1 mar. 2010

Ablación

REPORTAJE: TESTIMONIOS DE MUJERES MUTILADAS

Ablación, silencio y esperanza
Dos mujeres que se han sometido a la operación de reconstrucción de clítoris en la clínica Dexeus de Barcelona relatan su experiencia. El proyecto del doctor Barri Soldevila es un rayo de luz para 130 millones de mujeres que han sufrido la mutilación de sus genitales
JOSEBA ELOLA
EP, 28/02/2010
Fatou no sabe a qué edad la mutilaron. Debió de ser a los pocos días de vida, no recuerda nada. Sólo sabe que fue su abuela la que le practicó la ablación, porque ésa es la tradición entre los mandinga, la etnia de la que proviene. Le ha costado 26 años recuperar su vida, esa vida feliz que llevó hasta los 13 años, cuando se dio cuenta de que no era una chica como las demás. Entonces empezó su calvario: 26 años de sufrimiento y de rabia, de mentiras con las amigas para que no se dieran cuenta de lo que le pasaba, de vergüenza al entrar en cualquier consulta médica, de noches sin dormir y pastillas, de falta de ganas de tener relaciones sexuales, de falta de ganas de vivir.
"Este infierno se vive en silencio", explica con la mirada firme, "es como estar en una tumba, incomunicada".
A sus 39 años, ha vuelto a la vida. Ha recuperado la ilusión, las ganas de relacionarse. Ha descubierto las posibilidades de su sexualidad. El pasado septiembre le hablaron de la operación de reconstrucción genital que el doctor Barri Soldevila practica en el Instituto Universitario Dexeus. No pudo dormir en toda la noche. A la mañana siguiente estaba en la clínica. Un mes más tarde entraba en el quirófano: "Dormir, despertar y ser ya otra, el sueño de toda una vida", dice Fatou con una sonrisa. "Si hoy me muero, me muero feliz".
Fatou es un nombre ficticio para proteger la identidad de esta mujer senegalesa. Ella dice que algún día se pondrá al frente en la lucha contra la ablación y no le importará que se la reconozca en la foto, pero aún es pronto para eso.
Su historia es la de más de 100 millones de mujeres a lo largo y ancho del planeta. La inmensa mayoría, procedentes de África. Millones de mujeres a las que se les amputó la vida para seguir ancestrales tradiciones machistas que aún hoy perviven: cada día, 8.000 niñas corren el riesgo de ser sometidas a la amputación de sus genitales, según un informe de Amnistía Internacional.
Entre los mandinga, cuenta Fatou, la ablación viene de tiempos en que los hombres se iban a la guerra. "Lo hacían para evitar que las mujeres tuvieran tentaciones, para evitar que tuvieran ganas".
Fatou nació en Thies, a 70 kilómetros de Dakar, en una familia "moderna". Se crió en un ambiente en el que se estudiaba, en el que se hablaban idiomas: el padre, profesor; la madre, secretaria. Las primeras conversaciones de sexo con las amigas, en plena adolescencia, despertaron los primeros temores. Se daba cuenta de que, anatómicamente, no era como ellas. "Empecé a sentirme un bicho raro", recuerda. En la televisión se empezaba a hablar por aquellos años de la ablación, ese fenómeno al que había que poner freno.
Tenía relaciones con chicos, pero nunca llegaba "hasta el final". No tenía por qué dar más explicaciones; en países como Senegal, de la mujer se espera que llegue virgen al matrimonio. Fue en una visita al ginecólogo, a los 22 años, cuando tomó plena conciencia de lo que le pasaba, la maldita palabra se convirtió en condena: ablación. Fatou entró en estado de shock. No tenía nadie con quien comentarlo. Ni con su familia, ni con sus amigas, ni con sus novios. "La ablación es un tabú: nadie habla de ella, no se ve nada en ningún lado, no se puede sospechar que existe, pero allí está".
Tras años trabajando como profesora en su país de origen, llegó a España en octubre de 1999. Una nueva visita al ginecólogo volvió a desatar el tormento. La especialista no había visto nunca a una mujer víctima de la ablación. Miró, se calló y se fue a cuchichear con la enfermera. Fatou volvió a sentirse, una vez más, un bicho raro. Humillación. Impotencia. Rabia. Una rabia contenida a lo largo de años que aún viaja bajo sus palabras:
"Aquella visita al ginecólogo fue un suplicio para mí. Volví llorando a casa. ¿Por qué? Tenía muchos porqués en mi cabeza. ¿Por qué tengo que vivir yo esto? ¿Acaso alguien me preguntó si yo quería someterme a la ablación? ¡Me hacen una cosa con la que tengo que cargar toda mi vida y la gente, encima, viene a mirarme con curiosidad! Empecé a tener depresiones, duraron muchos años. Sentía tal impotencia, y una rabia interior..., me habían quitado algo que no volvería a tener en mi vida. Las chicas seguían contándome lo bien que se lo habían pasado con sus novios y sus maridos. '¡Y yo no voy a poder vivir eso en mi vida!', me decía a mí misma. Eso era lo más duro. Me daba rabia cada vez que un médico me miraba. Cada vez que me pasaba algo y tenía que ir a urgencias, era un sufrimiento, no lo soportaba. ¡Sí, ya lo sé, soy un bicho raro, esto es lo que me han hecho! Ya no lo soportaba. Durante mucho tiempo dejé de ir al médico. Empecé a investigar en Internet, tenía que haber algo. 'No puedo nacer, vivir y morir sin tener la sensación de qué es ser una mujer', pensaba. No me sentía una mujer completa. Me faltaba algo. Esto es como ver la vida en gris".
Buscando en Internet, se encontró con que en Francia había un médico que realizaba operaciones de reconstrucción de los genitales femeninos, el doctor Pierre Foldes. Ella vivía por aquel entonces en Valencia. Ya estaba dispuesta a irse a Francia cuando se enteró de que en Barcelona había un cirujano que también realizaba esa intervención.
Pere Barri Soldevila se acomoda en la butaca de su consulta en el Instituto Dexeus de Barcelona. Las operaciones de reconstrucción de clítoris son sólo un 1% de su actividad, pero le reportan grandes satisfacciones profesionales. Este cirujano de 33 años conoció la técnica del doctor Foldes durante su estancia en el hospital Bichat-Claude Bernard de París, en 2005.
Existen tres tipos de ablación. La tipo I consiste en la escisión del clítoris. La tipo II añade la amputación de los labios menores y es la más común. La tipo III supone además el sellado de labios mayores, dejando un pequeño orificio para las funciones fisiológicas.
El doctor Pierre Foldes, urólogo, empezó a investigar hace ya 20 años, tras varios de cooperación humanitaria en África. Para reconstruir el clítoris adaptó una técnica de alargamiento de pene. El clítoris mide 10 centímetros, sólo una pequeña parte es externa. Está anclado a la base del pubis mediante un ligamento. Seccionando el ligamento, se consigue que vuelva a emerger. "Luego queda anclarlo a la base del pubis, darle volumen y darle forma", explica Barri Soldevila. "Los resultados son muy buenos. A los chicos les pasa inadvertido que una chica ha sido operada".
La operación que realiza Barri Soldevila es gratuita. Forma parte de la línea de responsabilidad social corporativa de la clínica Dexeus y de la ONG que de ella depende, Matres Mundi. El coste de la operación, en realidad, gira en torno a los 1.800 euros, dice Barri, excluidos los honorarios del cirujano y el anestesista. "Es fundamental que las instituciones se involucren; lo ideal sería que estas operaciones las cubriera la Seguridad Social", reclama. El Departament de Salut de la Generalitat anunció en abril de 2008 su compromiso de financiar la operación a las mujeres que lo soliciten.
El hospital Dexeus tiene asumido seguir haciendo en torno a 15 intervenciones al año. Esperan que la técnica se traslade a otros hospitales de España. La primera reconstrucción la realizaron en 2007. Desde entonces han efectuado más de 20. En el 90% de los casos se consigue una restitución anatómica. En el 75%, una restitución funcional, es decir, la mujer recupera la capacidad de tener orgasmos.
Fatou ha recobrado esa capacidad. "Ahora estoy menos nerviosa, antes tenía mucho carácter. Me siento mucho más guapa y orgullosa de mi cuerpo". Se casó en mayo pasado en su país de origen, Senegal. Su marido, que vive allí y pronto vendrá a España, aún no sabe que ella se ha operado. Han estado juntos hace un mes, él no se ha dado cuenta de nada, ella no le ha dicho nada. "Algún día se lo diré. De momento, quiero disfrutar de mi victoria dentro de mí".
La vida de Aminata también ha cambiado, se siente más valiente, más fuerte que antes. Aminata (nombre ficticio) también decidió pasar por la clínica Dexeus desafiando todas las creencias que le fueron inculcadas. Se operó en junio del año pasado. Nació en España, pero sus padres proceden de Gambia.
A sus 27 años, luce look juvenil y pañuelo en la cabeza; es musulmana. "En nuestra religión, el sexo es tema tabú", cuenta. La operación para ella ha sido muy dolorosa, pero está satisfecha: "Antes no tenía fantasías sexuales", cuenta, "y no me apetecía hacer el amor. Ahora sí".
Aminata sufrió la ablación en territorio europeo. Cerca de Girona. En su caso, fue un auténtico trauma. Se lo hicieron a los nueve años. Fue consciente de lo que le estaba pasando. Recuerda que aquella mañana se subió a un coche y sus padres le dijeron que iban a una fiesta. A ella le extrañó que, si había fiesta, no le acompañaran sus hermanos, pero subió al coche sin darle más vueltas al asunto.
Llegó a una casa. Había una mujer esperando. Le pidió que se desnudara. Ella se resistió. Le taparon la cara. Recuerda que vio un cuchillo.
Cuando acabó la tortura, su padre se la llevó en brazos al coche. Estuvo a punto de morir.
El cuchillo. El arma con la que se siguen practicando ablaciones en África. Una práctica que también se realiza con bisturí y de modo clandestino en hospitales. "En Malí se sigue practicando a escondidas", confirma en conversación telefónica desde Malí Virginie Monkouro, mujer que lleva 25 años luchando contra la ablación en su país desde el Centro Djoliba. La ONG Save the Children, que trabaja de la mano con este centro en Malí, ha conseguido acabar con esta práctica en 40 pueblos de este país en el que el 85% de las mujeres han sido víctimas de la ablación.
Practicar una operación de reconstrucción de clítoris es peligroso en más de un país africano. Los médicos que lo hacen están amenazados. El doctor Barri lo ha podido comprobar en sus viajes de cooperación humanitaria a África; nunca realiza esta operación. De la ablación ha vivido mucha gente durante años, es un negocio para matronas de pueblos remotos y cirujanos que la siguen practicando a pesar de prohibiciones gubernamentales.
"En Gambia, 60 mujeres practicantes han enterrado el cuchillo en diciembre". Lo cuenta Mama Samateh, gran luchadora contra la ablación en Catalunya. Gambiana de 52 años, Samateh trabaja como mediadora cultural y vive en Premià de Mar, cerca de Barcelona.
Desde el año 1998 está al frente de la Asociación de Mujeres Antimutilación. Ya ha podido salvar a unas 30 niñas en territorio español a base de derribar creencias. El último caso que frenó fue en Lloret de Mar, el año pasado.
La lucha de Mama Samateh consiste en recorrer los pueblos y concienciar a comunidades de inmigrantes africanos. Acude a bodas y bautizos, a reuniones sociales en las que pueda divulgar su mensaje. Su objetivo: que los musulmanes entiendan que el Corán no ampara la ablación, una creencia generalizada que ella intenta desmontar. "Me siguen acusando de colaborar con los blancos para ir en contra de la religión musulmana", explica apesadumbrada. Samateh reclama una sede para su asociación, un espacio que le permita continuar con sus actividades.
Hay más de 500.000 mujeres en territorio europeo que han sido víctimas de esta práctica. "Lo consideramos una forma de tortura", clama Giulia Tamayo en la sede de Amnistía Internacional en Madrid.
Tamayo recuerda que las mujeres que corren el peligro de sufrir la ablación ya pueden pedir asilo en Europa, pero muchas veces no están informadas de sus derechos.
Fatou y Aminata han conseguido dar la vuelta al guión que les habían escrito. Gracias al progreso científico, que es capaz de dar bofetadas al curso de la historia y de las tradiciones, han vuelto a ver la luz. Su experiencia es una historia de esperanza para millones de mujeres. Sólo unas pocas consiguen acceder a esta operación y revertir años de sufrimiento.

Marcelo Ebrard

REPORTAJE: UN LÍDER EMERGENTE Alcalde de la ciudad de México Marcelo Ebrard
"La violencia en México no se resuelve con la policía"Marcelo Ebrard
PABLO ORDAZ
El País, 28/02/2010;
No debe ser fácil gobernar una de las ciudades más grandes del mundo, capital de un país enfrascado en una guerra contra el narcotráfico que en los últimos tres años se ha llevado por delante la vida de más de 17.000 personas (aún no está contabilizado el número de huérfanos ni de viudas). Tampoco ser un alcalde progresista en el corazón de un país eminentemente conservador, ni pretender llevar a la izquierda mexicana, hoy rota en mil pedazos, a la presidencia de la República en 2012. Aun así, Marcelo Ebrard, de 50 años, jefe de Gobierno (alcalde) de la ciudad de México por el Partido de la Revolución Democrática, no pierde el sentido del humor. Recibe al corresponsal en su despacho, con la música clásica a un volumen considerable, y se excusa con ironía: "Es para que no nos escuchen los espías de Los Pinos
[la sede de la presidencia de la República]".
Pregunta. -Un día sí y otro también, México está en boca de todo el mundo por la violencia. ¿Qué está pasando?
Respuesta. Somos un país donde el 39% de la riqueza nacional la tiene el 10%. Eso es escandaloso. Pero lo es todavía más que la contribución de ese 39% al erario público no rebase el 6% del producto. Hay una gran concentración de la renta y una gran debilidad del Estado para corregirlo. No hay más que recorrer México y visitar las escuelas o los hospitales: la infraestructura es muy antigua. A esto hay que agregar que más o menos el 50% de los jóvenes no está en la escuela. ¿Por qué? Muchos de ellos, porque no tienen recursos. La juventud tiene muy pocas expectativas de mejorar y, por eso, para el narcotráfico es muy fácil reclutar, tener apoyo, crecer. Yo estoy convencido de que la única estrategia a medio plazo, eficaz, para combatir al narcotráfico sería una estrategia muy vigorosa de inclusión social.
P. ¿Y usted cree que no se está llevando a cabo?
R. Mire, el problema de la violencia en México no lo vamos a resolver con la policía. Es un error pensar eso. Estamos gastando 16.000 millones de pesos (923 millones de euros) en armas, en esta cosa de la guerra, que a mí ya el término guerra me estorba mucho, porque la guerra es la excepción del Estado de derecho... ¿Por qué no invertimos en apoyar, respaldar, entender a toda una generación? Fíjese en este dato: la mitad de los jóvenes mexicanos no está yendo a la escuela. ¡La mitad...! ¿Por qué no ponemos el esfuerzo en eso? Pero no, el Gobierno federal no está poniendo la atención en eso. Su estrategia es más represiva. Y yo le puedo demostrar, con datos de la ciudad de México, que apostar por la inclusión da resultados. Y en algunos casos, inmediatos. Tenemos a 230.000 jóvenes con becas. Y nuestro porcentaje de deserción escolar es ya el más bajo de todo el país. Estamos intentando comunicarnos con los jóvenes, entendernos con ellos de otra forma distinta de la represión.
P. De forma paralela a los graves problemas del narcotráfico o la violencia, da la impresión de que México pierde peso en el concierto internacional. La comparación desventajosa con la pujanza de Brasil hiere el orgullo mexicano.
R. Estamos perdiendo terreno en América Latina, pero también frente a Europa e incluso frente a Estados Unidos. Pero es un fenómeno que tiene que ver, además de con la política exterior, con las propias expectativas internas. No veo que tengamos una serie de causas a nivel nacional que nos hagan estar especialmente orgullosos del país. De hecho, ¿cuáles serían hoy las causas nacionales? Tienes una guerra declarada con el narco -una guerra defensiva según dice el propio Gobierno-, y eso es algo que no creo que entusiasme a nadie. Las guerras no entusiasman a nadie, o al menos a nadie sensato. Y no hay nada más. Nada que pueda entusiasmar, nada que movilice a los jóvenes, que les dé esperanzas. En el año 2000 se pensó que con la alternancia en el poder
[con el final de los 70 años de hegemonía del PRI] iban a pasar muchas cosas, que la economía iba a ir a mejor, que la justicia también iba a mejorar. Pero nada de eso pasó. Y ahora vivimos en el desencanto.
P. ¿Hasta qué punto tienen que ver los problemas de México con una aparente falta de liderazgo del presidente Felipe Calderón?
R. Yo creo que es un hombre, por su propio perfil, su forma de ser, bastante encerrado. Prefiere siempre al incondicional, al más cercano, no necesariamente al más talentoso. Hoy su gabinete es menos representativo de lo que era o lo que pensábamos que podría llegar a ser. Fíjese en el último suceso: el secretario de Gobernación renuncia al partido que sustenta al Gobierno (el PAN) porque se descubrió que estaba llegando a un acuerdo con otros partidos a espaldas del propio presidente... Parece gravísimo, ¿no? Deja al descubierto que están en un juego defensivo, de corto plazo, sin grandes iniciativas. No hay que olvidar que Calderón llegó al poder en 2006 con la munición del miedo. Y a partir de ahí no ha sabido generar ningún tipo de liderazgo.
P. ¿Usted cree que ya se agotó su mandato?
R. Yo diría que sí, porque está atorado con su tema de la guerra. Esto es como la guerra de Vietnam, valga la comparación a título ilustrativo. Se ha metido en una guerra donde nunca va a tener una victoria suficiente, y en el camino su desgaste es cada vez mayor. Yo creo que entre los que le rodean habrá gente inteligente que estará preguntándose: "Y ahora, ¿cómo salimos de esto?".
P. Hablemos de la izquierda. ¿Qué hace falta para que en México -un país con más de un 40% de pobres- la izquierda sea una alternativa real de gobierno?
R. Yo creo que en 2006 ganó Andrés Manuel -López Obrador, el candidato del PRD que denunció un fraude electoral a favor de Felipe Calderón-, lo cual demuestra que sí se puede llegar al poder desde una posición de izquierda. Pero sí es verdad que tenemos que hacer una autocrítica: demasiadas divisiones, demasiado personalismo, prácticas antiguas... Ante las elecciones de 2012 sólo nos quedan dos caminos. O nos unimos todas las fuerzas de la izquierda alrededor de un solo candidato o candidata, con unas reglas del juego muy claras, sin elecciones internas a lo Dante Alighieri, o nos quedamos en nada: un partido testimonial, con el 12% de los votos. Hace falta una izquierda fuerte, que desplace al PRI de un lugar que no le corresponde. El reto ahora es preparar a la izquierda para llegar al poder en 2012. En el pasado no se ha podido, se han cometido errores, pero también se ha estado muy cerca, en 1988 con Cuauhtémoc y en 2006 con Andrés Manuel.
P. ¿Y usted estaría dispuesto a ser el candidato de la izquierda?
R. Sí. Yo estoy ahí, en esa contienda, pero también estoy en la decisión de acatar lo que resulte. Y lo digo en serio, no como postura política. Creo que es lo más sensato, casi es un imperativo ético muy esencial que tenemos quienes estamos en esta cosa. Le voy a decir por qué: no me quiero poner dramático, pero si nosotros en las elecciones de 2012 sólo logramos un resultado testimonial -ese 12% de los votos-, ya no levantaremos cabeza en 10 años. Y no tenemos derecho a hacer eso. Porque quién si no nosotros va a corregir que el 39% de la riqueza de México esté en manos del 10% que paga el 6%... Eso es lo que hay que corregir. Y sin una izquierda fuerte no se va a poder corregir.
P. ¿Usted cree de verdad que la izquierda puede ganar en 2012 por primera vez en la historia de México?
R. Yo creo que sí, que es muy posible, y que hay condiciones muy favorables para que suceda. Pero hace falta que nos unamos, que nos organicemos, que tengamos una propuesta suficientemente clara. Si los políticos de la izquierda somos capaces de hacer una propuesta suficientemente clara, una parte importante de los mexicanos se movilizará con nosotros. Tenemos que demostrar grandeza política con nuestra gente. El electorado de izquierda es un electorado inteligente, informado, y muy exigente. Ya no nos podemos permitir seguir defraudándolo.
P. Llama la atención que, estando usted en esa carrera por la candidatura, haya tomado la decisión de legalizar las bodas entre homosexuales en la ciudad de México. Se le ha echado encima medio país...
R. Antes de tomar la decisión hubo quien me advirtió: "Cuidado, que esto puede ser muy costoso electoralmente hablando". Yo respondí diciéndoles: "Miren, lo más costoso que podemos hacer en estos temas de principios, de convicciones, es ser oportunistas". Desde luego, tiene un coste electoral, pero son decisiones de las que siempre podremos estar orgullosos porque significan reconocer derechos a las personas. La homosexualidad es una de las grandes causas de exclusión, de represión en la sociedad mexicana. Genera gran sufrimiento, una persecución por razones sexuales terrible, y ni siquiera genera debate público. Así que nosotros hemos dicho: "Esto hay que cambiarlo", y hemos aprobado el matrimonio y el derecho de los homosexuales a adoptar... Y además la izquierda lleva ya 12 años en el Gobierno de la ciudad, ¿cuánto más teníamos que esperar?
P. Pues la Iglesia está con usted que se sube por las paredes...
R. La Iglesia católica ha tomado una posición muy radical. Dice que los de izquierdas somos los enemigos de Dios. Están moviendo al Gobierno federal y a los demás Estados de la República en nuestra contra. Ya lo hicieron con la interrupción del embarazo. Me parece un gran desatino. Pero si hay un problema con la Iglesia, enfrentémoslo. Lo que no tendría sentido es que renunciásemos a nuestros principios o a las banderas que enarbolamos en la campaña electoral porque tengamos temor a la reacción de la Iglesia. Si sucumbimos a ese miedo, ¿adónde vamos? Tendríamos que mandar nuestro programa para que lo aprobara la Iglesia...

Los jóvenes de Salvárcar

Los jóvenes de Salvárcar/Fred Alvarez Palafox
Publicado en Código Topo, Excélsior 1 de marzo de 2010, pags. 16-21
Un comando de 15 sicarios abordo de cuatro vehículos irrumpió violentamente los primeros minutos del domingo 31 de enero en una fiesta de adolescentes, en la calle Villa del Portal, fraccionamiento Villas de Salvárcar, en Ciudad Juárez, Chihuahua. 
En este hecho murieron 16 personas e hirieron a otras más; los jóvenes celebraban el campeonato de futbol, así como el cumpleaños de uno de los ajusticiados. Los asesinos eligieron a las mujeres y cercaron a los hombres en el patio a quienes balearon sin piedad. Algunas de las víctimas intentaron protegerse en los patios traseros, y otras más, en su intento por dispersarse, saltaron las bardas, pero más adelante quedaron sin vida en la parte trasera de otras dos casas. 
Los hechos del primer crimen masivo de 2010 ―junto con el de Torreón, Coahuila― fueron difundidos ampliamente el lunes primero de febrero, pero en ningún medio impreso de la ciudad de México, salvo Excélsior le dio la jerarquía de nota principal.
En la radio se manifestó el lunes en la mañana la ola de indignación ciudadana, y lo primero que cuestionaron varios “especialistas” sin tener más información que el hecho, fue el cuestionar severamente la estrategia militar del combate antidrogas del gobierno federal, solicitando la salida del ejército de esa ciudad, como si el problema se resolviera con ello. La pregunta de especialistas es: ¿por qué la violencia no cede ante tal despliegue de fuerza del Estado en Ciudad Juárez? ¿Qué es lo que no ha funcionado de esta estrategia en la ya considerada la ciudad más violenta de México? Esa son las preguntas clave.