22 abr. 2009

Nuevas iniciativas

El Presidente Calderón envió al Senado un paquete de cuatro reformas para combatir el crimen organizado.
El paquete de reformas incluye ajustes a Ley de Seguridad Nacional; Código de Justicia Militar, Código Penal Federal, Código Federal de Procedimientos Penales, Ley Federal contra la Delincuencia Organizada, Ley Orgánica del Poder Judicial de la Federación, y de Armas de Fuego y Explosivos.
Plantea, entre otros
Los proyectos fueron recibidos la noche del martes 21 de abril y se prevé que el pleno del Senado les dé entrada este jueves durante la sesión ordinaria.
La reforma a la Ley de Seguridad Nacional plantea la creación de la figura denominada "declaración de existencia de una afectación a la seguridad interior" (¿una especie de estado de excecpión?)-, con la que se justifica la participación de las Fuerzas Armadas en el combate al crimen organizado. En el documento se establece que la declaratoria aplicará en caso de sublevación interior en una entidad, agresiones directas contra las autoridades que integran el Consejo Nacional de Seguridad, actos que pongan en peligro el orden, la paz o la seguridad pública de un municipio, estado o región.
El paquete incluye una reforma al Código de Justicia Militar para sancionar hasta con 60 años de prisión a los desertores que se incorporen a las filas de la delincuencia organizada.
La tercera propuesta de reforma establece modificaciones al Código Penal Federal, al Código de Procedimientos Penales, a la Ley Orgánica del Poder Judicial y a la Ley Contra la Delincuencia Organizada.
En este proyecto, el Ejecutivo pide hasta 20 años de cárcel para quien atente contra la seguridad de funcionarios públicos y candidatos a cargos de elección popular.
Las modificaciones también buscan combatir los denominados "levantones" y convertir la extorsión en un delito grave.
La cuarta reforma plantea adiciones y cambios a la Ley de Armas de Fuego para frenar su tráfico y tratar de erradicar este fenómeno con penalidades de hasta 24 años de cárcel.
Por otro lado los integrantes de las comisiones unidas de Salud, Justicia y Estudios Legislativos Segunda del Senado avanzaron en la dictaminación de la Ley para combatir el narcomenudeo. De hecho se declararon en sesión permanente para alcanzar una “solución intermedia” que les permita aprobar la ley, que prevé sanciones y tratamientos para la reincidencia en el uso de estupefacientes.
En conferencia de prensa, el presidente de la Comisión de Justicia del Senado de la República, Alejandro González Alcocer, aclaró que no es la intención de los legisladores criminalizar el uso de drogas.
“Esperamos alcanzar en las próximas horas un acuerdo que le dé a los adictos a sustancias prohibidas una alternativa real para su tratamiento”, dijo.
Por su parte, Ernesto Saro Boarman, presidente de la Comisión de Salud de la Cámara Alta, aseguró que el debate está en el tipo de tratamientos y la sanción penal en caso de reincidencia hasta en tres ocasiones o la renuncia a aceptar un tratamiento, lo cual se estipula en el artículo 478 de la minuta a discusión.
Aclaró que en dicha normatividad se suspende la acción penal en caso de posesión de sustancias menores a los consumos estipulados en la tabla de orientación de dosis máximas de consumo personal e inmediato (artículo 479).
El senador Saro reiteró que la posición no es llevar a nadie a la cárcel, “queremos una sanción que sea un incentivo para que se acuda a un tratamiento o programa preventivo”, aclaró.
A la reunión de comisiones acudieron también los senadores panistas Ema Larios Gaxiola, María Serrano Serrano, Ricardo García Cervantes, Ulises Ramírez Núñez, Guillermo Tamborrel Suárez, Santiago Creel Miranda y Guillermo Anaya Llamas.
En tanto, el senador priísta, Jesús Murillo Karam, informó que ya llegaron a un acuerdo en cuanto a la corresponsabilidad, por lo que los estados y la Federación podrán perseguir esos delitos, a excepción de los que tengan que ver con delincuencia organizada, que serán de competencia federal.

Condenado "Don Diego"

Condenado Diego Murillo Don Berna a 31 años y 3 meses de cárcel en EE UU.
Tras hora y media de audiencia, un juez de una corte federal de Nueva York le impuso además una multa de más de 4 millones de dólares.
El juez federal Richard Berman también ordenó que Don Diego pague 4 millones de dólares en multas, al sentenciarlo bajo cargos de asociación ilícita para ingresar cocaína a EE UU:
Murillo, ciudadano colombiano de 48 años, se declaró un hombre benévolo que utilizaba el dinero recaudado de la droga para proteger a su pueblo de la agresión comunista.
''Era la única manera de contrarrestar el avance de las guerrillas comunistas'', dijo.
Después de comandar un ejército, Murillo dijo que comprendió que ''las armas y la violencia no eran el camino correcto'' y que el proceso de paz brindaba las mayores esperanzas. Por eso entregó miles de armas y usó el dinero de la droga para financiar la capacitación laboral y educación de sus milicianos.
Ofreció disculpas a los estadounidenses y a Colombia por causarles tantos daños con las drogas y advirtió a los narcotraficantes que sus crímenes los llevarían a la cárcel o la muerte.
El jefe paramilitar fue extraditado el 13 de mayo de 2008 junto a otros 13 líderes de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), organización que según la fiscalía "supervisó la exportación de cocaína por mar, a bordo de lanchas rápidas y a bordo de cargueros, de Colombia a Estados Unidos".
Murillo, detenido por las autoridades colombianas el 27 de mayo de 2005, es un ex lugarteniente del abatido capo del narcotráfico Pablo Escobar, que luego se convirtió en su peor enemigo y se sumó a las AUC.
Según la fiscalía de Nueva York, ostentaba el título de "inspector general" de las AUC y era de facto el líder de la organización encargado del narcotráfico, incluyendo el transporte de droga y las operaciones financieras.

Sacerdotes con VIH

No sólo con condones/Manuel de Unciti, sacerdote y periodista
EL CORREO DIGITAL, 20/04/09;
Entre el 60% y el 70% de los 4,325 sacerdotes y religiosos -nativos y extranjeros- de las 24 diócesis católicas de Camerún son víctimas del VIH; para entendernos, víctimas del sida. La divulgación de estos datos ha sido hecha por medios confesionalmente cristianos, a comenzar por el diario parisino ‘La Croix’. Es impensable, por ello, que Benedicto XVI no hubiera reparado en esta trágica estadística cuando preparaba su primer viaje a África. Ha tenido que conocerla, lamentarla y … sufrirla. Y estando así de problemática -incluso entre el clero- la realidad de la sexualidad en el continente africano, ¿en qué cabeza cabe que el Papa pasara a condenar los condones ante los periodistas que le acompañaban en el avión de Roma a Yaundé? ¿No habría equivalido su palabra condenatoria de los profilácticos a un veredicto de muerte para miles y millones de africanos y para centenares y miles de sus propios sacerdotes?
Ha ocurrido que, en esta ocasión, el pensamiento del Papa ha sido distorsionado gravemente; y no se dice esto para tratar de echar un capote en una presunta metedura de pata de Benedicto XVI, como suele hacerse en tantos y tantos otros trances cuando a una alta personalidad se le coge en algún renuncio. No. La explicación de por qué se ha adulterado tan radicalmente el pensamiento del Papa hay que buscarla o en los fuertes intereses económicos mundiales que andan de por medio en el tema de los profilácticos o en oscuras razones ideológicas. ¡A cada cual optar por una u otra baza! Pero el hecho está ahí: en ningún momento o pasaje de las palabras del Papa puede encontrarse una condena expresa de los condones. Para comprobarlo basta con ir a las hemerotecas que reproducen fielmente los propósitos mantenidos por Benedicto XVI con una periodista francesa. Ésta le interpelaba sobre si le parecía realista o eficaz el juicio negativo de la Iglesia sobre los condones… La respuesta del Papa subraya -y esto es de sentido común- que «no se puede superar este flagelo sólo distribuyendo profilácticos». Y también: «No se puede superar el problema del sida sólo con eslóganes».
Hay que dejar muy claro que el Papa no exorciza el uso del condón, lo que no deja de ser una novedad en los usos y modos del Vaticano. Se limita a desautorizar el exceso de confianza de quienes reponen toda la solución del problema del sida sólo en el condón. Con el eslogan ‘póntelo, pónselo’ se puede contener la expansión de la pandemia y está bien; pero su apelación resulta frágil, particularmente para los jóvenes que, en cualquier momento, pueden verse frente a la tentación de mantener relaciones sexuales completas ‘a pelo’. La autentica solución ha de venir por el camino de la educación sexual, por eso que el Papa, en África, ha definido como «la humanización del sexo».Para dar la razón a Benedicto XVI bastaría con mirar alrededor y ver, por ejemplo, lo que pasa en la ultramoderna (¡) ciudad de Washington, Distrito -concretamente- de Columbia. Lo que ahí ocurre no se debe a falta de condones ni a ignorancia de las gentes -particularmente entre las de color negro- sobre los profilácticos. Pero el dato está ahí: el número de los infectados por el sida se sitúa al mismo nivel de los enfermos por el VIH de Uganda o de Kenia. La estadística es, sencillamente, estremecedora. La ha dado a conocer el alcalde Adrian Fenty, un ejemplar político que, según muchos, reproduce a escala local nada más y nada menos que al presidente Obama. Por cada 100.000 habitantes de la que es sede del Gobierno federal de Estados Unidos, hay -entre los mayores de 12 años y ¡ya es decir!- 3.000 infectados de sida.¡Y eso que la estadística se ha elaborado a partir de la población que voluntaria y libremente se ha sometido a pruebas de laboratorio.
Pero no hace falta ir tan lejos. Sobre el continente africano se han volcado millones de condones desde hace ya más de medio siglo. Incluso ha habido misioneros y misioneras que, desafiando los criterios de la Curia Romana y exponiéndose a mil y mil censuras, han tomado sobre sus conciencias la distribución de profilácticos y la enseñanza sobre su correcto uso. Pero en vano: mucho es lo que esta enseñanza habrá conseguido para la salud de las mujeres y hombres de África, y Dios se lo pagará a los valientes que han osado desafiar lo que hasta ahora era la doctrina oficial en punto a los condones. Pero está probado y comprobado que con sólo condones no basta. ¡Que es lo que afirmó el Papa Benedicto XVI en el avión que la trasladaba a África!
Y algo más: lo del sida no es sólo cuestión de pobreza mayor o menor, aunque los niveles de pobreza tengan mucho que decir a este propósito. Camerún, con un 30% de su población bautizada, disfruta de paz desde hace muchos años, lo que es un dato a poner de relieve -y mucho- en el dramático panorama del continente. Pero no basta con ser un remanso de paz y un lugar hospitalario para muchos de los que huyen de los pueblos vecinos. El mal que corroe gravísimamente las entrañas del país es la corrupción. Y de este flagelo no se libra la población católica formada por casi cinco millones de entre los poco más de dieciocho millones que conforman la población total del país. Hace unos días las páginas de ‘L’Osservatore Romano’ denunciaban que «a los ojos de muchos la Iglesia de Camerún es un grupo de privilegiados y de ricos», lo que no ha impedido que sean no pocos los sacerdotes que se pasean con sus mujeres y sus hijos, sin ocultarse de nadie, o lo que es peor, que, como se ha dicho, sean víctimas del sida… ¡Vaya que si tiene razón el Papa Benedicto XVI!

Obama, el emperador

Obama, emperador estadounidense/Guy Sorman
Publicado en ABC, 20/04/09;
Barack Obama menciona continuamente a Abraham Lincoln. Pero, el 12 de abril, al enviar a los «marines» para liberar de los piratas somalíes al capitán estadounidense Richard Phillips, debía de estar pensando forzosamente en Thomas Jefferson. Jefferson, tercer presidente de Estados Unidos, que en su «estreno», en 1801, proclamó que Estados Unidos era «el Imperio de la libertad». Sobre todo en el Jefferson que, en cuanto accedió al poder, mandó también a los «marines» a liberar a los rehenes estadounidenses en Trípoli. Fue en esta ocasión cuando se creó el cuerpo de «marines» y la flota estadounidense apareció por primera vez en su historia en la escena mundial. Lord Nelson, que patrullaba en el Mediterráneo, no se equivocó y advirtió que una nueva potencia occidental acababa de surgir. Jefferson inauguró así lo que se convertiría en ese «imperialismo estadounidense» que ya no daría marcha atrás.