6 jun. 2010

Besos

Un relámpago apenas/Blas de Otero, poeta
Besas como si fueses a comerme.
Besas besos de mar, a dentelladas.
Las manos en mis sienes y abismadas
nuestras miradas. Yo, sin lucha, inerme,
me declaro vencido, si vencerme
es ver en ti mis manos maniatadas.
Besas besos de Dios. A bocanadas
bebes mi vida. Sorbes. Sin dolerme,
tiras de mi raíz, subes mi muerte
a flor de labio. Y luego, mimadora,
la brisas y la rozas con tu beso.
Oh Dios, oh Dios, oh Dios, si para verte
bastara un beso, un beso que se llora
después, porque, ¡oh, por qué!, no basta eso.

Blas de Otero

El Libro de la Semana
La serenidad lúcida de Blas de Otero
MANUEL RICO
Babelia, 5/06/2010;
Hojas de Madrid con La galerna, editado por Sabina de la Cruz, viuda del poeta, se revela como un libro mayor. Los poemas, en su mayoría inéditos, fueron escritos entre 1968 y 1977
Más de treinta años después de la muerte del poeta bilbaíno, acaso el más hondo y exigente de su generación, aparece, como antesala de la próxima publicación de la poesía completa, su tan esperado libro inédito Hojas de Madrid con La galerna con prólogo de Mario Hernández y edición de Sabina de la Cruz, viuda del poeta y profunda conocedora de su obra. Al hablar de libro inédito es obligado hacer algunas precisiones: se trata de dos poemarios en un solo volumen; casi la mitad de los 306 poemas que lo integran han sido publicados, en las últimas tres décadas, en revistas, antologías y recopilaciones varias; el resto "han permanecido rigurosamente inéditos hasta hoy", tal y como subraya Sabina de la Cruz en su nota previa. La ordenación, decidida por la propia Sabina, es cronológica, puesto que Blas de Otero siempre fechaba cada poema. Ello no obsta para que Hojas de Madrid con La galerna sea, en su condición de libro, de propuesta global, una obra inédita. No compuesta, como pudiera pensarse, por materiales sobrantes, prescindibles, sino por textos a la altura de lo mejor de su autor, de un altísimo nivel y de una madurez serena y contagiosa, casi perturbadora, que mira a César Vallejo, a Machado, al Alberti del exilio, a Nazim Hikmet, a Rimbaud entre otros. Acaso quepa objetar a su edición la falta de un índice que informe al lector de qué poemas son rigurosamente inéditos y cuáles y dónde fueron publicados el resto.
Todos ellos fueron escritos entre julio de 1968 y mayo de 1977, años de tránsito a la democracia, y de esa peripecia existencial habla la primera parte (el primer libro), Hojas de Madrid. La integran poemas apegados al tiempo histórico, en los que las urgencias de un compromiso construido desde su nunca negada militancia comunista se ven cruzadas por un hondo deseo de serenidad, por un impulso vitalista, de gozo de lo cotidiano, de recuperación de la memoria de la niñez y de reconciliación con los paisajes y escenarios de la juventud. Todo ello, atravesado por la experiencia de un amor renovado, por la conciencia de la enfermedad (fue operado de un tumor pulmonar) y por la presencia de la muerte. La primera sección de Hojas la constituyen poemas compuestos en Madrid, recién llegado de Cuba, en el proceso de adaptación a una realidad nueva. En la segunda, será el viaje a Bilbao, la recuperación del mar y de los paisajes de la infancia y los amigos. Las dos últimas secciones nos muestran a un Blas de Otero muy poco conocido: una poesía intimista (aunque siempre con ventanas a lo colectivo), sencilla y culta a la vez, una poesía de lo cotidiano, en la que el amor, la casa y sus rincones, un raro fervor doméstico, juegan un papel esencial. Un aire de sosiego, cierto distanciamiento irónico que bromea con la tradición y una madurez vital hija de los más duros años de la dictadura encuentran cauce en una lírica de gran tensión expresiva y formalizada, siempre con eficacia y originalidad, mediante las más diversas opciones (sonetos de una difícil e innovadora perfección, verso libre de tono conversacional, casi prosaico, juegos vanguardistas, poemas breves de factura clásica, canciones populares o con ecos de la lírica medieval). En La galerna encontramos la crónica poetizada de los estados depresivos del poeta durante los años 1973 y 1974. Aunque la mayor parte de los poemas trata de la intimidad más honda, de la pugna de Blas de Otero con una realidad hostil, dura, condicionante de sus equilibrios emocionales, el poeta no abandona la ironía, ni la reflexión sobre la poesía como bálsamo para las heridas propias y ajenas (la enfermedad, el niño perdido, Vietnam, Camboya), sobre la moralidad del poema y el misterio de la escritura y sobre su experiencia viajera, casi nómada, durante dos décadas. Es una poesía moderna en su acepción más profunda, una poesía directa que no desdeña el experimento y que bebe de la complejidad del yo, que tiene algo de trastienda íntima, de recámara del libro Hojas de Madrid y en la que experimenta y juega con el lenguaje a pesar de los estados depresivos que la originan. Si la tardanza en la aparición de este libro generó no poca desconfianza respecto a su contenido, llevando a pensar que los mejores poemas estaban ya publicados en revistas y antologías, su lectura desmiente de modo radical esa sospecha. Estamos ante un libro mayor, ante uno de los más importantes poemarios publicados en lo que va de siglo.

Benedicto XVI en Chipre

Benedicto XVI auguró este domingo, durante su viaje apostólico a Chipre, que los cristianos de Oriente Medio vean respetados sus derechos, incluidos los de la libertad religiosa y de culto, y que las tensiones que sacuden a la región puedan desaparecer.
Lo afirmó al entregar el Instrumentum Laboris (documento de trabajo) a cada uno de los miembros del Consejo Especial para Oriente Medio del Sínodo de los Obispos, al terminar la celebración eucarística en el Palacio de los Deportes Eleftheria de Nicosia.
El Papa les dio las gracias “por todo el trabajo que se ha hecho ya en previsión de la Asamblea Sinodal”, prevista en el Vaticano entre el 10 y el 24 de octubre próximos, sobre el tema “La Iglesia católica en Oriente Medio: Comunión y testimonio. 'La multitud de los creyentes tenían un solo corazón y una sola alma' (Hch, 4, 32)”, y prometió el apoyo de su oración mientras se entra en la fase final de la preparación del acontecimiento.
Después subrayó que Oriente Medio ocupa “un lugar especial en el corazón de todos los cristianos, desde el momento en que fue precisamente allí donde Dios se dio a conocer a nuestros padres en la fe”.
Desde allí “el mensaje del Evangelio se ha difundido en todo el mundo, pero los cristianos de todo lugar siguen mirando a Oriente Medio con especial reverencia, a causa de los profetas y de los patriarcas, de los apóstoles y de los mártires, a los que debemos tanto, a los hombres y a las mujeres que escucharon la palabra de Dios, dieron testimonio de ella y nos la entregaron a nosotros, que pertenecemos a la gran familia de la Iglesia”.
Como señaló el Papa, la Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos para Oriente Medio “intentará profundizar en los vínculos de comunión” entre los miembros de las Iglesias locales y “la comunión de las propias Iglesias entre sí y con la Iglesia universal”.
De la misma forma, añadió, la Asamblea desea animar a los fieles de la región mediooriental en el testimonio de la fe en Cristo que dan “en los países donde la fe nació y creció”.
Sínodo de la esperanza
Benedicto XVI reconoció que los fieles de Oriente Medio “sufren grandes pruebas debido a la situación actual de la región”.
En este contexto, el Sínodo “supone una ocasión para los cristianos del resto del mundo de ofrecer un apoyo espiritual y una solidaridad hacia sus hermanos y hermanas de Oriente Medio” y para “subrayar el importante valor de la presencia y del testimonio cristianos en los países de la Biblia”.
“Vosotros contribuis de muchas formas al bien común, por ejemplo a través de la educación, el cuidado de los enfermos y la asistencia social, y trabajáis por la construcción de la sociedad”, dijo el Papa a los presentes. “Deseáis vivir en paz y armonía con vuestros vecinos judíos y musulmanes. A menudo actuáis como artesanos de la paz en el difícil proceso de reconciliación”.


“Merecéis reconocimiento por el papel inestimable que desempeñáis”, subrayó.


“Tengo la firme esperanza de que vuestros derechos sean cada vez más respetados, incluyendo el derecho a la libertad de culto y la libertad religiosa, y que no sufráis nunca más discriminaciones de ningún tipo”.


El Papa mostró su confianza en que el próximo Sínodo “ayude a volver la atención de la comunidad internacional sobre la condición de los cristianos de Oriente Medio, que sufren a causa de su fe, para que se puedan encontrar soluciones justas y duraderas a los conflictos que causan tantos sufrimientos”.


De la misma forma, quiso reafirmar con fuerza su “llamamiento personal por un esfuerzo internacional urgente y concertado para resolver las tensiones que permanecen en Oriente Medio, especialmente en Tierra Santa, antes de que estos conflictos lleven a un mayor derramamiento de sangre”.


Monseñor Padovese


El Papa subrayó también el deber de recordar a monseñor Luigi Padovese, Vicario apostólico de Anatolia, asesinado por su chófer en la vigilia de la llegada del Pontífice a Chipre y que, como Presidente de la Conferencia Episcopal Turca, contribuyó a la preparación del Instrumentum Laboris.


“La noticia de su muerte repentina y trágica, sucedida el jueves, nos sorprendió y afectó a todos nosotros”, confesó.


“Confío su alma a la misericordia de Dio omnipotente, recordando cuánto se comprometió, especialmente como obispo, por la mutua comprensión en el ámbito interreligioso y cultural y por el diálogo entre las Iglesias”.


“Su muerte es un recuerdo aleccionador de la vocación que compartimos todos los cristianos, de ser valientes testigos, en toda circunstancia, de lo que es bueno, noble y justo”.
La Eucaristía, elemento unificador de la Iglesia, afirma el Papa
Presidió la Misa en el Palacio de los Deportes “Eleftheria” de Nicosia
NICOSIA, domingo 6 de junio de 2010 (ZENIT.org).- Celebrando hoy domingo por la mañana la Misa en el Palacio de los Deportes Eleftheria de Nicosia, la capital de Chipre, Benedicto XVI subrayó la importancia de la Eucaristía, recordando que cuantos se nutren de ella “son congregados por el Espíritu Santo en un solo cuerpo para formar un único pueblo santo de Dios”.


La celebración tuvo lugar con ocasión de la publicación del Instrumentum Laboris de la Asamblea Especial para Oriente Medio del Sínodo de los Obispos, que tendrá lugar en el Vaticano del 10 al 24 del próximo octubre.


Participaron en la Misa los patriarcas y los obispos católicos de Oriente Medio, con representaciones de sus respectivas comunidades. Estaba presente también Su Beatitud Crisóstomo II, arzobispo de Nueva Justiniana y de toda Chipre, muy activo en el campo ecuménico.


El Palacio de los Deportes, que tiene una capacidad de casi 7.000 espectadores, estaba abarrotado. Muchos fieles siguieron la celebración desde el exterior, donde se habían colocado numerosas sillas para acoger a cuantos no consiguieron entrar en el edificio.


El Papa se dijo “feliz de tener esta oportunidad de celebrar la Eucaristía junto con tantos fieles de Chipre, una tierra bendecida por el trabajo apostólico de san Pablo y san Bernabé”, y saludó a todos los presentes “con gran afecto”, dando las gracias “por la hospitalidad y por la generosa acogida” que le fueron reservadas.


En particular, saludó a los inmigrantes filipinos y de Sri Lanka y a las demás comunidades de inmigrantes “que formar un significativo grupo en la población católica” de Chipre, casi 10.000 fieles en una población de casi un millón de habitantes.


“Rezo para que vuestra presencia aquí pueda enriquecer la actividad y el culto de las parroquias a las que pertenecéis, y que a vuestra vez podáis obtener el apoyo espiritual de la antigua herencia cristiana de la tierra que habéis elegido como vuestra casa”, dijo el Papa.


La solemnidad del Corpus Domini


Recordando que la Iglesia celebraba este domingo la solemnidad del Cuerpo y Sangre de Cristo, el Papa observó que el nombre dado a esta fiesta en Occidente, Corpus Domini (Corpus Christi), se usa en la tradición de la Iglesia para indicar “tres realidades distintas: “el cuerpo físico de Jesús, nacido de la Virgen María, su cuerpo eucarístico, el pan del cielo que nos nutre en este gran sacramento, y su cuerpo eclesial, la Iglesia”.


Reflexionando sobre estos diversos aspectos, indicó, “llegamos a una más profunda comprensión del misterio de la comunión que une a todos aquellos que pertenecen a la Iglesia”: “todos aqyellos que s nutren del cuerpo y sangre de Cristo en la Eucaristía son congregados por el Espíritu Santo en un solo cuerpo para formar el único pueblo santo de Dios”.


“Así como el Espíritu Santo descendió sobre los Apóstoles en el Cenáculo de Jerusalén, el mismo Espíritu Santo actúa en cada celebración de la Misa con un doble objetivo: santificar los dones del pan y del vino para que se conviertan en el cuerpo y la sangre de Cristo, y llenar a aquellos que se nutren de estos santos dones para que puedan llegar a ser un solo cuerpo y un solo espíritu en Cristo”.


San Agustín, observó el Papa, “explica de forma magnífica este proceso”, recordando que “el pan no está preparado a partir de uno, sino de numerosos granos de trigo”. El proceso que une y transforma los granos aislados en un solo pan “presenta una imagen sugestiva de la acción unificadora del Espíritu Santo sobre los miembros de la Iglesia, realizada de forma eminente a través de la celebración de la Eucaristía. Aquellos que toman parte en este gran sacramento se convierten en el Cuerpo eclesial de Cristo cuando se nutren de su Cuerpo eucarístico”.


“Cada uno de nosotros que pertenecemos a la Iglesia necesitamos salir del mundo cerrado de la propia individualidad y aceptar la compañía de aquellos que comparten el pan con él”, señalço Benedicto XVI. “Abatir las barreras entre nosotros y nuestros vecinos es la primera premisa para entrar en la vida divina a la que somos llamados”.


Unidad


Como en las primeras comunidades cristianas, subrayó, también nosotros hoy somos llamados “a ser un solo corazón y una sola alma, profundizando nuestra comunión con el Señor y entre nosotros, y ser sus testigos ante el mundo”.


“Somos llamados a superar nuestras diferencias, a llevar paz y reconciliación donde hay conflictos, a ofrecer al mundo un mensaje de esperanza. Somos llamados a extender nuestra atención a los necesitados, compartiendo generosamente nuestros bienes terrenos con aquellos que son menos afortunados que nosotros”.


De la misma forma, “somos llamados a proclamar incesantemente la muerte y resurrección del Señor, hasta que vuelva”.


En su saludo al Papa antes de la celebración, el arzobispo maronita de Chipre, Youssef Soueif, le agradeció calurosamente por la “misión de amor” que lleva a cabo “a nivel internacional”.


Chipre, recordó, es un “puente entre Orinte Medio y Europa”, un espacio de diálogo entre las culturas que puede contribuir a la mejora de las relaciones internacionales y entre las religiones.


Tras la homilía del Papa, tomó la palabra también el arzobispo Nikola Eterović, Secretario General del Sínodo de los Obispos, que rcordó que en la cita de octubr se pedirá “la gracia de volver a dar un dinamismo pastoral” a las Iglesias de Oriente Medio, para que puedan llevar adelante su “misión providencial”.


Se rezará también para que estas Iglesias puedan “comprometerse cada vez más en la evangelización y en la promoción humana”, en colaboración con las otras dos grandes religiones monoteístas, el judaísmo y el islam.


Por Roberta Sciamplicotti, traducción del italiano por Inma Álvarez


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El Papa propone verdad y reconciliación para lograr la unidad de Chipre
Al despedirse de la isla, ratifica el compromiso ecuménico y de diálogo con el Islam
LARNACA, domingo 6 de junio de 2010 (ZENIT.org). - Al despedirse de Chipre, Benedicto XVI presentó en la tarde de este domingo la verdad y la reconciliación como las dos claves que permitirán un futuro de unidad para Chipre.


En la ceremonia de despedida, que tuvo lugar en el aeropuerto internacional de Larnaca, en presencia del presidente de Chipre, Demetris Christofias, el Papa confirmó asimismo el compromiso de la Iglesia católica para buscar la unidad plena con las Iglesias ortodoxas y el diálogo con los creyentes en el Islam.


Al concluir la primera visita de un obispo de Roma a esta isla, que había comenzado el 4 de junio, el Papa afrontó la separación que vive Chipre, con el norte de la isla ocupado por Turquía desde 1974.


El mismo pontífice ha sido testigo de esta división, pues en estos días ha dormido en la nunciatura apostólica, que se encuentra en la "línea verde" o zona de separación entre las dos partes de la isla, bajo control del contingente de las Naciones Unidas.


"He podido ver personalmente algo de la triste división de la isla, así como darme cuenta de la pérdida de una parte significativa de una herencia cultural que pertenece a toda la humanidad", reconoció.


"He podido también escuchar a los chipriotas del norte que querrían regresar en paz a sus casas y a sus lugares de culto, y he quedado profundamente impresionado por sus peticiones", añadió.


Para el Papa, "la verdad y la reconciliación, junto al mutuo respeto, son el fundamento más sólido para un futuro de unidad y de paz para esta isla y para la estabilidad y prosperidad de todos sus habitantes".


Reconociendo que "en los años pasados, se ha logrado algo muy positivo a través de un diálogo concreto, a pesar de que falta todavía mucho por hacer para superar las divisiones", el Papa alentó a los chipriotas a "trabajar con paciencia y constancia con vuestros vecinos para construir un futuro mejor y más seguro para vuestros hijos".


Diálogo ecuménico y con el Islam


Agradeciendo la acogida dispensada por Crisóstomos II, arzobispo ortodoxo de Chipre, confesión a la que pertenece el 81,5% de la población, el sucesor de Pedro confío en que su visita pueda dar un paso más "en el largo camino que fue abierto con el abrazo en Jerusalén", en 1964, entre el entonces patriarca ecuménico de Constantinopla, Atenágoras, el papa Pablo VI.


A raíz de este encuentro se acordó en 1965 la revocación de los decretos de excomunión mutua lanzados en 1054 y que darían lugar al cisma de separación de las Iglesias ortodoxas de Roma.


"Hemos recibido un llamamiento divino a ser hermanos, a caminar uno al lado del otro en la fe, con humildad, ante Dios omnipotente, y con inseparables lazos de afecto mutuo", subrayó.


Por eso, aseguró "que la Iglesia católica, con la gracia de Dios, se comprometerá para alcanzar el objetivo de la perfecta unidad en la caridad, a través de una estima más profunda por lo más querido para católicos y ortodoxos".


Por último, expresó su esperanza de que juntos, "cristianos y musulmanes, se conviertan en levadura de paz y reconciliación entre los chipriotas, lo que se convertirá en ejemplo para los demás países".


La ceremonia de despedida concluyó como había comenzado la visita, con la bendición de un árbol de olivo, símbolo de la paz.


A continuación subió abordo del avión,un A320 de la Cyprus Airways, que le llevaría de regreso a Roma
***
del Papa durante el rezo del Ángelus
NICOSIA, domingo 6 de junio de 2010 (ZENIT.org).- Ofrecemos a continuación el breve discurso que el Papa Benedicto XVI pronunció al introducir el rezo del Ángelus, hoy con la multitud reunida en el Palacio de los Deportes Eleftheria de Nicosia.


* * * * *












Queridos hermanos y hermanas en Cristo,


A la hora del mediodía es tradición de la Iglesia dirigirse en oración a la Santísima Virgen, recordando con alegría su pronta aceptación de la invitación del Señor a ser la madre de Dios. Era una invitación que la llenó de temor, que uno apenas podía siquiera comprender. Era una señal de que Dios la había elegido, su humilde esclava, a cooperar con él en su obra de salvación. ¡Cómo nos alegramos de la generosidad de su respuesta! A través de su "sí", la esperanza de milenios se convirtió en realidad, Aquel a quien Israel había esperado vino al mundo, en nuestra historia. De él el ángel prometió que su reino no tendrá fin (cf. Lc 1,33).


Unos treinta años más tarde, cuando María estaba llorando a los pies de la cruz, debe haber sido duro mantener esa esperanza viva. Las fuerzas de la oscuridad parecían haber ganado la partida. Y, sin embargo, en el fondo, ella habría recordado las palabras del ángel. Incluso en medio de la desolación del Sábado Santo, la certeza de la esperanza la llevó adelante hacia el gozo de la mañana de Pascua. Y así nosotros, sus hijos, vivimos en la misma esperanza confiada en que el Verbo hecho carne en el seno de María nunca nos abandonará. Él, el Hijo de Dios e Hijo de María, fortalece la comunión que nos une, de manera que podamos dar testimonio de Él y del poder de su amor curativo y reconciliador. Imploremos ahora a María nuestra Madre que interceda por todos nosotros, por el pueblo de Chipre, y por la Iglesia en todo el Oriente Medio, con Cristo, su Hijo, el Príncipe de la Paz.










* * *










Quisiera ahora decir unas pocas palabras en polaco en la feliz ocasión de la beatificación hoy de Jerzy Popiełuszko, sacerdote y mártir.


[En polaco]


Envío un cordial saludo a la Iglesia en Polonia que se regocija hoy por la elevación a los altares del padre Jerzy Popieluszko. Su celoso servicio y su martirio son un signo especial de la victoria del bien sobre el mal. Que su ejemplo y su intercesión nutran el celo de los sacerdotes e inflame a los fieles con el amor.


[Traducción del original en inglés por Inma Álvarez


© Copyright 2010 - Libreria Editrice Vaticana]


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Documentación


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Discurso de despedida de Benedicto XVI de Chipre
Paz y reconciliación para la isla
LARNACA, domingo 6 de junio de 2010 (ZENIT.org). - Publicamos el discurso que pronunció Benedicto XVI este domingo en la ceremonia de despedida de Chipre, que tuvo lugar en n el Aeropuerto Internacional de Larnaca.





* * *
[En inglés:]

Señor presidente,

autoridades,

señoras y señores:


Ha llegado el momento de dejaros, después de mi breve pero fecundo viaje apostólico a Chipre.

Señor presidente, le doy gracias por las gentiles palabras que me ha dirigido y le expreso con gusto mi gratitud por todo lo que usted ha hecho, así como a su gobierno y a las autoridades civiles y militares, que han permitido que mi visita sea un memorable éxito.

Al dejar vuestra tierra, al igual que hicieron muchos peregrinos antes, vuelvo a recordar que el Mediterráneo está conformado por un rico mosaico de pueblos con sus propias culturas y belleza, con su calidez y humanidad. A pesar de esta realidad, el Mediterráneo oriental, al mismo tiempo, conoce el conflicto y el derramamiento de sangre, como hemos visto trágicamente en los últimos días. Redoblemos nuestros esfuerzos para construir una paz real y duradera para todos los pueblos de la región.

Junto a este objetivo general, Chipre puede desempeñar un papel particular en la promoción del diálogo y la cooperación. Si os comprometéis con paciencia a favor de la paz de vuestros hogares y a favor de la prosperidad de vuestros vecinos, os prepararéis para escuchar y comprender todos los aspectos de muchas cuestiones complejas, y para ayudar a los pueblos a llegar a una mayor comprensión mutua. El camino que estáis recorriendo es visto con gran interés y esperanza por la comunidad internacional y constato con satisfacción todos los esfuerzos realizados para favorecer la paz en vuestro pueblo y en toda la isla de Chipre.

Al dar gracias a Dios por estos días que han sido testigos del primer encuentro de la comunidad católica de Chipre con el sucesor de Pedro en vuestra tierra, recuerdo con gratitud mis encuentros con las demás autoridades cristianas, en particular a Su Beatitud Crisóstomos II, a quienes doy las gracias por su acogida fraternal. Espero que mi visita pueda ser un paso más en el largo camino que fue abierto con el abrazo en Jerusalén del entonces patriarca Atenágoras y mi venerable predecesor el papa Pablo VI. Sus primeros pasos proféticos nos indicaron el camino que también nosotros tenemos que recorrer. Hemos recibido un llamamiento divino a ser hermanos, a caminar uno al lado del otro en la fe, con humildad, ante Dios omnipotente, y con inseparables lazos de afecto mutuo. Al invitar a los fieles a cristianos a seguir por este camino, deseo asegurarles que la Iglesia católica, con la gracia de Dios, se comprometerá para alcanzar el objetivo de la perfecta unidad en la caridad, a través de una estima más profunda por lo más querido para católicos y ortodoxos

Dejad que exprese una vez más mi sincera esperanza y oración para que juntos, cristianos y musulmanes, se conviertan en levadura de paz y reconciliación entre los chipriotas, lo que se convertirá en ejemplo para los demás países.

Por último, señor presidente, permítame alentarle a usted y a su gobierno en vuestra elevada responsabilidad. Como bien sabéis, entre vuestras tareas más importantes se encuentra la de asegurar la paz y la seguridad a todos los chipriotas. Al haberme alojado en estos últimos días en la nunciatura apostólica, que se encuentra en la zona de separación bajo el control de las Naciones Unidas, he podido ver personalmente algo de la triste división de la isla, así como darme cuenta de la pérdida de una parte significativa de una herencia cultural que pertenece a toda la humanidad. He podido también escuchar a los chipriotas del norte que querrían regresar en paz a sus casas y a sus lugares de culto, y he quedado profundamente impresionado por sus peticiones. Ciertamente, la verdad y la reconciliación, junto al mutuo respeto, son el fundamento más sólido para un futuro de unidad y de paz para esta isla y para la estabilidad y prosperidad de todos sus habitantes. En los años pasados, se ha logrado algo muy positivo a través de un diálogo concreto, si bien falta todavía mucho por hacer para superar las divisiones. Permítame que le aliente a usted y a sus compatriotas a trabajar con paciencia y constancia con vuestros vecinos para construir un futuro mejor y más seguro para vuestros hijos. En este compromiso, puede estar seguro de mis oraciones por la paz de todo Chipre.

[En griego:]
Señor presidente, queridos amigos, con estas breves palabras me despido de vosotros. Gracias y que la Santísima Trinidad y la Virgen Santa os bendigan siempre. ¡Adiós! ¡Que la paz esté con vosotros!




[Traducción realizada por Jesús Colina
©Libreria Editrice Vaticana]

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Discurso del Papa en la catedral maronita de Nicosia
NICOSIA, domingo 6 de junio de 2010 (ZENIT.org).- Ofrecemos a continuación el discurso que el Papa Benedicto XVI pronunció hoy en la catedral maronita de Nuestra Señora de las Gracias de Nicosia, ante la comunidad maronita de Chipre y el Comité organizador de la visita.

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Queridos hermanos y hermanas en Cristo,

Estoy muy contento de hacer esta visita a la catedral de Nuestra Señora de las Gracias. Agradezco a Monseñor Youssef Soueif por las amables palabras de bienvenida en nombre de la comunidad maronita de Chipre, y saludo os cordialmente a todos vosotros con las palabras del Apóstol: ¡"Gracia a vosotros y paz de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo" (1 Co 1,3)!

Al visitar este edificio, en mi corazón hago una peregrinación espiritual a cada iglesia maronita de la isla. Estad seguros de que, movido por la solicitud de un padre, estoy cerca de todos los fieles de estas antiguas comunidades.

Esta iglesia catedral, de alguna manera, representa la muy larga y rica – y a veces turbulenta – historia de la comunidad maronita en Chipre. Los maronitas llegaron a estas costas en distintos momentos a lo largo de los siglos, y con frecuencia han tenido dificultades para permanecer fieles a su herencia cristiana particular. Sin embargo, a pesar de que su fe se está probando como el oro en el fuego (cf. 1 P 1,7), se han mantenido constantes en la fe de sus padres, una fe que ahora ha pasado a vosotros, los chipriotas maronitas de hoy. Os insto a que atesoreis esta herencia, este precioso regalo.

Este edificio de la catedral también nos recuerda una verdad espiritual importante. San Pedro nos dice que los cristianos somos las piedras vivas que se están "siendo edificadas como casa espiritual, para un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por Jesucristo" (1 Pe 2,4-5). Junto con los cristianos de todo el mundo, somos parte de ese gran templo que es el Cuerpo Místico de Cristo. Nuestra adoración espiritual, ofrecida en muchas lenguas, en muchos lugares y en una hermosa variedad de liturgias, es una expresión de la única voz del pueblo de Dios, unido en alabanza y acción de gracias a él y en permanente comunión con los demás. Esta comunión, que nos es tan querida, nos impulsa a llevar la Buena Nueva de nuestra vida nueva en Cristo a toda la humanidad.

[En griego]

Este es el encargo que os dejo hoy: rezo para que vuestra Iglesia, en unión con todos sus pastores y con el obispo de Roma, pueda crecer en santidad, en fidelidad al Evangelio y en el amor por el Señor y por el otro.

[En inglés]

Encomendándoos a vosotros y a vuestras familias, y especialmente a vuestros queridos hijos a la intercesión de san Marón, os imparto a todos de buen grado mi bendición apostólica.

[Traducción del original el inglés por Inma Álvarez

© Copyright 2010 - Libreria Editrice Vaticana]









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Discurso del Papa en la entrega del “Instrumentum laboris”
En el Palacio de Deportes de Nicosia
NICOSIA, domingo 6 de junio de 2010 (ZENIT.org).- Ofrecemos a continuación el discurso que el Papa dirigió hoy a los patriarcas y obispos católicos de Oriente Medio, al entregarles el Instrumentum Laboris de la próxima Asamblea Especial del Sínodo, en el Palacio de los Deportes Eleftheria de Nicosia.

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[En inglés]

Queridos hermanos y hermanas en Cristo,

Doy las gracias al arzobispo Eterović por sus amables palabras, y renuevo mi saludo a todos vosotros que habéis venido aquí en relación con el lanzamiento de la próxima Asamblea Especial para Oriente Medio del Sínodo de los Obispos. Os doy las gracias por todo el trabajo que se ha logrado ya en previsión de la Asamblea sinodal, y yo os prometo la ayuda de mis oraciones al entrar en esta fase final de preparación.

Antes de comenzar, es de lo más oportuno recordar al difunto obispo Luigi Padovese, quien, como presidente de los obispos católicos de Turquía, contribuyó a la preparación del Instrumentum Laboris que hoy os entrego. La noticia de su muerte imprevista y trágica el jueves nos sorprendió y conmocionó a todos nosotros. Confío su alma a la misericordia de Dios todopoderoso, consciente cuán comprometido estaba, sobre todo como obispo, en el entendimiento entre religiones y culturas, y en el diálogo entre las Iglesias. Su muerte es un recuerdo aleccionador de la vocación que compartimos todos los cristianos, de ser valientes testigos, en toda circunstancia, de lo que es bueno, noble y justo.

El lema elegido para la Asamblea nos habla de comunión y testimonio, y nos recuerda cómo los miembros de la comunidad cristiana primitiva "tenían un solo corazón y alma". En el centro de unidad de la Iglesia está la Eucaristía, don inestimable de Cristo a su pueblo y centro de nuestra celebración litúrgica de hoy en esta Solemnidad del Cuerpo y de la Sangre del Señor. Así que no deja de ser significativa que la fecha elegida para entregar el Instrumentum laboris de la Asamblea especial haya sido hoy.

El Oriente Medio tiene un lugar especial en los corazones de todos los cristianos, ya que fue allí donde en primer lugar Dios se dio a conocer a nuestros padres en la fe. Desde el momento en que Abraham salió de Ur de los caldeos en obediencia a la llamada del Señor, hasta la muerte y resurrección de Jesús, la obra salvadora de Dios se ha cumplido a través de determinadas personas y pueblos en vuestra tierra natal. Desde entonces, el mensaje del Evangelio se ha extendido por todo el mundo, pero los cristianos en todas partes continúan mirando a Oriente Medio con especial reverencia, a causa de los profetas y patriarcas, apóstoles y mártires a quienes tanto debemos, los hombres y las mujeres que escucharon la palabra de Dios, dieron testimonio de ella, y nos la entregaron a nosotros que pertenecemos a la gran familia de la Iglesia.

[En francés]

La Asamblea Especial del Sínodo de los obispos, convocada a petición vuestra, intentará profundizar en los lazos de comunión entre los miembros de vuestras Iglesias locales, como también en la comunión de estas mismas Iglesias entre sí y con la Iglesia universal. Esta Asamblea desea también animaros en el testimonio de vuestra fe en Cristo, que vosotros dais en los países donde esta fe nació y creció. Es además conocido que algunos entre vosotros sufren grandes pruebas debidas a la situación actual de la región. La Asamblea Especial es una ocasión para los cristianos del resto del mundo de ofrecer un apoyo espiritual y una solidaridad por sus hermanos y hermanas de Oriente Medio. Es una ocasión para poner de relieve el valor importante de la presencia y del testimonio cristianos en los países de la Biblia, no sólo para la comunidad cristiana a nivel mundial, sino igualmente para vuestros vecinos y conciudadanos. Vosotros contribuis de innumerables formas al bien común, por ejemplo a través de la educación, el cuidado de los enfermos y la asistencia social, y trabajéis por la construcción de la sociedad. Deseáis vivir en paz y armonía con vuestros vecinos judíos y musulmanes. A menudo actuáis como artesanos de la paz en el difícil proceso de reconciliación. Merecéis reconocimiento por el papel inestimable que desempeñáis. Es mi firme esperanza que vuestros derechos sean siempre respetados, incluido el derecho a la libertad de culto y la libertad religiosa, y que no sufráis nunca más discriminaciones de ningún tipo.

[En inglés]

Rezo para que la labor de la Asamblea especial ayude a centrar la atención de la comunidad internacional sobre la difícil situación de los cristianos en el Oriente Medio, que sufren por sus creencias, de modo que se puedan encontrar soluciones justas y duraderas a los conflictos que causan tantas penalidades. En este grave asunto, reitero mi llamamiento personal a un esfuerzo internacional urgente y concertado para resolver las tensiones actuales en el Oriente Medio, especialmente en Tierra Santa, antes de que estos conflictos conduzcan a un mayor derramamiento de sangre.

Con estos pensamientos, os presento ahora el texto del Instrumentum laboris de la Asamblea Especial para Oriente Medio del Sínodo de los Obispos. ¡Que Dios bendiga abundantemente vuestro trabajo! ¡Que Dios bendiga a todos los pueblos del Oriente Medio!

[Traducción del original inglés y francés por Inma Álvarez

© Copyright 2010 - Libreria Editrice Vaticana]









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Homilía del Papa en la Misa del Palacio de los Deportes de Nicosia
NICOSIA, domingo 6 de junio de 2010 (ZENIT.org).- Ofrecemos a continuación la homilía pronunciada hoy por el Papa Benedicto XVI durante la Misa celebrada en el Palacio de los Deportes Eleftheria de Nicosia, junto con los patriarcas y obispos católicos de Oriente Medio, y con la participación del arzobispo ortodoxo de Chipre, Crisóstomo II.

* * * * *

[En inglés]

Queridos hermanos y hermanas en Cristo,

Saludo con alegría a los Patriarcas y obispos de las diversas comunidades eclesiales de Oriente Medio que han venido a Chipre para esta ocasión, y doy las gracias especialmente al Muy Reverendo Youssef Soueif, arzobispo maronita de Chipre, por las palabras que me dirigió al principio de la Misa. También ofrezco un caluroso saludo a Su Beatitud Crisóstomo II.

Permitidme decir también cuánto me alegro de tener esta oportunidad de celebrar la Eucaristía en compañía de muchos de los fieles de Chipre, una tierra bendecida por la labor apostólica de san Pablo y san Bernabé. Os saludo a todos muy cordialmente y os doy las gracias por vuestra hospitalidad y por la generosa acogida que me habéis dado. Dirijo un saludo particular a los procedentes de Filipinas, Sri Lanka y otras comunidades inmigrantes, que forman una agrupación significativa dentro de la población católica de la isla. Rezo para que vuestra presencia enriquezca la vida y el culto de las parroquias a las que pertenecéis, y que a su vez recibáis mucho sustento espiritual de la antigua herencia cristiana de la tierra que habéis hecho vuestro hogar.

Hoy celebramos la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo. Corpus Christi, el nombre dado a esta fiesta en Occidente, se utiliza en la tradición de la Iglesia para designar tres realidades distintas: el cuerpo físico de Jesús, nacido de la Virgen María; su cuerpo eucarístico, el pan del cielo que nos alimenta en este gran sacramento; y su cuerpo eclesial, la Iglesia. Al reflexionar sobre estos aspectos diferentes del Corpus Christi, llegamos a una comprensión más profunda del misterio de comunión que une a los que pertenecen a la Iglesia. Todos los que se alimentan con el cuerpo y la sangre de Cristo en la Eucaristía están "congregados en la unidad por el Espíritu Santo" (Plegaria Eucarística II) para formar el único pueblo santo de Dios. Así como el Espíritu Santo descendió sobre los Apóstoles en el Cenáculo de Jerusalén, así también el mismo Espíritu Santo obra en cada celebración de la Misa con un doble propósito: para santificar los dones del pan y el vino, para que puedan convertirse en el Cuerpo y Sangre de Cristo, y para llenar a todos los que se alimentan de estos dones sagrados, para que puedan llegar a ser un solo cuerpo y un solo espíritu en Cristo.

[En francés]

San Agustín explica de forma magnífica este proceso (cfr Sermón 272). Nos recuerda que el pan no se prepara a partir de un solo grano de trigo, sino de muchos. Antes de que estos granos se conviertan en pan deben ser molidos. Él hace alusión aquí al exorcismo al que los catecúmenos debían someterse antes de su bautismo. Cada uno de nosotros, que formamos parte de la Iglesia, necesitamos salir del mundo cerrado de nuestra propia individualidad y aceptar la compañía de aquellos que comparten el pan con nosotros. Ya no debo pensar a partir de “mi mismo”, sino de “nosotros”. Es por ello que todos los días rezamos a “nuestro” Padre por “nuestro” pan de cada día. Abatir las barreras entre nosotros y nuestros vecinos es la primera premisa para entrar en la vida divina a la que estamos llamados. Necesitamos ser liberados de todo aquello que nos bloquea y nos aísla: del temor y la desconfianza de unos hacia otros, de la codicia y el egoísmo, de la falta de voluntad de aceptar el riesgo de la vulnerabilidad a la que nos exponemos cuando nos abrimos al amor.

Los granos de trigo, una vez molidos, se mezclan en una pasta y se cuecen. Aquí san Agustín hace referencia a la inmersión en las aguas bautismales seguida del don sacramental del Espíritu Santo, que inflama el corazón de los fieles con el fuego del amor de Dios. Este proceso que une y transforma los granos aislados en un solo pan nos presenta una sugestiva imagen de la acción unificadora del Espíritu Santo sobre los miembros de la Iglesia, realizada de forma eminente a través de la celebración de la Eucaristía. Aquellos que toman parte en este gran sacramento se convierten en el Cuerpo eclesial de Cristo cuando se nutren de su Cuerpo eucarístico. "Sé lo que puedes ver – dice san Agustín animándoles – y recibe lo que eres”.

Estas fuertes palabras nos invitan a responder generosamente a la invitación de “ser Cristo” para aquellos que nos rodean. Nosotros somos ahora su cuerpo en la tierra. Para parafrasear una célebre frase atribuida a santa Teresa de Ávila, nosotros somos los ojos con los que su compasión mira a aquellos que están en necesidad, somos las manos que él extiende para bendecir y para curar, somos los pies de los que él se sirve para ir a hacer el bien, y somos los labios con los que su Evangelio es proclamado. Es por tanto importante saber que cuando nosotros participamos así en su obra de salvación, no hacemos memoria de un héroe muerto prolongando lo que él hizo: al contrario, Cristo está vivo en nosotros, su cuerpo, la Iglesia, su pueblo sacerdotal. Alimentándonos de Él en la Eucaristía y acogiendo el Espíritu Santo en nuestros corazones, nos convertimos verdaderamente en el cuerpo de Cristo que hemos recibido, estamos verdaderamente en comunión con él y los unos con los otros, y nos convertimos auténticamente en sus instrumentos, dando testimonio de él ante el mundo.

[En inglés]

"La multitud de los creyentes no tenía sino un solo corazón y una sola alma" (Hch 4,32). En la primera comunidad cristiana, alimentada en la Mesa del Señor, vemos los efectos de la acción unificadora del Espíritu Santo. Ellos ponían sus bienes en común, todo apego material estaba superado por el amor a los hermanos. Encontraban soluciones equitativas a sus diferencias, como vemos por ejemplo en la resolución de la controversia entre helenistas y hebreos por la distribución diaria (cf. Hch 6,1-6). Como un observador comentó en una fecha posterior: "Ved cómo estos cristianos se aman unos a otros, y cómo están dispuestos a morir unos por otros” (Tertuliano, Apología, 39). Sin embargo, su amor no estaba en absoluto limitado a sus correligionarios. Ellos nunca se veían a sí mismos como los beneficiarios exclusivos y privilegiados del favor divino, sino como mensajeros, enviados para llevar la buena nueva de la salvación en Cristo hasta los confines de la tierra. Y así fue cómo el mensaje confiado a los Apóstoles por el Señor resucitado se extendió por todo el Oriente Medio, y desde allí hacia el exterior, a lo largo del mundo entero.
[En griego]
Queridos hermanos y hermanas en Cristo, hoy somos llamados, como ellos lo fueron, a tener un solo corazón y una sola alma, a profundizar nuestra comunión con el Señor y unos con otros, y de llevar su testimonio ante el mundo.
[En inglés]
Estamos llamados a superar nuestras diferencias, para llevar la paz y la reconciliación allí donde hay conflicto, para ofrecer al mundo un mensaje de esperanza. Estamos llamados a llegar a los necesitados, compartiendo generosamente nuestros bienes terrenales con los menos afortunados que nosotros. Y estamos llamados a anunciar sin cesar la muerte y resurrección del Señor, hasta que él venga. Por Cristo, con Él y en Él, en la unidad que es don del Espíritu Santo a la Iglesia, demos honor y gloria a Dios, nuestro Padre celestial, en compañía de todos los ángeles y los santos que cantan sus alabanzas por siempre. Amén.
[Traducción del original en inglés y francés por Inma Álvarez

©Libreria Editrice Vaticana]

Coetzee

La verdad de Coetzee/JOSÉ MARÍA GUELBENZU
Publicado en El País, 5/06/2010;
El Nobel sudafricano abre nuevos caminos literarios con la tercera parte de su autobiografía, Verano. Repasa su vida en los años setenta a través de unos pocos hechos cruciales
A partir de Elizabeth Costello, J. M. Coetzee entró en un territorio literario donde el juego ficción-realidad, preferentemente enmarcado en textos más o menos autobiográficos, supuso un cambio de rumbo en su narrativa, un cambio asumido con tanto espíritu como riesgo, que está dando como resultado obras que se adentran decididamente en la construcción de la novela del siglo XXI. Diario de un mal año era un texto a tres bandas que contenía un ejercicio de indagación en la senectud extremadamente inteligente gracias a esa simultaneidad de voces y actitudes (un viejo, una muchacha sensual y su novio) con la que establecía un expresivo ejercicio de perspectiva y autoanálisis. Con Infancia y Juventud entraba en una suerte de memorias sui géneris cuyo tercer capítulo, bajo el subtítulo de 'Escenas de una vida de provincias III', lo constituye este Verano que ahora comentamos. Todos estos libros han sido editados en España por Mondadori.
Infancia y Juventud son dos novelas autobiográficas escritas en tercera persona. Recogen dos etapas de la vida de un tal John Coetzee; la primera, su vida de niño en la región de Karoo, alejada de la civilización urbana; la segunda se sitúa en Londres, adonde un joven John Coetzee se traslada tras estudiar en la universidad de El Cabo. Verano, en cambio, toma otro tipo de distancia y de estructura; de hecho, viene antecedida por esa persona interpuesta que él utiliza para expresar sus ideas en Elizabeth Costello. El resultado es verdaderamente notable y, sobre todo, revela una audacia literaria que no por consecuente con la última parte de su obra deja de ser un reto original que manifiesta a las claras su viveza de espíritu y su apuesta irreductible por la verdad literaria; lo que en los tiempos que corren resulta muy gratificante.
El libro está dividido en siete capítulos. Cinco de ellos se corresponden con personas que conocieron a John Coetzee, cuatro mujeres y un hombre. De las cuatro mujeres, al menos dos tuvieron una relación erótica con él. El quinto es un hombre al que conoció por coincidir con él en la antesala de una entrevista de trabajo y con quien entabló una cierta amistad. El texto está redactado en forma de entrevistas con esas cinco personas porque el artificio que usa el autor es el de crear un joven biógrafo inglés, Vincent, que está escribiendo un trabajo biográfico sobre el periodo que transcurre entre 1972 y 1975 de la vida de John Coetzee, célebre escritor galardonado con el Premio Nobel y fallecido en Australia. Las cinco entrevistas se abren y cierran con unos Cuadernos de Notas del propio John Coetzee correspondientes a esos años.
El artificio requiere confianza y pulso narrativo, pues se trata de crear a cinco personajes que, a su vez, deben de crear con su testimonio un Coetzee personal e íntimo, un Coetzee que, de cara al exterior, fue un hombre retraído y alejado de los circuitos literarios. Si no olvidamos que, a fin de cuentas, el auténtico J. M. Coetzee (afortunadamente, aún vivo) está hablando finalmente de sí mismo, el ejercicio de escritura se convierte en un verdadero alarde. Pero lo autobiográfico no debe hacernos olvidar lo literario: ¿han existido realmente esas personas o, por el contrario, son producto de su imaginación y lo único realmente comprobable es aquello que se refiere estrictamente a la vida de Coetzee y quizá no todo ello sino sólo parte? Y este es el momento de olvidar lo personal y entrar en lo literario: lo único que importa al lector, aparte de la natural curiosidad que suscita la historia, es que le están contando algo que ha de ser creíble; en este caso, creíble desde la ambigüedad de la propuesta. Y la realidad es que si consideramos estas memorias de una vida provinciana como una novela, estamos ante una novela sumamente inteligente que atrapa al lector por el camino de la imaginación, que es donde a fin de cuentas se sustancia la expresión de su autor.
La multiplicidad de voces consigue, entre otros efectos, el de crear un escenario, Sudáfrica, al que responden un conmovedor y hosco John Coetzee y su conmovedor y patético padre. Las voces establecen un paralelo natural entre su visión de Coetzee y su visión de la realidad sudafricana, lo que desemboca en la relación misma de Coetzee con su país y con su pasado. El juego es extraordinariamente complejo, sutil y de una gran riqueza de matices. La actitud ante el mundo de este hombre cerrado como una ostra se abre mágicamente ante los ojos del lector en lo que no es más que un duro y exigente ajuste de cuentas consigo mismo que, al preservar su voz -sólo aparece en los Cuadernos de Notas-, le permite exteriorizarlo sabiamente. Y detrás de todo está, a su vez, un tema eterno: la figura del artista.
Julia, su amante casada, que incluso aventura en un momento dado una interpretación de su obra en relación con él, está dispuesta a hablar de John, pero exige su cuota: hablar también de su propia vida. Margot, su prima, una figura del pasado en el presente actúa al revés: ella pregunta al biógrafo y este le va leyendo el texto que construyó con su testimonio. Adriana es un personaje fascinante que detesta a Coetzee y amplía el campo de visón, y Mario es una especie de sombra que se rozó con la de Coetzee: las que cuentan son las mujeres; el contraste entre esta y las otras voces es un acierto. Sophie, su otra amante, que es la que más habla de sus actitudes políticas y de su actitud ante la política, resume con una frase certera el espíritu del biografiado: "Para el fatalista, la historia es el destino".
Diría que el libro es deslumbrante si no fuera porque el deslumbramiento no deja ver y aquí, en cambio, lo que hacemos es, precisamente, ver. Léanlo como quieran ustedes, como cierto o como no cierto, pero léanlo; por su extrema inteligencia, por el derroche de talento, por su capacidad de convicción y por abrir nuevos caminos a la escritura narrativa. Por aquí sí se cuece el futuro de la novela.

Mil voces

Mil voces
MIGUEL BAYÓN
Babelia, 5/06/2010;
La literatura africana refleja la diversidad y las tensiones entre la fe en el mañana y las oportunidades perdidas
El periodismo se parece a la vida en que generalizas para sortear problemas y, por generalizar, topas con más. Los medios hablan con toda impunidad de "África" o "África subsahariana", y resulta que hay mil Áfricas -Imaginar África. Los estereotipos occidentales sobre África y los africanos (Catarata), de Antoni Castel y José Carlos Sendín, editores-. No digamos en literatura. Para empezar, aún se trata de un continente donde la cultura oral tiene mucho que decir. Y si hablamos de escrituras, sólo académicamente es operativo clasificar África según la herencia idiomática (sean las lenguas coloniales o autóctonas) o incluso por Estados, ya que el Estado, y las fronteras, es sumamente artificial en un continente diverso y mestizo como ninguno -El pensamiento tradicional africano (Catarata), Ferran Iniesta-. En España, además, hay carencia de traductores literarios en suajili, kikongo o walof, por mencionar alguna lengua hablada por millones. Y la ignorancia es general sobre esas culturas: Casa África realiza una gran labor desde su sede en Las Palmas, pero casi desconocida fuera de ámbitos oficiales o universitarios. De alguna forma hay que orientarse, y pueden recomendarse ciertas sistematizaciones. Aunque hablemos de literatura, es clave conocer el contexto histórico de un África siempre silenciada o tergiversada: aún es válida la monumental Historia del África negra, del burkinés Joseph Ki-Zerbo (Alianza). El Cobre tiene una Historia de la literatura negroafricana. Una visión panorámica desde la francofonía, de la africanista belga Lilyan Kesteloot, que rechaza el acercamiento solo nacionalista. Y aunque su análisis se centra en lo francófono, aporta luz sobre nexos poco estudiados, como el existente entre el movimiento poético de la negritud y el surrealismo europeo. Muy útil es el Diccionario de literatura del África subsahariana, publicado por la asociación Translit. Las limitaciones de un artículo aconsejan una parcelación por temas.

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Esclavitud, colonialismo. La trata de esclavos descuartizó el tejido social de África y grabó la experiencia de la crueldad en el ADN de sus gentes. Y tras la impunidad de traficantes árabes y europeos y de jefes locales cómplices, llegó el colonialismo, la maquinaria de la depredación. La literatura africana nunca podrá eludir esa memoria. Por lo que toca a España, Las tinieblas de tu memoria negra, de Donato Ndongo (El Cobre), pinta el alma de un niño guineano escindida entre la espiritualidad tradicional y una educación franquista en la que el himno Montañas nevadas se volvía Selvas tropicales, banderas al viento. Es libro con antecedentes ilustres como El fuego de los orígenes del congolés Emmanuel Dongala (Alcor) o Los soles de las independencias, del marfileño Ahmadou Kourouma (Alfaguara), que siempre satirizó la satrapía y corrupción que ha lastrado el África oficialmente libre: ejemplos, Alá no está obligado (Muchnik), Esperando el voto de las fieras (El Aleph) o Cuando uno rechaza dice no (Alpha Decay). La trata perpetrada por musulmanes es contada con gran pulso en Paraíso por el tanzano Abdulrazak Gurnah (Muchnik) y la vida de los colonos se refleja sobre todo en la narrativa en portugués: la saga familiar de El tiempo de los flamencos, del angoleño Pepetela (Texto Editores), o Nación criolla, de su compatriota José Eduardo Agualusa (Alianza), homenaje tropical a Eça de Queiroz. También convendría rescatar la guasa antiburocrática sobre la Angola posindependencia de Si pudiera ser una ola, de Manuel Rui (Seix Barral), historia de la crianza de un cerdo en una casa de vecinos de Luanda. Un escritor de peso político es el keniata Ngugi wa Thiong'o, cuyo Un grano de trigo (Ediciones Zanzíbar) denuncia la represión británica contra el Mau-Mau y no esconde los colaboracionismos y cuanto acarrea la putrefacción del sistema colonial.


Violencia. La violencia política o étnica es la imagen tópica que Occidente cultiva de África, como si África tuviera ese monopolio y los poderes del mercado occidental fuesen ajenos. Es importante ver cómo afrontan el tema los narradores africanos. Los nigerianos destacan: su país es un mosaico explosivo de petróleo -Nigeria. Las brechas de un petroestado (Catarata, Aloia Álvarez)-, choques religiosos, corrupción extrema, prensa plural, gente que lucha por la decencia. Tú di que eres uno de ellos (El Tercer Nombre), de Uwem Akpan, es un angustioso conjunto de relatos protagonizados por niños o adolescentes en diversas zonas de África (tremendo 'La habitación de mis padres', sobre el genocidio de Ruanda de 1994, o 'Coches fúnebres de lujo' sobre la limpieza étnico-religiosa en Nigeria). Desde luego es heredero del Nobel Wole Soyinka, sobre todo de La estación del caos (Alfaguara), feroz retratista de la anomia, y también del Chinua Achebe de Todo se desmorona (Bronce), análisis de la devastación de la cultura tribal. Ese mismo desgarro descrito con un delirio controlado por Ben Okri, que crea a un niño-espíritu, Azaro, para pintar una pesadilla de crueldad y privación en la gran trilogía compuesta por El camino hambriento, Canciones de encantamiento (ambas en La Otra Orilla) y Riquezas infinitas (El Cobre). Vocación de saga tiene Hijos del ancho mundo (Salamandra), de Abraham Verghese, indio nacido en Etiopía. Entre los cien universos de esta novela, está la objetiva crónica del derrocamiento del Negus y la posterior dictadura militar. Violencia, humor, conocimientos médicos, todo le vale a Verghese. Al sueco Henning Mankell se le conoce como padre del inspector Wallander, pero la mitad del año la pasa en Mozambique: en Maputo dirige un teatro de referencia, el Avenida. Comedia infantil (Tusquets) es una novela sobre niños de la calle mozambiqueños, cuyo estilo escueto redobla la eficacia; importante Moriré, pero mi memoria sobrevivirá (Tusquets), testimonio personal sobre el sida en Uganda y Mozambique, con prólogo de Desmond Tutu. La emigración es abordada como tema literario sobre todo por narradores de la otra África, árabe. El lector no deberá olvidar Época de migración al norte (Huerga / Fierro), del sudanés Táyeb Saleh, recientemente fallecido, que plasma la dureza del exilio económico y también la picaresca.


Mujeres. Quien pise África verá de inmediato que las mujeres son las víctimas y las salvadoras de todo. Innumerables las novelas que giran sobre sus vidas. Hay que citar obras imprescindibles que pueden abrir puertas a búsquedas posteriores. Pionera fue Jagua Nana (Alcor), publicada en 1961 por el nigeriano Cyprian Ekwensi, historia de una mujer que aprende a sobrevivir y medrar en un Lagos despiadado. Otro nigeriano, Ken Saro-Wiwa (ahorcado en 1995 por el régimen militar como opositor a los abusos de la Shell en el delta del Níger), en Historia de Lemona (Zanzíbar) da voz a una presa, que cuenta sus increíbles, tenaces peripecias para seguir viviendo con la frente alta. Hay una autora de referencia en protagonistas femeninos, la nigeriana Buchi Emecheta. Las delicias de la maternidad (Zanzíbar) arrastra -no paran de suceder cosas, nunca dejas de entender a cada personaje- el desquicie entre tradición y modernidad. Clave Kehinde (Bronce), mirada inédita de una mujer que debe volver de Londres a Lagos. Escritoras que iluminan la situación de las mujeres son las senegalesas Mariama Bâ (Mi carta más larga) y Ken Bugul (El baobab que enloqueció), en Ediciones Zanzíbar, donde también está un orientador estudio-antología, Otras mujeres, otras literaturas, coordinado por Inmaculada Díaz Carbona y Asunción Aragón.


Raíces y costumbres. Los escritores africanos huyen del folclorismo y del costumbrismo, porque están hartos del ensalzamiento eurocéntrico de un África llena de música, ritos y ocupaciones curiosas: esos aspectos aparecen en sus obras, pero contextualizados. Por ejemplo, la narrativa del mozambiqueño Mia Couto se basa en un personal realismo mágico: la última muestra, El otro pie de la sirena (El Cobre), donde el hallazgo de restos de un avión espía no tripulado da pie a una trama a caballo entre lo onírico y lo real. En terreno más legendario, Mi vida en la maleza de los fantasmas (Siruela), escrita en los años cincuenta por el nigeriano Amos Tutuola. O esa especie de Julio Caro Baroja, el maliense Amadou Hampaté Bâ, conocido por su frase: "En África, la muerte de un anciano es una biblioteca en llamas", un todoterreno del pensamiento, autor por ejemplo de Kaidara, cuento iniciático peule (Kairós) o Njeddo Dewal, madre de la calamidad (Zanzíbar), continuador de su maestro sufí Tierno Bokar, sobre cuya figura presentó en mayo en Madrid un montaje teatral Peter Brook. Costumbrismo trascendido a base de humor, El testamento del señor Napumoceno da Silva Araújo (Bronce) del caboverdiano Germano Almeida.


El hecho diferencial sudafricano. Sudáfrica tuvo el terrible hecho diferencial de la dictadura racista del apartheid y ahora respira el insólito ejemplo de democracia logrado por Nelson Mandela. Por mucho tiempo su literatura deberá ser leída a partir de ambos fenómenos. Sudáfrica, con Nigeria, es la potencia literaria del continente. No en vano el Premio Nobel ha recaído sobre dos sudafricanos, Nadine Gordimer y J. M. Coetzee. La riqueza narrativa de Sudáfrica la explica su gran cantera. El Cobre publica Trilogía de Z Town, y anteriormente Fruta amarga, de Achmat Dangor. La trilogía es una novela con tres capítulos que refleja como ninguna la vida en un barrio negro de Johanesburgo durante el apartheid, a través de historias de mujeres: "Un tiempo demacrado y leproso", donde cada personaje tiene sus razones, pero nada da igual éticamente.

Las enseñanzas de Spiderman

Las enseñanzas de Spiderman/Gustavo Martín Garzo, escritor
EL PAÍS, 29/05/10):
Todos somos responsables de que el mundo sea como es. La baronesa Blixen solía decir que escribía o pintaba porque debía a los demás una respuesta. Responder era formar parte de la gran cadena de las causas y de las criaturas. “Responderé de lo que diga o haga; responderé a la impresión que cause. Seré responsable”. Para los que vivimos bajo la dictadura franquista, la llegada de la democracia no tenía que ver con el deseo de riqueza sino de libertad; queríamos una democracia para vivir en un mundo más noble y generoso.
La crisis económica actual hunde sus raíces en una crisis más honda de carácter moral. Hace pocas semanas, uno de los altos cargos de Google declaró sin ningún empacho que “de lo que se trata es que todos ganemos mucho dinero”. Pero hay algo que evitó decir: que somos siete mil millones de habitantes en la Tierra y no es posible que todos seamos ricos, suponiendo que eso sea lo que queremos. Claudio Magris dice que nunca el mundo ha estado más necesitado de política que ahora, y la política debe reivindicar una cultura de la mesura y la solidaridad. El problema de la crisis que sufrimos no está solo en los banqueros, ni en los especuladores, sino en la sociedad en su conjunto. Los paraísos fiscales, los sueldos desmesurados, los contratos blindados, lejos de provocar rechazo suscitan más bien la envidia general, pues hemos interiorizado de tal forma los valores de los poderosos que no sabemos vivir sin mirar por sus ojos y sin anhelar sus lujos. Hemos sustituido el Dios severo de las antiguas religiones, por otro mucho más peligroso: el Dinero.
Hace unos meses circuló por Internet un mensaje en el que se comparaba al mundo con una aldea de 100 habitantes. Manteniendo las proporciones globales, las cifras que resumirían la vida en esa pequeña aldea serían estas: habría 57 asiáticos, 21 europeos, 14 personas del hemisferio oeste y ocho africanos; 52 serían mujeres y 48 hombres; 70 no serían blancos y 30 serían blancos; 70 no cristianos y 30 cristianos; 89 heterosexuales y 11 homosexuales. Seis personas poseerían el 59% de la riqueza de toda la aldea y, de los seis, cinco serían norteamericanos. De las 100 personas, 80 vivirían en condiciones infrahumanas; 70 serían incapaces de leer; 50 sufrirían de malnutrición. Solo una tendría educación universitaria, y en esta aldea habría una sola persona con ordenador.
¿Pero las variaciones en la Bolsa, los oscuros negocios inmobiliarios, los movimientos de la especulación, los paraísos fiscales, qué relación tienen con la vida de los hombres y las mujeres de esa aldea de cien habitantes? Grandes masas de dinero cambian de unas manos a otras, dotadas de una vida tan indescifrable como caprichosa, mientras ese hombre individual y minúsculo repite las mismas acciones en su pequeña aldea: abrir su taller, ir a su oficina, llevar a los niños a la escuela, atender las demandas de sus pacientes. La economía de su país, o la del mundo entero, entra en fase de crecimiento o de recesión sin que en apariencia haya ninguna relación entre lo que ese hombre está haciendo y el que tales cambios se produzcan.
Por ejemplo, ¿cómo es posible que mientras un peón de albañil tenga que trabajar 10 horas al día para ganar un sueldo ridículo, a uno de esos especuladores bursátiles les baste con una llamada telefónica o el simple trasladar los papeles de una mesa a otra para amasar una fortuna que aunque viviera 100 años no podría gastar?
Todos recordamos la forma en que las televisiones del mundo dieron la noticia del atentado de las Torres Gemelas. Las imágenes que mostraban los edificios ardiendo, su derrumbe y su tragedia, se alternaban en las pantallas con compulsivas conexiones con las Bolsas para ver cómo se comportaba el Dinero. Pero ¿el Dinero qué es exactamente, quién decide cómo se comporta? Recuerda al antiguo Dios de las religiones monoteístas, y sus oficiantes se confunden con los viejos teólogos. Así, cuando unos días después del terrible atentado se produjo la reapertura de la Bolsa de Nueva York, a lo que asistimos fue a un acto de clara significación religiosa. El silencio, la música sacra, la sensación de estar en un lugar de fuerza inaudita, tan incomprensible como extraño y vengativo. La Bolsa era el templo y sus sacerdotes trataban de aplacar a su iracunda divinidad. Lo mejor de la cultura política de Occidente ha nacido de su empeño de regirse por la siempre prudente razón y ahora nos descubrimos volviendo al seno de un nuevo sistema religioso en que reina una divinidad no menos caprichosa e implacable que la antigua. La de ese Dinero al que solo unos pocos iniciados son capaces de comprender, y en el que parece estar contenido la posibilidad de nuestra salvación.
Hace unos años se estrenó en los cines una bonita versión de Spiderman, el héroe de la historieta de la Marvel. Un muchacho apocado recibe la picadura de una araña, y su cuerpo empieza a adquirir cualidades sorprendentes. Sus sentidos se agudizan, es capaz de ascender por paredes verticales y puede segregar hilos de sus manos. Mientras va descubriendo todo esto, se vuelve huraño y esquivo. Su tío se preocupa y habla con él. Todos los muchachos, le dice, antes o después tienen que transformarse en alguien, y hay que tener cuidado en quien lo hacen pues luego ya no podrán cambiar. Y añade: un gran poder conlleva una gran responsabilidad.
Suelo pensar en esta escena cuando veo por televisión las reuniones del G-20 y el G-8. Un niño muere cada cuatro segundos, una parte importante del mundo no tiene para comer, y epidemias espantosas como el sida asolan continentes enteros, mientras los dirigentes más poderosos del mundo se comportan como colegiales del más selecto de los clubs, y aquella imagen de Bush y Aznar con los pies sobre la mesa, tras una de esas reuniones, expresa fielmente lo que quiero decir.
No cabe ninguna duda, hay que hablar de una crisis moral, de un mundo sin honor. “El sentimiento de honor perdido, escribe Sánchez Ferlosio, no es un conflicto psicológico. El honor es una relación de lealtad con los demás”. De forma que el deshonor no es tanto “haberse fallado a uno mismo”, sino “haberles fallado a los otros”.
Para evitarlo, también nosotros, los simples habitantes de esa aldea que es el mundo, debemos asumir nuestra parte de responsabilidad en lo que sucede. ¿O es demasiado tarde y en nuestra mirada, como en la de esos nuevos héroes de las tarjetas bancarias, ya no cabe otra cosa que la complacencia y la codicia?

Espejos de Sudáfrica

Espejos de Sudáfrica
JOHN CARLIN
Babelia, El País, 05/06/2010
El Mundial de fútbol en Sudáfrica se realizará en un país con una literatura tan extraordinaria como combativa, que cuenta con dos premios Nobel, Coetzee y Gordimer. La cita deportiva es, además, una oportunidad para descubrir un continente de gran variedad literaria.
La culpa es buena materia prima para un novelista. Como también lo son la traición, la identidad, el perdón, el odio y el choque de civilizaciones, temas que florecen en el paisaje sudafricano y han dado fruto literario abundante y de calidad, dos premios Nobel incluidos.
Ambos, Nadine Gordimer y J. M. Coetzee, han surgido del 15% de la población que es de raza blanca (actualmente unos seis millones de personas), igual que otros dos que han logrado un impacto global, André Brink y Alan Paton. Los escritores negros se han destacado más en la poesía que en la novela, y su obra pocas veces ha llegado más allá de las fronteras de su país. La explicación -o una de ellas- es sencilla. El apartheid, el sistema de discriminación racial más burdo del siglo XX, tuvo como objetivo exterminar la dignidad y la capacidad de competir en el mercado laboral de la mayoría negra. A los negros se les dio una educación escolar deliberadamente inferior a la de los blancos. La supervivencia fue el reto de la mayor parte de los sudafricanos negros; los más brillantes se dedicaron no a la introspección literaria, sino a la liberación política.
Para la casi totalidad de los blancos, que hasta la caída del apartheid en 1994 gozaron de quizá la mejor calidad de vida de cualquier sociedad del mundo, este no era mayor tema de preocupación. No se detuvieron a reflexionar sobre la espectacular injusticia sin la que su paraíso africano dejaría de existir. Pero hubo un sector que sí se enfrentó al dilema moral y tuvo la valentía de hacer elecciones difíciles, de cuestionar la tradición de racismo fácil y feliz heredado de sus padres, transmitido de generación en generación desde la llegada de los primeros colonos europeos en 1652. De este grupo, algunos se exiliaron en Inglaterra o Estados Unidos o Australia; algunos se incorporaron a la lucha contra el apartheid, sufriendo en muchos casos las brutales secuelas del aparato represivo estatal; algunos optaron por el periodismo militante o por ser abogados defensores de los derechos humanos; y unos pocos a escribir novelas.
"Nada de lo que escribo en mis ensayos o mis artículos dirá la verdad de la manera que lo hace mi ficción", explicó una vez Gordimer, nacida en 1923, autora de 13 novelas y ganadora del Premio Nobel de Literatura en 1991. Dado que la ficción es un disfraz, "abarca todas aquellas cosas que uno no dice a otras personas..., siempre hay una especie de autocensura en la no ficción". Para Gordimer, el escritor es elegido por su tema, que es "la conciencia de la era en la que vive".
La era política en la que vivió Gordimer, y en la que hizo su mejor trabajo, se prestaba a la simpleza y claridad moral de una fábula. Una tiranía minoritaria que vivía en la abundancia oprimía a una mayoría negra que vivía en la miseria. El apartheid era el único sistema de gobierno del mundo sobre el que había consenso casi absoluto durante la guerra fría. Estados Unidos, la Unión Soviética, sus aliados y satélites concurrían con la declaración de Naciones Unidas que definía lo que estaba ocurriendo en Sudáfrica como "un crimen contra la humanidad". Las novelas de Gordimer (La hija de Burger, Un mundo de extraños, El conservador) contaban historias de amor y de familias conflictivas, pero el objetivo siempre era el mismo: la denuncia. La complejidad estaba en las historias humanas, pero en el tema de fondo no había claroscuros.
Lo mismo se puede decir de las obras de Alan Paton y André Brink. Cry the Beloved Country, de Paton, es seguramente la novela sudafricana más famosa. Cuando se publicó en 1948 se convirtió rápidamente en un best seller internacional. Cuatro años después se adaptó al cine, con el actor negro estadounidense Sidney Poitier interpretando el papel del protagonista, un cura negro que viaja del campo a Johanesburgo, sufre en carne propia, y al final perdona, las indignidades a las que le somete el hombre blanco.
André Brink fue el primer afrikáner (los afrikáneres eran la tribu dominante blanca durante el apartheid) cuyo trabajo, escrito en inglés no en afrikaans, fue proscrito por el Gobierno. Su mejor novela, A Dry White Season, se centra en la muerte de un activista negro tras su detención por la policía. Es una historia tremendamente impactante que despertó a muchos blancos sudafricanos de la dulce ignorancia. La película del libro que hizo Hollywood en 1989, con Marlon Brando y Donald Sutherland, fue prohibida en Sudáfrica.
Breyten Breytenbach -lírico, doloroso, a veces surreal- y Christopher Hope -que utilizó la comedia para satirizar a los gobernantes de su país- también forjaron sus reputaciones como novelistas sobre el yunque del apartheid. Ninguno de ellos logró mantener el mismo nivel, o tener el mismo impacto, una vez que el apartheid, con la llegada de Nelson Mandela a la presidencia en 1994, desapareció. El que sí ha sobrevivido al apartheid es el más grande de los escritores sudafricano, ganador del Premio Nobel en 2003, J. M. Coetzee.
La novela de Coetzee que más éxito internacional ha tenido es Desgracia, publicada en 1999, aunque la misma mirada fría, despiadadamente honesta, y la misma terrible economía en el uso de las palabras se ve en las novelas que escribió antes de la caída del apartheid. Obras maestras como Esperando a los bárbaros, Vida y época de Michael K. y La edad de hierro ya lo habían colocado, antes de la salida de Mandela de la cárcel en 1990, como uno de los cuatro o cinco grandes escritores en inglés contemporáneos. A diferencia de los otros escritores aquí mencionados, nunca se definió políticamente, nunca se presentó al público como un intelectual contra el racismo y nunca romantizó a ninguno de sus personajes, sean estos blancos o negros.
Coetzee opera en un frente donde se enfrentan la civilización y la barbarie. La prosa es tensa, pero el terreno es ambiguo y complejo. Examina la culpa y la identidad del individuo en un país fracturado, bañado de sangre, pero siempre quedan al final más preguntas que respuestas. No existe la ligereza en la obra de Coetzee. Uno no tiene oportunidad de sonreír, mucho menos reír, nunca. Su ficción se lee con los dientes apretados.
La mirada de Coetzee es implacablemente adusta. Desgracia ofrece una visión desesperanzada de la Sudáfrica pos-apartheid, en la que el conflicto racial no sólo sobrevive sino que se extiende, porque ahora los negros se desquitan, tras siglos de resentimiento. Algo de verdad hay en lo que percibe la angustiada sensibilidad de Coetzee, que en 2002 encontró la paz de las ovejas en su nuevo país de residencia, Australia; pero es la verdad del microscopio.
Sudáfrica es una sociedad dura, en la que perdura la desigualdad y ha brotado un fenómeno inimaginable hace apenas 20 años, el nuevo rico -craso, muchas veces corrupto- negro. Pero también posee una tremenda energía positiva, concepto ajeno a Coetzee que se empieza a vislumbrar en las novelas de dos de los más prometedores escritores actuales, Damon Galgut e Ivan Vladislavic. El gran éxito de ventas en Sudáfrica en este momento es Spud, una comedia hilarante del joven novelista John van de Ruit que contiene un mensaje impensable para Coetzee: que hoy el choque de razas y culturas en Sudáfrica provoca más risa que lágrimas; y que, pese a la lacerante historia reciente, Sudáfrica, en vísperas de la gran fiesta del Mundial de Fútbol, es un país en el que en el día a día los blancos y los negros se relacionan, en su abrumadora mayoría, con respeto y buen humor.

Balas en Tivoli Gardens

REPORTAJE: NARCOTRÁFICO EN EL CARIBE
Ducha de balas en Tivoli Gardens
La búsqueda del capo Dudus, jefe de la Shower Posse, descubre las relaciones entre la política y los narcotraficantes en Jamaica
ÁLVARO DE CÓZAR
El País, 06/06/2010
Todo el mundo tiene un mote en Kingston. Algunos son fácilmente reconocibles porque suelen intercalarse entre el nombre y el apellido con un ligero énfasis al pronunciarlos y porque nadie puede haber sido bautizado como Belleza, Jefe o Azúcar. En otros casos es más complicado, porque los sobrenombres se toman de personajes famosos o artistas. Lester Coke se hacía llamar Jim Brown por su devoción por la estrella del fútbol americano y actor en películas como 100 rifles. Lester no se parecía físicamente a Jim Brown, pero era un gánster y podía hacerse llamar como a él le diera la gana.
De eso va esta historia. De gánsteres y de motes, de poder y de violencia, y del gusto jamaicano por cambiar el nombre de las cosas.
Ni siquiera el de la capital responde a la lógica. Los jamaicanos llaman Kingston a la unión de 2 de las 13 demarcaciones territoriales o parroquias en las que está dividida la isla: la de Saint Andrew, al norte, y la que sí se llama oficialmente Kingston, al sureste del país. Esta última es un territorio más pequeño y humilde que el primero al que todo el mundo llama coloquialmente Downtown.
En el lado oeste del Downtown, en el gueto de Tivoli Gardens, fue donde la policía y la banda Shower Posse iniciaron la semana pasada una de sus periódicas guerras. La misión de los policías era detener a Christopher Dudus Coke, hijo adoptivo del mencionado Jim Brown, don de Tivoli Gardens y jefe de la organización, dedicada al narcotráfico y con tentáculos en ciudades de Canadá, Reino Unido y Estados Unidos. Fue este país el que en agosto de 2009 pidió su extradición. Tras casi un año negándose y de la noche a la mañana, el primer ministro jamaicano, Bruce Golding, cambió de opinión y envió a la policía. En los enfrentamientos murieron 73 personas. Tres de ellas eran agentes, la mayor parte del resto, civiles. Nadie sabe todavía con seguridad si alguno de los muertos pertenecía a la Shower Posse. Ni rastro de Dudus.
La búsqueda del don de Tivoli empezó el lunes y se prolongó hasta el miércoles. Las consecuencias de esos tres días son todavía muy visibles en el barrio. Es difícil encontrar una casa o un coche que no haya recibido un balazo; algunos edificios, como el mercado, están quemados y en las calles todavía quedan restos de trincheras improvisadas con sacos y neumáticos. Toda la zona está tomada por la policía y el Ejército de Jamaica, que deambula por el barrio con carros blindados. Aunque se permite la entrada de periodistas, es difícil recorrer sus calles sin que a cada paso un soldado o un agente pida la documentación o pregunte inútilmente por unos permisos que no proporciona ninguna oficina de Kingston.
Una veintena de personas hace cola a las puertas de una asociación cultural custodiada por el Ejército, a la espera de ser atendidas por los funcionarios del Gobierno para pedir que se les indemnice por lo ocurrido. "Tiraron una granada a mi casa. Lo he perdido todo. Mi nevera, mis muebles, un ordenador... Así que estoy aquí en la cola de las promesas para ver cuál es la que me hacen a mí", dice un joven rastafari.
Mientras la cola se mueve lentamente, los soldados toman refrescos en la oficina donde Dudus -llamémosle ya El Presidente, el nombre con el que se le rinde respeto- tenía una de sus empresas legales, Presidential Click, una compañía dedicada a la industria del entretenimiento. Uno de los militares asegura entender el cabreo de la población de Tivoli Gardens y explica que tuvieron que actuar con eficacia para repeler los ataques de la Shower Posse. "En realidad no fuimos muy agresivos. Dejamos que dispararan y sacamos a los que pudimos de las casas para evitar que fueran heridos. Podría haber sido peor".
Peor es un término demasiado inconsistente para describir la experiencia de Bryan. A unos 40 minutos en coche de Tivoli, en la parroquia de Portmore, el joven músico de 16 años cuenta que sobrevivió a los ataques gracias a una llamada telefónica. Prefiere ocultar tanto su nombre como su mote. Así que llamémosle Bryan. Lo que sigue es una reconstrucción de lo ocurrido en las primeras horas, según su relato:
"Poco después de las diez de la mañana del lunes sonaron los primeros disparos. Yo estaba con mis amigos en la calle. Vi un helicóptero que volaba muy bajo. Y luego recuerdo a un hombre que corría con la pierna sangrando. Nos tiramos al suelo, junto a una pared, y nos quedamos así un rato. Luego nos metimos en una casa donde había más gente. Los soldados y la policía rodearon la ciudad y empezaron a buscar en los pisos. Entraron donde estábamos y encontraron armas y chalecos antibalas. Los policías nos preguntaban: ¿dónde está Dudus?, ¿dónde está Dudus? Después de eso nos llevaron a una calle donde había varios muertos y nos dijeron que cogiéramos los cuerpos y los apilásemos. Pillaron a un rasta y le dieron gasolina para quemar los cadáveres y eso es lo que hizo. A las doce de la noche llegó un policía al que llaman Bigger Ford -un Ford más grande-. Sacó la pistola y nos puso a los que estábamos allí en tres filas. Empezó a preguntar por El Presidente y nadie le decía nada. A mí me preguntó y yo le dije que no sabía, que yo era músico y no un gánster. Me puse a cantar para demostrárselo. Luego cogió un fusil y nos dijo que corriéramos. Eso hicieron algunos. Bigger Ford y otros policías empezaron a disparar contra ellos. Yo me quedé quieto. La policía nos llevó a un campo y nos metió en una casa, a los cadáveres y a los que no salimos corriendo. Iban a quemarnos allí. Entonces sonó mi teléfono móvil. Era mi primo que me llamaba desde Londres. Bigger Ford lo cogió y le escuchó un rato. Luego colgó, me dio el teléfono y me dijo que me fuera. Creo que a los demás los quemaron porque me han dicho que la casa está incendiada".
Bryan habla en una habitación semioscura, iluminada solo por la pantalla de un ordenador y en cuyas paredes hay carteles de Bob Marley y Haile Selassie, último emperador de Etiopía, al que los rastas consideran una reencarnación de Cristo. Un amigo de Bryan abre unos archivos que muestran varias fotos de la matanza de Tivoli. El último archivo que abre guarda un vídeo grabado con un teléfono en el que se ven varios cadáveres con agujeros de bala en la cabeza. Se escuchan llantos y una mujer grita todo el tiempo: "¡Jesucristo, Jesucristo!".
La historia de Tivoli Gardens, la pasada y la presente, está ligada a la de la Shower Posse. El barrio no puede entenderse sin la banda y sin sus conexiones con los Gobiernos de Kingston y con los dos partidos principales: el Partido Nacional del Pueblo (PNP), socialdemócrata, y el Partido Laborista Jamaicano (JLP, en sus siglas en inglés), que a pesar de llamarse así, es de centroderecha.
Aunque las fechas no están claras, todo debió empezar a finales de 1970. El lema del JLP era shower (ducha), expresión que se contraponía al power (poder) en la frase "power for the people" (poder para la gente), acuñada por el PNP. En un discurso de la campaña para las elecciones de 1980, el líder del JLP, Edward Seaga, dijo: "Las bendiciones os ducharán desde el cielo y el dinero sonará en vuestros bolsillos". Las elecciones estuvieron marcadas por la violencia de las bandas, que condicionaban el voto para que saliera el candidato que más les favoreciera. La Shower Posse demostró pronto que las únicas duchas que daba eran de balazos.
La victoria de Seaga sirvió para que los dos jefes de la Shower Posse, Lester Jim Brown Coke y Vivian Blake Dave, hicieran negocio con la droga. "Jim Brown era hijo de un tipo que hacía llaves, pero durante su adolescencia había hecho más caso a los capos Claudius Massop y Carl Byah Mitchell", asegura John White, alias Callhim John (llamado John), un hombre de 64 años que trapichea con marihuana y que creció junto a Jim Brown. Por su parte, Vivian Blake había salido de la pobreza de Kingston Oeste, pero se le daban bien los estudios y obtuvo una beca para una escuela privada. Solo le sirvió para desear los coches de los padres de sus amigos. Había decidido que no quería ser un pobre toda la vida.
Tras la muerte de los jefes -Massop fue frito a tiros por la policía en 1979 y Mitchell murió de una hemorragia cerebral tras una sobredosis en 1978, según el Jamaica Observer-, los jóvenes Jim Brown y Vivian Blake tomaron el control en el oeste y se dedicaron al narcotráfico a gran escala, primero de marihuana y después de cocaína. Blake emigró a Estados Unidos y abrió allí sedes de su particular multinacional. Pronto se hizo fuerte en Nueva York, Chicago, Los Ángeles y Miami. Al mismo tiempo que las armas automáticas de la banda escupían balas en las calles de Estados Unidos contra las bandas rivales (las autoridades estadounidenses les atribuyeron mil asesinatos entre 1980 y 1990), los dos jefes de la Shower Posse mantenían una actitud de benefactores en Kingston Oeste. Prestaban dinero, compraban uniformes para los niños y construían escuelas.
Su violencia, sin embargo, llegó a sorprender a la policía de Miami en 1984. Miembros de la banda, dirigida en esa ciudad por el sanguinario Charles Little Nut (pequeña nuez) Miller, dispararon a bocajarro contra cinco personas que habitaban una casa donde se consumía crack. A los agentes les impactó la posición rígida del cadáver de una mujer embarazada; tenía las manos juntas como si estuviera implorando a su asesino que tuviera compasión por su vida.
El imperio de la Shower Band fue cayendo a medida que avanzaban los ochenta y se sucedían las detenciones de sus miembros. En 1993, Jim Brown moría abrasado en una celda de la Penitenciaría General de Kingston, mientras esperaba la orden de ser extraditado a Estados Unidos. Nunca se supo qué fue lo que pasó. Blake fue detenido y extraditado a Miami en 1999. Pasó allí nueve años en prisión y al volver mostró su arrepentimiento. Se puso a escribir guiones, regentó varios negocios y murió de problemas respiratorios a los 54 años. Había sido un gánster, había gozado de mucho dinero y de las amistades de famosos como Bob Marley, pero algunos de sus últimos escritos, publicados en un episodio de la serie American Gangster: The Shower Posse sólo proponían sabios consejos a la gente joven: "Me gustaría decirles que lo más importante en la vida es una sólida educación. Manténganse alejados de los narcotraficantes".
Si los dos hijos de Blake hicieron caso de las palabras de su padre, los de Jim Brown demostraron que habían nacido para continuar la estirpe. Tras la muerte de su padre y de su hermano mayor, Cristopher Dudus Coke copió paso a paso la vida de su padre. No sólo por enfrentarse a una extradición a Estados Unidos sino por su carácter, poco dado a la ostentación y sí a mezclarse con la gente de Tivoli. "A veces lo ves sin camiseta, reparando un coche o jugando con los niños", comenta un hombre de negocios que trabajó en el estudio de grabación de la Presidential Click, en la plaza principal del barrio.
El hombre de negocios, que tampoco quiere dar su nombre, explica así el funcionamiento de la Shower Posse en el gueto: "Los políticos tienen un papel muy importante. Dejan hacer lo que sea siempre que reciban los votos de los habitantes del gueto. En un día de elecciones, la Shower Posse paga 18 euros si votas al candidato del JLM. Dudus es el hombre más poderoso del Caribe, pero el primer ministro Golding le ha fallado. Nadie acabará con la Shower Posse. Pueden matar a Dudus, pero alguno de sus hermanos o Justin, de la Presidential Click, tomarán el relevo. Así es el juego".
¿Qué ha pasado para que el primer ministro, Bruce Goldwin, haya cambiado de opinión tras un año oponiéndose a la extradición e incluso pagando a abogados americanos para parar por todos los medios la salida de Dudus? "La presión de la clase alta jamaicana, muy conectada con Estados Unidos ha sido muy fuerte", relata la misma fuente. "Golding empezó a ver que para mantenerse en el poder tenía que dejar de lado a Dudus, y eso es lo que ha hecho", concluye.
Hasta ahora, Bruce Golding ha sabido maniobrar para mantenerse como un hombre importante en Jamaica. A mediados de los noventa lideró el JLP, después fundó un partido propio y regresó al JLP en 2002 para volver a capitanearlo en 2003. En 2007 fue elegido primer ministro, en gran parte con los votos de Kingston Oeste, circunscripción en la que obtuvo su escaño en el Parlamento. No parece que los habitantes de Tivoli Gardens vayan a volver a votarle. "Estamos hartos de él. Nos ha traicionado", asegura Star Smith, una joven de 18 años que se queja de que las escuelas estén cerradas desde los acontecimientos de la semana pasada. Bruce Golding no escapa a los motes jamaicanos. El suyo es un ingenioso juego de palabras. En lugar de prime minister (primer ministro) le llaman Crime Minister (ministro del crimen). A veces, a los jamaicanos les gusta llamar a las cosas por su nombre.