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Mostrando las entradas de septiembre 10, 2011

Pedro Salinas o la razón del amor

Pedro Salinas o la razón del amor/Manuel Díaz Martínez | http://www.revistadeletras.net/ 6.02.09 En uno de sus ensayos de juventud, el titulado El signo de la literatura española del Siglo XX, Pedro Salinas dice: “¿Cuál es el signo del Siglo XX en la literatura española? [...] Con un signo se aspira a darnos la significación de algo. Y la significación de una cosa es lo que quiere decir, su querer decir precisamente esto y no aquello. De modo que podemos equiparar el signo espiritual de una época histórica con un especial querer decir, con la voluntad de expresar adecuadamente su ser peculiar e íntimo. Pues bien; para mí el signo del Siglo XX es el signo lírico; los autores más importantes de este período adoptan una actitud de lirismo radical al tratar los temas literarios. Ese lirismo básico, esencial (lirismo no de la letra, sino del espíritu), se manifiesta en variadas formas, a veces en las menos esperadas, y él es el que vierte sobre novela, ensayo, teatro, esa ardiente tonalidad…

Toda tú eres una errata/JUAN CRUZ

Toda tú eres una errata/JUAN CRUZ El País, 11/09/2011 Le tengo mucha admiración y afecto (porque es un escritor cálido y un ingenio veloz) a Antonio Gala. A él le debo una anécdota que indica su chispa y también lo que late en la irritación que producen las erratas. Recuerdo que él, como tantos de los que escriben en prensa, era (cuando era habitual de EL PAÍS) una persona puntillosa con sus textos, que se le enviaban (si mi memoria no falla) para que los revisara. Y en una ocasión este cronista dictó por teléfono un artículo que llevaba como título el de uno de sus libros de poesía. Como el equívoco era evidente, salió la errata temida. El libro se titulaba Enemigo íntimo, y en EL PAÍS de aquel sábado el título de la crónica era Enemigo público.

La Amada Inmóvil (Ana Cecilia Luis Dailliez) 2 de 2

VIII. "REGNUM TUUM" FUERA, sonrisas y saludos, vals, esnobismo de los clubs, mundanidad oropelesca. Pero al volver a casa, tú. En el balcón, en la penumbra, vueltos a los ojos al azul, te voy buscando en cada estrella del misterioso cielo augur. ¿Desde qué mundo me contemplas? ¿De qué callada excelsitud baja tu espíritu a besarme? ¿Cuál el astro cuya luz viene a traerme tus miradas? ¡Oh qué divina es la virtud con que la noche penetra bajo su maternal capuz! Hasta mañana, salas frívolas,