13 mar. 2009

Comentario de Fernando Reinares

¿Acaso el 11-M no se fijó en Bruselas?/Fernando Reinares, actualmente prepara un libro sobre el 11-M titulado Operación Trenes de la Muerte.
Publicado en EL PAÍS (www.elpais.com), 11/03/09;
En Bruselas, sí. No en el barrio de Lavapiés ni en Morata de Tajuña. Fue cuando, casi cinco meses antes de que se produjeran los atentados de 2004 en Madrid, alguien adquirió una tarjeta prepago y facilitó para ello una serie de datos falsos, entre los que figuraba como fecha de nacimiento la del 11 de marzo de 1921.
Es significativo que en la azora 21 del Corán pueda leerse: “Si los infieles conocieran el momento en que no podrán apartar el fuego de sus rostros, ni de sus espaldas…”. Además, dicha compra, y por tanto la fijación del 11-M, tuvo lugar el 19 de octubre de 2003. Al día siguiente -ni uno antes, ni uno después- de que un canal qatarí de televisión emitiese un vídeo en el que Osama Bin Laden amenazaba a varios países occidentales, mencionando de manera expresa a España. Una circunstancia asimismo muy reveladora.
Importa aclarar que la aludida tarjeta prepago estaba inserta en el terminal de telefonía móvil encontrado en el dormitorio de la vivienda en que residía -insisto, en Bruselas- Youssef Belhadj, actualmente condenado a 12 años de prisión.
Constato de manera habitual que la inmensa mayoría de los asistentes a conferencias y seminarios en los que se habla del tema desconoce tanto ésas como otras evidencias fundamentales acerca de los terroristas que intervinieron en la planificación y ejecución del 11-M. Quizá por haber estado durante largo tiempo enredados en un debate excéntrico, elucidando si ETA estaba o no implicada en esos trágicos hechos, ha pasado desapercibido lo que los atentados de Madrid indican sobre la configuración del terrorismo global tras los del 11-S en Nueva York y Washington, o sobre la evolución de la amenaza que continuamos afrontando.
Cinco años después, mi impresión es que gran parte de los españoles sigue pensando que lo sucedido aquel infame día en los trenes de cercanías que circulaban hacia la estación de Atocha fue obra de una pequeña célula, constituida de manera espontánea y formada por inmigrantes magrebíes mal adaptados a nuestra sociedad, radicalizados a sí mismos y sin conexiones internacionales de importancia. Pero las cosas no son así.
En primer lugar, entre los implicados en los atentados del 11-M hay varios individuos, como Jamal Zougam y Serhane Ben Abdelmajid Fhaket, El Tunecino, o el huido Said Berraj, que estuvieron integrados en la célula de Al Qaeda establecida en España a inicios de los noventa o mantenían estrechos vínculos con su dirigente, hoy en prisión, Abu Dahdah. Éste quedó al frente de la célula cuando el más notorio de sus fundadores, Abu Musab al Suri, dejó Madrid para trasladarse primero a Londres, donde desarrolló labores doctrinales junto a Abu Qutada, y luego a Afganistán, donde en 1996 era ya miembro del círculo inmediato de Osama Bin Laden.
Esa célula fue sustancialmente desmantelada por la policía en el otoño de 2001, al constatarse su trabazón con la de Hamburgo, la de los suicidas del 11-S, alguno de los cuales estuvo poco antes en nuestro país. Ni aquellos tres individuos ni otros cercanos a ellos encajan en el perfil propio de unos terroristas que constituyen su propia célula local e independiente de manera espontánea, una vez radicalizados a sí mismos.
Al aproximarnos a la identidad de los condenados en sumarios abiertos por los atentados de Madrid se distinguen, en segundo lugar, dos destacados miembros del Grupo Islámico Combatiente Marroquí (GICM), formado hacia 1993 en Peshawar, Pakistán, y afiliado con Al Qaeda. En su campo de adiestramiento de Jalalabad, Afganistán, se enseñaba a utilizar móviles en explosiones simultáneas. A inicios de 2002, esa organización terrorista y otras dos norteafricanas de la misma orientación -como el Grupo Islámico Combatiente Libio (GICL), alguno de cuyos notables entró en contacto con uno de los terroristas de Madrid- acordaron atentar en los países de donde procedían sus integrantes o en los que residieran.
Los atentados de Casablanca se produjeron en mayo de 2003 y los del 11-M en Madrid, diez meses después. Las redes terroristas de ambos casos se solapan parcialmente. Hassan el Haski, condenado aquí a 14 años, lo ha sido a 10 por lo ocurrido en aquella ciudad marroquí. Ningún miembro del GICM es, por definición, componente de una célula local surgida espontáneamente y carente de conexiones internacionales.
En tercer lugar, envuelto en el 11-M encontramos a un antiguo militante de la Yihad Islámica Egipcia (YIE), que en 2001, siendo su líder Ayman al Zawahiri, el actual lugarteniente de Osama Bin Laden, se fusionó con Al Qaeda. Hablo de Rabei Osman Es Sayed Ahmed, Mohamed el Egipcio, un notorio emprendedor de iniciativas a favor de Al Qaeda y el terrorismo global desde 1999 en Alemania, Francia, Italia, Bélgica y España, donde están acreditados sus ligámenes con algunos de quienes cometieron los atentados de Madrid. Por estos hechos fue condenado en Italia a ocho años de prisión.
Una investigación del Federal Bureau of Investigation (FBI) estadounidense, solicitada por las autoridades italianas, puso de manifiesto que, el 4 de febrero de 2004, es decir, cinco semanas antes del 11-M, El Egipcio activó por primera vez la dirección de correo electrónico que utilizaba normalmente, introduciendo en el formulario de registro un nombre imaginario, con domicilio ficticio y supuestamente nacido el 11 de marzo de 1970. Ocurrió en Milán. No en el barrio de Lavapiés ni en Morata de Tajuña.
Ciertamente, si repasamos el listado de cuantos han sido condenados por los atentados del 11-M o se suicidaron en Leganés el 3 de abril de 2004, hallamos unos cuantos marroquíes, originarios de ciudades como Tánger y Tetuán, inmersos en la delincuencia común y el narcotráfico, liderados por Jamal Ahmidan, El Chino.
Pero fueron expresamente movilizados para participar en los atentados y no constituyeron célula alguna de manera espontánea ni se radicalizaron solos. En cualquier caso, los rasgos comunes a estas personas son relativamente distintivos respecto al conjunto de quienes participaron en los atentados de Madrid y no debe tomarse esta parte por un todo más diverso. A la hora de explicar el amalgamiento de esos individuos caracterizados por su previa trayectoria delictiva con otros inmersos desde hacía mucho tiempo en grupos y organizaciones terroristas afines a Al Qaeda, dentro y fuera del territorio español, es preciso aludir a ligámenes afectivos de amistad, vecindad o parentesco que vinculaban entre sí a no pocos de estos terroristas.
A todo ello debe añadirse que Al Qaeda se hizo responsable de los atentados mediante un comunicado enviado el mismo día por las Brigadas de Abu Hafs al Masri al periódico en lengua árabe que es su destinatario habitual desde hace más de una década, donde fue validado.
Los escondidos en el piso de Leganés siguieron las directrices transmitidas posteriormente con esa rúbrica. Sin olvidar que, según todo indica, los terroristas del 11-M huidos recibieron ayuda no sólo del GICM, sino de Ansar al Islam y el entramado de Al Qaeda en Irak. Alguno de ellos cometió un atentado suicida en este país.
En suma, no parece que los atentados de Madrid fuesen obra de una célula local surgida espontáneamente y formada por un puñado de inmigrantes musulmanes radicalizados a sí mismos. Incluso que el 11-M ocurriese exactamente 911 días después del 9-11 -es decir, el 11-S- resultaría en exceso sofisticado para una camada así. Evidencias como las reseñadas y numerosas otras sugieren una realidad más compleja, que lo es también para una amenaza que persiste.

La política y la ética: la serpiente y la paloma

La paloma y la serpiente/Reyes Mate, filósofo e investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas
Publicado en EL PERIÓDICO, 12/03/09;
En La boda de Ana y Alejandro, la sátira política del dramaturgo Juan Mayorga, el convite de la hija de Aznar se convierte en un espacio de intrigas y trapicheos entre rufianes vestidos de gala. Por lo visto, la ficción se ha quedado pequeña a la vista de lo que vamos sabiendo de las investigaciones del juez Garzón. Pues bien, las elecciones gallegas y vascas han demostrado que pesa más en el voto del ciudadano el coche oficial de medio millón del expresidente Touriño que la trama de espías y corrupciones que ronda al Partido Popular. ¿Por qué la ciudadanía es tan severa con unos y tan comprensiva con otros? El profesor Aranguren se lo explicaba diciendo que la izquierda es vista como la portadora de valores morales, por eso no convenía que tocara poder, porque eso exigía devaluar ideales y recurrir a estrategias eficaces, aunque no fueran edificantes. La izquierda, concluía él, solo puede estar “fuera del poder y contra él”. Si se arriesga a ocuparlo, la opinión pública será severa con cualquier atentado a la ética.
SABIDO ES que la ética y la política no se llevan muy bien, porque, como Kant decía, el principio de la política es “sed astutos como serpientes” y el de la ética, “sencillos como palomas”. Esto no quiere decir que la ética no haya tenido sonados triunfos políticos. Hoy sabemos muy bien que tanto la revolución americana como la francesa, a finales del siglo XVIII, eran operaciones para ricos o propietarios. A ellos iba dirigida la promesa política de igualdad y libertad. En esto el siglo XVIII no era nada original, pues seguía la pauta marcada por la famosa democracia griega, que era cosa de pocos, ya que, para participar en ella, había que ser varón, pudiente y ateniense: es decir, ni las mujeres, ni los pobres ni los forasteros tenían cabida.Pues bien, si se ha podido universalizar el sufragio y si se han extendido la libertad y la igualdad a los pobres ha sido gracias a la conciencia crítica o a las exigencias éticas de unos pocos, que pusieron en marcha poderosos movimientos sociales reivindicativos. Esas masas sociales no disponían de cañones ni de mantequilla. Su fuerza era la convicción moral, y con ella cambiaron la historia. Cuando los españoles llegaron a La Española, montaron un sistema económico y social bajo el principio de que unos eran amos y los otros, siervos. Aquello funcionaba a pedir de boca de los conquistadores.
Fueron unos pocos frailes, armados de un par de principios morales, los que, un domingo de Cuaresma y ante Diego Colón y demás espadones, se hicieron unas cuantas preguntas que conmovieron los reinos de Carlos V: “¿Con qué derecho y con qué justicia tenéis en tan cruel y horrible servidumbre a estas gentes que estaban en sus tierras, mansas y pacíficas? ¿Cómo los tenéis tan oprimidos y fatigados? ¿Acaso no son hombres?”. Quien esto cuenta era un cura encomendero llamado Bartolomé de Las Casas. Aquel sermón le hizo caer del caballo y hoy cuenta como pionero de la historia de los derechos humanos, el gran éxito político de la izquierda o de la conciencia crítica, o como quiera llamarse.
EN EL ORIGEN de la izquierda está la experiencia de una lucha contra los poderes establecidos sin más armas que la razón, los valores universales y una clara sensibilidad por las injusticias. Eran los tiempos en los que estaban fuera del poder y contra el poder, pero no por voluntad propia, sino porque
las fuerzas conservadoras no lo permitían. Gracias a esa lucha cambiaron las reglas y la izquierda llegó al poder. Felipe González aún pudo exprimir la asociación en el imaginario colectivo entre izquierda y ética, con aquel eslogan de Cien años de honradez. Era un riesgo porque el PSOE se estaba convirtiendo en un partido del poder, expuesto, por tanto, a todos los abusos. Convertir la honradez en cartel publicitario tenía el inconveniente de elevar un caso de corrupción a deshonra de la firma publicitada.Cuando llegaron los Roldán y Filesa y los GAL, se acabó el embrujo. La derecha mediática, que aprovechó aquellos escándalos para copar el poder, quiso hacernos creer que lo que les movía eran impulsos morales. Los ciudadanos otorgaron sus votos a Aznar y a los suyos no porque fueran virtuosos ellos, sino porque los socialistas no lo eran.
La opinión pública tolera los escándalos en la derecha –premiándoles, en casos como el de Carlos Fabra, con mejores resultados electorales– y no en la izquierda porque tiene asumido que, para la derecha, el valor político de referencia es el poder y, para la izquierda, deberían contar también los valores morales. De la derecha esperan eficacia, y de la izquierda, que sea solidaria y austera, cercana y sensible a los problemas de la calle.
LA IZQUIERDA no debería lamentarse por esa doble vara de medir que aplica el ciudadano. Si lo hace, y castiga electoralmente a un partido más que a otro, es porque espera más de la izquierda. El problema es saber si el PSOE se lo sigue creyendo o ha ingresado en la cofradía kantiana, convencido de que entre ética y política solo puede haber relaciones conflictivas, no buena química.

¿Campaña contra México?

El Presidente Calderón en el evento México: Perspectivas y oportunidades económicas en el nuevo entorno mundial; reunió que convocó Susan Segal, Presidenta y CEO de Americas Society and Council of the Americas:
Méxcio DF., a 12 de marzo
Dijo saliéndose del tema económico para el que fue invitado:
"En primer lugar, déjenme explicarles claramente cuál es el tema, que agradezco mucho a Susan sus referencias, referido a la legalidad y al crimen organizado en México.
El Gobierno de México tiene un fuerte, firme, determinado compromiso con la legalidad. Es una convicción personal del Presidente y es una convicción de equipo y de sentido del deber de todo el Gobierno Federal con los mexicanos, y no sólo con los mexicanos, sino con quienes deciden invertir o visitar a nuestro querido país.
Y lo que estamos haciendo, amigas y amigos, es precisamente enfrentar un problema que había crecido en nuestro país, y al cual no sólo le estamos presentando una batalla sin precedente, sino que además estamos atacando directamente la raíz de esos problemas con miras a solucionarlos. Y, además, estamos avanzando en esa solución, y estamos avanzando, porque estamos avanzando en varios frentes.
Primero. En el corto plazo, precisamente, fortaleciendo la autoridad del Estado en todo el territorio nacional. Es absolutamente falso, absurdo que se señale que México no tiene autoridad sobre un punto del territorio nacional.
Yo reto a quien diga eso, que me diga a qué punto del territorio nacional quiere ir y lo llevo. Lo único que le pido es que no venga de vacaciones, como parece que vienen algunos analistas a México.
Yo lo que exijo es que vayamos, precisamente, al punto que quieran del territorio nacional para conocer el imperio del Estado. Sí tenemos problemas, por supuesto, como los tiene también Estados Unidos; pero lo que tenemos nosotros es una firme determinación de terminar un problema que no ha sido creado en nuestro país, que sufre nuestro país como consecuencia de estar al lado del mayor consumidor de drogas del mundo y del mayor proveedor de armas del mundo.
Lo estamos enfrentando en el corto plazo porque estamos movilizando toda la fuerza del Estado, y eso implica no sólo policías locales, policías federales, sino Ejército, Marina, para enfrentar ese problema. Y lo estamos atacando con fuerza y con singularidad.
Hemos quebrado una buena parte de la estructura financiera y logística del crimen organizado en México. Hemos decomisado cientos de millones de dólares en efectivo, incluso en una sola operación decomisamos más de 200 millones de dólares en una casa en la Ciudad de México.
Hemos decomisado casi 30 mil armas, de las cuales la mitad han sido armas muy peligrosas: rifles de asalto, lanzamisiles.
Aquí, por cierto, no somos ajenos a un fenómeno que también es imputable en Estados Unidos. En 2004 se removió la prohibición en Estados Unidos de vender rifles de asalto, y desde entonces, se han vendido cientos o miles de rifles de asalto hacia nuestro país, a los criminales.
De manera tal que estamos también enfrentando ese problema, que tampoco lo generamos nosotros. Y yo hago votos de que la sociedad, el Congreso y el Gobierno americano tome cartas en este asunto.
Estamos, además, enfrentando un problema que tiene que ver con una recomposición de, si ustedes me permiten, el modelo de negocio en nuestro país, que antes era un negocio orientado, exclusivamente, al tráfico de droga en Estados Unidos y ahora busca posicionarse en el control de mercados.
Ese control de mercados implica un esfuerzo por asumir control territorial, y ese esfuerzo de control territorial implica un enfrentamiento muy violento, que esa es la esencia de la imagen que se está proyectando sobre este tema en el mundo, entre las propias bandas del crimen organizado.
Y si podemos observar, precisamente, este fenómeno veremos que la imagen que se ha transmitido de México es que si hay seis mil 500 muertes en México el año pasado, se genera la idea de que los ciudadanos mexicanos se están desplomando, abatidos por el crimen en las calles de esta ciudad o cualquier otra. Y eso no es así, y ustedes lo podrán constatar, además, en su estancia en México.
De hecho, de esas bajas que se tuvieron en el año pasado, los reportes policíacos nos indican que más del 90 por ciento de esas personas, 93 para ser exactos, están vinculados directa o indirectamente a alguna de las bandas del crimen organizado; son distribuidores de droga, insisto, el nuevo modelo de negocios, es un modelo detallista, retailers.
Y, precisamente, por eso hay una lucha por los territorios, como ocurre entre muchas empresas de gas o de, y ya no digo nombres porque se ofenden mis amigos empresarios, la verdad eso es así, es una lucha que están teniendo estas bandas.
Incluso una buena parte de ellos, que son distribuidores, informantes, sicarios, administradores de giros negros, más de un 30 por ciento de ellos nunca fueron reclamados sus cadáveres por ningún familiar. Lo que refleja, precisamente, un fenómeno de confrontación entre bandas.
Aún así, amigas y amigos, los últimos datos disponibles, y de veras pueden constatarlos en cualquier institución que haga investigaciones serias, los últimos datos disponibles reflejan que México tiene una tasa de mortalidad o de muertes violentas, una tasa que los últimos datos la marcan en 10.7 por cada cien mil habitantes; que es una tasa menor a la tasa, tan sólo por hablar de Latinoamérica, menor a la de Guatemala, a la de El Salvador, a la de Colombia, menor a la de Venezuela y menor a la de Brasil; incluso es una tasa menor a la que se registra en varias ciudades de Estados Unidos. Es una tasa equivalente a la que tuvo toda la Unión Americana a principios de los 90.
De manera tal, amigas y amigos, que yo, mi primer voto es, mi primer punto es, primero, lamentar profundamente que se haya escalado una campaña que parece que es una campaña contra México.
Que la opinión pública, y ahora hasta las revistas, no sólo se dedican a atacar, a mentir sobre la situación de México, sino a exaltar a los criminales. (se refiere al caso de la revista Forbes)
En lo que México lo consideramos, incluso, un delito, que es apología del delito. No me detengo en los detalles, quizá ustedes los conocen. Pero, evidentemente, eso ni nos arredra a nosotros, amigas y amigos, ni modifica un ápice nuestra firme determinación de fortalecer el Estado de Derecho en México, de garantizar a cada mexicana y a cada mexicano su seguridad, y en eso estamos empeñados.
Segundo. Que lo mínimo que exigimos es un sentido de corresponsabilidad, éste no es un problema ni mexicano ni exclusivamente de México; este un problema que está carcomiendo, particularmente, a la sociedad consumidora, que es la sociedad de Estados Unidos.
Es un problema que está corrompiendo estructuras de corrupción; sí, en México hemos tenido una corrupción, pero por primera vez el Gobierno está limpiando la casa de arriba hasta abajo, por primera vez están en la cárcel ahora mandos de primer nivel en materia policíaca o en materia de procuración de justicia.
Pero si con ese argumento vamos, de que el crimen existe dada la corrupción de las autoridades, lo cual es
válido admitirlo, díganme ustedes cómo se explica un mercado tan grande de drogas, el mercado más grande del mundo, en Estados Unidos, sin la corrupción de ciertas autoridades en Estados Unidos.
Y yo quisiera saber qué autoridades del nivel, que yo he puesto en la cárcel, han sido siquiera investigadas en aquél país.
De manera tal, amigas y amigos, que sí, efectivamente, estamos haciendo un esfuerzo conjunto. Yo aprecio, además, las expresiones de solidaridad, hoy vienen unas declaraciones que yo reconozco y valoro en toda su dimensión, del Presidente Obama (se refiere a lo publicado ese día en The Dallas Morning News: Obama says no U.S. troops needed yet at Mexican border)
; y, precisamente, siguiendo su liderazgo, estoy convencido de que vamos a trabajar mejor que nunca en esta materia, uno de los tantos retos binacionales que tenemos, en materia de crimen organizado.
El crimen organizado ataca a los dos lados de la frontera, daña a familias americanas y mexicanas. El crimen organizado es un desafío común que el Presidente Obama y yo vamos a enfrentar en común.
Insisto, lo que espera México es ese sentido de corresponsabilidad que ha expresado el Presidente Barack Obama, a quien aprecio, se transmita, primero, hacia todos los integrantes de su equipo de Gobierno.
Segundo, se transmita también hacia todos los liderazgos y medios de comunicación en la Unión Americana, que deben asumir su rol de responsabilidad en este problema, y se transmita también a la opinión pública en ambos lados.
Yo lo único que les puedo asegurar, amigas y amigos, es que México, el Gobierno mexicano está trabajando más que nunca con una firme determinación de poner la casa en orden.
Así que si ustedes ven polvo saliendo por las ventanas, no se preocupen, es que estamos, precisamente, limpiando la casa y no descansaremos hasta ver a un México libre, un México seguro, un México donde nuestras familias puedan vivir en paz y nuestros hijos puedan ir tranquilamente a la escuela y jugar en la calle.
Y si hay algún activo que tiene México ahora, más que un pasivo, es este activo en materia de Estado de Derecho y de seguridad, y el activo es que hay un Gobierno firmemente determinado y con la fuerza suficiente para derrotar a la criminalidad y con una sociedad que lo apoya, además, ampliamente.
Y ahora me refiero al tema económico….”

El síndrome de Saigon

Columna Estrictamente Personal/Raymundo Riva Palacio
El síndrome de Saigón
www.ejecentral.com.mx; 12/03/2009;
Sí, contra lo que sostiene el gobierno federal, los políticos, los empresarios y un número
impresionante de analistas, México es un Estado fallido. Como el gobierno de Pakistán, el mexicano es débil al haber perdido control sobre algunos segmentos de su territorio, lo que genera ingobernabilidad y se minan los procesos de democratización, creando santuarios para el crimen organizado y perdiendo en control sobre la sustentabilidad económica. En Pakistán, el terrorismo vinculado a los servicios de inteligencia, tiene en permanente jaque al gobierno; en México, el narcotráfico vinculado a estructuras políticas y policiales, tiene en jaque permanente al gobierno. En ambos, hay segmentos de la sociedad que han optado por el lado del mal. ¿O no es esta una realidad plena?
Con palabras y discursos, o a sombrerazos y enojones, no se resuelve nada y sólo contribuye al griterío. Más aún, abona en el descrédito. El gobierno del presidente Felipe Calderón está reaccionando negativamente a una fuerza que él mismo disparó: la cruzada contra el narcotráfico. El Presidente la elevó rápidamente de lucha, como siempre lo fue, al rango de guerra, sin plantear los términos y los tiempos de esta guerra. Esta palabra era agresiva y mostraba determinación, pero tenía cimientos endebles que no fueron evaluados adecuadamente en el momento en que, espotáneamente, por instinto bravucón, el Presidente decidió que esa sería la definición de la política que en un principio le generó réditos en popularidad.
Sobre puntos porcentuales que no ganó en la elección presidencial, hizo del tema de la seguridad y la guerra contra el narcotráfico el gran eje de su discurso, que montó irresponsablemente sobre el triunfalismo, construyendo la expectativa de que la victoria sería pronta y total. Al descubrir por la vía de los hechos que la batalla sería a largo plazo, que era mucho más compleja de lo que evidentemente había avizorado, que los efectos colaterales se multiplicarían, añadió enemigos a sus flancos abiertos al justificar sus limitaciones con el argumento -por lo demás real-, de que el problema tenía raíces crecidas por lustros. La combinación de yerros semánticos y excesos retóricos socializó e internacionalizó el fenómeno. Es cierto que el Presidente tuvo un fenomenal éxito en hacer que el mundo volteara a ver lo que estaba sucediendo en México, con violencia rampante, decapitados, secuestros, corrupción masiva, ineficacias policiales y territorios perdidos. Pero eso ya no le gustó.
Logró la atención del mundo y de Estados Unidos, desde donde se recetó la definición de México y Pakistán como “estados fallidos”, ubicándolos en la máxima prioridad de la seguridad nacional. Calderón rechazó tajantemente la descripción, como sucedió con toda la clase gobernante y prácticamente la totalidad de la ilustrada, a quienes no les gustó esa categorización del país. Pero el Presidente, como la voz cantante nacional, no ha terminado de comprender que él mismo contribuye directamente a esa categoría cuando afirma que, en efecto, hay “bolsas territoriales” en poder del narcotráfico. Pero sólo son algunas, y en algunos lados, como redondeó la canciller Patricia Espinosa cuando declaró que el problema se ubica en seis estados. En la razón de sus matices y precisiones se encuentra la explicación de su imposible defensa contra el argumento del Estado fallido.
Si hay “bolsas territoriales” en poder del narco es porque el Estado no tiene control sobre de ellas. Si se aplica en rigor la definición de “guerra” de Calderón, lo que estamos viviendo es una guerra civil, por lo que esas “bolsas” serían el equivalente a “zonas liberadas” por un ejército rebelde que le ha quitado espacios al gobierno. En el caso mexicano, los funcionarios han tratado de desmontar las primeras aseveraciones de las bolsas territoriales, señalando que en todo el país hay presencia del Estado. Es cierto, pero una vez más en la lógica guerrerista de Calderón, se podría alegar a una especie de síndrome de Saigón, durante la guerra de Vietnam, donde durante el día pertenecía la ciudad a las tropas estadounidenses y de noche al Vietcong.
México y el gobierno mexicano viven más cerca del síndrome de Saigón que el de la Revolución Sandinista, donde el ejército rebelde arrebataba territorio a la dictadura somocista sin que la pudiera recuperar jamás. Aquí comparten los territorios el gobierno y el narco, pero no necesariamente las lealtades de las estructuras políticas, policiales y de la sociedad misma. En sólo dos estados, Michoacán y Tamaulipas -que no lo mencionó la canciller entre las entidades en guerra- hay más de 80 municipios donde la autoridad fue impuesta y trabaja para los cárteles de la droga. En total, son alrededor de 120 donde funcionarios admiten que se encuentran bajo el control de los narcos. El dinero del narcotráfico ha pagado campañas políticas.
En Tabasco -que tampoco mencionó la canciller-, los cárteles dominan las policías locales; en toda la frontera, policías municipales trabajan para un cártel y las estatales para el otro, en una dinámica que se ha arrastrado por años. ¿Se olvidó también que la SIEDO, la subprocuraduría encargada de combatir al narcotráfico, estaba dedicada a resolver los problemas de los diferentes cárteles para evitar que sus líderes fueran perseguidos hasta hace unos cuantos meses? Hay personas sobre quienes penden sospechas de ligas al narco, que están buscando una diputación; hay jefes policiales que abrieron las puertas a Los Zetas en el estado de México, contratadas ahora por otros estados en el norte del país. Hay muchas comunidades en depresión económica no por la crisis, sino porque el dinero del narco ya no fluye como antes -en abono de los avances en la lucha contra los cárteles-, lo que demuestra que la sustentabilidad económica no dependía del gobierno sino del narcotráfico.
La reiteración de la categoría impuesta por Estados Unidos no se va a evaporar porque así lo quiera el presidente Calderón. La realidad es que México sí tiene un problema muy serio que resolver, no sólo a nivel gobierno federal por cierto, antes de que el Estado fallido como se caracteriza ahora a este país, pase a ser un “narco Estado“, como están vislumbrando en Washington que pudiera suceder, donde las medidas políticas y militares cambiarían en ese momento de intensidad y aplicación. Hay que dejar de llorar tanto y actuar en las cosas de fondo, como proceder contra todos aquellos funcionarios, jefes policiacos y empresarios que protegen y lucran del narco. Es un buen punto de partida. Y una muestra de que las cosas si van en serio.
rrivapalacio@ejecentral.com.mx

¿Qué quiere Forbes?

Columna Razones/Jorge Fernández Menéndez
Publicado en Excélsior, 13 de marzo de 2009;
La fortuna del Chapo y la rigurosidad de Forbes
Hace algunos meses mi querida revista Rolling Stone publicó una lista de los cien mejores cantantes de la historia: obviamente nadie quedó conforme con los resultados. En el primer lugar estaba Aretha Franklin y era legítimo preguntarse si no había sido mejor Billy Holliday o si John Lee Hooker o Frank Sinatra (que no aparece) no eran mejores que Ray Charles, el segundo. En última instancia, había una metodología y un grupo de personas consultadas que hicieron su lista. Y servía para el debate. Era un problema de gustos, no de datos objetivos.
No ocurre lo mismo con las controvertidas listas de millonarios de Forbes. Si bien dicen basarse en estudios sobre acciones, empresas, participaciones, en realidad es un estudio fallido de origen: ni Microsoft representa la fortuna de Bill Gates ni la del Grupo Carso la de Carlos Slim. Es peor cuando lisa y llanamente se especula: hace unos años se colocó a Fidel Castro como uno de los hombres más ricos del mundo, y quizá lo es, pero no se documentó absolutamente nada sobre ello: era simplemente una especulación que podía llegar a la conclusión que quisieran los editores. Ahora, Forbes vuelve a sorprender colocando a Joaquín El Chapo Guzmán como uno de los hombres más ricos del mundo, en el lugar 701 de la lista y con un capital de mil millones de dólares, igual que el de Alfredo Harp Helú o el de Emilio Azcárraga. ¿Por qué, de dónde sale esa información, con base en qué documentación, qué cuentas bancarias, qué conocimiento del mundo del crimen organizado? Es, como se ha dicho, una irresponsabilidad pero, por sobre todas las cosas, una absoluta ausencia de ética periodística.
Luisa Kroll, la editora de Forbes, dice que, si bien Guzmán “es un personaje oscuro, la verdad es que está siendo exitoso en un negocio”. Y que, “si bien hay muchos criminales de cuello blanco, El Chapo es el único con una recompensa sobre su cabeza”, como si eso fuera una explicación para ofrecer un dato duro. Con el fin de llegar a la cifra de mil millones de dólares, afirman que los narcotraficantes mexicanos lavaron “entre 18 y 39 mil millones de dólares en 2008 en Estados Unidos” y que, si El Chapo es el dueño de 20% de ese mercado, resulta justo decir que tiene unos mil millones de dólares. No checan ni las matemáticas, pero el problema es otro: El Chapo Guzmán es, sin duda, el narcotraficante más conocido en México, pero hace ya muchos años que las grandes organizaciones de la droga se han dejado de manejar en forma vertical: desde 2001, en este espacio decíamos que deberían dejar de llamarse cárteles para adoptar la denominación de holding, de empresas horizontales, con intereses en muchos sectores y diferentes “accionistas” y operadores en las distintas regiones. Por eso, esa misma organización en la que participa El Chapo fue denominada por los organismos de seguridad como La Federación, misma que en los hechos sufrió una grave fractura desde 2006, cuando los cárteles de los hermanos Beltrán Leyva y el de Juárez, que encabeza Vicente Carrillo Fuentes, rompieron con sus socios y se inició una guerra que ha provocado muchos de los miles de muertos que ahora se acumulan en distintos puntos del país.
El Chapo es un narcotraficante importante y sin duda conocido, pero también lo son otros, socios o no, como El Mayo Zambada, Ignacio Coronel, Juan José Esparragoza, los hermanos Beltrán Leyva, Heriberto Lazcano, de Los Zetas, y muchos más que han logrado permanecer en un relativo anonimato. Lo cierto es que, cuanto más conocido es un narcotraficante, más se aleja de la operación cotidiana de estas organizaciones, por la sencilla razón de que la pone en peligro. El caso paradigmático fue Amado Carrillo, que terminó asesinado por sus propios compañeros, cuando se consideró que su presencia era demasiado pública.
Si a eso le sumamos que las redes del narcotráfico son multinacionales y están integradas por miles de eslabones que intervienen de una u otra forma en el negocio y reciben dinero por ello, la participación real de cualquier capo es imposible de establecer desde cuando se adoptaron los esquemas horizontales de operación a principios y mediados de los 90, como respuesta, precisamente, a la desarticulación de la organización vertical por antonomasia: la de Pablo Escobar, del cártel de Medellín (que en esa época también fue colocado entre los grandes millonarios del mundo, con una fortuna de tres mil millones de dólares). Un ejemplo es la reciente operación Xcellence, que realizó el Departamento de Justicia de Estados Unidos: después de 21 meses de investigación, detuvo a 700 personas, integrantes, según dijo, de las redes de distribución de El Chapo Guzmán en Estados Unidos, y decomisó, en efectivo y en cuentas, después de dos años de investigaciones, 49 millones de dólares. La administradora de la DEA anunció formalmente que con ello se “desarticulaban por completo” las redes de El Chapo en su país. Suponiendo que fuera verdad y asumiendo tanto que esa red ha quedado desarticulada como que su principal mercado es Estados Unidos, ¿dónde están los otros 950 millones de dólares de El Chapo? Peor aún, según parte de la publicación de Forbes, la red global de El Chapo vale 12 mil millones de dólares: la diferencia con los 49 millones confiscados es demasiada.
En última instancia, lo que demuestra esta información es que, por algún motivo, la revista Forbes tiene una agenda muy peculiar con México (fue la primera que consideró al país como un posible “Estado fallido”), que si sus métodos de investigación en el terreno financiero son tan rigurosos como en el ámbito del crimen organizado, no puede ser tomada en serio y que su periodismo peca de una ética endeble: pero también demuestra que existe una agenda en Estados Unidos, acerca de México, con intereses que trascienden la mera fortuna personal de un narcotraficante.
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Columna Juegos de Poder/Leo Zuckermann
Publicado en Excélsior, 13 de marzo de 2009;
La irresponsabilidad de Forbes
Entre más lo pienso, más me enojo con la inclusión de Joaquín Guzmán Loera como uno de los nueve “billonarios” mexicanos y uno de los 38 nuevos “billonarios” del mundo. No sólo porque, como advertía ayer, el cálculo de la fortuna de El Chapo parece muy simplista. Hay más razones.
Para empezar, ¿por qué Forbes incluyó sólo a este criminal? ¿Acaso no hay otros de nacionalidad distinta que, se sospecha, poseen grandes fortunas? ¿Cuánta será la riqueza que tiene escondida Osama bin Laden? ¿Qué decir de la mafia rusa? Tan sólo hay que ver la lista de criminales organizados de la ex Unión Soviética, y el tamaño del mercado que controlan, para sospechar las fortunas que poseen. ¿Y, en Estados Unidos, no habrá algún criminal que se sospeche tenga más de mil millones de dólares? ¿Los delincuentes de cuello blanco no cuentan? Se estima, por ejemplo, que Bernard Madoff, que no traficaba drogas sino se robaba el dinero de sus clientes, tenía una pirámide de cincuenta mil millones de dólares. Aplicando el mismo criterio de Forbes para calcular la fortuna de El Chapo —20% del dinero de las ventas— pues Madoff tendría una fortuna de diez mil millones. Pero no seamos tan generosos con la rentabilidad de Madoff. Con que sólo se hubiera embolsado 2% de su pirámide hubiera llegado a la cifra que lo pondría en el club de los “billonarios” del mundo, es decir, mil millones de dólares.
Qué casualidad que el único criminal en la lista de Forbes sea El Chapo. Y qué casualidad que esta revista haya publicado ayer un artículo firmado por Jesse Bogan sobre “El rey de la cocaína”. En él se hace un recuento de cómo Guzmán siguió operando su negocio ilegal desde la cárcel de alta seguridad. Cómo se escapó y hoy controla entre un tercio y la mitad del mercado de drogas de mayoreo de México. Cómo es un sicópata violento.
La inclusión de El Chapo, más este artículo nuevo, me lleva a sospechar que el único propósito de Forbes era armar un escándalo para aderezar la publicación de su lista anual. Y vaya que lo logró. En México, los principales diarios lo reportaron como una de las notas principales del día. En el mundo entero se reprodujo la noticia. Forbes se salió con la suya: seguramente va a vender más revistas impresas y tendrá más entradas en su sitio de internet. En este sentido, se trata del peor periodismo que existe: el del escándalo. Más propio de un tabloide de quinta que de una revista supuestamente seria de negocios.
A Forbes le importa un comino el efecto que pueda tener su ocurrencia para México. Y es que la inclusión de El Chapo envía un mensaje ominoso: el crimen paga, y bien, al sur del río Bravo. Si usted quiere estar junto a empresarios de la talla de Slim, Baillères, Salinas, Arango, Larrea, Hernández, Azcárraga y Harp, pues dedíquese a traficar drogas que, por cierto, en su gran mayoría son exportadas a EU. ¡Qué mal se ve que una revista de negocios ponga a un narcotraficante junto a empresarios serios! ¡Qué penoso ver a El Chapo en una lista de gente exitosa!
Poco a poco, se va formando una pésima imagen de México en EU. En el siempre espinoso rubro de la criminalidad, nuestro país ya desbancó a Colombia. Somos la nación que ya tiene al narcobillonario. La verdad yo no sé si El Chapo tenga o no mil millones de dólares. A lo mejor tiene más o menos. Por la naturaleza de su negocio, es casi imposible calcularlo. Lo único que me queda claro es que la decisión periodística de Forbes no ayuda en nada a resolver el terrible problema que tenemos en México: cómo el crimen organizado está mermando al Estado. Los editores de Forbes ni lo entienden ni les importa. A ellos les pareció más gracioso armar un escándalo con tal de vender más. ¡Vaya irresponsabilidad! Si este es el periodismo que quieren ejercer, que mejor pongan en su revista la foto de una mujer desnuda como
hacen los tabloides que tienen tanto éxito comercial.
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Columna Brújula/Ana Paula Ordorica
Otra vez Forbes
"El primero de éstos fue la revista Forbes al publicar un artículo que señalaba a México al borde de convertirse en un Estado fallido, sin el menor rigor académico de lo que el término implica.
Ahora Forbes vuelve a dar un golpe mediático al incluir en la lista de los hombres más ricos del mundo al ChapoGuzmán.
Quizás los de Forbes lo hicieron buscando repetir el escándalo que generaron cuando incluyeron a Fidel Castro entre los millonarios.
Pero la irresponsabilidad de su publicación nadie se las quita.
Con su lista, Forbes pone en la misma categoría al Chapo con empresarios como Alberto Baillères.
Don Alberto tiene empresas reconocidas, por ejemplo, Peñoles o El Palacio de Hierro, las cuales no nada más generan empleos, también pagan impuestos y dan un servicio a la sociedad.
¿Y las del Chapo?
Pero, además, Forbes se aprovecha y hace esta publicación en un momento en que sabe que el tema del narco mexicano vende mucho. Se suma de nuevo a lo publicado por los grandes consorcios, como The New York Times, The Washington Post y las grandes cadenas de televisión.
Ahí está el reportaje de 60 Minutos en el que un conductor serio, como Anderson Cooper, menciona que el alcalde de Ciudad Juárez, José Reyes Ferriz, vive en El Paso por la inseguridad de su municipio. Este es un hecho que Reyes ha desmentido ya en más de una ocasión pero 60 Minutos sigue dándolo como una verdad.
Es decir, ya los dedos acusadores sobre la situación en México no recaen en los mismos amarillistas de siempre, en los Glenn Becks,Lou Dobbs y compañía. A ellos se les han sumado periodistas serios y reconocidos que también recurren a la exageración y a los errores informativos en sus reportajes sobre México.
Y para cubrir ese flanco el gobierno federal ha sido sumamente lento. No digo que totalmente, porque en estos momentos desde Washington ya se está haciendo la elección de una empresa de relaciones públicas para entrarle al debate. La elección está entre cinco publirrelacionistas entre las que se incluye APCO, Dittus Communications y Glover Park Group.
Ya veremos si con esto se le da un giro a la estrategia de comunicación gubernamental que, como se ha apuntado en más de una ocasión en este espacio, es el gran talón de Aquiles que viene arrastrando el gobierno de Calderón.
Apostilla: En estos días se llevó exitosamente a cabo la tercera semana de Yale en México. La prestigiada universidad norteamericana ha reunido a excelentes académicos y artistas. Hoy es el último día y a las 10:30 de la mañana en el CIDE habrá una conferencia con Bruce Ackerman sobre la necesidad o no de cambiar la Constitución mexicana.