18 ene. 2009

El equipo de Obama

Serie de tres artículos en La Vanguardia (www.lavanguardia.es).
El equipo de Obama (1)/William R. Polk, del consejo de planificación política del Departamento de Estado con John F. Kennedy.
Publicado en LA VANGUARDIA, 18/01/09):
Muestran los sondeos de opinión que 8 de cada 10 estadounidenses consideran la Administración Bush acreedora del mayor sentimiento de aversión y desconfianza en la historia del país. Así pues, la próxima Administración del presidente Obama tiene la posibilidad de impulsar programas que inviertan el rumbo de su pérdida de prestigio. ¿Lo hará?
En esta serie de tres artículos que hoy inicio prestaré atención al equipo de Obama y a sus objetivos en la política exterior, la economía estadounidense y el medio ambiente. Comienzo con su equipo. La persona clave en la Administración es, por supuesto, el propio presidente.
Incluso antes de acceder al cargo ha sido objeto de varias demandas según las cuales no cumplía los requisitos de elegibilidad según la Constitución.
La acusación decía que no es un “ciudadano nativo estadounidense” dado el origen de su padre, un ciudadano keniano. El Tribunal Supremo desestimó las demandas, sin comentarios. Así que nada le impedirá ahora tomar posesión de su cargo.
Aunque Obama edificó su campaña sobre su llamamiento a favor del cambio,sus dos nombramientos más importantes, para los departamentos de Defensa y de Estado, entrañan una vuelta a las dos administraciones anteriores.
El nuevo secretario de Defensa, Robert Gates, fue nombrado para el cargo por el presidente Bush y anteriormente trabajó para esta Administración como director de la CIA. Sus subordinados se hallan ya en sus puestos y no se esperan cambios significativos en el organigrama. Tal vez la figura más sobresaliente que permanece en el cargo es el jefe del Estado Mayor conjunto, el almirante Mike Mulle.
La nueva secretaria de Estado, Hillary Clinton, no tuvo ningún cargo oficial en la Administración de su marido, aunque desempeñó responsabilidades prácticamente oficiales en la aplicación de sus políticas.
Hillary Clinton ha elegido para el cargo de subsecretario de Estado a William Burns, que ya ejerció el mismo cargo bajo el mandato de Bush. Lo más significativo es que Clinton puenteó a uno de los asesores más estrechos de Obama y eligió a la mayoría de su equipo entre los miembros de la Administración Clinton. Dennis Ross, Martin Indyk, Dan Kurtzer y Richard Hollbroke participaron en el fracasado proceso de paz de Oriente Medio.
Habida cuenta de los graves problemas de Estados Unidos, los asesores comerciales y financieros de Obama desempeñarán un papel clave. Entre ellos figuran el secretario del Tesoro, Timothy Gaithner; el presidente del consejo de asesores económicos de la Casa Blanca, Lawrence Summers, y el director del presupuesto, Peter Orszag, a todos los cuales se les considera protegidos del ex secretario del Tesoro Robert Rubin. Tanto Rubin como Summers desempeñaron papeles importantes en la desregulación de los bancos, corretajes y compañías de seguros que llevaron al desplome financiero.
Si bien estos nombramientos son controvertidos, el recurso de Obama al ex presidente de la Reserva Federal, Paul Volcker, para presidir el renovado consejo asesor para la recuperación económica, ha recibido el elogio general. Lo cierto es que, como candidato, Obama hizo hincapié en la ética. Para asegurar que todos los cargos nombrados fueran irreprochables, les exigió dar cuenta de todas sus operaciones y transacciones financieras. Sin embargo, y tras haber superado las pruebas, el secretario de Comercio Bill Richardson, gobernador de Nuevo México, se ha retirado. Y se ha conocido que el secretario del Tesoro, Timothy Geithner, no pagó la totalidad de sus impuestos. El nombramiento del fiscal general, Eric Holder, ha suscitado interrogantes por su papel en la medida de gracia de Clinton concedida al operador Marc Rich que huyó de Estados Unidos bajo 51 acusaciones de fraude fiscal. Hillary Clinton también ha sido acusada de que la fundación de su marido recibió cien mil dólares del promotor inmobiliario Robert Congel
gracias a cuyos oficios como senador obtuvo millones de dólares de ayuda federal. También se señaló que Hillary Clinton se encargará de supervisar políticas en las que muchos de los donantes de la fundación de su marido y socios de sus empresas tienen importantes intereses.
Para evitar conflictos de interés, Obama impuso una prohibición sobre el nombramiento de cualquier grupo de presión o persona implicada en el año anterior en cuestiones sobre las que tendría influencia significativa, pero como mínimo dos de sus nombramientos parecen indicar que la prohibición puede no incluir a los cónyuges de quienes actúan en grupos de presión. Pero no se trata sólo de estos. The New York Times también ha señalado que algunos estrechos asesores del presidente electo en materia del programa económico de recuperación de 700.000 millones de dólares “han indicado a inversores o bancos la mejor manera de beneficiarse” de los consejos que ellos mismos dieron al gobierno. Como el periódico ha citado en boca de uno de ellos, “aquí se podrán conseguir fortunas, sin duda”.
Los nombramientos de Obama para el Departamento de Educación y el de Energía ha recibido elogios casi generales. Sin embargo, seguidores de Obama señalan que sus nombramientos son más conservadores de lo que pareció en su día. Hasta ahora ha habido pocas figuras progresistas, aunque los cargos nombrados han recibido elogios incluso de derechistas, como el inspirador del presidente Bush, Karl Rove. Incluso a los que estuvieron a favor de la guerra de Iraq se les ha hecho pasar delante de quienes apoyaron la postura de Obama contra ella. En resumidas cuentas, lo mejor que puede decirse es que es pronto para juzgar a Obama.

Carta a José Alfredo Jimenez

Columna La estación/Gerardo Galarza
Un mundo raro
Publicado en Excélsior (www.exonline.com.mx) 18 de enero de 2009;
“…bendita sea la boca que da besosy no traga monedas…”
Joaquín Sabina
Muy querido don José Alfredo:
Usted bien sabe que ser guanajuatense es cosa de mucho mérito. Esa circunstancia y algo más le hacen sentir a uno, como usted mismo lo escribió y lo cantaba, superior a cualquiera, cuando se piensa en los labios de aquella paloma querida.
No es asunto menor compartir el paisanaje con: Miguel Hidalgo —llamado El Padre de la Patria—, Ignacio Allende, El Pípila, Ignacio Comonfort, José María Luis Mora, Ignacio Ramírez El Nigromante, Antonio Plaza, Hermenegildo Bustos, Diego Rivera, Juventino Rosas, Efraín Huerta, José Chávez Morado, Joaquín Pardavé, Jorge Negrete, Jorge Ibargüengoitia, Antonio Carvajal El Cinco Copas, Pedro Vargas, Enrique Ruelas, María LuisaLa China Mendoza, Cristina Pacheco, y usted mismo, nomás por citar a unos cuantos y que se reconozca la calidad de la cajeta.
También usted sabe que con ellos sí que se podría guanajuatizar el país; a éste y a algunos otros más. Nomás faltaba que no. Pero hay ocasiones en las que uno no gana para la vergüenza, la cual, ahora es tanta, que ya ni cuando Las Poquianchis, las mismas a quienes el paisano Ibargüengoitia retrató e inmortalizó en su novela Las muertas. En otras palabras, como se decía en su tiempo —y no le va a gustar que se lo cuente, pero, ni modo, así es—: hoy habemos guanajuatenses que andamos arrastrando la cobija por culpa de otros que enlodan el gentilicio.
Dudo que no lo sepa. Si así fuere, le cuento: el cabildo de la ciudad de Guanajuato, presidido por un señor de nombre Eduardo Romero Hicks, decidió aprobar y emitir un Bando de Policía y Buen Gobierno en el que —por favor, hágame usted el favor— se prohíbe “realizar tocamientos obscenos en espacios públicos” de ese municipio. Y el señor alcalde tuvo a bien aclarar que entre esos tocamientos están los besos prolongados, a los que él llamó “agarrones de olimpiada”. Vaya usted a saber a qué tipo de competencia se refirió, si es que así fue.
Todavía no se enoje. Aguante tantito, paisano. Uno de los regidores, el también panista Marco Antonio Figueroa, proclamó
que con esta nueva norma se evitará que las jóvenes estudiantes de secundaria queden embarazadas. ¡Qué barbaridad que a estas alturas del siglo XXI todavía haya algunos que no sepan que el embarazo sólo se produce cuando la mujer se sienta en la silla que un momento antes ocupaba su marido o cuando nada en piscinas donde se bañan hombres!
¿Que por qué le cuento esto? Pues nada más por precaución, paisano. No vaya a ser que se le ocurra a usted recorrer, como lo hizo tantas veces, los caminos de Guanajuato y confiado llegue hasta su capital y le vayan a querer aplicar una multa de mil 500 pesos y 36 horas de arresto, aunque, pensándolo bien, a usted lo podría ir peor, si se le ocurre hacer aquello que cantaba: “Y me volví a meter, entre tus brazos / tú me querías decir, no sé qué cosas / pero callé tu boca con mis besos /y así pasaron muchas, muchas horas…
No se arriesgue, José Alfredo. No pase por Guanajuato, como antes no lo hacía por Salamanca. Mejor, allá donde está, dígales a todos que sí, que sí es cierto que los guanajuatenses vivimos en un mundo raro, pero que hay unos, como en todos lados, que no saben ni lo que hacen ni lo que dicen. Y a los paisanos que viven con usted allá, en la eternidad, dígales que no se vayan a avergonzar y, bueno, que perdonen a estos insensatos.

Un beso que sepa a beso


El cabildo de Guanajuato, encabezado por el Sr. Eduardo Romero Hicks, alcalde panista y acompañado de regidores del PRI y PRD pretenden convertir en delito el darse un beso en público.
Pretenden castigar a los enamorados con multa de mil 500 pesos.
Caray, ni siquiera los conservadores del siglo XIX se atrevieron a tanto.
Ante tal barbaridad propongo hagamos una "vaquita" -léase pase de charola- para hacer el monumento Al BESO. Quizás colocar una replica de "El Beso" de Auguste Rodin ahí en pleno Callejón del beso, en Guanajuato.
Además, por que no hacer un maratón de lectura de poesías referente al BESO.
Propongo de entrada el poema de Pedro Salinas(1891-195I), que dice:
"Hoy estoy besando un beso;
estoy solo con mis labios.
Los pongo
no en tu boca, no, ya no
—¿adónde se me ha escapado?—.
Los pongo
en el beso que te dia
yer, en las bocas juntas
del beso que se besaron.
Y dura este beso más
que el silencio, que la luz.
Porque ya no es una carne
ni una boca lo que beso,
que se escapa, que me huye.
No.Te estoy besando más lejos...
****
Sobrre el tema recomiendo la columna:
Itinerario Político/Ricardo Alemán
Publicado en El Universal, 18 de enero de 2009;
Sólo la estupidez de un alcalde decimonónico y un cabildo medieval —junto con PRI, PAN y PRD— pudieron convertir en delito el beso.
Y sí, ocurrió en México, en la colonial capital de Guanajuato, en la llamada “cuna de la Independencia” —y en años recientes cuna del más rancio panismo—, donde las “buenas conciencias” dieron categoría de “curiosidad mundial” al bando que propuso el alcalde de Guanajuato, Eduardo Romero Hicks, y que aprobó el cabildo municipal, que entre otras
genialidades castiga con multa de mil 500 pesos el beso practicado en lugares públicos.
En efecto, el despropósito y la sinrazón —explicables sólo como producto de la estupidez de un gobernante de extrema derecha llevado al poder por los caprichos del panismo guanajuatense— no sólo colocaron los ojos del mundo en Guanajuato y arrancaron risas de incredulidad y estupefacción en todo el país —por lo retrógrado de sus autoridades—, sino que el escándalo se convirtió en retrato del nuevo PAN.
Y es que el saliente alcalde de Guanajuato, Eduardo Romero Hicks, un médico viudo, sin más experiencia y méritos en el ejercicio del poder que ser hermano de Juan Carlos —ex gobernador de Guanajuato y actual director del Conacyt— y de José Luis —ex director del Banco de Comercio Exterior—, es la mejor estampa del estruendoso fracaso cultural del PAN y del agotamiento de su otrora floreciente cantera.
Según no pocos observadores del partido en el poder, en las elecciones de 2009 para renovar la Cámara de Diputados, seis gobiernos estatales y una decena de capitales y congresos locales, el PAN no tendrá más remedio que reclutar a buena parte de esa derecha extrema decadente, que hoy detenta el poder en entidades estratégicas como Guanajuato, Jalisco y Querétaro.
Ante su fracaso cultural, el PAN podría estar en la antesala de ser tragado por la extrema derecha intolerante, nada democrática, atrasada y, para mala fortuna de todos, emparentada con la extrema izquierda radical, más que con los afanes democráticos que dieron origen al PAN y al PRD.
“EL BESO” DE RODIN
Pero para tratar de entender el tamaño de la estupidez de Eduardo Romero Hicks —y el despropósito de su cabildo—, volvimos a un clásico del erotismo: El beso. De lo metafísico a lo erótico, de Adrianne Blue, recomendable para las buenas conciencias y la doble moral de no pocos panistas mochos de Guanajuato y para recuperar un pasaje memorable.
Como todos saben, acaso la más famosa escultura de Rodin, El beso —de la que al menos existen cuatro originales, unas de mármol y otras de bronce—, se exhibe en la Tate Gallery de Londres. Resulta que ese formidable mármol de cuatro toneladas llegó ahí gracias al coleccionista Edgard Perry Warren, quien en 1900 la encargó directamente a Rodin, luego de que se dijo impresionado por la original que estaba en París.
“En 1914 Warren dispuso que El beso fuera expuesto en el ayuntamiento de Lewes y esperaba que la ciudad inglesa pudiera conservar indefinidamente su Rodin. Pero muchos habitantes de Lewes consideraron que la escultura era inmoral. Preocupados, no fuera que pudiera corromper a los soldados que acudían a los conciertos del ayuntamiento, el consejo la cubrió con una tela negra. Le fue devuelta a Warren en 1917 y permaneció guardada hasta su muerte”. Años después esa versión de El beso fue adquirida por la Tate Gallery y es una de sus principales atracciones.
Cuando El beso de Rodin fue presentado por primera vez en el Salón de París, en 1989, causó revuelo, censura, y las buenas conciencias se escandalizaron, pero la escultura es una de las más vistas en los museos donde se exhibe. La mejor respuesta a aquellos que todavía se escandalizan ante El beso —dice Blue— sigue siendo aquella que Rodin dio a su amigo Besnard, preguntándose por qué todo el revuelo de 1898; dijo: “Supongo que te das cuenta de que sólo se trata de dos modelos que están posando. ¿No? Esos amantes nunca se han acostado, ¡ni tienen el más mínimo deseo de hacerlo!”
Hace más de un siglo una escultura de fuerte carga erótica escandaliza a muchos. Hoy, en Guanajuato, la doble moral de un alcalde, y la estupidez de suponer que en tanto autoridad debe imponer sus dobleces morales a los habitantes del municipio que gobierna, lo llevaron a él y a su no menos atrasado cabildo a aprobar que es un delito el beso practicado en lugares públicos. ¿Y el espíritu laico del Estado? Guste o no a los azules, ofrecen un retrato de cuerpo completo. De vuelta al pasado.
EL BESO DEL DIABLO
Ejemplos como el del alcalde de Guanajuato confirman que el PAN vive una de sus peores crisis ideológicas, de liderazgo y doctrinaria, que llega justo cuando el PAN tiene en sus manos el poder presidencial. Pero vale asomarse intramuros del partido para ver la crisis que vive.
Hace apenas unos días, el presidente Calderón y el gerente del PAN, Germán Martínez, presidieron un homenaje para reconocer los aportes de Luis H. Álvarez a su partido. El político —no ideólogo— que viró el rumbo del PAN en 1987 y lo convirtió del “apostolado democrático” que había sido en 40 años al partido del cambio que fue desde 1988. Don Luis tiene todo el mérito de ese viraje. Pero además de llegar al poder, ¿fue un cambio positivo para el PAN?
Todo indica que no. Parece que se cumplió el maleficio que pronosticó el propio Calderón cuando llegó a la presidencia del PAN en 1997: “No ganemos el poder pero perdamos al partido”. Hoy, casos como el de Romero Hicks —que no era ni militante del PAN hace tres años—, como los de gobernadores de Guanajuato, Jalisco, Querétaro, San Luis Potosí, y otros, dejan ver que el PAN tiene el poder presidencial, una buena porción del poder en el Congreso y de gobiernos estatales… pero ha perdido doctrina, liderazgo y, sobre todo, las luchas de poder terminaron por extinguir la cantera.
Al arrancar el año electoral intermedio —determinante rumbo a 2012—, el PAN no sólo no tiene un líder nacional ni regionales, y menos municipales —es una vergüenza para los azules de Guanajuato que su líder sea su mocho alcalde—, no tiene una figura nacional capaz de ser vista como “el bueno” para 2012, y tendrá que llenar las listas para diputados federales, locales, gobernadores y jefes delegaciones del DF con morralla de la derecha extrema, con vividores del poder como los que se enriquecen en el PAN-DF y, en el extremo, con enroques interesados o groseros del gabinete presidencial.
¿Cuántos Eduardos Romero Hicks llegarán al Congreso en 2009; cuántos llegarán a gobiernos estatales, a otras capitales del país, a congresos locales? ¿Cuántas Marianas Gómez del Campo? El PAN vive los estragos del “beso del diablo”. El poder.
EN EL CAMINO
Por cierto, está por aparecer en librerías el más reciente ensayo de Carlos Arriola sobre el PAN: El miedo a gobernar. Eso le pasa al PAN.

Bohemia de poetas y escritores

De guapos de tiempos idos/Sergio Ramírez (Managua, 1942) es novelista. Ganador del Premio Alfaguara con Margarita, está linda la mar, publicará el 4 de marzo El ciello llora por ti.
Publicado en Babelia, El País, 17/01/2009;
Carlos Fuentes recita a Dickens, Gabriel García Márquez recuerda un bolero en una conversación que se prolonga hasta el amanecer en una noche de amistad y literatura, una noche que sobrevive a los años.
Es la más gloriosa calumnia
que me han levantado...
Gabo

Una noche de hace tiempo en casa de José María Pérez Gay en la colonia Roma de la ciudad de México la conversación en espiral alrededor de la mesa de la cena se prolongaba en busca del amanecer,
(en todos los labios había risas, inspiración en todos los cerebros)
y ahora Fuentes sostenía que los libros verdaderos de cabecera son aquellos de los que uno puede recitar la primera línea, y yo me acordé de que vine a Comala porque me dijeron que aquí vivía mi padre, un tal Pedro Páramo, y me atajó Héctor Aguilar Camín: porque acá, no aquí, vivía mi padre,
y entonces Fuentes citó con el aplomo de sir Lawrence Olivier en las tablas del Old Vic, It was the best of times, it was the worst of times, it was the age of wisdom, it was the age of foolishness, y siguió adelante con todo el párrafo inicial de Historia de dos ciudades, aquel libro donde las parcas revolucionarias, hediondas a vino, tejen el destino de los decapitados por la reluciente guillotina, la cabeza que cae en la canasta, y luego con toda la página, a ver quién se le atravesaba con Dickens,
antes que me hubiera apasionado por mujer alguna, jugué mi corazón al azar y me lo ganó la violencia, se oyó recitar a Gabo, y un coro respondió: La Vorágine, José Eustasio Rivera,
y Gabo,
con su voz bien acentuada de crupier de feria que reparte los números de la lotería, agregó que mejor memoria había que tener para la letra de los boleros, y con precisión ahora de relojero suizo que no equivoca ni bielas ni contrapesos melódicos entonó Tú, que llenas todo de alegría y juventud y ves fantasmas en la noche de tras luz, vete de mí, y miró a todos desafiante en busca de alguien que adivinara el nombre del compositor, pero calló el coro,
los compositores, dijo Fuentes, porque son dos, Homero y Virgilio Espósito,
y Álvaro Mutis, su mano que alisaba la melena blanca, y que siempre hablaba de guapos de tiempos idos, te acordás, Carlos, que cuando te presenté a Gabito que acababa de llegar desde Nueva York con Mercedes, bien apaleados en un tren cogido en Nuevo Laredo, de aquellos mismos viejos trenes del norte que en tiempos de Pancho Villa jadeaban cargados de soldados y soldaderas, me dijiste: me parece raro este tipo, y estalló Álvaro en carcajadas capaces de espantar el sueño de los vecinos de los otros pisos en la alta madrugada, y que de aquel barrio quieto iban a interrumpir el imponente y profundo silencio,
y Chema, al que yo recordaba de pelo largo hasta los hombros en nuestros días de Berlín, citó otra vez a Heimito von Doderer, y entonces Álvaro, llamando cariñosamente Jaimito a Heimito, expresó con otra carcajada la opinión de que se necesitaba el aliento de un atleta de pentatlón para subir Las escaleras de Strudlhof, la novela más célebre y más ardua de Jaimito,
y preguntó Fuentes cómo Álvaro y yo nos habíamos conocido, y fue que Álvaro me visitó en Managua en los años de la revolución para cobrar al gobierno en nombre de la Paramount, de la que era agente, la deuda por unas películas pasadas por el Sistema Sandinista de Televisión, le dije simplemente que no teníamos dólares, no había dólares ni para las medicinas, no se preocupó, y más bien terminamos hablando de la zarina Alexandra Fiódorovna, presa en la fortaleza de Ekaterimburgo y ejecutada por los bolcheviques con su esposo el zar Nikolái Aleksándrovich y toda su familia, drama que Álvaro contaba con sentimiento de poeta, porque era monárquico confeso, y de esa plática salió convertido en un confeso monárquico sandinista,
y me preguntó Álvaro con vozarrón de ventarrón cómo había conocido yo a Fuentes, y conté que lo conocí, pero no nos conocimos, en el año de 1971.
Cómo es eso, preguntó Gabo, alzando las espesas cejas de matorral.
Fue que en Viena asistí al estreno de Todos los gatos son pardos con María Casares en el escenario.
No, el estreno de El tuerto es rey, terció Fuentes.
Bueno, lo que sea, Fuentes estaba en un palco lateral cercano al escenario con sus padres, ellos sentados y él de pie, los brazos cruzados en el pecho, repitiendo los parlamentos con movimientos de los labios como si fuera el director de escena o al menos el apuntador, en el palco había también una mujer muy bella, una aparición o un falso recuerdo,
y abajo en la platea yo me hallaba sentado al lado de Carlos Monsiváis, veníamos los dos de un congreso de juventudes en Salzburgo donde conocimos a Don Helder Cámara y a Bruno Kreisky, y Monsiváis me prometió una entrevista al día siguiente con Fuentes pero nada se pudo y luego se fueron los dos a Venecia a presenciar la filmación que hacía Luchino Visconti de Muerte en Venecia, ya se sabe, con aquel Dirk Bogarde bajo el sol de la playa del Lido maquillado por el barbero, en sus ojos la última visión del bello ángel de la muerte que era Bjorn Andresen en el papel de Tadzio,
pero quién iba a decirlo, pasarían años, hasta los años de la revolución, cuando por fin nos encontramos en Managua, la historia de una amistad mucho más vieja que la que marca un primer encuentro porque la verdad es que nos conocimos en 1963, o en 1964, a mis veinte años, cuando yo iba las primeras veces a México desde Managua como un ruso de las estepas llega a Petersburgo con los ojos abiertos de asombro en una novela de Gógol, y tras bajar las escaleras de la librería El Sótano cercana al Caballito, entre Juárez y Reforma, donde los libros se exhibían sobre tablas sin cepillar como en una feria de remate, me hallé con el breve tomo de Aura publicado por la editorial ERA, que leí esa noche en mi habitación del hotel Regis, uno que derribó el terremoto de 1985, desvelado y deslumbrado, y salí al día siguiente en busca del número 815 de la calle Donceles, un patio muy oscuro, unas escaleras ruinosas, una dirección que no existía, como un día busqué en Buenos Aires el número 8 de la calle Corrientes, segundo piso, ascensor, que tampoco existía,
y propuso Fuentes de pronto a los de la mesa que cada quien dijera cuál era su poema preferido de Rubén Darío, y Gabo, que estaba con la barba en la mano meditabundo, dijo que el poema más grande que se había escrito en lengua castellana era Lo fatal, y entonces yo recité Y la carne que tienta con sus verdes racimos, y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos, y Gabo me corrigió: con sus frescos racimos, y hubo una discusión de si eran frescos o verdes racimos, y fue Chema a la biblioteca por el libro correspondiente y Gabo tenía razón, frescos racimos, y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos y no saber adónde vamos, ni de dónde venimos,
y me miró Héctor con desconsuelo, un nicaragüense no debería nunca equivocarse al citar a Rubén Darío, si lo aprenden desde que van a la escuela de párvulos, y yo dije entonces que no sólo los escolares, también recitan a Rubén Darío en las cantinas, y le atribuyen poesías ajenas, de manera que los bohemios piensan que El brindis del bohemio, que tanto le gusta a Carlos Monsiváis, por mi madre, bohemios, era obra de Rubén Darío,
pero quien verdaderamente lo escribió es Guillermo Aguirre y Fierro, que nació en San Luis Potosí, y ese poema pertenece a su libro Sonrisas y lágrimas, año 1942, dijo Fuentes,
no, dijo Gabo, nació en El Paso, Texas, en 1915, (Gabo tiene razón, Aguirre y Fierro nació en El Paso, Texas, en 1915)
pero esa discusión quedó allí,
y yo dije que esos bohemios nicaragüenses empedernidos también pensaban, orgullosos de ser colegas de Rubén Darío en la disipación y el vicio, que era suyo aquel otro poema sobre guapos que igual recitan los declamadores,
conversaban unos criollos de guapos de tiempos idos, ayer hombres, hoy leyendas con temblor de aparecidos,
parece de Borges, dijo Gabo,
pero es de Luis Escagria, dijo Fuentes, un poema gaucho,
quién más en el mundo sabe quién escribió El brindis del bohemio, quién más conoce a un poeta que se llama Luis Escagria, carajo, dijo Álvaro, y tras dejar estallar su carcajada hizo mutis por el foro para acostarse en un sofá, como siempre lo hacía,
y los últimos ecos de las risas se escapaban, simbolizando al resolverse en nada la vida de los sueños.
Y ya clareaba el día. -

Los niños de Gaza


Gustavo Martín Garzo, escritor de literatura infantil; premio Nacional de Narrativa en 1994, Premio Nadal (1999) por "Las historias de Marta y Fernando" Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil (2004), entre otros, escribe sobre los niños de Gaza. ¡Muy duro!
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Los niños muertos/Gustavo Martín Garzo
Publicado en El País (http://www.elpais.com/), 18/01/2009;
No deberíamos olvidar nunca las imágenes de los niños palestinos heridos y muertos difundidas estos días por los medios de comunicación. Un padre mostraba el cuerpecito de su hijo como si fuera un cesto vacío; tres hermanos, tirados entre la ropa vieja, recordaban los corderos que se llevan las inundaciones; varios pequeños miraban en un hospital a los adultos como esos animales domésticos que no entienden al hombre. Son imágenes que nos acusan, pues somos responsables de ellas. Somos responsables por nuestra indiferencia, y por elegir en las urnas a gobiernos incapaces de reaccionar con dignidad ante horrores así.
Porque estos niños heridos y muertos recuerdan al rey Herodes y la matanza de los inocentes. No es una exageración. Los militares y políticos israelíes que han iniciado esta guerra no son mejores que el cruel rey que ordenó la muerte de los niños. Aún más, Herodes no rehuía la responsabilidad de sus actos. Es la diferencia entre los nuevos señores de la guerra y los villanos que poblaban nuestras fantasías infantiles.
Los antiguos villanos se sabían egoístas y malvados, lo que, paradójicamente, les volvía humanos; pero hoy día, ningún poderoso acepta actuar en nombre de sus propias pasiones. Los políticos de Israel se lamentan de que estén muriendo civiles en los bombardeos, pero son ellos los que lo ordenan. La culpa, nos dicen, es de Hamás y de los propios palestinos, que apoyan a grupos terroristas. Los niños mueren, pero nadie se hace responsable de ello, porque el mundo moderno ha apartado de sí la idea de la culpa, como responsabilidad personal.
Nuestros gobiernos lamentan, por ejemplo, los horrores de la guerra, pero a la vez venden las armas que se utilizan en los campos de minas en los países del Tercer Mundo, como denunció el fotógrafo Gervasio Sánchez en su valiente discurso en los Premios Ortega y Gasset. El mundo, la moral que hemos creado, absuelve a los poderosos de la responsabilidad y la culpa: les basta con alegar dudosas razones de Estado. Pero la muerte o la mutilación de un niño es uno de esos límites que no se pueden cruzar sin que todo lo que hemos construido, nuestro mundo y nuestros valores, se derrumbe como un castillo de naipes.
La razón de esta indiferencia es muy simple: no reaccionamos de la misma forma ante el sufrimiento de los otros como ante el propio. La convicción de que la víctima no es de los nuestros hace que el daño que se le pueda causar no sea visto igual que si fuera uno de nuestro grupo, raza o nación el afectado. Israel se comporta así con los palestinos. No se trata de una guerra de religiones, ni del enfrentamiento de culturas distintas (las culturas árabes, judías y cristianas tienen un tronco común), sino de un simple problema de racismo.
En el fondo, una parte importante del pueblo israelí no considera que los palestinos sean sus iguales. Sus gobiernos llevan años deshumanizándolos, y han hecho de Gaza un campo de concentración donde un millón y medio de seres humanos malviven como el ganado. Un sentimiento básico como la compasión desaparece cuando somos incapaces de ponernos en lugar del otro; por eso, los políticos israelíes pueden esgrimir fríamente la existencia de los atentados de Hamás para justificar sus crímenes. Pero Hamás es un grupo terrorista y no tiene sentido hacer responsable a la población civil de sus actos. Aún más,Hamás no existiría si los palestinos no vivieran humillados. Es una organización que instrumentaliza el sufrimiento de su pueblo, y que sin duda saldrá fortalecida de esta guerra. ¿Es tan torpe el Gobierno de Israel para no saber esto o es justo lo que busca para justificar en el futuro el uso arbitrario de la fuerza? Los palestinos de Gaza proceden de Israel, de donde fueron expulsados.
Israel y Egipto sellan sus fronteras impidiendo la libre circulación de los bienes y las personas. Los jóvenes no tienen futuro, viven en condiciones de extrema pobreza, y esta ausencia de perspectivas alimenta sus sentimientos de odio, pues la falta de libertad es más exasperante que la pobreza. En sus hospitales no hay medicinas, sus escuelas son pobres, no hay un Estado que les proteja. Debido a ello se vuelcan en grupos islamistas, que dan de comer a sus ancianos y enfermos, protegen a sus mujeres y llevan a la escuela a sus hijos.
Sorprende que algo así se mantenga desde hace años ante la indiferencia de todos. Refiriéndose a la situación de los palestinos en Gaza, un periodista escribió: "Aquí la vida y la muerte son lo mismo". Pero, paradójicamente, es el Gobierno de Israel el que se hace la víctima. Para ello apela al miedo, que deshumaniza al otro, pues nos hace verle como una amenaza. Los políticos y militares de Israel causan la muerte de centenares de personas, y dicen estar librando una lucha de supervivencia. Pero son ellos los que tienen el poder, el dinero, la fuerza, frente a los palestinos que no tienen nada. Piensan que haber sido los perseguidos en otro tiempo les da una autoridad moral infinita para hacer lo que quieran. Pero "ser una víctima, ha escrito Elisa
Martín Ortega, no implica bondad ni rectitud. No es un valor, sino una condición, una desgracia". Los políticos de Israel hablan de terrorismo, pero qué decir de la guerra que ellos han iniciado, de los bombardeos de las escuelas y los mercados, de los niños que matan. ¿Cómo llamarán a eso?
Pero en Israel, esos niños no existen. Sus soldados no hacen daño a los enfermos, ni a las mujeres ni a los ancianos; sus bombas no destruyen las escuelas, los mercados o los hospitales. Hay un control absoluto de la información, y ni en la televisión ni en los periódicos se habla de lo que ocurre en Gaza de verdad. Aún más, ante cualquier crítica se invoca el antisemitismo como argumento defensivo principal, aunque sean sus gobernantes los que estén traicionando los principios de la delicada y honda cultura judía que dicen representar. Es una conducta que exaspera a los palestinos, a los que sólo queda la salida del fanatismo. El fanatismo se alimenta de la debilidad. El principio de que todo hombre debe reconocer al otro como un semejante, lejos de ser evidente, es una conquista de la voluntad. Que la inteligencia venga a socorrer al amor, escribió Antoine de Saint-Exupéry. Sólo los más fuertes, desde un punto de vista moral, son capaces de evitar responder con violencia a los violentos y de escuchar las palabras de la dulce y amigable razón.
Emmanuel Lévinas, en una de sus lecciones talmúdicas, habló de las ciudades refugio. Eran lugares en que podían cobijarse quienes habían matado a alguien sin quererlo. Su acción había sido involuntaria, por lo que no podían ser condenados, pero necesitaban protegerse de los amigos o familiares del muerto. Eso era una ciudad refugio, un lugar donde se recibía a los que, no siendo culpables, tampoco eran enteramente inocentes. Lévinas pensaba que Occidente podía verse como una de esas ciudades refugio. Puede que no seamos culpables de las cosas que ocurren a nuestro alrededor, pero tampoco somos inocentes de ellas. No deberíamos olvidar esto, a riesgo de caer en lo más terrible: la indiferencia ante el dolor de nuestros semejantes.

Sicarios, reportaje


REPORTAJE: SICARIOS
Dos orillas del mar de la droga/Pilar Lozano (abajo)
La oficina del crimen/Reportaje de Luis Gómez
Para El País, 18/01/2009;
Las mafias colombianas se han instalado en España, donde disponen de toda la infraestructura necesaria. Los sicarios ya no vienen y se van: viven entre nosotros
Pagas o mueres. En Colombia o en España. En el código del narcotráfico colombiano las deudas y las ofensas se abonan al contado. Es la forma de hacer respetar la ley, no muy diferente de otras sociedades delictivas: la sangre sobreviene al impago. Por eso, no hay morosos vivos entre los narcotraficantes, o no por mucho tiempo. Los expertos policiales deducen que si mataron a Leónidas Vargas (en la foto) de cuatro tiros en la cama de un hospital de Madrid fue porque no había forma más discreta de hacerlo. Si hubieran podido matarle de otra manera lo habrían hecho porque saben que ese tipo de asesinatos en público sientan muy mal en España, crean alarma social y movilizan a la policía, que además dispone de sapos (chivatos, confidentes). Es un riesgo, pero la ley ha de cumplirse. Y Vargas estaba sentenciado.
El ejecutor que acabó con la vida de Vargas en el hospital Gregorio Marañón no habrá salido de Madrid. La teoría según la cual un sicario recibe el encargo, se desplaza al país donde debe ejecutar su trabajo y regresa inmediatamente a Colombia, quedó en desuso hace ya unos cuantos años en términos policiales, desde que se tiene constancia de que las organizaciones de narcotráfico desplazaron a España delegaciones bien nutridas de efectivos y, entre ellos, a los profesionales que se encargan del cobro de las deudas. Por ese motivo se emplea el término "oficina de cobro" cuando se hace referencia a aquellos grupos que integran en sus filas a sicarios, pistoleros o también llamados soldados. Cada organización en España lleva asociada una "oficina de cobro". Las hay en número difícil de cuantificar pero suficientes como para tener bajo control ciudades como Madrid y Barcelona, algunas zonas de la costa mediterránea, e incluso hacer algunos trabajos en Europa.
En el negocio del narcotráfico no hay otro móvil que el dinero y no hay otra forma de ejercer la autoridad que la violencia. Si una partida de cocaína es robada o incautada por la policía, su responsable contrae una deuda en ese mismo momento. No hay justificación. Y la deuda ha de ser abonada por cuantiosa que sea. Si el afectado quiere salvar el pellejo, debe poner a la venta la parte de su patrimonio necesaria para satisfacer el pago. "Normalmente", explica un agente, "se produce una primera entrevista en la que se fija la cuantía de la deuda, entrevista que puede estar acompañada de una amenaza. Por regla general, se produce un amarre (secuestro) de algún familiar del deudor que sirve también como otra forma de advertencia. Sólo después, si persiste el impago, se pasa a otras acciones". Por ese motivo, la actividad de los narcotraficantes está sometida a un constante conflicto y a frecuentes luchas por el poder. La traición está a la orden del día, así como la necesidad de estar protegido, o de matar para imponer la autoridad.
En este escenario revuelto, el sicario no es un personaje solitario, frío y calculador, obseso de su armamento, que cultiva su cuerpo en el gimnasio, de vida discreta, que usa una identidad falsa, vigila sus movimientos y se desplaza lo justo para cumplir con sus encargos. La realidad discrepa de la ficción. En el ambiente del narcotráfico colombiano en España se tiene al sicario como un empleado no especialmente bien remunerado, generalmente joven (a veces, casi adolescente), de extracción social muy baja, que se ha curtido en una sociedad muy violenta donde la vida no tiene un precio excesivo. Ni siquiera el número de muertos que lleve a sus espaldas es un factor determinante de su prestigio. El sicario, también llamado soldado, es el último eslabón de la cadena. Mata porque posiblemente no sepa hacer otra cosa.
El sicario, como tal soldado, cumple órdenes. Responde también a un estereotipo falso, la creencia de que acepta encargos de terceros. El sicario no tiene esa autonomía. Pertenece a una organización y responde exclusivamente a sus órdenes. Sólo los más avezados logran ascender puestos en el escalafón y pueden llegar a formar sus propios grupos. Tampoco dispone de un armamento sofisticado. La experiencia de los ajustes de cuentas registrados en España demuestra, en el caso de los correspondientes a sicarios colombianos, que se limitan al uso de armas de pequeño calibre y, por regla general, no especialmente modernas. Por ese motivo, su modus operandi responde a un tipo de "muerte a quemarropa": varios disparos a corta distancia. En ese sentido, la acción del sicario colombiano siempre es más arriesgada que sus equivalentes llegados de los países de Este, que utilizan armamento moderno que permite gran eficacia a mayor distancia.
Generalmente, es enviado a España con pasaporte de otra nacionalidad diferente de la colombiana. La organización se encarga de apañarle un matrimonio con una mujer española para que obtenga la residencia, se le busca un domicilio y se le da un sueldo que a veces resulta insuficiente, según han podido constatar investigadores policiales a lo largo de los últimos años. "Algunos de los que hemos podido conocer viven en domicilios muy modestos y llevan una vida un tanto precaria, de tal manera que participa también en otras actividades como robos o transporte de cocaína".
Sobre la documentación que usan los delincuentes colombianos que se establecen en España se han detectado algunas particularidades. Durante unos años utilizaban generalmente pasaportes venezolanos, tendencia que puso en alerta a las autoridades diplomáticas españolas y motivó alguna queja. Recientemente, se ha observado una notable variación. Venezuela ha empezado a dar menos facilidades y ahora se están desplazando a España con pasaportes de Guatemala, Costa Rica y, sobre todo, México. "Estamos observando que utilizan pasaportes mexicanos auténticos, incluso con su misma identidad", reconocen fuentes de Interior. "Hemos detectado cómo envían la huella dactilar por correo electrónico junto a una foto y reciben en su domicilio un pasaporte nuevo a través de una compañía de mensajería". Mandos de la policía y la Guardia Civil han tenido reuniones con funcionarios mexicanos para exponerles este problema, "pero no parecen reaccionar por el momento". "Nos están bajando algunas estadísticas de delincuentes colombianos y subiendo las de mexicanos, cuando sabemos que esos mexicanos son en realidad falsos". El fenómeno ha dado lugar a que se divulguen algunas informaciones periodísticas en España alertando de un incremento de delincuentes mexicanos. Hay que tener en cuenta que hasta hace dos años, los colombianos (2.243) formaban la segunda población de reclusos en las cárceles españolas, después de los marroquíes (5.527). Justamente a partir de 2007 se ha producido un ligero descenso en el número de penados de esta nacionalidad, ocupando actualmente el segundo lugar los delincuentes de nacionalidad rumana.
Cristian Andrés García Escobar, conocido como Óscar, era uno de esos reclusos hace unos años, cuando apenas había cumplido los 20 y había sido detenido en el año 2000 por el asalto a un furgón blindado. Condenado a 21 años de cárcel, aprovechó tiempo después un permiso carcelario para no volver. En 2008 era uno de los responsables de una de esas oficinas de cobro ligada a una poderosa organización de narcotraficantes conocida como el cartel del Valle del Norte.
Óscar había dejado de ser un soldado. Había progresado en el oficio y disponía de un grupo bajo su mando. Entre sus actividades estaba el cobro de deudas, pero también intervenía en operaciones propias del narcotráfico. A mediados de febrero de 2008 le llegó la noticia de la muerte de Wilber Varela, alias Jabón, acribillado a balazos en un hotel de la localidad venezolana de Mérida. Jabón era, en aquel entonces, el número uno del cartel del Valle del Norte. Era uno de sus jefes, pero lejos de preocuparse por la noticia, organizó una fiesta con su gente en un chalé alquilado a las afueras de Madrid. La muerte de Jabón significaba que sus inmediatos superiores, Niño Malo y Pampo, subían un peldaño en el escalafón de la organización. Y lo que era bueno para ellos, era bueno para él. La fiesta que celebró en Madrid acabó mediada la madrugada y acabó mal: un equipo conjunto de la policía y la Guardia Civil entraba en el lugar dispuesto a detenerle.
La detención de Óscar significó en aquel momento la primera desarticulación casi al completo de una oficina de cobro en España. En otros años se habían producido detenciones de sicarios, se habían tenido noticias de este tipo de grupos (Niño Malo, por ejemplo, había actuado en España a finales de los noventa), de sus locales y sus actividades, pero no se había efectuado una desarticulación de un grupo completo. El detalle que llevó al éxito la operación fue el asesinato de una persona que, dos años después, todavía sigue sin estar identificada.
El 14 de septiembre de 2007, el grupo de homicidios de la Guardia Civil en Madrid acude a la localidad de Ciempozuelos. En un descampado hay una escena escabrosa: dos piernas sobresalen de la tierra haciendo una uve. Debajo hay un cuerpo enterrado al que le faltan las dos manos y cuyo tronco y cabeza han quedado desfigurados por efecto del ácido sulfúrico. No hay posibilidad material de identificar a una víctima de la que sólo se cuenta con una cadena de oro alrededor del cuello.
Las primeras investigaciones conducen a una banda de españoles dedicada al robo de motos que operaba en los alrededores. No parecían tener relación con el caso, pero en una casa abandonada que utilizaban en ocasiones aparecieron restos de ácido sulfúrico. Dicha casa se la habían alquilado a un colombiano que "tenía que hacer un trabajo". Determinada la identidad de este hombre, saltó en el ordenador central que estaba siendo investigado por una unidad de la Policía Nacional. Se decidió crear un equipo conjunto y el colombiano les llevó hasta el grupo de Óscar.
Los investigadores pudieron seguir durante meses las actividades de lo que era una oficina de cobros. Óscar vivía en un apartamento nuevo a las afueras de Madrid, cerca de un moderno centro comercial conocido. Disponía de pasaporte venezolano. Allí vivía con su mujer, pero en otras zonas de Madrid tenía otras novias, a las que mantenía. Le gustaba vestir ropa de marca, conducía un golf. Cuando salía de su casa, tomaba precauciones. Óscar era propietario de un bar en Madrid, el Piqueté, en el Barrio del Pilar. Allí se reunía con sus hombres y gastaba dinero en fiestas. Era un establecimiento de ambiente colombiano muy poco transitado. La vida dentro del bar sólo era alterada cuando el grupo debía hacer algún desplazamiento. Los investigadores pudieron seguirle durante un viaje a Barcelona para amenazar a una persona que debía pagar una deuda, pero el asunto no llegó a mayores. Cuando surgió la noticia de que Óscar organizaba una fiesta para celebrar la caída de uno de sus jefes, apareció la oportunidad de poder detener al grupo al completo. En el domicilio de Óscar se encontraron 15 kilos de cocaína. La operación se saldó con 14 detenciones y 11 registros en domicilios.
Sin embargo, un año después los investigadores ya tienen indicios de que la organización (el cartel del Valle del Norte) ha reestructurado su oficina de cobros en España. Niño Malo, uno de los jefes, dio las órdenes pertinentes. Precisamente Niño Malo, que conoce tan bien España, donde residió durante algún tiempo: su organización fue una de las primeras que llegó a tener una de esas oficinas en Madrid, con un local que la policía recuerda todavía: el bar Pachito-Eché, situado en el distrito de Carabanchel, donde hacia el año 2000 hubo una ensalada de tiros que propició una pequeña guerra con varios muertos entre Madrid y Barcelona.
Niño Malo regresó a Colombia y allí ha seguido subiendo peldaños. La detención de Óscar y su grupo ha sido un pequeño traspié del que se han repuesto con rapidez. "Eso es así porque necesitan tener esa infraestructura para poder seguir haciendo sus negocios en España. Ninguna organización medianamente importante puede permitir que su mercancía circule sin protección o puede tener a su gente sin el número de soldados suficiente como para imponer su autoridad". Máxime si se tiene en cuenta que el número de delincuentes colombianos en España es lo suficientemente elevado como para que se produzcan intentos de robo de mercancía entre organizaciones. "Se han detectado algunos pequeños grupos que se dedican exclusivamente a robar a los narcotraficantes; en esas condiciones, por tanto, la necesidad de contratar soldados es más apremiante".
Los analistas de la policía y la Guardia Civil advirtieron a mediados de los años noventa de la posibilidad de que las organizaciones colombianas terminaran por desplazar a España a sus sicarios cuando empezaba a ser evidente que el tráfico de cocaína establecía en suelo español una cabeza de puente para su entrada en Europa. Por aquel entonces, los colombianos reducían su estructura al envío de un delegado que se limitaba a ser testigo de las operaciones de los gallegos, a verificar que se realizaran los pagos, la entrega de mercancía y el envío del dinero a Colombia. Sin embargo, los primeros traspiés debilitaron la confianza de los narcos en los gallegos y comenzaron a establecer estructuras más sólidas para dirigir in situ el negocio en Europa.
En el análisis criminal se entiende que una organización está plenamente asentada en un país y empieza a resultar especialmente peligrosa cuando ha enviado a sus soldados. Ésa es la última fase del asentamiento y el inicio de la plena operatividad de una organización. Aquellos tiempos en los que la cocaína era asunto de los capos gallegos que actuaban como delegados/representantes de los carteles colombianos en Europa pasó a la historia. Los gallegos son ahora meros transportistas, trabajan como subcontratados. Los carteles han instalado sus sucursales en España. Y, naturalmente, sus propias oficinas de cobro.
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Dos orillas del mar de la droga/PILAR LOZANO

El País, 18/01/2009
Madrid, 21 de noviembre de 1984. La policía española detiene, en un lujoso restaurante madrileño, a Jorge Luis Ochoa y a Gilberto Rodríguez Orejuela, cabecillas de los dos grandes carteles de la droga colombiana de ese momento, el de Medellín y el de Cali, respectivamente. Para las autoridades de Estados Unidos, eran los mafiosos más poderosos del mundo. Los querían allá, en tribunales norteamericanos. Habían llegado a España buscando refugio, pero también con ánimo de hacer negocios: querían apostar en el mundo del tráfico de drogas en el Viejo Continente.
Pero el escándalo fue mayúsculo. Con estrategias diseñadas por el equipo de abogados contratado por los mafiosos, éstos lograron hacerle el quite a la extradición a Estados Unidos. Los dos fueron entregados a la justicia colombiana. Y en poco tiempo, con nuevas jugadas, estaban libres, haciendo ostentación de su enorme riqueza.
En los cinco meses que Ochoa y Rodríguez se pasearon a sus anchas por la península Ibérica crearon una línea de tráfico entre bandas colombianas y españolas. El socio en España: una mafia gallega. Se realizaron millonarias inversiones en los dos países. Los dos jefes del narcotráfico se dedicaron a todo tipo de extravagancias: compraron 17 Mercedes, dos BMW, dos Maseratti y más de mil hectáreas de tierra, según se lee en el libro Los Rodríguez Orejuela. Cartel de Cali y sus amigos. Su ambición los llevó a soñar con ser dueños de un banco. Tamaño derroche fue la pista que llevó a las autoridades a capturarlos.
Las inversiones fueron "más allá que acá": es decir, más en España que en Colombia. Lo afirma el general Óscar Naranjo, comandante en jefe de la policía colombiana. Aquello fue el origen de una "relación funcional", como prefiere llamarle este general, entre los traficantes de los dos países; todavía se mantiene en la actualidad. "Es de bajo perfil, pero sigue existiendo", reconoce el general Naranjo. Él, un hombre alto, calmado, mesurado en sus declaraciones, ha dirigido varias de las guerras más duras contra el narcotráfico.
Es una relación innegable: España, actualmente con 46 millones de habitantes, es uno de los mayores consumidores de la cocaína que se produce en Colombia, un país de 44 millones de pobladores que ha visto crecer cuatro generaciones dedicadas a este negocio subterráneo.
Pero la alianza criminal se ha ido transformando de acuerdo con las nuevas realidades que rigen el oscuro entramado. Hoy no existen pactos como los de antaño; tampoco los carteles entendidos como organizaciones estables, poderosas. Lo de hoy, como lo llama el general Naranjo, es un "holding de pequeñas organizaciones". Muchas de ellas existen sólo durante un corto lapso de tiempo; terminan cuando se "corona" un cargamento en Europa o en Estados Unidos. Son grupos pequeños, de alta movilidad y sin centro de operaciones fijo.
Los contactos de las bandas se radican en España no porque sea el punto de mayor entrada de cocaína a Europa. La razón es mucho más prosaica: los narcos, casi todos venidos de abajo, con escasa educación, se sienten a gusto en un país donde se habla su misma lengua, donde logran mimetizarse en medio de más de 250.000 compatriotas que emigraron a España. Vivir permanentemente en Reino Unido, Alemania u Holanda sería para ellos, por decir lo menos, una tortura.
"Todas las organizaciones de la droga colombianas tienen su representante en España", asegura una persona que conoce muy bien lo que se mueve en el mundo de las drogas, dibujando así cómo es hoy este lazo ilegal que une a Colombia con la "madre patria".
El contacto está atento en el momento del desembarque de la valiosa carga, cuida la bodega donde luego se almacena la mercancía, está atento a los cruces con los compradores que después se encargan de distribuir el polvo blanco a lo largo y ancho del Viejo Continente. Son personas que, aunque viven en España, se mueven de país en país, porque los grandes envíos llegan a Europa en veleros u otros buques a través de diferentes puertos. Viajan con pasaportes falsos en el bolsillo. Cuando sienten muy cerca los pasos de la policía, se produce el relevo; regresan a su país y otros los reemplazan en España.
Hace unos años, lo normal era falsificar pasaportes venezolanos. Con documentos que lo mostraban como ciudadano de esa nacionalidad, la policía española detuvo a Leónidas Vargas en 2006. El pasado 8 de enero, este hombre fue asesinado en el hospital 12 de Octubre de Madrid; era el último de los capos que atemorizó a Colombia en los años ochenta y noventa.
Se sabe que los narcos son desconfiados. Por eso envían a sus lugartenientes a cumplir esa comprometedora labor más allá de las fronteras. Todos tienen grabada una regla de oro de este negocio ilícito: el más mínimo error, un torcido como dicen en su jerga, se paga; y se paga con la vida. Y en Colombia, el jefe tiene a mano a la familia a la que le pueden cobrar el error de su hombre en España.
¿Fue lo que ocurrió con Fabio, el hermano menor, de 47 años, de Leónidas Vargas? Su cuerpo fue encontrado el pasado fin de semana en un cañaduzal cerca de Cali (la tercera ciudad de Colombia) junto al de su novia, reina de belleza y actriz de 30 años; ambos habían sido asesinados a tiros. Los asesinatos de los dos hermanos Vargas se dieron en un corto lapso de tiempo: a Leónidas le dispararon en Madrid el jueves 8 de enero por la noche; y el viernes por la noche o al amanecer del sábado 10 de enero, su hermano fue asesinado en Colombia, con su novia.
Algunos medios creen saber que Leónidas Vargas, durante el tiempo que vivió legalmente en España —después de saldar sus cuentas con la justicia colombiana en 2001, viajó a Chile y luego se radicó en Madrid con su familia—, fue el contacto ideal para los que actualmente son señalados como los grandes capos del narcotráfico: Daniel Barrera, Loco Barrera, y Pedro Guerrero, Cuchillo. El Loco Barrera es un personaje siniestro que hace favores tanto a la guerrilla como a los paramilitares; maneja coca de los dos bandos enemigos. Cuchillo es un paramilitar que a última hora decidió echar atrás su decisión inicial de desmovilizarse y hoy manda una banda de matones en las llanuras que cubren el oriente colombiano.
El general Naranjo, sin embargo, no tiene evidencias de este vínculo de Leónidas Vargas con los nuevos patrones de la cocaína colombiana. Pero acepta que las muertes de los dos hermanos están ligadas. "Debe haber una relación", dice Naranjo, "se puede tratar de vendettas". No dice más; no quiere especular sobre lo que aún no está claro. Prefiere hablar de la estrecha relación que esta "alianza funcional" ha permitido crear entre las policías de Colombia y de España y que ha llevado a éxitos operativos en forma de capturas, decomisos o identificación de rutas usadas actualmente para el tráfico ilegal.
En el caso de los dos hermanos Vargas, los policías de ambos países trabajan en común para descubrir lo que hay detrás de los dos crímenes, casi simultáneos, cometidos en dos puntos geográficos a miles de kilómetros de distancia. Nada parece ser casual: Fabio, el pequeño de los Vargas, había llegado a Bogotá el día anterior a su muerte; venía de España.

Dick Cheney


La obra del señor oscuro (Dick Cheney)/Reportaje de John Carlin.*
Dick Cheney, el vicepresidente más poderoso de la historia de EE UU, ha sido el ideólogo de la guerra de Irak, de Guantánamo y de la utilización de la tortura
*John Carlin es periodista británico, Premio Ortega y Gasset al mejor trabajo de reportaje en 2000. Ha sido corresponsal para el diario británico The Independent en México y Centroamérica, Suráfrica y Estados Unidos.Sus primeros pasos en el periodismo los realizó en el Buenos Aires Herald. Posteriormente colaboró con la BBC y The Times, donde destacó por su gran conocimiento de Latinoamérica.
De madre española y padre británico, Carlin escribe desde hace cuatro años para EL PAÍS
Publicado en El País (http://www.elpais.com/, 18/01/2009;
Cuando la revista People le preguntó a George W. Bush cuáles eran los episodios de sus ocho años en la Casa Blanca que recordaba con más frecuencia, el presidente resaltó uno en particular: la vez que lanzó la bola inicial en la final del campeonato nacional de béisbol.
"Curiosamente, nunca sentí tanta ansiedad en ningún otro momento de mi presidencia", explicó.
Los ataques del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y Washington, la guerra en Irak, Abu Ghraib, Guantánamo, las cárceles secretas de la CIA, Gaza, la implosión del sistema financiero mundial... Nada comparado con el terror que sintió el presidente saliente ante la posibilidad de hacer el ridículo en un campo deportivo. Lo cual no debería de provocar demasiada sorpresa. En parte porque la gran pasión de Bush es y siempre ha sido el béisbol (se ha comentado en Washington más de una vez que el puesto de presidente de la federación nacional del deporte representaba el límite de sus posibilidades de gestión); y sobre todo, porque la carga de las grandes decisiones que se han tomado durante su presidencia no la ha asumido él, sino su vicepresidente, Dick Cheney.
Retratar a Cheney como la figura siniestra y malévola (Darth Vader es uno de los sobrenombres que le han dado en Washington) que ha concebido y puesto en práctica la política de la Casa Blanca durante los últimos ocho años, y a Bush como el títere que se ha limitado a firmar las iniciativas vicepresidenciales y a darles apoyo publicitario, es una caricatura que no se aleja tanto de la realidad. Bush no sólo ha sido el peor presidente de la historia de Estados Unidos, según una abrumadora mayoría de historiadores especializados, sino el más vago, el que menos atención le ha prestado a la letra pequeña, el que más días de vacaciones se ha tomado, habitualmente en su rancho de Tejas. Cheney, en cambio, es un detallista fanático que muchas veces empieza su día de trabajo a las 4.30 de la mañana y es considerado entre los expertos de izquierda y derecha en Washington, por unanimidad, como el vicepresidente más poderoso que ha tenido su país.
Toda una colección de libros sobre el funcionamiento interno de la Casa Blanca de Bush (destacan El lado oscuro, de Jane Mayer, de la revista The New Yorker; El pescador: la vicepresidencia de Cheney, de Barton Gellman del The Washington Post, y La guerra interna, del legendario Bob Woodward) promueven la tesis en mayor o menor medida de que Cheney ha sido el ventrílocuo del muñeco Bush.
El mismo presidente la sustentó, de manera no necesariamente intencionada, al declarar en 2003: "Cuando se habla conmigo, se habla con Cheney".
El gran atractivo para Bush es que Cheney hace casi todo el trabajo y no exige nada del crédito. Está feliz en la sombra. Más bien, ha preferido no salir de ella, evitando así el papel protocolario que tradicionalmente le corresponde a un vicepresidente. Los aplausos del público le llenan menos que la autosatisfacción secreta de saber que él es el que ejerce el poder. No perdió el tiempo en asumirlo. Nada más ser elegido candidato a la vicepresidencia, se encargó en el interregnum entre las elecciones de 2000 y la inauguración presidencial de enero de 2001, de seleccionar los candidatos que iban a ocupar los puestos clave de la nueva Administración republicana. Bush fue el que aprobó la lista final pero todos, sin excepción, habían sido los que había propuesto Cheney.
Dan Quayle, que fue el vicepresidente de Bush padre, entendió que Cheney se proponía reinventar su antiguo puesto en una reunión que celebraron los dos a los pocos días de que Cheney se instalara en el ala oeste de la Casa Blanca.
"Le dije, 'Dick, ya sabes, tendrás que viajar mucho al exterior... ir a funerales", Quayle recordó en una entrevista citada en el libro El pescador. "Es decir, en esto consiste la tarea de un vicepresidente". Cheney le dirigió una leve sonrisa y contestó: "Yo tengo otro tipo de conexión con el presidente".
Ha sido una conexión no tanto de subordinado como de guía paterna. Cheney, la última persona con la que Bush habitualmente hablaba antes de firmar un decreto, fue el principal promotor, junto a su viejo compinche el ex secretario de Defensa Donald Rumsfeld, de la guerra de Irak. Y no hubo nadie que luchara con más empeño a favor de la política más polémica durante la presidencia de Bush dentro de Estados Unidos y la que más daño ha causado a la imagen internacional del país: la tortura como método para interrogar a los presos sospechosos de terrorismo. El entusiasmo de Cheney por suspender la aplicación de la Convención de Ginebra en la guerra contra el terror llevó al almirante Stansfield Turner, jefe de la CIA en los años setenta, a darle el apodo de "vicepresidente de la tortura".
Cheney es un personaje que, como las figuras totalitarias a las que Estados Unidos se opuso durante la guerra fría, cree firmemente en la doctrina de que el fin justifica los medios. Nadie participó de manera más dinámica que Cheney en lo que el premio Nobel de Economía Paul Krugman describió en su columna del The New York Times hace dos días como "el escándalo más grande de todos": la manera deliberada con la que la Administración de Bush engañó al pueblo estadounidense para que apoyara la invasión de Irak
Sobre las supuestas armas de destrucción masiva que poseía Sadam Husein, el pilar central del argumento a favor de la guerra en Irak, Cheney fue más lejos que Bush al desdeñar en público los consejos de la CIA, que insistían en que Husein estaba lejos de construir una bomba nuclear y lo mejor sería insistir en un programa agresivo de inspecciones. "La inteligencia es un negocio incierto", replicó Cheney, con una de sus pequeñas sonrisas irónicas, en un discurso en agosto de 2002, siete meses antes de la invasión estadounidense. Pero fueron muchos lo que participaron en aquel gran engaño. Donde Cheney ejerció de director de orquesta fue en la fabricación del segundo gran argumento a favor de la guerra, el que convenció al norteamericano medio de que no quedaba más remedio que eliminar a Sadam. Aquí no hubo ninguna incertidumbre, ni posibilidad, siquiera, de autoengaño. Consistió en divulgar la mentira de que Irak estuvo involucrado en los ataques del 11 de septiembre de 2001, mentira que la mayoría de los estadounidenses, según repetidos sondeos, eligieron creer. Cheney citó un supuesto informe de inteligencia (en este caso el negocio dejó de ser tan incierto) según el cual uno de los terroristas suicidas del 11-S, Mohamed Atta, se había reunido en Praga con un integrante del servicio de espionaje iraquí. Tal era su urgencia por lograr un consenso nacional a favor de la guerra que emergió, contra natura, de las sombras para declarar en entrevistas televisivas a lo largo de 2002 que Al Qaeda y el régimen iraquí eran cómplices en la guerra santa contra Estados Unidos.
En diciembre de 2001 declaró que se había "confirmado" la existencia de una reunión entre Atta y un "alto oficial" del servicio de inteligencia iraquí en Praga en abril de ese mismo año. Pese a que tanto la CIA como el servicio de inteligencia checa le decían en privado que no tenían ninguna información al respecto, Cheney reiteró en marzo de 2002 que la reunión había sido "un hecho", y lo volvió a ratificar en septiembre de ese año.
Un par de años después, con el Ejército de Estados Unidos ya estancado en Irak, actuó de manera incluso más descarada. Fue en plena campaña electoral durante un debate televisivo. Su rival demócrata para la vicepresidencia, John Edwards, denunció sus mentiras sobre Irak y Al Qaeda. Con una firmeza implacable, Cheney le contestó: "El senador se equivoca. No he sugerido que existiera una conexión entre Irak y el 11-S".
Bush llegó a la presidencia en 2001 tras una campaña electoral en la que se había vendido como promotor de una filosofía que denominó "conservadurismo compasivo". Cheney se ocupó desde un principio de borrar la palabra compasión del léxico bushiano. En el terreno de la ecología combatió arduamente a favor de las industrias más contaminantes de Estados Unidos, cuyas empresas amigas (grandes contribuyentes en muchos casos a las campañas electorales de Bush) preferían no invertir en tecnología que reduciría la emisión de gases perjudiciales para la capa de ozono. Y en cuanto a la economía, Cheney contribuyó de manera agresiva al caos reinante hoy al insistir en reducir los impuestos de los más ricos. Cuando Paul O'Neill, el secretario del Tesoro que él mismo había elegido, le defraudó al cuestionar en 2002 la política de reducción de impuestos, Cheney recomendó a Bush que lo despidiera y Bush, sin apenas pensárselo, asintió.
Esto fue una mera anécdota, sin embargo, comparado con el ejemplo de anticompasión más flagrante de la era Bush: el trato que se dio a los presos en la prisión de Abu Ghraib, en Irak, y en la base militar estadounidense de Guantánamo, en la isla de Cuba.
Cheney hizo pública su posición al respecto a los dos meses del 11-S en un discurso ante la Cámara Americana de Comercio. Los terroristas, dijo, "no merecen ser tratados como prisioneros de guerra". Pasarían 10 semanas hasta que el propio Bush se declarara al respecto, y lo hizo firmando un documento de cuatro páginas que Cheney y sus asesores legales confeccionaron sin consultar siquiera al entonces secretario de Estado, Colin Powell. La Convención de Ginebra (que un íntimo asesor de Cheney describió como "obsoleta") sencillamente no se aplicaría ni a los presos supuestamente afiliados a Al Qaeda o a los talibanes de Afganistán.
Los primeros presos llegaron a Guantánamo en enero de 2002. "De ese momento en adelante", según escribió el The Washington Post en un amplio reportaje que ganó el Premio Pulitzer, "Cheney se dedicó a la cuestión práctica de aplastar la voluntad de resistir de los cautivos... La oficina del vicepresidente desempeñó un papel central en hacer añicos a los límites impuestos a la coerción de presos bajo la custodia de Estados Unidos".
Cheney fue el pionero de una casuística distinción teórica entre la tortura no permitida y métodos violentos de interrogación sí permitidos que se tradujo en la práctica a una sistemática violación de los derechos humanos denunciada en el mundo entero.
Un documento clasificado del Departamento de Justicia, pero motivado por Cheney y su equipo de "gobierno dentro del Gobierno", según reveló el Post, determinó que la ley estadounidense en contra de la tortura "prohíbe sólo las peores formas de trato cruel inhumano o degradante", con lo cual permite otras. El documento especificó que la tortura prohibida consistía en aquella que causaba dolor "equivalente en intensidad" al del "fallo de un órgano vital... O incluso la muerte".
Tal es el secretismo con el que opera Cheney (siempre se ha negado incluso a revelar cuánta gente trabaja con él en la Casa Blanca) que su no siempre eficiente jefe de relaciones públicas, George W. Bush, es el que pagará el precio histórico por las atrocidades y desastres de los últimos ocho años. Pero lo que muchos sospechan en Washington es que Bush habría ejercido la presidencia de manera menos radical si hubiera optado por otro consigliere; si hubiera elegido como vicepresidente a un Dan Quayle dispuesto a aceptar su papel secundario, lejos del centro de poder, o a uno más inclinado a poner en práctica el concepto en que quizá Bush alguna vez creyó de conservadurismo compasivo.
En dos días pondrá fin a un mandato de ocho años que su sucesor, Barack Obama, ha denunciado por su "espectacular irresponsabilidad", pero lo curioso es que Bush da la sensación de que todavía carece de la experiencia necesaria para ser presidente. Su presidencia lleva su nombre, pero la huella es la de Cheney. La razón es sencilla: a Bush siempre le ha atraído más el título que el cargo de presidente, y las responsabilidades que conlleva. Por temperamento, el trabajo duro del día a día no le interesó y se lo dejó, con descuidada tranquilidad, al maquiavélico Cheney, mientras él se preocupaba por su estado de salud (Bush es un obsesivo del fitness), por cuidar su rancho tejano y por el béisbol.
Preguntado por el periodista
Bob Woodward una vez sobre la influencia de su padre, presidente entre 1989 y 1993, en el ejercicio de su presidencia, George W. contestó: "Hay otro padre en las alturas al que apelo". Lo que no quedó del todo claro fue si se refería a la divinidad cristiana, o a su vecino en la Casa Blanca, Dick Cheney.
Ocho años, dos guerras
- 2000, noviembre. George W. Bush derrota a Al Gore en las elecciones presidenciales. El margen de su victoria es muy estrecho en el crucial Estado de Florida. Los demócratas denuncian irregularidades, pero el Tribunal Supremo zanja la disputa declarando la victoria de Bush.
- 2001, enero. Bush asume el cargo.
- 2001, septiembre. Aviones secuestrados por terroristas se estrellan contra las Torres Gemelas y el Pentágono. Más de 3.000 personas fallecen en los ataques.
- 2001, octubre. EE UU lidera una masiva campaña de bombardeos para derrocar al régimen talibán afgano y capturar a Osama Bin Laden, considerado responsable de los ataques del 11-S. En Washington, el Congreso aprueba la Patriot Act, que extiende los poderes del Ejecutivo en la lucha contra el terrorismo.
- 2001, diciembre. La empresa del sector energético Enron quiebra tras aflorar a la luz un masivo fraude en su contabilidad.
- 2002, enero. En el discurso sobre el estado de la Unión, Bush describe a Irak, Irán y Corea del Norte como el "eje del mal". Los primeros presos empiezan a llegar a la prisión de la base de Guantánamo.
- 2002, noviembre. Bush crea el Departamento de Seguridad Nacional, la más significativa reorganización del Ejecutivo estadounidense en 50 años.
- 2003, marzo. Empieza la campaña contra el régimen de Saddam Husein en Irak.
- 2003, mayo. Bush declara "misión cumplida" en Irak en un discurso pronunciado en el portaviones Abraham Lincoln.
- 2004, mayo. La prensa estadounidense denuncia varios casos de maltrato y torturas a presos iraquíes por parte
de miembros de las Fuerzas Armadas de EE UU.
- 2004, noviembre. Bush gana un segundo mandato en las elecciones presidenciales tras derrotar a John Kerry.
- 2005, agosto. Casi 2.000 personas mueren a causa del paso del huracán Katrina por la ciudad de Nueva Orleans.
La gestión de la ayuda del Gobierno es muy criticada.
- 2006, noviembre. El Partido Demócrata logra el control de las dos cámaras del Congreso en las elecciones celebradas a mitad de mandato. El secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, dimite.
- 2007, enero. Bush anuncia una nueva estrategia militar en Irak, que prevé un notable aumento de tropas desplegadas. El plan del Pentágono logrará una disminución sensible de las acciones violentas en el país ocupado.
- 2008, marzo. El senador John McCain se presenta como candidato republicano a la presidencia.
- 2008, junio. Barack Obama derrota a Hillary Clinton y se adjudica la candidatura del Ppartido Demócrata.
- 2008, septiembre. Violentas turbulencias financieras azotan Wall Street y los mercados internacionales. El colapso del sistema financiero induce la Administración Bush a diseñar un plan de rescate.
- 2008, noviembre. Barack Obama derrota a John McCain en las elecciones presidenciales.

Alto al fuego!

¡Por fin una luz en el camino, después de 22 días de combates!
Israel implementó el domingo un cese al fuego unilateral, poniendo fin a la ofensiva que inició hace 22 días, convirtió los barrios de Gaza en campos de batalla y le propinó un duro golpe a la milicia Hamas.
La campaña se detuvo oficialmente a las 2.00 de la madrugada locales (0000 GMT). Justo concluida la festividad judía del Sabath Y siempre bajo la amenaza fundamentada en la cruel disuasión que ha ejercido durante 22 días sobre el millón y medio de habitantes de la franja. Si los cohetes que disparan las milicias palestinas siguen cayendo sobre suelo israelí, el Ejército más poderoso de Oriente Próximo volverá a la carga. Son lentejas: o Hamás las toma o las deja.
De inmediato el movimiento islamista Hamás y otras facciones palestinas de la franja de Gaza, como el brazo armado de Las Brigadas de Azdein El-Kasam, han declarado un alto el fuego inmediato; el líder de Hamás en el exilio, Jaled Meshal, ha confirmado la noticia desde Damasco.
Hamás ha informado que cesarán su actividad militar con lanzamiento de cohetes al mismo tiempo que han dado a las tropas israelíes una semana para abandonar territorio palestino. De lo contrario, informan los milicianos islamistas, se reanudarán las hostilidades.
Por su parte, un portavoz del gabinete del primer ministro israelí, Ehud Olmert, ha asegurado hoy que Israel no considerará un calendario de retirada de suelo palestino hasta que Hamás y sus milicianos dejen de disparar cohetes. Olmert ha advertido hoy de que esta tregua es "frágil" y que las autoridades militares están comprobando la evolución "minuto a minuto" de los acontecimientos." Las tropas israelíes tienen previsto quedarse durante 10 días en la franja.
Los muertos palestinos de la ofensiva israelí desde el 27 de diciembre superan los 1,300, y los heridos son más de 5.300; 13 soldados israelíes han muerto.
Organismos de derechos humanos internacionales aseguran que dos tercios de las víctimas son civiles.
Ahora, la comunidad internacional debería hacer cumplir la resolución de la ONU para la creación del Estado palestino, como paso imprescindible para el establecimiento de un acuerdo de paz duradero y permanente en la región.
***
Reacciones.
El gobierno del presidente George W. Bush elogió la decisión. En un comunicado emitido después de que el primer ministro israelí Ehud Olmert anunció la medida, la secretaria norteamericana de Estado, Condoleezza Rice, dijo que la meta final sigue siendo una tregua duradera que sea respetada por ambas partes.
Rice elogió también los esfuerzos egipcios por llevar a Hamas a las negociaciones y garantizar un respaldo internacional al cese al fuego, en una cumbre que El Cairo albergará el domingo. La secretaria expresó preocupación por el sufrimiento de los civiles palestinos en Gaza e instó a realizar acciones inmediatas para ayudarlos.
En Londres, Gran Bretaña expresó su "alivio" por el alto al fuego. El secretario del Exterior, David Miliband, elogió el anuncio israelí en un comunicado difundido el sábado por la noche. Expresó su deseo de que todas las agencias asistenciales tengan acceso inmediato a Gaza, y pidió "una garantía de su seguridad, a fin de que puedan realizar sin obstáculos su trabajo vital". Miliband añadió que el gobierno británico hará todo lo posible por garantizar que prevalezca el cese al fuego.

La realidad será internet: Jean Daniel

De la serie Maestros del periodismo.
Juan Cruz entrevista ahora a Jean Daniel Fundador de 'Le Nouvel Observateur'
La semana pasada publicó la entrevista a Ben Bradlee vicepresidente y ex director de 'The Washington Post'
En El País (www.epais.com), 18/01/2009;
Jean Daniel tiene su estudio lleno de fotografías, y entre todas destaca las que guarda de su maestro, Albert Camus, que es para él no sólo un paisano (Argelia les une, la guerra de Argelia les dividió) sino una fuente constante de inspiración. Le acaba de dedicar un libro, Camus a contracorriente (Galaxia Gutenberg), que es al tiempo un homenaje al periodista e intelectual que fue premio Nobel de Literatura, sino que es también un libro de estilo para ejercer este oficio.
En ese libro hay una imagen, de la que no hay fotos, en las que se ve a Camus entrando en una boîte, con sus colegas del periódico Combat, resistente contra la ocupación nazi de París; habían hecho un buen periódico ese día, Camus estaba exultante y al entrar a la sala de copas exclamó: "¡Vale la pena luchar por una profesión como esta!" Jean Daniel tiene una larga trayectoria como periodista, acaso el más influyente de Francia en algún momento, sobre todo como director y cabeza pensante de Le Nouvel Observateur, una revista elitista que él decidió convertir en un magazine de gran tirada sin disminuirle su ambición cultural.
En esa abigarrada colección de fotos que son las cuatro paredes de su estudio parisino hay alguna muesca de ese éxito, por ejemplo una información que le recuerda que en 1978 fue elegido el mejor periodista francés, el premio Príncipe de Asturias que le concedió la Fundación Príncipe de Asturias, y otras señales de su gran influencia, cerca, por ejemplo, del presidente Mitterrand. Es complicado escribir (en prensa) sobre los amigos políticos, pero en libros lo hace y lo hará, "porque ahí me puedo detener en detalles".
Ya tiene 88 años, mantiene alertas todas sus facultades, escribe sus artículos (también para EL PAÍS), viaja, presenta libros, y está en permanente contacto con la revista. Y con la realidad. Detrás de su asiento está la portada del New York Times del último 5 de noviembre; en primera página, el gran periódico norteamericano le cita como un referente izquierdista europeo que ha glosado "la épica" gloriosa de Barack Obama, y él está feliz con ese recorte, que tiene enmarcado. Su aversión a las fotos, dicen, es una cuestión de coquetería de un galán que ya ha juntado demasiados años como para que no haya caído alguno sobre su rostro, pero Mordzinsky le sacó unos retratos a los que él accedió con su buen humor cansado. ¿Y aquella frase de Camus? ¿Vale la pena luchar por este oficio? De eso le preguntamos, pero antes hablamos de él, de cómo empezó.
Pregunta. -Empezaré por una pregunta que usted le hizo a Albert Camus. ¿Cómo ha llegado usted a ser periodista?
Respuesta. -Por casualidad. En mi generación los jóvenes con posibilidades de escribir no diferenciaban entre la filosofía, la literatura, el compromiso político y el periodismo; eran cuatro tentaciones. Los dioses de esta época, los maestros del pensamiento de estos jóvenes, eran americanos: Hemingway, Dos Passos, Steinbeck...; en Francia, Malraux, que hizo aquel reportaje sobre la guerra en Teruel... Era gente que lo hacía todo: el compromiso político, la literatura, la filosofía -no siempre-, y el periodismo. Así que cuando se es joven y se han cursado estudios de humanismo no es necesario hacer una elección entre los cuatro. Si se elige uno se eligen también los otros, no se sacrifica nada. Cuando empecé a escribir siempre fue con la idea de que si hacía un artículo podía hacer un libro. ¿Y qué lo decidió todo? En primer lugar, encontrar a Camus.
-Un encuentro trascendental.
-Yo era muy, muy joven, y fue una suerte encontrar a Camus; yo hacía una revista, Caliban, y él me quiso conocer. Otra de las causas de nuestro encuentro fue la guerra de Argelia... Si no hubiera existido esa guerra, que fue tan importante para Francia, para el mundo árabe y para el mundo en general, no hubiera escrito sobre Argelia, probablemente, y quizá no hubiera tenido con él una relación tan intensa... Y desde que me hice periodista nunca he dejado de estar poseído por la necesidad de los libros. He escrito unos veinticuatro libros, y eso distribuye mis anhelos. Pero ha sido muy difícil hacerlos siendo director de periódico. Ser director de periódico no es lo mismo que ser periodista, en absoluto. A menudo es incluso peor. Está la presión de tener a jóvenes a tu lado; hay que animarles, hay que crear con ellos, la gente te concede poderes.
-¿Y qué papel le gusta más, periodista o director?
-No tienen nada que ver. Siempre me han gustado mucho los grandes reportajes. Los reportajes míos que han tenido más éxito son como pequeñas novelas. Sin quererlo, salieron espontáneamente. Me gustaba descubrir un país, interesarme por unos hombres, unas situaciones... Elegía países donde habían vivido hombres que admiraba. Ese fue un gran momento. La dirección me ha apasionado porque tenía la ambición, quizá pretenciosa, de crear otra cosa, no hacer lo mismo que los demás. Siempre se quiere hacer algo diferente, y yo quería crear periodismo cultural. En este sentido la dirección me interesaba. Pero, ¿cuál es el problema? El periodismo es un equilibrio entre la imagen y la rentabilidad del periódico. Un periódico cultural no es para el público en general. Me he rodeado de las personas más competentes y he tenido uno de los mejores equipos de Europa. Y todos han destacado; algunos están en la Academia francesa, otros en la de Bellas Artes, todos han conseguido algo, y el periódico ha destacado sin romper su imagen ni su rentabilidad. De ese equilibrio estoy orgulloso.
-Se interesa por las personas. Y por el poder. ¿Cómo debe ser la relación del periodista con el poder?
-El poder fascina. Fascina a los periodistas muy a menudo porque si tienen el gusto por la literatura quieren saber cómo se hace la historia... La historia: los pueblos la sufren, los dictadores (o los poderosos) la hacen, y los periodistas la contemplan para describirla. Los periodistas están entre el poder y la historia. Y han de saber cómo funciona el poder, con la condición de que la fascinación no caiga en la complacencia, la indulgencia y la corrupción... Con esas condiciones es muy interesante ver cómo funciona un hombre que detenta todos los poderes. En este momento hay que desconfiar de todo, hasta del más mínimo detalle. A mi siempre me invitaban, siempre, y tenía un método: o rechazaba la invitación o la aceptaba haciéndola notar. Una vez me invitó el Rey de Marruecos a un gran hotel de Marrakech, y me dijeron que sería ofensivo si pagaba yo la cuenta. Acepté la invitación e hice un donativo por ese importe para obras benéficas de la ciudad, e hice público el gesto... Es muy difícil juzgar con rigor y objetivamente a gente que tienes frente a ti. Tiene que haber una disciplina, sobre todo si estás muy interesado en esas personas; y debes cuidar en todo momento cada detalle.
A mi me han ofrecido de todo: una casa en México, en Túnez también querían ser muy amables conmigo... He tenido la tendencia a ser más crítico cuanto mejor me recibían. Pero la relación del poder con la prensa es un problema en los dos sentidos. He conocido periodos en que había corrupción de los periodistas, pero he conocido periodos en los que existía acoso de los periodistas. Un hombre con poder es un hombre que esconde algo y hay que descubrirlo. Hay que descubrir el crimen. ¿Qué crimen? No se sabe, pero hay que descubrirlo. Es una actitud equivocada pensar que siempre hay un crimen. Existen los dos excesos, y ahora existe el exceso de la transparencia: no se sabe qué crimen hay pero hay que descubrirlo.
Es cierto que un dictador lo esconde todo, y nuestro papel es descubrir qué esconde. Pero se han pasado los límites: la filosofía de la transparencia, cuando se lleva hasta el extremo, por virtud o por vicio, llega hasta la violación de la vida privada. Y existe una intromisión nueva, la intrusión de la fotografía en la vida íntima... Cuando se traspasan los límites se llega a aberraciones. Mire lo que ha pasado ahora con Milan Kundera, el gran novelista checo, acusado de haber denunciado a un compañero... En aquel tiempo él tenía veinte años, ahora tiene setenta. No había pruebas. Los periodistas se fueron a Praga y no encontraron pruebas. Pero hubo un titular junto a una gran foto de Kundera: Kundera habría sido... Y con ese condicional, la enorme foto y el titular ya Kundera es... El texto en sí era honesto, pero el lector se fija tan solo en la imagen, y en la fuerza del condicional. El fin del periodismo es escribir, el texto. Pero en esa información existe sólo la fuerza de la imagen, la fuerza del título y la fuerza del condicional. Quizá el periodista fuera honesto, pero mire usted el resultado.
-Es el principio de la calumnia.
-Absolutamente, salvo que la calumnia ahora se apoya en las nuevas tecnologías.
-En la dispersión de los rumores.
-No es exactamente eso. Hace algunos años sí se producía la difusión del rumor, un término que arranca de Beaumarchais. Pero ahora lo nuevo es la presentación de las noticias. Enciendes la televisión y ves una cara. ¿Qué ha hecho? Y después de la cara alguien dice: "Ha sido acusado de ..." Sin pruebas. No es sólo la difusión del rumor, es la fuerza que se da a la presentación del rumor.
- Internet es un instrumento que difunde rápidamente todo lo que toca.
-Sí, es una posibilidad de multiplicación del rumor.
-¿Cuál es su posición sobre el porvenir de la prensa a partir de la aparición de este poderoso instrumento?
- ¡Si yo lo supiera! Saberlo es muy importante para mucha gente, también para los editores de periódicos. Es verdad que existe una crisis de la prensa; puede ocurrir que los periódicos de hoy sean suplementos de Internet. La realidad será Internet. Es una posibilidad. Con el libro no va a pasar lo mismo. Se ha demostrado que la gente quiere tener algo en las manos, un objeto como este. Hay algo de mágico en el libro, la forma, las páginas...
-¿Y qué aporta Internet al periodismo?
- A los periodistas les aporta el gusto por la velocidad. La posibilidad de que cualquiera pueda contestar a cualquiera. El hecho de que todo el mundo pueda ser un periodista, y, en este caso, que los propios periodistas ya no crean en ellos mismos, porque se les cuestiona en todo momento. Se está produciendo un descrédito de la función del periodista.
-Que se preparó para ser periodista.
- Todo ese itinerario de preparación, que terminaba con un estatuto de prestigio y de autoridad del periodista, es destruido por la repentina aparición de alguien que ha encontrado una foto y la pone en Internet. Y esa foto puede destruir a alguien. Hay ventajas, no son para el periodista, pero hay ventajas. Es el sueño de la opinión pública, es verdad que se le abre una posibilidad infinita a la capacidad de expresarse. Pero lo que le decía con respecto al peligro que hay en esta situación supone una preocupación para mi.
-Camus decía que el periodismo era la información crítica. Acaso la velocidad puede cambiar esa definición de periodismo.
- No es forzosamente malo reaccionar ante las opiniones. Además, esa velocidad proporciona una impresión inmediata del sentir popular. Todo no es malo, no. Se puede saber de manera instantánea si lo que uno escribe suscita interés... Pero es cierto que todo el mundo tiene miedo. Y hay gente que explota ese miedo y piensan que Internet va a acabar con la prensa escrita, que cada vez va a haber más prensa gratuita, y que los periódicos serán suplementos de Internet. Yo no estoy capacitado para hacer una predicción. ¡Y además no soy un magnate de la prensa! Soy tan solo director de Redacción, y soy el único director de periódico que no tiene ni una acción de la compañía. ¿Se da cuenta de lo que esto supone?
-Debe ser muy bueno para un periodista... Balzac decía que si la prensa no existiera había que procurar no inventarla...
- ¡Lo decía porque ya existía, existió siempre! En el sentido moderno existe desde Gutenberg y desde la invención del correo. Pero antes de todo eso había personas que repetían las cosas, gente que distribuía gacetas, libelos..., existía la necesidad de repetir lo que pasaba. ¿Qué es el periodismo? Es decir a otro lo que uno sabe y el otro desconoce. Es tratar de saber algo incluso con riesgo de tu vida, como el corredor de Maratón que va a llevar la noticia de la victoria de los atenienses. ¿Hay porteros en España?
- Sí, y hubo serenos.
-Pues cuando un portero va a contarle a otro qué pasa en su casa, eso es el principio del periodismo.
-En su libro sobre Albert Camus usted recoge cuatro pautas sobre las obligaciones de un periodista: "Reconocer el totalitarismo y denunciarlo. No mentir y saber confesar lo que se ignora. Negarse a dominar. Negarse siempre y eludiendo cualquier pretexto a toda clase de despotismo, incluso provisional". ¿Cuáles son para usted las obligaciones de un periodista hoy?
-La lista de Camus sigue vigente. ¿Qué hay que agregar a esa lista? Probablemente, la capacidad de conocer las nuevas trampas de la tecnología. Cuando Camus enumera esas obligaciones no existía aun la televisión. Y el reino de la imagen lo ha cambiado todo, incluso la forma de escribir. Imagine un novelista que escribe una novela y en cada párrafo alguien le dijera que su nivel de audiencia baja o sube. ¡Escribir en función de la reacción inmediata del lector! La gran innovación que ha incrementado los temores enunciados por Camus es la simultaneidad, la ubicuidad, el hecho de que cuando alguien habla faltan segundos para que lo sepa toda la Tierra. Es algo extraordinario.
- Esa simultaneidad afecta también a la vida privada, otra de sus preocupaciones. Dice usted que la amenaza a la vida privada es el peor defecto del periodismo actual.
-Somos muchos los que pensamos eso; hay mucha gente que piensa que la transparencia es algo muy importante, y que si la vida pública se ha mezclado con la vida privada el lector tiene derecho a conocer ésta. Es una postura, y no es la mía en absoluto. Pero hay gente de alto nivel que piensa eso. Piensan que si Berlusconi mezcla su vida pública con sus intereses privados tenemos derecho a conocer detalles de esos hechos. Hay gente que no es deshonesta que piensa eso. Y eso nos puede llevar muy lejos.
- Por eso dice usted que el periodista tiene un poder injusto.
-Naturalmente, muy a menudo es así. La capacidad de hacer el mal que tiene el periodista es devastadora. En un día o en una hora se puede deshacer una reputación, se puede transformar a alguien que tiene fama de ser honesto en un terrible malhechor. Es un poder terrible.
- ¿Y cómo se puede limitar ese poder sin llegar a la censura?
-Es una apreciación difícil que depende en primer lugar del director de Redacción, del redactor jefe, del jefe de departamento, de la forma como se concibe el periódico. Esto pasa de paredes para adentro, no hace falta una ley para eso.
- Usted advierte, como Camus, contra la primicia: es mejor verificar que lanzarse con una noticia que está segura, no hace falta ser los primeros...
-Es mejor ser el segundo pero verídico que el primero pero equivocado. Todo el mundo quiere ser el primero... En la época de Camus había un gran asunto, la violencia, y él quería ahondar más en eso, el asunto de las primicias estaba en segundo lugar... Hablé con él muchas veces de eso: cuándo acabará el Mal, cómo se da respuesta a la agresión, ¿se llega a imitar al enemigo? ¿Qué porvenir tendrá nuestra Causa si empleamos las mismas armas que nuestros enemigos? ¿Y el periodista, es honesto utilizando medios que considera inaceptables para otros? Ahora tenemos preguntas parecidas. ¿Qué hacemos con Irán? ¿Tenemos que hacer como Irán para ir contra Irán? La pregunta es si hoy estamos condenados a imitar los medios de los enemigos. Camus me interesó y me sigue interesando porque su gran preocupación tiene que ver con el modo que el periodismo tiene de enfrentarse al gran tema de nuestro tiempo, la violencia. Cada texto fundamental sobre el periodismo debería de ir acompañado por una filosofía de la violencia.
-"Sueño con un periódico que destierre todo tipo de mentira, en el que la virtud fue, no obstante, divertida, y en donde se defendieran encarnizadamente tres principios: los de la Justicia, el Honor y la Felicidad".
- Muy de Camus... ¡El honor, tan castellano! No sé si hoy habría un periódico como ese que soñaba Camus. Él iba muy lejos, y era un puritano. Cortó una serie de reportajes porque estaba harto de que comiéramos del dolor de las mujeres. Un puritano. El mundo ha cambiado. El día en que el Times de Londres puso una foto en portada el mundo periodístico cambió radicalmente.
- Usted dice que el periodismo consiste en vivir la historia mientras ésta se hace. ¿Cómo ve la historia haciéndose ahora?
-Hemos perdido los instrumentos de previsión; eso es lo más novedoso. No hay ciencia económica, no hay conocimiento analítico financiero: se han equivocado todos. Desde hace diez años se han equivocado todos. Hemos perdido los instrumentos de previsión y nos faltan paradigmas. Estoy rodeado de jóvenes economistas, muy seductores y muy simpáticos, pero si los reúno no saco nada en claro. Primero, porque no están de acuerdo entre ellos y cuando están de acuerdo no saben qué va a pasar. Levi-Strauss me lo ha dicho y lo he escrito: la ciencia es importante, todo el mundo se alegra de ello, pero nada es verdadero porque el mundo se ha vuelto imprevisible. Eso decía.
- ¿Incluso con Obama?
-Sobre todo con Obama. ¿Quién había previsto a Obama? Es la confirmación total de lo anterior. La historia de Obama es increíble. Uno de mis mejores amigos es un gran economista americano. Le conozco desde hace treinta años, es un banquero. La semana pasado hablamos por teléfono y al cabo de un rato me dice: "No sé quién será el secretario de Estado; cualquiera, menos Hillary Clinton". ¡Ese era el hombre en quien yo confiaba más desde hace décadas! Y al día siguiente llega la noticia del nombramiento de Hillary Clinton... Y él está allí, en ese mundo. Imprevisible.
-Usted recuerda esa escena: Camus llega a una boîte, está feliz por la edición del último número de Combat y exclama: "¡Vale la pena luchar por una profesión como esta!" ¿Usted diría lo mismo hoy?
- [Después de un largísimo silencio] Merece la pena. Sí, creo que merece la pena. He tardado en responderle porque me he vuelto muy preocupado y hasta un poco pesimista. Pero digamos que merece la pena luchar. Él decía: "Vale la pena". Yo digo que merece la pena luchar.