4 jun. 2010

El ataque israelí

Ha sido más que un error/Antoni Segura, catedrático de Historia Contemporánea de la Universitat de Barcelona
Publicado en EL PERIÓDICO, 03/06/10):
El asalto, el lunes, de la Armada israelí a la Flota de la Libertad en aguas internacionales es un ataque frontal al derecho internacional. Las explicaciones de los portavoces del Gobierno o del Ejército son un insulto a la inteligencia. Ha llegado a decirse que entre los activistas por la paz había terroristas de Hamás y Al Qaeda o que los barcos llevaban armas (¿de destrucción masiva?) a Gaza. Solo una mente desinformada a voluntad vincularía Hamás ¿de quien se pueden criticar, con razón, los métodos y la ideología, pero no su vinculación exclusivamente al movimiento de liberación de Palestina¿ con Al Qaeda: nada le gustaría más que poder legitimar su fanatismo asesino con la causa palestina. Pero Hamás fue contundente en el 2007 al desmantelar la franquicia de Al Qaeda en Gaza, el Ejército del Islam. Y, un año antes, ningún partido palestino apoyó otra franquicia, Fatah al Islam, que controlaba el campo de refugiados palestinos de Nahr al Bared hasta que fue desalojado por el Ejército libanés.
La respuesta de la comunidad internacional ante una actuación que, en otras circunstancias, nadie dudaría en calificar de acto de piratería ha sido débil. El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas emitió una declaración ¿sin carácter vinculante¿ en la que condenaba el asalto, lamentaba la pérdida de vidas, solicitaba la liberación de los activistas, pedía una investigación «rápida, imparcial, creíble y transparente» (¿se encargará el propio Gobierno israelí que ordenó el asalto?), calificaba la situación de Gaza de «insostenible» y abogaba por una solución negociada del conflicto. La UE no fue mucho más lejos y, mientras en muchas ciudades del continente estallaban manifestaciones de protesta, se limitaba a emitir un comunicado de condena de «la operación militar israelí en aguas internacionales», lamentaba la pérdida de vidas, recordaba la grave situación humanitaria de Gaza y abogaba por poner fin al bloqueo. Finalmente, la OTAN condenaba los hechos, lamentaba las muertes y pedía una investigación y la liberación de todos los detenidos.
A buen seguro, en los próximos días habrá campañas de intoxicación que hablarán de la violenta resistencia de los activistas, de las armas… Lo advertía dos días antes de lo ocurrido Gideon Levy (Haaretz) al afirmar que la «maquinaria de propaganda había roto todos los límites de la falsedad y la mentira» y se estaba afirmando que no «había crisis humanitaria en Gaza [...] que la ocupación ya había terminado [...], que la flotilla era un ataque a la soberanía israelí…». En el mismo periódico, poco después del asalto, Yossi Melman remachaba el clavo: Israel había caído en la trampa y había dado al mundo la imagen de un Ejército que no duda en utilizar la fuerza pese a causar muertos y heridos. Probablemente, escribía Melman, era lo que quería Hamás, lo mismo, añadía, que pretendían los organizadores del Exodus en 1947. Incluso desde posiciones opuestas, que hablan de provocación, Hoffman Gil (The Jerusalem Post) cree que Israel ha cometido un error que lo ha puesto contra las cuerdas ante la opinión pública internacional. Y más aún, el jefe del Mosad, Meir Dagan, advertía el martes que Israel se está convirtiendo en una carga para Estados Unidos.
Y, cómo no, se recurrirá al infalible argumento del antisemitismo para acallar las protestas. Pues no. El asalto de la Armada israelí no tiene nada que ver con el antisemitismo, sino con el derecho internacional, como creen muchos israelís, alarmados porque el Gobierno ha advertido de que hará lo mismo con otros barcos que intenten llegar a Gaza con ayuda humanitaria.
La crisis tendrá consecuencias: el rechazo de la opinión pública internacional, un daño de las relaciones con Turquía (el mayor aliado musulmán de Israel hasta la fecha y mediador en las negociaciones con Damasco), el distanciamiento de la UE y Rusia y de la política proyectada por Obama para Oriente Próximo, la dificultad de reanudar las conversaciones indirectas para llegar a un acuerdo de paz con la Autoridad Nacional Palestina, el empeoramiento de la situación en Gaza, las divergencias dentro del Gobierno y la opinión pública israelí…
Es por eso que la activista israelí por la paz Uri Avnery ha hablado de crimen contra el Estado de Israel o, mejor, contra el pueblo israelí —contra el palestino, el crimen, en forma de ocupación, hace ya más de 40 años que dura—. Quizá era esta la intención del Gobierno de Binyamin Netanyahu: romper todos los lazos internacionales y hacer de Israel un baluarte contra el resto del mundo. Se cumplirían, así, las palabras bíblicas del oráculo de Balaam: «He aquí un pueblo que habita aparte, no se le puede contar entre las naciones» (Números, cuarto libro del Pentateuco, 23:09). Este fatalismo —fundamentalismo religioso— impregna alguno de los análisis políticos en Israel, destinados a justificar el asalto (Zvi Mazel, The Jerusalem Post). En este punto habrá que convenir que, como me comenta un amigo israelí, «esto no tiene remedio, solo una imposición estadounidense y europea puede salvar a Israel de sí mismo».

Israel

Irán exhibe su poder en plena crisis de la flotilla y amenaza a la oposición
El líder supremo Ali Jameneí califica a Israel de "tumor canceroso"
ÁNGELES ESPINOSA | Teherán 04/06/2010
Los dirigentes iraníes han sacado partido de la crisis de la flotilla de la libertad para ensañarse con Israel y desviar así la atención de sus problemas internos. "Israel es un tumor canceroso", ha declarado el líder supremo, Ali Jameneí, durante la ceremonia por el 21º aniversario de la muerte de su predecesor y fundador de la República Islámica, el ayatolá Ruholá Jomeiní.

Esa conmemoración les ha servido para exhibir el nivel de respaldo popular del régimen frente a quienes cuestionan su legitimidad. Los dos millones de iraníes que, según cifras oficiales, se han congregado en el mausoleo de Jomeiní constituyen un poderoso mensaje a la oposición, a punto de cumplirse un año de las elecciones que denunció como fraudulentas.

"El ataque al convoy de ayuda a Gaza ha mostrado la barbarie del régimen sionista", ha declarado Jameneí, antes hacer un llamamiento a las naciones del mundo para que frenen las atrocidades israelíes. "Miles de flotillas similares en todo el mundo navegarán con luchadores por la libertad para acabar con el régimen sionista y traer la paz y la libertad a toda la humanidad", ha manifestado por su parte el presidente Mahmud Ahmadineyad, dando un nuevo enunciado a su tema favorito, la pronta desaparición de Israel.

Sin embargo, a nadie le ha pasado desapercibido que mientras en medio mundo se organizaban manifestaciones de condena a la actuación israelí, en Irán apenas ha habido unas escuálidas protestas orquestadas por las autoridades. Las más numerosas se han celebrado al terminar las plegarias del mediodía y bajo estricto control oficial. Como ha señalado el analista Meir Javedanfar: "Jameneí tiene miedo. No de Israel, sino de su propia población". El temor del Gobierno iraní es que cualquier concentración pueda volverse en su contra como ya sucediera el año pasado durante el Día de Jerusalén o las procesiones de Ashurá.

Los opositores iraníes todavía insisten, 12 meses después, en que Ahmadineyad "robó" las elecciones del 12 de junio. Y a menos de una semana de ese aniversario, las sensibilidades están a flor de piel. El presidente ha vuelto a repetir que los comicios fueron "cien por cien libres" y aseguró que "el Gobierno iraní es el más democrático del mundo". "Nunca abandonaremos al líder" y "Muerte a los hipócritas", coreaban los cientos de miles de iraníes llegados hasta el mausoleo en los 49.600 autobuses fletados por las autoridades.

Jameneí, que tiene la última palabra en todos los asuntos de Estado, también criticó a los dirigentes de la oposición. "Lo que cuenta es la posición actual de la gente, no lo que han hecho en el pasado", manifestó en alusión al papel histórico que tuvieron las dos principales figuras del Movimiento Verde, el ex primer ministro Mir-Hosein Musaví y el ex presidente del Parlamento Mehdi Karrubí. "Algunos de los que acompañaron al imam en el avión que le trajo de París a Teherán fueron luego colgados por haberle traicionado", ha añadido en lo que ha sonado como una advertencia.

Muestra de las profundas divisiones que aquejan al sistema, los simpatizantes de Ahmadineyad impidieron la intervención de Hasan Jomeiní, uno de los nietos del ayatolá, con gritos de "Muerte a Musaví" y "Muerte a Karrubí", una poco velada crítica a sus simpatías reformistas. Hasan, que es el guardián del legado de su abuelo, ha intentado reanudar su discurso varias veces, pero ha terminado abandonando el estrado. "La dignidad del aniversario no merece lo que este pequeño grupo está haciendo", se le ha oído decir. Según la agencia ILNA, otros familiares de Jomeiní también abandonaron el acto en protesta por el incidente.

Ni Musaví ni Karrubí han estado presentes en la ceremonia, como era habitual hasta el año pasado. En su página web, Karrubí ha denunciado que se le denegó el acceso al mausoleo la noche anterior y que tuvo que salir de allí protegido por sus guardaespaldas. El ex presidente reformista Mohamed Jatamí, que respaldó las demandas de los opositores, tampoco estaba en las primeras filas reservadas para los altos cargos. Quien sí estaba, y la televisión estatal se encargó de dejar constancia, fue Ali Akbar Hachemí Rafsanyaní, el otrora poderoso político quien, a pesar de haber mostrado su simpatía por la oposición, no ha llegado a romper filas con el líder.



Israel

Irán exhibe su poder en plena crisis de la flotilla y amenaza a la oposición
El líder supremo Ali Jameneí califica a Israel de "tumor canceroso"
ÁNGELES ESPINOSA | Teherán
EP 04/06/2010
Los dirigentes iraníes han sacado partido de la crisis de la flotilla de la libertad para ensañarse con Israel y desviar así la atención de sus problemas internos. "Israel es un tumor canceroso", ha declarado el líder supremo, Ali Jameneí, durante la ceremonia por el 21º aniversario de la muerte de su predecesor y fundador de la República Islámica, el ayatolá Ruholá Jomeiní.
Esa conmemoración les ha servido para exhibir el nivel de respaldo popular del régimen frente a quienes cuestionan su legitimidad. Los dos millones de iraníes que, según cifras oficiales, se han congregado en el mausoleo de Jomeiní constituyen un poderoso mensaje a la oposición, a punto de cumplirse un año de las elecciones que denunció como fraudulentas.
"El ataque al convoy de ayuda a Gaza ha mostrado la barbarie del régimen sionista", ha declarado Jameneí, antes hacer un llamamiento a las naciones del mundo para que frenen las atrocidades israelíes. "Miles de flotillas similares en todo el mundo navegarán con luchadores por la libertad para acabar con el régimen sionista y traer la paz y la libertad a toda la humanidad", ha manifestado por su parte el presidente Mahmud Ahmadineyad, dando un nuevo enunciado a su tema favorito, la pronta desaparición de Israel.
Sin embargo, a nadie le ha pasado desapercibido que mientras en medio mundo se organizaban manifestaciones de condena a la actuación israelí, en Irán apenas ha habido unas escuálidas protestas orquestadas por las autoridades. Las más numerosas se han celebrado al terminar las plegarias del mediodía y bajo estricto control oficial. Como ha señalado el analista Meir Javedanfar: "Jameneí tiene miedo. No de Israel, sino de su propia población". El temor del Gobierno iraní es que cualquier concentración pueda volverse en su contra como ya sucediera el año pasado durante el Día de Jerusalén o las procesiones de Ashurá.
Los opositores iraníes todavía insisten, 12 meses después, en que Ahmadineyad "robó" las elecciones del 12 de junio. Y a menos de una semana de ese aniversario, las sensibilidades están a flor de piel. El presidente ha vuelto a repetir que los comicios fueron "cien por cien libres" y aseguró que "el Gobierno iraní es el más democrático del mundo". "Nunca abandonaremos al líder" y "Muerte a los hipócritas", coreaban los cientos de miles de iraníes llegados hasta el mausoleo en los 49.600 autobuses fletados por las autoridades.
Jameneí, que tiene la última palabra en todos los asuntos de Estado, también criticó a los dirigentes de la oposición. "Lo que cuenta es la posición actual de la gente, no lo que han hecho en el pasado", manifestó en alusión al papel histórico que tuvieron las dos principales figuras del Movimiento Verde, el ex primer ministro Mir-Hosein Musaví y el ex presidente del Parlamento Mehdi Karrubí. "Algunos de los que acompañaron al imam en el avión que le trajo de París a Teherán fueron luego colgados por haberle traicionado", ha añadido en lo que ha sonado como una advertencia.
Muestra de las profundas divisiones que aquejan al sistema, los simpatizantes de Ahmadineyad impidieron la intervención de Hasan Jomeiní, uno de los nietos del ayatolá, con gritos de "Muerte a Musaví" y "Muerte a Karrubí", una poco velada crítica a sus simpatías reformistas. Hasan, que es el guardián del legado de su abuelo, ha intentado reanudar su discurso varias veces, pero ha terminado abandonando el estrado. "La dignidad del aniversario no merece lo que este pequeño grupo está haciendo", se le ha oído decir. Según la agencia ILNA, otros familiares de Jomeiní también abandonaron el acto en protesta por el incidente.
Ni Musaví ni Karrubí han estado presentes en la ceremonia, como era habitual hasta el año pasado. En su página web, Karrubí ha denunciado que se le denegó el acceso al mausoleo la noche anterior y que tuvo que salir de allí protegido por sus guardaespaldas. El ex presidente reformista Mohamed Jatamí, que respaldó las demandas de los opositores, tampoco estaba en las primeras filas reservadas para los altos cargos. Quien sí estaba, y la televisión estatal se encargó de dejar constancia, fue Ali Akbar Hachemí Rafsanyaní, el otrora poderoso político quien, a pesar de haber mostrado su simpatía por la oposición, no ha llegado a romper filas con el líder.