colombiana con las de otros países, y concluye en 10 tesis que este proceso de justicia transicional es un ejemplo para el mundo. Primero, porque es excepcional. Según el autor, es la primera vez que paz y justicia no se excluyen y se dan de manera simultánea. Los pactos de paz suelen implicar impunidad, como en Sudáfrica, o justicia sólo muchos años después de que se han producido las transiciones políticas, como en la dictaduras de Suramérica. Para el autor es inédito que un grupo armado, como las AUC, se haya parado de la mesa de negociación directo para la cárcel, lo cual muestra que la moral de las guerras, especialmente de las civiles, ha cambiado, y que las sociedades ya no admiten el indulto a secas de la barbarie.
Un segundo aspecto que destaca Pizarro es que el proceso ha convertido a las víctimas, otrora invisibles, en un nuevo y poderoso actor social que tiene voz, que reivindica sus derechos y que a lo largo de los años por venir tendrán que ser reparadas. Este quizá es uno de los aspectos más controvertidos del texto de Pizarro, quien está convencido de que el país camina hacia una reparación integral, tanto económica como simbólica, que incluye tanto la entrega de indemnizaciones a cada sobreviviente, con el hallazgo de fosas y con el inicio de procesos de memoria, como la reconstrucción de masacres como las de El Salado y Trujillo.
Destaca el hecho de que hayan comparecido ante los tribunales miles de paramilitares y guerrilleros. Sin las versiones libres de los paramilitares y sin el concurso de las víctimas, no habría sido posible el proceso de la para-política que adelanta la Corte Suprema de Justicia. No obstante, Pizarro cree que el país optó por el camino más difícil, pues se pudo haber hecho juicios ejemplarizantes a las cabezas de las AUC y no a toda la tropa.
De otro lado, Pizarro encuentra una conexión directa entre la desmovilización de los paramilitares y la disminución de los índices de violencia en el país, y considera que las bandas emergentes que han vuelto a actuar en muchas regiones están ligadas al narcotráfico y que son un fenómeno normal dentro del posconflicto. “Plantear que el proceso de desmovilización con las AUC constituyó un fracaso debido al reciclamiento en la vida criminal de un porcentaje de desmovilizados de las AUC (alrededor del 8 por ciento) es una evidencia de provincialismo”, dice.
Pizarro finaliza con el tema de la reconciliación, que no es exclusivamente fruto de un acuerdo político, sino que se construye más desde la base. Pero es allí donde él ve un mayor problema. La polarización en torno a la Ley conspira contra la posibilidad de construir acuerdos y “pasar la página”.
Mientras Pizarro encuentra en la Ley un instrumento para la reconciliación, León Valencia, con su ensayo titulado ‘Ni justicia ni Paz’, sustenta lo contrario. En un tono casi autobiográfico, Valencia hace una corrosiva crítica al proceso de negociación con los paramilitares –desde una perspectiva política y no jurídica– y acusa al gobierno de varios pecados originales que, según su concepto, torcieron el camino del desarme hacia una nueva violencia.
Valencia cree que el gobierno se sentó a la mesa con ejércitos, y que este, aun sabiendo que las AUC eran apenas los pistoleros, la punta de un iceberg de una violencia más compleja, se conformó con recibir las armas e iniciar un proceso jurídico. Desde su perspectiva, se desperdició la oportunidad de atacar el fondo del problema: las mafias enquistadas en el poder local, especialmente en la política. La tesis de fondo del director de Nuevo Arco Iris es que una verdadera negociación debería haber dado como resultado un cambio de las elites locales, lo cual no ocurrió. Para él, no hubo transición política. No hubo verdadero desarme, y las mafias locales volvieron a armar grupos para mantener el statu quo. No habla de mafias emergentes, sino de un nuevo paramilitarismo.
La negación de la guerra y la despolitización del tratamiento a la violencia que, según el autor, se ha vivido en la era Uribe, han enredado el horizonte de paz del país. Valencia acoge la tesis de Norbert Elías y caracteriza el colombiano como un conflicto de “establecidos y marginados”, es decir, una disputa de poder, y no sólo una disputa entre lo legal y lo criminal. Al no haberse consumado una negociación política, que les quitara el poder local a quienes accedieron a él usando como cabeza de playa a las AUC, no hay reconciliación posible y el país está condenado a la espiral de la violencia. En contravía de lo que sostiene Pizarro, Valencia cree que el proceso de para-política no ha sido la consecuencia lógica de la Ley de Justicia y Paz, sino un proceso paralelo que unos quijotescos magistrados han sacado adelante a pesar y en contra de la voluntad del gobierno.
También recalca que las víctimas han emergido como parte importante del proceso a pesar del gobierno, y no apoyadas por éste. Reclama los obstáculos que Uribe le ha puesto a la Ley de Víctimas, la inoperancia en la restitución integral; los centenares de impedimentos que hay en la restitución de bienes y la evidente vulnerabilidad en la que se encuentran quienes reclaman sus derechos a ser reparados, pues ya han sido asesinados más de 20 líderes de las víctimas.
Al final, cree que el país se está quedando sin justicia, especialmente porque el proceso no ha pasado de la etapa de versiones libres y la extradición de los jefes paramilitares dejó trunca la verdad, y sin paz porque la guerra, según Valencia, está más viva que nunca. Por eso enarbola la bandera de una negociación con “final cerrado”, donde todos los actores estén dispuestos a un nuevo pacto social, que implicaría dos procesos de reconciliación: “uno del Estado con las guerrillas; otro, de esa amplia alianza de elites regionales, mafias y paramilitares con la democracia”.
Es así como quedan planteados dos caminos para una misma necesidad. A la reconciliación se puede llegar por el camino de aplicar la Ley de manera progresiva, y como una construcción desde lo pequeño; o por el camino de los grandes pactos políticos que le marquen un hito final al conflicto y pongan la primera piedra de un nuevo principio. En lo único que parecen estar de acuerdo los dos autores es en que la reconciliación es el horizonte deseable y urgente a construir. Y que todavía no está en la agenda política del país, como debería estarlo. Este libro refleja que el problema de este país no está en el qué, sino en el cómo.