18 sep. 2010

Informe Adriaensens

La trampa de la doble moral/Por Manuel-Reyes Mate, filósofo e investigador del CSIC

EL PERIÓDICO, 17/09/10;

El abuso sexual de menores por algunos miembros del clero católico es una mancha que, como la sombra del padre de Kafka, parece extenderse a todo el mapamundi. Primero fueron Estados Unidos, luego Australia, Irlanda, Alemania, y ahora Bélgica. El Informe Adriaensens ha conmovido a la opinión pública mundial, acarreando un descrédito a la Iglesia católica solo comparable al que sufrió en el siglo XIX con la cuestión obrera. Cuando en los albores del capitalismo los obreros descubrieron que Roma estaba con los ricos, «la Iglesia se quedó sin pobres, y estos, sin Dios», decía Marx.
El escándalo de la pederastia puede ser catastrófico porque pone contra las cuerdas el modelo oficial de moral católica centrado en la sexualidad. Con ese modelo la Iglesia ha moldeado la conciencia de generaciones y, cuando ha podido, la política de los pueblos. No hay más que recordar el paisaje español durante el nacionalcatolicismo. La Iglesia prescribía los centímetros de tela de los vestidos femeninos o la modalidad del beso en una pantalla. Los planos de Gilda quitándose un guante fueron interpretados como un gesto erótico por la censura clerical, que condenó la película por «gravemente peligrosa» y amenazó a quien la viera con las penas del infierno.
Esa extraña moral se sostuvo mientras sus predicadores la encarnaban en sus vidas o eso parecía. Si el clero se sometía a sus exigencias, podía esperarse que fuera, si no seguida, al menos respetada. Esa autoridad moral ha quedado cuarteada. El consiguiente descrédito alcanzará a todos los territorios que dependían de ella: divorcio, aborto, homosexualidad, etcétera. El tono encendido con el que los obispos españoles atacan leyes compasivas en nombre de sonoros principios morales suena a hueco cuando la propia retaguardia anda como anda.
Quedaba por ver la reacción ante tanta miseria: ¿asumiría la institución eclesiástica sus responsabilidades o privatizaría el delito, endosando toda la responsabilidad al delincuente? ¿Analizaría las causas estructurales o se conformaría con lamentar lo sucedido? Lo que ha hecho la Iglesia es aplicar la doble moral que tiene para estos casos. En su tradición doctrinal está establecido que «santa es la Iglesia y pecadores los hombres». Con este libreto, lo importante era salvar la cara de la institución. Esa estrategia llevaba a la práctica bien conocida de que, en caso de clérigos descarriados, fueran discretos con sus amores y supieran presentarse en público con la dignidad del cargo. Eso no se vivía como cinismo sino como la manera de proteger lo importante, la institución, al precio de privatizar la acción individual, que pasaba a ser, en el lenguaje católico, un «pecado» que podía sanarse en confesión.
La inveterada práctica de la privatización del delito es lo que explica la sorpresa de la jerarquía católica. No les sorprende el hecho de que haya pederastas (la magnitud de los hechos no permite pensar que no supieran nada), sino la conmoción pública y las críticas a los responsables, Papa incluido. Con su doble moral pensaban estar al abrigo del alcance público de los actos perversos. Esperaban que los demás vieran las cosas como ellos decían que había que verlas y supieran distinguir entre la santidad de la Iglesia y la fragilidad de sus miembros. Por eso les ha sorprendido que para la opinión pública belga las andanzas sexuales del obispo de Brujas o de los religiosos que abusaron de 500 menores no sean un asunto privado, sino actos que comprometen a la propia institución religiosa.
Y eso es lo que se echa en falta. Tras la declaración del primado de Bélgica, André Léonard, la Iglesia belga quiere salir del paso con un vago mea culpa, o manifestando una retórica solidaridad con las víctimas. Lo que falta es el reconocimiento de la responsabilidad institucional. Es un paso difícil para quien durante siglos ha defendido la doble moral en el sentido indicado. Si se reconociera esa responsabilidad habría que pedir perdón en nombre de la Iglesia, como está exigiendo la prensa, y, también, algo más: reconocer que hay causas estructurales que llevan a un mal tan generalizado.
La Iglesia tiene que revisar su tratamiento de la sexualidad, en general, y del celibato, en particular, como piden muchas voces autorizadas. Más allá de lo que digan sus libros de espiritualidad, lo que parece claro es que la generalización actual de esa exigencia es contraproducente. La sociedad no la percibe como un signo de superioridad moral, porque quienes la encarnan no trasmiten la madurez y entrega que se les supone. Suenan actuales las palabras de Nietzsche sobre los sacerdotes: «Entre ellos hay héroes, pero han sufrido tanto que hacen sufrir a los demás».
Hay un dato en el Informe Adriaensens que no debería pasar desapercibido. Se señala que la mayoría de abusos han tenido lugar en zona flamenca, debido a la mayor presencia e influencia de la Iglesia católica. Si eso es así, no se puede descartar la posibilidad de que otros lugares igualmente sometidos a la Iglesia católica oculten un pasado tan tenebroso como el que vamos conociendo.

Visita al Reino Unido

Aliados de la Iglesia Católica/David Cameron, primer ministro del Reino Unido

ABC, 17/09/10;

Celebro la histórica visita que el Papa Benedicto XVI realiza esta semana al Reino Unido. Viene a visitarnos como jefe de Estado y líder de una iglesia con más de seis millones de fieles en el Reino Unido, y alrededor de 1.200 millones en todo el mundo.
Al igual que otros credos religiosos, la Iglesia Católica pregona un mensaje de paz y justicia, y trabajamos estrechamente con ella para fomentar estas causas.
A pesar del momento difícil por el que atravesamos, hemos logrado conservar los recursos que destinamos al desarrollo internacional. El alivio de la pobreza es uno de los principales retos a los que se enfrenta el mundo. Las terribles condiciones en que viven tantas personas en la actualidad representan una afrenta moral para todos los que vivimos en la comodidad de los países ricos.
La Iglesia Católica y sus organismos están liderando la batalla contra la pobreza en todo el mundo. Nosotros colaboramos con ellos en organizaciones tales como Cafod, Trocaire y Caritas, que realizan un trabajo tan valioso en África, Asia y Latinoamérica. Por ejemplo, en el África Sub-Sahariana, las organizaciones de la Iglesia Católica en las parroquias locales proporcionan alrededor de una cuarta parte de los servicios básicos en materia de educación y salud, incluidos a pacientes con SIDA.
La Santa Sede es un socio en la búsqueda para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio, los cuales serán revisados la semana entrante en la sede de la ONU en Nueva York. En dicho evento nos representará el viceprimer ministro, Nick Clegg. Para el año 2013, tenemos el compromiso de disponer un gasto de 0,7 por ciento del ingreso nacional para fines de asistencia. Y queremos estar seguros de que los recursos lleguen a quienes más los necesiten. El desarrollo económico sostenible está íntimamente ligado a la estabilidad política y a la seguridad.
Además somos aliados de la Iglesia Católica en la campaña global contra el cambio climático. Los más pobres serán quienes sufrirán más si no actuamos para moderar el cambio climático. No sólo se necesita un acuerdo internacional para reducir las emisiones de carbono. También es necesario desarrollar un nuevo enfoque respecto al crecimiento económico, respetar y preservar nuestro medio ambiente.
El nuevo Gobierno Británico cree firmemente que se deben llevar las decisiones al nivel local, abarcando el mayor número posible de personas y organizaciones para lograr el bienestar de toda la comunidad. El gran filósofo conservador del siglo XVIII, Edmund Burke, decía que estos «pequeños pelotones» de la sociedad deberían compartir la responsabilidad entre ellos. Yo le llamo la Gran Sociedad, donde todos estamos y trabajamos juntos; una sociedad más responsable, donde todos ejerzan sus responsabilidades frente a los demás, nuestras familias y comunidades.
Las enseñanzas sociales de la Iglesia Católica han predicado algo similar desde hace más de un siglo, y los organismos católicos colaboran con otros grupos de fe en los temas de educación y bienestar para hacer a nuestro país más armonioso y humanitario. Naturalmente, el Estado tiene una función que cumplir en la promoción del bienestar del individuo, pero este trabajo debe complementarse con el que otros realizan, y no socavarlo.
Ha habido numerosos comentarios exagerados en el sentido de que el Papa visitará un estado mayoritariamente laico. No concuerdo con esta visión, y existen muchas pruebas en las encuestas y la asistencia a eventos religiosos que lo contradicen. Sea como sea, creo que esos comentarios pierden la perspectiva. La visita del Papa tiene que ser bien recibida no sólo por los católicos del Reino Unido, o por los creyentes en general, sino por todos los que valoramos las contribuciones de los credos religiosos a nuestra sociedad, y por quienes comprenden que la fe es un don que se debe abrazar, no un problema que se tenga que superar.
Quizás no siempre estemos de acuerdo con la Santa Sede, pero eso no debe impedirnos reconocer que el mensaje general de ésta puede ayudar a plantearnos preguntas sobre nuestra sociedad y la forma en que nos tratamos nosotros mismos y a los demás.
Al finalizar esta visita histórica al Reino Unido, el Papa Benedicto XVI beatificará al cardenal Newman durante una misa en un parque en Birmingham. Él fue uno de los grandes ingleses de su época y de todos los tiempos. Durante un brote de cólera en la ciudad, trabajó incansablemente entre los más necesitados y enfermos. Cuando murió, miles de pobres salieron a las calles de la ciudad.
Inscrito en su ataúd quedó su lema: «El corazón le habla al corazón». No sorprende que éste sea precisamente el tema de la visita del Papa. Espero que lo anterior se vea reflejado en la cálida bienvenida que recibe Su Santidad en el Reino Unido, así como en los sentimientos que deje con nosotros una vez que regrese a Roma.

Schopenhauer

Filósofo para esta época

LUIS FERNANDO MORENO CLAROS
El País, 18/09/2010;
El 21 de septiembre de 1860 fallecía en Fráncfort del Meno el filósofo alemán Arthur Schopenhauer (Dánzig, 1788). Murió de repente, como siempre deseó
Filosofía. El 21 de septiembre de 1860 fallecía en Fráncfort del Meno el filósofo alemán Arthur Schopenhauer (Dánzig, 1788). Murió de repente, como siempre deseó. Era un hombrecillo bajo y corpulento, de cabeza grande, enormes patillas blancas y cara de pocos amigos. Caminaba con paso vigoroso, y aún a sus setenta años gozaba de excelente salud: comía mucho, se bañaba en agua fría incluso en invierno, y sus mejores pensamientos se le ocurrían al aire libre. Siempre lo acompañaba su perrito Atma, al que apreciaba más que a cualquier ser humano; por eso cuando hacía travesuras lo insultaba llamándolo "hombre". Cuantos se cruzaban con aquel estirado personaje lo miraban con irónico respeto, pues sabían que era un sabio internacional. A su casa llegaban visitas de todo el mundo aunque sólo fuera para verlo unos minutos. Le apodaban El Buda de Fráncfort, pues al "Iluminado" remitía su doctrina filosófica. En 1818 Schopenhauer publicó El mundo como voluntad y representación, una extensa y genial obra ignorada hasta tres decenios después. Tras publicar otra gran obra: Parerga y paralipómena (1851), le sonrió la fama: sus libros se convirtieron en los mayores éxitos de ventas de finales del siglo XIX. Alemania se sumía entonces en una crisis existencial, el idealismo romántico quedaba atrás y la Revolución de 1848 había fracasado, de ahí que reinase por doquier un craso pragmatismo realista, interesado y burgués.
Aquí llegó Schopenhauer, con una metafísica que pretendía explicar la mísera y negra existencia humana. Este mundo no es hermoso -afirmaba-, sino el peor de los posibles. Y proseguía: Dios no existe, lo suplanta un demonio malévolo que convierte nuestras vidas en infiernos, consumidas entre el dolor y el aburrimiento. Y ello se debe a que la esencia más íntima de cada ser consiste en una voluntad bruta y ciega, en un deseo insaciable que nos obliga a buscar sin cesar nuevos placeres y diversiones que nunca nos colman; y encima nos acosan plagas, guerras y catástrofes naturales. De manera que la vida es un penal en el que cumplimos condena y del que sólo salimos con la muerte. Nada hay nuevo bajo el sol: el ser humano es un malvado depredador, cuya necedad lo torna incapaz de seguir la luz de la razón, que podría aportarle alguna mejoría. La filosofía teórica de Schopenhauer proponía una solución también teórica para superar la crisis absoluta de la vida: hay que renegar de la existencia y rechazar la perpetuación del dolor: no reproducir, no actuar. Asimismo, predicaba la piedad universal y la no violencia: abstenerse de dañar a los demás seres vivos, nuestros hermanos en esencia y encadenados en nuestra misma mazmorra. Junto a sus enseñanzas teóricas, Schopenhauer divulgó un "arte de vivir" de carácter más práctico, que sedujo a sus lectores. Con él quería enseñarles "si no a ser felices, al menos, a ser menos desdichados". El gélido filósofo argumentaba que la persona cabal no apetecerá la felicidad, que no existe; esperará poco de la vida y nada de sus congéneres. Lo idóneo para ella será la comodidad consigo misma y con el entorno: ahorros en el banco y mucha riqueza interior. Esposa e hijos son una carga; los amigos, o nos traicionan o son pesados a los que hay que soportar. El amor es un subterfugio con el que nos engatusa la naturaleza para propagar la especie. Queda el cultivo de la cultura y el arte, pero hay que resguardarse de los pedantes que las ostentan como profesión. En suma, Schopenhauer gruñía y se quejaba de todo cual sabelotodo regodeándose en el abismo, pero a salvo en su cómodo rinconcito. Su acritud gustó tanto en aquella Alemania deprimida como más adelante en Europa. Y también hoy goza de buena salud en nuestro país, donde cualquiera lanza críticas asesinas desde una enorme pasividad.
Gredos publicó este año una soberbia edición de su obra capital, y Herder celebra el 150º aniversario de su muerte con dos notables novedades: una monografía imprescindible firmada por Volker Spierling y el inédito Senilia. Spierling es acaso el mejor conocedor actual de Schopenhauer. En cuanto a los Senilia, Volpi y Ziegler restauraron con sumo detalle anotaciones inéditas que el maestro dejó en sus cuadernos de notas, los cajones de sastre de sus obras. Son anotaciones de un filósofo ya mayor que siempre pareció un viejo, por eso Nietzsche afirmó que la filosofía de Schopenhauer es "para los jóvenes". En efecto, lo leímos con fruición en la juventud y lo contemplamos con recelo en la madurez. Y es que, al evocar las desgracias de la existencia, Schopenhauer parece acertar con sus juicios radicales; sin embargo, algo nos dice que se equivoca. Hay que leer sus reflexiones en épocas críticas para dejar que su frío escalpelo nos destroce; pero si de verdad estamos sanos, su sesudo realismo nos obligará a reaccionar recuperando otra vez nuestras ilusiones. Así lo superaremos a él y a la crisis.
El arte de ser feliz explicado en cincuenta reglas para la vida. A. Schopenhauer. Texto establecido, prefacio y notas de Franco Volpi. Traducción y apéndices de Ángela Ackermann Pilári. Herder. Barcelona, 2009. 158 páginas, 14 euros. Senilia. Reflexiones de un anciano. A. Schopenhauer. Edición de F. Volpi y Ernst Ziegler. Traducción de Roberto Bernet. Herder, Barcelona. 2010, 464 páginas, 28 euros. El mundo como voluntad y representación I, junto a De la cuádruple raíz del principio de razón suficiente. Y El mundo como voluntad y representación II junto a Sobre la voluntad en la Naturaleza.. A. Schopenhauer. Traducciones de Rafael-José Díaz Fernández, María Montserrat Armas Concepción, Joaquín Chamorro Mielke, Leopoldo Eulogio Palacios y Miguel de Unamuno. Gredos, 2010. 748 y 834 páginas. 59 euros cada uno. Arthur Schopenhauer. Volker Spierling. Traducción de José Antonio Molina Gómez. Herder. Barcelona, 2010. 246 páginas. 16 euros. Arthur Schopenhauer. Religión y metafísica de la voluntad. Manuel Suances Marcos. Herder. Barcelona, 2010. 278 páginas, 22 euros

Don Winslow

'Cervantes y Shakespeare fueron los primeros escritores de novela negra'

J. M. MARTÍ FONT
El País, 18/09/2010
El escritor estadounidense desentraña en El invierno de Frankie Machine la mafia de la Costa Oeste norteamericana
Tras El poder del perro, la espectacular, feroz y brutal panorámica de tres décadas de narcotráfico entre México y Estados Unidos, Don Winslow (Nueva York, 1953) ha cambiado hasta cierto punto de registro y ha escrito El invierno de Frankie Machine, una seductora novela sobre la mafia de la Costa Oeste norteamericana a través de un personaje implacable -y también adorable-, el viejo gánster Frank Macchiano, al que sacan de su retiro y le obligan a buscar en su pasado la clave que le permita seguir vivo. Winslow vuelve así a retratar una época que comienza en la década de 1960 y llega hasta el presente. La entrevista tiene lugar en un hotel del Berlín de la guerra fría y mientras Winslow cruzaba el Atlántico la policía mexicana detenía, en Puebla, a Sergio Villarreal, apodado El Grande, de la familia de los Bertrán Leiva. "Todo lo que consiguen es liberar un puesto de trabajo que rápidamente será ocupado", dice lacónico. "Está bien, pero creo que todo lo que el Gobierno mexicano puede hacer es escoger a un ganador en la guerra entre los carteles y tratar de negociar con él, porque hay demasiado dinero. La única solución es legalizar las drogas, aunque puede que ya sea tarde porque la mafia se ha hecho demasiado rica, al igual que en la década de los treinta, cuando se levantó la prohibición del alcohol y la mafia ya se había enriquecido y penetrado en muchos otros sectores".
-PREGUNTA. Hay una diferencia de tono, de nivel de violencia entre El poder del perro y El invierno de Frankie Machine.
-Cierto. De entrada porque lo sitúo en California. La mafia de la Costa Oeste es más tranquila: sale el sol, hacen surf y están en la playa y esto imprime carácter.
-¿Cómo un detective privado se convierte en escritor?-Yo ya quería ser escritor antes de ser detective. Vivía en Nueva York y no tenía dinero, así que conseguí un trabajo como detective que consistía en investigar los robos en un cine. Luego lo dejé y durante dos años estudié teoría militar sobre África. Quería trabajar de experto en el Departamento de Estado. Pero no me gustó el Departamento de Estado y un amigo mío que organizaba safaris en Kenia me empleó.

-¿Habla suajili?-Sí, no me costaría recuperarlo. En Kenia iba a tener un hijo y no quise que naciera en África. Me casé y volví al trabajo de detective privado en California. Pero el gusanillo de la escritura seguía allí. Me gustaba especialmente la novela negra y leía a Chandler, a Thompson... Un día cayó en mis manos Los nuevos centuriones, de Joseph Wambaugh, que era un policía de Los Ángeles que decidió escribir diez páginas cada día. Yo me limité a cinco diarias. Tres años más tarde tenía mi primer libro.

-Sus personajes, por malos que sean, son tratados con una empatía que los hace, si no queridos, al menos comprendidos. Usted llega al fondo de la naturaleza humana. ¿Le viene de sus años como detective?-Crecí en una parte de América, en Rhode Island, donde hay mucha mafia. Todo es cuestión de escuchar y de dar vueltas por ahí. Como detective privado, parte de mi trabajo era hablar con testigos o con criminales y llegar a un acuerdo para que declararan o me contaran algo. Son técnicas de interrogación. Se les intenta convencer de que aporten información a cambio de reducir condena, de una mejora en su situación carcelaria o de ayudar a la familia. En muchas ocasiones no puedes hacer nada por ellos, más que escucharles.

-Sus dos últimos libros dejan claro que la clave del éxito del género es que es el que mejor explica el presente.R. Sí, especialmente en los últimos 10 o 15 años en que se ha volcado sobre temas sociales y económicos. El género policiaco se resume en la búsqueda de la verdad: ¿quién lo hizo? Tradicionalmente se centraba en asuntos personales, pero ahora la pregunta se ha extendido, ya no solo es cuestión de saber quién lo hizo, sino por qué lo hizo y en qué contexto lo hizo. Creo que desde autores como James Ellroy la novela negra se vuelca sobre cuestiones históricas.

P. El poder del perro es un libro sobre geopolítica. Más aún por el hecho de abarcar periodos largos y precisos de la historia contemporánea. También
El invierno de Frankie...
recorre casi cuatro décadas.
-Un ensayo puede explicar los hechos, pero la ficción puede contar la verdad. Los escritores tenemos la libertad de incorporar los sentimientos y los pensamientos en las novelas y trazar el perfil de traficantes de drogas y criminales y así explicamos lo que no es posible en un ensayo. Cuando empecé a escribir El poder del perro solo quería escribir sobre un episodio que sucedió en 1991, pero empecé a darme cuenta de que necesitaba ir mas atrás y más atrás, hasta que salió lo que salió porque mi editor me dijo que parara cuando ya había llegado a 1920. Porque la realidad siempre tiene una razón que la impulsa en el pasado. Me detuve en la historia de la salida de Sinaloa del cartel de la heroína, que es como la expulsión del paraíso.
-Usted ha asegurado que el 90% de El poder del perro sucedió realmente. ¿También en El invierno de Frankie Machine? ¿Las referencias a las relaciones entre Richard Nixon y Jimmy Hoffa son exactas?
R. Sí, Nixon tuvo relaciones directas con la mafia, pero la mafia siciliana norteamericana se ha debilitado mucho. Los cambios legales permitieron a las autoridades federales entrar muy adentro de la organización. Por otro lado, si uno es un capo de la mafia y tiene un hijo inteligente, tendrá el dinero para mandarlo a una buena universidad y saldrá del mundo del crimen. Si el hijo es tonto se quedará en la banda, pero esto afectará el nivel de inteligencia del grupo, que va bajando. Hay un elemento darwiniano. El Padrino puede ser una gran película, pero no tiene nada que ver con la mafia; Los Soprano sí que se acerca mucho a la realidad. Pero no hay nada parecido al honor en la mafia, todos los capos que han sido detenidos han delatado a todos y pactado su libertad. La mafia está acabada, siempre quedará algo, pero a pequeño nivel.
-Pero llegan otras mafias: la mafia rusa, la jamaicana, la mexicana...- En Estados Unidos, cada vez que llega un grupo étnico trae consigo su mafia. Fue así con los irlandeses, los italianos, los judíos..., y ahora con los rusos, los jamaicanos... Conforme se integran en la sociedad invierten en negocios y dejan el crimen. Se puede ganar dinero con esto y salir indemne. Al final solo quedan los sociópatas.

-¿Su próximo libro es también sobre la mafia?-Normalmente trabajo en varios proyectos. El último, titulado Savages, es también sobre la mafia; una puesta al día, en torno a la vuelta de la marihuana como el gran negocio de la actualidad y el control que ejercen los carteles. Hasta hace poco los carteles no estaban en el negocio de la producción, sino en la distribución. Esto ha cambiado a causa de la marihuana, que por su uso médico se ha convertido en paralegal en algunas áreas. Los carteles se han reintegrado verticalmente y controlan desde la producción hasta la venta en las esquinas. Por otro lado, trabajo en un proyecto para el que he tomado el argumento de la guerra de Troya, y trozos de la Ilíada y la Eneida, mezclándolas con la historia de la mafia en América. Cuando uno lee los clásicos se da cuenta de que todo está contado y que Cervantes y Shakespeare fueron los primeros escritores de novela negra. Enrique IV está en el origen de El Padrino y Cervantes es el primero que escribe sobre la vida criminal en la literatura occidental. La historia que escribo es la de las guerras del crimen de Nueva Inglaterra, que duraron diez años y se iniciaron en una fiesta entre mafiosos irlandeses e italianos en la playa, cuando uno de los irlandeses sedujo a una chica italiana.

-¿Frank Macchiano existió? ¿De Niro será el protagonista de la película?-No existió exactamente, pero todos los flash backs que va recordando son ciertos. Y sí, tiene sentido que sea De Niro, pero yo no le tenía en mente cuando escribí el libro. El cine es complicado. Ya hicieron una película sobre una de mis novelas y fue un fracaso. Aprendí que había que tener más control y ahora trabajo con un amigo que es guionista y escritor. También trabajo el guión de Savages con Oliver Stone.

El invierno de Frankie Machine. Don Winslow.
Traducción de Alejandra Devoto. Martínez Roca. Barcelona, 2010. 416 páginas. 18,90 euros

El juez Garzón

Las tres graves faltas del ‘juez estrella’

PorManuel Trigo Chacón , doctor en Derecho Internacional y autor del libro Pinochet, Nixon, Franco y la justicia Universal , Ed. Visión
EL MUNDO, 17/09/10;:
La confirmación de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo, que unánimemente ha avalado al magistrado Luciano Varela, declarando el procesamiento de Baltasar Garzón por tres posibles delitos de prevaricación, demuestran la firmeza e independencia del Alto Tribunal de Justicia español en este importante caso, que sentará en el banquillo a uno de los jueces que se han hecho más visibles en la historia reciente de España, con sus luces y sus sombras.
Es conveniente precisar que la figura de Garzón ha estado siempre unida a la publicidad mediática y al bochornoso espectáculo de un populismo auspiciado por el propio juez, quien frecuentemente ha puesto altavoces a sus escandalosas resoluciones para que llegasen a sus seguidores. Hay que reconocer que ha sido un juez desmesurado y a veces incongruente en sus actuaciones. Un magistrado que ha impuesto fianzas millonarias, frecuentemente sin fundamento; que ha presumido de que nadie podía discutirle una resolución, y que ha enviado a la cárcel esposados a conocidos personajes de más o menos relieve político que en muy poco tiempo han quedado en libertad.
Lo cierto es que como juez instructor nunca tuvo grandes aciertos y sí muchos arrebatos, cuando no fracasos, como, por ejemplo, y por citar sólo uno de los más llamativos, la querella presentada contra el entonces ministro de Asuntos Exteriores Abel Matutes por no presionar a su homólogo Jack Straw para que impidiese a Augusto Pinochet volver libremente a Chile. ¿Cómo es posible pensar que un ministro español pueda imponerse a un ministro inglés en el ejercicio de su cargo? Y es que, indudablemente, los conocimientos de Garzón en la disciplina de Derecho Internacional son muy escasos, cuando no nulos. Así lo demostró a lo largo de todo el conflictivo proceso de la extradición que intentó, que costó mucho tiempo y dinero, pero que no tuvo ningún resultado positivo. Eso sí, le dio fama y popularidad sin límites, y supuso su ascenso al estrellato internacional, especialmente en Latinoamérica, aunque en su día complicó enormemente las relaciones diplomáticas de España, no sólo con Chile, sino con otros países del entorno que no habían asimilado todavía el escarnio de sus dictaduras.
Aclaremos también que el caso Pinochet no fue iniciado por Baltasar Garzón, sino que fue el magistrado de la Audiencia Nacional, Manuel García Castejón, quien comenzó la instrucción del procedimiento y que posteriormente, por insinuaciones o presiones, se inhibió a favor del anterior. El proceso se incorporó al sumario 19/97 de la Audiencia Nacional, como pieza separada 3ª.
El sumario adormecía tranquilamente en los armarios del Juzgado de Instrucción nº 5, del que era titular Garzón, hasta que se descubrió el viaje de Pinochet a Londres para un tratamiento médico. Ello originó que inmediatamente se encendiese una luz en la memoria del juez para sondear a Scotland Yard y enviar urgentemente una orden de detención, así como el inicio de la extradición a España.
Son de sobra conocidas las vicisitudes del caso Pinochet, pero hay también otros sumarios instruidos antes y después, que muestran la muy deficiente actuación de este juez, que se ha vanagloriado siempre de una valentía y de una eficacia suprema. El caso de Monzer Al Kassar, instruido en los primeros tiempos de su incorporación al Juzgado de Instrucción nº 5, es una prueba de la pobreza y falta de rigor jurídico de sus escritos.
Este famoso caso estuvo relacionado con el secuestro del trasatlántico italiano Achille Lauro, perpetrado en 1985 en el Mediterráneo Oriental, y en el que el grupo terrorista asaltante asesinó a un súbdito norteamericano de origen judío. Se inculpó a Al Kassar, conocido traficante de armas internacional de origen sirio, y la instrucción del sumario resultó desde el primer momento excesivamente compleja para el conocimiento jurídico del juez Garzón.
Intervinieron en este proceso los servicios secretos de diferentes países, y se manejaron fabulosas cantidades de dinero. Todo ello confundió al juez instructor, quien en el escrito de acusación no fue capaz de probar nada, además de basarlo en especulaciones imaginarias de escasa coherencia. La defensa, a cargo de renombrados juristas, como Cobo del Rosal, hizo que Monzer Al Kassar saliese libre de culpa, pese a los 29 años de prisión que se pedían.
Podríamos referir decenas de sumarios mal instruidos por Garzón, incluidos asuntos tan notorios como el caso Egin en 2003 o el caso de los GAL, que supuso una meditada venganza contra quienes acaban de ser sus compañeros en las listas electorales, incluido Felipe González.
Ahora, las tres causas por las que se acusa a Garzón de prevaricación ante el Tribunal Supremo están bien claras y definidas. Una, por investigar los crímenes del franquismo. La segunda, por rechazar una querella contra el banco que antes había financiado sus cursos y obtener dinero de diferentes empresas. Y la tercera, por el caso Gürtel, al haber ordenado intervenir las comunicaciones entre imputados y abogados.
La primera causa es quizá la más escandalosa, por su repercusión entre el pueblo español. Nadie puede dudar de que la Ley de Amnistía de 1977 tiene plena vigencia, porque no ha sido derogada. La Ley de la Memoria Histórica, elaborada por el Gobierno Zapatero, no deroga ni contradice la anterior. Pretender pasar por encima de la ley, dictando un Auto que es una causa general contra el franquismo, de 69 páginas, en el que en sus disposiciones finales pide nada menos que se certifique el fallecimiento de Franco y de otros 34 generales y políticos del régimen anterior, bien muertos y sepultados, es un sinsentido, es una sinrazón, es un disparate jurídico que se mantiene desde la primera a la última palabra de su Auto, que ni siquiera llega a tener la categoría de monografía histórica, porque está hecho a base de recortes de prensa.
Por ello, la contestación del magistrado instructor, Luciano Varela Castro, en la causa especial 248/2009, ha sido unánimemente admitida por el Tribunal Supremo, e independientemente de quien ha interpuesto la querella, llevará al juez estrella al banquillo.
La segunda querella, basada en las cantidades de dinero que solicitó al Banco Santander, a Endesa y a otras empresas españolas, demuestran su falta de escrúpulos para financiar sus conferencias y estancia en Nueva York, así como los gastos de su hija, en la etapa en la que se movió internacionalmente para conseguir un nombramiento permanente en la Corte Penal Internacional. Es evidente que, tras recibir una fuerte suma económica de la citada entidad bancaria, debió inhibirse en la causa contra ésta.
Finalmente, el caso Gürtel, instruido de forma cuando menos polémica, trató de fundarlo y probarlo mediante la intervención en la cárcel de las conversaciones entre imputados y sus abogados, algo que sólo está permitido en casos de terrorismo. Ello supone un absoluto desprecio al derecho de defensa y a la figura de los abogados defensores.
El juez estrella, como cualquier ciudadano, tiene lo que se merece: un juicio justo por encima de los movimientos populistas de los que es adalid, tanto en España como en países de Iberoamérica. Por el daño que ha hecho a la Justicia española, merece un justo castigo