13 dic. 2009

Dejaréis morir a Rosa Parks

Dejaréis morir a Rosa Parks?/Pedro J. Ramírez, director de El Mundo
Publicado en EL MUNDO, 13/12/09;
También dijeron de ella que era una provocadora, que había creado deliberadamente el conflicto, que no tenía ninguna necesidad de sentarse en aquella zona del autobús, que no le hubiera costado nada haberse levantado cuando se lo pidió el conductor, que sabía perfectamente a lo que se exponía, que era obvio que buscaba que la metieran en la cárcel y que quería hacerse la mártir por motivos propagandísticos, mientras a su alrededor se montaba todo un tinglado destinado a presionar a las autoridades y burlar las leyes del estado de Alabama. Rosa Parks contestó que bastante difícil era su vida como para haberse levantado aquella mañana pensando en hacer lo posible para dormir entre rejas. Pero cuando desde el otro extremo del abanico argumental alguien trató a la vez de justificarla y minusvalorarla diciendo que, en realidad, la pobre mujer estaba muy cansada y por eso no había cedido su asiento a aquel caballero blanco que se había subido en la parada del Empire Theater, tal y como establecían las ordenanzas municipales de la ciudad de Montgomery, ella tampoco quiso que quedara el equívoco: «No, de lo único de lo que estaba cansada era de ceder».
Cuando sucedió todo -y debería dar risa referirse tan enfáticamente a algo en sentido estricto tan nimio- Rosa Parks tenía la misma edad que ahora tiene Aminatu Haidar: 42 años. Y, como ella, ya llevaba a las espaldas la carga de la experiencia en la lucha por la causa. Rosa era la secretaria de la sección local de la Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color (NAACP) y había tenido unas cuantas malas experiencias con esos atravesados conductores de autobús que, abusando de sus prerrogativas, hacían a los negros subir por la puerta delantera para comprar el billete, les obligaban a bajarse para acceder a sus asientos por la puerta de atrás y arrancaban el vehículo dejándoles tirados, bajo el sol o la lluvia, mientras iban de un acceso al otro. Aminatu lleva más de 20 años de activismo y ha pagado un precio mucho mayor, pues cuatro de ellos han transcurrido en las especialmente inhumanas cárceles marroquíes.
Lo que, además de su temple, las iguala no es tanto la justicia de su reclamación como la injusticia de la opresión ejercida contra ellas. Porque, en definitiva, ¿no es del género absolutamente idiota, patéticamente estúpido, que una persona tenga que sentarse en uno u otro lugar de un vehículo según cuál sea la tonalidad de su piel o que pueda o no acceder a su lugar de residencia en función de qué palabra haya escrito en un mero formulario administrativo?
Es esencial poner el foco en la naturaleza de la transgresión: ¿qué hizo Rosa Parks el 1 de diciembre de 1955 en Montgomery para merecer ser detenida, esposada, fichada y encarcelada? ¿Qué hizo Aminatu Haidar el 13 de noviembre de 2009 en El Aaiún para merecer ser detenida, interrogada, expulsada y deportada? Claro, cuanto más irrelevante es el motivo, o para ser más precisos, el pretexto de la coacción, más explícito es el ejercicio de dominación que caracteriza todos los abusos de poder. Si a Rosa Parks la hubieran descubierto fabricando bombas se entendería que la hubieran encarcelado. Si a Aminatu Haidar le hubieran encontrado pistolas o billetes falsos de contrabando en el equipaje se entendería que la hubieran encarcelado. Pero no: fue por sentarse dos filas más delante de lo debido, fue por escribir una palabra distinta de lo ordenado.
Si Rosa Parks hubiera retrocedido metro y medio, su trayecto habría transcurrido con la abulia acostumbrada, si Aminatu Haidar hubiera escrito «marroquí» en lugar de «saharaui» nada le hubiera impedido reintegrarse a su rutina familiar. O peor aún: si el conductor y el aduanero hubieran hecho la vista gorda como en tantas otras ocasiones -porque no era la primera vez que ni Rosa se sentaba ahí ni Aminatu escribía eso- las vidas de una y otra se habrían disuelto un día más en el rompeolas del rutinario anonimato. Pero la arbitrariedad más caprichosa es otra de las señas de identidad del despotismo: lo que se te consiente hoy, puede que no se te consienta mañana. De hecho, el cartel que separaba en el autobús la zona reservada para los blancos de la destinada a las personas «de color» era tan desplazable como la previsión de retirada del pasaporte a quien no reconozca explícitamente su nacionalidad marroquí.
Luego viene la desproporción en el castigo. Pese a que en uno y otro caso la tipificación de lo ocurrido no pueda rebasar bajo ningún concepto racional la de una mera infracción administrativa, subsanable con un apercibimiento o una multa, lo de Rosa Parks había que tratarlo como un conflicto de orden público y lo de Aminatu Haidar como una agresión orquestada desde el exterior. Es lo propio del carácter paranoico que termina impregnando el ejercicio de toda autoridad basada en un orden injusto. En el fondo de su corazón los supremacistas blancos de Alabama sabían que antes o después se desmontaría la superchería de la segregación racial y en el fondo de su corazón el rey Mohamed tiene que ser consciente de que el ser hijo de su padre no le da derecho a determinar los movimientos de sus súbditos. Cuanto más débil es el fundamento moral que sostiene al mandamás, mayor es el exceso en la respuesta al pecado de desobediencia. Hasta el extremo de que el propio contenido de esa desobediencia se vuelve secundario en relación a la dialéctica del desafío: qué no terminarán haciendo personas como éstas si les permitimos sentarse donde no deben o poner una palabra donde deben escribir otra…
Una vez impuesto el castigo, una vez consumada la represión del rebelde, los déspotas esperan que sus víctimas se arrepientan y les pidan perdón o como mucho que traguen quina y expíen sus culpas sin rechistar. Cualquier respuesta de esas personas o su entorno es interpretada como la prueba definitiva del complot. Y no digamos nada si su lenguaje es el de la mansedumbre, el de la resistencia pasiva, el de la huelga de pies quietos en la cola del autobús, el de la negativa a ingerir alimentos en señal de protesta. Esas conductas, tan elocuentes ante la opinión pública, son como rejones de castigo que encabritan a los déspotas y les empujan a emprender furiosas huidas hacia delante.
Por eso la huelga de hambre de Aminatu está siendo presentada por el Gobierno marroquí como aquel boicot al transporte público de Montgomery lo fue por las autoridades de Alabama, como un acto de agresión premeditado, fruto de un casus belli deliberadamente provocado. Es decir, que de igual manera que los buques norteamericanos buscaron ser tiroteados en el golfo de Tomkin para que Lyndon Johnson pudiera conseguir que el Congreso le autorizara invadir y bombardear Vietnam del Norte, Rosa Parks logró ser detenida para que se pudiera decretar el boicot a los autobuses y Aminatu Haidar pretendía ser expulsada para poder poner a Marruecos en un brete emprendiendo una huelga de hambre.
Es el punto en el que el discurso de la paranoia cruza la frontera de lo grotesco y se adentra lisa y llanamente en el reino del más risible de los ridículos. Eso es lo que ha ocurrido esta semana con la ofensiva propagandística del Gobierno de Rabat. La declaración memorable del ministro Baraka a nuestro periódico -«Ni Marruecos ni España se merecen el trato que están recibiendo de Haidar»- quedará para siempre en las antologías de la neolengua orwelliana.
Este desembarco de ministros marroquíes en Madrid ha tenido la virtualidad de recordarnos toda la retórica mentirosa y hueca de los próceres del franquismo cuando denunciaban el «contubernio» de aquellos pacíficos opositores moderados que habían osado reunirse para hablar de España en el extranjero y merecían, al igual que Haidar, la deportación y el destierro, aunque en aquel caso fuera dentro de las fronteras nacionales.
Y, naturalmente, los regímenes intrínsecamente injustos son los que más presumen de aquello de lo que carecen. El esclavismo primero y las llamadas «leyes de Jim Crow» después se implantaron en nombre de la libertad de los Estados del sur, el franquismo se jactaba de ser una «democracia orgánica» y el señor Baraka ha proclamado que Marruecos y España «respetan los derechos humanos».
Si Zapatero no es capaz de zafarse rápidamente del abrazo del oso por la vía de los hechos, esta equiparación puede ser mortal para él. Máxime cuando el ministro marroquí no habla a humo de pajas ya que ambos gobiernos colaboraron en una deportación que, por su manifiesta ilegalidad, puede ser técnicamente calificada de secuestro. Sólo la condescendencia de los sucesores de Aznar en el PP con Marruecos explica que Moratinos no haya tenido que justificar ya en el Parlamento su injustificable conducta al aceptar la entrega del fardo humano que nos enviaba Rabat. Pero si todo fue como parece -y ahí está la fundada ira de los sindicatos policiales cuando el Gobierno ha tratado de endosar lo ocurrido a los funcionarios- este señor no puede seguir formando parte de un gobierno democrático.
Lo que ahora se discute no es ni el futuro del Sáhara ni la política española al respecto, sino los límites de lo que un Estado vecino puede hacerle a una persona bajo su jurisdicción con nuestra cooperación. Aunque las reivindicaciones de Haidar y el Polisario no tuvieran ni un ápice de razón, el caso seguiría siendo el mismo, pues ningún defensor sincero de la Constitución aceptaría tampoco que se impidiera por la fuerza el regreso a España de un independentista vasco o catalán que utilizara un impreso administrativo para dar fe de sus fantasías. El derecho a disponer de un pasaporte no puede declinar -siguiendo la retórica marroquí- porque su titular lo utilice «como un trapo». Un documento de identidad, una célula de circulación no es un símbolo del Estado.
Estremece, cómo no reconocerlo, la intransigencia de Haidar, su rotunda negativa a aceptar fórmulas transaccionales y su determinación a poner su vida en la balanza. Pero quienes han llegado a pronunciar la palabra «chantaje» deberían reflexionar sobre el minimalismo de su órdago. Haidar no pide ni la independencia del Sáhara, ni la puesta en libertad de ningún preso, ni cantidad alguna de dinero para aliviar la situación de su pueblo. Nada que implique violencia, que vulnere un derecho o suponga una merma para nadie. Exige, eso sí, que se le permita volver a su casa.
Estamos tan acostumbrados a claudicar sobre lo grande que nos cuesta entender este numantinismo en la reclamación de lo pequeño. Sin embargo, todo indica que en su conciencia moral, como le ocurrió a Rosa Parks, se ha activado ese resorte que de repente fija la frontera de lo irrenunciable para poder vivir con dignidad. Un partido como el que encabezan Zapatero, Blanco, Alonso o Leire, un Gobierno que incluye a personas como De la Vega, Sebastián, Trini o el rector Gabilondo -estarán todo lo errados que se quiera, pero de ninguno de ellos puede decirse que sea un mal bicho- no tiene más remedio que empeñarse en este envite hasta conseguir que Marruecos ceda y Aminatu vuelva. El llamamiento a que intervenga el Rey no es sino un anticipo del clamor que va a suscitarse en la sociedad española si dentro de unos días todo sigue igual.
¿Dejaréis morir a Rosa Parks? La fidelidad del paralelismo entre este episodio y el que sacó del anonimato a la ya mítica figura de referencia de la lucha por los derechos civiles puede ayudar a España a plantear el problema de forma clara e inequívoca. Bastará que lo entienda la opinión pública norteamericana para que las perspectivas cambien radicalmente, pero hay que dar la batalla sin ambages. Comprendo que a Zapatero le molesten las críticas a la debilidad de su política exterior, pero es el presidente Obama quien acaba de explicar que para alcanzar la paz no hay que tener miedo en pronunciar la palabra «guerra». Sobre todo cuando sólo se trataría de una guerra diplomática.

Policía única

Policía única: respuesta coyuntural/Javier Oliva Posada, Investigador de la UNAM experto en seguridad nacional.
Enfoque de Reforma, 13/12/09;
No hay duda. En México, desde el gobierno y desde la sociedad, tenemos la peligrosa costumbre de tomar decisiones para salvar lo inmediato. Pocas veces volteamos a ver el pasado como fuente de explicación de lo que hoy sucede. Es en estricto sentido, un problema filosófico: atender los efectos y no las causas. Así, la discusión sobre la disfunción del sistema policial se ha centrado en corregir lo que vivimos pero no las fuentes que dieron origen a esa misma la situación.
Ahora se polemiza en torno a un cuerpo de policía por cada estado de la República, también respecto a la creación de una especie de policía nacional, sin dejar de lado la auténtica catarata de iniciativas del Poder Ejecutivo en materia de seguridad nacional y pública, e incluso la inexplicable propuesta de la reelección consecutiva de alcaldes y legisladores. Vaya forma de atender una disfunción estructural con medidas circunstanciales. ¿Acaso alguien duda de que el implacable centralismo fiscal no tiene que ver con el agotamiento administrativo del municipio en México?
Hasta el momento han sido las políticas de corrección más que las de prevención las que han dominado la atención del presupuesto público, federal, estatal y municipal. Sin embargo, la desatención en el campo y la catástrofe que vive desde 1988 producto de la desigual competencia con los productos de Estados Unidos y Canadá generó una masiva migración a las ciudades con los efectos de abaratamiento de la mano de obra, hacinamiento, problemas de salud, en la versión menos agresiva. En la otra, desde aquel año, la incorporación de jóvenes a actividades delictivas menores que involucionan de forma natural en otras y más graves infracciones tiene su explicación en la debacle sin fin del sistema educativo público y en la precariedad en el empleo, entre otros factores, esos sí estructurales.
La polémica en torno a una policía municipal, luego del diagnóstico presentado por Enfoque en su entrega del domingo pasado, pone en evidencia que la posibilidad de avanzar en un sentido específico para atacar el tema de una mejor policía aguardará varios años. Incluso el preciso análisis que presenta el secretario de Seguridad Pública federal, Genaro García Luna, no deja lugar a dudas: como estamos no podemos seguir. La pregunta es ¿hacia dónde dirigir nuestros pasos, qué medidas debemos tomar? Si observamos la discusión en torno a la modificación de las facultades del municipio en México, lo que estamos discutiendo es la naturaleza federalista del Estado. Es decir, no está siendo un amplio debate parlamentario o un proceso de negociación política lo que nos conduce a nuevas etapas en el desarrollo del país, sino la crisis del sistema policial.
¿Por qué no cuestionarnos también sobre la forma en que se administra la justicia en México? La parte de la prevención del delito no tendrá ningún efecto si sobre la materia de justicia sigue campeando la impunidad y la corrupción. Estos dos verdaderos obstáculos tienen más fuerza que cualquier iniciativa, acuerdo parlamentario o un buen discurso presidencial. Es, en efecto, uno de los temas estructurales sobre los cuales aún no hemos iniciado el debate.
Entre las altas tasas de desempleo y marginación, adicionadas con la imposibilidad de acceder a una justicia con imparcialidad (John Rawls dixit), tampoco habrá sistema democrático que se sustente en prácticas sociales sanas. De allí que, si bien la necesidad de reformar el sistema policial es importante, más aún lo es atender a las causas estructurales que nos han traído hasta donde nos encontramos. Las determinaciones sobre la policía indican qué tan bien o tan mal está cumpliendo su papel el Estado. Argumentar que la debilidad estructural procede del municipio es reconocer el error de origen en la planificación del desarrollo, en los criterios básicos de la política fiscal y aceptar por fin que el modelo aplicado desde hace 32 años fracasó. Esa conclusión no es tan mala noticia.
javierolivaposada@gmail.com

Las generaciones actuales

Las generaciones actuales /Enrique Krauze
Reforma, 13/12/09;
Hoy gobierna a México la generación política nacida entre 1950 y 1965. Está en el Ejecutivo, el Legislativo, el gobierno del DF y en muchos estados. Está en el PRI, el PRD y el PAN. ¿Cómo convendría llamarla? Tal vez: "Generación de la Modernidad Fallida" (GMF).
El libreto de las generaciones volteó la página en el sexenio de Ernesto Zedillo (1951). Pertenecía a la generación que debía fundar un nuevo ciclo, ya no posrevolucionario sino puramente moderno, un ciclo que debía llevar al país a un estadio superior de civilidad, prosperidad, equidad y democracia. Y así ocurrió... por breves años. Si bien México no creció como debía, la transición política se llevó a cabo con un orden admirable. No es casual que uno de los personajes centrales de ese proceso aterciopelado haya sido José Woldenberg (1952). Militante de izquierda en los ochenta, entendió temprano los imperativos morales y políticos de la democracia y se reformó a sí mismo. Se volvió uno de los hombres representativos de nuestra exigua izquierda moderna, tolerante, liberal. Con ésas y otras cartas credenciales encabezó al IFE, instrumento fundamental de un cambio de instituciones y costumbres políticas que entre todos conquistamos y que a veces no valoramos lo suficiente.
Lo natural en el año 2000 hubiese sido que un miembro de esa generación consolidara los avances y los llevara más lejos. Pero entonces el libreto de las generaciones dio un salto para atrás: los tres contendientes pertenecían al ciclo anterior, supuestamente superado: Cárdenas (1934), Labastida (1942) y Fox (1942). El presidente Fox resultó un hombre de ruptura, no un edificador. Y es una lástima: el país hubiese respondido con entusiasmo a sus propuestas de reforma estructural. No faltaron miembros de su gabinete (pertenecientes a la generación nueva) que las insinuaron. Otros y otras (también de esa zona de edades) aconsejaron un cambio paulatino o ninguno, situación que en la práctica condujo a la inmovilidad, la pérdida de tiempo y, peor aún, el vacío de poder. Ese vacío lo aprovecharon miembros anacrónicos de la joven generación: nostálgicos del 68 y obsedidos por la ideología del "nacionalismo revolucionario", se entregaron a un líder carismático que encarnaba el remoto pasado caudillista, no el orden institucional y democrático. Así fue como la que iba a ser la GM se convirtió en la GMF.
Hoy los principales abanderados de la "GMF" en el PRI navegan entre el pragmatismo, el dogmatismo y los medios, esperando reconquistar Los Pinos y entonces, sólo entonces, impulsar las reformas que ellos consideren necesarias pero que nadie, hoy por hoy, sabe cuáles son. Por su parte, el Presidente y su equipo (en el que predomina también esa generación) toman aire para presentar con su partido las reformas anunciadas. Ante la pérdida de credibilidad por su manejo de la crisis económica, deberían poner de inmediato sobre la mesa esas propuestas. En cuanto al PRD, la pregunta es obvia: ¿su "refundación" implicará una reforma o afianzará los dogmas del "nacionalismo revolucionario"? ¿Propiciará un programa modernizador o se inclinará ante el caudillo? Lo primero, estoy seguro, convertiría al PRD en una opción convincente para el 2012.
Los veteranos de la "GMF" ya peinan (si es que peinan) canas: van a cumplir 60 años. Los más jóvenes tienen 45 años de edad, es decir, no se cuecen al primer hervor. (A esa edad Lázaro Cárdenas ya era ex presidente). Ni unos ni otros han presentado al ciudadano un proyecto práctico, detallado, fragmentario si se quiere pero asequible para el país. La mayoría se limita a vocear un catálogo de vaguedades. En el teatro rápido de la política el tiempo vuela más que en el de la vida, y por eso dudo que esa generación (que debió fundar un nuevo ciclo) vaya a aportar mucho más al país. Cierto, algunos posibles precandidatos a la presidencia pertenecen a este grupo. Pero están dejando ir el tren de la historia.
Lo cual deja a la generación siguiente, la llamada "Generación X" (nacida entre 1966 y 1980) en una situación de orfandad que, sin embargo, tiene sus ventajas. Imaginemos a un hombre de aproximadamente 35 años. Para él, la Revolución Mexicana con todo y sus íconos es tan remota como la Independencia o la Conquista. Para él, el movimiento estudiantil del 68 es una épica que no quiere repetir. Pasó su infancia en medio de la crisis (82, 88), abrió los ojos horrorizados con el asesinato de Colosio, se llenó de esperanza con la transición política, se ilusionó con la campaña de Fox, se desilusionó con la gestión de Fox. Para él el PRI es sinónimo de corrupción, el PAN de mochería, por eso quiso creer en la izquierda, pero la izquierda mesiánica lo decepcionó. Ha vivido este sexenio en vilo. No se reconoce en los partidos y tiene una visión muy crítica tanto del gobierno como de la oposición. ¿Qué debe hacer?
Una opción es confiar en los representantes de su propia Generación X que ocupan ya cargos públicos y pueden ser contendientes para el 2012. Pero es difícil creer en ellos si nadie sabe, en concreto, qué país quieren. ¿Lo saben ellos? Por eso, al hipotético personaje no le queda más alternativa que asumir su orfandad -asumirla como opción de libertad, valor y creatividad- y buscar por cuenta propia caminos de participación cívica y política para lograr el cambio estructural que México requiere. Ésa es su tarea para el año entrante: el Año del Bicentenario.

Proyecto Conectoma

Desentrañar el cerebro
GONZALO CASINO
El País Semanal, 13/12/2009;
Científicos de todo el mundo ponen en marcha el Proyecto Conectoma. Objetivo: trazar el mapa del cerebro humano para entender cómo funciona esta maravilla. Al estilo del genoma.
Imaginemos un buen plato de espaguetis. Conocer la trayectoria exacta de cada espagueti y todos sus puntos de contacto con los que tiene al lado parece un problema peliagudo. Sin embargo, es fácil de resolver con la tecnología actual: basta escanear la pasta en finísimas lonchas y reconstruir una imagen en tres dimensiones. El problema cambia radicalmente de dimensión si esta bola de pasta tuviera miles de millones de espaguetis. Y así es como podemos imaginarnos la inmensa maraña de prolongaciones de las células del cerebro humano. Por eso, hasta ahora, tener un mapa detallado de los contactos o sinapsis entre las neuronas era un reto inabordable. Pero los científicos creen que ha llegado el momento de ponerse manos a la obra y parecen dispuestos a conquistar una de las últimas fronteras de la biomedicina: el conectoma humano.
El Proyecto del Conectoma Humano es comparable en muchos aspectos al del genoma humano, que arrancó a finales de la década de 1980 y tardó en completarse casi 15 años. Así como el objetivo de la iniciativa del genoma era descifrar la secuencia de 3.000 millones de letras o pares de bases del ADN humano, el del proyecto del conectoma es conocer con detalle toda la circuitería del cerebro y sus sinapsis. El desafío de los neurocientíficos es, sin duda, de mayor complejidad que el de los genetistas, porque, entre otras cosas, el volumen de datos que deben manejar es muy superior. Pero hay algo que tienen en común: el éxito de ambas empresas es inimaginable sin la tecnología apropiada y la cooperación internacional.
Con la tecnología actual, la secuenciación de un genoma ya es algo muy sencillo. Parece mentira que hace sólo unos años hicieran falta miles de técnicos e investigadores para lograr el primer esbozo del genoma humano. Pronto se podrán secuenciar todos los genes de una persona en unas pocas semanas y por poco más de 1.000 euros. Con el mapa del cerebro quizá ocurra algo parecido en el futuro. El paso que han dado los neurocientíficos es el de empezar a creer que el reto del conectoma es posible. Y lo han dado porque ahora disponen de microscopios adecuados y otras nuevas herramientas para acometer el proyecto.
La carrera del conectoma empezó oficialmente el pasado 14 de julio. Ese día, el Departamento de Salud del Gobierno de EE UU lanzó el Proyecto del Conectoma Humano, dotado con 21,3 millones de euros para los próximos cinco años. El objetivo de este programa es utilizar las nuevas tecnologías de neuroimagen para elaborar un mapa de los circuitos del cerebro humano sano. Los científicos ya están definiendo las líneas maestras de sus investigaciones. La evaluación y aprobación de los trabajos que se reciban en los próximos meses se realizará en 2010.
Pero al margen de este programa del Gobierno de EE UU, en los últimos años han empezado a tomar cuerpo otros proyectos internacionales que apuntan en la misma dirección. El más ambicioso es probablemente el denominado Blue Brain (Cerebro Azul), un trabajo definido en 2008 a escala mundial para estudiar la estructura neuroanatómica y funcional del cerebro de los mamíferos y poder hacer simulaciones en ordenador que ayuden a entender cómo funciona tanto el cerebro sano como el enfermo. La idea del Blue Brain es que en este proyecto se vayan incorporando más y más centros de investigación de todo el mundo para trabajar como un único laboratorio multidisciplinar.
"Los neurocientíficos hemos venido trabajando de forma muy descoordinada, pero nos hemos dado cuenta de que sólo si unimos nuestras fuerzas y trabajamos juntos, y con objetivos concretos comunes, podremos empezar a entender el diseño estructural y funcional del cerebro. Y además seremos más efectivos a la hora de encontrar soluciones para los problemas de salud mental y las enfermedades neurodegenerativas", sostiene Javier de Felipe, neuroanatomista del Instituto Cajal del CSIC, en Madrid, y coordinador del proyecto español integrado en el Blue Brain, denominado Cajal Blue Brain.
Si algo tienen claro los investigadores es que el abordaje del cerebro es sumamente complicado. Por eso, a pesar de los avances de las últimas décadas, sigue siendo prácticamente una caja negra. Para empezar a hacer hipótesis bien fundamentadas sobre su funcionamiento normal y sobre las alteraciones que puede haber en los circuitos cuando aparece una enfermedad, los investigadores necesitan de forma imperiosa visualizar cómo son los circuitos neuronales. La depresión, la epilepsia, el alzheimer y tantas otras enfermedades presentan alteraciones en los circuitos que son desconocidas. Y es necesario visualizar esos circuitos para avanzar.
Uno de los primeros pasos que hay que dar es conocer la estructura de una columna neuronal, considerada como la unidad estructural y funcional básica del cerebro. Una columna neuronal viene a ser como un cilindro de un cuarto de milímetro de diámetro y una altura de entre 1,5 y 4,5 milímetros, que es el espesor de la corteza cerebral. En el cerebro humano puede haber 50 millones de columnas, y en cada una de ellas, unas 60.000 neuronas. Pero todos estos datos son estimaciones. Hasta ahora nadie ha conseguido reconstruir una columna en su totalidad, saber exactamente cuántas y qué tipos de neuronas tiene, sus sinapsis, sus vasos sanguíneos y demás elementos.
Es aquí donde la neurociencia española entra en escena en este proyecto. La iniciativa Cajal Blue Brain, en la que participan siete equipos de diversos centros españoles, se va a encargar, entre otras cosas, de estudiar la organización anatómica y funcional de una columna cortical de rata. El objetivo es conocer este bosque de unos 8.000 a 10.000 árboles (neuronas) entrelazados por infinidad de lianas (conexiones sinápticas). "Esperamos poder lograrlo antes de cinco años. Seríamos los primeros en tener la estructura completa de una columna. Luego sería más fácil estudiar las columnas de otras especies y del ser humano", afirma De Felipe. Y explica que con esta información se podría estudiar en el ordenador el funcionamiento de la corteza cerebral. Entre otras cosas, se podría simular la acción de fármacos y cómo se alteran los circuitos en patologías como la enfermedad de alzheimer y otras.
Si hasta ahora no se ha podido obtener una imagen tridimensional de una columna es por las limitaciones de los microscopios, tanto ópticos como electrónicos. El problema de los primeros es que, aunque permiten ver un campo amplio, su poder de resolución es escaso y con ellos no se logran distinguir las sinapsis. En cambio, con los microscopios electrónicos sí que es posible ver las sinapsis, pero para ello hay que estudiar el cerebro en lonchas ultrafinas (de 40 a 60 nanómetros o milésimas de micra) que luego hay que recomponer para obtener una imagen global en tres dimensiones.
En los próximos meses, la Universidad Politécnica de Madrid contará con un "revolucionario" microscopio, un Zeiss Crossbean, con el que acometer el estudio espacial de la columna neuronal. Esta herramienta de visualización, sostiene De Felipe, supera muchas limitaciones de los microscopios ópticos y electrónicos, y permitirá que cualquier técnico no especialmente entrenado pueda realizar miles de secciones seriadas de forma automática y en sólo unos pocos días.
La coordinación internacional es uno de los puntos fuertes del proyecto Blue Brain. Todos los equipos de los diferentes países implicados trabajarán de forma coordinada para que los datos puedan ser compartidos e intercambiables. El método de trabajo de esta iniciativa, promovida por la Escuela Politécnica Federal de Lausana (Suiza) e IBM, es realizar lo que se denomina ingeniería inversa de todo el cerebro, es decir, analizar sus componentes para tratar de entender así cómo funciona.
La visualización tridimensional del cerebro es sólo parte del problema. "El problema verdaderamente grande es manejar toda esa información visual. Hace falta un enorme poder de computación, y no es casualidad que sea IBM el patrocinador principal de Blue Brain", señala Alberto Ferrús, neurocientífico del Instituto Cajal. Para la realización de la parte española del proyecto, financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación con 25 millones de euros, se contará con el superordenador Magerit, del Centro de Supercomputación y Visualización de Madrid (Cesvima).
¿Por qué es tan importante tener una imagen real y completa de la estructura neuronal del cerebro? La respuesta es bien sencilla: los neurocientíficos necesitan ver para imaginar y para plantear buenas hipótesis. De nuevo el caso del genoma es bien ilustrativo. Sólo después del descubrimiento de la estructura de doble hélice del ADN los científicos pudieron visualizar y entender cómo se emparejaban las bases y descifrar el código genético.
Pero la neurobiología es una ciencia más reciente y con retos más complejos. "Uno de los grandes objetivos de la neurociencia es descifrar el código neuronal, clave de la conciencia y de cómo los impulsos eléctricos se traducen en pensamientos, en recuerdos, en sensaciones", apunta Ferrús. Lo que los científicos buscan, en última instancia, es entender la mente y el cerebro humano, qué es lo que nos hace humanos. Para ello hay que conocer antes su estructura y averiguar qué tiene de exclusivo.

Lula

PERFIL: PERSONAJES 100 Luiz Inácio Lula da Silva
Icono Nacional
JULIO MARÍA SANGUINETTI
El País Semanal, 13/12/2009;
Brasil ha sido históricamente formado y conducido desde una lúcida élite, primero portuguesa, que logra mantener unido su vasto territorio en el momento de la independencia, y más tarde brasileña, que gobernó los últimos 200 años. A ella pertenecen aún los gobernantes más populares como Getulio Vargas, Juscelino Kubitschek o Fernando Henrique Cardoso. El primero ajeno a esos núcleos de poder económico o intelectual es el presidente Lula, quien –al tener éxito en su gestión– termina transformándose en un icono nacional, como lo es Pelé en el deporte. Su figura trasciende el debate y la competencia política; se ubica más allá de la coyuntura.
El concepto anterior no arrastra un juicio tan laudatorio para con su Gobierno. No hay duda de que Brasil ha crecido y ha mejorado sus indicadores básicos. Del mismo modo, el mundo entero considera a Brasil el referente latinoamericano por excelencia, y en ello el aporte presidencial ha sido decisivo. Sin embargo, no puede ignorarse el nivel de desigualdad social persistente, las vastas zonas de marginación y violencia que afectan sus grandes ciudades o el insuficiente rendimiento de su sistema educativo. Hay mejoras, pero no en el nivel deseable tras los cinco años fabulosos del comercio internacional (2003-2008). Ni aun la corrupción administrativa podría afirmarse que haya disminuido de verdad.
La cuestión es que Lula trasciende esas discusiones. Está más allá de ellas. Lo negativo ni le roza. En cambio, su presencia le ha dado optimismo al país, le ha fortalecido en la convicción de que ya no es el siempre prometido “país del futuro”, sino una gran potencia del hoy. Este obrero metalúrgico paulista venido del pobre y lejano noreste ha marcado un antes y un después.
Cualquiera que sea su futuro, ya ha hecho historia.

Romper una canción

Del libro Romper una canción de Benjamin Prado,  Ed Aguilar, 224 páginas sobre cómo se compuso un disco, inspirado, en parte, en José Alfredo Jiménez.
Esta es la parte:
Los mariachis barajan las canciones de amor
Fuimos a Praga a romper nuestra amistad. Estábamos tan seguros de que aquel viaje era un error que el día antes de salir, los dos tuvimos el teléfono en la mano para llamar al otro y decirle: «Mira, mejor lo dejamos, ¿vale? No es el momento adecuado, no va a funcionar y voy a decepcionarte ». Pero en esa ocasión hicimos más caso de mi epitafio que del suyo, y nos subimos a aquel avión que iba a la capital de la República Checa y quién sabe a qué más.
Lo de los epitafios viene de lejos, como casi todo entre dos personas que se conocen hace casi treinta años y han hecho juntas cosas tan divertidas que la mitad de ellas no se puede contar. El caso es que una noche, cuando todo el mundo se había ido y nosotros nos habíamos quedado tomando la última copa solos, como tantas otras veces, discutíamos, vayan ustedes a saber por qué, cuál sería, en nuestra opinión, el epitafio de un hombre honrado. El mío no estaba nada mal: «Aquí yace Benjamín Prado: no tener nada que decir nunca le obligó a callarse». Pero el suyo nos pareció a los dos el mejor: «Aquí yace Joaquín Sabina: jamás dio la cara». ¿Por qué a la hora de embarcarnos en la aventura de la que salió Vinagre y rosas confiamos más en el mío, lo cual ya era, en sí mismo, una temeridad, porque si de lo que se trata es de escribir, esas tres palabras, nada que decir, no parecen un atajo a ninguna parte?
Eso no lo sabemos, pero sí que las cosas que  tienen explicación suelen ser las más aburridas de todas. Y me apuesto algo a que cuando acaben este libro la palabra aburrimiento va a ser la última que se les venga a la cabeza.
En cualquier caso, si lo pensábamos dos veces, ¿de verdad no teníamos nada que decir? ¿No sería, más bien, que no queríamos decirlo? ¿O que no confiábamos, cada uno por sus propias razones, en tener la fuerza que hacía falta para hacer ese trabajo que, conociéndonos como nos conocemos, sabíamos que nos iba a convertir en una mezcla de picapedreros y buscadores de oro? Me doy cuenta de que habrá que explicar lo que acabo de escribir y dar algún que otro dato que preferiría callarme, para que los lectores no tengan la sensación de haber llegado a este libro cuando la historia ya estaba empezada. Qué le vamos a hacer.
En el otoño de 2008 yo no me encontraba muy bien. Acababa de salir de una relación infernal con una chica a la que, desde entonces, Joaquín, yo y todos los que nos rodean, llamamos, simplemente, Virgen de la Amargura; y aunque, en realidad, a esas alturas no estaba deprimido por perderla a ella, sino por la cantidad de cosas que había tenido que perder hasta entonces para conservarla, el resultado de la ruptura era que me sentía tan estúpido como todo aquel que apuesta por el mismo número equivocado... durante tres años. Una de esas cosas que había perdido era la más importante de todas: mi capacidad para escribir. Puede que suene algo melodramático, pero lo cierto es que llevaba dos años dándole vueltas a tres poemas que nunca avanzaban, al principio porque estaba pasándomelo demasiado bien como para ocuparme de otras cosas y al final porque ya no tenía ninguna duda de que no decían la verdad y, por lo tanto, nunca iban a ver la luz: yo no publico mentiras.
Aparte, también tenía por ahí una ex mujer que había conseguido que de cada diez palabras que yo pronunciaba dos fuesen abogado y embargo; una novela parada que sentía como un cuchillo clavado en la espalda, y cuya hoja se oxidaba día a día, y un par de chicas que me volvían loco pero que, sinceramente y por razones que no son de este libro, lo único que conseguían era hacer más grande mi sensación de estar perdiendo el tiempo.
El caso es que entre una cosa y otra me encontraba regular tirando a muerto, y empecé a darme cuenta de ello al ver la cara con la que me miraban los amigos, que llegaron a hacerme hasta una fiesta sorpresa, ideada por el poeta Luis García Montero, de la que lo único que puedo decir es que si no los maté entonces, ya no los mato nunca. Joaquín me regaló dos primeras ediciones de Pablo Neruda, pero amenazándome con que tendría que devolvérselas en cuanto dejara de estar deprimido. Como suele decirse, un verdadero amigo siempre te apuñala de frente.
Una noche en la que, como tantas veces, habíamos acabado en Los Diablos Azules, el bar que tienen Jimena Coronado y su amiga Lena de Marini en la calle Apodaca, en Madrid, Joaquín se tomó un par de copas para envalentonarse, me llevó a un rincón y me dijo: «Mira, Benja, te voy a proponer algo. Yo vivo en una felicidad doméstica de la que es imposible sacar un verso; pero tú estás hecho polvo, y eso es una mina. Te propongo aprovecharme de tus desgracias y que nos vayamos por ahí a escribir canciones contra tu ex novia. Donde tú quieras: La Habana, Lisboa, Nueva York, Praga... ¿Qué me dices?».
Dije que sí, convencido de que era una de esas promesas que se hacen en los bares a partir de las tres de la mañana, pero también recordando que ese plan, a fin de cuentas, era muy antiguo, porque fantaseábamos desde hacía años con perdernos por ahí, a escribir y divertirnos, en plan Dylan y Sam Shephard, una comparación que a los dos nos gustaba, a él porque le hacía verse componiendo «Like a Rolling Stone» y a mí porque me
hacía imaginarme siendo el marido de Jessica Lange. ¿Se acuerdan de ella, por ejemplo, en la película Frances? Es verdad que ya habíamos firmado a dúo otras canciones, a lo largo de los años, «Cuando aprieta el frío», «Esta noche contigo» y «Números rojos», pero no había sido igual, porque se trataba de letras hechas por los dos pero no juntos. Sin embargo, lo que sí creo que fue el principio de Vinagre y rosas, aunque por entonces ninguno de los dos lo sospecháramos, fue la canción «Parte meteorológico», que escribimos una madrugada en casa de Joaquín, sin esperárnoslo en absoluto y de una manera que a los dos nos dejó perplejos.
Estábamos allí, solos, tomándonos supuestamente la copa del adiós, cuando se nos ocurrió que estaría muy bien una canción en la que se contara una pelea entre dos amantes igual que se dan las noticias del tiempo; y lo que había empezado en broma, como uno más de tantos cadáveres exquisitos que hemos escrito entre nosotros y con otros amigos como Ángel González, el propio Luis García Montero o Felipe Benítez Reyes, es decir, los socios fundadores de lo que Joaquín llama el club de los poetas líricos, de los que suele afirmar que somos aún mucho más golfos que los músicos, se transformó de repente en un trabajo serio. Escribimos toda la noche, cada vez más metidos en lo que hacíamos y tan coordinados que cuando acabamos, ya bien metidos en el día siguiente, no sólo es que la canción estuviese hecha, sino que ninguno de los dos sabía qué se le había ocurrido a él y qué al otro. Se había producido una especie de combustión, que es la palabra con la que yo suelo explicar ese tipo de fenómenos. Y, sobre todo, lo habíamos pasado muy bien forcejeando con la canción para conseguir organizar una estrofa o solucionar una rima, deambulando por la habitación, como dos leones enjaulados, cuando no dábamos con la palabra que rastreábamos, y pegando saltos de goleador cada vez que dábamos en el clavo. ¿Dos tipos pueden ser tan felices por llegar al verso hacia el que corrían o porque se les ocurra una metáfora brillante? Créanme, si esos dos tipos somos Joaquín y yo, la respuesta es: sí. De hecho, ésa es la segunda cosa que más nos gusta del mundo.
Pero claro, tener un arrebato y dejar vista para sentencia una canción que te ha atacado por la espalda y contra la que has sacado el bolígrafo en defensa propia no es lo mismo que marcharte diez días con alguien a un hotel para escribir... ¿Qué? ¿Cómo? Y, sobre todo, ¿cuánto? Porque ¿de qué hablábamos? ¿De un par de canciones? ¿De tres...? ¿Cuáles eran las expectativas? Yo no me describiría, por lo general, como un escritor lento, ni a él tampoco, porque somos demasiado obsesivos como para tomarnos las cosas con calma; pero ¿podía salir algo de ese proyecto, teniendo en cuenta que en aquellos precisos instantes él, según decía, estaba desganado y con la inspiración a medio gas y yo de lo único que realmente tenía ganas era de tirarme a una piscina llena de vodka y bebérmela?
Demasiadas preguntas y ninguna certeza: mala cosa. Y, por añadidura, a mí me preocupaba que Joaquín hubiera pensado en eso sólo por mí, para intentar sacarme de la mezcla de nube negra y números rojos en la que estaba. Van a ver que es capaz de eso, y de mucho más. Pero ¿y qué? Hacer un disco con alguien que ha escrito, en mi opinión, muchas de las mejores canciones de nuestro idioma era un desafío extraordinario; y a mí me gustan tanto los retos que mis cuatro palabras favoritas siempre han sido: a ver qué pasa. Fijamos la salida hacia Praga, que es el lugar que mejor nos había sonado, para dos semanas más tarde.
Pero en quince días cabe mucho miedo, y mientras se acercaba la fecha, que hubo que ajustar un par de veces porque tanto él como yo teníamos otros compromisos, las dudas se iban haciendo mayores. Eso sí, a la sombra de las dudas también crecía la ilusión de hacer algo importante, y cuando hablábamos, nos infundíamos ánimos como si fuésemos boxeadores a punto de saltar al cuadrilátero:
«Vamos a hacer unas canciones ¡que se van a morir! », gritaba Joaquín. «Y sin tirar de oficio una sola vez, ni en una sola palabra», añadía yo, con una mezcla de convicción y pesimismo nada fácil de explicar. Sin embargo, el azar es parte de la realidad y, en lo que a mí respecta, un par de casualidades hicieron que todo cambiara de un día para otro y la marcha fúnebre se transformase en una rumba. ¿Se acuerdan de lo que decíamos en
el estribillo de «Números rojos»?: «Héroes sin tumba, / cal en los ojos, / hambre con rumba: / números rojos».
Pues eso.
Antes de que llegase el día de irnos llegó el cumpleaños de Joaquín, y Jimena decidió montarle una fiesta sorpresa en la que hubo muchos amigos, muchos regalos y, a los postres, una banda de mariachis, de los que él se  aprovechó para ponerme en los carriles que quería, que eran los de José Alfredo Jiménez. Me había hablado muchas veces de sus letras y yo, metido en mi papel de moderno, siempre le decía: «¿Rancheritas a mí? Tío, eso sí que no me lo cuelas ni a tiros, a mí sólo me interesa el rocanrol».
Él me respondía cantándome esa joya de «cuántas cosas quedaron prendidas / hasta dentro del fondo de mi alma; / cuántas luces dejaste encendidas: / yo no sé cómo voy a apagarlas», y me hacía admitir que no estaba nada mal.. .
Aquella noche, en cuanto aparecieron los mexicanos con sus trompetas y sus guitarrones, me agarró del cuello, les pidió que fueran cantando lo que a él le apetecía que oyese y me fue echando en el oído el veneno de «El último trago», y otros parecidos: «Tómate esta botella conmigo / y en el último trago nos vamos. / Quiero ver a qué sabe tu olvido / sin poner en mis ojos tus manos. / Esta noche no voy a rogarte, / esta noche te vas de deveras. / Qué difícil tener que dejarte / sin que sienta que ya no me quieras. /Nada me han enseñado los años, / siempre caigo en los mismos errores: / otra vez a brindar con extraños / y a llorar por los mismos dolores...».
—¿Comprendes, Benja? —decía Joaquín, eufórico, yendo y viniendo de entre los mariachis a la mesa—. Por ahí es por donde quiero que empecemos, con una canción
que tenga esa chulería del derrotado, un tipo que te mira de lado y dice: «Te vas porque yo quiero que te vayas; / a la hora que yo quiera te detengo. / Yo sé que mi cariño te hace falta, / porque quieras o no, yo soy tu dueño».
Sabes perfectamente de qué estoy hablando, ¿no?
—Supongo... En realidad, estuve pensando hasta hace poco escribir un poema que se llamase «Agua pasada » y que, más o menos, iba a estar en esa onda de «El último trago». Lo dejé porque él quería que lo escribiese, pero yo no.
—¿Agua pasada? Me gusta. No lo olvides. Igual tiramos por ahí, de entrada.
—Genial.
Dentro de algunas páginas, el lector habrá visto cuántas vueltas puede llegar a dar una letra en nuestras manos y, en este caso, descubrirá cómo la suma de un poema que yo no quería escribir y otro que él siempre quiso cantar puede dar como resultado una canción fantástica, de esas que los músicos suelen decir que van, con perdón, «directas al coño». Aún me pregunto si realmente le conviene a mi carrera juntarme con estos tipos.
La verdad es que Joaquín parecía bastante animado, pero eso no significaba gran cosa, porque su estado de ánimo es un tobogán, de manera que pasa de estar arriba a estar abajo en cuestión de segundos. Y, además, ocurrían otras dos cosas que me estaban agobiando: la cara de circunstancias de sus músicos y el hecho de que todo el mundo en la fiesta pareciera estar enterado de nuestro viaje.
Los primeros no aparentaban tener mucha fe en que nos fuésemos a Praga y, en caso de que al final lo hiciéramos, en que lográramos escribir un solo verso allí. Y tenían sus razones, porque hacía muy poco, mientras empezaban a trabajar para ver qué hacer, Joaquín había parado los ensayos y les había dicho: «Se acabó. No hay disco. Y lo que hay no me apetece hacerlo. Así que, de momento, olvidémonos». En cuanto a todos los demás, preguntaban y preguntaban: ¿Cuándo os vais? ¿Tenéis ya alguna idea? ¿Cómo lo pensáis hacer? A la tercera copa ya me los estaba imaginando un mes más tarde en otra fiesta, partiéndose de risa a nuestra costa. Pero hay algo en mí que me impide retroceder, y por eso cuando me puse a hablar con el director de cine Fernando León de Aranoa, que a Joaquín y a mí nos vuelve locos en todos los sentidos, lo primero que se me ocurrió fue decirle:
—Por supuesto que nos marchamos a Praga, ¡y vamos a escribir el mejor disco que hayas oído en tu vida!
De hecho, sería fantástico que filmases esto. Ya sabes, el proceso de creación, meter la cámara en el taller de las canciones... Sería fantástico.
—Pues ya sabes que me encantaría. Yo siempre he tenido en la cabeza hacer con Joaquín algo parecido a El último vals. Pensaba en un concierto en el circo Price, o algo por el estilo. Pero lo que dices suena muy bien. Yo estoy preparando una película, pero me apetece un montón. Hablamos en cuanto regreséis a Madrid.
No sabía dónde se estaba metiendo, bendito inocente...
Y aunque luego voy a contárselo, por ahora puedo adelantarles que, desde entonces, él lo llama el wild side... y que yo suelo añadir que se queda corto.
La noche, por su parte, fue larga y se dividió en muchos caminos, pero cuando regresé a casa ya me daban vueltas a la cabeza algunas ideas sobre «Agua pasada».
Buena señal. Sin embargo, cuando me desperté a la mañana siguiente, me puse a trabajar en la novela en la que estaba enredado, y la palabra canción se mantuvo a cierta distancia de mí.
Un par de días más tarde, cuando estaba comiendo en casa de unos familiares, me llamó por teléfono Pancho Varona, que como todo el mundo sabe es el músico de cabecera de Joaquín y su hermano por lo civil:
—Hola, Benja. Hoy tenemos una noche sabinera en la sala Galileo. Habrá invitados. Pereza, Santiago Segura y tú, si te apetece. ¿Te vienes?
Pensé que estaba loco de remate, así que decidí estarlo yo aún más y contesté:
—Vale. ¿Qué quieres que cante?
—Una tuya. Por ejemplo, «Esta noche contigo». La hacemos un poco más rápida que la original.
—Perfecto, iré, pero con una condición: que hagamos un ensayo.
—Vale, aunque no hay mucho tiempo. Te doy un cuarto de hora.
—Ahí estaré. Si a los cinco minutos me doy cuenta de que no es buena idea, a los diez me pido un taxi y me largo.
Las noches sabineras son una demostración de lo que significa Joaquín para miles de personas. Es algo que han hecho de vez en cuando los Rolling Stones, que al llegar a alguna ciudad especial, el día antes de dar su concierto en un estadio, la banda, sin Mick Jagger, toca en cualquier club pequeño... para los pocos que puedan pagar una entrada
de cientos de euros. Los músicos de Joaquín hacen lo mismo, sólo que con la entrada más barata, y además en algunas ocasiones le dan al público que asiste a esas veladas la oportunidad de subir al escenario a cantar un tema y a «ser Joaquín Sabina durante tres minutos». Sus conciertos están siempre abarrotados. Y el de esa noche también lo estaba; y cantar «Esta noche contigo» y ver la respuesta de la gente, que es la que tienen siempre las composiciones de Joaquín, coreando cada verso a todo pulmón, me dio ganas de salir de allí corriendo y encerrarme en casa a escribir todas las canciones del mundo.
Aquella noche, como me había adelantado Pancho, participaban también en el espectáculo los chicos del grupo Pereza, Leiva y Rubén, que siempre me han encantado,
y empezamos a hablar un poco de todo. Rubén admira mucho a Joaquín, lo llama el jefe, y a él también le gustan ellos, lo habíamos hablado alguna vez y había dicho: «Son muy buenos, parecen argentinos. De hecho, son los mejores». Bueno, pues entonces, ¿a qué esperábamos?
Le dije a Rubén que sería fantástico que participasen en el disco, que le inyectaran un poco de sangre nueva; y un par de copas más tarde habíamos quedado en que yo le mandaría un rocanrol que me daba vueltas a la cabeza y que iba a llamarse «Embustera». Ni se imaginan la cantidad de cosas que han ocurrido también alrededor de esa canción, que a mí me importa mucho porque es la que más le dice a la Virgen de la Amargura lo que fuimos a decirle a Praga, y que además yo veo como una de esas diatribas de odio a sus ex novias que siempre escribió Dylan, que estoy seguro de que está completamente de acuerdo conmigo en que saber perder es de hipócritas. De momento, no voy a entrar en detalles que pormenoricen la lucha que hubo entre los partidarios y los detractores de esa canción, pero si pueden cerrar los ojos y ver a unos cuantos tipos tirando de una cuerda, la mitad hacia un lado y la otra mitad hacia el contrario, se harán una idea.
Y creo que con esto ya he dicho, a grandes rasgos, cómo empezó esta historia que soy consciente de que cuando acabe de ser contada hará que algunos nos tomen manía. Ya les digo, desde ahora, que lo comprendo: no se puede ser tan amigos, reírse tanto y escribir canciones como las que hemos escrito, de manera impune y sin levantar alguna que otra envidia. Les pedimos perdón, aunque no sea humildemente, y les invitamos a ser parte de
la familia mientras dure este libro. ¿Me creerán si, ahora que está a punto de terminar su disco y acaba de empezar mi libro, les juro que después de siete meses peleándonos no hemos discutido ni una sola vez? Les voy a contar cómo es posible semejante cosa.
Nos vamos. Abróchense el cinturón.

Vinagre y rosas de Sabina

REPORTAJE: MÚSICA
Sabina a cuatro manos/IKER SEISDEDOS
Publicado en El País Semanal, 13/12/2009;
La felicidad no le inspiraba. La placidez doméstica mermaba su creatividad. Alarmado, le pidió árnica a su amigo el escritor Benjamín Prado para escribir las canciones de su nuevo disco. El resultado, 'Vinagre y rosas', es un fenómeno de ventas. Además, Sabina vuelve a la carretera a los 60.
Curiosamente, todo empezó uno de esos días que, más que a los principios, suelen estar asociados a los finales. El cantautor y poeta Joaquín Sabina cumplía 60 años y, fiel a su estilo, la celebración sorpresa se convirtió en un brindis de trago largo y alta graduación por la amistad y por el poder para la epifanía de las canciones. Desde la altura o el vértigo de un puñado de copas, Sabina se acercó a su amigo el escritor Benjamín Prado, que atravesaba entonces uno de esos largos túneles a los que sólo empujan los abandonos sentimentales, y le vino a decir sobre el fondo de mariachis de un tema de José Alfredo Jiménez: "Benja, no me sale nada. La felicidad doméstica está matando mi creatividad. Préstame algo de tu cabreo emocional".

El sentimiento de culpa

Atención al sentimiento de culpa/XAVIER GUIX
Publicado en El País Semanal, 13/12/2009
El sentimiento de culpa inunda de forma subterránea nuestras vidas, hasta el punto de regular buena parte de nuestra conducta. 
¿Algún día podremos vivir en paz sin sentirnos culpables por algo?
Observemos una secuencia que podría suceder en cualquier casa: el niño o la niña juega a alcanzar un jarrón que se encuentra en lo alto de un mueble. Con el zarandeo, el jarrón se precipita al vacío rompiéndose en mil pedazos. La primera respuesta de la criatura es asustarse y llorar, o quedarse atorada. Se da cuenta de que su acción ha provocado algo anormal, es decir, que tiene una mínima conciencia de la relación entre la acción y sus consecuencias. Por eso no ríe, aunque tampoco sabe lo que debe sentir.
Entonces llega la figura cuidadora y al ver la cara que pone se da cuenta de la que le viene encima. Y llora. No por miedo, sino por la actitud con la que se le riñe. Ahora sabe lo que tiene que sentir. Acaba de descubrir algo así como un sentimiento de culpa. Hay cosas que están bien y otras que están mal.
LA CULPA ESTÁ ENRAIZADA EN NUESTRO SISTEMA EVOLUTIVO
El conocimiento del bien y del mal no es otra cosa que el afecto de alegría o de tristeza, en cuanto que somos conscientes de él (Spinoza)

Primera reunión en Roma para el caso Maciel

Visitadores apostólicos de la Legión de Cristo reunidos en primera evaluación
ROMA, 04 Dic. 09 / 01:01 pm (ACI)
Los cinco obispos que el Papa Benedicto XVI nombró para la Visita Apostólica que ordenara hace unos meses a la Legión de Cristo, se encuentran reunidos en la Santa Sede para efectuar una primera evaluación.
Esta primera reunión de evaluación que se realiza entre hoy y mañana sábado se realiza en la Secretaría de Estado y es presidida por el Arzobispo Fernando Filoni, Sustituto de la Secretaría de Estado, a quien los cinco visitadores están dando los primeros alcances de la Visita Apostólica.
En esta reunión están presentes Mons. Ricardo Watti Urquidi, Obispo de Tepic (México); Mons. Charles Chaput, Arzobispo de Denver (Estados Unidos); Mons. Ricardo Ezzati Andrello, Arzobispo de Concepción (Chile); Mons. Giuseppe Versaldi, Obispo de Alejandría (Italia); y Mons. Ricardo Blázquez Pérez, Obispo de Bilbao (España).
Diversos medios de comunicación dieron cuenta en días pasados de una supuesta reunión de emergencia que se habría realizado en octubre, información que según fuentes confiables es totalmente falsa.
El pasado 31 de marzo del Superior General de los Legionarios de Cristo, P. Álvaro Corcuera, dio a conocer la decisión del Papa Benedicto XVI de realizar una Visita Apostólica a esta congregación, la que se inició el 15 de julio.
**
La nota supuestamente falsa
ROMA | Investigación tras conocerse que el fundador tenía una hija
Un primer informe sobre la Legión, en manos del Papa
Sólo se están recibiendo ahora los testimonios de víctimas
Miembros de la congregación denuncian el secretismo
La Legión reconoció que el fundador tenía una hija
Efe | Roma
Actualizado El Mundo.es lunes 09/11/2009 08:54 horas
Los visitadores nombrados por la Santa Sede para realizar una investigación en las instituciones y centros de los Legionarios de Cristo (LC) y del Regnum Christi (RC) fueron convocados a Roma, a finales del mes de octubre, donde presentaron a Benedicto XVI un primer informe sobre los resultados de su investigación.
Según la información facilitada por sacerdotes legionarios que aún continúan dentro de la congregación religiosa, pero que disienten de la actitud de "secretismo" que están manteniendo los responsables de la LC, la visita apostólica está prácticamente concluida.
No obstante, los visitadores siguen trabajando en algunos centros que quedan pendientes, como en el caso de España, y porque todavía son muchas las personas, sobre todo laicos y consagrados del RC, que han solicitado ser recibidos por los visitadores y darles su testimonio.
En fuentes cercanas a uno de los visitadores, ha podido confirmar este encuentro: "fuimos llamados a Roma con urgencia", dijo uno de ellos, quien precisó que las acusaciones de pederastia contra el fundador de la LC, Marcial Maciel, prácticamente no se han investigado.
El motivo es que la Santa Sede dispone ya, desde hace años, de un importante dossier al respecto, que llevó a la condena de Maciel en el año 2005, y sólo se están recibiendo ahora los testimonios de víctimas o afectados que han solicitado entrevistarse con alguno de los visitadores.
El Papa, según las mismas fuentes, "tiene ya muy clara la situación de la Legión de Cristo y las acusaciones contra el fundador; en lo que estamos profundizando, a petición de la Santa Sede es en el cumplimiento de la supresión del cuarto voto o de caridad -el no hablar mal o denunciar a los superiores- ordenada por Roma".
Asimismo se está poniendo especial énfasis en investigar "si las Constituciones que aplica la Legión corresponden a las aprobadas en su día por la Santa Sede, en la cuestión financiera y la titularidad de las propiedades y de los centros y, por mandato expreso del Papa, en la posible 'coacción y control' de las conciencias en los miembros consagrados de la Legión", precisaron las fuentes.
Desconfianza y disensiones
La situación que se vive internamente en los centros legionarios y del Regnum Chisti ha pasado del desconcierto cuando se hizo pública la decisión del Papa de investigar las obras de Maciel, tras reconocer la Legión que el fundador tenía una hija-cuya identidad reveló EL MUNDO-a la de desconfianza por la falta de información, a la angustia de muchos sacerdotes y consagrados del RC por el futuro, y a los abandonos de sacerdotes y miembros laicos.
Un sacerdote legionario, que ocupa un importante puesto en la LC y que sigue dentro a la espera de la decisión de la Santa Sede cuando finalice la visita apostólica, ha resumido la situación:
"En la LC y el RC existen en estos momentos tres tipos de actitudes: los que siguen pensando que todo es falso y es una prueba más que nos envía Cristo; los que han abandonado y se han salido, y los que vivimos una tremenda frustración por el secretismo de nuestros superiores y que estamos esperando para tomar una decisión a lo que decida el Papa y si se convoca un Capítulo General".
"Todo lo que se ha venido diciendo, es cierto -sostiene este sacerdote-, y se conocía a nivel de algunos superiores y de la Santa Sede desde hace por lo menos más de veinte años según ha reconocido el propio Vicario General, Luis Garza, en sendas conferencias internas pronunciadas este verano".
"Es una situación insostenible porque cuando preguntas a tu superior sobre algo concreto, o no te responde o te contesta 'pues es Ud. el primero que me plantea esto".
Para este legionario, y que han corroborado otros miembros de la LC que han pedido incardinarse en otras diócesis, entre ellas las de Madrid, es que la "desconfianza" es absoluta en los centros legionarios, "no te puedes fiar ni hablar de estos temas con el que tienes al lado, bien porque te dice que no quiere saber nada o bien porque minutos después ha ido al superior a contárselo".
Esta situación se está planteando también en los centros del Regnum Christi y entre las consagradas, aunque la posibilidad de poder acceder a Internet -en los centros legionarios el acceso a Internet o al correo electrónico está absolutamente controlado y determinadas páginas críticas o que informan sobre esta visita apostólica censuradas- y a más información les permiten seguir con mayor facilidad lo que está ocurriendo.
El desengaño, el cuestionamiento de la propia fe en algunos casos y la imposibilidad muchas veces de encontrar acogida o apoyo en el entorno cercano, han llevado a un grupo de laicos del RC a crear una red de acogida, en casas particulares, para aquellos miembros y consagradas del RC que necesiten "reflexionar sin presiones externas" sobre su futuro de permanencia o no en la RC.
Transparencia
También, y ante las denuncias sobre algunos casos de abusos sexuales en los colegios legionarios, un grupo de padres cuyos hijos continúan sus estudios en escuelas legionarias, ha constituido en México la asociación "Transparencia Legionaria" con el objetivo de unir a los padres de familia y reclamar transparencia en dichas escuelas.
Este grupo ha enviado su petición de "transparencia" a Benedicto XVI, los visitadores apostólicos, los directores de las escuelas, los superiores de la Legión de Cristo y al Grupo Integer -institución que controla toda la financiación de la Legión, en todo el mundo, mediante distintas sociedades- exigiendo "una respuesta oficial, pública y rápida" a tres cuestiones.
Reporte mensual de ingresos y gastos en las escuelas, para conocer dónde va a parar el dinero que invierten en la educación de sus hijos; declaración de principios de la escuela, sobre si su objetivo es educar o "tener un semillero de futuros sacerdotes o miembros del Regnum Christi" y el curriculum de quienes educan a sus hijos, y cómo y por qué son contratados.