16 sep. 2010

Benedicto XVI, entrevista

Versión integral de las respuestas del Papa a periodistas rumbo al Reino Unido (Transcripción de la rueda de prensa)
EDIMBURGO, jueves 16 de septiembre de 2010
* * *
-Padre Federico Lombardi: -Santidad, bienvenido entre nosotros y gracias por su disponibilidad. Tenemos un grupo de setenta periodistas aquí presentes de diferentes partes del mundo, y naturalmente algunos han venido desde el Reino Unido para unirse ya desde el vuelo a nuestro grupo. Como de costumbre, los colegas en los días pasados han ofrecido varias preguntas que le presentamos para esta primera conversación al inicio de un viaje muy esperado y empeñativo, que esperamos sea maravilloso. He escogido unas pregunta entre las que se han propuesto. Las presento en italiano para no consarle demasiado. Los colegas se ayudarán mutuamente si no comprenden bien el italiano.
Primera pregunta. Durante la preparación de este viaje se han dado discusiones y posiciones contrarias. En la tradición del país se han dado fuertes posiciones anticatólicas. Durante la preparación del viaje, Gran Bretaña ha sido presentada como un país anticatólico. ¿Está usted preocupado por la manera en que será acogido?
-Benedicto XVI: Ante todo buen día y buen vuelo a todos. Tengo que decir que no estoy preocupado, pues cuando estuve en Francia se había dicho: "este es el país más anticlerical, con fuertes corrientes anticlericales y con poquísimos fieles". Cuando fui a la República Checa, se dijo: "este es el país más antirreligioso de Europa y el más anticlerical, también". De este modo, todos los países occidentales, cada uno según su modo específico, según la propia historia, tienen fuertes corrientes anticlericales y anticatólicas, pero tienen también siempre una fuerte presencia de fe. En Francia y en la República Checa vi y viví una calurosa acogida por parte de la comunidad católica, una fuerte atención por parte de agnósticos, que sin embargo están en búsqueda, que quieren conocer y encontrar los valores que permiten avanzar a la humanidad y estuvieron muy atentos por si podrían escuchar de mí algo en este sentido, y la tolerancia y el respeto de cuantos son anticatólicos. Gran Bretaña tiene su propia historia de anticatolicismo. Esto es evidente. Pero es también un país con una gran tolerancia. Estoy seguro de que, por una parte, habrá una acogida positiva de los católicos y de los creyentes, y que habrá atención de cuantos buscan cómo ir adelante en este tiempo nuestro, así como respeto y tolerancia recíproca donde hay anticatolicismo. Voy adelante con gran valentía y con alegría.
-Padre Federico Lombardi: -El Reino Unido, al igual que muchos países occidentales, es considerado como un país secularizado, con un fuerte movimiento de ateísmo que tiene incluso motivaciones culturales. Sin embargo, se dan también signos de fe religiosa, en particular la fe en Jesucristo sigue siendo viva a nivel personal. ¿Qué significa esto para católicos y anglicanos? ¿Es posible hacer algo para que la Iglesia sea una institución más creíble y atractiva para todos?
-Benedicto XVI: Diría que una Iglesia que busca sobre todo ser atractiva, estaría ya en un camino equivocado. Porque la Iglesia no trabaja para sí, no trabaja para aumentar los propios números, el propio poder. La Iglesia está al servicio de Otro, no está al propio servicio, no está para ser un cuerpo fuerte, sino para hacer accesible el anuncio de Jesucristo, las grandes verdades, las grandes fuerzas de amor y de reconciliación, que han aparecido en esta figura y que vienen siempre de la presencia de Jesucristo. En este sentido, la Iglesia no busca ser atractiva, sino que debe ser trasparente para que aparezca Jesucristo. Y en la medida en que no está para sí misma, como cuerpo fuerte y poderoso en el mundo, sino que se hace sencillamente voz de Otro, se convierte realmente en transparencia de la gran figura de Cristo y de las grandes verdades que ha traído a la humanidad, de la fuerza del amor. Si es así, es escuchada y aceptada. La Iglesia no debería considerarse a sí misma sino ayudar a considerar a Otro, y ella misma debe ver y hablar de Otro y por Otro. En este sentido, me parece también que anglicanos y católicos tienen el mismo deber, la misma dirección que tomar. Si los anglicanos y los católicos hacen ver que no se sirven a sí mismos sino que son instrumentos de Cristo, amigos del Esposo como dice san Juan, si ambos siguen la prioridad de Cristo y no de sí mismos, entonces avanzan juntos. Porque entonces la prioridad de Cristo los une y dejan de ser competidores, cada uno buscando el número, sino que están unidos en el compromiso por la verdad de Cristo, que entra en este mundo, y de este modo se encuentran también recíprocamente en un verdadero y fecundo ecumenismo.
-Gracias, Santidad, tercera pregunta: -Como es sabido, se ha visto, también por recientes sondeos, que el escándalo de los abusos sexuales ha sacudido la confianza de los fieles en la Iglesia. ¿Cómo piensa contribuir al restablecimiento de esta confianza?
-Benedicto XVI: En primer lugar, tengo que decir que estas revelaciones han sido para mí un shock, son una gran tristeza. Es difícil entender cómo fue posible esta perversión del ministerio sacerdotal. El sacerdote, en el momento de la ordenación, preparado por años para este momento, dice "sí" a Cristo para hacerse su voz, su boca, su mano, y servir con toda la existencia para que el buen Pastor, que ama, que ayuda y que guía a la verdad, esté presente en el mundo. Es difícil comprender cómo un hombre que ha hecho y dicho esto puede luego caer en esta perversión. Es una gran tristeza, una tristeza también que la autoridad de la Iglesia no fuera suficientemente vigilante y suficientemente veloz y decidida para tomar las medidas necesarias. Por todo esto, estamos en un momento de penitencia, de humildad, de renovada sinceridad, como escribí a los obispos irlandeses. Me parece que ahora debemos vivir precisamente un tiempo de penitencia, un tiempo de humildad, y renovar y aprender nuevamente la sinceridad absoluta.
En cuanto a las víctimas, diría que hay tres cosas importantes. El primer interés son las víctimas. ¿Cómo podemos reparar? ¿Qué podemos hacer para ayudar a estas personas a superar este trauma, a reencontrar la vida, a reencontrar también la confianza en el mensaje de Cristo? Atención, compromiso con las víctimas, es la primera prioridad, con ayudas materiales, psicológicas y espirituales.
Lo segundo es el problema de las personas culpables: la justa pena, excluirlos de toda posibilidad de contacto con los jóvenes, porque sabemos que ésta es una enfermedad, que la libre voluntad no funciona donde está esta enfermedad y, por lo tanto, debemos proteger a estas personas de sí mismas y encontrar la manera de ayudarlas y excluirlas de todo acceso a los jóvenes.
Y el tercer punto es la prevención y la educación en la elección de los candidatos al sacerdocio. Estar atentos para que, según las posibilidades humanas, se excluyan futuros casos. Quisiera en este momento también agradecer al episcopado británico por su atención y por su colaboración tanto con la Sede de Pedro como con las instancias públicas y la atención por las víctimas y por el derecho. Me parece que el episcopado británico ha hecho y hace un gran trabajo. Por tanto, estoy muy agradecido.
-Padre Federico Lombardi: -Santidad, la figura del cardenal Newman es evidentemente muy significativa para usted. En el caso del cardenal Newman usted hace la excepción de presidir su beatificación. ¿Piensa que su recuerdo puede ayudar a superar las divisiones entre anglicanos y católicos? ¿Cuáles son los aspectos de su personalidad que piensa subrayar de manera más clara?
-Benedicto XVI: El cardenal Newman es sobre todo, por una parte, un hombre moderno, que vivió todo el problema de la modernidad, que vivió también el problema del agnosticismo, de la imposibilidad de conocer a Dios, de creer. Un hombre que estuvo durante toda su vida en camino, en camino para dejarse transformar por la verdad en una búsqueda de gran sinceridad y de gran disponibilidad, para conocer, encontrar y aceptar el camino para la verdadera vida. Esta modernidad interior de su vida implica la modernidad de su fe. No es una fe en fórmulas de un tiempo pasado sino una fe personalísima, vivida, sufrida, encontrada en un largo camino de renovación y de conversiones. Es un hombre de gran cultura que, por una parte, participa en nuestra cultura escéptica de hoy, en la cuestión de si podemos comprender algo de manera cierta sobre la verdad del hombre y de cómo podemos llegar a la convergencia de las verosimilitudes. Un hombre que, con una gran cultura de conocimiento de los padres de la Iglesia, ha estudiado y renovado la génesis y el don de la fe, reconocida así la figura esencialmente interior. Es un hombre de una gran espiritualidad, de un gran humanismo, un hombre de oración, de una relación profunda con Dios y, por eso, de una relación profunda también con los hombres de su tiempo.
Señalaría, por lo tanto, tres elementos en él: modernidad de su existencia, con todas las dudas y los problemas de nuestro ser de hoy; una gran cultura, conocimiento de los grandes tesoros de la cultura de la humanidad, disponibilidad de búsqueda permanente, de renovación permanente; y espiritualidad, vida espiritual con Dios. Estos elementos dan a este hombre una grandeza excepcional para nuestro tiempo y por eso es una figura de doctor de la Iglesia para nosotros y para todos, y también un puente entre anglicanos y católicos.
-Padre Federico Lombardi: -Última pregunta. Esta vista es una visita de Estado. Así ha sido calificada. ¿Qué significa esto para las relaciones entre la Santa Sede y el Reino Unido. ¿Hay puntos importantes de sintonía, sobre todo si se presta atención a los grandes desafíos del mundo actual?
-Benedetto XVI: Estoy muy agradecido a Su Majestad la Reina Isabel II, que ha querido dar a esta visita el rango de visita de Estado, para expresar el carácter público de esta visita y también la responsabilidad común de la política y de la religión ante el futuro del continente y el futuro de la humanidad. Muestra la gran responsabilidad común para que los valores que crean justicia y política y que proceden de la religión estén juntos en camino en nuestro tiempo. Naturalmente, el hecho de que jurídicamente es una visita de Estado no hace que mi visita sea un hecho político, porque si el Papa es jefe de Estado esto es sólo un instrumento para garantizar la independencia de su anuncio y el carácter público de su labor de pastor. En este sentido, la visita de Estado mantiene sustancial y esencialmente el carácter de visita pastoral, es decir, una visita en la responsabilidad de la fe por la que existe el Sumo Pontífice, el Papa. Y este carácter de visita de Estado pone en el centro de la atención precisamente las coincidencias entre los intereses de la política y de la religión. La política sustancialmente busca garantizar justicia, y con la justicia la libertad. Pero la justicia es un valor moral, un valor religioso, y así la fe, el anuncio del Evangelio, entra en relación con la política en el punto de la justicia. De aquí nacen los intereses comunes. Gran Bretaña tiene un gran experiencia y una gran actividad en la lucha contra los males de este tiempo, la miseria, la pobreza, las enfermedades, la droga, y todos estas luchas contra la miseria, la pobreza, las esclavitudes del hombre, son también fines de la fe porque son fines de la humanización del hombre para que se restituya la imagen de Dios contra las destrucciones y las devastaciones. El segundo deber común es el compromiso por la paz en el mundo y la capacidad de vivir la paz, la educación en la paz, crear las virtudes que hacen al hombre capaz de paz. Y finalmente, el elemento esencial de la paz es el diálogo de las religiones, la tolerancia, la apertura del hombre al otro. Y esto es un objetivo profundo tanto de Gran Bretaña, en cuanto sociedad, como de la fe católica: abrir el corazón, abrir al diálogo, abrir a la verdad, al camino común de la humanidad y reencontrar los valores que fundamentan nuestro humanismo.
[Transcripción no oficial y traducción realizada por Jesús Colina

CC Aniversario

Ceremonia del CC Aniversario del Inicio de la Independencia de México en el Monumento a la Independencia
2010-09-16 | Discurso
El Senador Manlio Fabio Beltrones Rivera, Presidente de la Mesa Directiva de la Honorable Cámara de Senadores : Señor licenciado Felipe Calderón Hinojosa, Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos; señor Diputado Jorge Carlos Ramírez Marín, Presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados; señor Ministro Guillermo Ortiz Mayagoitia, Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación; amigos invitados principales a esta ceremonia; nuestros millones de hermanos mexicanos en todo el país y en cualquier parte del mundo, que hoy celebran; señoras, señores:
La Independencia nos hizo libres, pero no iguales. Hoy celebramos los 200 años de un ideal cumplido. Nunca, como en este día, han sido tan vigentes las palabras de Morelos en Los Sentimientos de la Nación, al pedir, textualmente cito:
Que se solemnice el día 16 de septiembre, todos los años, como el día en que se levantó la voz de la Independencia, y nuestra santa libertad comenzó, ese día se desplegaron los labios de la Nación para reclamar sus derechos, con espada en mano, para ser oída, recordando siempre el mérito del gran héroe, del señor don Miguel Hidalgo y Costilla y su compañero don Ignacio Allende.
Bien se ha escrito que el pueblo que olvida su historia, corre el riesgo de repetirla. Un pueblo con memoria se sabe capaz de mantener su libertad y soberanía.
Hoy celebramos el movimiento que nos hizo libres y nos generó la identidad que todos los mexicanos compartimos y conmemoramos con orgullo. No obstante, las tareas de construcción de una Patria libre y feliz no están concluidas.
Hoy, tras 200 años de historia, los nuevos olvidados ahora empuñan una espada de apatía e indiferencia a las convocatorias ante la falta de empleo, la delincuencia y la pobreza.
Así quieren ser escuchados, saben que no hay futuro mejor sino es compartido en sus resultados. A cada generación le toca aportar su esfuerzo en la incesante edificación de México. Es tarea de nuestra generación demostrar que 200 años de vida independiente no están recordados o representados únicamente en monumentos y registros históricos.
En septiembre de 1821 fuimos libres por fin de los fueros y tributos de la dominación peninsular. Nuestro primer dilema fue la forma de Gobierno idónea para cumplir las aspiraciones de los patriotas Insurgentes. Monarquía o República. Acaso un Imperio, se preguntaban.
Nos decidimos por la República para luego debatirnos entre una estructura centralizada y una federalista. Así los mexicanos tardamos más de 60 años en ponernos de acuerdo sobre la República Representativa, Democrática y Federal; el Estado laico, el Constitucionalismo liberal y el régimen Presidencial que queríamos.
Cincuenta años más tarde, definimos una República que además de progreso, cumpliera las aspiraciones democráticas de justicia social. Más de 70 años después, la ciudadanía emprendió una revolución pacífica para pasar de la hegemonía política a la alternancia y a la búsqueda de nuevas instituciones y nueva gobernabilidad democrática en la pluralidad.
Si en el Siglo XIX fuimos capaces de consolidar los derechos cívicos de todos los mexicanos, y en el Siglo XX conquistamos los derechos políticos plenos, hoy tiene que ser el Siglo XXI de la conquista de los derechos sociales.
En palabras del poeta universal Octavio Paz: Resolver ese dilema nos acercará a la reconciliación con nosotros mismos y con la historia.
La inaplazable tarea de nuestra generación consiste, entonces, en reordenar y redefinir el rumbo de la Nación, a partir de la plena aceptación de lo que somos, de lo que tenemos y de lo que queremos ser. Decididos esfuerzos en esa dirección ya los está haciendo el actual Gobierno. Es menester reconocerlo.
No obstante, en esta conmemoración, tenemos la obligación de llevar a cabo una autocritica y una serena reflexión sobre los millones de mexicanos que carecen en efectivo del cumplimiento a sus derechos sociales. La mejor forma de conmemorar es asumir ese reto.
Retomemos el escepticismo constructivo del patriotismo criollo inspirador de la rebelión popular. Recordemos que, desde entonces, somos una Nación fragmentada por la desigualdad que busca reconciliarse consigo misma y con su historia.
Ciudadanos del Bicentenario:
Es la hora, sin duda, de los acuerdos políticos y sociales para reordenar a nuestro país y concluir grandes pendientes con nuestra historia. No podemos perder más tiempo.
Poner orden en México es tener la capacidad de comprender la diversidad y construir en esta divergencia, los acuerdos que generen políticas públicas, políticas de Estado que trasciendan a los gobiernos en turno.
La sociedad nos exige sentar las bases de un nuevo Acuerdo Nacional para hacer efectivos los derechos sociales para todos los mexicanos.
Nadie es propietario de la verdad, pero menos los que sólo homologan, ajenos a las dolorosas circunstancias que vivimos. Es nuestra obligación dejar atrás cualquier confrontación de grupo para impulsar acuerdos políticos, acuerdos políticos y sociales que logren inaugurar un nuevo eje articulador que nos lleve a los cambios que resultan impostergables.
El diálogo entre los poderes públicos es una gran oportunidad para superar la profunda brecha que hay entre el México real y el México ideal; entre el México bárbaro y el México moderno; entre la dura realidad de la desigualdad y la impunidad, y lo que establecen nuestras leyes.
Señoras, señores:
Los mexicanos sabemos que podemos superar opiniones e influencias irracionales de aquellos que se empeñan en mantenernos en la mediocridad, la discordia y el engaño que impiden que nos veamos a los ojos y contemplemos al mundo de frente.
Se requiere que seamos nosotros, los gobiernos, los legisladores, así como la sociedad civil organizada y la representación política plural los que encabecemos la meditada insurgencia contemporánea.
Estoy convencido que de los rencores políticos jamás surgirá una solución definitiva. Debemos ser nosotros los que con rectitud y convicción republicana, demos el primer ejemplo que arroje el lastre de los grandes defectos de la práctica política inmadura.
Asumamos el desafío, sigamos el ejemplo de los patriotas Insurgentes.
Como mencionaba al principio, la Independencia nos hizo libres. Ahora, en este tercer siglo, tenemos que poner cada uno de nosotros lo mejor de sí mismos, para no sólo celebrar la libertad, sino también alcanzar la igualdad.
Sí, hay mucho por hacer aún, pero este es un gran país, un país libre, un país de gente alegre, trabajadora, creativa, donde la gran mayoría es gente buena y quiere lo mejor para México.
Invitémonos a que no sólo digamos Viva México cada 15 de septiembre, sino que digamos Viva México cada mañana, cada tarde, cada noche, construyéndolo con trabajo, con orden, con amor.
A diferencia de hace 200 años, hoy iniciamos la tercer centuria con el máximo valor, somos orgullosamente mexicanos.
Viva México y vivan todos ustedes, los mexicanos que construyen día a día, nuestro gran país.
Muchas gracias.
-MODERADOR: Hace uso de la palabra el ciudadano Diputado Jorge Carlos Ramírez Marín, Presidente de la Mesa Directiva de la Honorable Cámara de Diputados.
-DIPUTADO JORGE CARLOS RAMÍREZ MARÍN: Señor Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, Felipe Calderón Hinojosa; señor Presidente de la Honorable Cámara de Senadores, don Manlio Fabio Beltrones Rivera, señor Presidente de la Suprema Corte de Justicia, Ministro Guillermo Ortiz Mayagoitia; ciudadanos y ciudadanas:
Hay que estar un momento en la escalinata de la Iglesia de Dolores; hay que estar un momento en esa escalinata para entender, para pensar cómo alguien pudo, con nada, desde nada, desde un punto que pudo ser desde ningún lugar, iniciar una gesta que hoy nos convierte a todos en hombres libres, que hoy nos hace a todos hombres libres.
Es imprescindible esta reflexión, porque la conmemoración del Bicentenario, la conmemoración de este momento histórico es, precisamente, eso, conmemorar, recordar y reflexionar en colectivo el significado profundo de este hecho: del momento en que alguien, de la nada, inició un movimiento, algunos dicen, inclusive, que sin saber hacia dónde.
Pienso que es, incluso, mayor el mérito. Porque, sin saber hacia dónde, estuvo dispuesto a dar absolutamente todo; y sin saber hacia en dónde, nos permite a nosotros, los mexicanos de hoy saber exactamente dónde estamos.
El Bicentenario, y su conmemoración es, forzosamente, un alto necesario en el camino de una historia inmensa, con un destino, quizá contradictorio en el presente que vivimos y con monumentales retos que afrontar, pero también, no se nos olvide nunca iluminado por la grandeza de la mexicaneidad.
Hace dos siglos nuestro país se lanzó a la aventura y a la proeza de darse una soberanía nacional. Dos siglos desde que la palabra México significa identidad, sentido de pueblo y es un referente en el concierto de las naciones.
México es una tradición enraizada en la memoria de quienes nos sabemos mexicanos. Y una historia construida a lo largo de generaciones y es también, no lo dudemos, un destino cuyo porvenir es nuestra responsabilidad de inventar ahora, honrando a quienes nos precedieron y a quienes dieron su vida por hacernos Nación.
Hace 100 años, justo en este lugar, se conmemoraban los 100 años de la Gesta de Independencia, y hace 100 años se erigían a todo lo largo y ancho del país enormes monumentos, se realizaban fastuosas ceremonias y la pompa adornaba lo que trataba una verdad evidente de ocultar. Los mexicanos otra vez no éramos libres.
Por eso, al recordar que así se dio lugar a la Gesta Insurgente en la que un pueblo oprimido se decidió a despertar y darse un nombre propio, hemos recorrido un camino no exento de paradojas y contradicciones en el que hasta hoy, es cierto, persisten carencias, deudas no saldadas por las clases populares, pero ha sido también un trayecto de aciertos y logros.
Ningún daño puede ser mayor a un pueblo que abatir el ánimo popular; ningún daño puede ser mayor a un pueblo, antes que su economía o a su seguridad que el minar su entereza, su esperanza, su ardor y su deseo de lucha.
Por eso, ciudadanos mexicanos, aún con esas deudas no pagadas, aún con un presente contradictorio, la grandeza de nuestra historia gestada gracias al arrojo y sabiduría de un pueblo que ha sabido siempre como proseguir, hace de éste, un día, el 16 de septiembre en el que es la ocasión una pausa para rendir homenaje a los fundadores de la Patria, y también para repensar el futuro.
Como dijera Luis Cabrera, ideólogo de la Revolución Mexicana con motivo del primer Centenario de la Independencia: La conmemoración de todo aniversario es un balance moral. La conmemoración del Centenario de nuestra Independencia debe ser el grandioso balance de nuestra vida autónoma, que todas las clases sociales deberíamos presentar a nuestros héroes como el homenaje más grato a su memoria.
El camino emprendido en 1810 no concluyó con la Gesta de 1910, ni ha concluido en el 2010. Se sembró en aquél entonces la semilla para las libertades de los mexicanos, libertades que al paso del tiempo han tenido que ser defendidas una y otra vez para hacerse realidad, para ejercerlas en toda la amplitud con la que soñaron cada uno de los próceres de nuestra historia.
El Bicentenario y Centenario que conmemoramos este año dan cuenta de generaciones que supieron cambiar porque no siempre el orden establecido es el más adecuado, porque no siempre las condiciones son las más apropiadas para que los individuos crezcan en la prosperidad y la civilidad, en las que no sean rasgos distintivos la desigualdad, la impunidad y la violencia.
Celebramos esta Gesta porque hubo hombres decididos a cambiar pero, sobre todo, porque ningún cambio es de una vez y para siempre, el mundo cambia y los países también, los modelos económicos no son estáticos ni las reglas sociales ni la cultura.
La historia no es inamovible. Cada generación de una u otra imprime su impronta en un pueblo vivo como el nuestro, pero también es cierto, absolutamente cierto, que la historia no se inventa cada vez que un partido gana o que un partido pierde. Las elecciones no son más que un impase, un rasgo, un sesgo de la historia. De ninguna manera, nace o perece la historia cuando alguien gana o pierde. La historia es la historia.
Es perder el tiempo al tratar de escribirla a partir de procesos electorales, es perder el tiempo fijar el trabajo de la Patria a partir de procesos electorales. Y es una tarea de todos, absolutamente todos los mexicanos, hacer que la historia sea la que construyen cada día los héroes de todos los días.
Recordemos que al final del ciclo de la violencia, tanto en la Independencia como la Revolución, estuvieron marcados por el acuerdo en torno a las leyes que nos habrían de regir. Por eso, valoremos en nuestra historia el papel que desempeñan los centros de diálogo como, por ejemplo, el Poder Legislativo, que pueden ser capaces de sintetizar y dar forma a la coexistencia nacional de las regiones y de las distintas maneras de pensar y de ver el futuro del país.
Así se dio origen la Constitución de Apatzingán, así tuvo lugar la Constitución del 24 y así se estableció la Constitución del 17, generando acuerdos a partir de las leyes. Este es el momento histórico para hacerlo.
En este principio del Siglo XXI la historia nos presenta nuevos desafíos, es por tanto, tiempo de cambios. Es época de transformaciones que asimilen y recojan el acervo del pasado, sólo para apresurar el ritmo del desarrollo nacional.
Por otro lado, hay situaciones en las que no podemos permanecer anclados al pasado. Esa, precisamente, fue la lógica de la Independencia: La activación de un espíritu que supo identificar que la situación económica, legal y social del país había agotado sus posibilidades y sus oportunidades de quienes habitaban en esta tierra.
En este 2010 estamos ante una nueva encrucijada, con la misma agudeza y sensibilidad es tiempo para todos, particularmente para quienes formamos parte de la hora de la toma de las decisiones.
Es el momento de elevar las miras, es el momento de demostrar altura, es el momento de pensar más allá de procesos electorales y tiempo de elecciones. Hay más coincidencias entre todos nosotros que las que, incluso, a veces, estamos dispuestos a reconocer.
Llegamos ya este siglo con una democracia genuina y competitiva; hay un sentimiento y conciencia nacional de rechazo absoluto a la violencia criminal que pretendiera vulnerar ese estado de la democracia.
Tenemos una clase empresarial que realiza todos los días un enorme esfuerzo, y ha sabido sortear dificultades de la economía mundial; tenemos una clase trabajadora, que ha sido capaz de aprender y adaptarse a la apertura comercial, a nuevas inversiones. Tenemos un pueblo con ímpetu, ávido de nuevos espacios de trabajo, no de dadivas; una juventud que nos demanda, con razón, mayores oportunidades para estudiar y para trabajar; y mujeres, la mitad de la población, la mitad de nuestros recursos humanos, una fuerza pujante, dispuesta a estar codo con codo en el desarrollo por el país. Tenemos, reconozcámoslo, Fuerzas Armadas leales, institucionales al Estado Mexicano, y con voluntad de servicio a su pueblo.
Entonces, conciudadanos, corresponde a nuestra generación en el presente, hacer más y un mejor país. Corresponde, sobre todo, a quienes formamos parte de los Poderes del Estado, hacer más, y a hacer un mejor país.
Reivindicar nuestra soberanía en el mundo del Siglo XXI, ensanchar las libertades de los individuos, cuestionar el tejido social, reconociéndonos y aceptándonos en la diversidad que somos. Asumir la gravedad de nuestros problemas con realismo y responsabilidad, así como nuestras potencialidades para tener una plataforma que pueda superar esa hora.
No es viendo fantasmas como resolveremos nuestro destino. Los fantasmas se exorcizan sacándolos a la luz. Eso, precisamente, hicieron Hidalgo, Allende, Abasolo, Jiménez, pusieron a un lado todo y, enfocados exclusivamente a la realidad, vencieron el fantasma del miedo, vencieron el fantasma de los recursos, y empezaron de la nada la lucha que nos puso aquí, hoy.
Nos corresponde la oportunidad de reinventar ese futuro ahora, de volver a decirnos entre nosotros que tenemos la capacidad de escucharnos entre todas, entre todos. Que este no es el país que aspiramos a ser, pero este es nuestro país y juntos construiremos el país que aspiramos a ser.
Confiemos en nosotros mismos. Atrevámonos a recuperar nuestra posibilidad de utopía. Hace tiempo que no somos aquel país de edad de la fantasía que describía Samuel Ramos, en 1934, pero terrible sería que fuéramos un país que muerto su ánimo, decidiera dejar de soñar.
Sólo así, mexicanos de hoy, mexicanos del Bicentenario, sólo confrontando la realidad y comprendiendo todo nuestro ser para transformarla, haremos el país que merecemos y entonces, tendremos una Patria suave para todos.
Muchas gracias.
-MODERADOR: Toma la palabra el ciudadano Ministro Guillermo Ortiz Mayagoitia, Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
-MINISTRO GUILLERMO ORTIZ MAYAGOITIA: Señor licenciado Felipe Calderón Hinojosa, Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos; señor Diputado Jorge Carlos Ramírez Marín, Presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados; señor licenciado y Presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Senadores; distinguidos miembros del presídium; distinguidos invitados; mexicanas y mexicanos; integrantes de esta generación privilegiada que ha vivido el fin de un milenio, y que ahora iniciamos en común este tercer siglo de la Patria.
El 16 de septiembre, como se ya se ha dicho, fue designado por José María Morelos y Pavón, como el día en que cada año habríamos de recordar el nacimiento de nuestra libertad. Por ello, en este día, son Los Sentimientos de la Nación los que nos convocan a todos los mexicanos.
La división de Poderes simboliza el respeto a la libertad de los ciudadanos y consolida la unidad de la Nación mexicana dentro de un gran acuerdo colectivo.
La autonomía de los estados construye la gran soberanía nacional y expresa también la soberanía del pueblo. La autonomía de los casi dos mil 500 municipios, delimita los linderos que entretejen a un solo territorio nacional.
La pluralidad de ideologías y pensamientos integra la gran cultura nacional que evoluciona a través de las décadas y de los siglos, ésta es la independencia de una Nación; la capacidad de definir lo que se es, a partir de lo que se desea ser, la capacidad de convertir las grandes aspiraciones y anhelos, en decisiones soberanas.
La Independencia se ostenta con orgullo como el ángel dorado que corona esta columna conmemorativa, para hacer de la libertad una convicción y de los derechos fundamentales, una razón para la paz y para la convivencia pacífica.
Recordar el nacimiento de México como Nación independiente es traer a la memoria colectiva las razones, las demandas y los sueños que movieron a nuestros antecesores a forjar un país de profundas raíces constitucionales con inquebrantable vocación por el derecho y la solución pacífica de todos sus conflictos.
Qué es la Independencia sino la responsabilidad de ser libres y el deber de hacer de la libertad evolución, orden y paz.
Qué es la Independencia sino la declaración pública de conciencias libres que se respetan y que desean el bien, presente y futuro para quienes habitan dentro de un territorio soberano.
La justicia constitucional es el baluarte de nuestras convicciones históricas, la supremacía constitucional es una expresión fundamental de la Independencia, porque salvaguarda los derechos fundamentales que son tesoro de la Nación que heredamos y que estamos obligados a procurar, a conservar y a mejorar.
En esta conmemoración, los tres Poderes que se dividen por razón de su ejercicio, se unifican de cara a la Nación para refrendar su compromiso con los mexicanos de ayer, con los de hoy, con los del futuro.
Gobierno y sociedad debemos conmemorar nuestro origen para tener en mente nuestras responsabilidades compartidas, nuestras obligaciones recíprocas y nuestros puntos de unión, sobre todo, la construcción interminable de la justicia en México desde 1810 hasta 2010, y de aquí en adelante.
La justicia es un asunto de todos, es un valor que debemos observar día a día, porque la justicia es necesaria e inherente para la democracia, para el desarrollo y para una sociedad mejor.
La justicia de la unión es parte del México independiente, que en estos 200 años, sabe mirar hacia adelante y comprometerse consigo mismo como país para ser cada día más justo, cada día más incluyente.
Conmemoramos dos siglos de historia independiente y al hacerlo debemos elevar nuestra vista a los 100 años por venir, al nuevo siglo, cuyas primeras páginas nos corresponde escribir.
En este prólogo del Tricentenario, queremos dejar un mensaje propio de nuestros tiempos. La sociedad mexicana cuenta con sus jueces y los jueces cuentan con una sociedad que observa y vigila.
La justicia del nuevo milenio es una justicia socializada, transparente y corresponsable en todas sus dimensiones.
A nombre de las señoras y señores Ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, de los Magistrados y Jueces Federales, y de todos los órganos impartidores de justicia del país, expreso aquí el respeto que tenemos por nuestra historia, por nuestra Constitución, por la sociedad mexicana y por la noble tarea que nos ha sido encomendada.
Trabajando por nuestros ideales de justicia, los juzgadores del país conmemoramos el Bicentenario del Inicio de la Independencia con la sociedad a la que servimos.
Hemos dicho reiteradamente que la conmemoración de nuestros acontecimientos de mayor trascendencia, como son los que nos dieron Patria, libertad, justicia, progreso y paz; es ocasión propicia para la reflexión serena, para sumar esfuerzos y para diseñar, con entusiasmo, el futuro de esperanza y de grandeza que siempre nos ha animado. Nuestro destino de eternidad al que estamos llamado, porque fue escrito por el dedo de Dios.
Por eso, podemos con orgullo y satisfacción, decir una vez más: ¡Qué viva México para siempre!
Muchas gracias.

FC acepta el diálogo con el PRI

El presidente  Calderón aceptó la propuesta de diálogo puesta sobre la mesa hoy por el PRI en el marco de las fiestas del Bicentenario de la Independencia. "Recojo y acepto con responsabilidad y aliento las palabras de diálogo y colaboración ofrecidas por los máximos representantes del Congreso”, dijo en un discurso pronunciado durante el CC aniversario del inicio de la Independencia de México, acto organizado al pie del Ángel de la Independencia.
Los presidentes de las mesas directivas de las cámaras de senadores y Diputados, Manlio Fabio Beltrones y Jorge Carlos Ramírez Marín, aceptaron integrarse el frente común propuesto por Calderón en agosto pasado, cuya finalidad sería el reforzar el combate a la delincuencia organizada, sobre todo al narcotráfico.
El Presidente Calderón en la Ceremonia del CC Aniversario del Inicio de la Independencia de México en el Monumento a la Independencia

2010-09-16 | Discurso
Señor Ministro Guillermo Ortiz Mayagoitia, Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
Diputado Jorge Carlos Ramírez Marín, Presidente de la Cámara de Diputados.
Senador Manlio Fabio Beltrones Rivera, Presidente del Senado de la República.
Doctor Raúl Plascencia Villanueva, Presidente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos.
Distinguidos invitados especiales.
Estimados Embajadores y delegados acreditados del Cuerpo Diplomático.
Estimados servidores públicos.
Ciudadanas y ciudadanos.
Mexicanas y mexicanos que nos ven, que nos escuchan y que nos acompañan.
Amigas y amigos:
Hoy estamos reunidos para conmemorar como mexicanos la fecha más singular e importante de nuestro Calendario Cívico y, al mismo tiempo, como atinadamente ha dicho el Senador Beltrones Rivera; para cumplir con la encomienda que hace casi 200 años nos hiciera el mismísimo José María Morelos y Pavón, que en Los Sentimientos de la Nación estableciera en su Punto 23: Que se solemnice el día 16 de septiembre todos los años, como el día aniversario en que se levantó la voz de la Independencia y nuestra santa libertad comenzó, pues en ese día fue en el que se abrieron los labios de la Nación para reclamar sus derechos y empuñó la espada para ser oída, recordando siempre el mérito del gran héroe, el señor don Miguel Hidalgo y su compañero don Ignacio Allende.
En efecto, un día como hoy, pero hace 200 años exactamente, Miguel Hidalgo llamó a las mujeres y a los hombres nacidos en esta tierra a luchar por la libertad, por la Independencia y por la igualdad.
Benito Juárez diría mucho tiempo después sobre Hidalgo: Osó ensayar entre nosotros aquella máxima respetable, de que el pueblo que quiere ser libre lo será.
El Benemérito tenía razón. Y por eso 200 años después, este 16 de septiembre, evocamos a aquél de 1810, como el momento fundacional del gran país que hoy somos.
Por eso, en todo el territorio nacional hoy celebramos 200 años de ser orgullosamente mexicanos. Está grabado en el corazón de todos nosotros, porque en esta fecha Hidalgo, Allende, Aldama, Jiménez, y todos los que le siguieron, se atrevieron a enfrentar a todo un imperio, se atrevieron a soñar con una Nación propia para los mexicanos y a luchar, luchar hasta la muerte por ese ideal.
Decía don Miguel Hidalgo: Se trata de quitarnos este yugo haciéndonos independientes. Gran parte del pueblo se identifica con la lucha independista porque era una causa justa, una demanda legítima, necesaria, sentida.
Por eso la llama de la libertad se extendió y aunque, por desgracia, los iniciadores del Movimiento Insurgente no habrían de ver en vida el desenlace de su Gesta, otros retomaron con valentía su causa.
La lucha libertaria de José María Morelos, al morir Hidalgo, continuó no sólo con enorme genio en el terreno militar, sino en el campo fértil y generoso de las ideas, las leyes y las instituciones.
Los postulados que establecieran Los Sentimientos de la Nación y la Constitución de Apatzingán, a la que inspiraron, siguen siendo hoy la guía para los mexicanos del ahora que somos.
Decían Los Sentimientos, en su Punto 12: Que como la buena ley es superior a todo hombre, las que dicte nuestro Congreso deben ser tales, que obliguen a constancia y patriotismo, moderen la opulencia y la indigencia, y de tal suerte se aumente el jornal del pobre, que mejoren sus costumbres, aleje la ignorancia, la rapiña y el hurto.
Y en el 13: Que las leyes generales comprendan a todos, sin excepción de cuerpos privilegiados; y que éstos sólo lo sean en cuanto al uso de su ministerio.
O el 14: Que para dictar una ley se discuta en el Congreso y decida a pluralidad de votos.
Y el 15: Que la esclavitud se proscriba para siempre, y lo mismo la distinción de castas, quedando todos iguales, y sólo distinguirá a un americano de otro el vicio y la virtud.
La campaña militar de Morelos incendió el Sur de la Nueva España, y a su muerte Nicolás Bravo, Vicente Guerrero, Guadalupe Victoria y otros valientes recogieron la antorcha libertaria.
Finalmente, en 1821, la unión de los bandos rivales, el de Guerrero y el de Iturbide, desembocó en la anhelada consumación de la Independencia. Las diferencias y la confrontación tuvieron que ceder, atenuarse y, finalmente, confluir. Por encima de visiones particulares se impuso el alto sentimiento de unidad y el anhelo de libertad.
La guerra que el 16 de septiembre de 1810 encabezara Hidalgo, fue el parto de nuestra gran Nación. Gracias a él y a quienes le secundaron, hoy México existe. Gracias a ellos nuestra Bandera ondea gloriosa, simbolizando la Independencia y la unión fundamental de todos los mexicanos.
El Bicentenario de aquella hazaña es tiempo y espacio para reflexionar de forma madura sobre lo mucho que los mexicanos hemos forjado en los más diversos ámbitos, a lo largo de estos 200 años de vida independiente.
Durante 200 años los mexicanos hemos estado construyendo nuestra casa grande, nuestra gran Nación. Día con día, con aquellos cimientos que nos diera la Independencia, bastión de la lucha por la libertad, paso a paso, México se ha erigido como lo que es hoy: una Nación libre, una Nación republicana, una Nación democrática, un país que lucha por la equidad de sus hijos; un pueblo con historia milenaria y riquezas naturales y culturales, que son reconocidas en el mundo entero.
En estos dos siglos, han sido muchos los mexicanos valientes que lograron perseverar la soberanía nacional frente a las intervenciones extranjeras. Una a una, las grandes potencias de su tiempo quisieron aniquilarnos y dominarlos, y fracasaron.
Fueron generaciones completas de mexicanos que lograron construir instituciones como las que hoy tenemos, instituciones de República, instituciones de Federación, instituciones democráticas, instituciones que establecen y reconocen Garantías Individuales y, a la vez, primeros en el mundo, derechos sociales.
El Bicentenario, mexicanos, es clave para acercarnos a nuestra historia. Todo lo alcanzado por las generaciones que nos precedieron, en su momento parecían, casi todas ellas, aspiraciones irrealizables.
La libertad, la República, la Constitución, las Garantías Individuales, los derechos de los obreros, la propiedad para los campesinos, la salud para todos, la educación para los niños, la soberanía de la Nación sobre sus recursos naturales.
Los logros en nuestra historia han nacido del trabajo silencioso y anónimo de nuestros campesinos, de nuestros trabajadores, de nuestros soldados y marinos, de nuestros servidores públicos; de nuestros creadores, escritores, científicos, humanistas; de nuestros hombres y mujeres de empresa.
Todos ellos, todos ustedes, cada mexicana y cada mexicano que se levanta, día con día, a trabajar en su puesto, en su oficina, en su taller, en su auto, en su transporte; cada mexicano que se esfuerza por su familia es motivo del mayor orgullo.
Porque cada una de esas mexicanas, cada uno de esos mexicanos, son los que han construido la gran Nación que hoy somos y nos enorgullecemos de decirlo.
Quizás sus hazañas no aparecen como quizá debieran en los libros de historia, pero son historia, forman parte de ella porque ese esfuerzo, su genio y su imaginación construyen peldaño a peldaño esta Patria nuestra, casa de nuestros padres en trance perpetuo de edificación.
Y son esos millones de ciudadanos que nos antecedieron los que levantaron estas ciudades que hoy habitamos, los que construyeron los caminos y los puertos, las grandes obras que permiten que nuestro país marche seguro hacia el futuro.
Son ellos quienes dieron y dan vida a nuestras instituciones, quienes enseñan en nuestras escuelas, quienes atienden en nuestros hospitales, en nuestros museos; quienes trabajan en las fábricas, en las calles, en las plazas y mercados.
Son los ciudadanos que han creído en su trabajo como manera de superarse como persona, como familia y como Nación. Y por eso, hoy, además de nuestros próceres, también honramos y celebramos al más importante de nuestros héroes: el héroe colectivo, que es la mujer y el hombre, cada una y cada uno que integra al pueblo de México.
Tal como lo dijera en su tiempo Vicente Riva Palacio: Las grandes ideas, las reformas trascendentes, las redenciones de los pueblos son trabajo penosa y lentamente elaborados por una serie de generaciones, que comienzan a sentir, primero la idea, como una aspiración imposible, que la miran después, como una utopía difícil, pero no irrealizable, y que terminan por comprenderla como una necesidad ineludible.
Así, las generaciones que nos precedieron tuvieron la audacia de defender causas e impulsar proyectos que parecían utópicos e imposibles.
A lo largo de la historia, mexicanos, los mexicanos hemos enfrentado una y otra vez graves problemas, retos, obstáculos, incluso tragedias que han golpeado nuestro hogar común, pero que nunca lo han derribado, porque México tiene sólidos cimientos de unidad, de identidad y de integración, capaces de resistir cualquier adversidad.
Sí, hoy la Patria tiene nuevos desafíos. Enfrentamos, por ejemplo, el grave problema de la criminalidad, que genera desánimo y preocupación entre muchos compatriotas. Es un reto complejo, es cierto, pero también es cierto que lo estamos enfrentando y lo superaremos. Y no permitamos que la adversidad nuble la visión y oculte la grandeza de México, que oculte nuestras fortalezas, los sólidos cimientos que hemos construido, los logros que hemos alcanzado y los muchos que estamos por realizar.
No olvidemos que otros mexicanos enfrentaron también, antes que nosotros, obstáculos, penalidades, limitaciones mayores, mucho más graves que las nuestras, y salieron adelante, porque tuvieron la altura de miras, la generosidad y la valentía para reconocer el reto y para unirse frente a él.
Andrés Henestrosa así lo describe: En encrucijadas nos puso la historia. De algunas parecía que no saldríamos y salimos. Guerras intestinas, guerras nacionales, guerras contra el invasor. Esa ha sido nuestra historia. A las desventuras estamos hechos. Afrontarlas es nuestra grandeza. No rehuirlas nuestra gloria.
Como Nación tenemos la fuerza, tenemos la historia, tenemos el carácter y la firme determinación que son necesarias y a la vez suficientes para superar estos desafíos.
Nosotros somos la generación del Bicentenario. Nuestro designio histórico es lograr la Patria justa, libre y democrática que anhelaron nuestros libertadores; es luchar por ella todos los días y superar los desafíos, incluyendo el de preservar nuestra seguridad y la libertad.
Nuestro deber es reconocer los problemas, identificar con claridad y entereza al enemigo y cerrar filas para vencerle. Cerrar filas con la convicción de que nuestra causa es legítima y es necesaria; de que nuestra causa es justa y vale la pena, porque lo que está en juego es el futuro de nuestros hijos y nietos, de las generaciones de hoy y de mañana; con la convicción de que saldremos adelante y con la certeza de que en nuestra historia la Patria ha salido adelante de problemas mucho mayores y con menores recursos.
Saldremos adelante porque México es más grande, es más fuerte que sus problemas y más fuerte que sus enemigos, porque en la unidad los mexicanos hemos superado retos y penalidades.
Y con esa misma determinación debemos enfrentar el problema de la pobreza y la desigualdad, sobre la base de los logros sociales de quienes nos han antecedido. Que sigamos trabajando intensamente en abrir más oportunidades de salud, de educación y de desarrollo a todos los mexicanos.
Nuestra generación está llamada, también, a consolidar una economía fuerte, competitiva y próspera, que genere empleo digno y bien remunerado. Y podemos y debemos aprovechar el potencial de la enorme plataforma industrial, comercial y de servicios que se ha construido a lo largo de varias generaciones.
Aprovechar la fuerza, la capacidad y el talento de los trabajadores mexicanos que en el mundo han demostrado ser de los mejores; de los empresarios mexicanos que, también, han demostrado ser audaces.
Esa convicción de no rehuir, de no evitar, sino de enfrentar los problemas del tiempo, eso debe alentarnos, además de perfeccionar nuestro sistema político.
Hoy México es una Nación democrática y ello debe enorgullecernos. Aquí se ejerce la libertad sin restricción, aquí los ciudadanos decidimos libremente quien gobierna.
Es cierto. Aún persiste el reto de pasar del Sufragio Efectivo de Madero, a una democracia efectiva, donde todos los ciudadanos reconozcan en la democracia, no sólo un sistema de Gobierno, sino también un instrumento para alcanzar mejor calidad de vida.
Es momento de unirnos para conquistar un mejor destino, para construir un México más seguro, más equitativo, más democrático, más próspero y más fuerte. Sólo unidos, los mexicanos prosperamos. Esa es la gran lección de nuestra historia.
Así lo decía, también, Carlos María Bustamante, el gran cronista de los Insurgentes, cuando dijo: El tiempo hizo ver que sólo por medio de la unión podíamos conseguir el suspirado bien de la Independencia. Cuando estuvimos desunidos, sólo conseguimos destrozarnos infructuosamente.
Mexicanas y mexicanos:
Hoy, como siempre, México habrá de superar sus desafíos. México saldrá adelante con la fuerza de su gente, de las mexicanas y mexicanos que día a día siguen construyendo esta gran Nación.
Y sé que con el trabajo y la unión de todos habremos de hacer de la alada victoria que corona esta Columna de la Independencia, el presagio de nuestro gran destino. Sé que tendremos la grandeza necesaria para que los mexicanos del futuro vean en la generación del Bicentenario, la generación que enfrentó con entereza el desafío de ser sociedad basada en la legalidad y el orden. Y que, pese a los costos y los obstáculos, los mexicanos de este 10 fuimos capaces de vencer, también, la pesadumbre, el temor o la pasividad, y nos unimos para derrotar a la pobreza, y a la ignorancia, y a la insalubridad, y a la criminalidad y a la corrupción.
Sé que sabremos luchar. Por eso recojo y acepto con responsabilidad y aliento las palabras de diálogo y colaboración ofrecidas por los máximos representantes del Congreso, tanto de la Cámara de Senadores, como de la Cámara de Diputados.
Las tomo, no simplemente por ser mi más profunda convicción democrática, sino porque sé que México hoy lo necesita más que en mucho tiempo.
Mexicanas y mexicanos:
Hoy México comienza su tercer siglo. Iniciemos nosotros como mexicanos una nueva etapa en nuestra historia. Redoblemos el paso, dialoguemos y acordemos, como se ha propuesto; reforcemos lo que hemos hecho, vayamos más a prisa en lo mucho que México ha hecho bien, y donde sea necesario reiniciar comencemos nuevamente, con el aliento de darle a la Patria las condiciones que merece.
Imaginemos y seamos capaces de construir a nuestro diseño y al tamaño de la aspiración de nuestro pueblo este tercer siglo de México. Cuando comenzamos el Inicio de la Independencia, cuando celebramos el inicio de la Revolución, celebramos, sí, la parte más emotiva, la mejor descrita, la más violenta, quizá, de tales procesos revolucionarios.
Tan fuertes y violentos que quienes los iniciaron perdieron la vida en ellos, pero no es la única fase que construye pueblos y, quizá, no siempre es la única difícil. También, después de destruir el viejo orden, la parte difícil es construir un nuevo orden a la altura de los anhelos de la ciudadanía.
Hoy, en este Bicentenario, en este inicio de tercer siglo, imaginemos cómo queremos el tercer siglo de México, cómo queremos que sea nuestro país, cómo queremos que lo recuerden y conmemoren los mexicanos del 3010. Del 3110. Que seamos capaces; del 2110.
Que seamos capaces de construir ahora lo que crecerá y florecerá después, y para ello, unámonos en el aliento y en el propósito.
Hoy le decimos a nuestros próceres que ellos tenían razón y que su anhelo ha sido cumplido en el propósito fundamental, en el anhelo que el Siervo de la Nación describiera también en Los Sentimientos, de la siguiente forma: Nuestro país es libre e independiente de España y de toda otra Nación, Gobierno o Monarquía.
En este día glorioso, mexicanos, también hagamos nuestras, para hacer el México del Siglo XXI, el México del tercer siglo independiente, hagamos nuestros los pensamientos de Miguel Hidalgo, Padre de la Patria, cuando decía entonces, y nos dice hoy a cada mexicana y a cada mexicano: No necesitamos sino unirnos, si nosotros no peleamos contra nosotros mismos, la guerra está concluida y nuestros derechos a salvo. Unámonos, pues, todos los que hemos nacido en este dichoso suelo.
Festejemos con júbilo este Bicentenario, festejemos con alegría la gloria y el honor de ser mexicanos.
Qué Viva la Independencia Nacional.
Y qué Viva México