28 feb. 2009

Clive Stafford Smith

Un abogado contra Guantánamo/GUILLERMO ABRIL
Publicado en El País Semanal, 01/03/2009
Fue el primero en llevar la prisión ilegal a los tribunales. Abrió el camino para defender a los detenidos. Con su ONG, Clive Stafford Smith ha luchado por liberar a casi un centenar. Ahora confía en Europa para echar el cierre.
Cuando en enero de 2002 empezaron a conocerse las primeras noticias sobre la prisión de Guantánamo (Cuba), a la que los militares estadounidenses estaban trasladando a supuestos terroristas de Al Qaeda y talibanes afganos capturados "en combate", un abogado de sonrisa torcida decidió meter una cuña antes de que se cerrara la puerta de la guerra sucia contra el terror. "Demandemos al presidente Bush", escribió Clive Stafford Smith en un correo electrónico a sus colegas defensores de los derechos civiles en Estados Unidos. La mayoría respondió con silencio. Otros no veían ningún problema con la prisión. Algo había cambiado, se excusaban: su país se encontraba en guerra desde el 11-S.
A Stafford Smith, de 49 años, estadounidense de origen británico, no le retuvo ningún complejo patriótico. Después de dos décadas defendiendo a los innombrables en el corredor de la muerte de los Estados sureños, en febrero de 2002 demandó al entonces presidente, George Walker Bush; al secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, y a dos mandos de la base naval de Guantánamo por retener "incomunicados y bajo custodia ilegal" a dos ciudadanos británicos. Dos años y medio más tarde, gracias a esta demanda, la Corte Suprema reconocía a los presos el derecho al procedimiento de hábeas corpus y abría una rendija para la entrada de abogados en la base.
La niebla acaricia las colinas del condado de Dorset, al sur de Inglaterra. La carretera serpentea entre prados y vacas. Unas casitas de ladrillo al fondo de un camino embarrado. Un hombre espigado se asoma a la puerta. Dentro, ofrece un té y pide unos minutos: "Estoy acabando una carta a la Casa Blanca. A ver cuál es la postura de Obama sobre la tortura cometida contra un cliente". Stafford Smith teclea en el portátil. Su mujer, también abogada, juguetea en el salón con el bebé de ambos. John Le Carré y Ernesto Che Guevara sobre la estantería. Zumba la tetera. Punto. Correo terminado. Con la taza en la mano y sus pantalones de pana agujereados, el azote de Guantánamo sale a la calle y hace de guía hasta su oficina, una cabaña luminosa que debió de servir como almacén de aperos. Le ha puesto el apodo de El Pentágono. Como el original, dice, cuenta con cinco lados.
El inagotable Stafford Smith, distinguido como oficial del Imperio Británico, acaba de volver de Estrasburgo (Francia), donde ha pasado un par de días contando a los parlamentarios europeos "la verdad sobre los prisioneros de Guantánamo". Con más de 20 viajes a la base americana a sus espaldas, en estancias de 10 días, ha representado a unos ochenta detenidos al frente de Reprieve, la organización británica sin ánimo de lucro que fundó hace nueve años; 50 de ellos ya han sido liberados. La mutación de la ONG, consagrada a la defensa de los condenados a muerte, fue inevitable cuando Guantánamo entró en escena. Su sede se encuentra en el corazón de Londres y cuenta con 14 abogados e investigadores dedicados a desvelar el oscuro sistema de inteligencia post-11-S. Las prisiones ilegales se encuentran entre sus prioridades. No sólo la cubana. Ahí están Bagram (Afganistán), Temara (Marruecos) o Diego García (territorio británico). El seguimiento de los vuelos de la CIA es otro de sus fuertes. Sus averiguaciones fueron entregadas en 2008 al fiscal de la Audiencia Nacional que investiga el caso en España, Vicente González Mota. Reprieve aportó la identidad de los agentes de la CIA que operaron los vuelos con escala en territorio español. Los agentes se identificaron con nombres falsos, sostiene Reprieve. "Esta información todavía ha de verificarse, pero ha sido incluida en el sumario", resume el fiscal. "Y esto da cuenta de su relevancia".
Volvamos a Guantánamo. Con la orden ejecutiva de Barack Obama de desmantelar en un año una prisión en la que han tenido lugar más suicidios (4) que juicios justos (3), el debate se ha trasladado. "No puedes cerrarla a menos que los prisioneros tengan un lugar al que ir", dice Stafford Smith. Ahí entra en juego Europa y su viaje a Estrasburgo. De las cerca de 240 personas que siguen encerradas, 140 regresarán a sus países. Unas 40 quizá sean juzgadas en suelo estadounidense. Cerca de 60 no tienen un destino al que volver, perseguidos en sus países, o cuyos Estados se encuentran en guerra. La negociación en el Parlamento Europeo terminó con una declaración de buenas intenciones para ofrecer refugio a quien lo necesite. Pero el problema con la política, dice el abogado, es que una cosa son las palabras y otra la acción.
Noviembre de 2004. Stafford Smith logra su primer permiso para entrar en la base y entrevistarse con los prisioneros británicos Moazzam Begg y Richard Belmar. Bush ya había anunciado al mundo (julio de 2003): "De lo único que estoy seguro es de que éstos [los prisioneros] son personas malvadas". El abogado imaginaba que se habrían cometido errores, fallos en la identificación, falta de pruebas. "Pero supuse que lo habrían hecho bien en casi todos los casos". Primera sorpresa: "La mayoría no eran terroristas". Las cifras han ido hablando por sí solas: de las 759 personas que han desfilado por la base, 525 han sido liberadas. Sus dos primeros clientes volaron a casa dos meses después de la visita del abogado.
el anecdotario de este hombre sobre los sinsentidos de la prisión es interminable. Para empezar, cuenta, se topó con el muro de la burocracia militar. Lo primero que necesita un abogado para defender a una persona es saber quién es la persona, pero nadie sabía quién se hallaba en Guantánamo. Los militares tampoco aportaban ninguna pista. "Cuando por fin dimos con algún nombre y comentamos a las autoridades americanas ‘Eh, estoy representando gratis a esta persona’, nos contestaron que sólo podíamos representarlo si teníamos su permiso expreso. ‘Pregúntenle si quieren que le defendamos’, respondíamos. Y los militares: ‘No. Eso no lo podemos hacer". La clave fue dar con los familiares, que tienen derecho a solicitar apoyo jurídico para los detenidos. Esto puede resultar sencillo con ciudadanos británicos o australianos. En Yemen, adonde Stafford Smith viajó para localizar a varias familias, se vuelve una labor titánica.
Una vez dentro, la siguiente trampa burocrática: cualquier anotación que un abogado quisiera conservar después de entrevistarse con un detenido había de meterla en un sobre y dirigirla al Departamento de Defensa en Washington, donde se tachaba debidamente toda información comprometedora para la "seguridad nacional" de Estados Unidos. Cualquier referencia a las torturas sufridas por sus clientes, como el ahogamiento, los golpes, los cortes, la simulación de homicidios en celdas contiguas o la posición de strappado propia de la Inquisición española era eliminada porque formaba parte de los "métodos de investigación". Material clasificado que los abogados no podían hacer público.
A Stafford Smith se le ocurrió así uno de sus golpes de efecto más sonados. En 2005 le remitió al primer ministro británico Tony Blair una carta desde Guantánamo describiendo las atrocidades que los militares americanos habían cometido contra su cliente Moazzam Begg. La misiva la componían una memoria de 40 páginas sobre los abusos, que quedó censurada en un 90%, y dos folios de carta aclaratoria con el encabezamiento: "Re: Torturas y abusos a ciudadanos británicos en Guantánamo", y un último párrafo: "Todo lo que aparezca tachado en esta carta es información que sus aliados de Estados Unidos no creen que deba conocer". Fueron las dos únicas frases que la censura de Washington no cubrió con una mancha negra.
Ante la ausencia de juicios justos y la poca información que superaba el filtro, la labor de los abogados ha sido investigar la vida de los prisioneros con las pocas pistas que tenían. Stafford Smith lo ilustra con la historia de otro de sus clientes, Mohamed el Gharani. Originario de Arabia Saudí, fue detenido en Pakistán y vendido a los militares estadounidenses en 2003. Tenía 14 años. Durante el interrogatorio, un intérprete de árabe que hablaba el dialecto yemení le preguntó que cómo conseguía "tomates" en Pakistán. "¿Tomates?", se preguntó el muchacho. "No necesito tomates. Puedo conseguirlos en cualquier parte". El problema fue que la palabra que entendía en su dialecto saudí como "tomates" o "ensalada", zalat, significaba "dinero" en yemení. Los militares, explica su abogado, concluyeron que debía de tratarse de un financiador de Al Qaeda. Lo acusaron de formar parte de una célula londinense en 1998, convencidos de que El Gharani tenía unos 25 años. Lo primero que hizo Stafford Smith, después de entrevistarse con el chico, fue confirmar su edad. Consiguió su partida de nacimiento y probó que cuando se encontraba supuestamente en Londres, financiando a terroristas, ¡tenía 11 años! Su liberación ha sido anunciada en enero.
Aun así, dice el abogado, lo más grave no han sido las torturas ni las injusticias, sino el secretismo: "Yo sé un montón de cosas que están pasando, pero tú no las sabes. Ni nadie. Los americanos clasifican la información cuando los hechos les resultan embarazosos".
El caso de Binyam Mohamed, cliente que continúa encerrado, es un ejemplo de esta arbitrariedad. El asunto saltaba a la prensa el mismo día de la entrevista con Stafford Smith (5 de febrero). Y por eso escribía un correo apresurado a la Casa Blanca. El residente británico Mohamed fue detenido en 2002 y sometido a torturas en prisiones secretas de Pakistán, Afganistán y Marruecos, según contó. "Los americanos no nos permitían el acceso a las evidencias de esas torturas", dice su abogado. "Así que denunciamos al Gobierno británico para que nos diera la información". La inteligencia británica había intervenido en el interrogatorio en Pakistán. Y en Marruecos le inquirieron sobre la base de datos facilitados por los británicos.
Se ganó el caso y Stafford Smith pudo leer 42 documentos clasificados. "La información es devastadora. Pero sólo unos pocos hemos tenido acceso". A finales de 2008, varios medios de comunicación (la BBC, The Times y The New York Times, entre otros) se unieron a la demanda, para que la evidencia saliera a la luz. El 4 de febrero, los jueces anunciaron que el Gobierno británico no la haría pública, ya que había sido amenazado por la Administración estadounidense en estos términos: "La desclasificación (…) produciría un daño duradero a nuestros acuerdos (…) y a la seguridad del Reino Unido".
La decisión del tribunal ha sido recurrida y, en cualquier caso, Stafford Smith se muestra orgulloso. "Hasta que no hubiera juicios justos, nada se haría público. Ahora los hay y, como suele decirse, el sol es el mejor desinfectante". Oscurece fuera de El Pentágono. La taza de té vacía descansa junto al busto de Zeus que preside su escritorio. Son poco más de las cuatro, hora del paseo con su mujer y su hijo. La figura espigada se pierde por los caminos embarrados.
El día siguiente a la entrevista, la viñeta satírica de Times mostraba a Obama preguntándose: "¿Podemos publicar la información sobre la tortura al residente británico?". Lo mismo le había pedido Stafford Smith, si mantenía la posición oscurantista de su predecesor. "Me gusta Obama. Voté por él", había explicado el abogado. "Pero no podremos aprender de la historia hasta que no sepamos cuál es la historia". El documento que remitió al presidente explicando la tortura sufrida por su cliente le fue devuelto por el censor de Washington con todas y cada una de las palabras tachadas.

Los sueños

Sacar partido a los Sueños/JENNY MOIX
El Pais Semanal, 01/03/2009
Todos soñamos aunque no lo recordemos. Hacer memoria es, por tanto, el primer paso; después, interpretarlos para aprovechar las ideas creativas o manipularlos para disfrutar.
Cada noche traspasamos los bastidores de nuestra conciencia para adentrarnos en un mundo oculto que se encuentra dentro de nosotros. Un lugar donde la lógica se esfuma y nos sumergimos dentro de las vivencias más surrealistas: somos capaces de volar, andar flotando, saltar los escalones de tres en tres; las personas con las que estamos de repente se transforman en otras; abrimos una puerta de nuestra casa y nos encontramos en algún terreno totalmente desconocido; los animales nos hablan; los seres queridos que ya han fallecido vuelven a estar con nosotros… Un
mundo en el que todo, absolutamente todo, es posible.
Artemidoro de Daldis visitó recónditos lugares recopilando sueños. Llegó a reunir más de 3.000. En esa época (siglo II después de Cristo), los sueños eran tenidos por mensajes cifrados de los dioses en los cuales se manifestaba el futuro. Artemidoro logró romper con esa consolidada visión y contempló los sueños como algo totalmente humano, un fenómeno natural repleto de símbolos que se pueden interpretar y nos hablan de nuestras vidas.
Sigmund Freud, el patriarca de las teorías modernas de interpretación de los sueños, al igual que su predecesor griego, contemplaba los sueños como libros escritos por nuestro inconsciente con símbolos casi crípticos. Según el padre del psicoanálisis, lo que soñamos significa lo que de un modo secreto deseamos vivir opuesto al modo al que estamos viviendo. Así, los sueños los concibe llenos de deseos normalmente sexuales o agresivos inaceptables por nosotros mismos.
Actualmente, una de las concepciones más investigadas es la hipótesis de la continuidad, una teoría donde los sueños simplemente son la continuación de nuestra vida diurna. Nuestras preocupaciones, vivencias y fantasías diurnas siguen expresándose, pero de otro modo, en los sueños. Las teorías son numerosas, pero si vamos al terreno de lo práctico, la pregunta crucial es: ¿cómo podemos sacarles partido?
Interpretar los sueños
"Los sueños son intérpretes fieles de nuestras inclinaciones, pero se necesita arte para ordenarlos y comprenderlos" (M. de Montaigne)
La principal función de interpretar nuestros sueños es conocernos mejor. Existen muchos libros, reediciones o imitaciones de los "libros de los sueños" con raíces en las creencias supersticiosas de los antiguos en donde, por ejemplo, si uno sueña con un gato negro significa buena o mala suerte. No hagamos caso de esa especie de diccionarios. Cada uno de los símbolos que aparecen en nuestros sueños son totalmente individuales, un terapeuta nos puede ayudar a interpretarlos formulándonos preguntas, pero sólo nosotros podemos llegar a dilucidar lo que significan.
Para interpretarlos, primero hay que recordar todos los detalles, incluso los que nos parecen poco relevantes. Después analizar qué emociones nos ha producido el sueño y preguntarnos en qué situaciones de la vida diurna solemos experimentarlas. Igual de esencial es asociar nuestros sueños a todos los recuerdos, experiencias actuales o pensamientos. Asociar es la clave, porque en algunos casos eso nos llevará a saber el porqué de nuestro sueño. Muchas investigaciones demuestran que las personas que realizan esta práctica no sólo manifiestan entenderse cada vez más a sí mismas, sino que este conocimiento les motiva a introducir cambios en su vida.
Interpretar los sueños nos puede servir para conocernos mejor, pero también para ser más creativos. Existen muchas anécdotas de investigadores que han llegado a su descubrimiento a través de los sueños. Por ejemplo, el químico alemán F. A. Kekulé dedicó una parte de su vida a descubrir cuál era la estructura del benceno, y un día tuvo un sueño con una serpiente que se mordía la cola. Kekulé descubrió que la estructura del benceno era circular, un anillo. Recordar e interpretar nuestros sueños nos puede ayudar a cazar las ideas creativas que habitan dentro.
Para promover que en nuestros sueños aparezcan ideas creativas que nos ayuden a solucionar nuestros problemas existe una técnica que se denomina incubación. Consiste en escribir en una línea una pregunta o petición de algo que creemos importante saber para solucionar un problema. No un deseo, sino una información que necesitamos: "ayúdame a entender por qué mi amigo…", "dame una idea para el proyecto…". Una vez escrita, repetir la frase, no de una forma automática, sino centrándonos en el significado, de cinco a diez minutos antes de ir a dormir. Y al despertar, intentar recordar nuestro sueño.
¿Interpretar nuestros sueños nos podría ayudar a predecir el futuro? Aquí entramos en un terreno resbaladizo, es la cuestión de si existen o no sueños premonitorios. Muchas personas afirman haberlos tenido, pero no existen estudios rigurosos que lo confirmen. Sin embargo, el efecto Poeltz podría explicar desde la óptica de la psicología y no de la parapsicología el porqué a veces nuestros sueños pueden anticipar acontecimientos. A lo largo del día, nuestro cerebro capta muchísima información, mucha más de la que somos conscientes. A veces ocurre que información que ha captado nuestro cerebro de forma subliminal o acontecimientos totalmente irrelevantes a los que casi no hemos prestado atención aparecen en nuestros sueños.
Imaginemos que mientras estamos leyendo estas líneas tenemos la televisión conectada y en estos momentos están emitiendo un anuncio de colonia al que no prestamos atención. Pues podría pasar que esta colonia apareciera en nuestros sueños. Esto es el efecto Poeltz. Si esta noche soñáramos que sacamos a pasear al perro y se rompe la cadena, y al día siguiente nos pasara en la vida real, lo podríamos interpretar a través de este efecto, quizá nosotros ya hubiéramos advertido de forma inconsciente que la correa tenía alguna parte dañada.
A veces ocurre que mientras estamos dentro de nuestro sueño ¡somos conscientes de que estamos soñando! A este fenómeno se le denomina sueño lúcido. Hay personas que nunca han vivido esta experiencia, pero muchas dicen haberla experimentado al menos una vez en su vida.
Saber que estamos dentro de un sueño es el primer paso para manipularlo. Para conseguir mientras soñamos ser conscientes de que estamos en un sueño se emplea una técnica denominada "chequeo de la realidad": a lo largo del día nos iremos preguntando frecuentemente: ¿estoy soñando? Y comprobarlo. Suena raro, porque mientras estamos despiertos es obvio que sabemos que estamos despiertos, pero si nos lo preguntamos a menudo, al final nos lo preguntaremos cuando estemos dentro del sueño y entonces sí que podremos ver que estamos soñando. Un ejemplo: intentemos a lo largo del día mirar al reloj con frecuencia y cada vez que lo miremos intentemos mentalmente mover las agujas del reloj, con toda nuestra fuerza mental, con toda nuestra concentración; cuando logremos mover las manecillas del reloj con nuestro poder mental ¡es que estamos soñando!
Manipular los sueños
Soñaba el ciego que veía, y soñaba lo que quería" (refrán)
Existen otras técnicas que se emplean para promover esa consciencia dentro del mundo onírico. Una de ellas es la denominada WILD (wake induced lucid dream; en español: sueño lúcido inducido en la vigilia). Esta estrategia debe aplicarse cuando nos vamos a dormir. El primer paso consiste en relajarnos; se puede emplear cualquier técnica de relajación que conozcamos, por ejemplo, ir tensando y destensando diferentes partes del cuerpo mientras respiramos pausadamente, empezando por los pies hasta la cabeza. O simplemente respirar lenta y profundamente mientras visualizamos un paisaje agradable. Una vez relajados, el siguiente paso consiste en prestar atención a las imágenes que se presentan en nuestra conciencia; a veces, en este estado nos aparecen puntos, rayas o cualquier tipo de imágenes. Si vamos prestando atención a estas imágenes, pueden ir transformándose en escenas completas. Y aquí ya estamos entrando en el mundo onírico a la vez que nos damos cuenta de ello. A veces no se nos aparecen este tipo de imágenes; en este caso, podemos ir contando mientras nos quedamos dormidos. Podemos contar hasta cien y cuando lleguemos a este número nos decimos: "estoy soñando", y verificamos si realmente lo estamos o no. Si no nos encontramos en el sueño, vamos repitiendo el conteo.
Otra manera consiste, simplemente, en fijarnos en nuestra respiración constantemente hasta que entremos en el sueño. Esto es, se trata de mantener la conciencia fija en algo (los números, la respiración…) mientras el resto de nosotros se va quedando dormido. Es como mantenernos parcialmente despiertos. No se trata de obsesionarnos, sino de practicarlo a diario con tranquilidad hasta que por fin lo consigamos.
Una cosa es experimentar sueños lúcidos y otra distinta es cambiar el argumento de nuestros sueños a nuestro antojo. A veces podemos ser muy conscientes de que soñamos, pero queremos cambiar el argumento y nos resulta imposible. Aquí también se trata de practicar, empezando por lo más fácil; por ejemplo, es más viable cambiar nuestra conducta en el sueño que modificar el escenario.
¿Para qué puede servir manipular nuestros sueños? Si tenemos pesadillas, para acabar con ellas. Y soñar lo que queramos puede servir para algo muy importante en nuestras vidas: ¡disfrutar! Uno de los sueños preferidos por la gente que logra manipularlos es el de volar. No hay nada igual a la sensación de volar por los paisajes más bellos que podamos imaginar, sintiendo el aire y esa descomunal libertad.
Memoria onírica

Si queremos aprovecharnos de nuestros sueños para que nos sirvan en el día a día, el paso imprescindible es recordarlos. Hay personas que afirman que no sueñan nunca; lo que ocurre es que no lo recuerdan. Para tener presentes los sueños, debemos ir a dormir repitiéndonos que al día siguiente los recordaremos. Al despertar es importante intentar recordar sin movernos, en estado de somnolencia. Si los sueños vienen a la memoria, aunque sólo sean fragmentos, debemos anotarlos rápidamente. Si no lo hacemos así, es posible que cuando empiece el día caigamos en que hemos recordado el sueño al despertar, pero que no nos viene a la memoria su contenido. Los sueños se escapan con mucha rapidez, por tanto se trata de cazarlos justo en el primer instante de leve consciencia.