23 ago. 2009

Cardenal Tarcisio Bertone

Mensaje papal al Meeting organizado por Comunión y Liberación en Rímini"
El conocimiento es siempre un acontecimiento"
CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 23 de agosto de 2009 (
ZENIT.org).-Mensaje del cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estgdo, en nombre de Benedicto XVI a la trigésima edición del "Meeting por la amistad entre los pueblos", que organiza el movimiento eclesial Comunión y Liberación en la ciudad italiana de Rímini, y que este año tiene por lema "El conocimiento es siempre un acontecimiento".
El mensaje fue leído en la la misa de inauguración en la mañana de este domingo por monseñor Francesco Lambiasi, obispo de Rímini.
* * *
A su excelencia monseñor Francesco Lambiasi,
obispo de Rímini:
Excelencia reverendísima:
Con motivo del "Meeting por la amistad entre los pueblos", que este año celebra su trigésimo aniversario, me agrada particularmente transmitirle el saludo del Santo Padre a usted y a cuantos han promovido y organizado este evento cultural, que en tres décadas ya ha sido testigo de la participación de miles y miles de hombres y mujeres, sobre todo jóvenes, y la intervención de centenares de relatores sobre la tribunas montadas en los salones de la feria de Rímini. Ayudados por expertos de las diferentes disciplinas, por artistas, autoridades religiosas, exponentes del mundo de la política, de la economía, del deporte, se han podido afrontar las cuestiones e instancias fundamentales de la existencia humana, y profundizar en las razones para ser cristianos en nuestra época. Su Santidad desea que el Meeting siga afrontando los desafíos y los interrogantes que los tiempos de hoy plantean a la fe, y respondiendo con la riqueza de la enseñanza del fallecido monseñor Luigi Giussani, fundador del movimiento eclesial Comunión y Liberación.
El tema del Meeting 2009 versa sobre el "conocimiento" que "es siempre un acontecimiento". "Acontecimiento" es una palabra con la que don Giussani trató de volver a explicar la naturaleza misma del cristianismo, que para él es un "encuentro", es decir, un dato experiencial de conocimiento y de comunión. Precisamente con la unión entre las palabras "acontecimiento" y "encuentro" es posible percibir mejor el mensaje del Meeting. La reflexión gnoseológica y epistemológica contemporánea ha sacado a la luz el papel determinante del sujeto del conocimiento en el acto mismo del conocimiento. A diferencia de los presupuestos del "dogma" positivista de la objetividad pura, el principio de indeterminación de Heisenberg ha hecho evidente cómo esto se aplica incluso en el caso de las ciencias naturales: en estas disciplinas, cuyo "objeto" parece estar regulado por invariables leyes de la naturaleza, la perspectiva del observador es un factor que condiciona y determina el resultado del experimento científico y, por tanto, del conocimiento científico como tal. La pura objetividad resulta, por tanto, una abstracción pura, expresión de una gnoseología inadecuada e irrealista.
Pero, si esto es válido para las ciencias naturales, lo es mucho más para aquellos "objetos" de conocimiento que a su vez están estructuralmente ligados a la libertad de los hombres, a sus opciones y diversidad. Pensemos en las ciencias históricas, que se basan sobre testimonios en los que convergen, como factores influyentes de su manera de comunicar la realidad que transmiten, las visiones del mundo de quien las ha compuesto y sus convicciones, a su vez ligadas a las de su tiempo, sus situaciones personales, las opciones con las que se han puesto en relación con la realidad que describen, su envergadura moral, su capacidad y su ingenio, su cultura. El estudioso tendrá que distinguir, por tanto, todo esto para comprender y evaluar el significado y la amplitud del mensaje transmitido en un contexto, actuando como si se encontrara ante una persona que no conoce todavía bien, pero que le está contando algo que considera importante. La consecuencia más relevante de esta situación es que el conocimiento no puede describirse como la grabación de un espectador desapegado. Es más, la involucración con el objeto conocido por parte del sujeto que conoce es la conditio sine qua non del conocimiento mismo. Por tanto, en la búsqueda de un conocimiento "objetivo" no hay que perseguir el ideal del desapego y la falta de involucración, que de todos modos es inútil, sino más bien la involucración adecuada con el objeto, una involucración capaz de hacer llegar a quien busca el conocimiento a su mensaje específico.
Por este motivo el conocimiento puede ser un "acontecimiento". Esto "acontece" como un auténtico "encuentro" entre un sujeto y un objeto. El hecho de que este encuentro sea necesario para que se pueda hablar de conocimiento nos lleva a ver al sujeto y al objeto no como dos grandezas que se pueden mantener recíprocamente en aséptica distancia con el fin de preservar su pureza; sino, por el contrario, como dos realidades vivas que se influencian recíprocamente precisamente cuando entran en contacto. La honestidad intelectual de quien conoce depende de ese arte consumado para "acoger al objeto" de manera que pueda revelarse a sí mismo como es verdaderamente, si bien no de una manera integral y exhaustiva. Y la acogida del objeto, la disponibilidad para la escucha que caracteriza al sujeto que conoce como verdadero amante de la verdad, se puede describir como una especie de "simpatía" por el objeto. Aquí se encuentra, como buena parte del pensamiento medieval nos ha transmitido, una particular fuerza cognoscitiva propia del amor. "Amar" significa "querer conocer" y el deseo y la búsqueda del conocimiento constituyen un empuje interno del amor como tal. Si se analiza adecuadamente, esto establece una relación imposible de eliminar entre amor y verdad. El conocimiento presupone por su naturaleza una cierta "conformación" entre el sujeto y el objeto: una intuición fundamental, ya condesada en el antiguo axioma de Empédocles, según el cual "lo semejante conoce lo semejante". El Evangelista Juan lo recuerda implícitamente, cuando escribe que cuando Dios "se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal cual es" (1 Juan 3, 2).
Se puede preguntar si existe un conocimiento más necesario para el hombre que el conocimiento de su Creador; si hay un conocimiento descrito de manera más adecuada con la palabra "encuentro" que la relación fundamental que existe precisamente entre el espíritu del hombre y el Espíritu de Dios. Se comprende entonces el motivo por el cual los padres de la Iglesia insistieron en la necesidad de purificar el ojo del alma para llegar a ver a Dios, inspirándose en la bienaventuranza evangélica: "Bienaventurados los limpios de corazón porque verán a Dios" (Mateo 5, 8). La racionalidad del hombre sólo puede ejercerse, y por tanto alcanzar su fin propio, que es el conocimiento de la verdad y de Dios, gracias a un corazón purificado y que ama sinceramente la verdad que busca. Purificado de este modo, el espíritu humano puede abrirse a la revelación de la verdad. Por tanto, se da un misterioso vínculo entre la bienaventuranza evangélica y las palabras dirigidas por Jesús a Nicodemo recogidas por san Juan: "Lo nacido de la carne, es carne; lo nacido del Espíritu, es espíritu... Tenéis que nacer de lo alto".
El Santo Padre Benedicto XVI desea que estas palabras de Cristo resuenen en el corazón de los participantes en la trigésima edición del Meeting de Rímini como un llamamiento a dirigirse con confianza al Señor, acogiendo su misteriosa presencia, que es manantial de verdad y de amor para el hombre y la sociedad.
Con estos sentimientos, mientras desea pleno éxito y a este evento, imparte a su excelencia, a los responsables y a todos los participantes una bendición apostólica especial.
Con gusto uno mis augurios y aprovecho la oportunidad para transmitir mi aprecio.
Afectísimo en el Señor:
Cardenal Tarcisio Bertone
Secretario de Estado

Salvador Nava Gomar

A los pies del caciquito.../ÁLVARO DELGADO
Revista Proceso # 1712, 23 de agosto de 2009;
En 2007, el magistrado del Tribunal Electoral federal Salvador Olimpo Nava Gomar se reunió secretamente con Jorge Hank Rhon en las oficinas de éste en Tijuana. Lo que explica el sigilo de esa reunión es que Hank era ya candidato a gobernador de Baja California y Nava Gomar se encargó de elaborar el dictamen que rechazó las quejas del PAN por la presunta violación a la llamada “ley antichapulín” del estado. Consultado al respecto, el juzgador proporcionó como coartada un “oficio” apócrifo, con una firma falsa...
Bajo sospecha por el sesgo político de sus fallos y la opulencia de sus sueldos, que superan los 340 mil pesos al mes, los magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) también suelen guiar sus sentencias por relaciones secretas de amistad, como la que mantiene Salvador Olimpo Nava Gomar con el priista Jorge Hank Rhon.
El magistrado Nava Gomar emitió fallos favorables a Hank Rhon antes y después de reunirse con él, en secreto, en sus oficinas del hipódromo Agua Caliente, de Tijuana, el 23 de marzo de 2007, cuando el priista era candidato a gobernador de Baja California por la Alianza Para que Vivas Mejor, encabezada por el Partido Revolucionario Institucional (PRI).
En ese encuentro –sobre el que fue consultado por el reportero y omitió responder a las preguntas formuladas– Nava Gomar platicó a solas con Hank Rhon, quien también lo condujo en un recorrido por su zoológico particular, le dio a comer jamón de tigre y, a petición expresa, le obsequió un cachorro de perro de raza fina.
Tras la reunión con el magistrado electoral, que le impidió asistir a la desangelada ceremonia por el décimo tercer aniversario del asesinato de Luis Donaldo Colosio en la colonia Lomas Taurinas, Hank Rhon tomó un vuelo para participar en la fiesta de cumpleaños de su amigo Onésimo Cepeda, obispo de Ecatepec, Estado de México, celebrada en San Juan Ixhuatepec.
Tres meses y medio después de su reunión secreta, el 5 de julio, Nava Gomar correspondió a Hank Rhon: elaboró uno de los dos proyectos de sentencia que, con el voto de todos los magistrados, convalidaron la candidatura del priista, pese a que el artículo 42 de la Constitución local la prohibía, tal como previamente lo dictaminó el Tribunal Electoral de Baja California.
La defensa de Hank promovió dos juicios: uno de revisión constitucional electoral, que quedó a cargo de Nava, y otro de defensa de derechos político-electorales del ciudadano, que atendió Pedro Penagos López. Como los dos le daban la razón a Hank, el pleno del TEPJF aprobó reunir ambos proyectos en uno solo, el de Penagos; el de Nava fue sobreseído.
La decisión del TEPJF, inatacable pese a la inconformidad del Partido Acción Nacional (PAN), puso punto final al largo litigio que permitió a Hank Rhon participar en las elecciones del 5 de agosto de 2007, cuando finalmente fue derrotado por el panista José Guadalupe Osuna Millán.
Ahora ministro…
Aunque el proyecto de Hank Rhon de recuperar para el PRI el gobierno de Baja California se frustró, con lo que el PAN se encamina a cumplir casi un cuarto de siglo en el poder con el sexenio de Osuna –después de que Ernesto Ruffo lo ganó en 1989–, la reunión secreta de Nava con él cobra relevancia no sólo porque evidencia las componendas del magistrado para emitir sus fallos, sino por sus ambiciones como juez.
Nombrado magistrado con el apoyo del PAN –sobre todo por su relación de amistad y negocios con Roberto Gil Zuarth, director jurídico del Comité Ejecutivo Nacional de ese partido con Germán Martínez como presidente y diputado federal electo–, Nava Gomar aspira ahora a ser ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN).
Los ministros Genaro Góngora Pimentel y Mariano Azuela Güitrón pasarán a retiro en noviembre, y Nava Gomar pretende ser uno de los sustitutos gracias a las relaciones que tiene con el PAN –antes con Martínez y ahora con César Nava– y con el gobierno de Felipe Calderón, cuya mujer, Margarita Zavala, es amiga íntima de María del Carmen Alanís, presidenta del TEPJF y de quien él es confidente.
Para su proyecto de ser ministro, Nava se ufana de contar con el respaldo del diputado Gil Zuarth, quien lo hizo profesor de la Universidad Anáhuac del Sur, de cuya Escuela de Derecho era director, y luego se hicieron socios en el despacho Derecho y Política Consultores, S.C.
El reportero envió al correo electrónico institucional de Nava Gomar cuatro preguntas sobre su reunión con Hank Rhon: cuáles fueron las razones para verlo en sus oficinas de Tijuana; si en ese encuentro se pactó validar la candidatura al gobierno de Baja California; si tuvo otras reuniones con él antes o después del fallo sobre la candidatura, y si violó valores éticos y jurídicos, lo que eventualmente implica responsabilidad.
El magistrado, quien otras veces ha sostenido comunicación con el reportero por esa vía, instruyó al coordinador de Comunicación Social del TEPJF, Octavio Mayén Mena –quien fue colaborador del exgobernador priista Arturo Montiel Rojas–, para enviar un “oficio de invitación que sustenta la comisión que realizó el magistrado Nava en Baja California el 23 de marzo del 2007”.
Según el oficio, fechado el 20 de marzo, el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, “en colaboración con el Consejo Ciudadano de Seguridad Pública del Estado de Baja California”, lo invitaron a impartir una conferencia magistral denominada “Elecciones y Transparencia”.
Además, después de la conferencia prevista para el 23 de marzo a las 17:00 horas, se le ofreció a Nava Gomar que impartiera un taller para empresarios del estado “sobre la confiabilidad del sistema electoral”, el sábado 24 al mediodía, según el oficio firmado por el doctor Ernesto Villanueva.
Consultado al respecto, Villanueva, cuyo cargo de coordinador del área de Derecho a la información del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM no se especifica en el oficio, niega haber formulado esa invitación y, al tener a la vista el documento, lo califica de apócrifo: “Parece un abuso de confianza”.
–¿Es falso el oficio?
–Sí. Es falso por lo siguiente: primero, no es mi firma; segundo, nunca el instituto y el consejo llevaron a cabo ese encuentro; tercero, jamás hago una invitación con dos días de anticipación; cuarto, no redacto así, y cuando firmo lo hago como coordinador del área de Derecho a la Información; y quinto, ni siquiera dice dónde se van a llevar a cabo esas actividades.
Amigo en ese entonces del magistrado Nava Gomar, Villanueva insiste: “Es totalmente falso el documento y es una mala utilización de mi firma al amparo de la amistad. Yo ni sabía de ese encuentro”.
–Si se falsificó ese documento, implica delito. ¿Lo denunciará?
–Sí, claro que sí. Haré la denuncia por la falsificación de firma y de documentación oficial. En un delito. Y, además, me someto a una prueba independiente de confiabilidad.
Yo estuve en la reunión
En entrevista con el reportero, Ernesto Villanueva dice que supo del viaje del magistrado Nava Gomar a Tijuana, donde él estaba precisamente trabajando con el presidente del Consejo Ciudadano de Seguridad Pública del estado, Alberto Capella, y el magistrado le pidió que lo acompañara a una reunión con Hank Rhon.
–¿Entonces sí se llevó a cabo una reu­nión entre Hank y el magistrado Nava?
–Efectivamente, se llevó a cabo en sus oficinas de Agua Caliente. Fue una reunión de cortesía entre el magistrado y Jorge Hank Rhon, una plática que tuvo como propósito conocerse, generar una relación simple y sencillamente, que fue lo que se dio.
Según Villanueva, Nava Gomar oficialmente acompañaría al también magistrado Manuel González Oropeza, quien ese mismo día, 23 de marzo, fue distinguido con el doctorado honoris causa por la Universidad Autónoma de Baja California, en Mexicali. Desde ahí, Nava se trasladó por tierra a Tijuana para entrevistarse con Jorge Hank Rhon.
–Y usted, ¿en razón de qué lo acompañó?
–Yo simplemente lo acompañé como amigo. Yo estaba trabajando en ese momento en Baja California con el presidente del Consejo Ciudadano de Seguridad Pública, en aquel entonces Alberto Capella, proponiendo mejoras a la Ley de Acceso a la Información del estado, de tal suerte que me pidió que lo acompañara y finalmente pudiera estar ahí como testigo, como acompañante.
–¿No estaba conciente Nava, y usted no se lo hizo ver, de lo que implicaba entrevistarse con alguien como Hank, candidato a gobernador?
–Evidentemente fue una reunión de amigos o de intento de amigos, privada, no fue una reunión pública. En esa secrecía se dio. Tú me estás preguntando y yo respondo con la verdad de los hechos, pero no es algo que tuviera como finalidad una reunión pública.
–Vista esa reunión a la distancia, ¿Nava incurrió en alguna falta?
–Eso lo tendrá que decidir el propio Tribunal Electoral. Por lo que a mí concierne, advierto que no es la conducta más afortunada la de reunirse con un justiciable para tratar un caso que le incumbe al propio justiciable, en este caso Jorge Hank Rhon, y me parece que puede poner en predicamento la imparcialidad del Tribunal
Electoral. Y, visto a la distancia, me parece que no fue lo más adecuado. En conciencia creo que el magistrado Nava actuó de buena fe.
Villanueva dice que la reunión, celebrada a las 12 del día, hora del Pacífico, duró unos 45 minutos y que durante al menos 15 estuvieron solos Nava y Hank Rhon, quien fue muy amable al darles un recorrido por su zoológico particular y darles a probar jamón de tigre.
A manera de despedida, y a petición del propio Nava, el magnate priista le obsequió un perro de raza recién nacido: “Efectivamente, le obsequió un cachorrito de uno de los perros que tiene ahí Jorge Hank, y él no sintió que hubiera alguna actitud incorrecta en recibirlo, sino sólo un gesto de consideración. Prometió entregárselo”.
Los fallos del amigo
Antes de la reunión secreta con Hank Rhon, celebrada el día del aniversario del asesinato de Colosio y la comilona que ofreció Onésimo Cepeda a la clase política en su feudo de Ecatepec –a la que el alcalde de Tijuana llegó puntual por la diferencia de horarios–, Nava Gomar había emitido una resolución favorable al priista.
Fue el encargado de elaborar el proyecto de resolución mediante el cual el TEPJF desechó, el 31 de enero de 2007, la impugnación del PAN contra la opinión del Consejo Estatal Electoral de que Hank no tenía impedimento para ser candidato.
“Se propone desechar la demanda en tanto que la violación reclamada no resulta determinante para el desarrollo del proceso electoral o para su resultado final”, decía el proyecto elaborado por Nava, con lo cual el máximo órgano electoral no entraba al fondo sobre la ilegibilidad de Hank.
El litigio comenzó desde que, el 22 de junio de 2006, Hank hizo público que buscaría gobernar Baja California luego de ganar, en 2004, la alcaldía de Tijuana. Su obstáculo era el artículo 42 de la Constitución local, conocida como “ley antichapulín”.
Tal disposición establece, con una defectuosa redacción que da lugar a interpretaciones, que los legisladores y alcaldes están impedidos de ser postulados a otro puesto de elección popular durante el período para el que fueron electos, “aun cuando se separen de sus cargos”.
Desde julio de 2006, Hank Rhon pidió al Consejo Estatal Electoral su opinión sobre si ese artículo le impedía ser candidato, y en agosto el organismo respondió, por mayoría, que no había problema. El PAN recurrió entonces al TEPJF, que a propuesta de Nava desechó la queja.
El 20 de junio, y después de que el PAN impugnó, el Tribunal Electoral local revocó la candidatura de Hank Rhon. Fue cuando éste recurrió a su amigo magistrado Nava Gomar, cuya propuesta a sus compañeros del TEPJF validó, el 6 de julio, el registro del priista.
Aunque el proyecto que el pleno de magistrados votó para convalidar la candidatura fue la de Penagos López, Nava también se pronunció en el sentido de que con esa candidatura “no se quebranta la soberanía popular ni provoca interrupción, mucho menos impide el correcto funcionamiento de las instituciones y la continuidad de las tareas legislativas y de gobierno mediante la separación del cargo de manera oportuna para quien aspire a otro puesto de elección popular, ya que existen instrumentos para suplir deficiencias”.

Reivindicación del latín

Reivindicación del latín/Ian Gibson, escritor
Publicado en EL PERIÓDICO, 23/08/09;
Una recomendación de lectura puede cambiarle la vida a una persona, o modificarle sustancialmente. Una de las que influyó poderosamente en mí, cuando tenía quince años, y que sigo agradeciendo, fue El camino hacia Roma (1902), del prolífico escritor británico (con padre francés) Hilaire Belloc. No se trataba del camino de la fe en el sentido metafórico sino de un viaje a pie a la Ciudad Santa emprendido por su autor, férvido creyente, eso sí, desde el este de Francia. Si no me equivoco, en Belfort. Lo que recuerdo sobre todo de aquel libro, más que la descripción del peregrinaje en sí, con sus múltiples encuentros, peripecias y anécdotas, es el acendrado elogio que allí hace Belloc de la liturgia latina. Del latín de la misa, que se oía igual, aunque con distinto acento y variable belleza, en cualquier punto del orbe y hasta en el lugar más recóndito y alejado de las convencionales rutas turísticas.
Yo, que procedía del protestantismo, donde el latín se había rechazado siglos atrás como reacción contra la hegemonía de Roma, no podía sino darle la razón a Belloc. Que la Iglesia católica siguiera conservando en sus ritos y cánticos el idioma en que se habían expresado Virgilio y Horacio (si no Jesucristo) era un hecho humano, cultural y didáctico de inmensa relevancia. Oídas y repetidas las arcanas palabras una y otra vez, mes tras mes y año tras año, hasta los fieles de formación intelectual más pobre asimilaban paulatinamente, sin precisar la intervención de ningún libro de gramática, voces, frases y ritmos del antiguo idioma del Imperio. Se trataba de la lingua franca de la cristiandad. Además, ¿qué trabajo costaba, sobre todo para quienes hablaban romance en una de sus variantes, entender «introibo al altare Dei», «ite missa est» o «stabat Mater»?
El argumento del bueno de Belloc (quien, por cierto, no le hacía ninguna gracia a George Bernard Shaw) me resultaba entonces de una lógica irrefutable. Además, me parecía que, al mantener el latín de la misa, la Iglesia católica no solo contribuía a la conservación de un tesoro universal, sino que, al mismo tiempo, estimulaba y reforzaba el estudio del idioma en las escuelas. Tal estudio, en mi colegio –y me atrevería incluso a decir que en casi todos los de aquella época, tanto en mi país nativo como fuera– resultaba arduo y aburrido. El latín clásico suponía para cualquier escolar un indigesto embrollo de complejas desinencias e insolubles marañas sintácticas. No parecía tener nada que ver con la vida moderna ni prometer utilidad alguna. El argumento de que su adquisición clarificaba y agilizaba los procesos mentales nos dejaba fríos. No nos explicaban que, en realidad, el latín no era para nada una lengua muerta, pese a lo que siempre se decía, puesto que de ella procedían el español, el portugués, el francés, el italiano y otros idiomas (añádase el catalán), hablados por muchos millones de personas. Nadie nos decía que el latín, así entendido, era una lengua viva, vivísima, y que cierta familiaridad con ella, aunque solo fuesen sus rudimentos, podría facilitar nuestro acceso a otros idiomas.Y a nadie tampoco se le pasaba por las mientes plantear la posibilidad de enseñarlo empezando, no ya con el latín clásico, tan difícil, sino con el mucho más sencillo latín vulgar, el de la Biblia Vulgata o incluso el de la tan injustamente olvidada literatura medieval. La enseñanza del latín en las escuelas era entonces, en realidad, un desastre, y su aprendizaje se convertía en un calvario. ¿A quién le podía sorprender la falta de interés que provocaba en los alumnos?
Vino luego el abandono por parte de la Iglesia, hay que suponer que con el sincero afán de llegar más directamente a la gente llana. Se trataba, me parece a mí, de otro desastre, quizá todavía mayor. ¿Por qué no compaginar, como solución de compromiso, el uso del latín con el idioma vernácula de cada comunidad? Con tan tajante empeño se ha roto una tradición milenaria y se ha contribuido a empobrecer a los fieles y al mundo entero. Me parece lamentable. Sin latín no se puede entender nada de la civilización occidental. Recuerdo la primera página del Ulises de Joyce, donde hay una parodia de la misa latina. Recuerdo también –son dos ejemplos modernos surgidos más o menos al azar– a Luis Buñuel, otro buen latinista (cualidad que se nota en La Vía Láctea), debido a haber sido, como el genio dublinés, aventajado alumno de los jesuitas.
Removiendo carpetas doy con un recorte, correspondiente al año 2000, en el que un distinguido profesor de la Universidad de Málaga, José Palacios, comentaba la melancólica situación que atravesaba el latín en las aulas españolas. Se matriculaban menos alumnos que nunca para dicha asignatura y, de los medievalistas de nuevo cuño, poquísimos optaban por estudiar clásicas. Resultado: cada vez menos personas capaces de leer con la necesaria pericia algunas de las fuentes latinas primordiales del pasado español (las mozárabes, por ejemplo). Palacios defendía fervorosamente, por ello, la necesidad de mantener y propiciar el latín en la segunda enseñanza.
Otras muchas quejas se han oído desde entonces en este mismo sentido, pero mucho me temo que, en todos los casos, se trata únicamente de vox clamantis in deserto. Una lástima

Berlín

Berlín en construcción/Marcos Giralt Torrente, escritor. Su último libro publicado es Los seres felices, Anagrama
Publicado en EL PAÍS, 22/08/09;
Cualquiera que haya vivido durante un tiempo en Berlín conoce la mezcla de orgullo y fatalismo con respecto al futuro que los berlineses sienten por su ciudad. Desde los tiempos inmediatos a la caída del muro, en los que se convirtió en un territorio sin ley donde casi todo el mundo se beneficiaba de algún subsidio y los espacios culturales alternativos, las galerías, los clubes nocturnos florecían en cada esquina, los berlineses han vivido sabiendo que las cosas debían cambiar y temiendo al mismo tiempo que lo hicieran.
Veinte años después de la caída del muro y diez después de que Berlín haya vuelto a ser la capital de Alemania, las cosas, ciertamente, han cambiado. Durante 40 años, desde la creación de la República Democrática de Alemania (RDA) hasta su colapso, se habló de Berlín como de una ciudad dividida. La realidad era algo más ingrata. Si hubiese sido sólo una ciudad dividida habría bastado con la eliminación de la separación física para que sus dos partes se reintegraran y lo cierto es que ha sido necesario mucho más. Berlín eran dos ciudades que se miraban de reojo tratando de seducirse pero que en términos prácticos vivían de espaldas. Distintas redes de saneamientos, distintas redes eléctricas, distintas redes de metro cruzaban su subsuelo, y otro tanto sucedía en la superficie con todo lo que hace funcionar una ciudad.
Antes siquiera de que empezase el megalómano proyecto de reconstrucción que tanta atención viene despertando, hubo que armonizar infraestructuras que se daban por duplicado y que en el caso del este estaban en muchos casos obsoletas. Para todo ello hicieron falta dinero sin límite, mucho tiempo y el esfuerzo de conciliar puntos de vista diversos. Por ejemplo: ¿puede una ciudad de tres millones y pico de habitantes como tiene Berlín permitirse el lujo de mantener cuatro grandes óperas abiertas? La razón económica y muchos alemanes de otras regiones que con sus impuestos sufragan ese lujo dirán que no, pero, a cambio, innumerables berlineses sostendrán lo contrario.
Como desde hace años reconocen los políticos que la llevaron a cabo, la reunificación alemana ha sido mucho más difícil de lo que nunca se pensó, y eso atañe también a la ciudad de Berlín. Se ha dotado al este del país de infraestructuras equiparables y en muchos casos superiores a las del oeste, pero la brecha económica entre ambas zonas sigue ahí porque, desmantelada la anticuada industria de la Alemania comunista, el motor económico de la Alemania unida sigue en el oeste. Mientras, en el este el paro se desorbita, un millón y medio de sus habitantes ha emigrado al otro lado, los pisos vacíos proliferan y en algunas ciudades se ha empezado a pagar a los inquilinos para que no los abandonen. El mundo al revés. Así las cosas, es inevitable que muchos se pregunten con nostálgico rencor si no había nada aprovechable en el sistema de la RDA, si era necesario pulverizarla y engullirla como botín de guerra.
Esa pregunta está también en boca de muchos berlineses, pues Berlín es a todos los efectos una ciudad del este y ha sufrido quizá como ninguna las paradojas de la reunificación. Endeudada hasta lo inimaginable, sin industria ni casi recursos propios, con una economía basada en los servicios, Berlín es la capital más pobre de Alemania. Algo que no pueden ocultar ni las mastodónticas intervenciones urbanísticas, como Potsdamer Platz, con las que se han rellenado los grandes vacíos de las antiguas zonas fronterizas, ni las obras a cargo de mediáticos arquitectos diseminadas aquí y allá, ni la voluntad política, que hay detrás, de convertirla en una gran metrópoli europea en competencia directa con París o Londres. De momento no sólo la demografía se empecina en incumplir ese objetivo: también el dinero, que no llega con la fluidez esperada. En un principio, pareció lógico que si el parlamento, la cancillería y los ministerios regresaban a la ciudad, las grandes empresas harían lo mismo. Diez años después, han sido muy pocas las que lo han hecho y no parece que el ritmo se acelere en un futuro. ¿Tiene sentido empeñarse en construir una ciudad distinta de la existente si no hay fuerzas económicas que la demanden? ¿Es legítimo seguir endeudándola y gastando fondos federales y europeos por la ensoñación de que Alemania vuelva a contar con una capital a la altura de su poderío?
Dejando a un lado las nostalgias de salón y las rabietas más o menos utópicas, prácticamente nada de lo que se ha hecho en estos años en Berlín ha estado exento de polémica. Es sin embargo el debate arquitectónico y urbanístico el que más enconamientos ha suscitado. Los bandos han sido siempre dos. A un lado, el poder, quienes han tomado las decisiones, y, al otro, un conglomerado de opositores que defienden causas diversas. Están quienes reivindican que a la hora de construir la ciudad se primen los intereses de los ciudadanos y no los de los inversores privados a los que, en su búsqueda de dinero, las autoridades han cedido terrenos públicos; están quienes preferirían que no se hiciese nada, temerosos de que, cuando Berlín sea una capital más, con la eliminación de sus peculiaridades desaparezca aquello que aún hace de ella la ciudad más confortable y barata de Europa; están quienes protestan porque, por el camino, se esté destruyendo el patrimonio arquitectónico de la antigua RDA para sustituirlo por obras de muy dudosa valía, y están quienes cuestionan, tachándolo de conservador y antihistórico, todo el plan urbanístico de la ciudad. Ese plan, forjado por quien fuera durante quince años su arquitecto jefe, Hans Stimmann, a partir del concepto de “reconstrucción crítica” desarrollado por Josef Paul Kleihues para la Exposición Internacional de Arquitectura de 1984-1987, ha rehecho Berlín sobre los planos anteriores a la II Guerra Mundial, como si ésta y la etapa comunista no hubieran existido, e imponiendo unas rígidas normas de edificación que vetaban, por ejemplo, el uso del vidrio en las fachadas y limitaban la altura de los edificios salvo en casos muy concretos, como la mencionada Potsdamer Platz, en la que se abrió la mano para seducir a las tres multinacionales que sufragaron el proyecto.
Hoy en día hay en Berlín cuatro debates abiertos que ejemplifican las diferentes sensibilidades en liza: la incesante polémica, a raíz de la demolición del Palacio de la República, sede del antiguo parlamento de la RDA, para construir en su solar, a partir de 2010, un complejo museístico con aires de pastiche que, con un interior pretendidamente contemporáneo, reproducirá en su exterior el antiguo palacio real destruido durante la guerra; las dudas acerca del uso que se dará al inmenso solar que ocupaba el histórico aeropuerto de Tempelhof y que, ante el sospechoso silencio de las autoridades, muchos temen que se privatice; la presión ciudadana para modificar el proyecto Mediaspree, unos terrenos antes públicos a la orilla del Spree, a su paso por el céntrico barrio de Mitte, en los que una corporación de empresas se dispone a edificar un centro de negocios que dificulta el acceso libre al río; y la finalización, en la isla de los museos, del Neues Museum, cuyas ruinas permanecieron abandonadas desde la guerra y que el arquitecto británico David Chipperfield, para disgusto esta vez de los recalcitrantes de la falsificación histórica, que habrían preferido una copia del original neoclásico, ha restaurado devolviendo al edificio su antiguo volumen pero conservando sólo los elementos constructivos y ornamentales de los que quedaba algún resto y completando lo que falta con ladrillo visto y hormigón pulido.
Entre tanto, Berlín sigue construyéndose. Hace poco Luis Feduchi, profesor de arquitectura en Berlín, me decía que hay quien ve en la crisis una esperanza. Quizá, efectivamente, haya llegado el momento de acabar con los mastodónticos proyectos y trabajar, en todo caso, con la humildad conciliadora de Chipperfield. Quizá sea necesaria una pausa, para que la ciudad se reencuentre consigo misma, se acomode, y los berlineses que aún temen un futuro que nunca acaba de llegar dejen de temerlo.

Cisjordania

¿Qué sucede cuando no sucede nada?/Slavoj Zizek, filósofo esloveno y autor, entre otros libros, de Irak. La tetera prestada.
Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia
Publicado en EL PAÍS, 22/08/09;
El 2 de agosto de 2009, después de acordonar parte del barrio árabe de Sheikh Jarrah en Jerusalén este, la policía israelí expulsó a dos familias palestinas (más de 50 personas) de sus hogares y permitió que unos colonos judíos se mudaran inmediatamente a las casas evacuadas. Aunque la policía mencionó una orden del Tribunal Supremo del país, las familias árabes expulsadas llevaban viviendo allí más de 50 años. El hecho, que llamó la atención de los medios mundiales -cosa excepcional-, forma parte de un proceso mucho más amplio y, en su mayor parte, ignorado.
Cinco meses antes, el 1 de marzo de 2009, se informó de que el Gobierno israelí había elaborado unos planes para construir más de 70.000 nuevas viviendas dentro de asentamientos judíos en Cisjordania; si dichos planes se llevaran a cabo, podrían aumentar el número de colonos en los territorios palestinos en unos 300.000, un paso que no sólo dañaría gravemente las posibilidades de un Estado palestino viable, sino que harían más difícil la vida diaria de los palestinos.
Un portavoz del Gobierno desmintió las informaciones y dijo que los planes tenían una importancia relativa: para construir nuevas viviendas en los asentamientos era necesaria la aprobación del ministro de Defensa y del primer ministro. Sin embargo, ya se han aprobado 15.000 de esos planes, y casi 20.000 de las viviendas previstas se encuentran en asentamientos que están lejos de la línea verde que separa Israel de Cisjordania, es decir, en las zonas que Israel no puede aspirar a conservar en ningún futuro acuerdo de paz con los palestinos.
La conclusión es evidente: al tiempo que, teóricamente, apoya la solución de dos Estados, Israel está creando una situación sobre el terreno que, en su momento, hará que en la práctica sea imposible dicha solución. El sueño en el que se apoya esta estrategia queda patente en el muro que separa una ciudad de colonos de la ciudad palestina cercana en una colina de Cisjordania. El lado israelí del muro tiene pintada la imagen de la campiña al otro lado, pero sin la ciudad palestina, sólo con la naturaleza, la hierba, los árboles… ¿No es el más puro ejemplo de limpieza étnica, imaginar el otro lado de la verja tal como debería ser, vacío, virginal, esperando a ser colonizado?
¿Qué significa todo esto? Para captar la verdadera dimensión de las noticias, a veces basta con leer dos noticias por separado; el significado surge al unirlas, como una chispa que explota en un cortocircuito eléctrico. El mismo día en el que llegaron a los medios las noticias sobre el plan del Gobierno para cons-truir 70.000 nuevas viviendas (2 de marzo), Hillary Clinton criticó el lanzamiento de cohetes desde Gaza y lo calificó de “cínico”, para luego añadir: “No hay duda de que ningún país, incluido Israel, puede permanecer pasivo cuando su territorio y su gente sufren ataques con misiles”.
¿Tendrían que permanecer pasivos los palestinos mientras les quitan las tierras de Cisjordania día a día? Cuando los pacifistas israelíes presentan su conflicto con los palestinos en términos neutrales y “simétricos” y reconocen que en ambas partes hay extremistas que rechazan la paz, deberíamos hacernos una sencilla pregunta: ¿qué sucede en Oriente Próximo cuando no ocurre nada en el plano directamente político-militar, es decir, cuando no hay tensiones, ataques ni negociaciones?
Lo que sucede es la labor, lenta pero constante, de arrebatar la tierra a los palestinos de Cisjordania: el estrangulamiento gradual de la economía palestina, el despedazamiento de sus tierras, la construcción de nuevos asentamientos, las presiones a los campesinos palestinos hasta que acaban abandonando su tierra (que van desde la quema de las cosechas y las profanaciones religiosas hasta los asesinatos individuales), todo ello respaldado por una red kafkiana de normativas legales.
Saree Makdisi afirma, en Palestine Inside out: An Everyday Occupation, que, aunque la ocupación israelí de Cisjordania está en manos de la fuerzas armadas, en realidad es una “ocupación mediante la burocracia”: sus armas fundamentales son los formularios, los títulos de propiedad, los documentos de residencia y otros permisos. Esta microgestión de la vida diaria es la que garantiza la lenta pero firme expansión israelí. Uno tiene que pedir permiso para irse con su familia, para cultivar su tierra, para cavar un pozo, para trabajar, para ir a la escuela o a un hospital… Así, los palestinos nacidos en Jerusalén pierden, uno a uno, el derecho a vivir allí, a ganarse la vida, a la vivienda, y así sucesivamente.
Los palestinos suelen emplear el problemático cliché de que la Franja de Gaza es “el mayor campo de concentración del mundo”, pero, en el último año, esa calificación se ha acercado peligrosamente a la verdad. Ésa es la realidad fundamental que hace que todas las “plegarias por la paz”, en abstracto, sean escandalosas e hipócritas. El Estado de Israel está claramente llevando a cabo un proceso lento e invisible ignorado por los medios, una especie de lucha subterránea contra un topo, de tal forma que, un día, el mundo se despertará y verá que ya no hay una Cisjordania palestina, que la tierra está libre de palestinos, y que no tenemos más remedio que aceptar los hechos. El mapa de la Cisjordania palestina parece ya un archipiélago fragmentado.
En los últimos meses de 2008, cuando los ataques de colonos ilegales de Cisjordania contra campesinos palestinos se convirtieron en un hecho cotidiano, el Estado de Israel trató de contener los excesos (el Tribunal Supremo ordenó la evacuación de algunos asentamientos, por ejemplo); pero, como advirtieron muchos observadores, es inevitable ver esas acciones como unas medidas poco serias para contrarrestar una política que, en el fondo, es la política a largo plazo del Estado israelí, y que viola de forma increíble los tratados internacionales firmados por el propio Israel. Lo que dicen los colonos ilegales a las autoridades israelíes es: estamos haciendo lo mismo que vosotros, sólo que de forma más abierta, así que ¿qué derecho tenéis a condenarnos? Y la respuesta del Estado, en definitiva, es: sed pacientes, no os apresuréis, estamos haciendo lo que queréis, sólo que de manera más moderada y aceptable…
Es la misma historia desde 1949: Israel, al tiempo que acepta las condiciones de paz propuestas por la comunidad internacional, cuenta con que el plan de paz no va a funcionar. Los colonos descontrolados, a veces, recuerdan a Brunhilda en el último acto de La Valkiria de Wagner, cuando echa en cara a Wotan que, al desobedecer su orden explícita y proteger a Siegmund, sólo estaba haciendo realidad los deseos de él, que se ha visto obligado a renunciar a ellos por presiones externas, igual que los colonos ilegales hacen realidad los verdaderos deseos del Estado a los que ha tenido que renunciar por las presiones de la comunidad internacional. Mientras condena los excesos violentos descarados de los asentamientos “ilegales”, el Estado israelí promueve nuevos asentamientos “legales” en Cisjordania y sigue estrangulando la economía palestina.
Una mirada al mapa cambiante de Jerusalén Este, donde los palestinos están cada vez más encerrados y ven su espacio recortado, es suficientemente significativa. La condena de la violencia antipalestina ajena al Estado oculta el verdadero problema de la violencia de Estado; la condena de los asentamientos ilegales oculta la ilegalidad de los legales. Ahí está el doble rasero de la alabada -por imparcial- “honestidad” del Tribunal Supremo israelí: a base de dictar de vez en cuando una sentencia en favor de los palestinos desposeídos y calificar su expulsión de ilegal, garantiza la legalidad de la mayoría de casos restantes.
Y, para evitar cualquier malentendido, que quede claro que tener todo esto en cuenta no implica, en absoluto, mostrar “comprensión” hacia los inexcusables actos terroristas. Al contrario, ofrece la única base desde la que es posible condenar los atentados terroristas sin hipocresía.

La TV

El mundo en que vivimos/Mario Vargas Llosa
EL PAÍS, 22/08/09;
El filósofo francés Michel Foucault llegó a la deprimente conclusión de que “el hombre no existe”, que cada ser humano no es sino una larga secuencia de simulacros variopintos hechos, deshechos y rehechos por las circunstancias variables de la realidad en la que transcurre su existencia. Todavía más audaz, y acaso más frívolo, Jean Baudrillard fue más lejos y concluyó que aquello que creemos la realidad cuando abrazamos al ser amado o sopamos la pluma en un tintero, tampoco existe, porque la verdadera realidad en la que vive el bípedo contemporáneo no es el mundo que cree pisar sino las imágenes que fingen reflejarlo y que no son sino las interesadas y manipuladas versiones que dan de él los medios audiovisuales al servicio de los poderosos de este mundo.
Estas divertidas, brillantes y falaces fabricaciones intelectuales -así las creía yo al menos- acaban de recibir un sorprendente respaldo, una indicación concreta de que si las cosas no son así todavía, podrían llegar a serlo pronto, dadas las inquietantes características que va adoptando, aquí y allá, la civilización que nos rodea.
Voy a referirlo a mi manera, que no es la del filósofo, claro está, sino la, más modesta, de un contador de historias. Trasladémonos, allende el Atlántico, al centro de la Amazonía, hasta Manaos, capital del Estado brasileño de Amazonas, famosa porque, a finales del siglo XIX y comienzos del XX, fue uno de los centros principales del boom del caucho, del que queda como recuerdo una ópera barroca donde cantó -o se dice que cantó- Carusso. Hasta hace relativamente poco tiempo el rey de la pequeña pantalla, en Manaos y toda la vasta región amazónica, era un periodista y productor llamado Wallace Souza, que, fiel a su nombre detectivesco, dirigía en la televisión local un programa policíaco llamado Canal Livre. En él se ventilaban, con descarnado realismo, los crímenes, asaltos, violaciones y demás ferocidades cotidianas, con que, tanto en Brasil como en el resto del mundo, los canales de televisión suelen asegurar su codiciado rating halagando el morbo y los peores instintos del gran público televidente.
El éxito del programa era tal que Wallace Souza se hizo célebre y decidió, aprovechando la popularidad de que gozaba, saltar del periodismo audiovisual sensacionalista y truculento a la política (ambos no están tan lejos, después de todo). Lo consiguió con rapidez vertiginosa: en las últimas elecciones salió elegido diputado con la más alta votación en todo el Estado de Amazonas. Este es el momento de máximo apogeo en la carrera pública de Wallace Souza, personaje fortachón, mostachudo y barbado, de ternos entallados y, según la prensa, gesticulador y carismático.
Cambio de escenario, dentro de la misma exótica y asfixiante ciudad amazónica. La policía local detiene a un rufiancillo del lugar, ex policía y asesino a sueldo, de apelativo pomposo: Moacir Moa Jorge da Costa, sospechoso de un rosario de fechorías y hechos de sangre, entre ellos asesinatos. Interrogado y ablandado con los métodos que no es imposible imaginar, confiesa. Sí, ha matado, pero no por maldad ni por codicia, sino profesionalmente, por encargo del flamante diputado y estrella mediática de la Amazonía: ¡Wallace Souza! Después de sacudirse el trauma que semejante revelación les produce, los investigadores comienzan a atar cabos y las piezas encajan, como en un rompecabezas. Todos los crímenes que ha cometido o en los que ha participado Moacir Moa Jorge da Costa figuraron de manera estelar en los programas de Canal Livre y, en todos ellos, las cámaras ubicuas y omniscientes del diputado llegaron al lugar del crimen al mismo tiempo que los asesinos.
La investigación produce este pasmoso resultado: Wallace Souza llevaba a cabo espeluznantes crímenes con el único designio de poder filmarlos antes de que lo hiciera alguno de sus competidores, para obtener las primicias que tenían enganchada a la vasta teleaudiencia a la que alimentaba en cada programa con sangre, verismo y pestilencia a raudales. Para ello, había montado toda una infraestructura de colaboradores, diestros en la pistola y el cuchillo, seleccionados entre las propias fuerzas de la policía a la que -otra revelación- había estado asimilado. Quince de ellos están ya en los incómodos calabozos de Manaos, pero no el héroe del macabro aquelarre, pues, siendo legislador y gozando de impunidad, la Asamblea Legislativa tiene antes que despojarlo de aquella para que pueda ser encarcelado y juzgado. ¿Lo será? Paciencia: lo dirá el futuro, y con abundancia de derivaciones y detalles, porque mi instinto me asegura que esta historia tiene para mucho rato.
Hasta aquí los hechos objetivos. Ahora, las conjeturas, acápites y especulaciones. Desde el punto de vista ético ¿cómo juzgar a Wallace Souza? Es imposible negar que tenía una conciencia profesional desmesurada. Delinquió, sí, pero con la noble intención de servir a su público, de no defraudarlo, de seguir suministrándole aquel horror sanguinario que era su alimento preferido, lo que llevaba a todo Manaos a prender el televisor y buscar Canal Livre con la ansiedad con que escarba su cajetilla el fumador o se lleva el trago a la boca el alcohólico. ¿Tiene Wallace Souza la entera responsabilidad de haber llegado a esos excesos punibles o la comparte con la miríada de morbosos, subnormales, pervertidos e imbéciles a los que ver mujeres desventradas, chiquillos decapitados, ancianos degollados, arreglos de cuentas de pandillas que se tasajean y entrematan hace pasar una noche divertida?
No es difícil, para cualquier aficionado a la esgrima intelectual, demostrar que Wallace Souza es un producto del siglo XXI, en el que la cultura predominante, en gran parte por la miseria que ha generado la televisión en su frenética carrera por conquistar audiencia escarbando en las sentinas de la vida, destruyendo la privacidad, explotando sin el menor escrúpulo las experiencias más indignas y degradantes, ha pulverizado todos los valores, trastocándolos, de manera que “divertir”, “entretener”, ha pasado a ser el valor supremo, la prioridad de prioridades, aunque, para conseguirlo, como hizo Wallace Souza, haya que disparar y hundir puñales en el prójimo. Desde este punto de vista, asesino y todo, el director y productor de “Canal Libre” es un héroe, o un mártir, de la cultura que, con ayuda de la prodigiosa revolución audiovisual, hemos fabricado para nuestra época.
Desde otro punto de vista, el del “principio de realidad” pascaliano, hago mi autocrítica y reconozco que lo ocurrido en Manaos convierte las teorías (que antes me parecieron delirantes y sofistas) de un Foucault y un Baudrillard en algo que empieza a tener confirmación objetiva en este extraordinario mundo que nos ha tocado. Si Wallace Souza cometió esos crímenes sólo para convertirlos en imágenes, es evidente que, para él y para sus espectadores -aunque éstos fueran menos conscientes de ello que él- la realidad real era menos importante, meramente subsidiaria o pretexto, de la realidad reflejada por las cámaras, las que, con su perfecta adecuación a los gustos del público, la recomponía, purgaba y recreaba de tal modo que fuera algo que la realidad real lo es sólo muy de cuando en cuando: excitante, terrible, divertida. Wallace Souza es la primera demostración palpable de que el hombre no es una totalidad definida sino una materia modelable y cambiante, una melcocha o greda al que la dimensión imaginaria de la vida propulsada por el sistema educativo más universal y todopoderoso de la historia -las pantallas- va dando forma, realidad y cambiando al capricho de las modas.
Una última reflexión sobre las infortunadas víctimas inmoladas en el ara televisiva por los pistoleros a sueldo de Wallace Souza. ¿Cómo las elegía? ¿Con qué criterio? No se puede descartar que, si quedaba en él un residuo de escrúpulos morales de la época en que todavía era un ser humano, no uno de celuloide o plasma, las escogiera entre la ralea prostibularia, la fauna del ergástulo, para darse así una cierta coartada de justiciero. Pero lo más probable es que no, que, para alguien tan teratológicamente identificado con su profesión, el único criterio consistiera en señalar a las víctimas privilegiando a las que tenían mayor poder de atracción televisiva. Y no hay duda que el asesinato de un truhán conmueve menos que el de una niña inocente, un ciudadano intachable o una señora embarazada.
¿No les gusta el mundo en que vivimos? Peor para ustedes, porque todo indica que ya no nos queda el antiguo recurso de apagar el aparato de televisión. Ahora, la televisión comienza a ser la vida misma y, nosotros, sus inexistentes comparsas.

Alvaro Uribe

El secreto de Uribe/Editorial
El presidente colombiano desvelará en breve si opta a un tercer mandato del que poco cabe esperar
24/08/2009
El presidente colombiano Álvaro Uribe está próximo a desvelar su gran secreto: ¿ambiciona un tercer mandato? En las últimas semanas ha ido dejando caer como tentaciones a sus partidarios un "quiero pero no debo", que apunta en una sola dirección: repetir. Pero hasta hoy sólo consiente que los radicales del uribismo sigan con el procedimiento que es largo y repleto de cautelas y garantías; y, probablemente, lo único que puede impedir que Uribe tenga la mala ocurrencia de querer de nuevo sucederse a sí mismo en junio de 2010.
Ganó la votación del Senado; esta semana afronta la de la Cámara, que se anuncia mucho más disputada, para aprobar la reforma constitucional que permita celebrar un referéndum sobre su reelección; en este largo procedimiento sigue el dictamen de la Corte Constitucional, con varios magistrados que no son precisamente proclives al mandatario, pero que nada impide que puedan tomar en consideración los argumentos favorables a la reforma. A Uribe tampoco le basta, sin embargo, con sacar adelante el referéndum, sino que necesita que acudan a votar siete millones y medio de conciudadanos. Sobre más de 30 millones potencialmente con derecho a sufragio no parecen
demasiados, pero en Colombia las tasas de abstención han sido históricamente elevadas.
El intento de romper con la limitación de mandatos es un fenómeno continental. Tras más de un siglo en que las legalidades latinoamericanas propugnaban la estricta limitación para combatir el abuso de poder, el tráfico de influencias y la corrupción -y hasta la tentación dinástica-, cada vez son más los dirigentes que parecen decirse que si el venezolano Hugo Chávez puede optar a la presidencia sin medida ¿por qué no los demás?
Todo lo que podía hacer Uribe, como dar al país una nueva confianza en sí mismo y arrinconar a la guerrilla de las FARC, ya lo ha hecho. Poco cabe esperar de otro mandato y ni la renovada ayuda militar norteamericana, ni su indudable batallar aseguran la victoria final sobre el narcoterrorismo. Será la fatiga de la democracia, en cambio, la que pague la factura de ese neocaudillismo. ¿Cómo cabría criticar al presidente venezolano si Uribe gozara de una tercera oportunidad? Y nadie puede dar garantías de que a la tercera vaya la vencida, una vez roto el principio de la limitación de mandatos.
***
Paralelos colombianos/Enrique Krauze
Reforma, 23 de agosto/2009
Hasta el más distraído visitante del centro histórico de Bogotá puede advertir, en las zonas aledañas a la catedral y a los nobles edificios neoclásicos, la profusión de dos tipos de expendios: los que ofrecen trabajos de imprenta, tipografía y litografía, y los que venden equipos de seguridad militar. Mientras recorro los trayectos empinados, me sorprende la cantidad de placas conmemorativas sobre personajes o hechos históricos que los bogotanos han colocado en las calles. El melodioso castellano del chofer (matizado, preciso, cortés, elegante) acompaña la visión instantánea que me voy formando de Colombia, el generoso país sede de una animada Feria Internacional del Libro que ha tenido a México como invitado especial. Se trata de una sociedad conservadora y formal, con fuerte presencia de la Iglesia, devota de la letra escrita y la letra hablada, acosada a lo largo de su historia por diversas variantes de violencia (civil, ideológica, guerrillera, criminal y narcotraficante).
Mi rápida visita a Colombia me persuadió aún más de la necesidad de estudiar América Latina no sólo en sus propios términos (tarea en sí misma apasionante) sino para entender mejor las luces y las sombras de la historia mexicana. En Colombia, el lugar público de la Iglesia nunca dejó de ser prominente ni hubo una reforma agraria similar, en proporción y profundidad, a la nuestra. La querella entre liberales y conservadores que en México se zanjó en 1867 (con la supresión política de los conservadores), se dirimió en Colombia por dos vías, igualmente persistentes: la democracia y la guerra. Los héroes marchitos de esas batallas -recreados en varios pasajes inolvidables de Cien años de soledad- hicieron las paces a principio de siglo, pero las diferencias entre ambas filiaciones sobrevivieron hasta bien entrado el siglo XX, cuando habían perdido buena parte de su sentido original. En los albores de la Guerra Fría, un carismático líder (Jorge Eliécer Gaitán) ofreció una reforma social profunda (incluso populista) que acaso hubiera ahorrado a aquel país décadas de violencia civil. Pero Gaitán fue asesinado en 1948. Su crimen motivó una airada sucesión de protestas conocida como "El Bogotazo", abrió el decenio de "La Violencia" (200,000 muertos), que a su vez desembocó en una espiral guerrillera y paramilitar, alimentada por el infernal componente del narcotráfico.Hasta aquí pareciera que la experiencia histórica de México aventajara -digamos- a la colombiana, pero una mirada más cercana revela otro balance. Con la sola y fugaz excepción de Gustavo Rojas Pinilla en los años cincuenta, Colombia no ha tenido -no ha tolerado- dictadores militares ni autocracias civiles. Ni Santa Anna, ni Porfirio, ni Calles, ni partido hegemónico. Casi a partir de su independencia hasta nuestros días, la nación bautizada por el impetuoso Bolívar pero creada por el legalista Santander celebró elecciones periódicas, introdujo muy temprano el sufragio universal y practicó un nivel razonable de participación política aun en sus poblados más remotos. Las costumbres e instituciones de la democracia republicana que en México fueron letra muerta durante buena parte de los siglos XIX y XX, en Colombia fueron, en buena medida, letra viva. Cuando en los años ochenta y noventa las guerrillas asesinaron a magistrados de las Cortes y a candidatos presidenciales, los colombianos no permitieron que se rompiera la continuidad institucional. Por mucho menos, en casi cualquier otro país latinoamericano los militares hubieran tomado el poder.
Este país tenazmente democrático enfrenta hoy un dilema mayor: el presidente Álvaro Uribe busca reelegirse por un tercer período presidencial. Para lograrlo, se requiere una enmienda constitucional que, según las encuestas, contará con el apoyo mayoritario de la opinión colombiana. Quienes apoyan a Uribe aducen varias razones: con su liderazgo ha puesto a la guerrilla a la defensiva y ha logrado que la sociedad colombiana abandone cualquier ambigüedad con respecto a los narcotraficantes. En la era de Uribe (quien sufrió el asesinato de su padre) los colombianos han asumido la guerra y -hasta cierto grado- la van ganando. Otro argumento es su postura ante Chávez. Sólo un líder carismático como Uribe (que, con otro estilo, es también un comunicador excepcional) puede poner límites al proyecto de expansión bolivariano.
Es fácil predicar en tierra ajena sobre las bondades de la democracia y defender el principio de la "no reelección". Eso fue lo que hice en Colombia, con resultados inciertos. No creo que los mexicanos tengamos nada que enseñar a los colombianos sobre democracia, pero es verdad que el inocente principio maderista ha demostrado su utilidad entre nosotros. Un líder, por más extraordinario que sea, no debe perpetuarse en el poder, no sólo porque su reelección indefinida descalifica a los críticos de las dictaduras embozadas sino porque ese acto demerita a la sociedad que lo promueve. Es como la aceptación de que esa sociedad no puede producir nuevas generaciones que tomen la estafeta. Es rendirse al hombre providencial. Esa dimisión es innecesaria, y para muestra el mejor botón: Churchill, el líder extraordinario de la Segunda Guerra Mundial, perdió las primeras elecciones de la posguerra.Y sin embargo, la aspiración de muchos colombianos es comprensible. La democracia es, en esencia, un método para acotar el poder. Pero también puede ser un disuasivo frustrante allí donde el liderazgo se necesita más. Si no me engaño, ese dilema es parecido al nuestro: nuestra democracia tripartita ha mostrado su capacidad para la deliberación pero no para la ejecución. En tiempos de guerra, como los que viven México y Colombia, la capacidad ejecutiva es un valor capital. En Colombia, el dilema se resolverá, seguramente, con la reelección del Ejecutivo, previa reforma constitucional. En México debemos resolverlo mediante la firmeza del Ejecutivo y un ejercicio inédito de crítica, colaboración, responsabilidad y autolimitación, por parte del Legislativo.

Religiones

Desconocer las religiones es desconocer el mundo actual
Por el director del Observatorio Pastoral del CELAM, Leonidas Ortiz Lozada
BOGOTÁ, sábado, 22 de agosto de 2009 (
ZENIT.org).- Esa es una de las conclusiones del estudio realizado por el diario francés Le Monde Diplomatique y la revista La Vie. El director del Observatorio Pastoral del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), el sacerdote Leonidas Ortiz Lozada, presenta un breve informe sobre esta investigación.
Lo más interesante del estudio, además de los análisis y reflexiones, es la proyección que hacen de cada religión con miras al año 2050.
* * *
Los cristianos
El cristianismo sigue siendo la religión mayoritaria. Según estima el estudio, pasará de 2,000 millones que tiene en este momento a 3,052 millones en el año 2050. En el cristianismo se ha dado el fenómeno de un desplazamiento desde Europa, que durante siglos tuvo el mayor número de fieles y ahora solo concentra el 25%, hacia los países en desarrollo, especialmente hacia América y Africa. Solo en América el cristianismo cuenta con más de 800 millones de fieles, 275 en América del Norte y 530 en América Latina y El Caribe. En el campo cristiano, el protestantismo evangélico es el que cuenta con un mayor crecimiento.
En otras regiones del mundo, el cristianismo crece de manera diferente. En el África se está dando un rápido crecimiento; ya, en este momento, cuenta con 300 millones de fieles sobre una población de 800 millones. En la India, aunque sigue siendo minoritario, el cristianismo goza de una gran capacidad de convocatoria y se afianza en amplios sectores de la población. En la China, en medio de un entorno político hostil, es muy minoritario, pero se está viviendo un lento crecimiento con una gran calidad en su práctica de fe. Finalmente, como dato que hace reflexionar, en los lugares de Tierra Santa, cuna del cristianismo, la fe en Jesucristo ha ido disminuyendo por los conflictos y luchas de poder en la región.
Los musulmanes
Los musulmanes que tiene unos 1,200 millones alcanzará en el 2050 la suma de 2.229 millones de fieles, constituyéndose así en la religión que proporcionalmente crecerá en mayor número, si no cambian las condiciones políticas y religiosas. Están concentrados especialmente en cuatro países: Indonesia, Pakistán, India y Bangladesh. Allí está casi la mitad de los musulmanes. En el África, la tercera parte de la población es musulmana: en la parte occidental, el 46% de la población pertenece al Islam; en la parte oriental el 30%; y en las partes central y austral, apenas el 2%. En Europa viven cerca de 16 millones de musulmanes, con tendencia al crecimiento por la ola migratoria de los últimos años. Y en Estados Unidos, 4 millones.
Los hindúes
El hinduismo que tiene unos 800 millones llegará a tener unos 1.175 millones en el 2050, más o menos la sexta parte de la humanidad. Se concentra en la India y en el Nepal. También tiene, aunque minoritaria, una presencia significativa en Pakistán, Bangladesh y Sri Lanka.
Los budistas
El budismo pasará de 325 millones a 425 en el 2050. No tiende a crecer numéricamente, aunque algunas de sus prácticas tengan acogida en Occidente.
Los judíos
El judaísmo que tiene 13 millones llegará a 17 millones en el 2050. No es una religión que trate de atraer nuevos prosélitos, ya que, para la ley judía, para que un niño sea considerado judío debe nacer de madre judía. Han aumentado los matrimonios mixtos entre los judíos.
A manera de conclusión
"Lo religioso que se creía desaparecido, siempre estuvo allí", dice Dominique Borne, Presidente del Instituto Europeo de Ciencias de las Religiones, refiriéndose a la situación de los países donde se vivía el socialismo real. Ante la desaparición del ateísmo oficial y militante, comenzó a aparecer la religiosidad de estos pueblos. El aporte que pueden dan las religiones a la paz y al desarrollo de los pueblos puede ser muy grande y significativo, si se hace un diálogo abierto y constructivo entre las grandes corrientes religiosas del mundo.
Nota final
Los resultados de la investigación fueron publicados bajo el título "El Atlas de las Religiones" y con el subtítulo "Las claves del mundo que viene".
La obra hace una presentación histórico doctrinal y presenta una ubicación geográfica de las diferentes religiones. Luego, le da una mirada panorámica al tema religioso, desde la óptica de la demografía, de las redes interreligiosas por la paz y desde la participación de la mujer. Plantea igualmente algunas situaciones coyunturales, fruto de fundamentalismos e intolerancias, como los conflictos del Medio Oriente, los enfrentamientos entre católicos y protestantes, la división entre sunitas y chiítas y los hechos terroristas del 11 de septiembre. Finalmente, analiza la presencia de las religiones en cada uno de los continentes, deteniéndose en algunos países.