14 feb. 2009

Referéndum en Venezuela

Otro referéndum para el comandante/Ibsen Martínez, escritor venezolano
Publicado en EL PAÍS, 14/02/2009,
Según las cuentas que hizo un acucioso historiador venezolano, ya a mediados del siglo XX, Venezuela se había dado -es un decir- veintitantas Constituciones y vivido más de 120 pronunciamientos militares, entre golpes exitosos e intentonas, desde que se hizo a la vida independiente y sedicentemente republicana.
Eso hace un promedio de 3.12 Constituciones por dictador y algo así como el 0.4 por caudillo. Solamente el general Juan Vicente Gómez, quien patriarcalmente nos tiranizó durante 27 años, se hizo redactar
siete de ellas, promediando poco menos de una cada cuatro años.
Todo ello podría llevar a pensar que los venezolanos ostentamos un récord regional de descontento con nuestras Constituciones, sobre todo cuando se piensa que el país vecino, Colombia, sólo ha tenido ocho en casi 180 años. La penúltima estuvo en vigor durante 105 años, desde 1886 hasta 1991. Pero, en realidad, el “pueblo soberano” de mi país poca ocasión ha tenido de sugerir cambios, pues, en la mayoría de los casos, han sido los propios caudillos quienes han mutado en constitucionalistas.
En sólo 10 años, el presidente Hugo Chávez ha promovido ya varias enmiendas a la Constitución de 1999 que él mismo promovió y llegó a elogiar como “la más perfecta del mundo”. Recuerdo el tiempo, remoto ya, en que mostraba -blandía, mejor- un ejemplar en miniatura de la Constitución en cada emisión de su programa dominical, Aló, presidente.
Solía llamarla “la bicha”, al tiempo que escarnecía a sus adversarios. Sacaba el librito del bolsillo de su guerrera cada vez que invocaba su apego a la ley fundamental del país. De entonces a la fecha se han modificado, a instancias suyas, radicalmente algunas de sus provisiones, si bien Chávez preferiría decir que se han “perfeccionado”. Mañana no se transmitirá el maratónico programa debido a que se someterá a referéndum una enmienda más, que afecta el principio de alternabilidad.
Si esta enmienda pasase, Chávez podría postularse indefinidamente al final de cada periodo presidencial de seis años. De modo que, si Dios le da salud y nos lo conserva, a partir de 2012, cuando cumplirá 14 años en el poder, Chávez podrá postularse por tercera vez y, a partir de entonces, cada seis años hasta alcanzar la anhelada fecha de 2024, en que aspira a presidir las conmemoraciones del bicentenario de la batalla de Ayacucho, antes de retirarse a los 70 años, según nos lo ha anunciado.
Como un Cincinato llanero, se irá entonces a la remota población de Achaguas, donde no querrá más presidencia que la honorífica de sus fiestas patronales. Donde lo esperan una hamaca, sus nietos y, quizá, la redacción de sus memorias, pero eso sólo si la defensa de la revolución no lo llama de nuevo al combate.
Llegados aquí creo que calza muy bien llamar la atención sobre el sí o el no de la consulta. Pocos medios extranjeros han realzado lo farragoso de la pregunta. ¿Qué propone la enmienda? Para ayudar al lector a hacerse un juicio, aquí se la pongo. Luego iremos por partes. Perdone usted la extravagante puntuación de los legisladores y, hacia el final de la pregunta, el chirriante gerundio:
¿Aprueba usted la enmienda de los artículos 160, 162, 174, 192 y 230 de la Constitución de la República tramitada por la Asamblea Nacional que amplía los derechos políticos del pueblo con el fin de permitir que cualquier ciudadano o ciudadana, en ejercicio de un cargo de elección popular, pueda ser sujeto de postulación como candidato o candidata para el mismo cargo por el tiempo establecido constitucionalmente dependiendo su posible elección exclusivamente del voto popular?”.
Sugerir que la elección de alguien para un cargo de elección popular pueda depender de algo distinto al voto popular da mucho que pensar sobre el inconsciente del legislador. Pero, en fin; ésa es la pregunta que a duras penas cabe en la pantallita de las máquinas de votar y a la que habrá que responder sí o no.
El Gobierno defiende el espíritu de la enmienda -la redacción de la pregunta es, ciertamente, indefendible- diciendo que se trata de ampliar los derechos ciudadanos al permitirnos a los venezolanos premiar con una reelección a aquellos funcionarios “que lo hayan hecho bien”.
Los voceros gubernamentales desechan, además, el principio de alternabilidad como una martingala liberal-burguesa que impide que un hombre providencial nos gobierne sabiamente durante todo el tiempo que queramos.
La oposición señala que eso de “las ciudadanas y los ciudadanos” es un añadido demagógico que no alcanza a enmascarar el personalista designio de Chávez de perpetuarse en el poder, pues, hasta hace pocas semanas y según el fraseo original de Chávez, la enmienda original sólo valía para la presidencia.
El argumento opositor de mayor peso es el de que la enmienda de estos artículos ya formó parte de la igualmente enmarañada propuesta de reforma constitucional derrotada en el referéndum de 2007. En consecuencia, al ser cosa juzgada, Chávez viola la Constitución al insistir en ello durante un mismo periodo constitucional.
El Tribunal Supremo salió ya al paso a esta objeción al sentenciar que en aquella oportunidad se trató de una reforma constitucional, mientras que ahora se trataría de una simple enmienda, referida a un principio -el de alternabilidad- que no sería esencial para una democracia. De modo que, en opinión del Supremo, Chávez puede convocar el mismo referéndum cuantas veces quiera, incluso cada año de cada periodo, hasta obtener el resultado apetecido.
Este distingo semántico-constitucionalista entre “reforma” y “enmienda” que Chávez y los suyos han hecho hacer valer es, además de fullero, muy congruente con la probada disposición de Chávez de desconocer los resultados adversos.
El referéndum fue convocado en noviembre pasado, a pocos días de haber sufrido un importante revés electoral en los comicios regionales. Si bien a todas luces inconstitucional, la oposición venezolana, acogotada por el ventajismo mediático y por la enorme capacidad de extorsión que pueden tener las bombas lacrimógenas, los perdigonazos y la chequera de un petrocaudillo populista, no ha tenido más camino que hacer campaña por el no.
Para los estudiantes venezolanos, principales activistas del no, es como si Evander Hollyfield se subiese al ensogado con un chico de 12 años. Algo llamativo en este referéndum está en que, sea cual fuere el resultado, Chávez todavía tendrá cuatro años de gobierno por delante. ¿Por qué la prisa en asegurar su reelección?
La caída en picado de los precios del crudo hacen prever que Chávez tendrá, forzosamente, que tomar ortodoxas y duras medidas si quiere que el dinero rinda a su prometeico plan continental de “socialismo del siglo XXI”. Devaluaciones e impuestos asoman ya a un panorama económico en el que Venezuela es, más que nunca, un Estado monoproductor que depende en un 90% de los ingresos petroleros.
En el pasado reciente, Chávez no ha mostrado respeto alguno por los resultados electorales que le han sido adversos. De hecho, las autoridades de oposición electas en noviembre se las han visto negras para tomar posesión de sus cargos, ante la escalada de violencia que, por ejemplo, ha impedido que el alcalde mayor despache desde su sede, ocupada desde hace tres meses por turbas armadas.
Chávez ha hecho en el pasado de cada elección un plebiscito en torno a su persona. De ganar el sí, la oposición teme, con razón, que Chávez interprete esa victoria como un mandato para ir a toda máquina hacia un régimen decididamente dictatorial.
Quizá por eso la consigna más ingeniosa y decidora que ha salido de las filas estudiantiles ha sido: “Mejor que no“.

Volver a empezar

Volver a empezar de cero/ Said Aburish, escritor y biógrafo de Sadam Husein, autor de Naser, el último árabe
Publicado en LA VANGUARDIA, 14/02/2009;
Las personas que critican la política occidental en Oriente Medio tienden a olvidar el grado de coherencia de que ha hecho gala a lo largo del tiempo. Occidente heredó Oriente Medio de la Turquía otomana durante la Primera Guerra Mundial y nunca se ha desviado de una política que apelaba a la forja de alianzas con líderes impopulares en contra del pueblo árabe. La razón por la que Occidente sigue presente en Oriente Medio estriba en su interés por convertir a los líderes árabes en sheriffs a su servicio, y tal es asimismo la razón por la que Occidente sigue siendo impopular a ojos del árabe medio.
Muchos creen que las cosas continuarán así. Otros juzgan que los días de Occidente están contados y que una política que apela a que se niegue al árabe medio el derecho de participar en la construcción de su futuro está condenada al fracaso. Pero los gobiernos occidentales saben lo que están haciendo. La política occidental no ha sido un fracaso y probablemente se mantendrá en el futuro previsible.
Una política que ha protegido durante un siglo los intereses occidentales en esta región rica en petróleo ha de considerarse un éxito.
Entre las personas que lamentaron históricamente tener que apoyarse en una forma de gobierno antidemocrática o en fuerzas no democráticas, figuran las figuras sobresalientes del primer ministro británico Harold Macmillan y el muy influyente presidente del comité de Relaciones Exteriores del Senado estadounidense William Fulbright en los años cincuenta y sesenta. Macmillan lamentó no tratar a líderes populares y Fulbright declaró abiertamente: “Hablamos con todo el mundo, excepto con las personas corrientes”. En el curso del tiempo, otras voces han señalado el mismo defecto.
Este tipo de equivocación estratégica ya resulta suficientemente negativo y perjudicial tal como es, pero cuando se perpetúa se convierte en un desastre de enormes proporciones. Durante una reciente visita a El Cairo, me reuní largamente con diplomáticos estadounidenses y británicos y me mortificó comprobar que el problema de no tratar con la gente corriente seguía presente. Incluso, si acaso, había empeorado. Pero, a diferencia de tiempos pasados, los dos países no tienen a mano grupos o sectores de población en que apoyarse. En otro tiempo, Gran Bretaña apoyó a los pachás egipcios, a los jefes tribales de la península Arábiga, a los descendientes del profeta en otros lugares, y así sucesivamente. Difícilmente cabría afirmar que fueran representantes del pueblo, pero eran de elevado origen social y conocedores de su país. Extremo que incitó al embajador británico lord Curzon a decir: “No gobernamos Egipto, gobernamos a quienes gobiernan Egipto”.
Si de eso se trata, en la actualidad los estadounidenses gobiernan a los que gobiernan Egipto, Arabia Saudí, Jordania y los demás. En todo Oriente Medio, la calidad y valía de quienes gobiernan Egipto, Arabia Saudí y Jordania en la actualidad es considerablemente inferior a la de los líderes anteriores, aunque sigan perteneciendo a las mismas familias o grupos.
El presidente de Egipto, Hosni Mubarak, no puede compararse a sus colegas Gamal Abdel Naser y Anuar el Sadat. Naser fue un soñador visionario que quería unir a los árabes en un país grande e independiente.
Sadat fue la otra cara de la moneda. No abrigaba intereses más allá de Egipto, pero quería la paz y firmó un acuerdo de paz con Israel. Aunque provocó la ira de mucha gente, era una política que debía continuar. Hoy Mubarak no representa a nadie excepto a sí mismo. Egipto intenta redefinirse para asumir una nueva identidad. Ya no es líder de los árabes y no sabe si seguir una línea árabe o musulmana
, incluso si debería luchar por el liderazgo regional. Se considera que el Gobierno de Mubarak es más corrupto que los anteriores y que quiere que su hijo le suceda.
La cuestión clave estriba en saber si los problemas que afronta Occidente en Oriente Medio se circunscriben al nivel de las actitudes. Hace días, Barack Obama hizo algo que George W. Bush ni siquiera habría considerado. En una intervención en el canal de televisión Al Arabiya, dijo a los árabes y musulmanes que EE UU no era su enemigo. No defendía a Occidente ante ningún tribunal ni modificaba su política hacia la región, simplemente no se mostraba beligerante, no habló en tono condescendiente con árabes y musulmanes y según las primeras reacciones su discurso recibió una respuesta muy favorable.
No estoy apuntando que los problemas entre árabes y musulmanes y EE UU se reducen a una cuestión de actitud, sino que ambas partes se han acusado mutuamente de tantos crímenes, que realmente están convencidos de ellos. EE UU cree efectivamente que los combatientes de Hamas usan a niños como escudos humanos. Al propio tiempo, Hamas cree efectivamente que EE UU utiliza Oriente Medio para probar nuevas armas contra los árabes. La consecuencia de la eliminación del mal ambiente que reina entre las dos partes sería mostrar las cosas como lo que son. Los árabes abandonarían las ideas o tentaciones de borrar a Israel del mapa e Israel dejaría de imponer por la fuerza su voluntad y de supeditar su sentido de humanidad a los beneficios y ventajas de sus decisiones. Necesitamos grandes personalidades políticas, pero tal cosa es un logro improbable. Como me dijo un amigo mío israelí, “es una época de enanos: sabemos lo que podemos esperar”.

Gaza, la realidad y el dogma

Gaza: la realidad y el dogma/Por Joan B. Culla,
Publicado en EL PERIÓDICO, 14/02/2009;
Como viene sucediendo tras las últimas crisis bélicas árabe-israelís (segunda Intifada, campaña contra Hizbulá del 2006…), el silencio –siquiera relativo– de las armas en Gaza ha dado paso a un goteo de informaciones francamente perturbadoras fruto del relato mediático dominante entre nosotros acerca de lo sucedido en la franja hasta el pasado 18 de enero, y también a una serie de datos que emborronan el limpio esquema maniqueo según el cual Hamás fue el heroico defensor de los palestinos frente a la vesania asesina del Ejército israelí. Resumamos brevemente algunas de esas novedades.Ya el 21 de enero, el enviado especial a Gaza del Corriere della Sera, Lorenzo Cremonesi, explicaba desde el lugar de los hechos cómo, durante las semanas de combates, patrullas vecinales habían tratado de impedir que los guerrilleros islamistas utilizasen sus viviendas habitadas, sus azoteas, sus patios, para abrir fuego contra los israelís. “Los milicianos de Hamás buscaban aposta provocar a los israelís. Eran a menudo chiquillos de 16 o 17 años, con metralletas. No podían hacer nada contra tanques y aviones. Pero querían que disparasen contra nuestras casas para acusarlos después de crímenes de guerra”, relató un vecino del barrio de Tel Awa. La misma crónica daba cuenta de la utilización de ambulancias para transportar combatientes, del despliegue de estos junto a hospitales, escuelas y edificios de la ONU, así como del asesinato de decenas de militantes de Al-Fatá bajo la acusación de quintacolumnistas.
Otros periódicos europeos (por ejemplo, ABC del 23 de enero) recogieron el lamento de habitantes de Beit Lahia, Beit Hanun o Jabalia que habían abandonado sus casas para protegerse del ataque israelí en lugares más seguros y, de regreso, las hallaron destruidas, con evidencias de haber servido de bases y puestos de tiro a los hombres de Hamás. En la misma línea, pero con más contundencia, se expresó el 28 de enero, en Nueva York, el vicesecretario general de la ONU para Asuntos Humanitarios, John Holmes. Sin ahorrar críticas a la actuación de Israel, el diplomático británico dijo de Hamás: “su uso irresponsable y cínico de instalaciones civiles y el indiscriminado disparo de cohetes contra las poblaciones civiles representan claras violaciones del derecho internacional humanitario”.
TRAS ESTA clara y cualificada referencia al empleo de escudos humanos por parte de los islamistas, fue la agencia de la ONU para los refugiados palestinos la que denunció, los días 3 y 6 de febrero, dos episodios de robo a gran escala de ayuda humanitaria en la franja de Gaza; robos perpetrados por la policía de Hamás con ánimo de mantener su control totalitario sobre la población del territorio, y que obligaron a la UNRWA a suspender la distribución de esa ayuda hasta conseguir la restitución de lo incautado. Al mismo tiempo, y bajo la presión de ciertas investigaciones periodísticas (así, la del diario canadiense The Globe and Mail, publicada el 29 de enero), el 4 de febrero el coordinador humanitario de la ONU en Jerusalén, Maxwell Gaylord, reconocía que no hubo bombardeo israelí de una escuela de la UNRWA en Jabalia, el 6 de enero: “todos los impactos de proyectiles y todos los muertos se produjeron en el exterior, y no dentro del recinto del colegio”, precisó.
Por supuesto, la gran mayoría de los medios que derrocharon tinta y adjetivos truculentos para abominar del ataque israelí han relegado todos estos matices y nuevos datos a un rincón o, simplemente, los han ignorado; claro está, ninguno de los columnistas que dictaron contra Israel durísimas condenas morales ha rectificado ni una tilde. Y es que, al parecer, un loable afán de apoyar al débil bloquea, en periodistas y opinadores, cualquier espíritu crítico hacia el campo palestino o quienes lo defienden. ¿Cómo entender, si no, que ante la arenga antiisraelí de Erdogan, el primer ministro turco, en Davos, nadie haya atinado a recordarle lo que su Gobierno y todos los anteriores llevan haciendo en el Kurdistán desde hace décadas, las decenas de miles de muertos, de torturados, de desaparecidos…? ¿Y qué decir de la cínica apelación madrileña de Alí Lariyaní, el presidente del Parlamento iraní, a “los crímenes de Israel”, cuando él representa a uno de los regímenes más sangrientos y liberticidas del planeta?
PERO, COMO recomendaba el viejo aforismo, que la realidad no nos estropee un buen reportaje. O sea: que las complejidades de la crisis de Gaza y de sus antecedentes, que el carácter fanático y racista de Hamás, que su desprecio absoluto por la vida de los civiles palestinos cuya causa ha secuestrado, que las manipulaciones propagandísticas ahora desveladas no nos alteren el cómodo dogma de la maldad intrínseca de Israel, de la bondad angélica de cuantos resisten a la “ocupación sionista”, etcétera. Y para que la realidad no nos rompa los esquemas
, lo mejor es ignorarla: en estas mismas páginas hubo quien aseguró que a los partidos árabes israelíes se les prohibía presentarse a las elecciones del 10 de febrero…; pues si echa un vistazo al escrutinio comprobará que, al menos en este aspecto, Israel no es ni Euskadi ni España.De todos modos, no cabe hacerse ilusiones: nada hay más granítico que el sectarismo indocumentado. Ahora mismo, el análisis de las elecciones israelís, llenas de “derechistas” y “ultraderechistas”, ya le está dando ocasión de lucirse

Susan Sontag


Muerte lenta de Susan Sontag/Antonio Muñoz Molina
Publicado en Babelia de El País, 14/02/2009;
En los escaparates de las librerías de Nueva York hay una bella edición recién aparecida de los diarios de Susan Sontag, con una foto en la portada de una mujer joven de los años cincuenta, o primeros sesenta, morena, con un cierto parecido a Natalie Wood, con un cigarrillo en la mano, sostenido con esa afectada naturalidad con la que en esa época se dejaban retratar fumando los intelectuales. En otro libro donde ella también está en la portada, Susan Sontag es ya la mujer célebre y madura con la melena poderosa cruzada por un mechón de pelo blanco: es la edición de bolsillo de Swimming in a Sea of Death, el testimonio de la agonía y la muerte de Sontag escrito por su hijo, David Rieff, que tiene casi la sequedad de un informe clínico, la tensión insoportable de ese llanto que atenaza la garganta y estallará como un quejido. La simultaneidad de los dos libros, de las dos fotos, traza el arco completo de una biografía. En los diarios Susan Sontag empieza siendo, a los catorce y quince años, una adolescente de una pedantería aterradora, pero también muy cómica, ansiosa por leerlo todo, por ver todas las películas y escuchar todas las obras maestras de la música clásica, melodramáticamente en rebeldía contra el tedio de la vida doméstica y de la provincia americana. Nada es lo bastante elevado para ella: encuentra fallos imperdonables a La montaña mágica y la escritura de Faulkner en Luz de agosto le parece vulgar; leyendo a Gide encuentra por fin un alma gemela: "Gide y yo hemos alcanzado una comunión intelectual tan perfecta...".
En el diario, como cualquier adolescente, Sontag inventa un personaje de sí misma: lo que asombra es el tesón con que dedicó su vida entera a construir ese personaje, alimentándolo con una bulimia intelectual que le duró siempre, y que tal vez siempre excluyó el ácido corrosivo de la ironía hacia uno mismo, que es uno de los rasgos a los que la adolescencia es impermeable. Muchos años después, cuando ya estaba muriéndose de una muerte lenta y dolorosa que se negaba a aceptar, le confesó a su hijo algo que suena más propio de un adolescente que de una mujer de setenta: "Esta vez, por primera vez en mi vida, no me siento especial".
A los quince años llenaba su diario con listas de libros, de películas, de óperas y sinfonías que le era imperativo descubrir: después de su muerte, su hijo encontró entre sus cosas recortes de reseñas de restaurantes a los que quería ir y de novedades literarias que ya no había podido leer. Comparaba la voracidad lectora con la sexual, y la entrada del diario en la que cuenta una aventura erótica primeriza con otra mujer consiste sobre todo en la lista de obras musicales -Scriabin, Bartók, Shostakóvich- que escuchaban mientras hacían el amor. El éxtasis no puede ser más elevado: Sex with music. So intellectual!
En 1975 padeció un cáncer por primera vez. Le dijeron que las probabilidades de supervivencia eran escasas, pero se sometió a la operación más radical de las que proponían los médicos. Su hijo recuerda los detalles con la precisión de un informe. En esa intervención a la paciente le quitaban "no sólo el pezón y la aureola y la mama entera, sino también los músculos del pecho y los nódulos linfáticos de las axilas, que en el caso de mi madre se habían revelado como cancerosos". Se sometió a quimioterapias terribles y escribió después sobre la enfermedad con una clarividencia helada. Uno cree pertenecer al reino de los sanos, pero un día le toca descubrir que al nacer le dieron doble nacionalidad y que ahora pertenece también al reino vasto y hasta entonces casi invisible para él de los enfermos, y desde ese día ni uno mismo ni el mundo vuelven a ser los que eran. En los años noventa, cuando se había retirado a una casa de campo en Italia queriendo resolver en la soledad una novela difícil, empezó a orinar sangre. Regresaría el miedo intacto, en el fondo nunca mitigado, la advertencia de que seguía conservando su nacionalidad sombría en el reino de los enfermos, pero le importaba mucho no parar de escribir y no fue al médico ni dijo nada a nadie. Terminó la novela, le hicieron pruebas, le encontraron otro cáncer, un sarcoma uterino.
Lo superó también pero después supo que a un precio muy alto: la quimioterapia que le dieron entonces favoreció el crecimiento de otro cáncer que se reveló unos años más tarde, una forma especialmente cruel de leucemia, que no da a quien la sufre un plazo de supervivencia de más de nueve meses. El relato de David Rieff empieza el 28 de marzo de 2004, en el aeropuerto de Heathrow, en esa desolación de un trasbordo entre dos viajes muy largos. Tiempo de nadie en la tierra de nadie de una sala de espera. Había volado hasta Londres desde Oriente Próximo y esperaba la salida de un vuelo hacia Nueva York. Llamó a su madre para avisarle de que volvía y
ella le dijo que se había hecho uno de sus análisis habituales y que los resultados no eran buenos. A partir de ahí el libro es una pesadilla iluminada por una claridad como la que no se apaga nunca en los corredores de las clínicas, atravesada por una obsesión como la del enfermo que haga lo que haga está pensando siempre en su enfermedad, sospechado su avance en el cuerpo, su invasión todavía imperceptible. Es la obsesión de Susan Sontag por no morir y la del hijo preguntándose si hizo bien o no en secundar la ceguera insensata de su madre, la venenosa esperanza que la impulsaba a no resignarse y a someterse a tentativas de curación que tan sólo servían para agravar su martirio, a una operación de trasplante de médula que no tenía la menor probabilidad de éxito en una mujer de setenta años que llevaba casi la mitad de su vida minada de un modo u otro por la enfermedad.
"Mi madre se había visto siempre a sí misma como alguien cuya hambre de verdad era absoluta. Después del diagnóstico el hambre persistió, pero su desesperación no era por la verdad sino por la vida". Susan Sontag no aceptaba para sí el destino común, la fatalidad de desaparecer. Ella, tan especial, ¿iba a morir? Tenía tanto que escribir todavía, tanto que hacer, la esperaban tantos viajes y tantos libros y óperas y restaurantes. Pudo haberse deslizado hacia la muerte con cuidados paliativos y prefirió el tormento de los quirófanos y la quimioterapia. Sólo muy cerca del final pareció rendirse, cuenta David Rieff. Preguntó por él y le pidió que se acercara. "Quiero decirte...", murmuró apenas a través de los labios llagados. Pero no dijo nada y ya no volvió a hablar. Siguió viva unos días, pero ya estaba lejos, recuerda su hijo. Se había retirado a un lugar muy dentro de sí misma. Uno quisiera saber si antes de extinguirse Susan Sontag volvió a vislumbrar el sueño intacto de la vida futura que había inventado en sus primeros diarios.
Reborn: Journals and notebooks, 1947-1963. Susan Sontag y David Rieff. Farrar Straus & Giroux, 2008. 336 páginas. Mondadori publicará el libro en España a finales de año. Un mar de muerte. Recuerdos de un hijo. David Rieff. Traducción de Aurelio Major. Debate. Barcelona, 2008. 149 páginas.

Chamanes, magos y etcétera

Letras satánicas/Clara Sánchez, (Guadalajara, 1955) obtuvo el Premio Alfaguara de Novela en 2000 por Últimas noticias del paraíso. Su última novela publicada es Presentimientos (Alfaguara, 2008). www.clarasanchez.com
Publicado en Babelia, de El País, 14/02/2009;
¿Creéis en los adivinos, los magos, las ciencias ocultas, los poderes paranormales, en los ángeles y los demonios? La mayoría contestaríamos que no, sin embargo, el tarot, el I-ching, el péndulo y todo lo que pueda revelar algo sobre el futuro se ha ido implantando con fuerza en nuestra vida cotidiana, incluso la brujería y, de forma menos evidente, las sectas satánicas. Lo que hace unos años era considerado cosa de crédulos y de ignorantes está siendo asumido por las elites culturales. A nadie le avergüenza decir que le han echado las cartas o que le han leído la mano, por hablar de las prácticas más corrientes y menos retorcidas. Además, en tiempos de crisis cualquier ayuda es buena aunque venga del lado oculto.
Alguien que sin duda ha ayudado a romper el muro del pudor esotérico ha sido el popular Alejandro Jodorowsky, que no sale en televisión sin su baraja de cartas, algo que hasta ahora ha estado reservado a las adivinas del 806. Y hace unas semanas, el superventas Paulo Coelho ha confesado en una entrevista haber practicado el satanismo y ser seguidor del temible mago Aleister Crowley. Hay que reconocer que mal no les ha ido a estos escritores, por lo que cuando se habla de la magia de la literatura habrá que entenderlo en sentido literal.
¿No es maravilloso este candor, esta confianza en las fuerzas del más allá? Para mí uno de los episodios más bonitos de la credulidad humana se lo debemos a Arthur Conan Doyle (creador del racional Sherlock Holmes), muy interesado en el espiritismo y que creía firmemente en hadas y gnomos hasta el punto de viajar a un pueblecito inglés llamado Cottingley para ver por sí mismo el nido de hadas fotografiado por unas niñas en un bosque cercano a su casa. De esta experiencia salió una pequeña joya llamada El misterio de las hadas, donde Conan Doyle recoge con pormenor el uso y costumbres de estos pequeños seres. Y lo más increíble es que desde 1917 hasta 1982 sólo las niñas supieron que las fotos estaban trucadas, los demás hicieron la vista gorda, prefirieron creer.
Otro suceso lleno de encanto corresponde a Fernando Pessoa, cuya inteligencia es una de las más grandes y claras que ha dado la poesía. Fue precisamente interesándome por su vertiente esotérica cuando me enteré de su relación con Aleister Crowley, también conocido por la Bestia 666, cuyo lema era "haz lo que quieras". Drogas, sexualidad libre, magia negra. Se le considera
un avanzado del hippismo y entre sus seguidores se encuentra (además del mencionado Coelho) Jimmy Page, del grupo de rock Led Zeppelin, que compró incluso su casa, la maldita Boleskine House. La Bestia escribió docenas de libros. Y fue leyendo uno de ellos, las Confesiones, cuando Pessoa, experto en astrología, descubrió un error en el horóscopo que de sí mismo había hecho Crowley. Lo que no podía imaginarse es que al comunicárselo, el satánico decidiese ir a Lisboa a conocerle. Por lo visto, Pessoa estaba aterrado ante su visita y deseaba con toda su alma que no pudiera llegar, lo que casi ocurre cuando el barco en el que viajaba se retrasó por culpa de la niebla. Pero al final llegó. Ángel Crespo lo cuenta así: "En tierra, Fernando Pessoa, transido y tímido, ve avanzar hacia él a un hombre alto, de anchas espaldas, envuelto en una capa negra, cuyos ojos, maliciosos y satánicos al mismo tiempo, le miran reprensivamente, mientras exclama: 'Pero ¿qué idea ha sido ésa de enviarme una niebla para allá arriba?". -

Amores que matan nunca mueren


Contigo de Joaquín Sabina
Yo no quiero un amor civilizado,
con recibos y escena del sofá;
yo no quiero que viajes al pasado
y vuelvas del mercado
con ganas de llorar.
/
Yo no quiero vecinas con pucheros;
yo no quiero sembrar ni compartir;
yo no quiero catorce de febrero
ni cumpleaños feliz.
/
Yo no quiero cargar con tus maletas;
yo no quiero que elijas mi champú;
yo no quiero mudarme de planeta,
cortarme la coleta,
brindar a tu salud.
/
Yo no quiero domingos por la tarde;
yo no quiero columpio en el jardín;
lo que yo quiero, corazón cobarde,
es que mueras por mí.
/
Y morirme contigo si te matas
y matarme contigo si te mueres
porque el amor cuando no muere mata
porque amores que matan nunca mueren.
/
Yo no quiero juntar para mañana,
no me pidas llegar a fin de mes;
yo no quiero comerme una manzana
dos veces por semana
sin ganas de comer.
/
Yo no quiero
calor de invernadero;
yo no quiero besar tu cicatriz;
yo no quiero París con aguacero
ni Venecia sin ti.
/
No me esperes a las doce en el juzgado;
no me digas volvamos a empezar;
yo no quiero ni libre ni ocupado,
ni carne ni pecado,
ni orgullo ni piedad.
/
Yo no quiero saber por qué lo hiciste;
yo no quiero contigo ni sin ti;
lo que yo quiero, muchacha de ojos tristes,
es que mueras por mí.