10 ene. 2011

Cambios en la SCJN

El presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), Juan Silva Meza, ordenó cambios en la estructura de la institución.
En un comunicado, informó que el objetivo de la reestructuración administrativa es garantizar un uso transparente y austero de los recursos que recibe la Corte.
Del organigrama de la SCJN se suprimen cinco secretarias: la Secretaría General de la Presidencia, la Secretaría Ejecutiva Jurídico Administrativa, la Secretaría Ejecutiva de Asuntos Jurídicos, la Secretaría de Administración y la Secretaría Ejecutiva de Servicios.
El acuerdo general de administración 1/2011 mediante el cual se da inicio al proceso de reestructura orgánica y funcional del Alto Tribunal.
Se nombraron a:
Arturo Pueblita Pelisio,  en la Secretaría de la Presidencia a Alberto Torres López, donde como direcctor  de Asuntos Jurídicos, a Carlos Pérez Vázquez como coordinador de asesores de la presidencia, Jorge Camargo Zurita como  Director General de Comunicación, entre otros.
Ratificó entre otros a: 
Rodolfo Héctor Lara Ponte como Oficial Mayor, y a Enrique Rodríguez Martínez como director del Canal Judicial.
Comunicado:
México D.F., a 10 de Enero de 2011
INICIA PROCESO DE CONSOLIDACIÓN ADMINISTRATIVA DE LA SCJN
Como primera decisión en la estrategia de crear una administración moderna, planificada e innovadora, transparente y orientada a la consecución de resultados, el Ministro Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), Juan N. Silva Meza, emitió el acuerdo general de administración 1/2011 mediante el cual se da inicio al proceso de reestructura orgánica y funcional del Alto Tribunal.
El espíritu de esta decisión se fundamenta en las Líneas Generales hacia la Consolidación Institucional del Poder Judicial de la Federación, asumidas como programa de trabajo por el Ministro Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y del Consejo de la Judicatura Federal, Juan N. Silva Meza.
Es compromiso del Ministro Presidente que los recursos públicos que se asignen al Poder Judicial de la Federación sean utilizados con racionalidad y austeridad, con eficiencia y eficacia, pero sobre todo, con honestidad, porque se trata de una amplia exigencia de la sociedad.
Es de recordar que al asumir la presidencia de la SCJN, el Ministro Silva Meza afirmó que “no es válido, no se vale generar expectativas de renovación, de mejoramiento, de cambio, para después caer en la autocomplacencia o en la simulación”.

Desarmados/ Germán Martínez Cázares/

Desarmados/ Germán Martínez Cázares/
Reforma. 10 Ene. 11

Estaba dispuesto a suicidarse, cuando un doctor le diagnosticó una enfermedad grave y agresiva. Se lo confesó con imperturbable estoicismo a Carlos Castillo Peraza. Era un mexiquense valiente. Veterano militante panista. Obrero y soldador en su juventud. Periodista de la Escuela Carlos Septién García. Parlamentario indómito. Diputado federal en tres ocasiones y miembro de la Asamblea del Distrito Federal. Prácticamente solo dirigió la revista La Nación, donde con su vieja máquina de escribir Remington heredó el testimonio escrito de más de 25 años de la lucha panista.
Gerardo Medina Valdés nació en el municipio de El Oro, en el estado de México. Volvería a morir al ver a su partido desesperado, desarmado, dispuesto al suicidio político.
¿Qué llevó al PAN mexiquense a quedar secuestrado en la estrategia electoral de quienes no reconocen al presidente Calderón? ¿Por qué algunos panistas se sienten destrozados sin coalición?
El poder político depositado por los ciudadanos a los panistas, en la entidad más poblada del país, no se cuidó. Los valores encarnados por Gerardo Medina se dilapidaron en las manos de aventuras personales, riñas internas, escándalos, excesos, incluso, quizá, corruptelas y delitos de panistas.
¿No fue señalado un alcalde de Atizapán, de autoría intelectual, en el asesinato de una regidora? ¿Cómo olvidar el sueldo del tristemente célebre actor y alcalde de Tultitlán, Antonio Ríos, 46 mil dólares anuales más del que cobró, entonces, Tony Blair en Inglaterra, o el pago mensual del presidente del necesitado municipio de Ecatepec, Agustín Hernández Pastrana, de más de 420 mil pesos al mes? Ésas y otras opulencias obligaron al entonces diputado federal, Felipe Calderón, a impulsar una reforma constitucional para lograr una remuneración pública decente.
El Congreso local mexiquense fue testigo, en dos legislaturas distintas, de actos emblemáticos de nuestra torpeza. Uno, el derroche de una mayoría panista de 29 diputados, fugada entre líos y depravaciones de 13 representantes traidores al PAN. Otro, más reciente, dejó en duda la rectitud panista: aprobaron las cuentas públicas irregulares de Arturo Montiel.
Algunos de los últimos ayuntamientos panistas terminaron sus mandatos en medio de impresiones serias de mal manejo del dinero público, como Atizapán y Cuautitlán; otros enfrascados en reyertas y, alguno, con un beso de Judas, corteja el favor de Peña Nieto. Sin omitir el ridículo de la mentira del "clon" del alcalde de Toluca, para promover su imagen.
Durante el último proceso de selección y designación de candidatos, las manifestaciones de panistas llegaban a la sede del Comité Nacional, alentadas y patrocinadas -me temo con gasto público-, por uno u otro palacio municipal, enfrascados en guerra fratricida. El desfiguro llegó a fingidas huelgas de hambre.
Muchos panistas mexiquenses abrazaron la política como mercadeo de intereses y "chambismo", sin control ni compromiso cívico.
Esa historia de vergüenza, y su onerosa factura, se está pagando hoy. No tener candidato a gobernador es mera consecuencia. ¿Cómo invitar a un ciudadano limpio y probo a ese tiradero interno? ¿Cómo alentar nuevas generaciones de panistas con ese comportamiento público?
Además, durante las vacaciones navideñas, con nuestra ausencia, perdimos la iniciativa de la coalición que arrinconaba al PRI; dejamos a los perredistas moderados a merced de López Obrador; provocamos la unidad de la izquierda que amenaza al PAN; entregamos la bandera opositora al diputado Encinas y, por tanto, regalamos la retórica de la alternancia. Todo sin someter a los priistas al mínimo desgaste.
Castillo Peraza libró del suicidio al mexiquense vertical Gerardo Medina, ¿quién salvará al PAN del estado de México? Luis Felipe Bravo Mena no aceptaría participar como candidato, pero su talento y mesura para encabezar el partido -al menos por el tiempo electoral-, le recuperaría, de entrada, junto a otros panistas mexiquenses, el rostro de honradez.

Con dirección a la barbarie

Con dirección a la barbarie/

Jesús Silva-Herzog Márquez
Reforma, 10 Ene. 2011

Una sociedad se retrata en sus escuelas, en sus prisiones, en sus parques. En todos esos ámbitos puede dibujarse el sentido de la vida en común: el sitio de los niños, los derechos de los malos, los espacios del juego. Pero es difícil imaginar un cuadro más crudo y más revelador de una sociedad que el que emerge de su morgue. ¿Qué historia cuentan esos almacenes malolientes? El depósito de los cadáveres nos describe mejor que nuestras plazas. ¿Quiénes mueren? ¿Por qué han muerto? ¿Cómo han sido separados de la vida? ¿Qué edad tenían al cerrar para siempre los ojos? ¿Hay castigo para quienes envían a la morgue los cuerpos sin vida?
Fernando Escalante se ha empeñado en contar los asesinatos en México y en entender lo que las cifras dicen de nuestros medios, de nuestra política, de nuestra sociabilidad. En septiembre de 2009 publicó en la revista Nexos un estudio meticuloso que era una geografía y una historia del homicidio en México. Los datos que Escalante recuperó de los archivos públicos contrastaban con el ánimo colectivo: México era un país mucho más pacífico de lo que había sido anteriormente. Desde los años noventa, las tasas de homicidio descendían. No eran cambios menores ni accidentales. En 1992 había 19 homicidios por cada 100 mil habitantes; en 2007 eran 8. Los datos parecían reflejar una tendencia firme de la sociedad mexicana en donde los conflictos territoriales, políticos, religiosos, familiares, desembocaban cada vez menos en la violencia y en la sangre. Por supuesto, la geografía ponía en claro las diferencias territoriales, pero la tendencia nacional era clara: México caminaba a la paz. La historia que contaban los datos de Escalante era la historia de un país que se alejaba de sus hábitos más brutales y en donde el respeto a la vida era crecientemente valorado. Poniéndolo en otros términos, era la historia de un país que daba pasos civilizatorios.
Ahora, en la edición actual de Nexos, Fernando Escalante regresa al tema para revisar la información que ha salido tras la publicación de su estudio inicial. Los datos que difunde (provenientes de la misma fuente) son verdaderamente alarmantes. El cambio en la tendencia es pavoroso. México ha regresado a los niveles de violencia que tenía hace 20 años. Lo que sistemáticamente se fue ganando a lo largo de dos décadas ha sido revertido en un par de años. No sólo se ha roto una tendencia terca y venturosa, sino que se ha roto de manera "violentísima". En un par de años la tasa nacional de homicidios regresa a los niveles de 1991. Las gráficas publicadas por la revista son demoledoras: una pendiente constante se interrumpe en 2008 para dar paso a una línea en ascenso casi vertical.
Existe una conexión obvia entre la "guerra contra el crimen organizado" y el repunte de la violencia asesina. Más aún: ahí donde el gobierno federal ha desplegado tropas, los homicidios han escalado con mayor dramatismo. El caso de Chihuahua es terrible: antes de los operativos la tasa de homicidios en el estado era 19.6 por cada 100 mil habitantes. Tras los operativos, el índice bajó a 14.4 en 2007, pero para el año siguiente brincó a 75.2 y en 2009 a 108.5 homicidios por cada 100 mil habitantes. El desplazamiento de los cuerpos policiacos locales (sin duda corrompidos por los narcotraficantes) ha tenido efectos siniestros. Los antiguos mecanismos de mediación política fueron devastados por una intervención federal descoordinada y, sobre todo, ineficaz. Pero lo que advierte Escalante es que este repunte de la violencia no puede ser explicado solamente como resultado de la lucha entre las mafias ni como indicador de la exitosa presión gubernamental a los contrabandistas. El incremento de los asesinatos supera el monto de los crímenes del crimen organizado que la prensa contabiliza puntualmente. No es que la muerte tenga permiso en México, como dice el título del estudio de Escalante. La muerte da permiso. La muerte autoriza la muerte. El homicidio que carece de consecuencias, el que se exhibe ostentosamente como mecanismo impune para resolver los conflictos, es invitación al homicidio. México dio en 2008 una vuelta en sentido contrario en la senda de la civilización. Seguimos avanzando en la ruta de la barbarie.
Pero para no terminar en mal tono, citemos al presidente Calderón en su alentador mensaje de año nuevo: "Puedo asegurarles que estamos avanzando por la ruta correcta y que vamos a derrotar a los criminales, para construir finalmente un México de paz, un México seguro, un México donde nadie esté al margen de la ley y donde nadie viva con temor".
http://blogjesussilvaherzogm.typepad.com/

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http://www.nexos.com.mx/?P=leerarticulo&Article=1943189

2011, el año del atrincheramiento: MCS

2011, el año del atrincheramiento/Manuel Camacho Solís
El Universal, 10 de enero de 2011
A falta de una iniciativa de reconciliación, las consecuencias del desacuerdo nacional ya marcan el perfil de la sucesión presidencial del 2012. La ausencia de un verdadero diálogo está llevando, desde el arranque de 2011, a que cada fuerza política se atrinchere. A que dé por supuesto que el diálogo y el debate ya no tienen cabida y que, por lo tanto, esto se resolverá defendiendo cada quien su plaza, su trinchera, y después todo lo demás.
Los cambios y posicionamientos con los que ha arrancado el año van en esa dirección. Así se puede observar, con distintos grados de avance, en las tres principales fuerzas políticas. Así empiezan a alinearse quienes los siguen desde distintos espacios de la sociedad. No hay duda de que una parte central de la política pasará por los partidos políticos por una sencilla razón: ellos tienen las llaves de las postulaciones de las candidaturas y en torno a la presidencial se dará la disputa sobre el rumbo futuro del país.
Si a esta situación le agregamos que se está llegando a esta elección en condiciones de gravedad, sobre todo por los altos niveles de violencia y el potencial acumulado de inconformidad social, es de preverse que cada fuerza considere como muy riesgosos los posibles desenlaces políticos y electorales del año que viene.
La primera decisión de atrincheramiento es del Presidente y el gobierno. Quien consideraba que no defendería la plaza, haría bien en revisar su análisis. Los cambios en el gabinete y en su partido, muestran que Felipe Calderón va a defender a su gobierno en la parte final y que jugará desde ahora a la sucesión. Va a apostar a que, con lo que tiene, pueda llevar a su partido a competir. Los cambios que hizo y los discursos que pronunciaron los funcionarios son de quien va a dar la batalla.
La segunda decisión es la del PRI. El pacto de los gobernadores a favor de Humberto Moreira es para defender el capital político construido en torno a la posible candidatura de Enrique Peña Nieto. Todas las fuerzas se han alineado para evitar que la disputa interna les arruine lo que ven como una oportunidad cercana. Están atrincherados frente a lo que viene. Lo estarán más al reconocer la voluntad presidencial de no entregar la plaza.
La tercera decisión es en las izquierdas. Por lo pronto se ha evitado que la división que ha persistido desde hace tres años hiciera eclosión. Si se tiene la capacidad para mantener la iniciativa en el estado de México, competir y ganar en Guerrero y resolver inteligente y responsablemente la sucesión en el PRD, las izquierdas también estarán agrupando sus activos para la disputa por el rumbo de la nación. Lo que falta en todos los casos es reconocer que no basta con atrincherarse.
Lo que hoy se necesita no es un discurso de reformas que, desde ahora se sabe, no tienen posibilidades inmediatas de éxito. Lo que no debiera postergarse es la construcción de una agenda mínima que abra a tiempo los espacios del debate en los medios para canalizar la inconformidad, que en materia de seguridad ayude a disminuir los niveles de confrontación y convenir las decisiones de Estado con las que habrá de darse el tránsito y donde las decisiones económicas contribuyan a mantener la serenidad, pero abran espacios para responder de mejor manera a una inconformidad social acumulada que está siendo adicionalmente nutrida por los aumentos de precios de alimentos, falta de crecimiento del mercado interno y afectaciones directas al empleo y el comercio en las zonas de mayor inseguridad.
Si 2011 es el año del atrincheramiento, habría que preparar las condiciones mínimas para que la competencia democrática de 2012 legitime a los nuevos poderes y el proceso electoral no exacerbe los conflictos y la violencia. Eso sólo es posible con una política que incluya nuevas iniciativas y mayor responsabilidad en su acompañamiento. Hacen falta decisiones que disminuyan los riesgos para el 2012 que, necesariamente, exigen un nivel mayor de audacia y responsabilidad.
Coordinador del Diálogo para la Reconstrucción de México (DIA)

Columna Razones

'No le hagan sombra al Presidente'/Jorge Fernández Menéndez

Columna Razpnez, Excélsior, 10/01/2011;
A todos, felicidades, convencido de que este 2011 no será, en general y tampoco en lo personal, tan oscuro como 2010.
Este 2011 estará marcado, pese a la persistencia y el efecto desestabilizador de la violencia, por los reacomodos políticos de cara a la elección presidencial del año próximo. El gobierno federal, tan reacio a realizar movimientos que envíen señales más o menos claras sobre los rumbos de su  sucesión, realizó el viernes pasado una serie de cambios que van en esa dirección pero que parten ya de la convicción de que cualquier aventura aliancista está rota. Sin embargo, todavía quieren esperar: la consigna que manejan, en Los Pinos y en el gabinete, acertada o no, es clara: no son tiempos, dicen, de hacerle sombra al Presidente
En los hechos, se designó en Energía y en Comunicaciones y Transportes, a dos de los mejores hombres del equipo de Ernesto Cordero, el secretario de Hacienda y quien aparece como el candidato que desde Los Pinos más se quisiera impulsar a la contienda de 2012. Con la mayoría de los movimientos anunciados, son cada vez más las posiciones del gabinete de funcionarios cercanos a Cordero: José Antonio Meade en Energía y Dionisio Pérez-Jácome en Comunicaciones, son dos secretarios jóvenes y que pueden desarrollar muy bien su tarea. El problema es con quién llevará Cordero la SHCP, sobre todo si, como se espera, aún faltan más de seis meses, por lo menos, para que deje esa posición si finalmente busca la candidatura. En el PAN no sobran, precisamente, los especialistas económicos: muchos de los que comenzaron en posiciones financieras importantes han emigrado a otras dependencias o a la iniciativa privada, otros se han ido con Agustín Carstens al Banco de México y los que podrían tener un origen o una relación con el PRI ya se están acomodando en ese partido. Cordero se fortalece en el gabinete pero tendrá un equipo políticamente más débil.
Da la impresión de que algunos de estos movimientos no estaban pensados originalmente así, pero algo catalizó las cosas, probablemente la decisión del PRD de lanzar a Encinas en el Edomex, con todo lo que ello implica, debe haber convencido a Los Pinos de que había que comenzar a mover sus piezas. Juan Molinar Horcasitas, del que no se duda de su cercanía con el presidente Calderón, gastó todo lo que pudo su capital como secretario de Comunicaciones y Transportes con costos políticos muy altos, y su situación era ya insostenible en esa dependencia. Pérez-Jácome, que es un administrador muy eficiente, parece que se ocupará, sobre todo, del programa de infraestructura, pero le dejan en Comunicaciones una agenda pendiente con innumerables enconos que pueden ocuparle tiempo y espacio. Colocar a Meade en Energía sólo se comprendería si ello implica un mucho mayor peso de la Secretaría sobre Pemex y la CFE. Lo cierto es que ni uno ni otro parecían estar encaminados a esas responsabilidades hace apenas dos semanas.
Quizás el caso más claro es la salida de Luis Felipe Bravo Mena de la secretaría particular. Bravo Mena se había convertido en un operador muy importante para el Presidente pero la decisión del PRD de lanzar a Encinas y con ello abandonar cualquier posibilidad aliancista, obligaba al PAN a tener un candidato competente. Y allí todo hace suponer que deberá ir Bravo Mena, cuya primera campaña en el Estado de México, en Naucalpan, fue a fines de los 80. Sorprendió la llegada de Roberto Gil a la secretaría particular: no por la confianza que le tiene el Presidente ni por su capacidad (Gil sigue siendo uno de los políticos jóvenes con mayor futuro en el panismo… si lo dejan), sino porque había salido muy golpeado de la contienda interna del partido. Pero mayor sorpresa generó que públicamente el presidente Calderón le haya encargado a Gil las relaciones con los otros Poderes de la Unión y los interlocutores políticos. En los hechos, mientras el secretario de Gobernación José Francisco Blake parece cada vez más el coordinador de las distintas áreas de seguridad, el encargo a Gil desde la secretaría particular parece refrendar que el Presidente querrá manejar la política-política directamente desde Los Pinos.
Lo que no ha cambiado en todo esto (y no tendría por qué hacerlo en el tramo final del gobierno), es la decisión presidencial de trabajar con un equipo cercanísimo y que no se abre a grupos ajenos al calderonismo. Mientras tanto, lejos de allí, Santiago Creel ya comenzó a buscar una candidatura que hoy parece lejana, y Josefina Vázquez Mota confirmará, antes que cualquiera del entorno de Los Pinos, esa búsqueda en las próximas semanas, con un perfil propio. Ahora habrá que ver si a los hombres más cercanos al calderonismo les alcanza el tiempo para la reconversión de funcionarios en precandidatos.

El camino perdido

El camino perdido

Por Gustavo Martín Garzo, escritor
EL PAÍS, 09/01/11;
Tres breves libros le han bastado a Juan Eduardo Zúñiga para hablar con una hondura y un rigor raras veces alcanzados en nuestra literatura de la disolución moral, los afectos contradictorios y las ocultas responsabilidades de la Guerra Civil y la posguerra española. Su obra, breve e intensa, es comparable a la de todos los grandes moralistas, en el sentido que Camus da a esta palabra: los que tienen la pasión del corazón humano. Los relatos de Juan Eduardo Zúñiga se adentran en los caminos afectivos de la historia. No escribe para juzgar a sus personajes, sino para asomarse a sus conciencias y almas atormentadas y dar cuenta de sus presentimientos, sus miedos y sus anhelos amorosos.
Juan Eduardo Zúñiga es el jardinero más secreto de nuestra literatura. Pero lo suyo no son las flores que adornan nuestros paseos, sino las que crecen en la noche al borde de los abismos del arrepentimiento y la soledad, en los oscuros subsuelos donde viven los deseos humanos. Heredero de Dostoievski, sus personajes siempre buscan una redención que no termina de llegar. Pero, al contrario que el autor ruso, al que todavía asiste algún tipo de fe, Zúñiga piensa que la verdad que el hombre necesita para vivir no la puede obtener ni adquirir de nadie, y que tiene que producirla una y otra vez en su interior. Cómo producir esa verdad, es la búsqueda de todos sus personajes. A todos ellos les mueve la nostalgia de una humanidad perdida, la búsqueda de la belleza. Una belleza que no tiene que ver con la antigua belleza de los lugares sagrados, siempre relacionados con un absoluto inasible, sino con esa belleza humana que se confunde, como afirmaba Dostoievski, con la capacidad de amar. “Solo le interesaban las mujeres que sufren”, escribe Joseph Frank, en su biografía sobre el autor ruso. Y también en esto Zúñiga sigue su propio camino. Un oculto romanticismo le lleva a interesarse por los seres que sufren, sí, pero a causa de sus deseos.
Ese romanticismo, que le sitúa en la estela de Turgueniev, su escritor más querido, es el tema secreto de la obra de Zúñiga. “El único viaje verdadero, escribió Proust, el único baño de juventud, no sería ir hacia nuevos paisajes, sino tener otros ojos, ver el universo con los ojos de otro, de otros cien, ver los cien universos que cada uno de ellos ve, que cada uno de ellos es”. De ese viaje surge Brillan monedas oxidadas, el libro que Zúñiga acaba de publicar tras un silencio de siete años, y que es sin duda el mejor regalo de Reyes que usted hubiera podido recibir este año. Es un libro escrito por un autor pleno de juventud y energía, incansable en su afán de seguir explorando la infinita geografía de los deseos humanos.
Muchachas que se pierden bajo la lluvia, maestros que descubren que lo que enseñan no vale nada, campaneros que ven en las heridas de los santos sus propias heridas, nobles que descubren que nada puede atar el corazón del amor, ancianas agonizantes que desaparecen bajo el peso de las riquezas que han acumulado inútilmente, músicos de jazz cuyos ojos son ventanas que se abren a plantaciones de sufrientes esclavos son los protagonistas de estos relatos. Juan Eduardo Zúñiga vuelve a hablarnos en ellos de la importancia del deseo y la memoria, de la ficción como responsabilidad, del anhelo de libertad, de la búsqueda del amor y su vinculación al sufrimiento. Pues en esa disyuntiva eterna entre dejar de amar y dejar de sufrir los protagonistas de estos relatos, como las grandes heroínas de las novelas rusas, siempre eligen el amor. Así son los amantes de Juan Eduardo Zúñiga, seres que buscan lo que no tienen, que obedecen órdenes que nadie da, que viven el amor como un deber tan desconocido como fatal e imposible de desatender.
En El campanero de San Sebastián, uno de los relatos, un hombre se hace cargo de las campanas de una iglesia, y ante la dificultad de subir y bajar cada día de la torre decide quedarse a vivir en ella. Una anciana le lleva de comer. Un día le ofrece una jarra de vino, y lo beben juntos. De los labios de la anciana brota entonces, por efecto del vino, una canción misteriosa que habla de esos caminos perdidos que llevan a hombres y mujeres a buscarse. Esa noche, trastornado por lo que acaba de oír, el hombre desciende de la torre. Ve entonces en las heridas de San Sebastián sus propias heridas, y comprende lo absurdo de su vida y de sus renuncias, y abandona la iglesia tratando de encontrar uno de esos caminos que nos llevan al reino del deseo.
Es un tema que se repite obsesivamente en los relatos de este libro. En uno de ellos, una muchacha repartidora de pizzas decide desnudarse sobre su moto como aquella dama medieval que recorrió sin ropa las calles de una ciudad sobre el lomo de su caballo. En otro, un noble se enamora de una gitana y lo deja todo para seguirla, y descubrir poco después que el corazón de las muchachas pide libertad. En otro más, una joven abandona el refugio en que un grupo de personas se protege de una tormenta y se interna bajo la lluvia llevada por su deseo de ser abrazada. En otro, en fin, el poeta Sá-Carneiro se enamora de una mujer y vive a su lado una aventura en que muerte y poesía terminan por confundirse. Todos ellos se rebelan contra su destino, quieren tener algo que no tienen. Zúñiga novela el fracaso de lo real para acoger nuestros sueños. Los caminos de la ficción son como ese camino perdido del que se habla en el cuento del campanero. Un camino en que placer y pena, vida y muerte, son hermanas gemelas que se roban la una a la otra.
En Desde los bosques nevados, su memoria sobre los escritores rusos, Juan Eduardo Zúñiga nos cuenta una hermosa historia de Pushkin y una amante que le regala su anillo. Pushkin muere en un duelo y un amigo encuentra el anillo en su bolsillo. El anillo termina en las manos de Turgueniev, que se lo regala a Pauline García-Viardot, por quien abandona Rusia para establecerse en Francia y a cuyo amor se mantuvo fiel hasta el fin de sus días. Cuando muere Turgueniev, Pauline dona el anillo a la Casa Museo de Pushkin, en Moscú. Pero alguien lo roba y el anillo desaparece para siempre.
En los cuentos de Zúñiga abundan las alusiones a las joyas. Pequeñas pulseras, delicados pendientes, broches luminosos, anillos secretos que provocan el deseo y la codicia. El anillo que Pushkin recibió de su amante nos dice que la tierra será un paraíso. Y algo nos hace sentir al leer los relatos de su último libro que ese anillo perdido ha estado en nuestras manos, no importa que solo el tiempo que duró su lectura. La negrura, el pesimismo de los relatos de Zúñiga, nunca es gratuito ni persigue condenar a los hombres. La literatura es para él el reino del deseo. Internarse en la oscuridad del mundo para descubrir en ella la memoria secreta de esa luz que necesitamos para seguir viviendo

“La Familia” y su red de operación en EU

“La Familia” y su red de operación en EU
Testigos protegidos revelaron por separado parte del esquema que La Familia Michoacana seguía para trasladar droga a EU, así como los principales encargados de la organización criminal en ese país tanto para la recepción, distribución, venta y el lavado de dinero
Francisco Gómez | El Universal, 9/01/11
California, Nuevo México, Texas, Georgia, Illinois, Atlanta, Carolina del Norte y Carolina del Sur y Florida, figuran entre los principales centros de operación de La Familia Michoacana en Estados Unidos. En estas entidades la organización criminal mexicana mantiene operadores y contactos tanto con connacionales como con sudamericanos o propios estadounidenses para el envío, recepción y distribución de droga, lo mismo que para la captación y lavado de dinero.
Informes contenidos en una investigación de la Procuraduría General de la República (PGR) revelan que en esos estados de EU se ha concentrado la operación del grupo delictivo, lo cual coincide con las acciones efectuadas por autoridades de la Agencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA, por sus siglas en inglés).
El caso más reciente de captura de una célula de ese cártel ocurrió hace menos de 30 días y se detectó que la misma operaba en Georgia e Illinois.
De hecho, La Familia Michoacana tiene su principal centro de operaciones en California y Texas, dos de los estados que coincidentemente captan el mayor flujo de migrantes de Michoacán. Incluso, de forma periódica esta organización criminal efectúa reuniones para definir y delimitar la estrategia para efectuar el trasiego de enervantes y la forma en que se enviará el dinero obtenido por la venta y distribución de droga.
El testigo protegido Emilio detalló ante fiscales de la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO) que “estas juntas se llevaban a cabo para fijar la logística para el contrabando de drogas hacia Estados Unidos, así como para coordinarse unos con otros, saber quién estaba encargado del lado estadounidense, cobro de cuentas y fijar precios”, según el expediente PGR/SIEDO/UEIDCS/018/2010 al que tuvo acceso EL UNIVERSAL.
En las citadas reuniones que organizaban el extinto Nazario Moreno González, El Chayo, y el actual líder de ese cártel, Jesús Méndez, El Chango Méndez, “se nombraba a los contadores que llevaban la cuenta del dinero recaudado allá en Estados Unidos, en estas juntas igualmente se definía que los principales cargamentos llegarían a Texas y California, y de ahí se hacía la distribución. Cada encargado en diferente estado del vecino país cuenta con su gente y su modo de distribución”, aseguró el testigo.
Carlos, otro de los testigos protegidos de la PGR, declaró que La Familia Michoacana se encargaba principalmente del trasiego de ice y cocaína hacia EU, teniendo como base California y de ahí a su vez la droga era distribuida para su venta.
Relató que la cocaína que venía de Colombia y era propiedad de la organización llegaba al puerto de Lázaro Cárdenas, Michoacán, y de ahí era trasladada a la población de Apatzingán, donde se recolectaba toda la droga que sería enviada primero en tráilers a Tijuana, Baja California, y después a California y de ahí a Estados Unidos.
Según el testigo, El Chango Méndez pactó con el jefe del cártel de Tijuana, Fernando Sánchez Arellano, El Ingeniero, con la finalidad de que dejaran a La Familia Michoacana traficar droga por esa ruta. “Por eso recuerdo que se introducían grandes cantidades de droga, por lo regular era un viaje a la semana”, indicó.
Los cómplices
Los citados testigos protegidos revelaron por separado parte del esquema que La Familia Michoacana seguía para trasladar droga a Estados Unidos, así como los principales encargados de la organización criminal en ese país tanto para la recepción, distribución, venta y el lavado de dinero, recursos que posteriormente era enviados a México bajo diversas maneras.
En Georgia, el representante de La Familia Michoacana era un hombre conocido como El Boricua por su origen sudamericano; pero, según las versiones de los testigos, La Familia prefiere que todos los encargados del trasiego sean originarios de Michoacán, tal es el caso de los hermanos Cornejo, quienes operaban en Austin, Texas, y en diversas partes de California. Otro hombre michoacano al que sólo se conoce como El Nacho fungía como representante en Chicago.
En Texas, también se encuentra otro sujeto al que se conoce como El Pachichi o El Tapachichi, quien recibe muchos envíos de ice y cocaína o mariguana. Annel Noriega, La Bonita se encargaba de todo lo referente a los envíos de droga en Los Ángeles.
Otros de quienes se encuentran como encargados de recibir droga y posteriormente distribuirla en Estados Unidos son los hermanos Samuel y Martín Martínez Espinosa, originarios de Pilón Chico, municipio de Tuzantla, Michoacán. A ellos, según el testigo protegido Emilio, en 2007 los presentó directamente con El Chango Méndez y a ellos se les manda mariguana, cristal y cocaína que primero llega a Texas, donde era recibida por Antonio Avilés, La Pelusa, quien aparentemente fue ya asesinado, pero que en su momento se encargaba de enviar la droga hacia Atlanta y ahí se reparte desde el bar Padrinos Nigt Club a diferentes lugares.
Otro de los encargados en Estados Unidos es una persona de nombre Salvador García, quien es originario del Ranchito o Francisco Villa, municipio de Tuzantla, Michoacán, quien recibe la droga en lugares como Gaiville, Nort Crosse y en Doraville. “Esta persona esta encargada de repartir la droga en todas esas áreas por parte de La Familia Michoacana”.
En Athens está de encargado Teódulo Valdez, quien reparte la droga en los territorios de Carolina del Norte y del Sur, y parte de la Florida. Ellos, prosiguió, cuentan con varios lotes de carros y tiendas que es donde lava el dinero para La Familia Michoacana, y ellos le reportan a Annel Noriega Ríos, La Bonita o La Chula.
Otros de los que participan en las operaciones en Estados Unidos son dos hombres a los que se conoce como Osmar y El Güero, quienes se encargan de regresar el dinero hacia el estado de Michoacán.
Respecto a los hermanos Claudio y Chava Cornejo, el primero de ellos es el prestanombres del Salón Centenario localizado en Austin, Texas, y también el encargado de patrocinar con dinero de La Familia Michoacana, a grupos musicales. Por cuanto hace a Chava Cornejo, él operaba en Los Ángeles California, pero fue ejecutado.
Asimismo, otro de los hombres de la organización es Irineo Silva, La Tripa, originario de El Salitre, quien se encuentra encargado de llevar el control de todo el ice, cocaína y mariguana que se introduce por Texas, Nuevo México y por California. Él le reporta igualmente a La Bonita las cantidades de droga que entran hacia Estados Unidos y luego se decide a quién hay que entregarle qué cantidad de cada droga en ese país.
Otro de los contactos en Dallas, Texas, para el trasiego de la droga es un hombre que se hace llamar Omar, La Foca, originario de Parácuaro, Michoacán, quien cuenta con 22 años de edad o 25 años de edad, “y es hasta donde sé —contaron—, el operador de La Familia Michoacana en dicha ciudad y es el enlace con La Tripa”.

¡Ah! ¡Otra vez Europa!

¡Ah! ¡Otra vez Europa!

Por Orhan Pamuk, escritor turco, premio Nobel de Literatura 2006 y autor, entre otros, de El libro negro, Me llamo Rojo y Estambul.
Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia
EL PAÍS, 09/01/11;
En los libros de texto de cuando yo era niño, en los años cincuenta y sesenta, Europa era una tierra de promesa y de leyenda. Es cierto que, al construir su nueva república sobre las ruinas del Imperio Otomano, que había quedado aplastado y fragmentado en la I Guerra Mundial, Mustafá Kemal Ataturk luchó contra el Ejército griego, pero después, con el apoyo de sus propios militares, introdujo numerosas reformas de modernización social y cultural que no eran antioccidentales sino todo lo contrario. Para dar legitimidad a dichas reformas, que contribuyeron a reforzar a las clases dirigentes del nuevo Estado turco (y fueron objeto de contención en Turquía durante los 80 años siguientes), nos pidieron que adoptáramos e incluso imitáramos un sueño europeo occidentalista y lleno de optimismo.
Los manuales escolares de mi niñez eran textos diseñados para enseñarnos por qué había que trazar una línea entre Estado y religión, por qué había sido necesario cerrar las logias de los derviches y por qué habíamos tenido que abandonar el alfabeto árabe para adoptar el latino y, al mismo tiempo, estaban llenos de preguntas que pretendían desentrañar el secreto del poder y el éxito de Europa. “Describe los fines y los resultados del Renacimiento”, preguntaba el profesor en el examen. “Si en nuestro suelo hubiera tanto petróleo como en los países árabes, ¿seríamos tan ricos y modernos como los europeos?”, decían los más ingenuos de mis condiscípulos.
En mi primer año de universidad, cuando surgían en clase esas preguntas, todo el mundo se preguntaba, preocupado, por qué “nunca tuvimos una Ilustración”. El pensador árabe del siglo XIV Ibn Haldun decía que las civilizaciones en declive se mantenían vivas imitando a sus vencedores. Como los turcos no han sido jamás colonizados por una potencia extranjera, la tendencia a “venerar Europa” o “imitar a Occidente” nunca ha tenido los matices condenatorios y humillantes que describen Franz Fanon, V. S. Naipaul o Edward Said; mirar hacia Europa era un imperativo histórico o incluso una cuestión técnica de adaptación.
Pero ahora este sueño de una Europa maravillosa, que era tan poderosa que incluso nuestros pensadores y políticos más antioccidentales creían secretamente en ella, se ha desvanecido. Tal vez sea porque Turquía ya no es tan pobre como antes. O quizá porque ya no es una sociedad campesina gobernada por el Ejército, sino una nación dinámica con una sociedad civil fuerte… Y en los últimos años, por supuesto, ha influido el hecho de que se hayan frenado las negociaciones entre Turquía y la Unión Europea sin que haya una solución a la vista. Ni en Europa ni en Turquía existe una esperanza realista de que se produzca la incorporación a la UE en un futuro próximo. Reconocer que hemos perdido esta esperanza sería tan demoledor como ver que las relaciones con Europa se rompen por completo, por lo que nadie ha tenido valor ni para pronunciar esas palabras.
Que Turquía y otros países no occidentales están desencantados con Europa es algo que sé por experiencia propia, por mis viajes y conversaciones. Una de las principales causas de tensión entre Turquía y la UE fue sin duda la alianza establecida por un sector del Ejército turco y varios grandes grupos de comunicación con los partidos políticos nacionalistas, con el consiguiente éxito de su campaña para sabotear las negociaciones de ingreso.
Esa misma iniciativa es la que desencadenó la persecución que sufrimos muchos escritores, yo incluido, y provocó los tiroteos contra otros y el asesinato de misioneros y sacerdotes cristianos. Además están las reacciones emocionales, cuya importancia se comprende sobre todo si se piensa en el ejemplo de Francia: durante el pasado siglo, sucesivas generaciones de la élite turca han seguido el modelo francés y se han inspirado en su interpretación del laicismo y en su forma de entender la educación, la literatura y las artes… Por eso, que Francia se haya convertido, en los últimos cinco años, en el país que con más vehemencia se opone a que Turquía entre en Europa ha sido tremendamente decepcionante y desgarrador.
Sin embargo, la mayor desilusión en los países no occidentales, y en Turquía, la constituyó la participación de Europa en la guerra de Irak. El mundo vio cómo Bush engañaba a Europa para que se uniese a esa guerra cruel e ilegítima y cómo Europa se había mostrado muy dispuesta a dejarse engañar.
Al observar el panorama de Europa desde Estambul o más allá, lo primero que se ve es que Europa (como la Unión Europea) está confundida sobre sus problemas internos. Es evidente que los pueblos europeos tienen mucha menos experiencia que los americanos en vivir con personas que tienen una religión, una piel y una identidad cultural diferentes de las suyas, y que no acogen de buen grado la perspectiva; esa resistencia hace que los problemas internos de Europa sean más difíciles de resolver. Los recientes debates sobre integración y multiculturalismo en Alemania son un buen ejemplo.
A medida que se intensifique y se extienda la crisis económica, es posible que Europa se vuelva sobre sí misma y logre así posponer la lucha para proteger lo “burgués”, en el sentido que da Flaubert al término, pero eso no resolverá el problema. Cuando veo Estambul, que cada año es un poco más compleja y cosmopolita, y que ya atrae a inmigrantes de todos los rincones de Asia y África, no me cuesta nada llegar a esta conclusión: no es posible mantener indefinidamente fuera de Europa a los asiáticos y africanos pobres, desempleados e indefensos que buscan nuevos lugares para vivir y trabajar. Construir muros más altos, endurecer los requisitos para los visados y aumentar el número de barcos que patrullan las fronteras son medidas que solo servirán para aplazar el momento de la verdad. Y lo peor es que la política anti-inmigración y los prejuicios están destruyendo ya los valores fundamentales que constituyen la esencia de Europa.
En los libros de texto de mi infancia turca no se hablaba de democracia ni de los derechos de las mujeres, pero en los paquetes de Gauloises que fumaban (o eso creíamos) los intelectuales y artistas franceses, estaban impresas las palabras “liberté, égalité, fraternité”, y esos paquetes tenían una gran circulación. Fraternité se convirtió en el símbolo del espíritu de solidaridad y resistencia que promovían los movimientos de izquierda. Sin embargo, mostrarse hoy crueles ante los sufrimientos de los inmigrantes y las minorías y hostigar a los asiáticos, africanos y musulmanes que están viviendo con dificultad en las periferias de Europa -incluso culpándolos de todos los males- no es “fraternidad”.
Es comprensible que Europa sufra ataques de ansiedad e incluso pánico en su intento de proteger sus grandes tradiciones culturales, beneficiarse de las riquezas que busca con codicia en el mundo no occidental y conservar las ventajas obtenidas a lo largo de tantos siglos de lucha de clases, colonialismo y guerras intestinas. Ahora bien, para protegerse ¿es mejor que Europa se vuelva sobre sí misma, o tal vez debería recordar sus valores esenciales que en otro tiempo la convirtieron en el centro de gravedad de todos los intelectuales del mundo?