7 dic. 2013

Los hijos de Mandela


Los hijos de Mandela/Juliet Torome es escritora y directora de documentales. Recibió el premio anual Flaherty para documentales de la revista Cinesource.
 Project Syndicate, 2013. 
Traducción de Leopoldo Gurman.
El País |7 de diciembre de 2013

Antes de saber que Nelson Mandela existía, creía que nuestro líder, el presidente keniano Daniel Toroitich Arap Moi, era el único hombre de Estado en el mundo. Tenía cinco años de edad y para mí no existía otro mundo que Nairagie-Enkare, mi lugar de nacimiento en la zona rural de Maasailand. Moi era para mí una figura mítica, porque no vivía en Nairagie-Enkare, pero estaba siempre presente a través de la radio, una tecnología demasiado complicada para que una niña como yo la entendiera.
Cada boletín de la estación de radio controlada por el Gobierno comenzaba con lo que “su Excelencia, el santo presidente Daniel Toroitich Arap Moi” había dicho o hecho. Visitó una escuela. Plantó un árbol. Ayudó a un grupo de mujeres. Asistió a la iglesia. Dijo que la agricultura era la columna vertebral de nuestra nación. Dijo que éramos afortunados por vivir en Kenia. Durante el día, el éter se llenaba de canciones que repetían el mensaje del Padre de la Nación, recordando a los kenianos que debían seguir sus pasos.

El mañana efímero que llegó para quedarse


El mañana efímero que llegó para quedarse/J. A. González Sainz, escritor. Su última novela publicada es Ojos que no ven (Anagrama).
El País |7 de diciembre de 2013
Lo peor que puede pasar a veces con el tiempo es que no pase; que lo que tendría que ser efímero, cosa de un día o por lo menos de corta duración, se estanque y persevere. Porque lo que se estanca tiene tendencia a descomponerse y corromperse.

En estas fechas hace exactamente un siglo que Antonio Machado escribió su célebre poema El mañana efímero, y es, si bien se lee, como si lo hubiese escrito hoy mismo. ¿1913 hoy? Mucho me temo que sí. El tiempo, se echa de ver si uno se fija con atención en el poema, parece no haber pasado en España en algunos aspectos importantes. Da la impresión de haberse estancado y, en consecuencia, bien podría haberse corrompido. Aunque cabría también otra deducción, y es que el tiempo sí haya pasado para nuestro país, pero mayormente en vano. Y puede que, para presidir el paso del tiempo y el curso de las cosas, no haya nada peor que la vanidad, que nada sirva nunca para mejorar nada.

La fe de Nelson Mandela/Guy Sorman,


 La fe de Nelson Mandela/Guy Sorman, filósofo y ensayista.
Publicado en ABC |7 de diciembre de 2013;
Nelson Mandela tuvo varias vidas: militante comunista, prisionero pacifista y un presidente carismático. También fue el único en recibir el premio Nobel de la Paz después de haber recibido el premio Lenin, y luego la Medalla de la Libertad, la más alta condecoración estadounidense. ¿Qué hilo conductor pudo unir todas estas vidas sucesivas y aparentemente un poco contradictorias? Nos arriesgaremos aquí a adelantar una hipótesis que sin duda confirmarían sus carceleros, y luego los afrikáners que negociaron con él el fin del apartheid: el camino de Mandela, que le llevó de la violencia a la redención, fue trazado por su fe cristiana.

¿Mandela cristiano? Adquirí esta convicción durante un solo encuentro en Johannesburgo en 1992. La influencia de Mandela, a la que todos sus interlocutores eran sensibles, me pareció más de tipo mística que política.

La Sudáfrica de Mandela/Julia Pérez


La Sudáfrica de Mandela/Julia Pérez, licenciada en Historia, autora del libro ‘Nelson Mandela’ (Fund. Mounier, Madrid, 2012).
La Vanguardia |7 de diciembre de 2013
Nelson Mandela era un nombre muy conocido en todo el mundo. Casi nadie ignora que se trata de una persona que estuvo en prisión 27 años, que fue un resistente comprometido con el ideal de sacar a su pueblo de la política del apartheid a que le tenía sometido la minoría gobernante blanca, y que su personalidad fue capaz de allanar el difícil camino hacia una Sudáfrica en la que el gobierno se eligiera con el voto de todos los sudafricanos. A ello llegaría tras mucho sufrimiento pero altas dosis de optimismo, creencia en la posibilidad de su tarea e incansable actitud de diálogo.

Desde el momento en que el Gobierno del Partido Nacional, con Botha como presidente, decide entablar conversaciones con el prisionero Mandela por considerarle el representante del Congreso Nacional Africano con mayor carisma y capacidad de diálogo, la labor de Mandela será larga, de 1985 a 1994.