17 ene. 2009

Contra la delincuencia organizada


Establecen México y Panamá Grupo de Alto Nivel de Seguridad y Justicia
Viernes, 16 de Enero de 2009 Comunicado
Panamá, Panamá
CGCS-013
El Presidente de México, Felipe Calderón Hinojosa, y su homólogo de Panamá, Martín Torrijos Espino, establecieron hoy el Grupo de Alto Nivel de Seguridad y Justicia, en el marco de la Jornada Presidencial contra la Delincuencia Organizada, realizada en esta ciudad.
El Grupo de Alto Nivel fungirá como un mecanismo de coordinación bilateral a través del cual se coordinarán y desarrollarán acciones de cooperación en el combate a la delincuencia organizada, especialmente el narcotráfico y tráfico de armas, el terrorismo, el tráfico y trata de personas, el lavado de activos, entre otros delitos transnacionales.
Esta instancia de trabajo bilateral tendrá a su cargo: el desarrollo de mecanismos que permitan el intercambio de información permanente; promover el intercambio de experiencias en materia de seguridad internacional, seguridad pública, persecución criminal, procuración de justicia, prevención del delito, combate a la delincuencia organizada y procesos de reingeniería y transformación de instituciones de seguridad; así como el diseño de programas de capacitación y profesionalización de servidores públicos de ambos países.
Con el fin de dar debido seguimiento a los Acuerdos, la Procuraduría General de la República y su contraparte, la Procuraduría Nacional de Panamá, fungirán como Secretarías Técnicas de este Grupo de Trabajo.
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Comunicado conjunto
Los Jefes de Estado de Colombia, Guatemala, México y Panamá, reunidos con ocasión de la Jornada Presidencial contra la Delincuencia Organizada convocada por el Excelentísimo Señor Martín Torrijos Espino, Presidente de la República de Panamá,
CONSIDERANDO
La legítima preocupación de la ciudadanía por el nivel de violencia existente en nuestros respectivos países y la necesidad de que se comprenda que esa violencia criminal es el producto natural y perverso del problema mundial de las drogas y de la delincuencia organizada, que se expresa en amenazas como el narcotráfico, el terrorismo, la corrupción, el lavado de activos, el tráfico ilícito de armas, municiones y explosivos, la trata de personas y el tráfico de migrantes y las conexiones entre ellas;
Que la lucha contra estas amenazas genera enormes costos y sacrificios humanos, económicos y sociales;
La magnitud de la delincuencia organizada y el carácter transnacional de sus actividades delictivas, así como la naturaleza destructiva y desestabilizadora de sus objetivos de poder y control territorial, los medios que emplea, el uso intensivo y deliberadamente cruel del terror, la intimidación, la corrupción y la violencia con que busca imponerse a la sociedad y al Estado;
Que la delincuencia organizada atenta contra las instituciones de los Estados, erosiona la confianza ciudadana en las instituciones democráticas y consecuentemente tiene efectos altamente negativos para nuestras sociedades;
Que el fortalecimiento de los acuerdos y mecanismos bilaterales y subregionales en materia de seguridad y defensa contribuye a la paz y la estabilidad política de la región y a la seguridad en el Hemisferio;
Que se hace imprescindible profundizar la cooperación efectiva y oportuna entre las autoridades competentes de nuestros países, con miras a incrementar la capacidad de respuesta en la lucha contra todas las manifestaciones de la delincuencia organizada, en particular el narcotráfico
MANIFIESTAN:
1. Que la delincuencia organizada y el problema mundial de las drogas constituyen una amenaza para la gobernabilidad democrática, la seguridad del Estado y la sociedad.
2. Que se recopilarán los acuerdos bilaterales y multilaterales vigentes entre los países participantes en materia de combate a la delincuencia organizada; lucha contra el problema mundial de las drogas; cooperación en materia de seguridad, intercambio de información e inteligencia; procuración de justicia; lavado de activos; extradición y persecución criminal, con el fin que se concrete la suscripción de un instrumento jurídico único y abierto a la firma de otros países de la región.
3. Que el combate a la delincuencia organizada y el narcotráfico es una prioridad de política pública que exige acciones decididas, concertadas y coordinadas de cooperación por parte de nuestros Gobiernos, teniendo como base el principio de corresponsabilidad y los instrumentos internacionales vinculantes en el ámbito multilateral, regional y bilateral, incluyendo los Grupos de Alto Nivel de Seguridad y Justicia.
4. Que instan a los órganos pertinentes del Estado a que, en el ejercicio pleno e independiente de sus competencias, poderes y facultades, fortalezcan los esfuerzos en la lucha contra la delincuencia organizada, el narcotráfico, el tráfico de armas y el lavado de activos.
5. Que en materia de combate al lavado de activos reconocen la importancia de unir esfuerzos para compartir, de forma continua y eficaz, mayor información relacionada con este fenómeno, e instruyen a sus respectivas autoridades a coordinarse entre ellas para sumar investigaciones financieras y patrimoniales concernientes a las organizaciones criminales que tengan presencia en cada uno de los países.
6. Que fortalecerán las acciones conjuntas encaminadas a combatir a las organizaciones internacionales dedicadas al tráfico de migrantes, y sumarán esfuerzos con los demás países de la región para lograr este propósito, ya que se trata de un delito que no reconoce fronteras y que afecta a la seguridad nacional y a los derechos humanos de las víctimas del tráfico y la trata.
7. Que rechazan y condenan todas las formas de violencia y la presencia y acción de grupos armados ilegales cualquiera sea
su origen y motivación.
8. Que invitan a los demás países del Hemisferio a continuar aunando esfuerzos en el combate a la delincuencia organizada en todas sus manifestaciones.
9. Que instruyen a sus respectivas autoridades, particularmente a las que participaron en las Mesas de Trabajo Técnicas celebradas como parte de esta Jornada, a concretar este esfuerzo conjunto, con pleno respeto a la soberanía y normatividad interna de cada país, a través de las siguientes acciones principales:
Agilizar y mejorar el intercambio de información utilizando todas las herramientas tecnológicas al alcance, como es el caso de la Plataforma México.
Estrechar la cooperación a efecto de lograr una más efectiva judicialización de casos.
Aprovechar en el corto plazo las infraestructuras y programas de capacitación de los países participantes diseñados para el entrenamiento del personal encargado de la lucha contra la delincuencia organizada, profundizar el intercambio de experiencias en materia de desarrollo policial y colaborar para el establecimiento de sistemas de control de confianza.
Promover esquemas de colaboración estrecha entre autoridades migratorias, a fin de combatir el tráfico de personas, el uso de documentos falsos y desarrollar mejores controles de identidad.
10. Que apoyan al Gobierno de Guatemala, encabezado por el Presidente Álvaro Colom Caballeros, en su esfuerzo en contra de la delincuencia organizada y el narcotráfico, y en el fortalecimiento de las instituciones del Estado encargadas de esta tarea, y que instan a la comunidad internacional a que continúe brindando todo su apoyo para combatir el flagelo de la delincuencia organizada que afecta a todo el pueblo de Guatemala.
Los Jefes de Estado de Colombia, Guatemala y México expresan sus sentimientos de gratitud y reconocimiento por las atenciones de que fueron objeto por parte del Gobierno y el pueblo de Panamá.

Basta ya!

Basta ya!/Por Ricardo Lagos Y Mary Robinson, presidente y vicepresidenta del Club de Madrid, respectivamente
Publicado en EL PAÍS, 16/01/09;
La invasión israelí de Gaza y la feroz lucha en la Franja, tras los lanzamientos de cohetes y misiles entre Hamás e Israel, contribuyen poco o nada a la paz en Oriente Próximo. La condena internacional de esta nueva guerra entre Israel y Palestina y los llamamientos a un alto el fuego han sido tan rápidos como la propia incursión. Pese a ello, hasta que los líderes de la región decidan que ya es suficiente, la paz no tiene una oportunidad real.
Ya nos pronunciamos antes de la incursión terrestre, pero dada la escalada del conflicto nos sentimos obligados a manifestarnos de nuevo. Esta vez con un lenguaje más fuerte hacia las partes enfrentadas. Como ex presidentes y primeros ministros, y como miembros del Club de Madrid, decimos: “¡Basta!”. Y urgimos a los líderes de Oriente Próximo a decir ¡Basta! a la guerra y el sufrimiento y ¡Basta! a la incapacidad de asumir el camino de la paz.
Los llamamientos internacionales para un inmediato alto el fuego y los esfuerzos diplomáticos para conseguirlo son necesarios pero no suficientes como respuesta a la agresión, la guerra y el asesinato de civiles inocentes en nombre de la seguridad o la autodeterminación. La violencia de ahora, como en el pasado, nace de la sangre y sólo alimentará un mayor derramamiento de sangre. Es otro capítulo -quizás destinado a convertirse en uno de los peores- de una larga saga.
Más de 1.000 muertos. Miles de heridos. Edificios y escuelas de la ONU bombardeados. Refugiados sin refugios. El uso de escudos humanos. La profunda inseguridad. Las víctimas se acumulan y, en ambos bandos, son mayores entre los civiles que entre los combatientes. Los cohetes de Hamás son menos mortales que los misiles israelíes, pero atacan cinco veces más a los civiles que a los soldados. Los objetivos de Israel son sólo los combatientes enemigos, pero los daños colaterales incluyen a trabajadores de Naciones Unidas y a más de 300 niños palestinos, mientras que el “fuego amigo” de Tzahal ha matado tantos soldados israelíes como Hamás. Entretanto, algunos líderes de la región urgen de forma infame a su juventud a cometer un suicidio masivo en respuesta. Este ciclo enfermizo debe ser atajado de raíz. Ahora. Antes de que la historia se repita a sí misma con una ocupación prolongada, más terrorismo suicida y desastrosas consecuencias políticas. Y el ciclo sólo puede terminar cuando los líderes estén dispuestos a asumir el riesgo de la paz.
Hacemos un llamamiento a los líderes implicados en la crisis a cesar y desistir y a pedir a sus vecinos que hagan lo mismo. ¿Quieren esos dirigentes de Oriente Próximo ser recordados por las víctimas o por el liderazgo que puso fin a las mismas? Les preguntamos: ¿por qué no decir a vuestros colegas de Gabinete y a vuestro círculo de asesores de alto nivel que planeáis utilizar vuestro liderazgo para salir de la muerte y la destrucción? Por el bienestar de vuestros propios pueblos. No esperéis a los otros.
Todos conocemos la historia del sufrimiento y de la necesidad de seguridad. Sabemos de batallas, fronteras y muros. También conocemos aproximadamente cómo será el acuerdo final y algunos de nosotros hasta hemos estado involucrados en esfuerzos para fraguar este acuerdo que no acaba de llegar: paz por territorios, la solución de los dos Estados, garantías de seguridad para Israel, compartir la Ciudad Santa y un acuerdo sobre el derecho de retorno de los refugiados palestinos. Pero todo eso debe ser firmado, apoyado y aplicado por líderes que defiendan y compartan un compromiso para construir y vivir en un mundo que sea seguro en la diferencia
. Esto significa un mundo donde no sólo los israelíes y los palestinos puedan vivir en lados opuestos de una frontera militarizada libre de ataques de misiles y cohetes. Donde la paz no sólo venga porque la alternativa es peor, sino donde la diversidad religiosa, étnica, cultural y lingüística sea celebrada en lugar de ser objeto de violencia. Donde no sólo descansen las armas, sino que los manifiestos, declaraciones, actitudes y enseñanzas que cuestionan o niegan a un Estado -o incluso a su gente- el derecho a existir sean descartados. Donde la paz llegue porque los enemigos, pese a sus diferencias, se pongan de acuerdo para buscar un entendimiento de lo que la paz supondría y para construir un proceso hacia ese objetivo.
Como ex jefes de Estado y de Gobierno sabemos que no será fácil. Sabemos que los líderes juegan con el miedo de su gente porque eso funciona políticamente. Pero a través de nuestra experiencia y de nuestro trabajo reciente para construir sociedades compartidas también sabemos que los líderes pueden llevar a sus pueblos a triunfar sobre estos miedos -basados en la diferencia- mediante el aprendizaje de conocerse, de respetarse el uno al otro y de celebrar su diversidad, en vez de definir al otro por referencias negativas. Ésta es la única opción. No existe un plan B. En un nuevo año donde el cambio es necesario y esperado en diversos ámbitos, piensen en lo que podría ocurrir si los líderes de Oriente Próximo, de forma individual y colectiva, hicieran lo inesperado y dijeran, “¡Basta!” y comenzaran a sentarse y trabajar de verdad por un proceso compartido hacia la paz. Por favor digan “¡Basta ya! Empecemos con Gaza y empecemos ahora”. El mundo estará con ustedes.

Judios de los judios

Los judíos de los judíos/Elias Khoury, escritor libanés.
Publicado en El País, 16/01/2009;
Traducción de Jaume Ferrer Carmona.
En mayo de 1949 se publicó la novela del escritor israelí S. Yizhar La historia de Khirbet Khizeh, en la que se narran los desconcertantes hechos acaecidos durante la salvaje expulsión que el Ejército israelí llevó a cabo en una pacífica aldea del sur de Palestina. El libro, especialmente al ser adaptado en 1978 para una serie de la televisión israelí, causó gran polémica. Pero lo que verdaderamente llama la atención es que, tras Khirbet Khizeh y el largo cuento escrito por el mismo Yizhar titulado El prisionero, la literatura israelí haya mantenido un silencio casi absoluto en torno a la guerra de 1948. La tercera generación de escritores israelíes, la llamada Generación del Estado, ha ignorado los acontecimientos del año 1948 y la Nakba, la catástrofe palestina, aparece sólo tangencialmente en las obras de Amos Oz, Abraham Yehoshua o David Grossman.
Los críticos no se ponen de acuerdo en la lectura de la novela de Yizhar. No saben si hay que considerarla como una toma de consciencia catártica o como, según escribió Haim Gouri, “una anécdota comparado con lo que los árabes nos han hecho”.
He vuelto a la novela, a Khirbet Khizeh, al contemplar las cruentas escenas de Gaza. Aunque sea recurrente decir que la fotografía es la herramienta artística con mayor capacidad expresiva, yo sigo creyendo que el texto literario es el que alberga en sus múltiples niveles de lectura el poder de sondear las profundidades de la experiencia humana. He vuelto al texto de Yizhar no sólo para comparar lo ocurrido en Khirbet Al Khisas, una más del conjunto de aldeas palestinas destruidas en noviembre de 1948, y lo que actualmente está sucediendo en Gaza, sino también para comprender el principio israelí que legitima el asesinato y la expulsión de palestinos.
La aldea de Khirbet Al Khisas -que muy probablemente, según el jefe de la operación israelí, Yehuda Baiiry, sea la Khirbet Khizeh de Yizhar- estaba a medio camino entre Al Muyaddal y Bet Hanun. Es lógico pensar que sus habitantes huyeran hacia esta última población o hacia algún campamento o aldea de la Franja de Gaza. En ese sentido podemos decir que la novela de Yizhar no ha concluido todavía, que 60 años después adopta una nueva forma y que las víctimas de hoy son las de ayer.
El texto de Yizhar es asombroso porque realiza una aproximación profética al estilo realista. En la novela se detallan con precisión las tareas de una unidad del Ejército israelí encargada del desalojo de los habitantes de una aldea palestina y de la demolición de sus casas, pero lo hace empleando un tono profético y judaico, como si tomara prestadas las voces de los profetas del Antiguo Testamento.
La ocupación de la aldea se completó en 1948 sin ninguna resistencia. La novela describe la angustia del sujeto israelí y también sus bromas y pasatiempos. En cuanto a las víctimas palestinas, son meros objetos sobre los que recae su acción, una prolongación de la naturaleza, de la geografía y de la fauna, una parte silente, resignada e impotente.
Producen escalofríos los calificativos que los miembros de la unidad israelí dedican a los campesinos árabes, a los que despojan de cualquier atributo humano. Contemplemos algunos ejemplos: son inmundos, despreciables, almas hueras, gusanos, apestan a tumba, no son hombres, son fantasmas, huyen, son depravados. En cuanto a su tierra: está podrida, cubierta de suciedad por todas partes. Los soldados de la unidad israelí también se mofan de la cobardía de los palestinos que no luchan para defender sus campos y sus hogares. ¿No nos recuerdan este tipo de expresiones racistas las de otro vocabulario, el usado por los nazis durante el Holocausto?
Dos son las escenas culminantes de la novela: en la primera presenciamos la locura de una mujer palestina y su bebé: “De pronto irrumpió una mujer con su hija lactante en brazos, una criatura flaca a la que zarandeaba como si fuera un objeto sin valor. La niña tenía la cara macilenta, estaba enferma y daba asco y su madre, asiéndola por los harapos, la hacía bailotear ante nosotros mientras nos suplicaba, sin que sonara a burla o rencor, sin lamentarse tampoco como una loca, tal vez porque su súplica era una mezcla de todo esto, que si queríamos, nos quedáramos con ella”.
¿No se vislumbra a través del baile de esta mujer algo semejante al ambiente de los campos de concentración y exterminio nazis? Si ponemos lado a lado los calificativos que los soldados atribuyen a los lugareños y esta aterradora escena, ¿no nos encontramos ante un lenguaje típicamente antisemita empleado antes por los fascistas en Alemania y Europa en el contexto del genocidio contra los judíos?
La segunda es una escena traída de la Biblia: “Aquellas mujeres y niños, aquellos inválidos, cojos y ciegos, saltaban directamente de algún pasaje de la Tora”. Yizhar describe así las víctimas palestinas y, yendo un poco más allá, dice haber buscado un Jeremías entre los palestinos: “Pensé si no hallaría entre ellos también a su Jeremías, alguien que furioso se golpeara el corazón e invocara entre ahogos al dios anciano desde lo alto de los trenes del exilio”.
La propia novela, con sus resonancias bíblicas, zanja la cuestión semántica. Si el crítico puede llegar a dudar de las connotaciones de los calificativos usados por los soldados de la unidad israelí, considerando que tal vez sólo fueran expresiones coloquiales de los combatientes, la duda queda resuelta con esas víctimas surgidas de la Tora. Los soldados de la unidad israelí, metáfora de la sociedad israelí, han encontrado a sus judíos. Es decir, que el proyecto sionista de construcción de un Estado como todos los Estados del mundo y la fundación de un pueblo combativo siguiendo el modelo europeo no se puede llevar a cabo a no ser que los judíos encuentren sus judíos. De este modo, el judío israelí puede dejar de ser un judío connotado según un diccionario racista para pasar a prodigar esos calificativos a su víctima palestina.
Aquí habla la literatura a través de Yizhar diciendo lo que nadie puede o se atreve a decir. Resulta irónico que Yizhar fuera un
sionista elegido en varias ocasiones diputado de la Knésset por el Partido Laborista. El texto literario expresa la verdad del principio israelí por el cual se legitimó en el pasado la expulsión de las familias de Khirbet Khizeh y legitima hoy el asesinato de sus descendientes en Gaza.
La novela de Khirbet Khizeh narra escenas parecidas a las del confinamiento de los judíos en los campos de concentración durante la aciaga etapa nazi, pero, ¿qué lectura podemos sacar de la sangrienta masacre a la que se ven expuestos los descendientes de esos desdichados aldeanos en la Gaza de hoy en día?
No esperemos a un novelista israelí para completar la narración, porque la imaginación de cualquier tirano criminal es mucho más fértil que la de todos los novelistas juntos. Lo que estamos presenciando nos cuenta dos verdades: la primera verdad cuenta que Gaza es un gueto real sólo comparable a los guetos de Europa del Este expuestos a matanzas y pogromos. La política israelí en Cisjordania y la Franja de Gaza gira en torno a la construcción de guetos sellados a cal y canto para los habitantes originarios palestinos. Ése es el significado del muro segregacionista en Cisjordania y lo es, asimismo, del bloqueo total de la Franja de Gaza. Es decir, que los políticos israelíes responsables de este confinamiento por la fuerza militar no solamente han olvidado la historia de opresión de la que han sido objeto los judíos, sino que han decidido identificarse con sus asesinos e imponer a los palestinos que se conviertan en los judíos de los judíos.
La segunda verdad es que la resistencia de la Franja de Gaza hoy, y la resistencia de las ciudades cisjordanas y sus campamentos durante la invasión de 2002, se parece al levantamiento del gueto de Varsovia. Es cierto que la Intifada de los guetos de Cisjordania fue aplastada en el año 2002 y que la intifada de Gaza sucumbe ahora entre sangre y destrucción sin esperanza alguna depositada en la misericordia de un Ejército que no se ha compadecido de sus víctimas palestinas ni en una sola ocasión, pero también es verdad que los judíos de los judíos han acabado descubriendo la naturaleza racista y fascista del Estado israelí. También lo es que su sacrificio, su lamento y su muerte hallarán un Jeremías que además de lamentarse por su pueblo lo hará por el ser humano dispuesto a ser el instrumento de un dios de la guerra y del asesinato despojado de su imagen para idolatrar al becerro del racismo.