22 ene. 2011

Para septiembre el juicio contra Bout

Justicia de EEUU fija para septiembre próximo juicio contra empresario ruso Víctor Bout
Víctor Bout

10:40 22/01/2011
Nueva York, 22 de enero, RIA Novosti.
La Justicia estadounidense anunció el pasado viernes que el juicio contra el empresario ruso Víctor Bout, recluido en prisión preventiva en Nueva York por un presunto delito de tráfico de armas, se va a iniciar el próximo 12 de septiembre.
La jueza del caso, Shira Scheindlin, afirmó que esa fecha deja a los fiscales y a la defensa tiempo suficiente para prepararse. Agregó que a finales de marzo serán examinados los recursos de abogados que califican de ilegal la persecución judicial de Bout en EEUU.
Bautizado por la prensa internacional como el “mercader de la muerte”, Víctor Bout fue arrestado en Tailandia en marzo de 2008 a petición de EEUU que lo acusa de haber prestado apoyo material al terrorismo. Su detención fue resultado de una operación de agentes de servicios secretos de EEUU que se hicieron pasar por guerrilleros colombianos y se insinuaron para comprarle armas. El empresario ruso, que fue extraditado de Tailandia a EEUU a mediados de noviembre pasado, niega todas las acusaciones.
A principios de este enero Bout manifestó que el juicio contra él será “sin lugar a dudas parcial y nada objetivo” porque el Gobierno de EEUU “tergiversó deliberadamente” en el texto de acusación los hitos de su biografía y trayectoria profesional.
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Rusia

Víctor Bout dice que tendrá un juicio parcial y nada objetivo en EEUU

Tema de actualidad: El caso de Víctor Bout

Víctor Bout
13:11 02/01/2011
Nueva York, 2 de enero, RIA Novosti.
 
El empresario ruso Víctor Bout, quien se encuentra en prisión preventiva en Nueva York por un presunto delito de tráfico de armas, opinó en declaraciones a RIA Novosti que tendrá un juicio arbitrario en Estados Unidos.
“Considero que el juicio será sin lugar a dudas parcial y nada objetivo, porque el Gobierno de EEUU tergiversó de forma premeditada hechos de mi biografía y trayectoria profesional en el texto de acusación, en el que la información sobre mí se basa en datos no contrastados, rumores, malentendidos y francas mentiras”, afirmó Bout.
Según el empresario ruso, él y sus familiares son víctimas de una campaña de difamación que las autoridades estadounidenses llevan desde hace 10 años, creando un ambiente en el que “nadie, incluidos los jueces, puede ser imparcial”.
Bout opinó que el tribunal apenas tendrá en consideración los hechos objetivos de su caso, puesto que la práctica procesal de EEUU muestra que los cargos de conspiración dan lugar automáticamente a una sentencia acusatoria.
Por otro lado, el empresario denunció que durante su extradición de Bangkok a Nueva York fue presionado por agentes antidroga estadounidenses que le ofrecieron un trato con la Justicia.
“Me ofrecieron una sentencia más blanda y de menos años a cambio de que se lo contara todo sobre mis vínculos en Rusia y otros países, pero les dije que no tenía nada que contarles de lo que querían oír”, relató.
Al mismo tiempo, aseguró que actualmente no está sometido a ninguna presión por parte de las autoridades estadounidenses.
A la pregunta sobre el trato que se da a los presos en EEUU y Tailandia, el empresario dijo que es como “comparar un zoológico con un manicomio”.
“En Tailandia los presos están en jaulas al aire libre y se los trata como animales. En EEUU son tratados como enfermos mentales muy peligrosos, con un control total de cada desplazamiento. El sol, el aire y el cielo quedan completamente descartados”, aseveró.
El vicecónsul de la embajada de Rusia en EEUU, Alexandr Otchainov, quien visita al empresario encarcelado en Nueva York, fue quien le hizo llegar las preguntas de RIA Novosti, así como remitió sus respuestas a la agencia.

Bautizado por la prensa internacional como el “mercader de la muerte”, Víctor Bout fue arrestado en Tailandia en marzo de 2008 a petición de la Justicia estadounidense, que lo acusa de haber prestado apoyo material al terrorismo, y lo presenta como uno de los más grandes traficantes de armas en el mundo.

El empresario, que el pasado 16 de noviembre fue extraditado de Tailandia a EEUU, niega todas estas acusaciones, afirmando que nunca ha vendido armas ni ha tenido contacto alguno con terroristas.
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Los secretos que puede revelar Víctor Bout a la justicia de EEUU

16:49 22/11/2010
Columna semanal por Armando Pérez
La reciente extradición del empresario ruso Víctor Bout de Tailandia a Estados Unidos tras más de dos años de pleitos con los tribunales tailandeses, cayó como un balde de agua fría en buena parte de la opinión pública rusa, solidaria con su compatriota en desgracia ante la justicia de Estados Unidos.
Según las autoridades estadounidenses, Bout es un peligroso traficante ilegal de armas, que confabuló para asesinar ciudadanos y funcionarios estadounidenses, y se manifestó dispuesto a vender misiles tierra-aire a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia FARC, organización guerillera considerada por EEUU como entidad terrorista.
A juzgar por la prensa occidental, la gente decente del planeta debe estar muy contenta porque la implacable justicia estadoundiense tras una cacería de más de seis años, logró sentar en el banquillo al Señor de la Guerra o el Traficante de la Muerte, como identifica Bout la prensa.
Antiguo oficial de la fuerza aéra soviética y como aseguran muchos expertos, agente  del GRU o servicio de inteligencia militar, Bout es más malo que Caín porque vendió toneladas de armas de la extinta URSS para encender conflictos en Angola, Congo Liberia, Ruanda, Sierra Leona y Sudán.
Después de crear una flotilla de aviones de carga con sede en Liberia y oficinas de representación en Bélica, Bout trafico con armas en incluso estuvo implicado en el caso de un avión hasta rebozar de armas capturado por el entonces gobierno Talibán en la provincia Kandahar para las llamadas tropas del norte en el territorio de Afganistán.
El astuto espía también  transportó carga de la ONU a paises africanos y fue contratado para transportar equipo logistico para el Pentágono y el ejército británico a Iraq y Afganistán.
Expertos en el comercio ilegal de armas establecieron Bout en Líbano entregó al movimiento fundamentalista Hezbollah armas compradas por Irán para atacar Israel, y que en 2005 visitó Teherán, y 2006 en Líbano para conversaciones sobre la venta de armas a grupos terroristas inclusive a la temible red Al Qaeda.
La peligrosidad de Bout sobrepasó todos los límites posibles porque aún estando entre rejas en una prisión de Bangkok, resultó de cierta forma implicado en el arresto de un avión Il-76 con 40 toneladas de armamento arrestado en el aeropuerto Don Muang cerca a Bangkok, el 11 de noviembre de 2009.
Esas armas procedentes de Corea del Norte, supuestamente estaban destinadas para el movimiento “camisas rojas”, del Frente Unido para la Democracia Contra la Dictadura (UDD) principal fuerza de oposición en Tailandia que tiene en jaque al gobierno del primer ministro tailandés, Abhisit Vejjajjiva.
Según la prensa tailandesa, el diputado del oficialista Partido Democrático Sirichoke Sopha durante una visita a la cárcel le propuso a Bout testificar en contra del depuesto presidente tailandés Thaksin Shinawatra, líder de la UDD y comprometerlo con el armamento incautado.
Pero Bout rehusó cooperar argumentado que no tenia la menor idea sobre el cagamento de armas transportado por pilotos ciudadanos de Kazajstán, desaprovechado posiblemente, una de sus mejores oportunidades para evitar la extradicion a EEUU.
Los que pasa es que el arresto de Bout por agentes de la Agencia Antidroga de EEUU (DEA) en un hotel de Bangkok, que se hicieron pasar como miembros de la FARC, le costó muchos problemas legales al gobierno tailandés.
Durante los 24 meses de estudiar el caso, el gobierno tailandés enfangado en asuntos sobre la violación de los derechos humanos comprendió que la extradición del ruso tiene más que todo un trasfondo político, que penal o criminal.
Tal vez por eso, el gobierno tailandés intentó sacar provecho político con Bout y con su ayuda, reforzar las acusaciones de que las “camisas rojas” preparan  una rebelión armada, y justificar los civiles muertos y heridos durante la dispersión de manifestantes y desalojo de las barricadas levantadas durante meses en Bangkok.
Y como Bout no quiso participar en ese juego, el consejo de ministros tailandés aprobó la entrega de Bout a EEUU a pesar de la escasa solidez de las acusaciones expuestas por la parte estadounidense y el hecho de que la FARC no figura como organización terrorista en la legislación tailandesa.
Para la tele audiencia mundial las medidas extremas de seguridad y la cobertura mediática que acompaño la extradición de Bout desde la cárcel a una base militar y su llegada a EEUU resultó tan o más emocionante que la película Lord of War, interpretada por el famoso Nicolas Cage.
Como se supo posteriormente, durante el vuelo hacia EEUU funcionarios estadounidenses explicaron a Bout que el chaleco antibalas y el casco de militar que le pusieron durante el viaje fue para salvarle le vida porque para ciertas fuerzas en Rusia, él  ya es un hombre muerto.
Citando declaraciones de Bout, los funcionarios le aconsejaron reconocer algunas de las acusaciones presentadas a cambio de beneficios sobre todo ante la perspectiva de que puede ser condenado a cadena perpetua.
En EEUU predomina la opinión de que el proceso de Bout además de sus delitos revelará otros tantos crímenes horrendos perpetrados presuntamente por los servicios secretos rusos, incluso altos funcionarios del gobierno como el actual viceprimer ministro Igor Sechin, que de paso, es muy amigo del primer ministro ruso, Vladimir Putin.
Según expertos citados por la prensa extranjera, la complicidad de Sechin con Bout quedó demostrada porque ambos estudiaron en el Instituto Militar de Idiomas Extranjeros de Moscú aunque esos expertos no precisan si ambos coincidieron en la misma facultad o si fueron o no compañeros de graduación.
Y mientras que occidente crece la histeria de versiones sobre los largos tentáculos del Kremlin en todo lo malo que ocurre en el planeta, entre la misma proporción, en la opinión pública rusa aumenta la solidaridad hacia Bout y el desconcierto ante la negra desconfianza que inspira Rusia al otro lado del Atlántico.
Los blogs y foros de rusos en Internet comentan con sarcasmo el supuesto riesgo de muerte de Bout, porque en Rusia hasta los escolares de segundaria saben que ningún ruso que sepa secretos de estado y mucho menos información que pueda comprometer a políticos influyentes, puede andar por el mundo sin ningún control de las “autoridades competentes” vendiendo escopetas.
Muchos suponen que el plan contra Bout fue una operación encubierta de los servicios secretos estadounidenses para presentar al ruso vendiendo armas a la FARC, organización que goza de la simpatía del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, que a su vez, le compró a Rusia armamento por varios miles de millones de dólares.
Pero Bout nunca ha visitado Colombia, no ha cometido ningún delito en ese país  y los únicos emisarios de la FARC que conoce son los agentes de la DEA con los que conversó en el hotel de Bangkok donde lo capturaron.
Y tampoco ha cometido ningún delito contra ciudadanos estadounidenses o su propiedad privada, asunto que para la legislación de EEUU vale tanto o más que la integridad de la población.
La indignación de los rusos raya con la impotencia al no comprender por qué si Bout cometió delitos en países africanos, es  procesado por un juez estadounidense y no un magistrado africano o el menos, un tribunal  ruso ya que es ciudadano de Rusia, o cómo puede EEUU extender su jurisdicción a un país tan apartado como Tailandia únicamente con cartas y telegramas de cancillería.
Para los rusos solidarios con Bout es un aliento sus propias declaraciones de que podrá demostrar su inocencia ante cualquier tribunal estadounidense que respete los procedimientos legales consignados en la legislación.
El problema es que Bout pierda el optimismo, siga el consejo que le dieron los funcionarios y decida contar como suyos las confidencias que le proporcionen los fiscales.

El camino perdido, Garzo

El camino perdido/Gustavo Martín Garzo, escritor
Publicado en EL PAÍS, 09/01/11;
Tres breves libros le han bastado a Juan Eduardo Zúñiga para hablar con una hondura y un rigor raras veces alcanzados en nuestra literatura de la disolución moral, los afectos contradictorios y las ocultas responsabilidades de la Guerra Civil y la posguerra española. Su obra, breve e intensa, es comparable a la de todos los grandes moralistas, en el sentido que Camus da a esta palabra: los que tienen la pasión del corazón humano. Los relatos de Juan Eduardo Zúñiga se adentran en los caminos afectivos de la historia. No escribe para juzgar a sus personajes, sino para asomarse a sus conciencias y almas atormentadas y dar cuenta de sus presentimientos, sus miedos y sus anhelos amorosos.

Cuatro de cada diez egipcias golpean a sus maridos

Cuatro de cada diez egipcias golpean a sus maridos
19:16 22/01/2011
El Cairo, 22 de enero, RIA Novosti.
Cuatro de cada diez mujeres en Egipto usan la fuerza para resolver disputas con sus maridos, escribe hoy el periódico egipcio Al Ahram al citar los resultados de una encuesta realizada por el Centro nacional de estudios sociológicos.
De las 150 egipcias entrevistadas al azar, un 40% reconocieron que se lían regularmente a golpes con sus maridos. Las mujeres de 30-40 años, residentes en grandes ciudades, son las más peleonas.
Los cucharones, las sartenes y demás utensilios de cocina son las herramientas favoritas: las usa un 27% de las entrevistadas a la hora de ajustar las cuentas con su media naranja. Un 8,5% prefiere liarse a manos, y otro 4% combina ambas cosas.
El maltrato, la desatención, las disputas acerca del cómo educar a los niños, las amenazas de expulsión y las restricciones financieras son los principales motivos que calientan a las egipcios hasta el punto de usar la fuerza. Quienes lo practican, dicen que es una buena manera de conseguir lo que buscan, además de desahogarse. Prácticamente todas confiesan que su estado emocional mejora después de la pelea.
La violencia contra mujeres y menores de edad se considera en Egipto uno de los crímenes más graves que conlleva un castigo drástico, incluida la pena de muerte. Según la ONG Amnistía Internacional, un 30% de las muertes violentas entre las egipcias es resultado de la violencia familiar.
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Borís Pasternak

La titánica coartada de Borís Pasternak/José María Ridao
Publicado en EL PAÍS, 22/01/11:
Ni por una voluntad de realismo llevada al límite ni tampoco por una insoslayable exigencia compositiva de la novela necesitaba Borís Pasternak escribir primero, y publicar después, las poesías de su personaje Yuri Andréyevich Zhivago.

Kalimba: rating a partir del enredo sexual

Kalimba: rating a partir del enredo sexualJenaro Villamil
Agencia APRO, MÉXICO, D.F., 21 de enero (apro).- No existe al momento tema más mencionado en los medios electrónicos –especialmente en las dos grandes televisoras–, en los programas de espectáculos, en las secciones periodísticas y hasta en las redes sociales, que el escándalo en torno de la presunta culpabilidad del cantante Kalimba, aprehendido ayer en Texas, acusado de violación en perjuicio de una menor de edad.

Coches bomba en México

Cronología Explosiones de coches-bomba en México

Con la detonación ocurrida este sábado en Tula, Hidalgo, suman al menos cuatro los casos en los últimos meses de vehículos usados como explosivos ligados a la violencia del narcotráfrico
COCHES-BOMBA Con la detonación, este sábado en Tula, Hidalgo, son ya cuatro coches-bomba hechos estallar por grupos criminales en los últimos meses; aquí, el vehículo utilizado en Ciudad Juárez, en julio pasado y que mató a cuatro personas (Foto: Archivo/EL UNIVERSAL )
Ciudad de México | Sábado 22 de enero de 2011
Redacción | El Universal on line15:45
15 de julio. Ciudad Juárez.- Un automóvil con explosivos impacta contra dos unidades de la Policía Federal, como represalia por la detención de Jesús Armando Acosta Guerrero, alias El 35, presunto líder operativo de La Línea, brazo armado del cártel de Juárez, causando la muerte de cuatro personas; tres en el lugar y una horas después al recibir atención médica.
27 de agosto de 2010. Ciudad Victoria.-  Un coche bomba estalló en las puertas de la empresa Televisa en Ciudad Victoria, Tamaulipas, sin que se registrarán lesionados, únicamente daños materiales.
17 de diciembre. Zuazua, Nuevo León.- Un automóvil explotó frente a la comandancia municipal de esta localidad cercana a Monterrey, que causó lesiones a dos personas y daños a varios vehículos. La unidad se encontraba estacionada frente a esas instalaciones y al parecer, la detonación se hizo mediante la activación de un teléfono celuar.
22 de enero. Tula, Hidalgo.- Cerca de las 08:00 horas de este sábado 22 de enero se registró la explosión de un carro bomba en la comunidad del Carmen, municipio de Tula, Hidalgo, que dejó como saldo, hasta el momento, de uno elemento de la policía investigadora muerto y tres más, heridos de gravedad.
crs

CARTA II/ Becquer

CARTA II/ Becquer
En mi anterior te dije que la poesía eras tú,
porque tú eres la más bella personificación
del sentimiento, y el verdadero espíritu de la
poesía de otro.
A propósito de esto, la palabra amor se deslizó
en mi pluma en uno de los párrafos de mi carta.

De aquel párrafo hice el último.
Nada más natural. Voy a decirte el porqué.
Existe una preocupación bastante generalizada,
aun entre las personas que se dedican a dar
formas a lo que piensan, que, a mi modo de ver,
es, sin parecerlo, una de las mayores.

Si hemos de dar crédito a los que de ella participan,
es una verdad tan innegable que se puede elevar
a la categoría de axioma el que nunca se vierte
la idea con tanta vida y precisión como en el momento
en que ésta se levanta semejante a un gas
desprendido y enardece la fantasía y hace vibrar
todas las fibrassensibles, cual si las tocase
alguna chispa eléctrica.

Yo no niego que suceda así.
Yo no niego nada;
pero, por lo que a mí toca, puedo asegurarte
que cuando siento no escribo.
Guardo, sí, en mi cerebro escritas, como en un libro
misterioso, las impresiones que han dejado en él
su huella al pasar; estas ligeras y ardientes hijas de la
sensación duermen allí agrupadas en el fondo de
mi memoria hasta el instante en que, puro, tranquilo,
sereno y revestido, por decirlo así, de un poder
sobrenatural, mi espíritu las evoca, y tienden sus alas
transparentes, que bullen con un zumbido extraño,
y cruzan otra vez por mis ojos como en una
visión luminosa y magnífica.

Entonces no siento ya con los nervios que se agitan,
con el pecho que se oprime, con la parte orgánica
natural que se conmueve al rudo choque de las
sensaciones producidas por la pasión y los afectos;
siento, sí, pero de una manera que puede llamarse
artificial; escribo como el que copia de una página
ya escrita; dibujo como el pintor que reproduce
el paisaje que se dilata ante sus ojos y se pierde
entre la bruma de los horizontes.

Todo el mundo siente.
Sólo a algunos seres les es dado el guardar como
un tesoro la memoria viva de lo que han sentido.
Yo creo que éstos son los poetas.
Es más: creo que únicamente por esto lo son.

Efectivamente, es más grande, es más hermoso,
figurarse el genio ebrio de sensaciones y de
inspiración, trazando a grandes rasgos, temblorosa
la mano con la ira, llenos aún los ojos de lágrimas
o profundamente conmovidos por la piedad esas
tiradas de poesía que más tarde son la admiración
del mundo; pero, ¿qué quieres?, no siempre
la verdad es lo más sublime.

¿Te acuerdas?
No hace mucho que te lo dije
a propósito de una cuestión parecida.

Cuando un poeta te pinte en magníficos
versos su amor, duda.
Cuando te lo dé a conocer en prosa, y mala, cree.

Hay una parte mecánica, pequeña y material en
todas las obras del hombre, que la primitiva,
la verdadera inspiración desdeña en sus ardientes
momentos de arrebato.

Sin saber cómo, me he distraído del asunto.
Como quiera que lo he hecho para darte una
satisfacción, espero que tu amor propio sabrá
disculparme. ¿Qué mejor intermedio que éste
para con una mujer?

No te enojes.
Es uno de los muchos puntos de contacto que
tenéis con los poetas, o que éstos tienen
con vosotras.

Sé, porque lo sé, aun cuando tú no me lo has dicho,
que te quejas de mí, porque al hablar del amor detuve
mi pluma y terminé mi primera carta como enojado
de la tarea.

Sin duda, ¿a qué negarlo?,
pensaste que esta fecunda idea se esterilizó
en mi mente por falta de sentimiento.
Ya te he demostrado tu error.

Al estamparla, un mundo de ideas confusas
y sin nombre se elevaron en tropel en mi cerebro
y pasaron volteando alrededor de mi frente, como
una fantástica ronda de visiones quiméricas.
Un vértigo nubló mis ojos.

¡Escribir! ¡Oh!
Si yo pudiera haber escrito entonces,
no me cambiaría por el primer poeta del mundo.

Mas... entonces lo pensé y ahora lo digo.
Si yo siento lo que siento, para hacer lo que hago,
¿qué gigante océano de luz y de inspiración
no se agitaría en la mente de esos hombres
que han escrito lo que a todos nos admira?

Si tú supieras cómo las ideas más grandes se
empequeñecen al encerrarse en el círculo de hierro
la palabra; si tú supieras qué diáfanas, qué ligeras,
qué impalpables son las gasas de oro que trotan
en la imaginación al envolver esas misteriosas
figuras que crea y de las que sólo acertamos
a reproducir el descarnado esqueleto; si tú
supieras cuán imperceptible es el hilo de luz
que ata entre sí los pensamientos más
absurdos que nadan en el caos:
si tú supieras...
Pero, ¿qué digo?
Tú lo sabes, tú debes saberlo.

¿No has soñado nunca?
Al despertar, ¿te ha sido alguna vez posible referir,
con toda su inexplicable vaguedad y poesía,
lo que has soñado?

El espíritu tiene una manera de sentir
y comprender especial, misteriosa, porque
él es un arcano; inmensa, porque él es infinito;
divina, porque su esencia es santa.

¿Cómo la palabra, cómo un idioma grosero y mezquino,
insuficiente a veces para expresar las necesidades de la
materia, podrá servir de digno intérprete entre dos almas?

Imposible.

Sin embargo, yo procuraré apuntar, como de pasada,
algunas de las mil ideas que me agitaron durante
aquel sueño magnífico, en que vi al amor,
envolviendo a la Humanidad como en un fluido
de fuego, pasar de un siglo en otro, sosteniendo
la incomprensible atracción de los espíritus,
atracción semejante a la de los astros, y
revelándose al mundo exterior por medio de la
poesía, único idioma que acierta a balbucear
algunas de las frases de su inmenso poema.

Pero, ¿lo ves?
Ya quizá ni tú me entiendes ni yo sé lo que me digo.
Hablemos como se habla.
Procedamos con orden.
¡El orden! ¡Lo detesto,
y, sin embargo, es tan preciso para todo!...

La poesía es el sentimiento;
pero el sentimiento no es más que un efecto,
y todos los efectos proceden de una causa
más o menos conocida.
¿Cuál lo será?
¿Cuál podrá serlo de este divino arranque de
entusiasmo, de esta vaga y melancólica aspiración
del alma, que se traduce al lenguaje de los hombres
por medio de sus más suaves armonías sino el amor?

Sí; el amor es el manantial perenne de toda poesía,
el origen fecundo de todo lo grande,
el principio eterno de todo lo bello;
y digo el amor porque la religión,
nuestra religión sobre todo,
es un de todo lo grande,
el principio eterno de todo lo bello;
y digo el amor porque la religión,
nuestra religión
sobre todo, es un amor también,
es el amor más puro, más hermoso,
el único infinito que se conoce,
y sólo a estos dos astros
de la inteligencia

El amor es la causa del sentimiento;
pero... ¿qué es el amor?
Ya lo ves:
el espacio me falta, el asunto es grande,
y... ¿te sonríes?...
¿Crees que voy a darte una excusa fútil para
interrumpir mi carta en este sitio?

No; ya no recurriré a los fenómenos del mío para
disculparme de no hablar del amor.
Te lo confesaré ingenuamente: tengo miedo.

Algunos días, sólo algunos, y te lo juro,
te hablaré del amor,
a riesgo de escribir un millón de disparates.

-¿Por qué tiemblas? -dirás sin duda-.
¿No hablan de él a cada paso gentes
que ni aún lo conocen?
¿Por qué no has de hablar tú, tú que dices
que lo sientes?

¡Ay! Acaso por lo mismo que ignoran lo que es,
se atreven a definirlo.

¿Vuelves a sonreírte?...
Créeme: la vida está llena de estos absurdos.

Cartas literarias a una mujer I

CARTAS LITERARIAS A UNA MUJER I/ Bécquer
En una ocasión me preguntaste:
-¿Qué es la poesía?
¿Te acuerdas?
No sé a qué propósito había yo hablado
algunos momentos antes de mi pasión por ella.

-¿Qué es la poesía? -me dijiste.

Yo, que no soy muy fuerte en esto de las
definicioneste respondí titubeando:

-La poesía es..., es...

Sin concluir la frase, buscaba inútilmente
en mi memoria un término de
comparación, que no acertaba a encontrar.

Tú habías adelantado un poco la cabeza
para escuchar mejor mis palabras;
los negros rizos de tus cabellos,
esos cabellos que tan bien sabes dejar
a su antojo sombrear tu frente, con un
abandono tan artístico, pendían
de tu sien y bajaban rozando tu mejilla
hasta descansar en tu seno; en
tus pupilas húmedas y azules como
el cielo de la noche brillaba un punto
de luz, y tus labios se entreabrían
ligeramente al impulso de una
respiración perfumada y suave.

Mis ojos, que, a efecto sin duda de
la turbación que experimentaba,
habían errado un instante sin fijarse
en ningún sitio, se volvieron
entonces instintivamente hacia los tuyos,
y exclamé, al fin:

-¡La poesía..., la poesía eres tú!

¿Te acuerdas? Yo aún tengo presente
el gracioso ceño de curiosidad
burlada, el acento mezclado de pasión
y amargura con que me dijiste:

-¿Crees que mi pregunta sólo es hija
de una vana curiosidad de mujer?
Te equivocas.
Yo deseo saber lo que es la poesía,
porque deseo pensar lo que tú piensas,
hablar de lo que tú hablas, sentir con lo que tú
sientes; penetrar, por último, en ese misterioso
santuario en donde a veces se refugia tu alma
y cuyo umbral no puede traspasar la mía.

Cuando llegaba a este punto se
interrumpió nuestro diálogo.
Ya sabes por qué.
Algunos días han transcurrido.
Ni tú ni yo lo hemos vuelto a renovar, y, sin
embargo, por mi parte no he dejado de pensar en él.
Tú creíste, sin duda, que la frase con
que contesté a tu extraña
interrogación equivalía a una evasiva galante.

¿Por qué no hablar con franqueza?
En aquel momento di aquella definición porque
la sentí, sin saber siquiera si decía un disparate.
Después lo he pensado mejor,
y no dudo al repetirlo; la poesía eres tú.
¿Te sonríes?
Tanto peor para los dos.
Tu incredulidad nos va a costar:
a ti, el trabajo de leer un libro,
y a mí, el de componerlo.

¡Un libro! -exclamas,palideciendo y
dejando escapar de tus manos esta carta-.
No te asustes.
Tú lo sabes bien: un libro mío no puede ser muy largo.
Erudito, sospecho que tampoco.
Insulso, tal vez; mas para ti, escribiéndolo yo,
presumo que no lo será, y para ti lo escribo.

Sobre la poesía no ha dicha nada casi ningún poeta;
pero, en cambio, hay bastante papel emborronado
por muchos que no lo son.

El que la siente se apodera de una idea, la envuelve
en una forma, la arroja en el estudio del saber, y pasa.
Los críticos se lanzan entonces sobre esa forma,
la examinan, la disecan y creen haberla entendido
cuando han hecho su análisis.

La disección podrá revelar el mecanismo del
cuerpo humano; pero los fenómenos del alma,
el secreto de la vida,
¿cómo se estudian en un cadáver?

No obstante, sobre la poesía se han dado reglas,
se han atestado infinidad de volúmenes, se enseña
en las universidades, se discute en
los círculos literarios y se explica en los ateneos.

No te extrañes. Un sabio alemán ha tenido la
humorada de reducir a notas y encerrar en las
cinco líneas de una pauta el misterioso lenguaje
de los ruiseñores. Yo, si he de decir la verdad,
todavía ignoro qué es lo que voy a hacer;
así es que no puedo anunciártelo anticipadamente.

Sólo te diré, para tranquilizarte, que no te inundaré
en ese diluvio de términos que pudiéramos llamar
facultativos, ni te citaré autores que no conozco,
ni sentencias en idiomas que ninguno
de los dos entendemos.

Antes de ahora te lo he dicho.
Yo nada sé, nada he estudiado;
he leído un poco, he sentido bastante
y he pensado mucho, aunque no acertaré
a decir si bien o mal. Como sólo de lo que he
sentido y he pensado he de hablarte, te bastará
sentir y pensar para comprenderme.

Herejías históricas, filosóficas y literarias,
presiento que voy a decirte muchas. No importa.
Yo no pretendo enseñar a nadie, ni erigirme en
autoridad, ni hacer que mi libro se me declare de texto.

Quiero hablarte un poco de literatura, siquiera
no sea más que por satisfacer un capricho tuyo,
quiero decirte lo que sé de una manera
intuitiva, comunicarte mi opinión y tener al menos
el gusto de saber que, si nos equivocamos,
nos equivocamos los dos; lo cual, dicho sea
de paso, para nosotros equivale a acertar.

La poesía eres tú, te he dicho,
porque la poesía es el sentimiento,
y el sentimiento es la mujer.

La poesía eres tú,
porque esa vaga aspiración a lo bello
que la caracteriza, y que es una facultad de la
inteligencia en el hombre, en
ti pudiera decirse que es un instinto.

La poesía eres tú,
porque el sentimiento, que en
nosotros es un fenómeno accidental
y pasa como una ráfaga de aire,
se halla tan íntimamente unido
a tu organización especial que
constituye una parte de ti misma.

Ultimamente la poesía eres tú,
porque tú eres el foco de
donde parten sus rayos.

El genio verdadero tiene
algunos atributos extraordinarios, que Balzac
llama femeninos, y que, efectivamente, lo son.
En la escala de la inteligencia del poeta
hay notas que pertenecen a la de la mujer, y
éstas son las que expresan la ternura, la pasión
y el sentimiento. Yo no sé por qué los poetas
y las mujeres no se entienden mejor entre sí. Su
manera de sentir tiene tantos puntos de contacto...
Quizá por eso...
Pero dejemos digresiones y volvamos al asunto.

Decíamos ¡Ah, sí, hablábamos de la poesía!

La poesía es en el hombre una cualidad puramente
del espíritu; reside en su alma,
vive con la vida incorpórea de la idea,
y para revelarla necesita darle una forma.
Por eso la escribe. En la mujer, sin embargo,
la poesía está como encarnada en su ser;
su aspiración, sus presentimientos, sus pasiones
y Destino son poesía: vive, respira, se mueve
en una indefinible atmósfera de idealismo
que se desprende de ella, como un fluido
luminoso y magnético; es, en una palabra,
el verbo poético hecho carne.

Sin embargo, a la mujer se la acusa vulgarmente de
prosaísmo. No es extraño; en la mujer es poesía
casi todo lo que piensa, pero muy poco de lo que habla.
La razón, yo la adivino, y tú la sabes. Quizá cuanto
te he dicho lo habrás encontrado confuso y vago.
Tampoco debe maravillarte.
La poesía es al saber de la Humanidad
lo que el amor a las otras pasiones.
El amor es un misterio.
Todo en él son fenómenos a cual más inexplicable;
todo en él es ilógico, todo en él es vaguedad y absurdo.

La ambición, la envidia, la avaricia, todas las demás
pasiones, tienen su explicación y aun su objeto,
menos la que fecundiza el sentimiento y lo alimenta.

Yo, sin embargo, la comprendo; la comprendo por
medio de una revelación intensa, confusa e inexplicable.

Deja esta carta, cierra tus ojos al mundo exterior que te
rodea, vuélvelos a tu alma, presta atención a los
confusos rumores que se elevan de ella, y acaso la
comprenderás como yo

CUARTA CARTA /Gustavo Adolfo Becquer

CUARTA CARTA /Gustavo Adolfo Becquer
El amor es poesía; la religión es amor.
Dos cosas semejantes a una
tercera son iguales entre sí.
He aquí un axioma que debía ahorrarme el
trabajo de escribir una nueva carta.
Sin embargo, yo mismo conozco que esta
conclusión matemática, que en efecto lo parece,
así puede ser una verdad como un sofisma.

La lógica sabe fraguar razonamientos inatacables
que, a pesar de todo, no convencen.
¡Con tanta facilidad se sacan deducciones
precisas de una base falsa!

En cambio, la convicción íntima suele persuadir,
aunque en el método del raciocinio reine el mayor
desorden. ¡Tan irresistible es el acento de la fe!

La religión es amor y, porque es amor, es poesía.
He aquí el tema que me he propuesto desenvolver hoy.
Al tratar un asunto tan grande en tan corto espacio
y con tan escasa ciencia como la de que yo dispongo,
sólo me anima una esperanza. Si para persuadir
basta creer, yo siento lo que escribo.

Hace ya mucho tiempo -yo no te conocía y con
esto excuso el decir que aún no había amado-,
sentí en mi interior un fenómeno inexplicable.
Sentí, no diré un vacío, porque sobre ser vulgar,
no es ésta la frase propia; sentí en mi alma y en
todo mi ser como una plenitud de vida, como un
desbordamiento de actividad moral que, no
encontrando objeto en qué emplearse, se elevaba
en forma de ensueños y fantasías, ensueños y
fantasías en los cuales buscaba en vano la expansión,
estando como estaban dentro de mí mismo.

Tapa y coloca al fuego un vaso con un líquido
cualquiera. El vapor, con un ronco hervidero,
se desprende del fondo, y sube, y pugna por salir,
y vuelve a caer deshecho en menudas gotas, y
torna a elevarse, y torna a deshacerse, hasta que
al cabo estalla comprimido y quiebra la cárcel que lo
detiene. Éste es el secreto de la muerte prematura y
misteriosa de algunas mujeres y de algunos poetas,
arpas que se rompen sin que nadie haya arrancado
una melodía de sus cuerdas de oro. Ésta es la
verdad de la situación de mi espíritu, cuando
aconteció lo que voy a referirte.

Estaba en Toledo, la ciudad sombría y melancólica
por excelencia. Allí cada lugar recuerda una historia,
cada piedra un siglo, cada monumento una civilización;
historias, siglos y civilizaciones que han pasado y
cuyos actores tal vez son ahora el polvo oscuro
que arrastra el viento en remolinos, al silbar en sus
estrechas y tortuosas calles. Sin embargo, por un
contraste maravilloso, allí donde todo parece muerto,
donde no se ven más que ruinas, donde sólo se
tropieza con rotas columnas y destrozados capiteles,
mudos sarcasmos de la loca aspiración del hombre a
perpetuarse, diríase que el alma, sobrecogida de
terror y sedienta de inmortalidad, busca algo eterno
en donde refugiarse, y como el náufrago que se ase
de una tabla, se tranquiliza al recordar su origen.

Un día entré en el antiguo convento de San Juan
de los Reyes. Me senté en una de las piedras de su
ruinoso claustro y me puse a dibujar. El cuadro que
se ofrecía a mis ojos era magnífico. Largas hileras de
pilares que sustentan una bóveda cruzada de mil
y mil crestones caprichosos; anchas ojivas caladas,
como los encajes de un rostrillo; ricos doseletes de
granito con caireles de yedra que suben por entre
las labores, como afrentando a las naturales;
ligeras creaciones del cincel que parecen han de
agitarse al soplo del viento; estatuas vestidas de
luengos paños que flotan, como al andar; caprichos
fantásticos, gnomos, hipogrifos, dragones y reptiles
sin número que ya asoman por cima de un capitel,
ya corren por las cornisas, se enroscan en las
columnas, o trepan babeando por el tronco de las
guirnaldas de trébol; galerías que se prolongan y
que se pierden, árboles que inclinan sus ramas sobre
una fuente, flores risueñas, pájaros bulliciosos
formando contraste con las tristes ruinas y las
calladas naves, y por último, el cielo, un pedazo
de cielo azul que se ve más allá de las crestas de
pizarra de los miradores a través de los calados
de un rosetón.

En tu álbum tienes mi dibujo; una reproducción
pálida, imperfecta, ligerísima, de aquel lugar, pero
que no obstante puede darte una idea de su
melancólica hermosura. No ensayaré, pues,
describírtela con palabras, inútiles tantas veces.

Sentado, como te dije, en una de las rotas piedras,
trabajé en él toda la mañana, torné a emprender
mi tarea a la tarde, y permanecí absorto en mi
ocupación hasta que comenzó a faltar la luz.
Entonces, dejando a un lado el lápiz y la cartera,
tendí una mirada por el fondo de las solitarias
galerías y me abandoné a mis pensamientos.

El sol había desaparecido. Sólo turbaban el alto
silencio de aquellas ruinas el monótono rumor del
agua de la fuente, el trémulo murmullo del viento
que suspiraba en los claustros, y el temeroso y
confuso rumor de las hojas de los árboles que
parecían hablar entre sí en voz baja.

Mis deseos comenzaron a hervir y a levantarse
en vapor de fantasías.
Busqué a mi lado una mujer, una persona a
quien comunicar mis sensaciones. Estaba solo.
Entonces me acordé de esta verdad que había
leído en no sé qué autor:
«La soledad es muy hermosa... cuando se tiene
junto a alguien a quien decírselo».

No había aún concluido de repetir esta frase
célebre, cuando me pareció ver levantarse a mi
lado y de entre las sombras una figura ideal,
cubierta con una túnica flotante y ceñida la frente
de una aureola. Era una de las estatuas del
claustro derruido, una escultura que, arrancada
de su pedestal y arrimada al muro en que me había
recostado, yacía allí, cubierta de polvo y medio
escondida entre el follaje, junto a la rota losa de un
sepulcro y el capitel de una columna. Más allá, a lo
lejos y veladas por las penumbras y la oscuridad de
las extensas bóvedas, se distinguían confusa me
pareció ver levantarse a mi lado y de entre las
sombras una figura ideal, cubierta con una túnica
flotante y ceñida la frente de una aureola.


He aquí, exclamé, un mundo de piedra: fantasmas
inanimados de otros seres que han existido y cuya
memoria legó a las épocas venideras un siglo de
entusiasmo y de fe. Vírgenes solitarias, austeros
cenobitas, mártires esforzados que, como yo,
vivieron sin amores ni placeres; que, como yo,
arrastraron una existencia oscura y miserable,
solos con sus pensamientos y el ardiente corazón
inerte bajo el sayal, como un cadáver en su
sepulcro. Volví a fijarme en aquellas facciones
angulosas y expresivas; volví a examinar aquellas
figuras secas, altas, espirituales y serenas, y
proseguí diciendo: «¿Es posible que hayáis vivido
sin pasiones, ni temor, ni esperanzas, ni deseos?
¿Quién ha recogido las emanaciones de amor que,
como un aroma, se desprenderían de vuestras almas?
¿Quién ha saciado la sed de ternura que abrasaría
vuestros pechos en la juventud? ¿Qué espacios sin
límites se abrieron a los ojos de vuestros espíritus,
ávidos de inmensidad, al despertarse al
sentimiento...?» La noche había cerrado poco
a poco. A la dudosa claridad del crepúsculo había
sustituido una luz tibia y azul; la luz de la luna que,
velada un instante por los oscuros chapiteles de la
torre, bañó en aquel momento con un rayo plateado
los pilares de la desierta galería.

Entonces reparé que todas aquellas figuras, cuyas
largas sombras se proyectaban en los muros y en el
pavimento, cuyas flotantes ropas parecían moverse,
en cuyas demacradas facciones brillaba una expresión
de indescriptible, santo y sereno gozo, tenían sus
pupilas sin luz, vueltas al cielo, como si el escultor
quisiera semejar que sus miradas
se perdían en el infinito buscando a Dios.

A Dios, foco eterno y ardiente de hermosura,
al que se vuelve con los ojos, como a un polo
de amor, el sentimiento de la tierra.
Escritas en el El Contemporáneo el 23 de abril. 1861
Cartas III/ Bécquer
¿Qué es el amor?
A pesar del tiempo transcurrido creo que debes
acordarte de lo que te voy a referir.
La fecha en que aconteció, aunque no la
consigne la Historia, será siempre
una fecha memorable para nosotros.

Nuestro conocimiento sólo databa de algunos meses;
era verano y nos hallábamos en Cádiz.
El rigor de la estación no nos permitía pasear sino
al amanecer o durante la noche.
Un día..., digo mal, no día aún: la dudosa claridad
del crepúsculo de la mañana teñía de un vago azul
el cielo, la luna se desvanecía en el ocaso, envuelta
en una bruma violada, y lejos, muy lejos, en la
distante lontananza del mar, las nubes se coloraban
de amarillo y rojo, cuando la brisa, precursora de la
luz, levantándose del Océano, fresca e impregnada
en el marino perfume de las olas, acarició, al pasar,
nuestras frentes.

La Naturaleza comenzaba entonces a salir de su
letargo con un sordo murmullo. Todo a nuestro
alrededor estaba en suspenso y como aguardando
una señal misteriosa para prorrumpir en el gigante
himno de alegría de la creación que despierta.

Nosotros, desde lo alto de la fortísima muralla que
ciñe y defiende la ciudad, y a cuyos pies se rompen
las olas con un gemido, contemplábamos con avidez
el solemne espectáculo que se ofrecía a nuestros
ojos. Los dos guardábamos un silencio profundo,
y, no obstante, los dos pensábamos una misma cosa.

Tú formulaste mi pensamiento al decirme:

¿Qué es el sol?

En aquel momento, el astro, cuyo disco comenzaba a chispear en el límite del horizonte, rompió el seno de
los mares. Sus rayos se tendieron rapidísimos sobre
su inmensa llanura; el cielo, las aguas y la tierra se
inundaron de claridad, y todo resplandeció como si
un océano de luz se hubiese volcado sobre el mundo.

En las crestas de las olas, en los ribetes de las
nubes, en los muros de la ciudad, en el vapor
de la mañana, sobre nuestras cabezas, a nuestros
pies, en todas partes, ardía la pura lumbre del
astro y flotaba una atmósfera luminosa y
transparente, en la que nadaban encendidos
los átomos del aire.

Tus palabras resonaban aún en mi oído.-

¿Qué es el sol? me habías preguntado.

-Eso -respondí, señalándote su disco, que
volteaba oscuro y franjado de fuego en mitad de
aquella diáfana atmósfera de oro; y tu pupila y tu
alma se llenaron de luz, y en la indescriptible
expresión de tu rostro conocí que lo habías
comprendido.

Yo ignoraba la definición científica con que pude
responder a tu pregunta; pero, de todos modos,
en aquel instante solemne estoy seguro de que
no te hubiera satisfecho.

¡Definiciones! Sobre nada se han dado tantas
como sobre las cosas indefinibles. La razón es
muy sencilla: ninguna de ellas satisface,
ninguna es exacta, por lo cual cada cual se cree
con derecho para formular la suya.

¿Qué es el amor?
Con esa frase concluí mi carta de ayer, y con ella
he comenzado la de hoy. Nada me sería más fácil
que resolver, con el apoyo de una autoridad esta
cuestión que yo mismo me propuse al decirte que
es la fuente del sentimiento. Llenos están los libros
de definiciones sobre este punto. Las hay en griego
y en árabe, en chino y en latín, en copto y en ruso...
¿qué sé yo?, en todas las lenguas, muertas o vivas,
sabias o ignorantes, que se conocen. Yo he leído
algunas y me he hecho traducir otras. Después de
conocerlas casi todas, he puesto la mano sobre mi
corazón, he consultado mis sentimientos y no he
podido menos de repetir con Hamlet:
¡Palabras, palabras, palabras!

Por eso he creído más oportuno recordarte
una escena pasada que tiene alguna analogía
con nuestra situación presente, y decirte ahora
como entonces:

-¿Quieres saber lo que es el amor?
Recógete dentro de ti misma, y si es verdad lo
que abrigas en tu alma, siéntelo y lo comprenderás,
pero no me lo preguntes.

Yo sólo te podré decir que él es la suprema ley del
universo; ley misteriosa por la que todo se gobierna
y rige, desde el átomo inanimado hasta la criatura
racional; que de él parte y a él convergen, como
a un centro de irresistible atracción, todas nuestras
ideas y acciones; que está, aunque oculto, en el
fondo de toda cosa y efecto de una primera causa:
Dios es, a su vez, origen de esos mil pensamientos
desconocidos, que todos ellos son poesía verdadera
y espontánea que la mujer no sabe formular, pero
que siente y comprende mejor que nosotros.

Sí. Que poesía es, y no otra cosa, esa aspiración
melancólica y vaga que agita tu espíritu con el
deseo de una perfección imposible.

Poesía, esas lágrimas involuntarias que tiemblan
un instante en tus párpados, se desprenden en
silencio, ruedan y se evaporan como un perfume.

Poesía, el gozo improviso que ilumina tus
facciones con una sonrisa suave, y cuya oculta
causa ignoras dónde está.

Poesía son, por último, todos esos fenómenos
inexplicables que modifican el alma de la mujer
cuando despierta al sentimiento y la pasión.

¡Dulces palabras que brotáis del corazón,
asomáis al labio y morís sin resonar apenas,
mientras que el rubor enciende las mejillas!
¡Murmullos extraños de la noche, que imitáis
los pasos del amante que se espera!
¡Gemidos del viento, que fingís una voz querida
que nos llama entre las sombras!
¡Imágenes confusas, que pasáis cantando una
canción sin ritmo ni palabras, que sólo percibe
y entiende el espíritu! ¡Febriles exaltaciones de
la pasión, que dais colores y formas a las ideas
más abstractas! ¡Presentimientos incomprensibles,
que ilumináis como un relámpago nuestro porvenir!
¡Espacios sin límites, que os abrís ante los ojos del
alma, ávida de inmensidad, y la arrastráis a vuestro
seno, y la saciáis de infinito! ¡Sonrisas, lágrimas,
suspiros y deseos, que formáis el misterioso
cortejo del amor! ¡Vosotros sois la poesía, la
verdadera poesía que puede encontrar un eco,
producir una sensación o despertar una idea!

Y todo este tesoro inagotable de sentimiento,
todo este animado poema de esperanzas y de
abnegaciones, de sueños y de tristezas, de alegrías
y lágrimas, donde cada sensación es una estrofa,
y cada pasión, un canto, todo está contenido
en vuestro corazón de mujer.

Un escritor francés ha dicho, juzgando a un músico
ya célebre, el autor de Tannhauser: Es un hombre
de talento, que hace todo lo posible por disimularlo,
pero que a veces no lo puede conseguir y, a su
pesar, lo demuestra.

Respecto a la poesía de vuestras almas,
puede decirse lo mismo.

Pero, ¡qué!,
¿frunces el ceño y arrojas la carta?...
¡Bah! No te incomodes...
Sabes de una vez y para siempre que, tal como
os manifestáis, yo creo, y conmigo lo creen todos,
que las mujeres son la poesía del mundo.