24 jun. 2009

Ana Laura magaloni y Alejandro Martí

Foro Nacional Seguridad con Justicia
Discurso de la Dra. Ana Laura Magaloni Kerpel, Académica del Centro de Investigación y Docencia
Económica.
Hace un año, señor Presidente, la Administración de su Gobierno, junto con todas las fuerzas políticas del país, llegaron a un acuerdo fundamental.
El Estado mexicano para reconstruir su autoridad frente al crimen y restablecer la paz en forma duradera no sólo requería de mayores instrumentos policiales y técnicos, también necesitaba un sistema de procuración e impartición de justicia capaz de operar dentro de los presupuestos de un Estado de Derecho.
Sólo un sistema con esas características podía darle la legitimidad duradera a las acciones del Gobierno en su lucha contra el crimen. A un año de esta decisión política, no sabemos aún cómo poner en marcha la Reforma a la procuración e impartición de justicia en México.
El propósito central de este Foro es, precisamente, propiciar un diálogo entre la sociedad y los principales tomadores de decisión para comenzar a ponerle nombre y apellido a los múltiples desafíos que presenta la denominada Reforma de Juicios Orales.
Quisiera hacer un reconocimiento a todos mis amigos de la Red Ciudadana por la Seguridad con Justicia, y, en particular, a Ernesto Canales y a Alejandro Martí, por haber hecho posible este espacio de discusión.
Está claro que los desafíos técnicos de esta Reforma son enormes. La experiencia de otros países permite constatar que las reformas a estas instituciones muy fácilmente se corrompen y comienzan a reproducir las mismas prácticas, que en principio, querían erradicar.
Sin embargo, yo estoy segura que en México estamos en condiciones para elaborar una estrategia de implementación lo suficientemente sólida como para hacer frente a todos y cada uno de estos desafíos.
Sí creo que es posible tener instituciones que funcionen bien, que tengan vocación de servicio público y que coloquen en el eje central a los ciudadanos, sea en su calidad de víctimas o de acusados.
Hoy por hoy, el desafío mayor está en el ámbito político; sólo es posible construir sistemas de procuración e impartición de justicia eficaces si se permite que estas instituciones desarrollen la autonomía y fuerza suficientes como para resistir cualquier intento de manipulación política o económica.
Esto e: frente a la aplicación de la ley penal no puede haber ya negociación posible ni favoritismos políticos; ésta es la condición política, indispensable para que estas instituciones florezcan y para que se desempeñen con vigor y profesionalismo.
A estas alturas, todos sabemos que el sistema no funciona, que éste es profundamente arbitrario e ineficaz para los ciudadanos comunes y corrientes, que víctimas y acusados se enfrentan a una maquinaria que es incapaz de dar una respuesta satisfactoria a sus demandas de justicia.
El sistema no está pensado para los ciudadanos; el sistema sólo sirve para aquél que se beneficie de su alta capacidad de manipulación: los delincuentes, los policías coludidos, los funcionarios y políticos corruptos y todos aquellos que tienen el interés y el poder económico para sobornarlo.
Este sistema fue diseñado para operar en un contexto de baja incidencia delictiva y de enorme centralización del poder.
En ese contexto, la procuración de justicia no requería ser una institución de investigación y persecución criminal profesional, ni mucho menos una institución al servicio de los ciudadanos. Más bien, se requería una institución que fuese una amenaza creíble de la capacidad del Estado para castigar a sus detractores o a quienes desafiaban a los amigos del poder.
Hoy, al entrar a una Agencia del Ministerio Público cualquiera, vemos las reminiscencias de ese viejo y obsoleto diseño institucional, el cual en un contexto de descentralización del poder y de alta incidencia delictiva, termina beneficiando a quien lo puede manipular y corromper.
El impacto que ello tiene en las vidas concretas de millones de ciudadanos es inconmensurablemente injusto, desesperante y ofensivo.
La reforma de juicios orales debe ser discutida desde este reto político. La realidad no es un dogma de fe; tampoco por sí sola y como por arte de magia puede resolver los muchos problemas que tiene nuestro sistema de justicia criminal.
La realidad, sobre todo, debe ser concebida como un método de trabajo suficientemente potente como para romper el equilibrio existente y detonar cambios institucionales profundos.
Al desaparecer las pilas y pilas de papeles de las averiguaciones previas y la rigidez y formalismos legales a ella aparejados, se abre un espacio para emprender una profunda reingeniería en nuestras instituciones penales.
Esta reingeniería puede resolver los cuellos de botella y la corrupción en las agencias del Ministerio Público, mejorar el manejo y administración de casos, y reordenar los incentivos de todos los operadores del sistema hacia una gestión competitiva y eventualmente impecable.
Un sistema de juicios orales bien implantado fortalece la capacidad del juez para ejercer su función de control de arbitrariedad en el proceso de investigación, así como para desempeñar el papel de árbitros de la batalla legal.
Finalmente, también un sistema de estas características puede servir para poner a la luz todos los graves problemas de la defensoría pública y propiciar la construcción de esta abandonada institución.
En este sentido, la dualidad es un instrumento que tiene el potencial de ser el choque externo que el sistema necesita para transformarse y para servir eficazmente a los ciudadanos.
Sin embargo, no hay que confundir el instrumento con los objetivos de la Reforma. Esta Reforma se trata de la construcción de instituciones sólidas, capaces de operar dentro de los presupuestos de un Estado de Derecho, con capacidad para construir confianza y legitimidad en la ciudadanía y, a la vez, para operar con la autonomía y fortaleza que requieren para vencer a los distintos grupos de interés que hoy se benefician con una procuración e impartición de justicia débil, manipulable, oscura y corrupta.
Señores, señoras, señor Presidente:
La reforma de juicios orales es, finalmente, una pieza clave dentro de una apuesta mayor: la de construir, todos juntos, un país con instituciones a la altura de los sueños más ambiciosos de sus ciudadanos.
Muchas gracias.
***
Alejandro Martí García, Presidente de México SOS y representante de la Red Ciudadana por la Seguridad con Justicia.
Señor Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, licenciado Felipe Calderón Hinojosa; señor Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Ministro Guillermo Ortiz Mayagoitia.
Señor Presidente de la Cámara de Diputados, (se confundio con en nombre)
Señor Secretario de Gobernación, licenciado Fernando Gómez Mont; Secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna.
Procurador General de la República, Eduardo Medina Mora; señor Secretario Técnico del Sistema de Seguridad Pública, Jorge Tello Peón; Gobernador Constitucional de Morelos, Marco Antonio Adame.
Felipe Borrego, Presidente del Consejo para la Reforma Judicial (Sic)
Doctora Ana Laura Magaloni.
Señoras y señores:
Hace algún tiempo escuché del padre italiano Javier de Nicoló, en Bogotá, el concepto de Niños Blandos. Este padre ha dedicado su vida al trabajo con niños de la calle en Bogotá.
Se trata, según lo define él, de niños que no sirven sino para ser usados por el crimen; desde los cinco años hasta los 16, cuando suelen terminar su vida, casi siempre de forma violenta, se convierten en agentes de delito del narcomenudeo y del sicariato.
Son infantes reclutados en los espacios públicos, que la sociedad le va cediendo por temor y de manera paulatina a la delincuencia.
Eso, señor Presidente, queridos amigos, es lo que no queremos que les ocurra a nuestros hijos, ni lo queremos para nuestro México; sin embargo, los diagnósticos nos dejan poco espacio a la esperanza.
Hoy vemos que en las comunidades en las que los índices de violencia se han elevado, las personas se alejan de las áreas riesgosas, cediendo así los espacios públicos y desestructurando las actividades comunitarias.
Antes, las colonias eran públicas; ahora son comunidades cerradas, muchas veces vigiladas por grupos privados, tornándose en espacios aislados para la acción misma de la autoridad.
Esto, digámoslo claro, es pérdida de libertad, porque afecta a la organización social, la confianza, trastoca las normas de convivencia y desarticulan las redes de interacción social; afectan los valores fundamentales de la estabilidad democrática.
Esta violencia e inseguridad que parecerían epidémicas, han afectado las normas de confianza que son sustanciales para la convivencia social y las han tornado en actitudes de desconfianza, sospecha y temor entre ciudadanos.
Esto significa que estamos perdiendo ciudadanía por motivos del crimen y la impunidad, pero también, y más grave aún, por la indiferencia, la ineficiencia, la corrupción y la omisión de muchos miembros de nuestra clase política. No negamos, con justicia, que existen excepciones.
Veámoslos desde otro ángulo. Por un lado, el ciudadano se segrega por el temor a ser victimizado por la delincuencia; y por el otro, se muestra refractario a participar en el ejercicio democrático de la elección, motivado por el desencanto de los políticos.
La ciudadanía está victimizada por dos frentes hostiles: el delito y la ineficacia de los políticos en el combate al crimen; así como el agotamiento del sistema de justicia penal.
Eso puede llevarnos al grave riesgo del desencanto ciudadano por la democracia y a que se abra a tentaciones de opciones autoritarias.
Hay un segundo dilema que enfrentamos los ciudadanos. El combate al crimen organizado nos ha ido revelando cómo éste ha logrado infiltrarse por años ya no sólo en las estructuras policiacas, sino en las políticas, propiciando la duda en la legitimidad de las instituciones.
Señoras y señores:
Esto no puede suceder más. No más gobiernos sin ciudadanos. Ésta debe ser la hora, hoy debe ser la hora del ciudadano.
Nos dijeron que era sano para la democracia quitarle poder al Presidente y trasladarlo al Congreso.
Y ahora vemos a nuestros representantes populares atrincherados en sus mezquindades políticas, secuestrando el futuro del país, regateando la posibilidad de construir auténticas políticas de Estado y pensando sólo en su rentabilidad política.
Vemos un Congreso integrado por legisladores distanciados de la sociedad, y resulta un contrasentido si tomamos en cuenta los millones de pesos que nos cuestan a los ciudadanos. Ahí existe otra fuente de hartazgo social.
Señores:
El objetivo es México. No más un México sin ciudadanos.
Quiero ser enfático en aclarar que no propongo ir en contra del sistema del Gobierno representativo, ni de gobernar por medio de asambleas populares, sino que los representantes, efectivamente, respondan al mandato ciudadano y que cumplan con sus exigencias.
Estoy refiriéndome al fortalecimiento de las herramientas ciudadanas para la rendición efectiva de cuentas y para la fiscalización de las tareas sustantivas que están relacionadas con la seguridad y el combate al crimen y la impunidad, todo dentro de un marco institucional y bajo regulaciones claras, con protocolos de acción y también de responsabilidades.
Los observatorios ciudadanos de desempeño, por ejemplo, legislativo o de procesos judiciales, deben generalizarse, porque de otra forma las inercias retrasarán el cambio.
Saludo con beneplácito al Observatorio Nacional Ciudadano recién constituido, así como el Observatorio Ciudadano de la Justicia instalado hace unos meses por el Consejo de la Judicatura.
En el año 2000, la ciudadanía dio el impulso a la transición democrática; cambió el partido en el Gobierno Federal, pero aún no se ha desmantelado el andamiaje político que alentó por años la impunidad y la corrupción.
Las estructuras siguen intocadas y lo siguen para los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial. El sistema de privilegios persiste y se reproduce, el equilibrio entre poderes no ha logrado construirse de manera eficaz, parcelando para cada uno de ellos su propio sistema de privilegios.
La pregunta que debemos plantearnos es: cómo el ciudadano puede tomar el control de las instituciones que delegó a los políticos mediante la democracia representativa.
Eso es lo viable.
Yo digo que sí, simplemente diciendo no más. Como ciudadanos, debemos trasladar el costo político de la ineficacia y la impunidad de nuestra clase política a quienes los han postulado, es decir, a sus partidos políticos.
Por ello, recientemente convocamos desde México SOS al Pacto Nacional Ciudadano, Mi voto por tu Compromiso, con la finalidad de comprometer a los candidatos a diputados federales a impulsar las reformas que hagan realidad la reelección de legisladores, presidentes municipales y jefes delegacionales.
En este sentido, estamos convocando a estos mismos candidatos a puestos de elección popular a establecer un compromiso de cara a la ciudadanía, con un mecanismo de rendición de cuentas. De esta manera, generaríamos un sistema de equilibrio que permitiría a la ciudadanía premiar o castigar electoralmente a los funcionarios y a sus partidos; premiar o sancionar electoralmente a los funcionarios y sus partidos de acuerdo con la calidad y compromiso en el desempeño de su cargo. Es hora de los compromisos.
Nuestros políticos deben actuar en nombre y representación de los ciudadanos. Trabajemos, entonces, en una cultura política democrática que no ignore la participación ciudadana.
Construyamos ciudadanía; expandamos la acción ciudadana, como una de las formas para terminar con la impunidad, ese mal que ha victimizado tanto a nuestro querido México, a nuestros jóvenes, a nuestros hijos, a mi querido Fernando.
Quiero dirigirme a todas las madres, padres, esposas y esposos que han perdido a sus seres queridos en manos de esos engendros, hijos de la impunidad, o que aún están en manos de ellos, para decirles que entiendo su angustia, su rabia y su coraje; nada, nada se le compara, nada hace cesar ese dolor, y más cuando vemos que sus victimarios son liberados.
El juez alega públicamente que el Ministerio Público no hizo bien su trabajo, y las Procuradurías reclaman una deficiente valoración de los juzgadores. Éste es el gran problema de nuestro sistema de justicia penal, que no sólo es deficiente, sino caro y burocrático.
Ni los gobiernos ni los legisladores han sabido construir un eficiente sistema de justicia penal, el cual se basa en la lamentable tesis de que no gana quien tiene la razón, sino el que demuestra tenerla frente al juzgador; generando así también que muchos inocentes estén presos porque carecen de recursos, precisamente, y hay que decirlo con todas las palabras, porque son pobres.
Hagamos que nuestros mártires de la impunidad, que esos sacrificados y nosotros en nuestro terrible sufrimiento tengan un valor real; que no sea en vano tanto dolor, que sean el impulso que nos lleve a que nuestra exigencia de mayor seguridad y fin a la impunidad no sólo sea tomada en cuenta, sino que produzca acciones y determinaciones legales e institucionales.
Desde la sociedad civil saludamos este Foro Nacional sobre la Seguridad con Justicia, que hoy inicia. Las expectativas son altas y esperamos, sobre todo, que todos en conjunto y cada quien desde nuestra trinchera, saquemos adelante lo tan anhelado, que es una justicia penal y una justicia para todos los mexicanos.
Ése debe ser hoy el objetivo de ciudadanos y gobiernos: luchar por eso.
Las posibilidades están abiertas, la misma reforma en materia penal ha salido desde la ciudadanía como una respuesta a ese agotamiento del sistema penal vigente.
Señoras y señores:
No permitamos más pérdida a la ciudadanía. Construyámosla, ampliémosla, vigilemos, denunciemos. Ésta es la hora del ciudadano.
Muchas gracias.

El Presidente en el Foro Seguridad con Justicia

Acompañado de su esposa, Margarita Zavala, de los Secretarios de Gobernación, Fernando Gómez Mont, y de Seguridad Pública, Genaro García Luna; así como el Procurador General de la República, Eduardo Medina Mora, el Presidente Felipe Calderón reconoció que es urgente comenzar a romper las redes de la complicidad y de cobertura que el crimen organizado ha tejido en las instituciones encargadas de la seguridad, procuración de justicia y del propio orden político.
Hablaron en la inauguración Ana Laura Magaloni Kerpel, Académica del CIDE y representante de la Red Ciudadana por la Seguridad y Justicia y Alejandro Martí, Presidente de México Sistema de Observación por la Seguridad.
El Jefe del Ejecutivo hizo un llamado a cerrar la brecha entre política y ciudadanía, ya que consideró que la ausencia de los mejores ciudadanos en la política, también crea la presencia de los peores políticos en la vida pública. “Estoy convencido de que el día en que la política abra de par en par sus puertas a la ciudadanía, este país cambiará; también creo que el día en que la ciudadanía haga suya, y plenamente suya, la política, este país cambiará”, expresó.
Aseguró que la solución no es alejar a la ciudadanía de la política, porque de ser así, surgen regímenes autoritarios, que tanto daño le han hecho a México.
Por ello, pidió a los ciudadanos a no ausentarse de este cambio institucional, donde la clase política no ha respondido, y los exhortó a participar en asuntos y decisiones públicas, así como en los partidos políticos mismos.
“La política es tan importante que no puede dejarse sólo a los políticos. Hagamos que la ciudadanía sea la protagonista de la política misma”, advirtió.
El Discurso completo en la Inauguración del Foro Nacional Seguridad con Justicia
Miércoles, 24 de Junio de 2009 Discurso
Ciudad de México
Muy buenos días, amigas y amigos.
Señor Ministro Guillermo Ortiz Mayagoitia, Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
Señor Diputado César Duarte Jáquez, Presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión.
Doctor Marco Antonio Adame Castillo, Gobernador del Estado de Morelos.
Señor licenciado Alejandro Martí, Presidente de México SOS y Representante de la Red Ciudadana por la Seguridad con Justicia.
Doctora Ana Laura Magaloni, organizadora de este Foro.
Distinguidos representantes de instituciones académicas, organizaciones civiles, ciudadanas, empresariales.
Muy apreciables integrantes del presídium.
Legisladores.
Invitados especiales.
Señoras y señores:
Para mí es un privilegio estar el día de hoy con ustedes en esta Inauguración del Foro Seguridad sólo con Justicia, un importante espacio de reflexión y de propuesta ciudadana que impulsará, estoy seguro, con mucho mayor fuerza, los cambios tan indispensables a nuestro Sistema de Justicia Penal.
Saludo con aprecio a todos los integrantes de las asociaciones civiles, empresariales, organizaciones no gubernamentales e instituciones académicas que hoy nos acompañan, y les felicito por su compromiso por México.
Construir un México más seguro, requiere de manera indispensable la participación de los ciudadanos; es cierto, es fundamental, requiere el compromiso del Gobierno, y sin él, es imposible construir ese México.
Pero el compromiso del Gobierno no basta; de ahí la gran relevancia de espacios, como este Foro, en el que se discutirán los desafíos que plantea a las instituciones y a la sociedad la implementación de la Reforma al Sistema de Justicia Penal.
Por lo que toca al Gobierno Federal, estamos haciendo lo que nos corresponde para llevar a buen puerto la transformación integral de las instancias de seguridad y de justicia en los plazos establecidos por el Constituyente permanente y lo hacemos conscientes, además, de las inercias, de los obstáculos, de las resistencias y de los intereses que tenemos que enfrentar y que vencer.
Y actuamos convencidos de que nuestra tarea es hacerlo con visión de Estado, al margen de cualquier consideración política, tomando decisiones que involucran el corto plazo, el mediano y el largo plazo con un objetivo claro: legar a los mexicanos instituciones eficaces, transparentes y confiables.
En el corto plazo, era urgente empezar a romper las redes de complicidad y de cobertura que el crimen organizado ha venido tejiendo en las instituciones encargadas de la seguridad y procuración de justicia, y del propio orden político.
A nivel Federal, esta lucha frontal ha llevado a la detención en el marco de la Operación Limpieza, de un importante número de servidores públicos en instituciones como la propia Procuraduría General de la República o la Policía Federal, e incluso las Fuerzas Armadas. No ha sido tarea fácil, pero sabemos que el buen juez por su casa empieza.
Y por eso, seguiremos combatiendo el cáncer de la corrupción en todas las instituciones federales, sin distingo alguno.
Y sabemos también, recordando a José Ángel Conchello, que para combatir la corrupción no hay que olvidar que las escaleras deben barrerse de arriba para abajo
Estamos comprometidos en ello, y comparto plenamente la indignación y la exigencia que ha expresado ahora Alejandro Martí, respecto de esta situación indignante que padece la vida del país.
En el ámbito del Gobierno Federal, precisamente, por eso estamos actuando, y porque sabemos de la profundidad de estas redes es por lo que estamos actuando contra ellos. Y en este punto sí puedo decir que tales redes no están intocadas ni son intocables.
Por lo que hace a los órdenes estatales y municipales, tampoco nos hemos quedado cruzados de brazos. Tenemos claro que enfrentamos un enemigo cuyo poder de corrupción, intimidación, amenaza y cooptación no distingue filiaciones partidistas o políticas, ni divisiones entre órdenes de Gobierno.
Y por eso estamos desarticulando redes de corrupción intocadas hasta ahora, que operaban lo mismo en instituciones de seguridad y justicia del orden estatal, que al interior de los gobiernos municipales.
Este esfuerzo no tiene, ni puede, ni debe tener tintes políticos o partidistas; porque lo que está hoy en juego no es el resultado de una elección, sino el futuro de la democracia, de las instituciones representativas, de nuestra capacidad como país para alcanzar el desarrollo por la vía de la legalidad y para dar a cada familia la oportunidad de una vida tranquila y en paz.
Nuestra estrategia de cambio institucional contempla también, amigas y amigos, acciones en el mediano y en el largo plazo. En ese marco, en el que se inscribe la reforma, es en el que se inscribe la Reforma Constitucional en Materia Penal y de Seguridad, impulsada por la sociedad, por el Gobierno Federal, y aprobada por el Congreso de la Unión y el Constituyente permanente.
Y el objetivo ahí también es claro: poner fin a la impunidad y proteger los derechos de las víctimas del delito.
No queremos, ciertamente, que prevalezca el estado de cosas actuales. No estamos de acuerdo ni con las estructuras de poder que, permisivas al delito, son ajenas y distantes a la ciudadanía; ni puede pretenderse que haya seguridad sin justicia, estoy de acuerdo; pero tampoco queremos Reforma Penal con impunidad, no queremos Reforma Penal que, centrada en la innovación de los procesos, conduzca a prácticamente lo mismo, a un sistema de justicia que protege a los delincuentes y que abandona a las víctimas.
Reforma, sí, pero una Reforma que proteja a las víctimas y no propicie la impunidad de los delincuentes. Sé que con esta Reforma se habrá iniciado un tránsito gradual hacia un sistema acusatorio que habrá de imprimir, estoy seguro, claridad y transparencia al proceso penal.
Y eso será posible gracias a innovaciones tan importantes como los juicios orales, que se desarrollarán plenamente en audiencias públicas ante la presencia del juez, quien también obligadamente presenciará el desahogo de las pruebas y de los alegatos; así podremos ofrecer a los ciudadanos un sistema de justicia, respetuoso de los derechos humanos, transparente y que proteja con celeridad y eficacia sus derechos.
También vale la pena destacar otro cambio fundamental, la adopción del principio elemental de presunción de inocencia; toda persona es inocente hasta que se demuestre su culpabilidad.
La Reforma establece, además, nuevas medidas en favor de los derechos de las víctimas, como recibir asesoría jurídica, coadyuvar con el Ministerio Público e, incluso, intervenir en el juicio, además de las consideraciones ya hechas para proteger el resarcimiento patrimonial de lo sufrido por un delito.
Por parte del Gobierno Federal, buscamos transformaciones necesarias para la eficaz implementación de esta Reforma. Algunas de las acciones que se han hecho son las siguientes:
En primer lugar. Con la nueva Ley General del Sistema Nacional de Seguridad Pública estamos avanzando hacia un Sistema de Seguridad y de Procuración de Justicia verdaderamente coordinado, con instituciones policiacas reguladas por estándares homogéneos de ingreso, permanencia y control de confianza de los cuerpos policiacos y ministeriales.
Porque nada dificulta más y hace nugatoria la aspiración de seguridad de los ciudadanos, que la corrupción en los cuerpos policiacos; porque es imposible dar un paso en la dirección que deseamos si no tenemos instrumentos eficaces en la seguridad y en la procuración de justicia que nos permitan actuar como sociedad organizada y como Gobierno.
Por eso al día de hoy, el Gobierno Federal ha aplicado casi 11 mil evaluaciones de control de confianza a servidores públicos federales, que representa un avance de más del 60 por ciento del total.
Este es un esfuerzo de Diógenes. Estamos buscando con estas lámparas, o con esta lámpara, dónde están, cuáles son, quiénes son los ciudadanos honestos encargados, precisamente, de vigilar por la seguridad y por la justicia en nuestra sociedad.
En segundo lugar. En el marco de la nueva Ley de la Policía Federal, queremos transformar de raíz la función policial en nuestro México.
Por ejemplo, hace unas semanas dieron inicio los cursos de la Primera Generación de Policías Investigadores de Inteligencia de la Policía Federal, la semilla de una verdadera policía científica; jóvenes profesionistas, universitarios graduados que están recibiendo ahora un entrenamiento técnico y científico a la altura, queremos, de las mejores agencias de investigación en el mundo. Porque sólo con policías mejor capacitados podremos derrotar a la delincuencia.
En tercer lugar. Gracias a la Ley Orgánica de la Procuraduría General de la República, estamos dotando a los Ministerios Públicos de la Federación, con mejores herramientas para investigar los delitos, perseguir a los delincuentes y velar por la seguridad y protección de las víctimas.
E, igualmente, en la Procuraduría General de la República se ha iniciado un esfuerzo enorme por depurar, fortalecer y asegurarnos de que sus integrantes, Ministerios Públicos o miembros de la Agencia Federal de Investigación, sea gente honesta y capaz.
Cuarto. Estamos impulsando la innovación tecnológica que permita, precisamente, la actuación científica de las investigaciones ministeriales y policiacas.
Hemos creado el Sistema Único de Información Criminal, basado en la Plataforma México, una primera gran base de datos que reúne por primera vez toda la información criminal disponible en el país, y a la cual se están ya interconectando todos los estados de la República y los municipios más importantes.
Y ayer mismo echamos a andar la entrega de los chips que irán agregados a todos los vehículos en México, porque se ha puesto en marcha ya el Registro Público Vehicular, que nos permitirá, verdaderamente, asegurar que la investigación de los delitos cuente, precisamente, con soportes registrales en algo tan elemental en una sociedad, como son los vehículos automotrices.
Durante años, amigas y amigos, se fue permitiendo que la delincuencia y la criminalidad crecieran, se expandieran y penetraran.
Quizá se pensó que era un asunto manejable; quizá se pensó que mientras ellos estuvieran en sus asuntos, nosotros podríamos seguir nuestra vida tranquila y en nuestra casa.
Quizá se pensó que actividades criminales lucrativas, pero a final de cuentas que parecían distantes a nosotros, como el crimen organizado y el narcotráfico, no tendrían consecuencias en la vida cotidiana de los gobiernos o de los ciudadanos.
El hecho es que ahora México enfrenta costos elevadísimos de permisividad, tolerancia y corrupción.
Nosotros queremos que las cosas cambien, y por eso estamos actuando como estamos actuando, porque lejos de tratar de ignorar este problema, en esta Administración estamos haciendo un esfuerzo enorme por hacer un cambio de fondo, porque con todo el poder del Estado estamos marcando un alto a las mafias del crimen organizado que pretendían apoderarse de nuestras comunidades.
Con claridad y firmeza estamos enfrentando las redes de corrupción al interior de los gobiernos y de las instancias de seguridad y justicia del Gobierno Federal y de todos los gobiernos.
Y no es sólo, ni principalmente, amigas y amigos, el problema del narcotráfico; nuestra batalla es contra el crimen organizado, porque esa es nuestra responsabilidad y porque el crimen organizado ha corrompido y envilecido la vida social de las comunidades, y en ese entorno permisivo y cómplice han florecido el robo, el secuestro, la extorsión y la violencia, que afectan dramáticamente la vida de los ciudadanos.
Y para proteger la vida de los ciudadanos, su patrimonio y su integridad física, por eso, precisamente, estamos luchando, con todo, contra las redes de complicidad de la criminalidad en México. Nuestra prioridad es la seguridad.
Y hoy los mexicanos estamos ante encrucijadas históricas. Una de ellas es esta. O seguir adelante en esa lucha, asumiendo con entereza sus costos o, por otra, la falsa alternativa de dar marcha atrás y de permitir el regreso a la práctica de las tolerancias del Gobierno frente al delito, frente a la corrupción y frente a la impunidad.
Voltear la cara, hacerse de la vista gorda ante lo evidente del crimen, como algunos políticos pretenden, no es opción para México.
No es momento de dar un paso atrás. No es momento de bajar los brazos y claudicar. Es absurdo pretender que volteando la vista, el crimen dejará de afectarnos en nuestras calles, en nuestras casas.
Y debemos seguir adelante porque es mucho lo que está en juego; y por eso, yo exhorto a todos los liderazgos políticos y sociales a sumarnos de manera comprometida a una agenda clara a favor de la legalidad, de la justicia y de la seguridad, como ha sido lo asentado en los compromisos del Acuerdo Nacional en favor de todos los mexicanos.
Señoras y señores:
La situación que vive México en materia de seguridad hoy, y de justicia, es, sin duda, consecuencia de muchas de nuestras omisiones, de indolencia, de corrupción, de ilegalidad y de impunidad.
Estos males se fueron enquistando en diversos ámbitos de la vida nacional; en las instituciones públicas, sí, pero también en otras esferas de la vida social, donde llegaron a ser vistas como parte de lo cotidiano.
La solución a este problema sólo puede ser integral y debe venir de todos los actores institucionales, políticos, económicos, sociales y cívicos.
Es cierto, la respuesta debe venir en primera instancia de los gobiernos, de los representantes populares, de quienes tenemos responsabilidades públicas, pero también es necesaria la participación y la presencia de los ciudadanos, como se ha dicho aquí.
Me impresiona el relato de Alejandro Martí acerca de Los Niños Blandos. Efectivamente, compartimos la misma percepción. Hay en las zonas de mayor violencia del país un reclutamiento interminable de jóvenes sin esperanza, sin familia, sin oportunidades, sin futuro, sin creencias, sin convicciones, que lo único que tienen a su alcance es, precisamente, adicciones en las cuales son inoculados desde niños y militancias esclavizantes hacia las mafias, que los utilizan, y al final de cuentas, antes de la mayoría de edad, los desechan.
Amanecen muertos, ejecutados, en alguna morgue, sin que nadie los reclame, como ocurre con más del 30 por ciento de los muertos en las ciudades de mayor conflictividad criminal, como es el caso de Ciudad Juárez.
Esos niños, que crecieron en espacios públicos abandonados a la delincuencia, deben crecer en espacios recuperados por la ciudadanía. Y por eso hemos hecho un esfuerzo para recuperar miles de espacios públicos en el país, desde el Gobierno Federal, y a pesar de la resistencia de algunas otras instancias de Gobierno, para poder devolverle esos espacios a la ciudadanía.
Y por eso hemos sextuplicado el presupuesto para prevenir y tratar adicciones entre niños y jóvenes para, precisamente, evitar que caigan en la nueva esclavitud de las adicciones.
Es importante la acción de la policía y de las autoridades de justicia, sí, para combatir a los delincuentes y atacar el delito; pero es tanto o más importante las acciones preventivas que el Gobierno, pero también la sociedad, puede hacer para generar, precisamente, espacios públicos; para generar, precisamente, prácticas de ciudadanía; para tratar y prevenir adicciones entre jóvenes y adolescentes.
No puede exigírsele a alguien en la ciudadanía que haga lo que no le toca hacer, como es perseguir a un delincuente; pero sí, todos podemos colaborar para que cada una de esas vidas, de esos cientos de miles de niños o jóvenes en México, tengan una vida orientada a su plena realización y no precisamente a su reclutamiento en las mafias y en el crimen.
Es cierto, por otra parte, que son muchos, muchos los servidores públicos que han caído en la corrupción, en la componenda y en la complicidad: policías o Ministerios Públicos o servidores públicos de todos los niveles de Gobierno.
Pero también hay que decirlo, amigas y amigos, que también son muchos los servidores públicos de carne y hueso que hoy están comprometidos con la lucha por la legalidad y por la seguridad; que son muchos los policías, y los soldados, y los jueces, y los legisladores, y los servidores que, al igual que ustedes, trabajan día con día con gran empeño para construir un país con justicia para nuestros hijos, por nuestras familias y para todos los mexicanos.
Que son muchos, también, los servidores públicos que han renunciado, ciertamente, a potenciales ingresos o comodidades que pueden encontrarse lejos del servicio público para, precisamente, comprometer los mejores años de su vida en cambiar al país.
Pueden ser pocos, es cierto, pero cuentan y cuentan mucho. Y vale la pena hacerlo, porque es hora también de reivindicar la participación ciudadana en la vida pública y también de reivindicar lo que debe ser el correcto servicio público y el servicio a los demás.
Y lo digo porque conmociona y llama poderosamente la atención el llamado de Alejandro el día de hoy: cómo podemos, verdaderamente, construir ciudadanía. Esa es la clave, a mi juicio, más allá de la Reforma Penal que, por supuesto, es indispensable; que, por supuesto, tendrá luz y renovado ánimo a partir de este Foro tan importante que hoy iniciamos, construyamos ciudadanía.
Cómo construir ciudadanía.
Esa es, a mi juicio, la encrucijada que México debe resolver. Y vale la pena recordar cuáles son los orígenes, incluso, de lo que la ciudadanía significa.
Ciudadanía y política, amigas y amigos, hoy son conceptos terriblemente distanciados. Ciudadanía y política parecen ser conceptos enfrentados, y a mi juicio la clave no es, para México, alejar aún más a la ciudadanía de la política o viceversa; la clave no es abrir o ahondar aún más la brecha entre política y ciudadanía. La clave de México es cerrar la brecha entre política y ciudadanía, porque ese es el problema.
Ciudadanía y política parecen ser conceptos distanciados, pero no encuentro, amigas y amigos, conceptos que puedan ser más próximos y más cercanos.
Hay que recordar que ciudadanía proviene del latín civitas, que significa ciudad, y política viene del griego polis, que también significa ciudad. La gran paradoja, amigas y amigos, es que etimológicamente ciudadanía y política significan lo mismo.
Y pienso que para que nuestro México cambie se requiere que ciudadanía y política también signifiquen lo mismo en la vida cotidiana de nuestro pueblo. Estoy convencido, amigas y amigos, sí, que desde ambas vías, desde la política y desde la ciudadanía, tienen que construirse los puentes para darle a ambas palabras su pleno significado.
Estoy convencido de que el día en que la política abra de par en par sus puertas a la ciudadanía, este país cambiará. También creo que el día en que la ciudadanía haga suya y plenamente suya la política, este país cambiará.
Es cierto que la política tiene un saldo pendiente con la ciudadanía, pero también vale la pena reflexionar que la ausencia ciudadana, por las razones que se quiera: por incomprensión, por falta de oportunidad, por lo que sea; la ausencia de los mejores ciudadanos en la política, también crea la presencia de los peores políticos en la vida pública, en asuntos públicos que forman parte de los muchos problemas que con dolor y profunda convicción plantea a todos Alejandro Martí.
La política no puede ni debe reducirse al sufragio. Sí es indispensable el sufragio. Sólo a través del sufragio pueden crearse condiciones mejores de vida pública; pero el sufragio no basta.
Del sufragio efectivo tiene que pasarse a la democracia efectiva; es decir, a la democracia que sea útil, que sepa, que dé significado y que le restituya bienes públicos a los ciudadanos.
Y por eso la necesidad de cambios institucionales para que partidos políticos y representantes populares cumplan sus compromisos y respondan con hechos al electorado. En eso estoy plenamente de acuerdo.
Y déjenme ir un poco más respecto de un tema que ha planteado Martí en el pacto al que ha convocado a la ciudadanía.
Cuando era precisamente Diputado Federal, en 2002, presenté una iniciativa precisamente para impulsar la reelección o la elección consecutiva de legisladores y de alcaldes. Y otra iniciativa para reducir el número de representantes legisladores en ambas cámaras.
Yo hago votos, verdaderamente, que esta exigencia desde los ciudadanos a los políticos, hoy sí rinda fruto. Porque entonces fue rechazada, incluso, hasta con indignación por algunos actores políticos de aquella época y de ésta.
Yo tengo la convicción, amigas y amigos, que estas iniciativas que acercan precisamente a la política, a la rendición de cuentas hacia los ciudadanos, deben fructificar.
Pero también lo medular es que se requiere en la seguridad pública, sí, en la procuración de justicia, la participación de los ciudadanos.
De hecho, la oralidad y la transparencia serán eficaces en la medida en que haya ciudadanos que vigilen esos procesos a través de la transparencia.
Pero si en algo hace falta, precisamente, la participación ciudadana, amigas y amigos, es en la política. Hoy más que nunca requerimos ciudadanos que participen en los asuntos públicos, en las decisiones públicas; y lo voy a decir con sus palabras: que participen en los partidos políticos.
Porque la frase aquella de que los ciudadanos tienen los gobiernos que se merecen, tiene que ver con la participación política. Si queremos que haya partidos políticos responsables y que respondan a los ciudadanos, no encontraremos esos partidos mientras no haya un constituyente elemental dentro de esos partidos que sea fundamentalmente ciudadano.
Ser ciudadano, vivir en esta realidad nuestra del México del Siglo XXI, convivir con los vecinos, pagar las cuotas del edificio o del condominio, sacar la basura, pagar los impuestos, ir a trabajar, llevar a los hijos a la escuela, eso que hace en la realidad cotidiana, tiene que estar presente en las decisiones públicas.
Y ha habido, sí, abandono de los partidos a los ciudadanos cuando les cierran las puertas, pero también es hora de preguntarnos, amigas y amigos, cuál ha sido la causa de la ausencia de los ciudadanos en los partidos y en los cargos, y en las decisiones.
Queremos mejores representantes, que haya mejores ciudadanos postulándose como representantes; queremos mejores partidos, hagamos esos partidos, participemos en los partidos, y si no convencen éstos, hagamos otros.
Pero se requiere que esta ciudadanía no más, no más esté ausente, precisamente, y este cambio institucional tiene que provenir sí de una clase política que no ha respondido, y que en opinión de los ciudadanos claramente ha fallado, pero tiene que venir de un renovado vigor de la fuerza ciudadana, que toma para sí las causas de la ciudadanía.
No cerremos. No es la solución, no es la solución alejar a la ciudadanía de la política, no permitamos que se ahonde esta brecha hasta que sea imposible de cerrarse, hasta que sólo venga, como dice Alejandro, la tentación de regímenes autoritarios que tanto daño le han hecho a nuestro país.
Se requiere cerrar bien esa brecha, se requiere ya hoy hacer de la vida pública, de la cosa pública, del servicio público una sola cosa con las aspiraciones y preocupaciones de la ciudadanía.
Del lado del servicio público, del lado del Gobierno, tomo medularmente este justo señalamiento que hace la ciudadanía. Y el compromiso es el esfuerzo para abrir esas puertas y que se construya desde este lado la parte de puente que nos corresponda.
Pero, también, amigos, es importante que el puente se construya desde los ciudadanos mismos, para que no haya más política sin ciudadanía y tampoco más ciudadanía sin política.
Consolidemos las instituciones democráticas, esta Reforma Penal tan importante; pero, sobre todo, más allá de lo que ocurra el próximo 5 de julio, comprometámonos todos a hacer de nuestra República no sólo un agregado de 105 millones de habitantes que simplemente coexisten, sino de ciudadanos que convivimos, participamos y nos responsabilizamos de nuestras decisiones colectivas, que no pueden estar lejos de los habitantes, los ciudadanos mismos.
La política es tan importante, que no puede dejarse sólo a los políticos.
Hagamos que la ciudadanía sea la protagonista de la política misma.
Muchísimas gracias.
Si me lo permiten. Hoy miércoles 24 de junio, siendo las 12 horas, me da mucho gusto declarar formalmente inaugurado el Foro Seguridad con Justicia, organizado por la Red Ciudadana por la Seguridad con Justicia.
Enhorabuena.

Bachelet de nuevo en México

Michele Bachelet fue recibida por el presidente Felipe Calderón en el Alcázar del Castillo de Chapultepec.
"En esto quiero ser muy clara y enfática: Chile cree que esta es una respuesta equivocada a la crisis sanitaria internacional. Debemos entender que sólo podemos superar la mayoría de los problemas globales, la crisis económica, el cambio climático, la lucha contra la pobreza, mediante soluciones globales basadas en la cooperación y no en el aislamiento”.
Bachelet sostuvo que no se puede enfrentar las dificultades cerrando las fronteras y aislando a nuestros países, problemas como la influenza se resuelven con más cooperación, más coordinación, más apoyo, más solidaridad internacional y así seremos capaces de alcanzar los objetivos del milenio.
El Presidente Calderón agradeció el gesto de confianza de la mandataria de Chile y su gesto de solidaridad y le manifestó que, como los amigos, ambas naciones se apoyan en los malos y en los buenos tiempos.
Discurso del Presidente Calderón en la Cena que ofreció en Honor a Michelle Bachelet
Alcazar del Castillo de Chapultepec, 24 de Junio de 2009
Excelentísima doctora Michelle Bachelet, Presidenta de la República de Chile.
Distinguidos miembros de la comitiva que le acompañan.
Legisladores.
Empresarios.
Amigas y amigos chilenos.
Distinguidos invitados especiales.
Señoras y señores:
En nombre del pueblo y del Gobierno de México, doy la más cordial y entusiasta bienvenida a la doctora Michelle Bachelet, la primera mujer Presidenta de Chile y una muy querida amiga de nuestro pueblo.
Muy significativo para nosotros que sea ella y precisamente ella, la primera Mandataria extranjera que visita nuestro país desde la aparición del virus de la influenza A/H1N1, del 23 de abril pasado.
Señora Presidenta:
Agradecemos mucho este gesto de confianza en México y este gran gesto de solidaridad, que nunca olvidaremos. Pocas personas como usted, además, que ha sido una notable Secretaria de Salud en su país, conocen tan bien la problemática de salud pública.
En mi más reciente visita a Chile, usted dijo que México ha sido un muy buen amigo en los buenos y en los malos tiempos. Y hoy podemos constatar, una vez más, que este profundo lazo de amistad entre México y Chile es recíproco.
Chilenos y mexicanos nos reconocemos en la historia, en la lengua, en la cultura, en nuestra profunda identidad latinoamericana, en la aspiración común de un futuro de bienestar y desarrollo compartido.
Nos hermanamos en las luchas por la libertad, por la democracia, por la justicia. En Chillán, Chile, David Alfaro Siqueiros pintó un hermoso y gran mural, como el que hemos contemplado hace un momento, en donde colocó juntos a los héroes indígenas, Cuauhtémoc y Caupolicán, así como a los libertadores Miguel Hidalgo y Bernardo O´Higgins. Con ello, el muralista representó las luchas, los ideales y los valores que nos han identificado a lo largo del tiempo.
La nuestra es una historia de fraternidad, de concordia, de compañerismo. Aquí trabajó Gabriela Mistral, no sólo la poetisa sino también la pedagoga; a invitación de José Vasconcelos, recorrió México fundando escuelas y bibliotecas, llenando de poesía, música y rondas a nuestra niñez.
Aquí también intercambió visiones con Gómez Morin, acerca de las patrias nuevas, que respectivamente habrían de construir. Aquí vivió también Pablo Neruda, primero como diplomático y luego como exiliado. Fue en México donde dio a conocer su Canto General, publicado en 1950.
Aquí también trabajaron, engrandecieron a su Patria de origen y a México, las mujeres y los hombres del exilio chileno. Una de esas personas fue, precisamente, doña Hortensia Bussi, viuda de Salvador Allende, cuyo fallecimiento, la semana pasada, todos lamentamos.
Desde aquí, su segunda Patria, rendimos un sincero homenaje a esta mujer, que dejó una profunda huella por su incansable defensa de los valores democráticos y de los derechos humanos.
Ahora que escuchaba con respeto y emoción el Himno Nacional Chileno, pensaba en esta paradoja, que México fue para muchos chilenos el asilo contra la opresión.
Aunque mexicanos y chilenos estamos orgullosos de nuestra historia y de nuestra cultura, tenemos bien clara la mirada puesta en el futuro. Su Visita, Presidenta Bachelet, nos da oportunidad de profundizar la relación estratégica y privilegiada que han construido nuestros pueblos.
En estos momentos, donde aún perdura la alerta sanitaria mundial, yo estoy seguro de que Chile y México fortaleceremos nuestra cooperación para enfrentar y superar el reto, no sólo que plantea el virus A/H1N1, sino los desafíos sanitarios que hoy enfrenta la sociedad global del Siglo XXI.
En especial, debemos luchar para que nuestras naciones y todos los países en desarrollo tengamos acceso amplio y oportuno a una vacuna eficaz y seamos capaces de implementar con oportunidad políticas públicas que permitan enfrentar adversidades sanitarias.
Trabajando juntos también intensificaremos los intercambios económicos. Pese a que nuestro comercio se triplicó en los últimos ocho años y crecieron significativamente las inversiones recíprocas, sabemos que estamos aún lejos de aprovechar todo el potencial de nuestras economías, y particularmente el de una economía que ha sido ejemplar para América Latina y para el mundo, como ha sido la economía chilena.
Más allá de la relación bilateral, sé que seguiremos siendo actores centrales en la integración de América Latina y el Caribe, porque somos países que asumen sus responsabilidades globales. Y, por ello, seguiremos trabajando por una Latinoamérica y un mundo en paz, con seguridad y con progreso.
México y Chile tienen democracias sólidas y economías estables. Pueden, por ello, mirar con confianza el futuro. Dos países como los nuestros, que enfrentan con decisión y con responsabilidad la crisis financiera mundial, retornarán pronto, estoy seguro, a la senda del crecimiento.
Querida Presidenta, señoras y señores:
Pablo Neruda afirmó que nuestras estrellas primordiales son la lucha y la esperanza; pero no hay lucha ni esperanza solitaria.
Hoy podemos decir con orgullo que México y Chile somos, precisamente, lucha y esperanza que se acompañan; compañeros, amigos, juntos seguiremos recorriendo las amplias avenidas de la libertad, de la justicia, de la solidaridad y de la democracia.
Alentado por nuestras afinidades, yo quiero invitarles a todos ustedes a que hagamos un brindis en honor de la Presidenta Bachelet, en honor del pueblo chileno y de la amistad que nos une a Chile y a México.