25 ene. 2010

El enemigo común

Columna Razones/Jorge Fernández Menéndez
Excélsior, 25 de enero de 2010
Para mi amigo Mario Pintos y su familia, con un abrazo solidario.
Siguiendo la tesis del “enemigo común” se han hecho demasiadas barbaridades históricas, comenzando por el pacto Hitler-Stalin. “No creo que sea conveniente una alianza… el PRI y el PAN son lo mismo, no hay diferencia alguna”, volvió a decir López Obrador el viernes. Pues bien, ese mismo día, sus más cercanos simpatizantes, tanto en el PRD como en el PT y en Convergencia, estaban trabajando a brazo partido para lograr alianzas con el PAN y con el PRI. El ex candidato presidencial ya ha señalado en varias oportunidades que ahora el enemigo no ni el PAN ni Calderón, sino el PRI y Peña Nieto, pero lo paradójico es que con ambos están haciendo alianzas. Y si la de Oaxaca es la que más ha llamado la atención, la que se está planteando en Zacatecas es para Ripley.
Allí el PRD designó como candidato a Antonio Mejía Haro, senador con licencia y a quien impulsaba la gobernadora Amalia García. Como reacción, se espera la renuncia al partido de los otros precandidatos: Raymundo Cárdenas, quien trabajó políticamente con Amalia durante años; del también senador Tomás Torres, quien perdió hace seis años la candidatura con la ahora gobernadora, y de Juan José Quirino, uno de los fundadores de El Barzón. Con ellos abandonará el PRD otro grupo de militantes, quienes conformarán una corriente política independiente. Hasta ahí todo normal, pero la novedad es que probablemente formarán parte de una alianza contra el PRD, que impulsan el PT, encabezado por el senador Ricardo Monreal, y el PRI, a la que se sumarían nada menos que Nueva Alianza y el Partido Verde. ¿Quién sería el candidato? Ricardo quiere que sea su hermano David, pero hay varios otros aspirantes. Sin embargo, lo insólito es que en este caso la coalición no sólo es contra el partido del sol azteca, sino también que participa en ella quien se considera el principal enemigo del lopezobradorismo, el PRI, y el partido a quien siempre han golpeado en esa corriente, Nueva Alianza, con todo el sello de Elba Esther Gordillo.
El pleito es añejo y tampoco tiene nada que ver con los principios. Es simplemente rencor. Amalia García no pertenecía a las corrientes que apostaron por López Obrador desde un inicio y eso nunca se lo perdonó el tabasqueño. Cuando vino la sucesión en Zacatecas, hace seis años, López Obrador y Monreal querían que fuera Tomás Torres el candidato, pero se terminó imponiendo Amalia. Desde entonces, la relación de López Obrador con la gobernadora fue tan mala como cercana la que mantuvo con Ricardo Monreal. Cuando López fue candidato, Amalia lo apoyó e impulsó, pero pasada la elección, en el primer mitin en el Zócalo, fue agredida por los grupos ultras del PRD, con los que siempre había tenido diferencias profundas y que la acusaron de traidora. López Obrador, que estaba en ese momento en el micrófono, nunca la defendió. Desde entonces la relación es fría y con la alianza antiAmalia que unirá al lopezobradorismo con el PRI ha llegado a punto de congelación. Pero, una vez más, ¿dónde quedaron los principios para que esa corriente prefiera unirse con el PRI y Elba Esther para zanjar diferencias personales? Quizás ahora nos quieran vender que, según López Obrador y sus seguidores, el PRD y Amalia García son también parte de la mafia.
Mientras tanto, las alianzas PRD-PAN contra el PRI han logrado algo inesperado: una profunda división en el gabinete presidencial y en el PAN, más que en el PRD y sus aliados, porque allí saben que lo que se logre, lo que sea, les beneficia. Fernando Gómez Mont calificó esas alianzas como un fraude y un instrumento antidemocrático. Luego dicen que rectificó, pero cuando se lee la declaración con cuidado se ve que no es así: dijo que no lo son si están sustentadas en un programa común, etcétera. Pero el problema con estas alianzas es que no existe programa común alguno para sustentarlas. Al secretario de Gobernación se sumó Diego Fernández de Cevallos quien, entre otros adjetivos, dijo que para el PAN era humillante aliarse al PRD (¿y no tiene una muy buena parte de razón?). Y se unieron a esa posición panistas tan diversos como Francisco Ramírez Acuña, Ricardo García Cervantes o Manuel Espino. Hoy el CEN del PAN deberá decidir si va o no en alianzas. Tendrá que optar por los principios o por seguir la línea de López Obrador: ahora el enemigo común son los priistas (si no necesitan aliarse con ellos).

“El enemigo común”

Hawai

'Perdidos', la traca final
GUILLERMO ABRIL
Publicado en El País Semanal, 24/01/2010;
Quedan 18 episodios de La serie que nos ha tenido en vilo cinco años. Con todos los misterios en el aire, 'El País Semanal' viaja a Hawai en busca de respuestas.
El clímax de la conversación, aunque parezca absurdo, resulta de lo más natural:
-¿Sabe usted qué yace a la sombra de la estatua?
-Eh… No.
-¿Y sabría decir a qué puede ser candidato…?
-Eso sí. Pero no puedo decirlo. Eso… Lo siento, no puedo. Me matarían si lo cuento.
-De acuerdo: ¿es usted de los buenos o de los malos?
-Creo que se dan pistas contradictorias sobre este asunto.
-Entonces, ¿quiere decir que hay buenos y malos?
-Eso tampoco puedo decirlo.
-Ya. ¿Podría explicar de qué va la serie?
-No lo sé. De estar perdidos, supongo. Todos estamos perdidos.
Todos estamos perdidos, cierto, pero a grandes rasgos se podría afirmar que existen dos tipos de personas: las que pueden seguir esta conversación y las que no. Nos encontramos al borde del mar, en un lujoso hotel de Oahu (Hawai, Estados Unidos), la isla en la que se ha rodado el 99,9% de Perdidos, una de las series que han marcado un antes y un después en la ficción televisiva. En una caseta luminosa, un grupo de periodistas intenta sonsacarle lo que sea, alguna pista, cualquier cosa, sobre la sexta y última temporada a la actriz Zuleikha Robinson, más conocida como Ilana, que apareció tímidamente en La isla en la quinta temporada y cuyo personaje, según cree, se vuelve "clave" hacia el final. Porque esto se acaba. Quedan 18 episodios. El broche. Y aún hay cientos de misterios sin respuesta. El secretismo es atroz. Pero quizá la señora Robinson, más conocida como Ilana, cometa un desliz y suelte algún regalo sin darse cuenta. A poco que esté informada, debería saber "qué yace a la sombra de la estatua" de los cuatro dedos, en la que vivía desde hace al menos siglo y pico un tipo vestido con atuendo de profeta llamado Jacob -¿y quién demonios es Jacob?-, en esa isla, La isla, ilocalizable en mitad del Pacífico Sur, donde se estrella el vuelo 815 de la compañía Oceanic, dejando 48 supervivientes, y en la que un humo negro sale de las entrañas de la tierra para sentenciar a los pecadores, emitiendo un extraño ruido como de cadenas o engranajes; y quizá sea debido a los números 4 8 15 16 23 42 o al campo magnético bajo la escotilla, también llamada Estación Cisne; o quizá, simplemente, debió ser así, ya estaba escrito desde el principio de los tiempos. ¿Somos libres? ¿Podemos cambiar nuestro destino? ¿Cómo hemos llegado a esta locura? En fin. Las respuestas comienzan el 2 de febrero en Estados Unidos, una semana después en Cuatro. Y mientras tanto, todos andamos perdidos. O casi todos.
Un tipo bajito, rapado y con vistosas gafas de pasta, sostiene un mojito en la mano y el secreto en su cerebro. Damon Lindelof, el creador de esta fiebre, junto a J. J. Abrams y Jeffrey Lieber, es uno de los reyes del cóctel que ha organizado el Festival Internacional de Cine de Hawai en otro lujoso hotel al borde del mar. Es octubre de 2009 y este guionista lleva escritos siete de los 18 episodios que pondrán la guinda a la tarta. Trabaja en ello, cuenta, unas ochenta horas semanales. Casi nada. Con un corro de gente a su alrededor, sorbe el mojito a duras penas, atosigado a preguntas. Dice que se encuentra tranquilo, sin presión. Irónico: "No os preocupéis. Lo explicaremos todo. Hasta el Big Bang". No hay forma. ¡Que alguien le pida otra copa! "No le cuento nada a nadie. Ni a mi madre", dice antes de arremeter contra la cultura de spoilers [del inglés to spoil, estropear] que ha rodeado a la serie desde el inicio: "El final ha de ser como un regalo. Si tiene envoltorio, es por algo".
Una hora después, en una multitudinaria clase magistral en Waikiki, Lindelof comentará que a menudo se siente ridículo cuando intenta resumirle a alguien de qué va su criatura: "Verás, les digo, hay un tipo metido en una escotilla, pulsando un botón cada 108 minutos, porque cree que si no lo hace, el mundo se va a acabar…". El tipo tiene su gracia intentando eludir la cuestión clave. Cuando el moderador vuelve al ataque para arrancarle alguna pista, Lindelof sonríe: "Ahora entiendo por qué me habéis estado dando todos esos mojitos…". Debe de resultar molesto convivir a diario con uno de los secretos más cotizados. Añade que la pregunta, la gran pregunta que le suelen hacer, es si se lo ha ido inventando todo sobre la marcha. "La respuesta es: siempre hemos tenido un plan. Pero igual que en la vida, siempre que tienes un plan, tienes que presuponer que va a funcionar. Y muchas veces no funciona, y tenemos que pensar cómo lo enmendamos. Pero cuando empezamos a hablar de un final, cuando estaba terminando la primera temporada y a principios de la segunda, si es que nos dejaban acabar la serie… Ése es más o menos el final que estamos rodando ahora, y no lo cambiaríamos por nada en el mundo. Aunque la ruta ha sido tremendamente diferente de lo que habíamos imaginado, el destino es el mismo". Benjamin Linus, por ejemplo, fue uno de esos grandes aciertos fuera de ruta. El personaje, cuenta el actor Michael Emerson, iba a ser episódico. Un invitado en la segunda temporada. "Los guionistas querían ponerle rostro a la amenaza de La isla. Y me contrataron. Dijeron: 'Probemos con Henry Gale' [seudónimo de Linus], y si no funciona, pasamos al plan B". Su mirada cerebral, fría, casi telepática, entró a formar parte de la mitología de La isla. Un Ben atormentado se llevó el Emmy en 2009 por su interpretación en la quinta temporada.

Otro premio más. El éxito le llegó a Perdidos nada más nacer. Se estrenó en septiembre de 2004 en EE UU. Un doble episodio piloto, el más caro de la historia de la televisión. Costó 12 millones de dólares, según se publicó en el libro Dinsey War. La apuesta no era segura, pero el desastre del vuelo 815 de Oceanic lo vieron 18,6 millones de estadounidenses. Y el fenómeno se expandió al mundo. Hoy se puede seguir en 230 territorios del globo. La serie había nacido del empeño de Lloyd Braun, entonces uno de los jefazos de la cadena ABC, que buscaba un drama a medio camino entre El señor de las moscas, Náufrago y el reality show de moda, Supervivientes. Después de que el proyecto pasara sin pena ni gloria por las manos del guionista Jeffrey Lieber, el encargo le cayó a J. J. Abrams. Y J. J. llamó a otro prometedor guionista, Damon Lindelof. En su primer encuentro charlaron sobre Tiburón y La guerra de las galaxias; de una isla con un misterio profundo, de una escotilla, de Los otros y de Jack despertándose en la jungla. Crearon magia. Le dieron el toque fantástico que habría de sostener la ficción durante cinco o seis años. Si todo iba bien. Porque en televisión las certezas se miden en términos de audiencia. De hecho, el inspirador de esta gran novela en pantalla, Lloyd Braun, fue despedido antes de que se emitiera el primer episodio. Nadie en el canal pareció fiarse. Pero llegó el estreno y los misterios fueron apareciendo poco a poco. Un cable semienterrado en la playa llevó a los supervivientes hasta una francesa llamada Rousseau, una referencia al mito del buen salvaje del filósofo, y ésta les habló de Los otros: la isla en la que se habían estrellado no era una isla cualquiera. No estaba desierta. Con el tiempo se parecería bastante a la Gran Vía.

La primera temporada acabó con audiencias desconocidas desde hacía tiempo para la cadena, se alzó con seis premios Emmy, a la mejor serie dramática del año y la mejor dirección de una serie dramática entre ellos, y, sobre todo, cosechó una legión de fanáticos que se preguntaba qué era todo aquello que pasaba ante sus ojos. ¿El purgatorio? ¿Un sueño? ¿Una partida de ajedrez? Internet echaba humo con teorías, hipótesis, posibilidades y muchas, muchas descargas ilegales de quienes no podían aguantar a que el episodio llegara a su país. Se crearon páginas web como Lostpedia (de Lost y enciclopedia), una extensísima Biblia online con todo tipo de referencias, algunas tan curiosas como el número de puñetazos que se ha llevado el pobre Ben Linus a lo largo de los 103 episodios emitidos. Los seguidores miraban cada capítulo fotograma a fotograma, en busca de respuestas y de los Easter Eggs (huevos de Pascua), pistas supuestamente escondidas por los creadores en algún recoveco de la imagen, en una palabra, en cualquier gesto. Y las iban colgando en la Red para compartirlas y confirmarlas. Junto a todo ello, los spoilers de quienes aseguraban haber descubierto lo que ocurriría. Cualquier cosa servía: una foto del rodaje, un soplo, un guión extraviado.

"Por eso ya no mandamos nada por correo electrónico", contó Jean Higgins, una de las productoras ejecutivas, en otra clase magistral del Festival de Cine de Hawai. "Alguien cometió una vez un error y envió un guión sin querer a alguien que no debía. Casi inmediatamente apareció en todas las agencias. Los guiones y los horarios, o los entregamos en mano o no los damos. También me he visto obligada a mover camiones para bloquear la vista… Se hace lo que se puede para mantener el secreto. Aun así, por aquí veo gente que lo intenta todo para encontrarnos". Y mientras acababa la frase, dirigió una mirada incendiaria hacia un lugar muy concreto de la sala, donde se encontraba Anne Ponio, una oronda treintañera de San Diego (California, Estados Unidos) que en julio decidió mudarse a Oahu con su marido y su hija para vivir el final de la serie "lo más cerca posible". Pero antes de cambiar su residencia se aseguró de infiltrarse en el lugar correcto: la señora Ponio consiguió trabajo en el Kahala Hotel, casualmente el lugar en el que se organizan la mayoría de entrevistas de Perdidos. Ella es la jefa de desayunos. Y, casualmente también, mientras los periodistas se preparaban para conseguir algún titular de labios de Zuleikha Robinson, más conocida como Ilana, en aquella caseta al borde del mar, Ponio surgió de pronto, vestida con su uniforme de trabajo, una bandeja en la mano y un guiño cómplice: "¿Van a querer tomar algo?". Aquel día pasaron por allí los actores Michael Emerson (Benjamin Linus), Henry Ian Cusick (Desmond Hume), Yunjin Kim (Sun) y Jeff Fahey (Frank Lapidus). Y ella anduvo de un lado a otro, merodeando con sus dos cámaras -"siempre dos, por si se me acaba la batería de una de ellas".

Naveen Andrews, el actor que interpreta al ex torturador iraquí Sayid Jarrah, es uno de los que conocen su pequeño secreto. Él suele acudir al gimnasio del complejo hotelero y luego se toma un café o un desayuno. A veces charlan sobre sus hijos. Y él le sopla por dónde van a estar rodando. "Todo esto de la seguridad para que no salga ninguna idea se ha vuelto cada vez más paranoico", reconoce Andrews, que ha acudido a una entrevista en el Kahala vestido con una camisa colorida y el pecho al aire. Da una calada a su cigarrillo y prosigue, con su delicioso acento británico: "¿Qué coño podemos hacer? ¿Realmente es necesario todo esto? Supongo que sólo es por un año más…". El actor bromea sobre el final de una serie en la que empezó con 34. "He cumplido ya 40 malditos años, qué triste. No me esperaba esto. ¿Qué se supone que debo hacer ahora?". Hace tiempo, dice, que los miembros del equipo de Perdidos van cada uno por su lado. Pero durante 2004, cuando desembarcaron en la isla, con todo por delante y ningún conocido, solían participar en animadas actividades de grupo. "Recuerdo que nos juntábamos todos para ver los episodios. Socializábamos mucho más. Luego la gente empezó a hacer su vida. ¿Qué cambió? Supongo que el show se convirtió en una franquicia, con todo lo que eso implica". Y ocurrió también que dos de sus mejores amistades sucumbieron a la épica de los guionistas, en la segunda y tercera temporada. Abandonaron Hawai, volvieron a tierra firme, y a él se le quedó un regusto amargo en los labios: "¡Joder, mataron a M…!". Y no fue la primera.

Todos los actores recuerdan el ambiente enrarecido hacia el final de la temporada uno. Un rumor terrorífico se adueñó del reparto: los creadores querían matar a alguien, pero nadie sabía a quién. Cuando ocurrió quedó claro que el único personaje capaz de aguantar hasta el final, "aparte de Vincent, el perro", según bromeó Damon Lindelof durante la clase magistral, sería La isla. Oahu le ha conferido a Perdidos un aroma especial. La mayor parte del equipo y el reparto se acabó mudando al pedacito de tierra en mitad del Pacífico que bombardearon los japoneses en 1942. "La insularidad es parte de la burbuja", comentó la productora ejecutiva Jean Higgins en su charla. "Los actores todavía se llevan bien. ¿En qué serie ocurre eso? Aquí tienen su espacio. Van al supermercado y no les dan la brasa. Supongo que es parte de la actitud hawaiana de dejar estar". Mucho aloha, chanclas y buen clima. El equipo de producción ha logrado recrear el mundo sin salir de allí: el Chinatown de Honolulú fue transformado en Korea; un pequeño aeródromo al Norte se convirtió en el Aeropuerto Internacional de Los Ángeles (LAX); la catedral de St. Andrews acabó haciendo de facultad en Oxford; Oahu ha sido Australia, Irak, República Dominicana, Nigeria. Y por supuesto, la isla fantasma en la que se estrella el vuelo 815, a mitad de camino entre Sydney y Los Ángeles. Más o menos en una playa paradisíaca donde nadie conoce a nadie y todos pueden empezar de cero. Tabula rasa.

Terry O'Quinn se encuentra sentado allí, sobre la arena del campamento de los supervivientes, en Police Beach. Se oye el ruido de las olas. El viento acariciando los pinos. Con las piernas cruzadas, el actor tiene el aire iluminado de John Locke, su personaje. Viste como él. Habla como él. Le falta la cicatriz en el ojo derecho. Un detalle insignificante. Dice: "Todo es diferente si vives en esta isla. Es especial. He venido caminando hasta la playa. Soy el único que vive por aquí arriba, en la costa norte". Parece que el guión se le hubiera enganchado a las tripas: "Ahora tengo mayor confianza en mí. Soy mejor. Más fuerte. Pero me siento un poco inseguro sobre qué ocurrirá cuando abandone la isla. No sé si podré caminar en tierra firme". Habla de su carrera como intérprete, pero el paralelismo es inevitable. Locke, el hombre de fe. Él fue quien nos hizo creer en La isla, en su poder. Un minusválido en tierra, un perdedor; un líder renacido nada más estrellarse. En busca de sí mismo, de su papel. J. J. Abrams le dijo que al principio no tendría demasiada relevancia. Pero dio alguna pista de lo que estaba por venir en el piloto: sin haber pronunciado casi una palabra y con el avión humeante junto al mar, Locke le sonríe a Kate con una cáscara de naranja dentro de la boca. Inquietante.
En dos ocasiones, cuenta el poseído señor O'Quinn, se enfrentó a los guionistas Damon Lindelof y Carlton Cuse. Porque algo, dice, no encajaba. La primera, cuando le pidieron que lanzara un cuchillo a la espalda de uno de los personajes. Se negó. No era propio de él. Le respondieron con la certidumbre del creador, desde Los Ángeles: "Locke tiene que hacerlo. Él tiene que hacerlo. No tú. Él siente que ha de hacerlo". La otra, después de pasar innumerables episodios metido en la Estación Cisne, apretando un botón cada 108 minutos, porque creía que si no se acabaría el mundo. Les dijo: "Me estoy volviendo loco en la escotilla. Dejadme salir. Esto es estúpido. No lo soporto más". Los creadores respondieron desde el otro lado que todo era parte de un plan que aún no podía comprender: "Estás aburrido porque Locke está aburrido".
Pero llegó un tiempo en que los creadores también se vieron en un callejón. Ocurrió durante la tercera temporada. En lo más alto, después de ganar el Globo de Oro, con todas las grandes preguntas en el aire, pero sin saber si habría o no un final ni si tendrían control para hacerlo a su modo. Las audiencias comenzaron a decaer (en España, de TVE-1 pasó a La 2, cambió de día, de horario y después dejó de emitirse). La serie se volvía más exigente. Un delirio. Estabas dentro o fuera de La isla. Dentro o fuera de la escotilla. O te sabías los números de corrido o era mejor apagar la tele. "En un principio, los flashbacks resultaban interesantes: era emocionante saber cómo Hurley ganó la lotería o el pasado de timador de Sawyer", explicó Lindelof al público hawaiano. "Luego nos metimos a contar el origen de los tatuajes de Jack y dijimos: 'Basta. Hay que acabar con esto". En la serie, los protagonistas aparecían enjaulados porque los creadores se sentían enjaulados, según contaron en Hawai. ¿Cuánto podrían estirarlo? "Una serie como Anatomía de Grey puede seguir toda la vida. En Perdidos, nuestros personajes se estrellaron en una isla y tenemos que explicar cuál es su destino".
De pronto, las jaulas se abrieron. La conclusión de la tercera temporada fue como asomarse al abismo. Se rodó una de las muertes más sobrecogedoras de la ficción ("NOT PENNYS BOAT"); se concedió al espectador el primer atisbo de Jacob -¿quién demonios es Jacob?-. Y los guionistas decidieron llevarse a los personajes a su terreno: Jack y Kate, flashforward a Los Ángeles. ¿Salieron de la isla? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Por qué? Ese año, 2007, la revista Time eligió a la serie entre las 100 mejores de la historia. Y la segunda, tras Los Soprano, entre los retornos más esperados. Abrams, Lindelof y el coguionista Carlton Cuse habían logrado arrancar una promesa de la cadena. Harían un final. Su final. En tres temporadas más. Ése sería el destino del viaje: mayo de 2010. Quizá con un estreno mundial en salas de cine. La isla comenzó a moverse en el espacio tiempo. Pero ellos tenían un plan.
"Conozco el final, y pienso que os retorcerá la mente. Va a desafiar vuestros engranajes creativos". El director, Jack Bender, viene de barro hasta las rodillas. Habla a ráfagas, como un rayo. En siete minutos se lo tragará la jungla. De vuelta al trabajo, a su destino. Cada uno tiene su papel en este tablero. Al pie del rodaje en las cataratas Manoa, dice: "Nadie despertará y todo habrá sido un sueño. Tampoco ocurrirá como en Los Soprano: de pronto, un fundido a negro. Pero será un final poderoso". En sus pantalones hay restos de pintura, aunque dice que todo aquel asunto de los cuadros, sus cuadros, fue uno de esos "errores felices" de Perdidos que los fans confundieron con una pista en la imagen congelada de su televisor. Luego aparece Jorge García, Hurley, con su lento caminar de oso y una inscripción en el antebrazo. La conversación se empantana una vez más en el surrealismo, cuando le preguntan qué le parece que su personaje sea el más abofeteado:
-Uau. No sabía que nadie llevara esa estadística.
-¿Es eso un spoiler en su brazo?
-Eh… ¡No! ¡No es nada!
-Y sobre los números 4 8 15 16 23 42…
-Creo que sabremos más sobre ellos.
-¿Podría explicar de qué va Perdidos?
-No tengo ni idea. Sólo soy un pequeño trozo de la tarta.
Un peón perdido en mitad de la batalla. "Ya vienen", susurró Jacob con un cuchillo en el pecho. Locke yacía más o menos a la sombra de la estatua. Y, con un guiño a Los Soprano, hubo un fundido a blanco. Eso fue El incidente. El próximo episodio tiene nombre de aeropuerto: LA X.

Guatemala: el paraiso de las canallas

REPORTAJE: TESTIGO DEL HORROR
El paraíso de los canallas
LAURA ESQUIVEL
El País Semanal, 24/01/2010;
Guatemala significa 'lugar de muchos árboles', pero entre el follaje se esconden asesinos, violadores y delincuentes. Este país, conocido por la dulzura de sus habitantes, es refugio de hienas. Contabiliza 15 asesinatos al día y las violaciones se multiplican. Sexta entrega de esta serie de reportajes de autor sobre los conflictos olvidados.
Cómo engañan los ojos del cuerpo. Qué limitada es su visión. Siempre pienso en eso cuando subo a un avión. Desde lo alto del cielo, la percepción de las cosas cambia por completo. Me gusta subir sobre las nubes, sobre las ataduras humanas, y confirmar que nadie puede limitar la libre circulación de las partículas por el aire, el viaje del sonido por el espacio ni la proyección de los rayos del sol a través de la atmósfera de la tierra. Voy camino a Guatemala y el azul del cielo me obliga a recordar el añil que tanto usó la cultura maya para decorar sus hermosos palacios y sus grandiosas pirámides. Me acordé de Palenke y Tikal, de Chichén Itzá y Calakmul, de ese color azul que representaba, entre otras cosas, la intención de los mayas de encontrar la Puerta del mundo en la oscuridad absoluta, donde habitaban los ancestros, la Cueva de donde la Montaña Sagrada hizo brotar el agua del Inframundo y con ella la Creación entera; en pocas palabras, la necesidad sagrada y profana de ubicar el punto exacto en que los mundos, todos los mundos, se comunican haciéndose uno. Me gusta esa idea. La idea de una totalidad que a todos nos abarca, que a todos nos incluye y nos mantiene unidos en un lugar en donde no existen las fronteras. Hace tiempo que me estorban las fronteras. Si miramos desde lo alto del cielo, es imposible distinguir la línea que separa Guatemala de México.
Desde la ventanilla observo el mismo paisaje pleno de follaje, la misma vegetación, los mismos volcanes vigilantes del gran valle que alberga la capital de Guatemala, similares a los que cuidan el Anáhuac desde tiempos inmemoriales. Ambos colosos parecen representar la presencia del principio masculino y femenino. En el valle de México los llamamos Popocatépetl e Iztaccíhuatl. En Guatemala los llaman el Volcán de Fuego y el Volcán de Agua. Fuego y agua, elementos sin los cuales la vida simplemente no podría existir.
Al aterrizar y entablar mis primeras relaciones con los habitantes de tan bella ciudad me sorprendió la similitud que tenemos. Los mexicanos somos igual de amables y delicados en nuestro trato que los guatemaltecos. Veo los mismos ojos, los mismos rostros que en mi país. En uno de los trayectos que hicimos por la ciudad, el taxista que nos conducía era una réplica exacta de Armando Manzanero, sólo que no cantaba, o quizá sí, no me atreví a preguntarle. Si bien es cierto que no debe de ser tan fácil repetir el talento musical de nuestro gran compositor mexicano, es igualmente cierto que don Armando fácilmente pudo haber nacido en Guatemala, a fin de cuentas heredó los rasgos de sus antepasados mayas. Y me pregunté en silencio ante tanta semejanza y cercanía: ¿Quién decide las fronteras? ¿En verdad nos dividen? ¿Y los cuerpos? ¿En verdad sólo albergan a una persona en su interior? ¿O cargamos con miles de rostros, voces, murmullos, sonrisas y llantos dentro de nosotros? ¿Pero en dónde? ¿En los genes? ¿En la memoria? ¿La memoria está dentro del cuerpo? ¿O formamos parte de una memoria colectiva, universal, integrada por los pensamientos de aquellos que han comido lo mismo que nosotros, que han respirado el mismo aire, que se han detenido a ver el mismo y hermoso cielo estrellado, que han bailado al son de la marimba, que han soñado, que han amado?
Los mayas decían que el universo no es otra cosa que una matriz resonante a la cual nos podemos conectar para obtener toda la información del universo. Hasta que surgió la web entendí este concepto plenamente. De lo que los mayas hablaban era de una interconexión. Vivimos en un universo que está totalmente conectado. No hay una sola partícula, por más pequeña que sea, que no comparta información con las demás por medio de una transmisión invisible y silenciosa. Los nuevos científicos nos hablan ahora que las sociedades comparten pensamientos y que estos pensamientos crean genes de información que organizan el comportamiento de un determinado grupo social hasta que ese patrón de pensamiento cambia y, con él, el comportamiento de todo el grupo social.
Cuando conversé con los primeros guatemaltecos con los que tuve contacto no podía dejar de preguntarme: ¿cómo es posible que dentro de esta sociedad, que me es tan familiar por su trato suave y delicado, se estén dando casos tan crueles y violentos de agresión sexual contra mujeres en particular y contra toda la población en general? Me resultaba literalmente imposible imaginar a cualquiera de las personas que veía pasar violando, mutilando, asesinando a alguien. ¿Cómo era posible la coexistencia entre un pueblo pacífico y una violencia tan descarnada? No tuve respuesta inmediata y sólo me quedó aceptar que, a pesar de toda la belleza, la dignidad y la grandeza del pueblo guatemalteco, el problema existe y por desgracia aumenta, exactamente igual que en México.
Llegué a Guatemala invitada por la organización mundial de Médicos Sin Fronteras. Ellos trabajan en clínicas en las que se atiende principalmente a víctimas de violencia sexual. Hombres y mujeres. Niños y niñas. Desde el primer día en que entrevisté a la primera víctima pude comprobar la eficacia de su ayuda. Ellos reciben a la víctima y le dan atención inmediata. Como medida precautoria, le proporcionan las vacunas pertinentes para evitar enfermedades futuras, como puede ser la hepatitis C. En caso de que haya que operar y restaurar tejidos, pasan a la sala de operación. Y desde ese mismo instante se inicia la atención psicológica. Todo esto de manera gratuita porque quienes trabajan para esta organización, aparte de ser médicos en toda la extensión de la palabra, sólo buscan aliviar el dolor y las enfermedades del hombre de una manera generosa y desinteresada. Hecho que marca una diferencia radical y esperanzadora en un mundo que casi nunca se ocupa de los desprotegidos, de los que menos tienen.
El primer caso fue el de una niña de nueve años a la que violaron en el interior de su casa y, por si la crueldad de la violación fuera poca, fue ultrajada a la vista de sus dos hermanos pequeños, de un año y medio y cinco años de edad, los cuales fueron amarrados y amordazados. Tuvimos que ir a recogerla para llevarla a la clínica porque la línea de camiones que acostumbraban tomar estaba en huelga debido a los frecuentes atentados en contra de los conductores que se han negado a pagar la cuota impuesta por grupos de delincuentes. En el trayecto hacia el sitio donde nos esperaban la niña y su familia, fuimos desviados de la carretera porque esa misma mañana había sido asesinado otro chófer cuyo cuerpo inerte yacía en el piso, justo al paso de nuestra caravana. Por fin pudimos llegar y recoger a María José, su mamá -embarazada de cinco meses-, y sus tres hermanos: una niña de siete, un niño de cinco y un pequeño de año y medio. En un principio hablamos poco. La familia de María José había caminado dos horas para poder llegar hasta el sitio del encuentro. Me informaron que eso lo hacen cada vez que tiene que ir a la clínica. Dos horas de caminata de ida, dos de regreso, más el tiempo que tarda en pasar el camión que los transporta a la ciudad y los lleva de regreso. En total, se puede decir que pierden todo un día. Sin embargo, la niña no ha dejado de asistir a sus terapias, y se le nota. En nuestra conversación no pudimos abordar directamente el tema de la agresión sexual que sufrió, pues su psicóloga me informó que la niña no quería revivir nuevamente el evento, cosa que comprendí perfectamente. Respetando la advertencia, iniciamos una conversación sin problema. Mis tiempos como profesora de educación preescolar me ayudaron a establecer un buen contacto con María José. Le pregunté qué quería ser de grande y me dijo que doctora. Yo le confesé que de niña había tenido ese mismo deseo, y ahí encontré el tema que me permitió tratar de dejarle algo que la ayudara en su proceso de sanación. La ayuda que recibe de su psicóloga es muy buena, no hay duda, pero en mí surgió esa necesidad humana de darle algo: una idea, una sonrisa, una mirada que fuera de alivio. Le dije: ¿sabes, María?, yo no pude ser doctora, pero no importa, estudié para educadora y fui muy feliz. A veces, uno cambia de opinión conforme crece. Además, el cuerpo también cambia. ¿Ves esta uña? No es la misma que hace mes y medio. Las uñas crecen, el cabello crece, la piel se renueva? los pulmones, el corazón también, todas las células de nuestro cuerpo cambian por unas nuevas. Tu cuerpo dentro de unos años ya no va a ser el mismo. Ya no va a existir. Lo que perdura es lo que uno recuerda. Eso no cambia a menos que uno lo decida. Uno elige qué recuerdo guardar en la memoria. El día de hoy, por ejemplo, voy a recordarlo siempre porque te conocí, porque vi la luz que tienes en los ojos, porque en el camino a tu casa había una vegetación enorme, unas flores que yo nunca había visto y que me encantaron. Yo podría elegir recordar este día como el día en que vi a un chófer asesinado en la carretera, pero prefiero guardar en mi memoria tu rostro, el de tus hermanos, el de tu mamá. María, a pesar de sus nueve años, entendió perfectamente de lo que hablaba, sus negros ojos brillaron y sé que agradeció que la hiciera consciente de que con el tiempo iba a tener un cuerpo nuevo, uno que nadie había violentado, y que el dolor, la memoria, el recuerdo, podían transformarse. A partir de ese momento me sonrió ampliamente y conversamos un largo rato. Al final le dije: "¿Hay algo más que me quieras platicar?". Y me dijo con orgullo: "Sí, fíjate que me saqué el primer lugar en mi grupo". Le felicité ampliamente y le reafirmé la misma idea: "¿Te das cuenta de que eso nadie te lo puede tocar? Nadie te puede quitar tu inteligencia. Ésa te pertenece siempre".
Más tarde conversé un poco con su hermano Nemías Froylan, de cinco años, uno de los que presenciaron el ataque en contra de su hermana. Le pregunté qué le gustaría ser de grande, y sin dudarlo respondió: "Policía". "¿Y por qué?", le pregunté, aunque era obvio el motivo. "Porque quiero decirles a los malos que se vayan". "¿Y si no se quieren ir?". "Pues los saco a balazos", dijo con firmeza. Así de claro.
Y así es como se soluciona todo en la zona en donde se encuentra la clínica Periférica llamada Paraíso 2, dentro de la zona 18, la famosa zona de los maras, donde a diario muere alguien asesinado.
Esa noche, ya en mi hotel, tuve que recurrir a todos los consejos que yo misma le había dado a María José. Traté de imaginarla con un nuevo cuerpo: impecable y luminoso, pero me lo impedía el pensar en la impotencia que debieron haber sentido sus hermanitos al verla gritar de dolor. Yo recreaba en mi mente toda la historia hasta llegar al llanto, pasando por la indignación, el espanto, el dolor. Montones de preguntas me atormentaban: ¿qué tipo de sociedad daña de esa forma a las mujeres, sabiendo que son las que van a dar a luz nuevas generaciones? ¿A quién le puede importar tan poco acabar de esa manera con el origen de la vida? Al pensar en el atacante reflexioné: ¿a qué tipo de ser humano le puede interesar quedar en la memoria de otro por medio de un acto de semejante violencia? ¿Quién tendría esa enfermiza necesidad de ser visto, aunque sea por un instante, aunque sea con horror, aunque sea con odio, pero ser visto al fin? ¿Quién, sino alguien que hace tiempo no forma parte de una colectividad, podría ser capaz de mutilar, violar, decapitar a otro? Quién sino uno que hace mucho hicimos a un lado y que nunca nos ha preocupado en realidad.
Tal vez ésa es la respuesta: la separación. Quizá de ahí viene todo el problema. Nadie puede agredir lo que considera suyo. Sólo quien se concibe como ajeno a un grupo social puede atacarlo. Sólo quien se concibe separado, desterrado, desamparado, puede ser capaz de ver como enemigos a sus hermanos y asesinarlos. Sólo alguien que se siente desgarrado y separado puede tener la sangre fría para desgarrar otro cuerpo y querer permanecer en él para siempre, aunque sea como una mala memoria, como una maldición, como una herida putrefacta.
Me pregunté entonces cuándo pasó al olvido el pensamiento maya del Inlakesh: "tú eres yo, yo soy tú". Concepto que formaba parte de la cosmovisión de las culturas ancestrales y que explicaba de una manera totalmente adelantada a su época que no hay fronteras ni diferencias entre ninguno de los seres que habitamos en este universo, pues estamos totalmente interconectados. ¿Cuándo dejó de ser vigente ese pensamiento que les permitió a nuestros antepasados alcanzar un desarrollo artístico, espiritual y científico admirable? ¿Con la llegada de los conquistadores? ¿O con la historia sangrienta de las dictaduras que durante tantos y tantos años han masacrado a este país?
En ese momento acudieron a mi mente Myrna y Helen Mack. Ellas son la representación de este concepto maya del Inlakesh. Myrna tenía una maestría en Antropología Social en la Universidad de Manchester (Inglaterra). Entre 1987 y 1989 se dedicó a estudiar a la población que había sido desplazada a causa del conflicto armado en Guatemala. En 1990 publicó su libro Política institucional hacia el desplazado interno de Guatemala. Mientras preparaba la segunda publicación sobre el mismo tema fue brutalmente asesinada con 27 puñaladas por un comando especial del Estado Mayor Presidencial. A partir de esa lamentable muerte, Helen tomó la decisión de continuar con la labor que su hermana venía desarrollando y creó una fundación que lleva el nombre de Myrna Mack. Existe tal simbiosis entre las dos hermanas que con frecuencia se confunden sus nombres. La gente le llama Myrna a Helen. Cuando imagino el momento en que Helen llegó al lugar de los hechos y puso su frente sobre la de su hermana muerta, estoy convencida de que el Inlakesh se hizo presente y permitió que una fuera la otra, y la otra, una.
Al día siguiente, sentada en el comedor mientras esperaba a mis compañeros de aventura, seguí con mis reflexiones y me pregunté: ¿qué fue primero, la gallina o el huevo? ¿Cuál es el origen de la ola de violencia que se vive en México y en Guatemala? ¿De dónde surgen los maras? ¿Quién los amamantó? ¿En qué parte de la mente colectiva -a la que todos estamos integrados- se incubaron las primeras agresiones? ¿Es sólo el sistema capitalista que con su inmoral discurso del dinero, competencia feroz e individualidad mal entendida genera en gran parte esta violencia? ¿Es porque Guatemala se ha convertido en un punto clave en la ruta para transportar cocaína desde los Andes hasta Estados Unidos de Norteamérica? ¿Es porque los narcotraficantes imponen su voluntad a base de violencia para garantizar un ingreso económico desmesurado? ¿Es el afán de hacer dinero a costa de lo que sea y de quien sea el que expresa la violencia de una sociedad que ha dejado de lado a millones de personas que terminan por dudar si podrán sobrevivir y dejar descendencia? ¿El ataque a las mujeres, a las madres futuras, no significa un suicidio colectivo? ¿Qué futuro pueden esperar quienes han sufrido una agresión constante, quienes han sido desterrados, obligados a dejar sus tierras, su manera de vivir, quienes presenciaron el genocidio indígena en Guatemala? Entre 1960 y 1996 fueron asesinadas o desaparecidas más de 200.000 personas. En 1982 y 1983 se exterminaron unas 440 comunidades indígenas como parte de una lucha anticomunista orquestada por el Gobierno militar de Efraín Ríos Montt. Mataron a hombres y mujeres, niños y niñas, destruyeron cultivos, animales, casas.
Sin duda, éste es uno de los orígenes de la violencia, pero lo que me queda claro es que los ejecutores del genocidio, los sicarios, los violadores, los asesinos materiales y los institucionales pueden asesinar a sangre fría debido a que no guardan la mínima conexión con su entorno. Actúan por su cuenta, tal y como lo hace una célula cancerosa en el cuerpo humano. Al perder la interconexión con el todo, lo que originalmente debía ser un elemento de vida pierde el sentido de integración armónica y trabaja para destruir al propio cuerpo que le dio origen. La pregunta obligada es: ¿cómo se puede erradicar ese cáncer?
Interrumpí mis reflexiones porque en la mesa de al lado un argentino ofrecía sus productos a un grupo de indígenas guatemaltecos. Como la cosa más normal del mundo, la gente pasaba a su lado y ni siquiera bajaba el nivel de voz. Se trataba de chalecos, camisas y sacos, antibalas. Había de todos los tipos y de muchos precios. Algunos -los más baratos- no les aseguraban a sus futuros dueños detener el paso de la bala, pero la podían contener lo suficiente como para que la cosa no fuera más allá de una costilla o una clavícula rotas.
Yo me pregunto de qué sirve salvar la vida de un cuerpo. ¿Es en el cuerpo o en la mente donde queda la herida? ¿Cuándo sana una mujer que sufrió una violación? ¿O una madre que perdió a sus tres hijas de 12, 9 y 7 años? ¿Hay chalecos antibalas que protejan el dolor de una pérdida? ¿Cuántos corazones atraviesa una bala? ¿Cuántas familias mueren con un muerto? ¿Hay castigo para los que destruyen lo más preciado: la fe en el ser humano, la confianza en una congregación fraternal, en un cosmos aglutinante, en un espíritu bondadoso? ¿Cómo recuperar la fe en la justicia si la mayor parte de las denuncias de las víctimas de agresiones quedan paralizadas en juzgados corruptos o ineptos y casi toda la violencia y la injusticia se conserva impune, generando más y más resentimiento, más y más sed de venganza?
¿Cómo recobrar la esperanza de que es posible salir del infierno? Tal vez por eso en algunas zonas de Guatemala no hay más de cinco cuadras en las que no se note la presencia de una iglesia evangélica y mucha gente, como Aura, la mamá de las tres niñas asesinadas, está convencida de que su mejor psicoanalista es Dios. Su pastor comparte esa idea y le proporciona ayuda a cambio del diezmo.
La señora Aura aún no puede hablar del asesinato de sus hijas. Le cuesta cada palabra que sale de su boca. Durante nuestra entrevista tuvimos varios momentos de silencio. Más bien me enteré de lo sucedido por un reportaje periodístico. Ella vive en San Lucas, en un caserío realmente retirado e incomunicado. Sus hijas Heidi, Wendy y Diana tenían que cruzar a diario un camino boscoso para ir a la escuela, que quedaba a siete kilómetros de su casa. Ahí fue donde las encontraron muertas. Al parecer, Wendy fue testigo del robo que un mara apodado El Coche realizó en la casa de su tía y lo denunció. El Coche amenazó con matarla y lo cumplió. Durante las investigaciones se descubrió que también había participado en el ataque contra las niñas Noé, el cuñado de ellas, esposo de su hermana de 15 años. El machete con el que las asesinaron, después de haberlas atacado sexualmente, fue encontrado en el pozo que se encuentra junto a la casucha de tablones en donde vive Aura y los restantes miembros de su familia. Durante el juicio que se siguió en contra de los acusados tuvieron que exhumar a las tres niñas. Así que Aura tuvo que desenterrar y volver a enterrar a sus hijas. Aún no supera el duelo. La ayuda que ofrece Médicos Sin Fronteras en su caso no ha sido tan efectiva, pues a Aura -por razones de lejanía- se le dificulta enormemente asistir a sus citas. Prefiere asistir a la iglesia evangélica que está frente a su casa.
Muchos son los que buscan consuelo en la fe. Sergio, un hombre inteligente y sensible de 25 años de edad, sufrió un abuso sexual en su infancia y la manera en que intentó sanar fue ingresando en un seminario. Me comentó que no pudo seguir con sus estudios porque no se sentía bien consigo mismo, de alguna manera no se sentía digno. La formación sacerdotal que estaba recibiendo no le ayudaba del todo a poner en orden su mundo interior que había sido fuertemente dañado. Alguien le sugirió buscar la ayuda de Médicos Sin Fronteras. Al principio se resistió, pues le informaron que todas las psicoanalistas eran mujeres. Sin embargo, sus deseos de sanar le hicieron superar ese prejuicio y asistir a la terapia. Sergio dejó el seminario y ha trabajado admirablemente para enfrentar sus heridas y aceptar que no hay nada condenable ni despreciable en su pasado. Que lo que su cuerpo había experimentado en nada alteraba su verdadero origen, su verdadera identidad. Sentada frente a él viendo la calidez de su mirada, le pregunté si creía tener una fe auténtica en un Dios amoroso, en un principio unificador de todas las cosas. No se tardó en responder con verdad: sí, tengo fe. ¿Y cómo crees que ese Dios te vería en este mismo instante? Se le humedecieron los ojos y me contestó viéndome directamente, con una mirada profunda, tranquila y limpia: ¡Con amor? Dios me vería con amor!
E
Otro de los casos en donde pude comprobar que cuando al tratamiento que ofrece Médicos Sin Fronteras se le añade una dosis de solidaridad humana el resultado es sorprendente. María es una trabajadora doméstica de 23 años que fue violada por un vigilante cuando regresaba de la escuela. María es indígena y llegó a trabajar a la ciudad de Guatemala cuando casi era una niña. La familia que la acogió le permite continuar con sus estudios y la ha apoyado incondicionalmente. En compañía de ellos, presentó su denuncia y acudió a la clínica en donde Médicos Sin Fronteras ofrece su ayuda. María, por su parte, muestra un gran carácter y deseo de superación. Trabaja por las mañanas en las labores hogareñas y por las tardes asiste a una escuela donde estudia para perito contador. Va de cinco de la tarde a diez de la noche y estudia hasta la una o las dos de la madrugada. El día en que la violaron regresaba de un examen final. Este dato me llamó la atención, pues tal parece ser que cuanto más muestras de independencia refleja una mujer, más se le intenta lastimar. De los casos que entrevisté, todas las mujeres agredidas iban a la escuela y sobresalían en sus estudios o, como en el caso de María José, al día siguiente de su violación iban a coronarla como la reina de la escuela.
Lo que los agresores no toman en cuenta es la fortaleza que puede haber en el interior de una persona. Durante mi conversación con María, nunca percibí el menor destello de temor en sus ojos. Se mueve con firmeza, habla de su problema con fluidez y sin dolor. Piensa seguir con sus estudios y algún día independizarse. Esa misma fuerza la percibí tanto en Cindy como en María José.
No quise finalizar mi visita a Guatemala sin hacer un recorrido por Chichicastenango. Me acompañaron unas "mis amigas guatemaltecas", como acostumbran decir por allá. Me gusta que coloquen el "mi" antes del sujeto. Fue un viaje mágico e inolvidable. También visitamos la deslumbrante y conmovedora ciudad de La Antigua, que debe su nombre a que fue la primera capital de Guatemala. Como amante de las artesanías, disfruté al máximo con el colorido de los trajes de las mujeres indígenas y nuevamente con la similitud que guardan sus bordados con los mexicanos. Gocé al máximo de la comida; de la manera en que los ritos ancestrales permanecen y conviven con los ritos de la Iglesia católica, de los chamanes con sus velas, sus flores, sus sahumerios; de la presencia del futuro, pasado y presente integrados en un mismo día alegre y luminoso. El viaje se nos hizo corto, no paramos de hablar de cómo se puede solucionar el grave problema de violencia que aqueja al mundo. Gracias a ellas me enteré de la cantidad de gente que trabaja a favor de la paz dentro de Guatemala. Conocí empresarios responsables que están ayudando a crear pequeñas industrias ecológicas dando trabajo y educación a niños indígenas. Seres humanos que son conscientes de que la mejor manera de hacer negocios o de hacer política es a través del amor.
Coincido totalmente con ellas, pues con tristeza tenemos que aceptar que los seres humanos no hemos podido erradicar los crueles actos de violencia en contra de las mujeres a pesar de la labor extraordinaria de Myrna y Helen, a pesar del maravilloso trabajo que el fiscal del Tribunal Supremo español, Carlos Castresana, realiza al frente de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), a pesar de la Coordinadora Nacional para la Prevención de la Violencia Intrafamiliar y contra las mujeres (Conaprevi), a pesar de Irma Alicia Velasquez Nimatuj y su apoyo a los pueblos indígenas, a pesar de las madres de familia que día a día luchan por proteger a sus hijos, a pesar de las organizaciones feministas.
Organizaciones van y organizaciones vienen. Profetas van y profetas vienen y aún no hemos podido evitar los ataques y los asesinatos porque creer es crear y mientras sigamos creyendo en la violencia como manera de solucionar nuestros problemas, seguiremos creando violencia. Y la violencia provoca miedo, y el miedo, desconexión, y la desconexión, deseo de no pertenencia a un grupo social. Desde mi punto de vista, el cáncer que ataca a Guatemala y a México es un cáncer que no va a desaparecer sólo con nuevas leyes y nuevas penalizaciones, sino con una nueva manera de mirar la realidad que nos regrese al concepto del Inlakesh: lo que te hago a ti me lo estoy haciendo a mí mismo porque somos uno. Lo que quiero para mí es lo que a ti te doy. Recuperar esa sabia manera de concebir el mundo que los mayas tenían seguramente nos ayudaría a vivir de manera pacífica. Curiosamente, en el budismo se le llama maya a la ilusión que provocan nuestras percepciones. Buda pudo despertar del sueño cuando cerró sus ojos. Fue en ese estado de meditación cuando supo quién era y restableció su conexión con la fuente que lo creó -la misma que nos mantiene a todos en unión-. La invitación sigue ahí, las palabras de los profetas siguen ahí, en ese campo de información que nos rodea. Sólo tenemos que entrar en contacto con él para, al igual que los mayas, ver más allá de nuestros ojos y darnos cuenta que formamos parte de un todo indivisible. Deseo que esteaño que comienza recordemos nuevamente a un hombre que hace miles de años nos invitó a amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos y lo hagamos realidaden nuestros corazones. Que las lágrimas de dolor de nuestros hermanos sean como el agua que la Montaña Sagrada hizo brotar del Inframundo para garantizar la vida, una vida renovada en el interior de la cueva, en el fondo de los ojos, en el centro de la pupila, una mirada de luz que nos permita unificar los mundos, todos los mundos.
se día en verdad agradecí esas palabras. Nadie había mencionado la palabra amor durante sus testimonios. En general, si somos sinceros, pocas veces al día escuchamos la palabra amor y somos pocos los que nos atrevemos a mencionarla. Como que lo aceptado socialmente y políticamente correcto es hablar del infierno en que vivimos; del desastre económico, de los muertos, de los descabezados, de los torturados, del narcotráfico, de la destrucción ecológica, de que el agua se acaba, de que el planeta se calienta y de que no hay futuro para nuestros hijos. Para ese día después de haber escuchado y presenciado tanto y tanto dolor, me sentía triste y deprimida, por eso también recibí como un regalo, como un alivio, la visita que hice a casa de Cindy, una niña de 13 años que fue violada por su padrastro y quedó embarazada de él. Yo me esperaba un cuadro triste y desolador, una familia destruida y una niña sin futuro. Para mi sorpresa fui recibida en una casa pequeña y humilde, donde se respira afecto. Cindy está recuperada y en verdad quiere a su hijo. Me sorprendió ver que lo mira como creo que Dios mira a Sergio. La vi cuidarlo, atenderlo y protegerlo de la manera más amorosa. Su hijo es un plácido bebé de seis meses que sonríe dulcemente. Quiero recalcar que ha sido fundamental el apoyo que ha recibido Cindy de parte de Ana, su madre. Sin él, su recuperación no habría sido igual. Su madre la apoyó en todo momento. Denunció a su propio esposo y padre de la menor de sus hijas y no se tentó el corazón para meterlo en la cárcel. Aceptó también el deseo de Cindy de llevar a término su embarazo. La psicóloga que la atendía le preguntó a Cindy si en verdad quería tener al niño y luego de algunas sesiones ella decidió que sí, que en ese niño había parte de su herencia genética, de la cual estaba orgullosa, y que deseaba tenerlo. Cindy y Ana son mujeres fuertes y valientes que se quieren y se apoyan. Ana está dispuesta a cuidar a Manuel Alfredo, como se llama el pequeño, para que Cindy continúe con sus estudios. Y Cindy, a ayudar a su madre para que pueda trabajar medio tiempo y sostenerlas a ella, al niño y a Carla, su media hermana, que a su vez es tía hermana de Manuel Alfredo.

Excluir a moderados de la lista de terroristas

La amenaza integrista
La ONU recomienda excluir a los insurgentes moderados de la lista de terroristas
DEXTER FILKINS (NYT) - Kabul -
El País, 26/01/2010;
El enviado especial de Naciones Unidas en Afganistán, Kai Eide, pidió ayer a las autoridades afganas que eliminen de la lista de terroristas a algunos líderes talibanes, como primer paso hacia la apertura de negociaciones con los insurgentes. Eide también instó al Ejército estadounidense a que acelere la revisión de la situación de unos 750 detenidos en sus prisiones militares en Afganistán, otro de los principales motivos de quejas por parte de los talibanes.
Eide espera que las dos iniciativas puedan allanar el camino para que se abran negociaciones directas entre las autoridades afganas y los líderes talibanes, muchos de los cuales se han refugiado en Pakistán. "Si se quieren resultados, hace falta hablar con personas con autoridad. Creo que ha llegado el momento de hacerlo", dijo Eide. Sus declaraciones llegan como el último de una serie de esfuerzos para intentar atar al movimiento talibán con medios diplomáticos y políticos.
Además, Estados Unidos, la OTAN y el Gobierno afgano están preparando un ambicioso plan para persuadir a los combatientes afganos de que dejen las armas a cambio de instrucción y trabajo. El programa, que costará centenares de millones de euros, será el jueves el centro de la conferencia de Londres sobre Afganistán.
El objetivo es intentar convencer a la base de la jerarquía talibán, a los soldados rasos, más susceptibles ante la promesa de dinero y trabajo. Algo parecido a lo que se hizo en Irak, entre 2007 y 2008, cuando unos 30.000 miembros de la minoría suní -entre ellos muchos ex combatientes- pasaron a prestar servicio a los estadounidenses.
El ex viceministro talibán Arsalan Rahmani valoró la posibilidad de la revisión de la llamada lista negra de la ONU -incluyen los nombres de 144 talibanes, entre ellos el del líder del movimiento, el mulá Mohamed Omar, y 257 miembros de Al Qaeda-, ya que "permitirían la comparecencia de los talibanes en público". La resolución 1.267 de la ONU obliga a los Gobiernos a congelar las cuentas bancarias de los individuos incluidos en ese listado para evitar que puedan viajar. Es el Gobierno afgano el que tiene que pedir que sean eliminados de la lista negra.
Eide explicó que no cree que el clérigo Omar sea uno de los nombres que puedan ser borrados de esta lista. Algo que el enviado especial de Estados Unidos en Pakistán y Afganistán, Richard Holbrooke, descartó la semana pasada cuando comentó la posibilidad de revisar el listado de los terroristas. "No puedo imaginar cómo se justificaría una decisión parecida y no sé de nadie que lo haya propuesto", afirmó. Holbrooke se mostró, en cambio, a favor de "revisar la lista caso por caso, para ver si alguien se encuentra ahí por error y pueda ser borrado de la lista, o bien haya muerto".

Albert Camus visto por Savater

Dos cabalgan juntos/Fernando Savater
Publicado en EL PAÍS, 23/01/10;
Suele decirse, es casi un lugar común, que los grandes escritores padecen un purgatorio más o menos largo de indiferencia tras su muerte. Algunos salen de él fortalecidos y eternos, otros permanecen incurablemente en el olvido. Pero Albert Camus representa una notable excepción a esta regla: a 50 años de su muerte temprana en un accidente de carretera, su figura intelectual ha aumentado sin cesar de tamaño y es hoy más prestigiosa que nunca.
Aún más sorprendente resulta la casi total unanimidad encomiástica que le rodea. Las polémicas y críticas acerbas que acompañaron la mayor parte de su vida creadora parecen haber desembocado hoy en un plácido estuario de reconocimiento sin fisuras. Resulta casi inevitable preguntarse si tanta aceptación no encierra un malentendido (el propio Camus dijo que el éxito suele implicarlo) o incluso una forma de olvido más soterrada y por tanto más difícilmente remediable.
Desde luego, abundan los motivos para recordar hoy a Camus con especial aprecio y simpatía. Para empezar, los acontecimientos históricos han venido a demostrar que en asuntos esenciales tenía razón: sobre todo en su denuncia del totalitarismo estalinista. Pocos años después de su muerte, Jruschov comenzó pudorosamente a desvelar la realidad atroz de la Rusia soviética, que los más furibundos detractores de Camus se negaban a admitir. A partir de ese momento -y sobre todo desde la caída del muro de Berlín- el comunismo realmente existente perdió casi todos sus abogados intelectuales y ha revelado sin paliativos su fracaso político y su desastre moral. La denuncia de Camus, que en su día fue malinterpretada o denostada, se ha convertido hoy en un tópico que casi todo el mundo suscribe sin rodeos.
Aún más. El lenguaje teológico puesto al servicio del exterminio de seres humanos era uno de los temas fundamentales estudiados en El hombre rebelde. Camus comprendió bien hasta que punto la búsqueda del absoluto puede convertirse en justificación para pisotear los derechos humanos más elementales. Cuando publicó su célebre ensayo, la invocación inquisitorial de motivaciones religiosas para persecuciones y matanzas parecía algo del pasado, pero medio siglo más tarde ha vuelto a ponerse de trágica actualidad.
Entonces se pensaba que las ideologías políticas (nacionalismo, nazismo, bolchevismo, etcétera) habían venido a sustituir al furor teológico de las religiones, pero hoy vemos que -tras la decadencia de esas ideologías digamos “laicas”- son de nuevo las coartadas religiosas las que regresan para legitimar atentados mortíferos, matanzas tribales, deportaciones masivas o bombardeos preventivos.
La denuncia de Camus en su día sonaba a algunos como una concesión al “idealismo” o al “espiritualismo” que desconoce las motivaciones socioeconómicas: resulta hoy una precursora señal de alarma.
Esta denuncia del totalitarismo y del terrorismo, que se adelanta a los acontecimientos venideros, ha conseguido hoy aplauso general para Albert Camus, entre los conservadores de derechas y también entre muchos izquierdistas arrepentidos. Pero este aprecio póstumo puede ocultar, como decíamos, un cierto malentendido y hasta un olvido selectivo de una parte importante del pensamiento político y moral de Albert Camus. Porque en su obra no hay un rechazo global sino más bien una exigencia ética de la rebelión: “Yo me rebelo, luego nosotros somos”. Decir “no” y rebelarse contra la injusticia y la desigualdad social (”la sociedad del dinero y de la explotación no se ha encargado nunca, que yo sepa, de hacer reinar la libertad y la justicia”), contra la opresión colonial de los países más desfavorecidos, contra la pena de muerte, contra la utilización de armas atómicas… Todo eso también formó parte central de sus manifestaciones políticas. Albert Camus fue crítico con la revolución que entroniza el terror y la violencia como dioses justicieros, confundiendo la depuración con el camino de la pureza, pero no fue un conformista ni un cínico que acepta sin más -en nombre del orden sacrosanto- los peores manejos de la razón de Estado. Fue moralmente exigente con la rebeldía (sostuvo que en política deben ser los medios quienes justifiquen el fin y no al revés), pero sin duda fue también un rebelde: “La rebelión no es en sí misma un elemento de civilización. Pero es previa a toda civilización”.
Probablemente el intelectual del siglo XX con quien más tiene en común Albert Camus, hasta la coincidencia casi desconcertante, es George Orwell. Y no sólo por similitudes biográficas, como que ambos fueron tuberculosos, ambos murieron (aunque por causas distintas) a los 47 años, ambos tuvieron una preocupación especial por la guerra civil de España y su tragedia posterior y ambos padecieron la maledicencia calumniosa de muchos colegas comprometidos con el disimulo o la minimización de la realidad totalitaria comunista. Hay además otras concordancias esenciales. Una de las principales es la importancia concedida al lenguaje y a la sinceridad que lo emplea en busca, ante todo, de la verdad.
Orwell denunció: “El lenguaje político -y con variaciones esto es válido para todos los partidos políticos, desde los conservadores a los anarquistas- es empleado para que las mentiras parezcan verdaderas y el crimen respetable, y para dar apariencia de solidez a lo que es puro humo”. Y concluyó: “El gran enemigo del lenguaje claro es la insinceridad”.
Por su parte, Camus señaló: “He escuchado tantos razonamientos que han estado a punto de hacerme dar vueltas la cabeza, y que han hecho dar a otros vueltas la cabeza hasta hacerles consentir en el asesinato, que he llegado a comprender que toda la desdicha de los hombres proviene de que no tienen un lenguaje claro. He tomado entonces el partido de hablar y actuar claramente para volver a ponerme en el buen camino. Por consiguiente digo que hay las atrocidades y víctimas, y nada más” (La peste).
Tanto uno como otro fueron explícitamente contrarios al culto del músculo y la fuerza como garantía de eficacia para resolver los conflictos, aunque Camus simpatizó más con el pacifismo y las doctrinas gandhianas de la no violencia (para Orwell “el pacifismo es más una curiosidad psicológica que un movimiento político”).
Y ambos criticaron el nacionalismo: Camus escribió a su imaginario amigo alemán que él “amaba demasiado a su país para ser nacionalista” y Orwell unas perspicaces y siempre actuales Notas sobre el nacionalismo en las que dejó caer esta observación de largo alcance: “Todo nacionalista está obsesionado por la creencia de que el pasado puede ser alterado”.
Pero cada uno de ellos se interesó a su modo por el patriotismo, entendido como ciudadanía compartida y no como etnia de pertenencia.
Orwell se asombraba en 1940 (probablemente pensando en el grupo de Bloomsbury o gente parecida) de que Inglaterra fuese “el único gran país cuyos intelectuales se avergüenzan de su propia nacionalidad” y deseaba para el futuro que “el patriotismo y la inteligencia volviesen a ir juntos de nuevo”.
Por su parte Camus, en el prefacio a sus Crónicas argelinas, en las que expuso una postura que desagradaba a casi todos, dice: “Desde la derecha se ha emprendido, en nombre del honor francés, lo que era más contrario a tal honor. Desde la izquierda, frecuentemente y en nombre de la justicia, se ha excusado lo que era un insulto a toda verdadera justicia. La derecha ha cedido así la exclusiva del reflejo moral a la izquierda, la cual le ha cedido a su vez la exclusiva del reflejo patriótico. El país ha sufrido dos veces”.
Tuviesen o no razón en sus opiniones y actitudes políticas, tanto Camus como Orwell fueron librepensadores. Es decir, sostuvieron principios y argumentos, no partidos. Rechazaron algo muy frecuente, el escándalo selectivo, las condenas que siempre barren para casa y silencian lo que perjudica a nuestro convento. Cincuenta años después, reciben incienso de los mismos que hoy excomulgan a quienes se comportan como ellos: la hipocresía es el tardío homenaje que el sectarismo rinde a quienes han dejado de ser molestos. ¿Victoria póstuma o dulce derrota definitiva?

Sucesión en Sinaloa

Columna EN PRIVADO/ Alfredo Originales
Lunes, 25 de enero de 2010 00:24
DURO Y TUPIDO.
Vaya que le están pegando duro y tupido a Jesús Vizcarra Calderón. Si respira, porque respira, y si no, pues porque no.
Al alcalde de Culiacán le queda chico el Toluco, dicen los mal pensados. Si calla o evade cualquier pregunta, también le tupen. Y si responde o aclara, no satisface, además de que lo hace a destiempo.
Para nadie queda la menor duda que se trata de un linchamiento mediático a todo lo que da con toda la intención de desacreditarlo como posible candidato del PRI al gobierno de Sinaloa y para ello no se ha escatimado ni reparado en dinero, esfuerzos y recursos.
Cuando Vizcarra Calderón era candidato a diputado federal -2002- y después a la alcaldía de Culiacán -2007- sus adversarios dentro y fuera del PRI utilizaron fotografías similares a las que ahora de nueva cuenta hacen público en donde supuestamente tiene vínculos con el Mayo Zambada.
Sin embargo, en aquellos tiempos no se hizo mucho ruido como ahora en donde se ha echado mano hasta de medios nacionales con la misma intencionalidad de anularlo como posible aspirante a la gubernatura.

Manlio y Malova

Trascendiò de Mileno Diario, 24 de febrero de 2010 
Que mientras sus compañeros diputados federales terminaban la plenaria en Veracruz, lejos de ahí, el coordinador de los senadores de ese partido, Manlio Fabio Beltrones, no perdió la oportunidad para pegar de hit cuando los periodistas le pidieron una opinión sobre lo recién declarado por el panista Manuel Clouthier, precandidato blanquiazul al gobierno de Sinaloa.
Clouthier había acusado de narcopolítico al precandidato del PRI, Jesús Vizcarra. Beltrones tomó el bat: “Las declaraciones del señor Clouthier están inscritas en una campaña electoral, y una campaña electoral sirve incluso para hacer los señalamientos más impropios y a veces hasta difamatorios, que pueden estar cubriéndose u ocultándose ante la falta de pruebas”.
Beltrones agregó que la difamación es una forma de impunidad que toleran las campañas, y recordó lo que a él le sucedió en esas circunstancias en 1997, cuando el New York Times le inventó nexos con el narcotráfico.
Que, por cierto, Beltrones se puso a la vanguardia informativa, ya que ahora las transcripciones de las entrevistas que concede, y que desde hace un buen rato se reciben casi en tiempo real por internet, vienen acompañadas por el audio de las mismas.
Para que no haya dudas sobre lo que declara el senador...
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Columna Frentes Políticos/
Excélsior 25-Ene-2010
IV. Definitivamente, más sabe el diablo por viejo que por diablo y, si no, nada más hay que ver lo ocurrido el sábado en Culiacán. El senador Mario López Valdez rindió su informe legislativo y juntó al gobernador Jesús Aguilar Padilla; a los ex mandatarios Juan S. Millán y Francisco Labastida, así como al presidente municipal, Jesús Vizcarra. Lo importante de esto es que Aguilar Padilla apoya a Vizcarra para sucederlo, mientras que Millán a López Valdez. La clase política del PRI en Sinaloa habla de una división, sin embargo, por lo que se vio el sábado, no será tan profunda.


Ruptura en el Olimpo

Columna Estrictamente Personal/Ruptura en el Olimpo (I)/Raymundo Riva Palacio
Ejecentral.com January 25, 2010;
Las pretendidas alianzas entre el PAN y la izquierda en varios estados –Durango, Hidalgo, Oaxaca, Puebla, Quintana Roo y Sinaloa- para competir por gubernaturas con el PRI este año, exteriorizaron la lucha que se libra en el corazón del equipo político del presidente Felipe Calderón. El desencuentro de la semana pasada entre el secretario de Gobernación, que las descalificó plenamente, y el dirigente nacional del PAN, que las defendió, mostraron el fin de una postura homogénea en el calderonismo que, en realidad, había perdido su consenso hace tiempo.

El secretario Gómez Mont, que no suele actuar como político sino como aplanadora, debe haber estado tan molesto con el avance de la cocción de las alianzas que declaró una tontería: que son incongruentes y antidemocráticas. Un día después, tras haber razonado sus palabras y su error –las 32 legislaturas locales en México incorporan las alianzas en sus leyes electorales-, y entender que había quedado muy vulnerable –Vicente Fox y Felipe Calderón llegaron al poder producto de alianzas-, matizó su afirmación, pero el fondo del problema había quedado expuesto. Gómez Mont no habló de manera individual; representa una corriente de pensamiento dentro de Los Pinos que es ortodoxa y cada vez menos tolerante.

Las razones del embate retórico de Gómez Mont no son conocidas, y tampoco se sabe qué motivó su ataque público a las alianzas. Sí se sabe que la única en la que se involucró directamente fue en la de Oaxaca, donde el senador por Convergencia, Gabino Cué, hombre cercano al ex candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador, tuvo una reunión con el secretario hace menos de un mes donde le dijo que se olvidara de la alianza con el PAN porque no transitaría. Él mismo, le dijo a Cué, la frenaría. En ninguna otra alianza se metió tanto López Obrador, ni a otro precandidato se le vincula con él, ni hubo ningún gobernador priista que enfrentaría la posibilidad de una alianza electoral, salvo Ulises Ruiz de Oaxaca, que fuera a contracorriente con su partido durante la negociación del presupuesto, y cabildeara decididamente por el plan presentado por la Secretaría de Hacienda.

Si Gómez Mont está pagando el favor a Ruiz, a nombre del Presidente, no se sabe. Pero aún si este fuera el caso, la alianza en Oaxaca era un tema discutiéndose desde antes de la negociación del presupuesto. Ni el gobierno ni el PAN lo habían puesto sobre la mesa; el gobernador Ruiz sí: apoyo al presupuesto y el PAN no respalda a Cué. Para el presidente Calderón, que es un político táctico pero no estratégico, la coyuntura era el presupuesto. Para Nava, el líder del PAN, su objetivo era lograr que de las nueve gubernaturas del PRI que se ponen en juego este julio, pudieran quitarles al menos cinco: Durango, Hidalgo, Oaxaca, Puebla y Sinaloa. En Quintana Roo, donde quieren ir en alianza, no ven expectativas de triunfo, mientras que en Veracruz, donde no van en alianza, esperan sorprender al PRI.

Nava debe haber entendido que con fuertes maquinarias priistas en esos estados, el PAN sufriría mucho para obtener la victoria o no tendría oportunidad de lograrla. En la lógica de la política moderna, las alianzas eran la salida, entendidas estas como una negociación entre partidos a nivel local con una plataforma común y un programa aceptable para todos. Las alianzas a nivel local no significan, como se alega ligeramente, que se claudiquen las posiciones y los programas que mantienen los partidos a nivel nacional. Por ejemplo, una alianza local no implicaría que el PAN o el PRD tuvieran que mover su postura con respecto a la apertura energética. Las alianzas locales acotan su rango de objetivo a los intereses particulares de sus gobernados, para lo cual son las negociaciones. Precisamente, el matiz de Gómez Mont al día siguiente de su declaración disruptiva, se refirió a que una alianza requería un programa común, lo cual sí se encuentra en la lógica de la negociación.

El problema que afloró con ese enfrentamiento entre Gómez Mont y Nava no responde, como sugieren algunos observadores agudos, en un problema estructural entre el gobierno y el partido, lo que podría explicar la reacción del secretario a partir de un posible acuerdo con Ruiz en materia del presupuesto. Aceptar este alegato, sin embargo, podría desviar la atención de lo que está sucediendo hacia el interior del equipo del Presidente, pues se asumiría que la dinámica es funcionalista. No lo es. No hay una línea clara entre el interés gubernamental y el partidista. Calderón envió a Nava al partido para ganar elecciones, y en esa perspectiva se pueden inscribir su propuesta de reforma política –donde se abroga el Ejecutivo atribuciones metaconstitucionales a costa del Legislativo-, o el haber sacrificado un gran aspirante a la gubernatura de Sinaloa, Heriberto Félix, para llevarlo a la Secretaría de Desarrollo Social.

Pero Nava, que responde al Presidente de manera incondicional, no tiene el mismo apoyo del equipo político de Calderón. Gómez Mont es la cabeza visible, pero una pieza clave es la primera dama, Margarita Zavala, un cuadro político con amplia experiencia que ha ido copando posiciones, como la de la poderosa jefa de la Oficina de la Presidencia, Patricia Flores, recomendada por ella. Nava salió de la secretaría particular de la Presidencia por gestiones de la señora Zavala, quien ha operado en binomio con Gómez Mont para el control en áreas de seguridad, como la PGR, la pistola cargada que tienen para los procesos electorales venideros.

Cuando Gómez Mont le dijo a Cué que se olvidara de la alianza, un político de altura le recomendó al senador buscar a Nava. “Tienen diferentes resortes”, le comentó. Eso hizo. Se comprometió a reconocer a Calderón como Presidente y tan pronto lo hizo, el secretario de Gobernación trató de reventar la alianza. Nava no es bien visto en Los Pinos o en Gobernación, y llegó al PAN porque era el único que respondería a los intereses del presidente Calderón. Quien se encuentra en la contradicción es el Presidente, que tiene que conciliar a los grupos en pugna abierta dentro del Olimpo presidencial antes que esa lucha termine arrollándolo a él también.