2 nov. 2009

Anglicanos

El pescador de hombres pesca en la derecha/ Hans Küng, catedrático emérito de Teología Ecuménica en la Universidad de Tubinga (Alemania) y presidente de Global Ethic.
Traducción de Jesús Alborés
Publicado en EL PAÍS, 30/10/09):
Es una tragedia: después de que el papa Benedicto XVI haya ofendido a musulmanes, protestantes y católicos reformistas, ahora le toca el turno a la Comunión Anglicana. Ésta comprende 77 millones de fieles y es, después de la Iglesia romana católica y la ortodoxa, la tercera confesión cristiana en número. ¿Qué ha ocurrido? Una vez conseguida la reincorporación a la Iglesia católica de la Fraternidad de San Pío X, hostil a la reforma, Benedicto quiere ahora rellenar las despobladas filas católicas con los simpatizantes anglicanos de la Iglesia romana. Y como para ello es preciso que se les facilite el tránsito a la Iglesia católica, los sacerdotes y obispos mantendrán su estatus, también en lo que respecta al matrimonio. El mensaje es: ¡Tradicionalistas de todas las iglesias, uníos… bajo la cúpula de San Pedro! Mirad: el pescador de hombres pesca en la extrema derecha.
Pero allí las aguas son turbias.
Esta acción de Roma supone un dramático cambio de rumbo: una desviación de la acreditada estrategia ecuménica de un diálogo entre iguales y un auténtico entendimiento. Por el contrario, se produce ahora un acercamiento a la captación de sacerdotes a los que incluso se exime de la obligación medieval del celibato sólo para posibilitarles un retorno a Roma bajo el primado del Papa.
Evidentemente, el actual arzobispo de Canterbury, el bienintencionado Rowan Williams, no ha estado a la altura de la taimada diplomacia vaticana. Parece que en su intercambio de zalamerías con el Vaticano no se ha dado cuenta de cuáles son las consecuencias de la expedición de pesca papal en aguas anglicanas. De otro modo no hubiera suscrito con el arzobispo católico de Westminster un comunicado en el que se resta importancia al asunto. ¿No se percatan los atrapados en la red de arrastre romana de que en la Iglesia católica y romana no serán más que sacerdotes de segunda, en cuyas misas no podrán participar los católicos?
Además, este comunicado apela desvergonzadamente a los documentos verdaderamente ecuménicos de la Comisión Internacional Anglicana-Romano Católica (ARCIC), redactados en trabajosas negociaciones desarrolladas a lo largo de años entre el Secretariado para la Unidad de los Cristianos y la Conferencia Lambeth anglicana: documentos sobre la eucaristía (1971), sobre el ministerio y la ordenación (1973) o sobre la autoridad en la Iglesia (1976/81). Quienes los conocen saben que estos tres documentos, suscritos en su momento por ambas partes, no se orientan a la captación, sino a la reconciliación.
Estos documentos de auténtica reconciliación ofrecen el fundamento para un reconocimiento de las consagraciones sacerdotales anglicanas, cuya validez revocó el papa León XIII en 1896 con argumentos menos convincentes. Sin embargo, de la validez de las consagraciones anglicanas se deduce también la validez de las celebraciones eucarísticas anglicanas. Esto habría hecho posible una hospitalidad eucarística recíproca, cabría decir una intercomunión, y un paulatino acercamiento entre católicos y anglicanos. Sin embargo, la Congregación para la Fe vaticana se encargó de que estos documentos de reconciliación desaparecieran a la mayor brevedad posible en los sótanos del Vaticano: lo que se llama darles “carpetazo”.
“Demasiada teología a lo Küng”, se dijo entonces desde el Vaticano, en un despacho confidencial de la agencia de prensa católica KNA. De hecho, yo había dedicado la edición inglesa de mi libro La iglesia al entonces arzobispo de Canterbury, Michael Ramsey, con fecha del 11 de octubre de 1967, quinto aniversario del inicio del Concilio Vaticano II: con la “humilde esperanza de que en las páginas de este libro se siente una base teológica para un acercamiento entre las Iglesias de Roma y Canterbury”.
Aquí se encuentra también la solución a la enojosa cuestión del primado del Papa, que separa desde hace siglos a estas dos iglesias, pero también a Roma y a las iglesias orientales, y a Roma y las iglesias reformadas.
Una “recuperación de la comunidad eclesiástica entre la Iglesia católica y la Iglesia anglicana sería posible”, escribía, cuando “por un lado, se conceda a la Iglesia de Inglaterra la garantía de poder conservar plenamente su actual orden eclesiástico autóctono y autónomo bajo el primado de Canterbury”, y “por otro lado, la Iglesia de Inglaterra reconozca un primado pastoral del ministerio de Pedro como instancia suprema para la mediación y el arbitraje entre las iglesias”. “Así, el imperio romano”, según mi esperanza de entonces, “se convertiría en una Commonwealth católica”.
Sin embargo, el papa Benedicto quiere restaurar a toda costa el imperio romano. No hace concesión alguna a la comunión anglicana, sino que, antes bien, quiere mantener para la eternidad el centralista sistema medieval romano… incluso aunque esto imposibilite una unificación de las iglesias cristianas en cuestiones fundamentales. Es evidente que el primado del Papa -que, como reconocía Pablo VI, era la “gran roca” que obstruye el camino hacia la unidad de las iglesias- no actúa como una “roca de unidad”. Revive la antigua exhortación a un “retorno a Roma”, ahora mediante la transferencia de fieles, en particular de sacerdotes y, si es posible, de forma masiva. En Roma se habla de medio millón de anglicanos, entre ellos de 20 a 30 obispos. ¿Y los restantes 76 millones?
Una estrategia cuyo fracaso se ha demostrado en los siglos pasados y que, en el mejor de los casos, conduciría a la fundación de una miniiglesia anglicana “unificada” con Roma bajo la forma de una diócesis personal (no territorial).
¿Cuáles son hoy las consecuencias de esta estrategia?
1. Un mayor debilitamiento de la Iglesia anglicana: en el Vaticano, los antiecuménicos se congratulan por la llegada de conservadores; en la Iglesia anglicana son los liberales quienes se alegran de la salida de los agitadores catolizantes. Para la Iglesia anglicana, esta división significa una mayor corrosión. En este momento ya sufre las consecuencias de la elección -innecesariamente impuesta- como obispo en EE UU de un párroco homosexual declarado; elección que se hizo arrostrando la división de la propia diócesis y de la comunidad anglicana entera. Esta división se reforzó por las discrepancias entre los propios dirigentes de la Iglesia respecto a las parejas homosexuales: algunos anglicanos aceptarían que sus uniones se registraran civilmente con amplias consecuencias jurídicas (en lo tocante a la herencia, por ejemplo) y con una eventual bendición eclesiástica, pero no un “matrimonio” (reservado desde hace milenios a la unión de hombre y mujer) con derecho a la adopción y con consecuencias imprevisibles para los niños.
2. Inseguridad generalizada entre los fieles anglicanos: la migración de sacerdotes anglicanos y la reordenación en la Iglesia romana católica que se les ha ofrecido plantea a muchos fieles (y pastores) anglicanos la crucial pregunta: ¿es válida en general la consagración de los sacerdotes anglicanos? ¿Deberían los fieles, con su párroco, pasarse también a la Iglesia católica? ¿Qué ocurre con los edificios eclesiásticos, los salarios de los pastores, etcétera?
3. Irritación del clero y el pueblo católico: el malestar por el continuado rechazo a las reformas también se ha extendido a los miembros más fieles de la Iglesia. Desde el Concilio, muchas conferencias de obispos e innumerables sacerdotes y fieles han reclamado la derogación del veto medieval al matrimonio de los sacerdotes, que ya ha privado de sus párrocos a la mitad de nuestras parroquias. Sin embargo, siempre han tropezado con el tozudo e inflexible rechazo de Ratzinger. ¿Y ahora los párrocos católicos deben tolerar a su lado párrocos conversos casados? Y aquel que quiera casarse… ¿debería quizá hacerse anglicano primero, luego casarse, para después volver a la Iglesia?
Como ya ocurriera en el cisma entre la Iglesia oriental y occidental (siglo XI), en la época de la Reforma (siglo XVI) y en el Concilio Vaticano I (siglo XIX), el ansia de poder de Roma divide a la cristiandad y perjudica a la propia Iglesia. Una tragedia.

Muerte, recuerdos y sentido

Muerte, recuerdos y sentido/Juan Luis de León Azcárate, profesor de la Facultad de Teología, Universidad de Deusto
Publicado en EL CORREO DIGITAL, 02/10/09;
Hace casi veinte años en una pequeña aldea hondureña llamada El Pino, dedicada al cultivo de la piña, acompañé a un sacerdote claretiano a visitar a una mujer muy enferma por cuya vida se temía. Pancha (ése era su nombre) era de confesión evangélica y si bien nosotros estábamos allí colaborando con la ‘Santa Misión’ católica, sus parientes nos pidieron visitarla porque ella, paradójicamente, quería confesarse. Era de noche, pero el calor y la humedad propios del lugar no dejaron de sentirse. Casi en procesión sus vecinos nos acompañaron hasta su humilde casa, una pequeña choza de madera. El motivo del estado de postración de Pancha, quien sufría del corazón, no era otro que el haberse cruzado recientemente con el asesino de su hijo, muerto en un asalto a machetazos, a quien un juez había dejado libre de cargos. Muertes de este tipo no son extrañas por aquellos parajes. El impacto emocional fue tan fuerte que la mujer se desvaneció y no parecía recuperarse. Llevaba así varios días. La visitamos. Postrada y delirante, apenas notó nuestra presencia. El sacerdote le habló cariñosamente y pudo finalmente impartirle el sacramento de la reconciliación. Yo apenas fui un testigo. Luego nos fuimos igualmente en cuasi procesión.
La muerte, nos guste o no, es una realidad inexorable para todo ser humano, el único ser realmente consciente de ella. Decía Pascal que «el hombre es más grande que el Universo que lo mata, porque sabe que muere». Pero este saber que morimos se torna problemático para el hombre de todas las generaciones, más si cabe para la mayoría de nuestros contemporáneos para quienes es mejor no hablar de la muerte. Problemático porque la muerte (casi) nunca es algo deseado ni controlado, porque se lleva a nuestros seres queridos y porque su proceso, por natural que sea, se teme como doloroso e ignominioso. La muerte pone fin a la vida, a nuestros proyectos e ilusiones. Sin embargo, la muerte es necesaria. Además de absurdo, sería insostenible un mundo donde los seres vivos no fallecieran. Pero, por natural y razonable que sea, no deja de ser algo cuando menos inquietante para el ser humano.
Pero, por más que pretendamos obviarla, los medios de comunicación constantemente nos recuerdan que está ahí, siempre próxima, y no porque esos medios muestren una inusitada preocupación tanatológica, sino porque su misma realidad se impone. Esquelas, noticias trágicas de accidentes o de desgracias naturales, información sobre víctimas de atentados terroristas, de guerras o de hambrunas ocupan todos los días portadas y grandes titulares… Lo que nos recuerda que también se muere de manera ‘antinatural’. Y ésta es la muerte más trágica e injusta. Fundamentalmente si es causada a manos de otros seres humanos o como consecuencia de estructuras humanas injustas.
Millones de seres humanos ven amenazadas sus vidas como consecuencia de la guerra, el terrorismo y la injusticia social. La mayoría de ellos acaban pereciendo sacrificados a los intereses económicos, políticos, nacionalistas e incluso religiosos de otros seres humanos. No hace falta viajar muy lejos a zonas de conflicto armado o a países de estructuras económicas y políticas inestables para descubrir esta lamentable realidad. Muy cerca de nosotros, miles de ciudadanos viven amenazados por el terrorismo de ETA. Otros, huyendo de la miseria o de la persecución política de sus respectivos países, buscan refugio en nuestras costas muchas veces fracasando en el intento. Y no quisiera olvidar a esos miles de indefensos seres genéticamente humanos y potencialmente personas que, siendo mucho más que ‘algo’ o que un ’ser vivo’ indefinible, son muertos violenta y legalmente en el útero materno en aras de un falso ‘derecho a decidir lo que quiera con mi cuerpo y con mi vida’ (cuando realmente se trata de otra vida y de otro cuerpo) que es en lo que se ha convertido la última reforma de la ‘ley de interrupción voluntaria del embarazo’ (nunca entenderé que una ley de estas características se considere de ‘izquierdas’).
Siendo todas estas situaciones (y otras que el lector pueda recordar y no se recogen aquí) muy dispares entre sí, tienen en común que atentan gravemente contra la vida humana, y cuando tantas vidas humanas, a nivel local y mundial, se pierden violentamente de esta forma, el ser humano se pregunta por su sentido. ¿La muerte, la injusticia, los asesinos, las estructuras opresoras tienen la última palabra? ¿La vida de tantas víctimas de la Historia ha sido un sinsentido, un fracaso?
Aparentemente, y dado que son vidas ya irrecuperables, la respuesta a estas preguntas sólo puede ser afirmativa. Pero los cristianos, que estos días recordamos de manera especial a nuestros muertos, creemos que no es así, que la muerte y la injusticia no tienen la última palabra. Creemos en un Dios de Vida y dador de sentido, que está más próximo a las víctimas que a los victimarios que nunca se arrepienten; un Dios que también se hizo víctima porque compartió los valores y el estilo de vida de muchas víctimas comprometidas en la construcción de un mundo mejor para todos. Creemos en un Dios que defiende la vida de todos y toda la vida (no únicamente un sistema de plazos). Y por todo ello creemos que Dios acoge a todos los muertos, de manera particular a aquellos que han sido víctimas de la injusticia y opresión de otros hombres.
Pero esta creencia cristiana en ningún momento puede interpretarse como una forma de escapismo que infravalora la vida terrena en favor de una vida eterna mejor. Una concepción así del cristianismo coincidiría con la descripción que hace Max Horkheimer de la religión en mal sentido, aquella que se sustenta en «la vana mentira de que el mal, el sufrimiento, el horror tienen un sentido, bien gracias al futuro terreno, bien al futuro celestial». Por el contrario, confiar en un Dios de Vida implica comprometerse, con fe y sentido, en la defensa de todas las vidas humanas, especialmente aquellas más débiles y amenazadas.
Doña Pancha no falleció en aquella ocasión. El sacerdote la visitó otro día y nos enteramos de que la mujer estaba algo mejor y que iban a llevarla al hospital para su recuperación. Ha pasado mucho tiempo de aquello. Mi relación con aquel sacerdote, Txomin, prácticamente terminó a la par que nuestra misión hondureña. Hace pocos años me dijeron que había fallecido de un cáncer. Era un hombre relativamente joven y fuerte, además de, eso percibí, buen sacerdote. Estoy seguro de que él goza ahora de esa vida eterna en la que creemos los cristianos… y en la que doña Pancha se reencontrará con su hijo asesinado. Sirvan estas líneas de modesto recuerdo, aunque tardío, de Txomin y de aquello que, breve e intenso a la vez, compartimos en tierras hondureñas.

La influencia nociva de Obama

La influencia nociva de Obama/Naomi Klein, columnista de The Nation y The Guardian. Autora de La doctrina del shock. El auge del capitalismo del desastre.
Traducción: José María Puig de la Bellacasa
Publicado en LA VANGUARDIA, 02/11/09):
Entre el cúmulo de explicaciones de la concesión del premio Nobel de la Paz a Barack Obama, la que sonó más verdadera salió de la boca del presidente francés, Nicolas Sarkozy: “Sella el regreso de Estados Unidos al corazón de todos los pueblos del mundo”.
En otras palabras, fue la manera de decir Europa a Estados Unidos: “Te queremos de nuevo”, algo parecido a ese singular ritual de “renovación de votos” que celebran las parejas tras atravesar una mala racha. Ahora que Europa y Estados Unidos han vuelto a unirse de modo oficial, tal vez valga la pena preguntar: “¿Se trata de algo positivo?”.
El comité del premio Nobel de la Paz, que concedió el galardón a Obama por su adhesión a la “diplomacia multilateral”, está persuadido, evidentemente, de que la participación y compromiso de Estados Unidos en el ámbito internacional constituye un triunfo de la paz y la justicia. Personalmente, no estoy tan segura. Tras nueve meses de mandato, Obama hace gala de un historial claro y patente en tanto que protagonista en el tablero mundial.
De forma reiterada, los negociadores estadounidenses, en lugar de reforzar e impulsar las leyes y protocolos internacionales, han optado por debilitarlos, induciendo incluso a algunos países ricos a ir por la senda de una limitación de normas reguladoras.
Empecemos por la cuestión más en juego: el cambio climático. Durante el mandato de Bush, los políticos europeos se desmarcaron de Estados Unidos expresando su inquebrantable compromiso con el protocolo de Kioto.
Por tanto, cuando EE. UU. aumentó sus emisiones de gases de efecto invernadero en un 20% con relación a los niveles de 1990, los países de la Unión Europea redujeron los suyos en un 2%. Nada espectacular, pero ciertamente constituyó el claro ejemplo de cómo una brecha en la relación entre la UE y Estados Unidos reportó palpables beneficios al planeta.
Cuando se juzgaba que las recientes conversaciones sobre el clima celebradas en Bangkok supondrían un jalón conducente a un acuerdo susceptible de alcanzarse en Copenhague en el próximo mes de diciembre para reforzar el protocolo de Kioto, resulta, en cambio, que Estados Unidos, la UE y el resto de países desarrollados formaron un solo bloque para desechar el protocolo de Kioto con vistas a su sustitución.
Donde el protocolo de Kioto establecía objetivos claros y vinculantes sobre la reducción de emisiones, el plan estadounidense pretendería que cada país fije el grado de tal reducción para someter posteriormente sus planes a la vigilancia y supervisión internacional (sin más instrumento en la mano que hacerse ilusiones para garantizar que ello mantenga la temperatura del planeta por debajo de niveles catastróficos). Y donde Kioto responsabilizaba directamente a los países ricos que crearon la crisis, el nuevo proyecto en ciernes trata a todos los países por igual.
Estos tipos de propuestas poco convincentes no fueron del todo sorprendentes viniendo como venían de Estados Unidos. Lo escandaloso fue la repentina unidad del mundo rico sobre este plan, incluidos muchos países que habían cantado anteriormente las alabanzas del protocolo de Kioto.
Pero hubo más traiciones: la UE, que había señalado que gastaría de 19.000 millones de dólares a 35.000 millones de dólares anuales para ayudar a países en vías de desarrollo a adaptarse al cambio climático, acudió a Bangkok con un ofrecimiento muy inferior, más acorde con la cantidad prometida por Estados Unidos…, lo mismo que nada.
Antonio Hill, asesor de Oxfam, resumió las negociaciones: “Cuando sonó el pistoletazo de salida, pudimos observar que se iba hacia una limitación de normas reguladoras de la que se valían los países ricos para debilitar sus compromisos en el ámbito internacional”.
No es la primera vez que un celebrado retorno a la mesa de negociaciones resulta en una anulación de acuerdos, en medio de textos de leyes y convenciones internacionales tirados por los suelos.
Estados Unidos hizo un papel similar en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Racismo, reunida en Ginebra el pasado mes de abril. Tras realizar todo tipo de supresiones y tachaduras en el texto que se negociaba – no se hizo, así, referencia alguna a Israel o a los palestinos, a indemnizaciones por situaciones de esclavitud, etcétera-,la Administración Obama decidió boicotearlo en cualquier caso, señalando el hecho de que el nuevo texto “reafirmaba” el documento adoptado en Durban (Sudáfrica) en el año 2001.
Fue una excusa pobre e inconsistente, no exenta de lógica ya que Estados Unidos nunca había firmado el documento original. Sin embargo, lo carente de lógica fue la ola de retiradas similares por parte de países ricos. En el plazo de 48 horas tras el anuncio estadounidense, Italia, Australia, Alemania, Holanda, Nueva Zelanda y Polonia se retiraron. Pero, a diferencia de Estados Unidos, estos gobiernos habían firmado todos la declaración del 2001, de modo que no podían apoyarse en un determinado argumento para rechazar un documento que lo reafirmaba. Pero no importaba.
Por lo que se refiere a las negociaciones sobre el cambio climático, hacer frente común con Obama – con su impecable reputación-era una manera cómoda de eludir las gravosas obligaciones y compromisos del caso aparentando a la vez ser progresista; un servicio, por cierto, que Estados Unidos nunca pudo rendir durante el mandato de Bush.
De modo similar, Estados Unidos ha ejercido una influencia nociva en calidad de nuevo país miembro del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Su primera prueba fue el valeroso informe del juez Richard Goldstone sobre el ataque israelí contra Gaza, que concluyó que se habían cometido crímenes de guerra tanto por parte de las fuerzas armadas de Israel como por parte de Hamas.
En lugar de demostrar su compromiso con el derecho internacional, Estados Unidos hizo uso de su influencia para desprestigiar el informe tachándolo de “muy defectuoso” y emplear mano dura con la Autoridad Palestina a fin de que retirara una resolución de apoyo (es posible que la ANP, que se enfrentó a una furiosa reacción en casa por ceder a la presión de Estados Unidos, presente una nueva versión).
Y luego tenemos, cómo no, las cumbres del G-20, los compromisos multilaterales de Obama de más alto rango. Cuando se celebró la de Londres en abril, pareció por un momento que podría surgir algún intento internacional coordinado de refrenar a los especuladores financieros transnacionales y evasores de impuestos.
Sarkozy prometió incluso que abandonaría la cumbre si esta no alcanzaba compromisos serios en materia de regulación. Pero la Administración Obama no tenía interés en un auténtico multilateralismo y abogó en cambio por que los distintos países presentaran sus respectivos planes (o no)… confiando en que salieran las cosas según sus puntos de vista, de un modo similar al caso de su temeraria postura sobre el cambio climático. Sarkozy, no hace falta decirlo, no se levantó en ninguna dirección salvo para estar presente en la sesión de fotos junto a Obama.
Naturalmente, Obama ha adoptado algunas iniciativas en el panorama internacional, como al no tomar partido por el gobierno golpista de Honduras y al apoyar la nueva Agencia de las Naciones Unidas sobre las Mujeres.
Sea como fuere, ha emergido un claro patrón: en áreas donde otros países ricos vacilaban entre una acción basada en unos principios y la negligencia, las intervenciones de Estados Unidos los han inclinado hacia la negligencia. Si esta es una nueva era de multilateralismo, no vale la pena.

La inanidad de las sntencias interpretativas

La inanidad de las sentencias interpretativas/Manuel Jiménez de Parga, de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas
Publicado en ABC, 02/11/09;
Las sentencias de fondo que dictan los jueces y los magistrados deben resolver las pretensiones controvertidas y deben estar jurídicamente fundadas. Es así como se satisface la tutela judicial efectiva que reconoce y consagra el artículo 24 de la Constitución Española (CE).
Otro artículo de la CE, el 120, exige que las sentencias estén motivadas. Tales preceptos nos plantean dudas sobre las denominadas «sentencias interpretativas», en las que no se decide nada con carácter definitivo, sino que se deja abierta la cuestión debatida para que puedan mantenerse soluciones distintas. ¿Es esto, acaso, resolver una controversia? ¿No nos recuerda al “lavarse las manos” del despreciable Pilatos?
Entre las sentencias interpretativas hasta ahora pronunciadas, algunas parecen fruto de una candidez asombrosa. Por ejemplo, la ingenuidad de pensar que los partidos políticos iban a comportarse en el Congreso de los Diputados y en el Senado de una manera generosa y no de la forma que les permite su fuerza parlamentaria.
Se debatía en aquella ocasión el nombramiento de los miembros del Consejo General del Poder Judicial. ¿Era inconstitucional que la mitad de los vocales fuese propuesta por el Congreso y la otra mitad por el Senado? ¿Cómo se garantizaría la división de los poderes del Estado si uno de ellos, el Legislativo, designa a los componentes del órgano de gobierno del Poder Judicial?
La sentencia del TC que declara conforme a la Constitución la ley de 1985, con la confusión de poderes indicada, se fundamenta del siguiente modo: «Ciertamente, se corre el riesgo de frustrar la finalidad de la Norma Constitucional (la distinción y separación de los poderes del Estado) si las Cámaras, a la hora de efectuar sus propuestas, olvidan el objetivo perseguido, atienden sólo a la división de fuerzas existentes en su propio seno y distribuyen los puestos a cubrir entre los distintos partidos, en proporción a la fuerza parlamentaria de éstos». El riesgo era inevitable y en la misma sentencia no se olvida que «la lógica del Estado de partidos empuja a actuaciones de este género», o sea a comportarse según el número de escaños de cada uno.
La lógica se impuso efectivamente y el Consejo General es un reflejo del Parlamento. La anhelada división de los poderes del Estado fue una utopía, soñada por los constituyentes en 1978.
Y siguen soñando quienes creen que el ordenamiento constitucional se realiza sólo con normas jurídicas. Los poderes fácticos intervienen en el proceso junto a los partidos políticos admitidos en el sistema. En suma: se configura una realidad jurídico-política que debe ser analizada con un criterio jurídico-político. La Constitución no ha de tener el mismo tratamiento que, por ejemplo, la Ley de Arrendamientos Urbanos o, incluso, el Código Civil. Por ello la sentencia interpretativa resulta a veces inane: quedan fuera de la resolución judicial los agentes que impondrán, según los casos, lo que más les conviene.
El ordenamiento constitucional se integra con reglas y con principios. Una sentencia interpretativa que infravalore, o desconozca, la fuerza vinculante de los principios es también inane.
El Tribunal Constitucional estableció en su día: «La Constitución proclama principios, debidamente acogidos en su articulado, que dan fundamento y razón de ser a sus normas concretas. Son los principios constitucionales que vinculan y obligan, como la Constitución entera, a todos los ciudadanos y a todos los poderes públicos (art. 9.1 CE), incluso cuando se postula su reforma o revisión y hasta tanto ésta no se verifique con éxito mediante los procedimientos establecidos en su Título X».
Uno de los grandes principios constitucionales es el interés general de España; otro, la solidaridad entre los españoles.
La enumeración de los principios constitucionales incluye, además, los siguientes:
1.La soberanía, en cuanto poder originario, pertenece a la Nación española.
2.La autonomía de las Comunidades en poder derivado de la Constitución
Muy importante, por ello, es conocer el texto de la Constitución. Su estudio debería intensificarse en los planes de enseñanza, con el fin de dar una buena formación a los ciudadanos.
Conocimiento del texto constitucional y lealtad a la Constitución. Ahora bien, la lealtad a la Constitución no puede alcanzarse con el simple conocimiento, ni incluso con la mera observancia de la norma positiva, aunque ésta se conciba más allá del puro formalismo. Es otra clase de lealtad, más profunda. La Constitución atiende a determinados fines que trascienden a la positividad de sus mandatos. El respeto a la Constitución exige una lealtad entendida como adhesión a fines y valores, con unos principios constitucionales que dan razón de ser y sentido a las normas concretas.
En España dentro de la lealtad en todos los ámbitos constitucionales, hay una con notable protagonismo: la lealtad en las relaciones entre el Estado y las Comunidades Autónomas.
Como tuve ocasión de exponer, hace algún tiempo, en un inolvidable acto académico, la doctrina española en este punto es tributaria de la dogmática constitucional alemana, que ha hecho de la Bundestreue, la lealtad federal, uno de los principios fundamentales de su modelo de distribución territorial del poder público. Se le ha llegado a definir como un principio inherente a la división horizontal del poder, válido, pues, por encima de la variante estrictamente federal. En nuestro caso su operatividad es mayor que en otros modelos descentralizados, habida cuenta de la singularidad de nuestro sistema autonómico.
Curioso por ello es que algunas sentencias interpretativas contengan razonamientos del tenor del siguiente: «En el ámbito de lo dispuesto por el art. 147.2 d) CE, los Estatutos de Autonomía no pueden establecer por sí mismos derechos subjetivos en sentido estricto, sino directrices, objetivos o mandatos a los poderes públicos autonómicos. Por ello, cualquiera que sea la literalidad con la que se expresen en los estatutos, tales prescripciones estatutarias han de entenderse, en puridad, como mandatos a los poderes públicos autonómicos, que, aunque les vinculen, sólo pueden tener la eficacia antes señalada. Lo dicho ha de entenderse…».
Si aceptásemos ese razonamiento la literalidad de las normas importa poco. Además de inanes las sentencias interpretativas resultan, a veces, asombrosas.
Sabido es que nuestro modelo territorial de organización del Estado no fue rematado por la Constitución; fue definido, fue bosquejado. Los principios y fundamentos del modelo están perfectamente establecidos: soberanía del pueblo español, unidad de la Nación española, supremacía de la Constitución.

Encuesta del CIS

Los políticos son vistos como problema
El CIS sitúa al PP con tres puntos de ventaja electoral antes de su crisis interna
EL PAÍS - Madrid - 03/11/2009;
Hace mucho que el terrorismo de ETA dejó de figurar entre las principales preocupaciones de los españoles. Pero uno de los datos más llamativos del Barómetro de octubre del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) es que cuando se le pide a los encuestados que señalen cuál es para ellos el principal problema de España, la opción "la clase política, los partidos políticos", se sitúa por encima del terrorismo. Es la tercera más citada entre las respuestas espontáneas de los entrevistados. La primera preocupación, a mucha distancia, sigue siendo el paro.
La clase política aparece mencionada como una de las principales inquietudes de los españoles en el 13,3% de las respuestas. Hace justo 12 meses, este asunto sólo sumaba un 7% de alusiones en las encuestas. Y a la clase política podrían añadirse también otras menciones de los entrevistados sobre "la corrupción y el fraude" (5,2%) y "el Gobierno, los partidos y los políticos" (otro 5%).
La encuesta confirma la tendencia al alza del PP, al que sitúa con 3,3 puntos de ventaja sobre el PSOE. El trabajo de campo se realizó la segunda semana de octubre, justo después de que se conocieran nuevos detalles del caso Gürtel al levantarse parcialmente el secreto de sumario.
Sin embargo, cuando se producen estas respuestas no se habían desatado aún las agrias batallas internas del PP en público en Madrid, a cuenta de la presidencia de Caja Madrid, y en Valencia, por el desafío de Ricardo Costa a la dirección nacional del PP. La semana pasada terminó con declaraciones inauditas, como Mariano Rajoy diciendo que se le había acabado la paciencia o la secretaria general, María Dolores de Cospedal, pidiendo perdón a los ciudadanos por el espectáculo que estaba dando el PP.
La encuesta de Metroscopia para EL PAÍS de principios de octubre también daba 3,6 puntos de ventaja al PP. Sin embargo, una realizada la semana pasada y publicada en la edición del domingo reducía drásticamente esa distancia hasta un empate técnico.
A la pregunta "¿a qué partido o coalición no votaría nunca?", un 25% responde que al PP, frente a un 11,7% que dice al PSOE. Es más la gente que no sabe contestar a la pregunta (21,7%). En este contexto, en su cálculo de estimación de voto, el CIS confirma la tendencia de julio pasado, cuando el PP superó al PSOE por primera vez desde marzo de 2004.
El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, registra su valoración más baja, un 4,11 sobre 10, aunque sigue siendo el político más valorado. Detrás aparece Rosa Díez, de UPyD (4,08). Mariano Rajoy recibe un 3,61. El 72% de los encuestados tiene "poca o ninguna confianza" en Zapatero. En Rajoy, el dato llega al 80%.
El ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, es el más valorado del Gobierno con una nota media de 4,77. También la política del Gobierno contra el terrorismo es la más valorada, frente a las políticas económicas y de vivienda. La encuesta propone a los ciudadanos que señalen qué partido (PP o PSOE) abordaría mejor una serie de políticas. El Gobierno merece más confianza que el PP en todos los aspectos, excepto en dos: la economía y el empleo. Sin embargo, en el tema del empleo, la respuesta mayoritaria (un tercio de los encuestados) es que ninguno de los dos está capacitado para abordarlo.
El 57,4% juzga mala o muy mala la situación política española, frente a un 6,2% que la considera buena. Lo peor es que el 36,4% cree que ahora es peor que hace un año (sin que hubieran estallado aún la batalla por Caja Madrid o el escándalo de corrupción que afecta a PSC-PSOE y CiU en Cataluña) y sólo el 3,6% considera que ha mejorado. La inmensa mayoría de los españoles (71,2%) sigue percibiendo como mala o muy mala la situación económica (hace un año ya era el 63%) frente al 3,6% que la juzga como buena o muy buena, cifras muy similares a las del CIS del mes anterior. El 59% de los entrevistados cree que ahora la coyuntura económica es peor que hace un año y sólo el 6,4% considera que ha mejorado.

¿El final de la democracia?

¿El final de la democracia?/ Walter Laqueur, director del Centro de Estudios Internacionales y Estratégicosde Washington

Publicado en LA VANGUARDIA, 01/11/09;
Las capitales occidentales están de mal talante. Y su mal humor tiene poco que ver con la situación económica que puede decirse que ha mejorado algo en las últimas semanas. Hace veinte años, cuando cayó el muro de Berlín en Alemania y finalizó la guerra fría, verdaderas multitudes se pusieron a bailar en las calles de la Europa central y oriental. Hace diez años, los primeros ministros y ministros de Economía y de Asuntos Exteriores de Europa se reunieron en Lisboa y en su comunicado final pronosticaron un esplendoroso futuro para el continente en casi todos los aspectos. Se publicaron libros titulados, por ejemplo, El fin de la Historia.La libertad y la democracia estaban a punto de triunfar en todo el mundo; los conflictos internos y tensiones entre los países habían finalizado.
¿Qué cabe decir del momento actual? Discursos pesimistas y numerosos libros y artículos titulados Posdemocracia o incluso El fin de la democracia dudan de si las actuales instituciones políticas en Occidente podrán solucionar los problemas que afrontan estas sociedades. El gran intelectual italiano Claudio Magris, al agradecer la concesión del premio de la Paz de los libreros alemanes en la Feria del Libro de Frankfurt, no tuvo palabras de consuelo, sino de lamentación, sobre la impotencia de Europa, sobre su falta de propósito y de progreso y sobre la falta de cumplimiento de todos los sueños de antaño. Los grandes partidos tradicionales de derecha e izquierda en Europa pierden apoyo, como han mostrado las recientes elecciones en Alemania y harán probablemente lo propio las británicas. El pesimismo reina en Europa del este y la situación italiana suministra materia a los autores satíricos en mayor medida que a los comentaristas políticos serios. En EE. UU. no hace tanto tiempo, se depositaban grandes esperanzas en la elección de Obama como presidente. Su prestigio personal sigue siendo notablemente elevado. Sin embargo, cunde el pesimismo con relación a los resultados de su Administración tanto en el interior como en el exterior.
Hace veinte años, reinaba un optimismo general acerca del avance de Rusia hacia la democracia y su aproximación a Occidente. Poco queda de tal optimismo. Vladimir Putin y su círculo parecen convencidos de que aunque Occidente siga siendo un importante cliente del petróleo y gas rusos, Rusia tiene más que aprender de China desde el punto de vista político. Con su sistema de partido único, China ha realizado grandes progresos en muchos aspectos y se ha convertido en una gran potencia. ¿No está enseñando a Rusia la vía para recuperar su grandeza anterior? Ex Oriente lux…Numerosos pensadores rusos (y no sólo ellos) han pregonado durante mucho tiempo que la salvación provendría de Oriente y no del decadente (y hostil) Occidente.
¿Cómo explicar este cambio radical de talante en pocos años? Algunos motivos son evidentes: las expectativas, sencillamente, eran demasiado elevadas. Reinaba el convencimiento de que cada año seríamos más felices y gozaríamos de mayor seguridad y riqueza. Eran fantasías de capitalismo de casino, por un lado, y antiglobalización revolucionaria, por otro. Pero no había razón alguna para presuponer que porque había terminado la guerra fría la paz irrumpiría en toda la Tierra. Numerosos conflictos sofocados durante la guerra fría salieron a la luz cuando acabó. En las democracias occidentales ganó terreno el convencimiento de que la ciudadanía podía – como en el Cándido,de Voltaire-retirarse tranquilamente y sin riesgo a cultivar su jardín dejando al Estado y a los partidos políticos la tarea de lidiar con los escasos problemas que pudieran quedar. La idea de que la libertad y la defensa de los derechos humanos implicaran una vigilancia constante y una participación activa en la vida pública, de que las sociedades democráticas proporcionaran no sólo derechos sino también deberes… todo eso parecía pertenecer a tiempos pasados.
El problema no está en que las sociedades democráticas afrontaran súbitamente dificultades sin precedentes, tal vez insuperables, que no pudieran posiblemente abordar salvo en el caso de un esfuerzo sobrehumano bajo la guía y liderazgo de líderes que fueran verdaderos genios. No. La cuestión es que la vida se había vuelto excesivamente cómoda. No había peligros evidentes e inmediatos en casa o en el extranjero y se esparcieron toda suerte de fantasías e ilusiones acompañadas de una creciente indolencia e indiferencia.
Veinte años después del famoso “fin de la Historia”, la mayor parte de la humanidad no vive en el seno de sociedades democráticas y las posibilidades de que esto cambie radicalmente en el futuro son casi inexistentes. Al contrario, la influencia política de la democracia liberal en el mundo ha disminuido. EE. UU. se debilita y Europa mucho más. Pero ello no significa el fin de la democracia. Las ganas de vivir en libertad no desaparecen del planeta. Incluso las autocracias han de fingir que son también partidarias de la democracia; sólo que de un modo distinto, no al estilo occidental. Tal vez las sociedades occidentales puedan despertar aún de su sopor y los cambios de talante sigan produciéndose como han hecho a lo largo de la historia.

Mujeres

Nosotras siempre somos más/Esther Tusquets, escritora
Publicado en EL PAÍS, 01/11/09;
Desde siempre he sabido que las mujeres tenemos una vida más larga que los hombres. Lo oí desde niña, y también me explicaron que esto se debía a que las mujeres, dado que no trabajábamos (o, por lo menos, no trabajábamos fuera de casa, en profesiones estresantes y de responsabilidad), consumíamos menos energía y nuestro organismo sufría un desgaste mucho menor. Siempre lo di por bueno.
En efecto, si una máquina se utiliza poco, tiene por lo general más duración que si está a tope muchas horas. Vivíamos más porque no dábamos golpe, y lo malo era que, al integrarnos cada vez más en el mundo del trabajo, íbamos a perder una de las pocas ventajas de las que disfrutábamos, íbamos a morir más jóvenes y nuestra longevidad se equipararía a la de los varones.
Han transcurrido muchos años y las cosas no han ido por este camino. Cada vez son más las mujeres que trabajan -incluso en profesiones tan intensas y absorbentes como la política o los altos cargos de las grandes empresas, donde están presentes las dos máximas ambiciones del ser humano de hoy: el poder y el dinero- y es posible que anden estresadísimas, que sobrevivan a base de ansiolíticos y antidepresivos, pero la verdad es que no por ello mueren antes, ni siquiera las deteriora la mala conciencia de que por su culpa no pueda yo seguir citando (mi hermano Óscar, implacable y para mí utilísimo Pepito Grillo, me advirtió que estaba haciendo el ridículo) aquella frase que me gustaba tanto, según la cual el día que mujeres ineptas e incapaces ocuparan cargos de responsabilidad se habría logrado la igualdad entre los sexos.
¡Dios mío, si habremos visto mujeres incompetentes, ignorantes y estúpidas y nefastas ocupando cargos de poder! Y lo habrán hecho muy mal, y desde luego no se ha logrado la paridad con los varones (a partir de ahora puedo decir que la igualdad entre los sexos se habrá empezado a lograr cuando se equiparen los salarios), pero seguimos viviendo más que ellos. Es fácil comprobar que habitamos un mundo lleno de viudas.
Hace muy poco tiempo, unos meses, supe la verdadera razón de que las mujeres fuéramos más longevas. Y resultó ser la opuesta a aquella que yo había aceptado como buena desde niña.
Lo descubrí por casualidad, en una conferencia sobre el cerebro que dio el neurólogo que maneja con extraña sabiduría mi Parkinson (e incluso, y tiene mayor mérito, me controla a mí), Nolasc Acarín. Aunque iba dirigida a profanos, yo me perdí de la misa la mitad. Pero algo quedó claro: el cerebro del hombre no envejece por exceso de uso sino por uso insuficiente. Cuanto más activo esté uno, más probabilidades tiene de llegar a viejo. Y esto cobra especial importancia cuando se empieza a envejecer, cuando al jubilarte tienes la oportunidad de elegir en qué vas a emplear tu tiempo, o si no vas a emplearlo en nada. Y, al parecer, las mujeres nos mantenemos infinitamente más activas que los hombres.
“¿Sí?”, pregunté un poco sorprendida, porque nunca lo había visto desde este punto de vista.
Y hubo una respuesta unánime y entusiasta por parte de las asistentes. “¿No te has dado cuenta? ¡Siempre somos más! ¡En las conferencias! ¡En los teatros! ¡En las presentaciones de libros! ¡En las bibliotecas públicas! ¡En las excursiones! ¡En las clases de yoga! ¡En las de gimnasia! ¡En los cursos para la tercera edad! ¡En los clubs de bridge! ¡En las conferencias! ¡Aquí mismo!”.
Efectivamente, habían acudido a oír hablar del funcionamiento del cerebro humano muchas más mujeres que hombres. “En todas partes somos más, ¡menos en el fútbol!”, zanjó una la cuestión. Las mujeres, además, -mucho más que los hombres- se han mantenido siempre activas al alcanzar la tercera edad. Porque parte de las funciones que tradicionalmente se les asignan -el cuidado de la casa, de los ancianos y, sobre todo, de los niños- no desaparecen con la edad. Las “tareas domésticas” siguen siendo las mismas; los padres de la pareja han llegado a la vejez y requieren mucha atención y ocupan mucho tiempo, y con frecuencia han aparecido los nietos.
También los varones se preocupan por sus padres, “colaboran” con creciente frecuencia en los trabajos caseros, y suelen adorar a sus nietos, de modo que desarrollan actividades con ellos. Pero la responsabilidad recae en la mujer. Mientras muchos hombres, al alcanzar la jubilación, consideran haber concluido con sus obligaciones y -menos curiosos, menos dados a múltiples intereses, menos activos- se pasan las horas muertas delante de la televisión.
Si esto es así, resulta que las mujeres vivimos más, no por estar ociosas, sino por mantenernos más activas, por tener intereses más amplios y variados, por forzar a nuestro cerebro (¿será siquiera verdad que, como pretenden algunos, el tamaño del cerebro se relacione con la inteligencia?, tendré que preguntárselo a Acarín) a seguir funcionando a buena marcha.
Me gusta la idea. Por una vez una teoría establecida por hombres y mujeres no nos deja relegadas a ciudadanos de segunda…

Murderous idealis

Murderous idealis/By Paul Hollander, a professor emeritus of sociology at the University of Massachusetts at Amherst and an associate of Harvard’s Davis Center of Russian and Eurasian Studies. He is the author of the paper Reflections on Communism 20 Years after the Fall of the Berlin Wall
THE WASHINGTON POST, 02/11/09):
The Berlin Wall that came down 20 years ago this month was an apt symbol of communism. It represented a historically unprecedented effort to prevent people from “voting with their feet” and leaving a society they rejected. The wall was only the most visible segment of a vast system of obstacles and fortifications: the Iron Curtain, which stretched for thousands of miles along the border of the “Socialist Commonwealth.” I am one of those who managed to cross these obstacles in November 1956, when they were partially and temporarily dismantled along the Austrian-Hungarian border. My experiences in communist Hungary, where I lived until age 24, had a durable impact on my life and work.
While greatly concerned with communism in the late 1940s and early 1950s, Americans — hostile or sympathetic — actually knew little about communism, and little is said here today about the unraveling of the Soviet empire. The media’s fleeting attention to the momentous events of the late 1980s and early 1990s matched their earlier indifference to communist systems. There is little public awareness of the large-scale atrocities, killings and human rights violations that occurred in communist states, especially compared with awareness of the Holocaust and Nazism (which led to to far fewer deaths). The number of documentaries, feature films or television programs about communist societies is minuscule compared with those on Nazi Germany and/or the Holocaust, and few universities offer courses on the remaining or former communist states. For most Americans, communism and its various incarnations remained an abstraction.
The different moral responses to Nazism and communism in the West can be interpreted as a result of the perception of communist atrocities as byproducts of noble intentions that were hard to realize without resorting to harsh measures. The Nazi outrages, by contrast, are perceived as unmitigated evil lacking in any lofty justification and unsupported by an attractive ideology. There is far more physical evidence and information about the Nazi mass murders, and Nazi methods of extermination were highly premeditated and repugnant, whereas many victims of communist systems died because of lethal living conditions in their places of detention. Most of the victims of communism were not killed by advanced industrial techniques.
Communist systems ranged from tiny Albania to gigantic China; from highly industrialized Eastern European countries to underdeveloped African ones. While divergent in many respects, they had in common a reliance on Marxism-Leninism as their source of legitimacy, the one-party system, control over the economy and media, and the presence of a huge political police force. They also shared an ostensible commitment to creating a morally superior human being — the socialist or communist man.
Political violence under communism had an idealistic origin and a cleansing, purifying objective. Those persecuted and killed were defined as politically and morally corrupt and a danger to a superior social system. The Marxist doctrine of class struggle provided ideological support for mass murder. People were persecuted not for what they did but for belonging to social categories that made them suspect.
In the aftermath of the fall of Soviet communism, many Western intellectuals remain convinced that capitalism is the root of all evil. There has been a long tradition of such animosity among Western intellectuals who gave the benefit of doubt or outright sympathy to political systems that denounced the profit motive and proclaimed their commitment to create a more humane and egalitarian society, and unselfish human beings. The failure of communist systems to improve human nature doesn’t mean that all such attempts are doomed, but improvements will be modest and are unlikely to be attained by coercion.
Soviet communism collapsed for many reasons, including the economic inefficiency that resulted in chronic shortages of food and consumer goods, and pervasive and mendacious propaganda, which amounted to the routine misrepresentation of reality highlighting the gap between theory and practice, and promise and fulfillment. The political will of leaders behind the Iron Curtain diminished over time — in part because of Nikita Khrushchev’s 1956 revelations about Joseph Stalin’s crimes but also because of their own experiences of the system’s flaws. They no longer had the will to crush dissent. In the 1980s, Mikhail Gorbachev allowed new revelations of the errors and evils of communism to be aired — further undermining the legitimacy of communist rule.
The failure of Soviet communism confirms that humans motivated by lofty ideals are capable of inflicting great suffering with a clear conscience. But communism’s collapse also suggests that under certain conditions people can tell the difference between right and wrong. The embrace and rejection of communism correspond to the spectrum of attitudes ranging from deluded and destructive idealism to the realization that human nature precludes utopian social arrangements and that the careful balancing of ends and means is the essential precondition of creating and preserving a decent society.

Historia de espías

Historia de espías

Revista Semana # 1435, 31 de octubre de 2009;
Detrás de la masacre de nueve colombianos en el Táchira hay una telaraña de conspiraciones y paranoia que agrava la crisis regional.
Hace una semana se supo que nueve jóvenes colombianos, un peruano y un venezolano habían sido cruelmente masacrados en Venezuela, cerca de la frontera. Eran humildes vendedores de maní que habían sido secuestrados 12 días atrás por un grupo armado en Chururú, Táchira. Sus cuerpos aún no habían sido sepultados cuando ya voces del gobierno venezolano los tildaban de paramilitares, y acusaban al gobierno de Colombia de estar infiltrando espías y grupos irregulares por la frontera. Aunque las primeras hipótesis atribuyeron la matanza a grupos guerrilleros, y otros a una guerra entre bandas de narcotraficantes y paramilitares, a medida que transcurrieron los días se fue configurando un escenario mucho más macabro y complejo, que muestra cómo las relaciones entre Colombia y Venezuela están en un momento explosivo y peligroso. Una verdadera bomba de tiempo.
Una soterrada guerra fría entre los dos países que lleva varios años, y que ha pasado del insulto personal a la guerra comercial, subió la tensión en las últimas semanas. Primero, cuando en septiembre el ex jefe de informática del DAS Rafael García dio una entrevista a Noticias Uno en Venezuela en la que aseguró que el presidente Uribe conocía de un plan tramado en 2003 por el entonces director del DAS, Jorge Noguera, y el jefe paramilitar 'Jorge 40', para enviar un comando paramilitar a Caracas para asesinar a Chávez.
García ha estado durante varios meses en Venezuela bajo la protección de la Dirección de Inteligencia Militar. A sus explosivas declaraciones se sumaron las del paramilitar Giovanny Velásquez, quien en sendas entrevistas con el canal Al Jazeera y con el Nuevo Herald acusó al ex gobernador de Zulia Manuel Rosales, de haber convocado paramilitares para un complot contra Chávez, y aseguró que el gobierno colombiano conocía estos planes. En Colombia estas denuncias no tuvieron mayor repercusión, por la baja credibilidad de estos controvertidos personajes.
En Venezuela, sin embargo, con base en estos testimonios, la Asamblea Nacional aprobó un informe donde la tesis de la conspiración contra el gobierno se hizo oficial. El 11 de octubre, en medio de ese clima, misteriosamente Chávez no estuvo en su tradicional Aló Presidente y oficialmente sólo se dijo que estaba enfermo. Pero los organismos de inteligencia tienen información de que tuvo que salir en secreto a Cuba, pues había un atentado inminente en su contra. Diez días después, el 21 de octubre, Chávez emitió un decreto presidencial en el que autoriza la creación oficial de las milicias bolivarianas como parte de la estrategia de defensa de su pueblo ante una posible invasión extranjera, como pregona su doctrina de seguridad. En otras palabras, Chávez le dio vía libre al pueblo para que se arme. Eso implica no sólo que las Fuerzas Armadas pierden el monopolio de la fuerza, sino que está creando un ejército ideologizado y a su servicio.
En este contexto aparecieron la semana pasada los cadáveres de los 11 colombianos masacrados, y un sobreviviente: Manuel Cortés. Cuando empezaban a surgir hipótesis sobre lo ocurrido, el gobierno de Chávez anunció que tenía en su poder a cuatro colombianos que estaban espiando en su territorio. Acto seguido, el ministro del Interior, Tarek Al Aissami, mostró ante la Asamblea Nacional en pleno, documentos reservados del DAS que revelan que ha habido operaciones de la inteligencia colombiana sobre Venezuela, Cuba y Ecuador. Todo esto apenas horas antes de que Colombia y Estados Unidos firmaran el controvertido acuerdo de las bases militares.
¿Qué tiene que ver la masacre de estos humildes vendedores de maní con todo este delicado escenario geopolítico y militar? Una de las dos hipótesis más fuertes que hay sobre la masacre es que la habrían cometido el ELN, que se mueve como pez en el agua en Táchira, según el gobernador César Pérez Vivas, con la tolerancia de las Fuerzas Armadas. La otra es que habrían sido las Fuerzas Bolivarianas de Liberación, una guerrilla prochavista que se mueve en la frontera con el supuesto objetivo de contener la entrada de paramilitares. Pero en cualquier caso, diversas fuentes consultadas por SEMANA en la zona fronteriza y en Caracas coinciden en que ni el secuestro ni la matanza se pudieron haber hecho sin complacencia de las Fuerzas Armadas venezolanas. La operación ocurrió a dos kilómetros del aeropuerto militar de Santo Domingo, en un área donde hay por lo menos dos bases fijas de la Guardia Nacional.
Pero hay datos adicionales. Agencias de inteligencia colombianas saben que en mayo pasado, en el fuerte Tavacaré, en el estado Barinas, hubo una reunión a la que asistieron miembros de la cúpula de la Dirección de Inteligencia Militar (DIM) y se habló de crear un dossier sobre la infiltración de miembros del DAS y de paramilitares en la frontera, con el objetivo de capturarlos y crear un caso judicial contra el gobierno de Colombia.
Más inquietante aún resulta que muy pocos días antes de que aparecieran muertos los 11 jóvenes, un coronel de la inteligencia del Ejército venezolano haya estado indagando si uno de los secuestrados, Manuel Cortés -el sobreviviente- tenía nexos con el DAS o con los paramilitares. A eso se sumó la inoportuna declaración del vicepresidente venezolano, Ramón Carrizales, quien antes que ofrecer apoyo para esclarecer la masacre, dijo que había indicios de que eran paramilitares y que no descartaba que fueran infiltrados del gobierno de Uribe. Diversas voces del gobierno de Chávez se limitaron a decir que lo ocurrido en la frontera no era más que la exportación de la guerra colombiana en su territorio, una disputa entre grupos guerrilleros y paramilitares o mafiosos. No obstante, el escenario que quedó configurado esta semana es más complejo y preocupante.
¿Que hay detrás de todo esto?
Por un lado, hay un problema de política doméstica. Chávez ha perdido terreno no sólo en las encuestas, sino en gobernabilidad, y este tipo de episodios se le presentan como una perfecta cortina de humo. Pero no sólo eso. Los estados fronterizos, especialmente Zulia y Táchira, están en manos de sus opositores acérrimos. Las acusaciones de infiltración de paramilitares y agentes de inteligencia, aliados con sus adversarios, le cae como anillo al dedo para socavar la legitimidad de estos hacia las próximas elecciones. El riesgo es que la intensa polarización política de Venezuela desemboque en episodios de violencia política o criminal, algo que hasta ahora no ha sido usual en ese país. Manuel Rosales, hoy exiliado en Perú, ha terminado acusado por la Asamblea Nacional de estar conspirando para matar a Chávez, y el gobernador de Táchira, César Pérez Vivas, de reunirse frecuentemente con paramilitares en Colombia. Convertir a los adversarios políticos en criminales o conspiradores puede ser una fórmula efectiva para el gobierno.
Pero en todo esto también hay una dosis combinada de espionaje y paranoia. En 2005 un grupo de 153 paramilitares colombianos fueron capturados en la hacienda Daktari en Táchira. Aunque nunca se pudo comprobar que su plan fuera matar a Chávez, sí está claro que querían establecer un frente en Venezuela, y que contaban con el apoyo de políticos y empresarios de ese país. También hay versiones, como la de Rafael García yl a de Giovanny Velásquez, de que miembros del DAS estarían involucrados en este tema.
Dos años después, un episodio gravísimo, propio de la peor guerra fría, se mantuvo en el más bajo perfil. Un oficial y un suboficial de inteligencia militar de Colombia fueron brutalmente asesinados en el estado Zulia, cuando realizaban una operación de inteligencia contra las Farc. Aunque los venezolanos dijeron que esta guerrilla los había descubierto y matado, hay pruebas de que ellos fueron capturados por la Guardia Nacional. El gobierno de Venezuela cree que estos dos oficiales no buscaban a Iván Márquez, como se ha dicho, sino que hacían parte de un comando especial para desestabilizar a Venezuela.
Los capítulos más recientes son aún menos claros. Si bien hace un mes fue capturado en Maracay el agente del DAS Julio Enrique Tocora, quien portaba una identidad falsa, el gobierno asegura que estaba por razones personales en Venezuela y él mismo ha dicho que le tendieron una trampa para que entrara al país y fuera capturado. Hay otras tres personas detenidas en Venezuela, acusadas de espionaje. Sin embargo, el director del DAS ha dicho que ninguno de ellos tiene relación con esa entidad.
De otro lado, el ministro del Interior de Venezuela, Tarek Al Aissami, reveló los documentos de una gran operación de inteligencia de Colombia contra sus vecinos para tratar de mostrar a Uribe como un factor de desestabilización de la región. Lo que tiene en sus manos el gobierno de Chávez es la filtración de una investigación interna que hizo el DAS a una de sus agentes, Mónica Cardoso, quien, según un alto funcionario de esa entidad, quería robar información sobre actividades de contrainteligencia donde el DAS intentaba detectar actividades de espionaje de los venezolanos y ecuatorianos en territorio colombiano.
El gobierno de Uribe ya sabía que estos documentos estaban en manos de Venezuela y que su contenido, a pesar de que hacía parte de una investigación normal y legítima dentro de los parámetros de inteligencia, iba a ser interpretada como parte de un plan conspirativo de Colombia contra sus vecinos.
Los documentos de inteligencia en realidad afectan más a Ecuador que a Venezuela, por eso pocos dudan que el ministro Al Aissami los presentó con gran despliegue mediático con el propósito de obligar a Rafael Correa a pronunciarse, como luego lo hizo, y de paso torpedear la inminente reconciliación con Colombia. Correa dijo que si se comprobaba que había espionaje, suspendería los acercamientos con Colombia. Al respecto, un alto funcionario del gobierno de Uribe le dijo a SEMANA que Venezuela ha hecho todo lo posible por obstruir el clima de confianza que se ha construido con Ecuador.
Puede ser casual que Venezuela sacara los documentos reservados del DAS justo horas antes de que se firmara el acuerdo de las bases militares en Washington, a pesar de que los tenía en su poder desde hace varias semanas. Pero toda la orquestación sobre denuncias de espionaje, paramilitarismo y complot tienen el propósito político de mostrar a Colombia como una amenaza para la región y un país desestabilizador del vecindario. No para elaborar un caso ante la justicia internacional, escenario donde Chávez es visto como un caudillo tropical de mano dura, sino para llevarlo a unos predios ideológicos más afines, como el Consejo de Seguridad de Unasur, y lograr un mayor aislamiento de Uribe en Suramérica.
Colombia, por su parte, en todo este episodio lo que ha hecho es tener encendidas las antenas de sus organismos de inteligencia, incluido el DAS, sobre lo que pasa en Venezuela, con el fin de defender su seguridad nacional. Labores que sí son de incumbencia del DAS, y no, como lo venía haciendo, grabar ilegalmente a magistrados, periodistas y defensores de derechos humanos críticos del gobierno.
Todo lo anterior refuerza la hipótesis de guerra asimétrica con la que Chávez se ha mantenido en el poder. Nada justifica más su política de crear milicias que mostrar evidencias de que paramilitares y espías lo están invadiendo por las fronteras. Chávez siempre ha dicho que Colombia será la cabeza de playa por donde los gringos lo invadirán. El uso de las bases militares colombianas por parte de Estados Unidos ha acrecentado su paranoia. Por eso no es extraño que, llevando a la práctica lo que ha dicho durante años, empiece a prepararse para una guerra irregular, o de "resistencia", como él la ha llamado. La pregunta que ronda en el ambiente es si la masacre del Táchira es un primer episodio de una guerra irregular en territorio venezolano o es simplemente un crimen espeluznante contra unos indefensos muchachos que quedaron atrapados en una lógica de conspiraciones, miedos y amenazas de guerra.
Pies de seda
En Colombia, sobre todo en sectores de análisis estratégico, crece la idea de que los constantes incidentes con Venezuela, y su progresivo escalamiento, son un típico escenario de preguerra, donde los enemigos suelen construirse primero en los discursos, y entre los dos países se ha pasado de la retórica hostil a la ruptura de relaciones comerciales y políticas, y hace rato se está jugando con candela en términos de seguridad.
Hace unos años pensar que podría existir un incidente bélico en la frontera causaba risa, dados los lazos que unen a los dos países. Ya causa temor. Cada vez más existe la convicción en el gobierno y las Fuerzas Militares de que Venezuela es un santuario de la guerrilla y el narcotráfico, y que eso amenaza su seguridad interna y la regional. Pero en el gobierno venezolano cada vez se cree más que hay una conspiración de Estados Unidos y Colombia para tumbar a Chávez. Esta visión que tiene cada uno del otro es muy preocupante, ya que sólo alimenta el maniqueísmo y el odio entre los dos países.
Frente a este desolador panorama Colombia tiene el reto de actuar con mucho tacto e inteligencia. En la frontera con Venezuela hay un polvorín de narcotráfico, guerrilla y paramilitares, que frente a la dinámica política en la que andan los dos países puede ser el detonador de un conflicto de mayor envergadura. Más aun cuando hay pruebas de que altos militares venezolanos les brindan apoyo logístico y económico a las guerrillas colombianas, y que a la vez, están conformando grupos irregulares en su propio país. Es decir, que existe el riego de que un eventual conflicto militar entre los dos países no ocurra como muchos han imaginado, con Chávez mandando sus Sukhoi a Colombia y Uribe sus K-fir a Venezuela, sino una guerra irregular donde empiecen a morir civiles marcados por la sospecha.
En ese sentido, aclarar esta masacre es muy importante para los dos países. Porque si queda en la impunidad, se convierte en una patente de corso para quienes están fraguando una estrategia criminal.
Hablar de un escenario prebélico quizá suene exagerado, pero la dinámica de los acontecimientos es inquietante: la profunda desconfianza entre los dos Presidentes; la paranoia del chavismo sobre una invasión a su país; la leña que le meten al fuego las bases gringas; la convicción del gobierno colombiano de que Venezuela se esté convirtiendo en un santuario de grandes criminales, y ahora las masacres en la frontera, revelan que la cosa va de mal en peor. Ya se transita por la guerra verbal y la confrontación comercial; pareciera que se estuviera entrando a los terrenos pantanosos de la guerra sucia. Un coctel explosivo que hay que parar cuanto antes.

Peródico La República

"'La República' no es vieja"
El nuevo director de 'La República', Fernando Quijano, habló de los retos que tiene y de la alianza para imprimir el 'Miami Herald' en Bogotá.
SEMANA: -¿Qué tiene de novedoso ser director de un diario viejo?
FERNANDO QUIJANO: -La República es el primer diario económico del país y como todo debe cambiar y ajustarse a los nuevos tiempos. Lo de viejo es muy relativo, pues es el diario más actualizado en información empresarial y financiera.
SEMANA: -¿Pero aceptar la dirección de un diario no es un reto muy grande ahora que están cerrando tantos periódicos?
F.Q.: -Están cerrando los de información general o los de ínfulas nacionales. Los económicos o especializados están creciendo. Mire las cifras del Wall Street Journal; Financial Times, Expansión o Cinco Días.
SEMANA: -¿Cómo manejará los columnistas de ‘La República’?
F.Q.: Como siempre se han manejado. Hablando con ellos constantemente para decirles qué leen nuestros 55.000 lectores diarios. Pura economía, negocios, movidas, finanzas, economía mundial. Ellos no usan las columnas como trincheras, simplemente analizan la economía nacional y mundial.
SEMANA: -Pero ‘Portafolio’ es más grande y tiene más lectores.
F.Q.: Lo importante no es ser el más grande, sino ser el mejor, y a eso le estamos apostando.
SEMANA: -¿Pero qué habrá de nuevo en ‘La República’?
F.Q.: Estamos trabajando para hacer alianzas fuertes con empresas más globales de información mundial. Fuimos los primeros en traer a Colombia la agencia Bloomberg y seremos los primeros en imprimir el Miami Herald.
SEMANA: -¿Y cómo es eso del ‘Miami Herald’?
F.Q.: Desde el jueves, los 90.000 estadounidenses que viven en Colombia podrán leer la edición internacional del Miami Herald a las 5 de la mañana en su hotel o en su residencia. Y no sólo los norteamericanos, sino todos los que quieran leer en inglés las noticias del emblemático periódico de Miami, que en Colombia tiene unos 20.000 lectores.
SEMANA: -¿Y ‘La República’ qué tiene que ver allí?
F.Q.: Pues que podremos afinar más nuestro público ofreciéndoles el paquete La República más el Miami Herald. Queremos dejar atrás esos ‘Guantánamos informativos’ de meter una página de otro diario en nuestras páginas... queremos entregarles una marca total al lado de la nuestra.
SEMANA: -Los lectores de economía se han pasado a leer información por Internet o celulares, ¿le va a apostar a eso?
F.Q.: Somos el periódico económico con más periodistas especializados en busca de informaciones exclusivas. En Internet tenemos una página muy actualizada, y el objetivo es llevar esas notas de última hora a las iPhone y BlackBerry.

Bajo la sombra del terror

A la sombra del terrorista
Revista Semana, # 1436, 31 de octubre de 2009;
En un libro, la primera esposa y uno de los 20 hijos de Osama ben Laden cuentan por primera vez detalles íntimos de su vida. Mientras ella tiene una visión romántica, su hijo lo destruye.
Desde cuando Osama ben Laden se convirtió en el hombre más buscado del mundo, hace ocho años, nunca antes se había contado su historia desde la perspectiva de la familia. Jean Sasson, escritora estadounidense y corresponsal en Oriente Medio durante 12 años, acaba de publicar Bajo la sombra del terror, la vida de Osama ben Laden revelada por Najwa, la primera de sus esposas, y Omar, el cuarto hijo de los 11 que tuvo con ella. Jean fue contactada en 2008 por Omar y el resultado es una historia de contrastes: Najwa tiene una visión idílica de un marido respetuoso, sabio y protector; su hijo retrata a un frío tirano obsesionado por la guerra y el Islam, para quien los hijos no eran otra cosa que soldados para la causa. "Creo que Osama cambió -le dijo la autora a SEMANA-, al principio amaba a Najwa y era muy cuidadoso, pero después su vida política y militante se hizo más importante que sus esposas y sus hijos".
Cuando Najwa se casó con su tímido primo Osama, vivió un sueño. A sus 15 años estaba enamorada, "me encantaba todo de él, desde su apariencia hasta sus modales suaves y su carácter fuerte. Para describirlo, diría que era un chico orgulloso pero no arrogante. Era delicado pero no débil. Era grave pero no severo". "Najwa, tú eres para mí como una perla preciosa que debo proteger", le decía Osama, de 17 años. Para ella, la vida con su esposo fue feliz a pesar del aislamiento, sus prolongadas ausencias y su fervor por la guerra santa. Aprendió que no debía cuestionar las decisiones de su marido por extrañas que fueran. "Najwa, ¡deja de pensar!", le habría ordenado Osama. Él, un hombre de gustos sencillos que agradecía tanto un pedazo de pan como el mejor corte de carne, la hacía sentir segura y respetada. Según cuenta, Osama dejó en sus manos una de las decisiones más importantes: le dijo que quería tomar una segunda esposa, pero que no lo haría si ella no estaba de acuerdo.
Osama era muy religioso y se empeñaba en vivir de manera austera a pesar de ser muy rico por los negocios de construcción de la familia. Insistía en imitar a Mahoma y alejar de su hogar todo lo que solía llamar "los males de la vida moderna", que incluían la nevera, ventiladores, aire acondicionado, gaseosas, dulces, juguetes e incluso las medicinas para el asma de sus hijos, que pretendía curar haciéndoles respirar a través de un panal. Pero eso no le impedía darse el lujo de comprar autos último modelo. Para glorificar el Islam, tomó cuatro esposas y tuvo 20 niños. "Mi padre odiaba a sus enemigos más de lo que amaba a su hijos", dice Omar, y recuerda un día que Osama los reunió y les dijo, "Hijos míos, hay un papel en la pared de la mezquita. El papel es para hombres que son voluntarios para ser bombarderos suicidas. Aquellos que quieran dar la vida por el Islam deben agregar su nombre". Él esperaba tener el orgullo de que alguno de sus hijos aceptara. Uno de los menores lo hizo y Omar le preguntó a su padre si iba a permitirlo. "Esto es lo que debes saber, hijo mío. No tienes más lugar en mi corazón que cualquier otro hombre o muchacho en todo el país".
Como todo niño, Omar creció convencido de que su padre era un héroe, y así lo veía cuando mostraba su habilidad matemática venciendo a la calculadora en complicados cálculos mentales y vibraba con sus historias del campo de batalla en Afganistán. Aunque su cuarto hijo siempre buscó su atención, Osama no era un hombre afectuoso y parecía que nada lograba despertarle algo de calidez paterna. De hecho, era cruel con sus hijos y solía golpearlos con una vara por infracciones como sonreír mostrando los dientes, hablar muy fuerte o hacer un chiste.
Era común que llevara a los hijos hombres a largas caminatas bajo el sol ardiente y no les permitiera tomar ni una gota de agua hasta cuando volvieran a casa. Convencido de que algún día tendrían que vivir en condiciones extremas, una noche se internó en el desierto con sus cuatro esposas y 16 hijos sin equipaje ni provisiones. Al llegar obligó a los varones a cavar huecos, uno por cada miembro de la familia, y allí pasaron la noche. "Acostada en aquel agujero y tapada con arena, mirando al cielo bañado de estrellas, me decía que mi marido conocía mucho más el mundo que nosotros. Todos éramos perlas para él, y él quería protegernos. Además, ¿quién sabe? Tal vez llegaría un momento aterrador en que mis hijos y yo tendríamos que huir de guerreros, agradecidos por las lecciones de Osama", recuerda la enamorada Najwa. Ese día estaba próximo.
Como le dijo Jean a esta revista, "su esposa casi no sabía nada de su vida militante, y su hijo sólo pudo enterarse de algo cuando en 1996 viajó a Afganistán con él. Omar nunca fue miembro de Al-Qaeda, pero observaba lo que pasaba a su alrededor y algo intuía. Claro, nunca imaginó la magnitud de esas misiones". Cuando Osama llevó a su familia a instalarse en las montañas de Tora Bora sin agua, ni electricidad, Najwa lo aceptó con estoicismo, pero para Omar ya era demasiado y sólo pensaba en alejarse. Un día Osama le confesó que quería destruir Estados Unidos hasta que los musulmanes lideraran el mundo. Omar, que habría preferido que su padre se dedicara a cultivar girasoles como solía hacerlo en sus fincas, le preguntó cuándo pararía la guerra. "¡Lucharé hasta mi muerte! ¡Pelearé hasta mi último aliento! ¡Nunca detendré mi lucha por la justicia!", respondió.
Omar dejó Afganistán y convenció a su madre de que hiciera lo mismo cuando un amigo suyo le advirtió que debía huir porque un gran plan estaba en curso y muchos morirían. El 11 de septiembre Omar vio como cualquiera en el televisor la imagen de dos edificios que ardían. "¡Mira lo que ha hecho mi hermano!" gritaba su tío, pero Omar no estaba convencido de que su padre fuera el responsable. "Sólo más tarde, mucho más tarde, cuando se atribuyó la autoría de los ataques, supe que tenía que renunciar al beneficio de la duda. Era el momento de desechar el sueño que me había permitido, en la esperanza febril de que el mundo estuviera equivocado y de que mi padre no había ideado tan espantoso día". Llamó a su madre, pero ella no podía hablar. Desde ese momento, ninguno de ellos ha vuelto a saber nada de él, ni de ningún otro de los miembros de la familia que se quedaron en Afganistán.
Y si bien sus visiones de Osama son distintas, ambos comparten el dolor de haber visto al hombre que amaron convertirse en el terrorista odiado por Occidente. "Aunque no puedo ordenarle a mi corazón dejar de amar a mi padre, hay ocasiones en que se me llena de rabia por sus acciones que le hicieron daño a mucha gente. Como hijo de Osama ben Laden, lamento todas las cosas terribles que ocurrieron, lamento que se hayan destruido vidas inocentes, lamento el dolor que todavía lacera muchos corazones", afirma Omar. Najwa, quien ahora vive en Siria con tres de sus 11 hijos y desconoce el destino de los demás, prefiere evitar el tema, y dice que sólo puede hablar de los atentados desde su condición de madre, "mi corazón siente el dolor de cada pérdida y no llora sólo por mis hijos, sino por los que todas las madres han perdido". Habían vivido junto al padre y esposo, pero ese día conocieron al terrorista.

Judas en el Senado

Columna Estrictamente Personal/Ratmundo Riva Palacio
Judas en el Senado
Ejecentral.com, November 2, 2009;
El gobierno del presidente Felpe Calderón invirtió tiempo y capital político con los líderes del PRI para lograr su apoyo en el punto más crítico de la Ley de Ingresos: el incremento de impuestos. Lo tuvo que hacer porque estaba en un círculo vicioso donde no había forma de romperlo si no era con medidas recaudatorias. La caída en los precios del petróleo le habían quitado un flujo continuo y permanente de 30 mil millones de pesos, y si no lo reponía, las agencias calificadoras le podrían bajar el grado de inversión a México –que ya se encuentra bajo advertencia-, con lo cual se cerrarían la accesibilidad a líneas de crédito y a los mercados de bonos. Es decir, le planteó el secretario de Hacienda al Presidente, si el entorno económico para México era malo, sin el remplazo de ese flujo, sería peor. La única solución era subir el impuesto al consumo, que le daría el equivalente necesario para tranquilizar a las agencias calificadoras.
La negociación con el PAN, difícil y compleja de sí pues se tuvo que realizar con grupos antagónicos al Presidente y a la actual dirigencia nacional, pudo lograrse mediante dos fórmulas: explicar la gravedad de la situación en la que se encontraba México –que hizo el secretario de Hacienda, Agustín Carstens a la plenaria del PAN el jueves pasado-, y concesiones a los grupos adversos a Calderón para compensar el apoyo al incremento en el IVA. Sin embargo, en el quid pro quo interno se atropellaron y rompieron los acuerdos que se habían alcanzado con el PRI para el mismo propósito de respaldar el aumento de impuesto. El resultado fue la ruptura de la alianza entre los dos partidos donde el gobierno y el PAN consiguieron sus objetivos en el corto plazo, pero abrieron la puerta para la ingobernabilidad en el mediano y largo plazo.
El PRI, que se dividió públicamente entre diputados y senadores por el tema del IVA, procesó quirúrgicamente el paquete fiscal en el Senado y llegó a acuerdos con el PAN. Todos pasaron por la Comisión de Hacienda, incluido el que provocó la ruptura -el primer transitorio en el artículo 244 de la Ley de Derechos-, donde se eximía del pago de 5 mil 600 millones de pesos de derechos durante los dos primeros años al concesionario de una nueva banda ancha en el espectro para telefonía móvil, que habían impulsado desde la Cámara de Diputados priistas y verdes, cuyo dictamen firmaron todos sus miembros –incluidos los panistas- el martes pasado.
Como el PRI dijo que se abstendría de votar a favor del IVA, negociaron que el Partido Verde apoyara al PAN, y que ocho senadores priistas –tres figuras de sacrificio simbólico, el coordinador Manlio Fabio Beltrones, el secretario general del partido Jesús Murillo Karam, y el ex candidato presidencial Francisco Labastida- se quedarían en el pleno y se abstendrían de votar, mientras el resto de la bancada se salía de la sesión para no provocar un quórum que afectara la aritmética del PAN con los verdes. Poco después, el PRI y los verdes, descubrieron que los habían timado.
Mucho antes de que se pusiera a voto el IVA, el PAN ya sabía que no iba a respetar sus acuerdos. En la plenaria que sostuvieron en la víspera, decidieron que rechazarían en bloque el transitorio del 244. Varios senadores cuestionaron la decisión. “No podemos romper un acuerdo”, espetó un senador al coordinador panista Gustavo Madero, y el presidente de la Comisión de Hacienda, José Isabel Trejo, argumentó que el dictamen había sido firmado por todos los panistas. Las respuestas fueron las mismas. Lo único que Madero permitió fue que los miembros de la Comisión votaran a favor del dictamen, que hicieron 16 de 51 senadores. Con el voto del PRD, el transitorio se rechazó y rompió la alianza hacia las dos de la mañana del sábado.
No se sabe si Madero informó al Presidente que iban a ignorar el pacto con el PRI y el Verde, pero cuando eso sucedió, lo que se afectó no fue meramente el beneficio que recibiría un concesionario, cualquiera que este fuera, sino la gobernabilidad. Lo notaron los panistas desde ese momento. Los priistas empezaron a introducir modificaciones a artículos y transitorios, aprobando todo. Se sumaron al PRD para quitarle la facultad al Presidente de fijar aranceles, que tiene un impacto directo en el manejo de las relaciones comerciales con el mundo, y desde la Cámara de Diputados les enviaron las primeras señales de guerra. Estaban listos para revertir la decisión sobre el transitorio del 244 y para enfrentar a los panistas en las comisiones de Hacienda y a la propia Secretaría en la Ley de Egresos.
En la Cámara de Diputados repararon los acuerdos con el PRI. Se repuso la exención en el pago de derechos previsto en el artículo 244 por una abrumadora mayoría que incluyó el voto de decenas de panistas y se regresó al impuesto gradual en tabacos, eliminando la modificación que votó el PAN la madrugada del sábado para un pago único en 2010, que era parte de otro acuerdo suscrito en la Comisión de Hacienda. Los diputados del PAN tuvieron que dar marcha atrás a los incumplimientos de los senadores de su partido, mientras que los diputados del PRI corrigieron la venganza automática que tomaron sus senadores por esa ruptura de acuerdos, y repusieron en San Lázaro las atribuciones al Presidente en materia arancelaria.
Uno podría decir que las cosas volvieron a la normalidad en el legislativo, en tanto se rearmaron los acuerdos tomados entre PAN y PRI para sacar adelante el IVA. Pero no es así. Los partidos quedaron en el Senado enfrentados unos con otros y, a la vez, confrontados senadores y diputados de los mismos partidos. Hay encono y pérdida de certidumbre en la negociación. Vuela abiertamente la desconfianza y, al no poder sostener en los hechos lo prometido en palabras, los interlocutores quedaron rebasados. En tiempos de crisis económica y política, y de la guerra común contra el narcotráfico, la división de las clases gobernantes es el peor resultado que podría haber salido de la negociación de la Ley de Ingresos. El Presidente logró el IVA que quería, pero el costo será bastante más alto que el que pudo haber calculado.
rrivapalacio@ejecentral.com.mx