7 dic. 2014

Posicionamiento del equipo Argentino de antropología

  • El EAAF desea señalar que esto no afecta la identificación pero considera que es importe aclarar que no fue testigo del hallazgo del fragmento que culminó en esta identificación.

 EQUIPO ARGENTINO DESCONOCE SI RESTOS DE BASURERO DE COCULA Y DEL RIO SON DEL MISMO EVENTO: No hay evidencia científica que pruebe lo que dijeron los supuestos asesinos
 El Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) informa que el laboratorio de genética de la Universidad de Medicina de Innsbruck, Austria envió los primeros resultados del análisis de las muestras provenientes de restos recuperados en el basurero de Cocula, Guerrero, y de aquellas que, según manifiesta la Procuraduría General de la República (PGR), provienen de la vera del río San Juan de la misma localidad de Cocula.

Los resultados confirman la identificación de Alexander Mora Venancio, uno de los 43 estudiantes desaparecidos de la escuela normal de Ayotzinapa. El EAAF ya ha informado a sus familiares y a las 42 familias restantes de la Escuela Normal de Ayotzinapa, así como a las organizaciones de la sociedad civil que los acompañan. La Procuraduría General de la República recibió también los resultados al mismo tiempo que el EAAF.
 Esta identificación se alcanzó antes de lo esperado porque la muestra en cuestión se encontraba en mejores condiciones de preservación que todas las otras muestras enviadas a Innsbruck. Por esa razón, fue posible la recuperación de un tipo de ADN (nuclear) que puede ser altamente efectivo en términos de identificación humana y que en oportunidades como ésta, permite obtener resultados más rápidamente que otros tipo de ADN que se utilizan con los mismos fines.

Un fragmento de hueso y una muela permitieron identificar a Alexander Mora

Un fragmento de hueso y una muela permitieron identificar a Alexander Mora/
EZEQUIEL FLORES CONTRERAS
APRO, 6 DE DICIEMBRE DE 2014
EL PERICÓN, Gro. (proceso.com.mx).- “Acepto mi derrota pero no voy a dejar de luchar para exigir justicia por mi hijo y sus 42 compañeros”, expresó con indignación y coraje Ezequiel Mora Chora, padre de Alexander Mora Venancio, el normalista de Ayotzinapa que fue identificado entre los restos humanos localizados en el río San Juan del municipio de Cocula.
El hombre de edad madura, dedicado al campo y de oficio taxista, advierte que este dolor no es posible superarlo con nada, en referencia al llamado que hizo hace dos días el presidente Enrique Peña Nieto en una reunión con empresarios en el puerto de Acapulco.
En entrevista con Proceso.com el afligido padre de siete hijos y viudo desde hace dos años, narra los detalles de cómo fue informado sobre la identificación de su hijo, uno de los 43 normalistas de Ayotzinapa detenidos y desaparecidos hace más de dos meses por policías municipales de Iguala y Cocula que actuaron en contubernio con la delincuencia.
Al respecto, Mora Chora dijo que la noche de este viernes fue convocado a una reunión en la Normal de Ayotzinapa donde estuvieron presentes abogados del Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan y el grupo de peritos argentinos propuestos por los familiares para coadyuvar en la investigación que realiza la Procuraduría General de la República (PGR).

El Belén en Navidad

El Belén en Navidad
·      En Greccio tuvo lugar la primera representación del Belén durante las Navidades del año 1223.
"Hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor" (Lc 2,11).

Como nos relatan los evangelios, la ciudad de Belén estaba llena de visitantes que acudían a cumplir la orden de empadronamiento dictada por el Emperador César Augusto; por ello, las posadas sólo daban albergue a aquellos que tenían dinero. Como María estaba embarazada les permitieron quedarse en un establo donde nació Jesús.
Cuenta el evangelio de San Lucas que "por aquel tiempo" el emperador dispuso un censo general de los territorios dominados por el imperio romano. La orden provocó revuelo en todos ellos, pues obligaba a las cabezas de familia a regresar y empadronarse en la patria de sus mayores. Palestina era entonces parte de las colonias romanas y José, el carpintero, y María, su mujer, tuvieron que abandonar Nazaret, donde vivían, y dirigirse a Belén, la ciudad que había conocido tiempos mejores con el rey David. Pero Belén estaba saturada de gentes que habían hecho el camino de regreso con el mismo propósito, y el carpintero y su mujer, que estaba a punto de dar a luz, solo encontraron posada en un modesto pesebre en las afueras de la villa.
Allí nació, el hijo de Dios....
¿Qué día? No sabemos.
Simbólicamente decimos que la madrugada del 25 de diciembre..

Qué dicen las columnas políticas hoy, 7 de diciembre de 2014?

Qué dicen las columnas políticas hoy, 7 de diciembre de 2014?
FRENTES POLÍTICOS/Excelsior
I. Todo listo. Como parte de la XXIV Cumbre Iberoamericana que se desarrollará en Veracruz, el presidente Enrique Peña Nieto inaugurará mañana el encuentro y ofrecerá una cena en honor de los jefes de Estado. Desde ayer comenzaron a llegar, pues, aunque la inauguración oficial es este lunes, los trabajos iniciaron ya, con la reunión de Coordinadores Nacionales y Responsables de Cooperación, primera instancia de deliberación y toma de decisiones de ese mecanismo iberoamericano. La cumbre se llevará a cabo bajo el lema “Iberoamérica en el siglo XXI: Educación, Innovación y Cultura”. Primera cumbre sin el rey Juan Carlos I. Estará el heredero de la corona: Felipe VI.
II. Compromisos. Peña Nieto se reunió con los integrantes del Consejo Coordinador Empresarial, con quienes habló de temas económicos, de la desaparición de los normalistas, así como del precio del dólar y del petróleo. Se comprometió a un manejo responsable de las finanzas públicas. “No asumiremos decisiones que vayan a vulnerar la estabilidad macroeconómica, esta fortaleza que tiene hoy nuestro país”, les dijo. Que el suyo es un gobierno abierto a escuchar. Instruyó a su gabinete económico a emprender acciones que en el corto plazo den un mayor impulso a la economía. Corresponsabilidad compartida. Los empresarios cumplen su parte.

Análisis crítico sobre el sistema nacional anticorrupción

Revista Proceso No. 1988, 6 de diciembre de 2014
Análisis crítico sobre el sistema nacional anticorrupción/ARTURO GONZÁLEZ DE ARAGÓN
En el México actual, la corrupción se transparenta pero la impunidad es la constante. Nos hemos convertido en una sociedad sin sanciones, en una sociedad sin consecuencias; en suma, en una República de la Impunidad. La ética política y la moral pública deben ser una premisa cotidiana en la actuación de los actores políticos.
 Según el último informe de Transparencia Internacional, en 16 años –entre 1998 y 2014– México cayó 48 lugares en el Índice de Percepción de la Corrupción, al pasar del sitio 55 al 103 entre 175 países evaluados, con una calificación de 35 sobre 100.
 De acuerdo con el Semáforo de Corrupción 2013, de Transparencia Internacional, en la encuesta levantada sobre la percepción de la corrupción en México resultó que los partidos políticos, con el 91%; los policías, con el 90%; los políticos y funcionarios con el 87%; y los jueces, con el 80%, son los más corruptos, según la opinión de los mexicanos.

Malversación de fondos en el Vaticano

El Director de la Oficina de Prensa del Vaticano, P. Federico Lombardi, confirmó hoy que Angelo Caloia, ex presidente del Instituto para las Obras de Religión (IOR) –conocido como “Banco Vaticano”– es parte de una investigación realizada por la Santa Sede por una presunta malversación de fondos.
Lombardi confirmó que el Promotor de Justicia del Tribunal del Estado de la Ciudad del Vaticano ha abierto una investigación a dos ex directivos del IOR por una supuesta malversación de fondos en operaciones inmobiliarias en el periodo de 2001 al 2008. Las investigaciones llegan alcanzan a un abogado por posible participación en los hechos.
Según el comunicado, “el problema ha sido presentado a la Magistratura del Estado de la Ciudad del Vaticano por las mismas autoridades del IOR, a raíz de las indagaciones internas del pasado año”.
Por último, la Santa Sede asegura que, debido a lo sucedido, las cuentas de los implicados en el IOR han sido bloqueadas por cautela hace ya algunas semanas.
Angelo Caolia fue presidente del IOR desde 1989 hasta el 23 de septiembre de 2009, fecha en la que fue sustituido por Ettore Gotti Tedeschi.
En julio de este año, Jean-Baptiste de Franssu fue nombrado como nuevo presidente del Instituto para las Obras de Religión, en reemplazo de Ernst von Freyberg.


-Y de ser Papa, ¿qué es lo que más le gusta y qué lo que más le disgusta?

Elisabetta Piqué  |  del periódico argentino "La Nación" con Francisco, hablan del Sínodo, su salud, la reforma de la Curia, la sustitución del cardenal Burke
Francisco concedió una larga entrevista a Elisabetta Piqué, corresponsal en Roma del periódico argentino "La Nación" y autora del libro "Francisco, vida y revolución". Durante 50 minutos , en su departamento en Santa Marta, Bergoglio respondió a muchas preguntas. 
En la primera entrevista con un medio latinoamericano, habló de la familia, los divorciados vueltos a casar, la reforma de la curia y la Argentina
LA NACION, domingo 07 de diciembre de 2014 |
Por Elisabetta Piqué 
ROMA.- "Dios es bueno conmigo, me da una sana dosis de inconsciencia. Voy haciendo lo que tengo que hacer." "Una cosa que me dije desde el primer momento fue: «Jorge, no cambies, seguí siendo el mismo, porque cambiar a tu edad es hacer el ridículo»."
Ésas son algunas de las frases que, a punto de cumplir 21 meses de pontificado, el papa Francisco pronunció en una entrevista con LA NACION en su suite de la Casa Santa Marta, el jueves por la tarde.
Relajado y de buen humor, el ex arzobispo de Buenos Aires aprovechó la primera entrevista exclusiva con un medio latinoamericano para hablar, durante 50 minutos, de todo.
 Conversó sobre su propia salud y sus viajes, y no evitó las definiciones acerca de los temas polémicos, como los gays, la situación de los divorciados vueltos a casar y el proceso electoral en la Argentina.
 Cerca de cumplir 78 años, Jorge Bergoglio tampoco eludió uno de los temas centrales de su papado y, tal vez, el más anticipado desde el propio cónclave que lo eligió, el 13 de marzo de 2013: la reforma de la curia romana, tan cuestionada durante el pontificado de Benedicto XVI. Anticipó que no estará lista el año próximo. Y agregó que, en realidad, es "la reforma espiritual, la reforma del corazón", la que más le preocupa en este momento.
 Francisco admitió, además, que "falta mucho todavía" para terminar el trabajo de limpieza en el Vaticano y habló con gran naturalidad de las resistencias que enfrenta y por las que -dijo- no se siente muy preocupado.
 "Las resistencias ahora se evidencian, pero para mí es un buen signo que las ventilen, que no las digan a escondidas cuando uno no está de acuerdo. Es sano ventilar las cosas, es muy sano", afirmó, desde la suite que hoy es su hogar en el Vaticano.
 Más allá del cansancio después de una jornada intensísima, llena de compromisos y audiencias desde temprano, Francisco, que no perdió ni el acento ni el modo porteño, se mostró accesible y hasta risueño.

Vicente Leñero por ESTELA LEÑERO FRANCO

Revista Proceso No. 1988, 6 de diciembre de 2014
Mi padre y maestro /ESTELA LEÑERO FRANCO
El pasado miércoles a las nueve de la mañana mi padre dejó de respirar. Como si fuera un sueño, nos sumimos en un torbellino de emociones, de dolor, de pena, de tranquilidad también. El homenaje tan sentido al día siguiente, compartiendo con hombres y mujeres, familia, colegas y amigos, permitió dimensionar al hombre que estuvo con nosotros 81 años y que dejó una huella indeleble en muchos de nosotros y en el devenir del México político, social y artístico.
Vicente Leñero fue maestro de varias generaciones, ejemplo a seguir, constancia del compromiso de un escritor en nuestra sociedad y del compromiso de experimentar en el arte buscando nuevas formas de expresión, transformando la repetición en proposición.
 Como periodista, siguió una línea de denuncia sin una intención de arengar. La verdad por sobre todas las cosas marcó su camino. Decir lo que pasa en el aquí y ahora, sentir que la noticia vieja no vale, que asumir una posición crítica implicaba cuestionar al poder, por lo que recibió amenazas, boicots, censuras, hasta salir con la cabeza en alto después del “Golpe a Excélsior” y fundar la revista Proceso para continuar hablando con la verdad cueste lo que cueste.

Oración fúnebre por Vicente Leñero/ Luis de Tavira

Revista Proceso No. 1988, 6 de diciembre de 2014
Oración fúnebre por Vicente Leñero/LUIS DE TAVIRA
El director escénico Luis de Tavira y Vicente Leñero, dramaturgo, protagonizaron, al lado de otros artistas, una especie de época de oro del teatro contemporáneo mexicano en la década de los ochenta, con sus montajes de El martirio de Morelos (1981), Nadie sabe nada (1988) y La noche de Hernán Cortés (1992). La familia del escritor designó para su homenaje de despedida el jueves 4 en el Palacio de Bellas Artes a De Tavira, cuyo discurso se reproduce íntegro.
 El teatro que es el arte de la presencia nos ha enseñado a morar el instante, a demorarnos en el aquí y ahora para dejar que surja y nos suceda ese asombroso enigma con el que irrumpe y aparece en medio de nosotros lo que se había ausentado.
 En este aquí y ahora en el que brota y se desata un vendaval de sentimientos encontrados, sucumbimos a la vivencia de una poderosa paradoja: El que concita las presencias, el autor, el dramaturgo, hoy es quien se ausenta de esta escena, de este sueño, de esta ficción.
 Del teatro también hemos aprendido que el gesto más poderoso del personaje es el mutis, porque es entonces, cuando se ha ido, cuando en el estremecimiento del vacío que deja venimos a descubrir cabalmente quién ha estado entre nosotros. La muerte sólo tiene sentido para quienes han amado apasionadamente la vida.
 Esto dice con elocuencia la plenitud del mutis con el que Vicente Leñero nos deja, en ese aquí y ahora en el que la palabra se resiste ante el silencio.
 ¿Qué podría decirse con palabras que valgan más que el poderoso indecible que contiene este momento?
 Esta es la hora del silencio donde solo queda la fe.

Vicente Leñero, mi amigo/JAVIER SICILIA

Revista Proceso No. 1988, 6 de diciembre de 2014
Vicente Leñero, mi amigo/JAVIER SICILIA
Para las dos Estelas, Eugenia, Isabel y Mariana, por todo lo que lo amamos.
El siguiente texto del poeta y colaborador de Proceso Javier Sicilia ahonda en una relación tan entrañable como enriquecedora: la que mantuvieron él y Vicente Leñero, con quien compartía la vida en letras y en misticismo. Católicos ambos pero muy críticos de la institución clerical dogmática, autoritaria y corrupta, transitaron ante todo por el camino de una amistad sincera y fraterna, justo ahí donde se ponen a prueba virtudes humanas cruciales como la congruencia y el verdadero amor al prójimo.

 La madrugada del lunes 1, uno de esos sueños vívidos como la realidad me tomó: Llegaba a la casa familiar de Vicente Leñero. Desde mayo, en que un grupo de amigos católicos nos reunimos en ella por última vez –lo hicimos cada dos meses durante más de 15 años– no volví a verlo. La lucha con la enfermedad que se lo llevaría había comenzado. La casa estaba repleta de gente. De entre la multitud salió para verme. Estaba disminuido físicamente como la última vez que lo vi. Sacó una hoja de libreta doblada y me la extendió: “Esta es mi despedida para ti”. La multitud volvió a sitiarlo. Con la hoja en el bolsillo interior de mi chamarra me dirigí hacia la puerta. Volví el rostro. Leñero estaba cercado por un nutrido grupo de periodistas que lo interrogaba. Me miró por última vez. Su mirada, al igual que la mía, era triste y a la vez llena de una profunda intimidad. Salí. Cuando metí mi mano en la chamarra para tomar la carta desperté. En la mañana, con la tristeza y el dolor que no ha dejado de poseerme en los últimos cuatro años busqué en los noticiarios el anuncio de su fallecimiento. No quería importunar a su familia con una llamada. No llegó. Me llegaría dos días después, el miércoles 3, por voz de Rafael Rodríguez Castañeda.

“Esta prueba científica confirma que los restos encontrados(…) coincide con la evidencia de la investigación..“ JMK

  • La identificación positiva de ADN, unida al resto de la evidencia y las declaraciones ante el Ministerio Público de la Federación por parte de los inculpados, refuerza la reconstrucción histórica de lo acontecido en Cocula,“

  • “Con base en los datos establecidos por la Universidad de Innsbruck, se determinó que dicha muestra corresponde a un varón que, leo textual: es al menos un billón, con "b", billón de veces más probable que se trate del hijo biológico de Ezequiel Mora Chávez, así como hermano biológico de Omar Mora Venancio y de Hugo Mora Venancio, en comparación con los de cualquier otro individuo no relacionado…“
 Mensaje del Procurador Murillo Karam, por sucesos en Iguala Y cocula, Guerrero
Domingo, 07 de Diciembre de 2014 

JESÚS MURILLO KARAM.- Quiero dar las gracias por su presencia.
Hoy me he permitido convocarlos para dar a conocer los resultados de las pruebas científicas realizadas por la Universidad de Innsbruck, que fueron recibidos el día 4 de este mes por la Procuraduría General de la República y el equipo argentino de antropología forense.
Si me permiten hago un breve resumen de la investigación.
Se ha logrado la detención y consignación de 80 responsables de estos indignantes hechos. En este episodio se incluye el homicidio de seis personas en los acontecimientos de Iguala del 26 de septiembre y los resultados de fosas encontradas que también estamos investigando para determinar quiénes son los culpables.
 Entre los detenidos están los que detuvieron, secuestraron, trasladaron y entregaron a la organización criminal autodenominada Guerreros Unidos a un grupo de personas, sumando estos al día de hoy, 44 elementos de las policías municipales de Iguala y Cocula, detenidos y 16 más ya identificados que están siendo buscados.

 La detención de Sidronio Casarrubias Salgado, líder del grupo criminal que corrompió e infiltró a las policías municipales, de ambos municipios y quien según refiere él mismo en su declaración ministerial, fue contactado por su lugarteniente Gildardo López Astudillo, conocido como "El Gil", informándole lo que estaba sucediendo en Iguala, este último ya está identificado y es buscado por esta Procuraduría, y por todas las policías federales.
 La detención del ex presidente municipal de Iguala, José Luis Abarca Velázquez y su esposa, María de los Ángeles Pineda Villa, quienes tenían el mando y tomaron las decisiones que originaron este reprobable evento.
 Hoy José Luis Abarca Velázquez ha sido consignado a un penal federal por la comisión de diversos delitos, y se integra otra averiguación por su participación junto con su esposa y policías, por la desaparición forzada de estudiantes y ciudadanos que se ha venido determinando durante la averiguación.
 Se hicieron públicas las detenciones de Patricio Reyes Landa, Jonathan Osorio Gómez, Agustín García Reyes, miembros también de la organización criminal, quienes según sus propias declaraciones, junto con los detenidos, Benito Vázquez Martínez y Salvador Reza Jacobo, así como 11 personas más aún no detenidas, de las cuales me reservo mayores datos por lo que pueden ustedes entender, recibieron, trasladaron, ejecutaron e incineraron a un grupo de numeroso de personas para deshacerse posteriormente de sus restos.
En total, según las investigaciones, participaron en esta etapa de los acontecimientos, al menos 16 personas, de las cuales hemos detenido a cinco; se detuvo a Darío Morales Sánchez, quien participó en el encubrimiento de los detenidos antes mencionados, posteriormente la detención de César Nava González, Subdirector de la Policía de Cocula, quien recibió la petición de apoyo por parte del Subdirector de Seguridad Pública de Iguala, Francisco Salgado Valladares, quien también se encuentra prófugo, de apoyar en la detención de personas en la ciudad de Iguala, participando directamente en la privación ilegal de la libertad de éstas y su traslado hacia la brecha conocida como Loma del Coyote, donde fueron entregados a integrantes de la organización criminal, subidos a dos camionetas y trasladados al basurero de Cocula.
 Se encuentra abierta la investigación respecto de los demás funcionarios del ayuntamiento para determinar el grado de su responsabilidad, el día de hoy quedan pendientes de cumplimentar órdenes de aprehensión vigentes y en los próximos días se solicitarán otras en contra de personas que hemos logrado identificar y determinar su modo de participación y antes quienes anteriormente sólo se tenía referencia por sus apodos.
 Esto es importante que lo vean, para que vean el lugar donde fue el basurero, para ver la profundidad del lugar, el aislamiento, como podrán ver, no hay una sola casa a kilómetros a la redonda, el acceso es por una brecha muy angosta que incluso tiene una puerta de seguridad a cinco, seis kilómetros de este espacio.
 (PAUSA, IMÁGENES)
 JESÚS MURILLO KARAM.- Como ustedes pueden ver, ni la barraca se ve vista de lejos.
 (PAUSA, IMÁGENES)
 JESÚS MURILLO KARAM.- Si les dan copia del video.
 (PAUSA, IMÁGENES)
 JESÚS MURILLO KARAM.- Y esa es la barranca.
 (PAUSA, IMÁGENES)
 JESÚS MURILLO KARAM.- Podrán ver ustedes la mancha del incendio.
 (PAUSA, IMÁGENES)
 JESÚS MURILLO KARAM.- Esa es de cerca, vista desde arriba.
 (PAUSA, IMÁGENES)
 JESÚS MURILLO KARAM.- Como se recordará, tres de los detenidos señalaron que aproximadamente 13 o 14 horas después de iniciado el fuego, se les ordenó juntar los restos de cenizas y triturar los huesos que no se alcanzaron a calcinar por completo, acto que realizaron para posteriormente juntar las cenizas con palas y otros accesorios dentro de ocho bolsas de plástico que fueron llevadas hasta el rio San Juan, en donde seis de ellas fueron vaciadas y dos lanzadas sin abrir.
 Al realizar la búsqueda en el Río San Juan, elementos de la Secretaría de Marina Armada de México, asistidos por elementos de la Policía Federal, de la Procuraduría General de la República, así como peritos especializados de la Agencia de Investigación Criminal, con base en las declaraciones de los responsables y las evidencias que constan en el expediente, encontraron diversas bolsas con características que fueron las que nos habían descrito los detenidos durante su declaración inicial, una de ellas sin abrir, contenía residuos de cenizas y restos calcinados que por sus características corresponden a restos humanos.
 Al analizar el contenido de una, de la bolsa plástica, la única que estaba completa, encontrada en el río San Juan, fueron hallados residuos, cenizas y elementos óseos, parte de los residuos encontrados en la bolsa pertenecen también a restos metálicos de neumáticos conocidos como radiales, similares a los encontrados en el basurero de Cocula.
 Además se identificó, entre otros, un fragmento de tejido óseo que corresponde a la parte del esqueleto humano denominada "el ala mayor estenoide", dicha muestra fue una de las 17 que los peritos mexicanos y argentinos mandaron para su estudio en la Universidad de Innsbruck, por presentar la mayor viabilidad para obtener un perfil de ADN.
 La muestra fue sometida junto con otras 16 a procedimientos de extracción de ADN nuclear, es decir, el núcleo de la célula, utilizando una técnica altamente sensible. Esta muestra solo dio un resultado positivo. Los estudios de la Universidad continúan para tratar de obtener muestra que puedan dar resultados mediante medios científicos con otras técnicas de investigación forense.
 En las fotos podrán ver ustedes como en toda esta investigación, que está filmada, que está grabada, casi en su totalidad, se ha respetado, cuidando que la cadena de custodia sea segura, podrán ver ustedes los lugares en los que va empacada, etiquetada, y en todos los casos con una cantidad enorme de testigos.
El perfil genético completo que se extrajo de esta muestra, fue sometido a procedimientos comparativos, utilizando como referencia las muestras proporcionadas por la PGR y por el equipo argentino de antropología forense, consistentes en los perfiles genéticos de los familiares de los estudiantes desaparecidos, dando correspondencia con uno de los grupos familiares.
Con base en los datos establecidos por la Universidad de Innsbruck, se determinó que dicha muestra corresponde a un varón que, leo textual: es al menos un billón, con "b", billón de veces más probable que se trate del hijo biológico de Ezequiel Mora Chávez, así como hermano biológico de Omar Mora Venancio y de Hugo Mora Venancio, en comparación con los de cualquier otro individuo no relacionado.
 Voy a entregarles, es muy largo el dictamen para que lo lea aquí, pero les voy a leer solo una parte:
 Los análisis de ADN de la muestra -esta es una traducción lo más literal posible- los análisis de ADN de la muestra ósea y está el número, arrojaron un perfil genético masculino en los 16 lopsi utilizado, perfil genético de ADN del padre y de los dos hermanos de la persona desaparecida de nombre Alexander Mora Venancio, fueron proporcionados por, como ya señalé, la PGR y el equipo argentino, los datos obtenidos por GMI son concordantes con los proporcionados por la PGR y el equipo argentino.
 Dice, los datos genéticos nucleares obtenidos de esa muestra son consistentes con los restos humanos no identificados, pertenecientes a un hijo biológico del padre, lo señala con número, y de los hermanos, los señala con otro número.
 Basados en los datos de la frecuencia, y dice anélica, de la población caucásica establecida por el GMI, bajo la hipótesis de que los datos genéticos nucleares obtenidos del fragmento óseo sean de un hijo biológico del padre y un hermano, es un billón de veces más probable en comparación con la de cualquier otro individuo no relacionado.
 Por lo anterior, se concluye que de acuerdo con el resultado emitido por la Universidad de Innsbruck, Austria, que la muestra ósea del estudio corresponde a Alexander Mora Venancio, estudiante normalista de 21 años de edad, quien pertenece al grupo de desaparecidos de los hechos del 26 de septiembre en Iguala, Guerrero.
 Por instrucciones directamente del Presidente de la República, los resultados completos del dictamen emitido por la Universidad de Innsbruck, en el idioma inglés en que fueron presentados, así como una traducción certificada por peritos expertos, están siendo puestos a disposición de los coadyuvantes nombrados por los familiares de los desaparecidos, quienes han tenido acceso al expediente en todo momento. Asimismo, esta información estará disponible el día de hoy, para los medios de comunicación nacionales y extranjeros.
 Esta prueba científica confirma que los restos encontrados en una de las escenas coincide con la evidencia de la investigación, y con la declaración ministerial de los detenidos, en el sentido de que en dicho lugar y forma se privó al grupo de personas en los términos y señalamientos que se dan en la averiguación.
 Hay más evidencias que no voy a mencionar en este momento, porque tengo que comunicarlas primero, como fue el acuerdo con los padres, con los propios padres de familia, y en el momento en que lo hayamos hecho, se las presentaré a ustedes.
 La identificación positiva de ADN, unida al resto de la evidencia y las declaraciones ante el Ministerio Público de la Federación por parte de los inculpados, refuerza la reconstrucción histórica de lo acontecido en Cocula.
 Por convicción personal, y por instrucción del propio Presidente de la República, vamos a continuar con esta investigación hasta detener a todos los culpables, déjenme usar la frase del presidente: "tope donde tope". La averiguación está abierta, y no podemos permitir la impunidad de ninguno, porque no podemos permitir los mexicanos que un hecho como éste, pueda repetirse nuevamente.
 Esta Procuraduría no cesará en su investigación ni en su operación, hasta que todos los detenidos, todos los culpables, todos los responsables estén consignados con certeza.
 No podemos permitirnos otro dolor como éste.
 Muchas gracias.
Fuente: PGR

–¿Cómo podría Proceso trascender a Julio Scherer, Vicente?…CSG

Revista Proceso No. 1988, 6 de diciembre de 2014
¿Cómo “trascender” a Julio Scherer?*/VICENTE LEÑERO
En el libro Periodismo de emergencia publicado por la editorial Debate, Vicente Leñero reconstruye el día en el que Carlos Salinas de Gortari, entonces candidato a la Presidencia de la República, le pregunta: “¿Cómo podría Proceso trascender a Julio Scherer, Vicente?”. El verbo fue tan ambiguo como revelador. Salinas le sugería al amigo y cofundador de la revista que repitiera la vieja historia de traición de Regino Díaz Redondo…
En 1988 ya había muerto Echeverría, hundido a arponazos después del coletazo de 1976 contra Julio Scherer García. Ya había desaparecido José López Portillo soltando, entre sus estertores, aquel “no pago para que me peguen” con el que suspendió toda publicidad a Proceso como si él fuera dueño del país. Se estaba apagando ya la veladorcita de Miguel de la Madrid cuya tibieza lo llevó a soslayar durante su sexenio al director de Proceso, y empezaba a centellar, prepotente, Carlos Salinas de Gortari, obsesionado desde que lo desearon como candidato por la figura periodística de Julio
Conocí a Carlos Salinas a principios de ese año, cuando salimos del Centro de Arte Dramático de Héctor Azar después de un encuentro con intelectuales. Margarita González Gamio –quien apuntaba para una secretaría de la mujer y terminó como delegada de la Miguel Hidalgo– me entoriló en el cuatropuertas blanco del señor Candidato.
–¿Qué le pasa a Julio? –me preguntó Salinas al iniciar una larga perorata contra la mala leche de Proceso, contra los cartones de Naranjo, contra las cabezas de nuestras portadas…
–Hable con él –le dije.

El atentado contra “Excélsior” Relación de los hechos/ Leñero

El atentado contra “Excélsior” Relación de los hechos/VICENTE LEÑERO
Revista Proceso No. 1988, 6 de diciembre de 2014
(Esta es una crónica colectiva, no sólo un testimonio personal)
El golpe contra el Excélsior de Julio Scherer García, orquestado desde las más altas esferas del poder, era silenciado por unos medios nacionales que más bien se unían a la campaña contra la dirección legítima de ese rotativo. Era indispensable que la historia se conociera y para tal efecto los directivos expulsados del periódico decidieron que se publicara una crónica de los hechos. Un primer borrador, elaborado por José Emilio Pacheco, se desechó por no ser el autor un cooperativista ni ser testigo de primera mano. El trabajo final, el de Vicente Leñero, se escribió pero no alcanzó a difundirse ampliamente. Presentamos aquí el texto íntegro, tal como debió darse a conocer en julio de 1976.
En el primer trimestre de 1976, cuando el diario Excélsior y la compañía editorial que lleva su nombre disfrutaban del mayor auge periodístico y económico de su historia, empezaron a surgir problemas internos: los consejos y comisiones que rigen el funcionamiento de la cooperativa quedaron casi unificados contra la dirección de Julio Scherer García y la gerencia de Hero Rodríguez Toro.
Seguidamente, como un signo externo que parecía evidenciar el propósito de destruir a Excélsior como el más importante diario autosuficiente e independiente del país, se produjo un hecho inexplicable: en la madrugada del 10 de junio, supuestos ejidatarios miembros del Consejo Agrarista Mexicano dirigido por Humberto Serrano, candidato a diputado del PRI, invadieron el fraccionamiento Paseos de Tasqueña. Los terrenos en que se levanta este fraccionamiento fueron adquiridos por la cooperativa Excélsior, mediante una operación de permuta, en 1959. En 1973 se obtuvieron las autorizaciones correspondientes para urbanizar y aprovechar económicamente el predio, y los cooperativistas decidieron repartir la mitad del producto en cantidades iguales para todos –independientemente de la antigüedad y del rango escalafonario– de modo que cada uno alcanzaría a recibir un total de 160,000 pesos. La otra mitad se destinaría a la construcción de una gran planta industrial para la empresa, que así garantizaría su independencia económica y su solidez periodística.

La invitación (una gira con CSG) Un relato sin ficción/Vicente Leñero

Revista Proceso No. 1988, 6 de diciembre de 2014
La invitación Un relato sin ficción/VICENTE LEÑERO
En esta crónica, publicada el 9 de mayo de 1988 y de la cual presentamos extractos fundamentales, Vicente Leñero cuenta cómo a principios de ese año electoral los tentáculos del poder priista lo alcanzaron y lo subieron al carro (es decir, al avión y a los autobuses) del candidatazo en turno: Carlos Salinas de Gortari. Atento al habla y a los ademanes de los políticos, el dramaturgo en funciones de periodista retrata a un Salinas truculento y efectista, que marcha sin sobresaltos aparentes hacia la cima del sistema. Pero el aparato autoritario ya no funcionaba bien. Algo rechinaba, obligaba al futuro presidente a sondear a Proceso y provocaba uno que otro “malentendido”.
 Eran como las nueve de la noche del jueves 21 de enero de 1988 cuando me telefoneó a Proceso un tal Moreno Cruz –el licenciado Moreno Cruz–dijo–, del PRI.

A las primeras frases me enteré de que el cordial Moreno Cruz era uno de los encargados para establecer contacto con los invitados especiales a las distintas giras del Candidato –como le dicen en el PRI al candidato del PRI– y precisamente para eso me llamaba: para invitarme de manera especialísima, dijo, a nombre del licenciado Carlos Salinas de Gortari, a la etapa de “la semana próxima” en cuatro ciudades: León, Tuxtla Gutiérrez, San Luis Potosí y Monterrey. El candidato visitaría esos cuatro puntos clave en los gravísimos problemas de la escasez y la contaminación del agua en el país, y quería el candidato, de manera especialísima que yo formara parte de su comitiva de invitados a la campaña. Eso dijo Moreno Cruz.
La verdad es que nunca antes había aceptado invitaciones similares. Dije “no” cuando en 1969 me quisieron incorporar al grupo acompañante del candidato Luis Echeverría en su gira por Jalisco, y un “no” parecido exclamé en tiempos del candidato José López Portillo. Con el candidato Miguel de la Madrid ya nadie me invitó a ninguna parte, pero ahora, con el candidato Salinas de Gortari, escuchando al teléfono la voz comedida, cortés, se diría que hasta seductora del tal Moreno Cruz, sufrí unos instantes de indecisión. Como decimos en el teatro: hice una pausa.

El periodismo no está para resolver las crisis; está para decirlas*/VICENTE LEÑERO

 Revista Proceso No. 1988, 6 de diciembre de 2014
El periodismo no está para resolver las crisis; está para decirlas*/VICENTE LEÑERO
Hace 20 años Vicente Leñero recibió el Premio Manuel Buendía a la Trayectoria Periodística 1994, en una ceremonia efectuada el 30 de mayo en el Paraninfo de la Universidad de Guadalajara. Como maestro que era, el subdirector de Proceso dio en su intervención esta lección de periodismo:

El periodismo es trabajo sinfónico de equipo, es la búsqueda necia, emprendida entre todos los que forman un grupo, por desatar los nudos del mundo que vivimos. No es tarea individual, ni jamás el desplante inspirado que produce de pronto una obra redonda –como sucede a veces en el arte– para ponerse luego a dormir en laureles. Tampoco es cosa de sentarse a afinar durante meses un trabajo reporteril: a pulirlo y acabarlo hasta el punto final que nos entrega a la satisfacción o al sueño de que ahí quedó fijado para siempre. ¡Qué va!
El quehacer periodístico es talacha de urgencias, neurosis de presente, pasión por el instante que nos parece eterno a la hora de dar con la noticia y atrapar el secreto de un gran descubrimiento, pero que se diluye pronto, apenas lo entregamos a la voracidad de esa vida que nunca se detiene y que se traga todo: los hechos, las palabras de un hombre entrevistado, el llanto por un grande que se muere, la situación insólita de ahorita que mañana ya a nadie le sorprende.

Vicente Leñero….visto por Sherer

REPORTE ESPECIAL/LA REDACCIÓN
Revista Proceso No. 1988, 6 de diciembre de 2014
Hacia afuera, el dolor desgarra. En lo íntimo, el dolor es retrospección, reflexión, evocación creativa. Hoy Proceso vive el dolor de la pérdida que no tiene vuelta. Con la muerte de Vicente Leñero perdemos en Proceso –como la parte del país con la que pueden compartirse la cotidianidad y la historia– al hombre que deja huella honda en el periodismo y en las múltiples expresiones de la creación artística. Pero aquí tenemos una pérdida adicional. Partió uno de los fundadores y un pilar de lo que ha sido y es Proceso: un sueño, un proyecto, una realidad, una historia y el futuro en permanente desafío.
Leñero está en la esencia de lo que nosotros, los que aquí trabajamos y los que en esto creemos, hemos llamado el espíritu de Proceso. Como subdirector de la revista durante 20 años, lado a lado, piel a piel con Julio Scherer García, contribuyó a inspirarnos en la búsqueda de la verdad, de la integridad profesional, la independencia ante el poder, la honestidad, la crítica implacable, la denuncia sin concesiones, en el periodismo que, como él lo describía, “es trabajo sinfónico de equipo, es la búsqueda necia, emprendida entre todos los que forman un grupo, por desatar los nudos del mundo en que vivimos”.
Llegamos a entender, en su compañía, que en el periodismo “no hay descanso ni gloria permanente. Hay exigencia de humildad, de aceptar con modestia la pequeñez humana ante lo inmenso que nos resulta siempre el monstruo inabarcable de la maldita realidad”.
Leñero hace mutis, como dijo Luis de Tavira en la oración fúnebre, en días aciagos para un país herido que quiere despertar pero aún no se decide; para un pueblo esperanzado que avista el horizonte que se aleja.
Experimentamos un dolor íntimo, con una certeza: como el grito que se escuchó en el Palacio de Bellas Artes durante el homenaje a Vicente Leñero, Proceso sigue.
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Vicente, Vicente/JULIO SCHERER GARCÍA
Como director de Excélsior, Julio Scherer García invitó en 1972 a Vicente Leñero a colaborar con él y le encargó la conducción de Revista de Revistas. Desde ese momento establecieron una estrecha relación profesional y amistosa. Pieza clave en su creación, Leñero fue durante 20 años subdirector de Proceso y protagonista central de momentos memorables, algunos de los cuales son evocados en estos apuntes inéditos de su fundador.
 Escuché a Vicente Leñero por teléfono, la voz lenta, húmeda:
 “Llegó nuestro tiempo, Julio. Tengo un tumor en el pulmón. Cáncer. Los médicos me dan dos años de vida.”
 Vicente me evitó una respuesta que habría sido superflua. Simplemente se retiró del teléfono.
 Yo me acompañaba en la casa con algunos de mis hijos y en ese momento nada les dije acerca de la noticia que me laceraba. Necesitaba estar solo.
 La palabra de Vicente tenía dos acentos: el irónico y el sarcástico. Ahora asomaba el lenguaje del dolor que ya no lo abandonaría.
 Vicente rehuía a los médicos como augures de las malas nuevas. Los galenos se las ingeniaban para encontrar males en cuerpos perfectos. Del momento de la derrota no quería saber. Quería para él final súbito. Un plomazo o un infarto y ya. Sería todo.
Sus amigos le urgíamos para que confrontara su pasión por el tabaco. No era buen camino su adicción: cajetilla y media o dos paquetes diarios. Él replicaba con humo equívoco.
u u u
Había visto en El País una fotografía reciente de Manuel Fraga, constructor de la democracia española. La información daba cuenta de su edad: 89 años. Se veía satisfecho y no apartaba el cigarro de la boca. Lo disfrutaba como si anduviera en los cincuenta.
Saludé a José Pagés Llergo en su casa, ya vigilante la agonía. Vivía para continuar vivo. Sus pulmones estaban deshechos por su incontrolada pasión por fumar. Para él no había colilla que sobrara. Trabajaba y fumaba, fumaba y escribía. Permanecían a su lado una enfermera y un tanque de oxígeno de metro y medio de altura, color verde, deteriorado. Pagés, vanidoso, dejaba que corriera una entrevista con Hitler en 1945. La entrevista se reducía al intercambio de unas frases de cortesía y un apretón de manos. Nada.
 A corta distancia de Pagés vi el rostro de la desesperación. Sin oxígeno en los pulmones quería atrapar aire del medio ambiente de su recámara, las ventanas siempre abiertas. Francisco Martínez de la Vega, su compañero, lo lloraba. De buena fe, tersa la intención, el 7 de junio, día de la libertad de prensa, Martínez de la Vega dijo, en Los Pinos, que sin el consentimiento del jefe de la nación, no habría medio impreso que pudiera subsistir. Martínez de la Vega abogaba para que Proceso contara con los recursos necesarios para sobrevivir, entre ellos, la publicidad.
 Pagés fue hombre generoso. Nos ofreció, a los expulsados de Excélsior, un piso en un edificio de su propiedad, en avenida Chapultepec, para que ahí pudiéramos planear nuestro futuro. Vicente fue el primero que rechazó la oferta. Dijo que Siempre, el semanario de Pagés, no era independiente del gobierno. Ahí se publicaron textos contra el gobierno pero siempre tuvo un límite, la voluntad del ejecutivo que gobernaba en todas partes. Si en verdad queríamos una publicación libre, con todos los riesgos, no teníamos sino un camino. En esos días renunciaron algunos compañeros al proyecto y otros esparcían su veneno. Las traiciones estuvieron a la orden del día. “Julio está loco –oía decir–. Quiere venganza”. Francisco Galindo Ochoa, el portavoz de la palabra presidencial, decía:
“Julio pierde los estribos. En su insensatez perderá hasta su casa. Ya le hice saber que pagaría las consecuencias si publica la fotografía y arma un reportaje sobre la casa del Presidente en la Colina de Cuajimalpa.”
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Una tarde de ésas en las que finalmente la luz triunfa sobre la bruma que se extendía por el Valle de México, recibí la visita de José Antonio Zorrilla, director de la Federal de Seguridad. Era portador de un mensaje del secretario de Gobernación, Manuel Bartlett, su jefe.
En tono duro me dijo que en Gobernación tenían informes acerca de un próximo reportaje que publicaría Proceso. Me advertía que en caso de contrariar la voluntad del Presidente, sufriría las consecuencias. Respondí que consultaría con el subdirector de la revista, Vicente Leñero. A solas me dijo que publicaríamos el texto sin una coma de más ni un punto de menos. Zorrilla se fue satisfecho y nosotros quedamos con el preciado as en la mano: nuestro trabajo en nuestras manos y la decisión de publicarlo cuando lo creyéramos conveniente.
u u u
No escapaban a nuestro quehacer los mensajes amenazantes. Discutíamos cuál debía ser nuestra actitud. Ya se nos había presentado un asunto grave por un reportaje firmado por Alejandro Gutiérrez.
El artículo de Alejandro está fechado el 13 de mayo de 2007 en Apatzingán, Michoacán. En él, hacía referencia de cómo cada día eran más los ciudadanos que padecían violencia e imposiciones de los narcotraficantes y de cómo los operativos policiacos y militares, que se justificaban sólo para restaurar la seguridad pública, incrementaban los riesgos de la población por vivir en un país convertido en campo de batalla: detenciones ilegales, allanamientos, torturas y hasta robos, fueron y son algunos de los abusos que han cometido las Fuerzas Armadas.
Alejandro Gutiérrez, según Ramón Eduardo Pequeño García, quien fuera titular de Seguridad Regional de la Secretaría de Seguridad Pública, debía contar con dos hombres de confianza que lo protegieran de un posible atentado. Vicente se opuso al punto de vista. La seguridad de nuestro personal debía depender de nosotros mismos. Agradecimos la atención y optamos por nombrar a Alejandro, corresponsal de Proceso en España.
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Echeverría (otro tiempo, el mismo país, idéntica lacra de la política), encargó a un emisario de promisorio futuro decirnos que el Presidente era un bien nacional y estábamos obligados a cuidar de su buena fama. A su arenga llegó la advertencia: más nos valía que protegiéramos el nombre y la figura presidencial o podríamos pasar momentos desagradables. Sin embargo, a Vicente ya nadie podría detenerlo.
Siempre de buen humor, extrañaba la literatura. Fue así como fundó El Mollete Literario. Ya concluida la jornada de trabajo se iba con perdones, al parecer a recrearse con libros y escritores. Juró que nunca dejaría ir a José Emilio Pacheco y su Inventario, ambos de nuestra sección cultural. l
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La amistad*/JULIO SCHERER GARCÍA
Años después del 8 de julio de 1976, con Los periodistas en las librerías, Vicente Leñero me contó de su ánimo en la asamblea. Pensaba que me había adelantado a los acontecimientos al ponerme de pie y anunciar el camino a la calle. Me dijo:
–Creo que te precipitaste. Tu nombre ya se coreaba en la asamblea. Debiste aguardar unos minutos.
Los sucesos que seguirían al golpe modificarían el punto de vista de Vicente. No podría olvidar su juicio:
–Frente a cualquier crítica adversa, sostendría que te habías mantenido en la línea correcta.
Vicente me llevó a la zona profunda de la amistad. Su crítica adversa, en momentos cruciales, habría terminado con lo poco que restaba de mí.
Permanecimos juntos un primer año, luego un segundo y en una larga etapa, veinte años. Vicente me decía que deseaba volver a su vocación en el teatro, los libros, la cultura, los talleres que impartía, su condición de profesor. Me obsequiaba parte de su tiempo esencial.
*Fragmento de Vivir (2012).
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El atentado contra “Excélsior” Relación de los hechos/VICENTE LEÑERO
(Esta es una crónica colectiva, no sólo un testimonio personal)
El golpe contra el Excélsior de Julio Scherer García, orquestado desde las más altas esferas del poder, era silenciado por unos medios nacionales que más bien se unían a la campaña contra la dirección legítima de ese rotativo. Era indispensable que la historia se conociera y para tal efecto los directivos expulsados del periódico decidieron que se publicara una crónica de los hechos. Un primer borrador, elaborado por José Emilio Pacheco, se desechó por no ser el autor un cooperativista ni ser testigo de primera mano. El trabajo final, el de Vicente Leñero, se escribió pero no alcanzó a difundirse ampliamente. Presentamos aquí el texto íntegro, tal como debió darse a conocer en julio de 1976.
En el primer trimestre de 1976, cuando el diario Excélsior y la compañía editorial que lleva su nombre disfrutaban del mayor auge periodístico y económico de su historia, empezaron a surgir problemas internos: los consejos y comisiones que rigen el funcionamiento de la cooperativa quedaron casi unificados contra la dirección de Julio Scherer García y la gerencia de Hero Rodríguez Toro.
Seguidamente, como un signo externo que parecía evidenciar el propósito de destruir a Excélsior como el más importante diario autosuficiente e independiente del país, se produjo un hecho inexplicable: en la madrugada del 10 de junio, supuestos ejidatarios miembros del Consejo Agrarista Mexicano dirigido por Humberto Serrano, candidato a diputado del PRI, invadieron el fraccionamiento Paseos de Tasqueña. Los terrenos en que se levanta este fraccionamiento fueron adquiridos por la cooperativa Excélsior, mediante una operación de permuta, en 1959. En 1973 se obtuvieron las autorizaciones correspondientes para urbanizar y aprovechar económicamente el predio, y los cooperativistas decidieron repartir la mitad del producto en cantidades iguales para todos –independientemente de la antigüedad y del rango escalafonario– de modo que cada uno alcanzaría a recibir un total de 160,000 pesos. La otra mitad se destinaría a la construcción de una gran planta industrial para la empresa, que así garantizaría su independencia económica y su solidez periodística.
En la madrugada misma del 10 de junio, el agente del ministerio público de Coyoacán, licenciado Luis Miravent Jáuregui, levantó un acta sobre la invasión, que fue turnada a la Procuraduría General del Distrito. En las semanas siguientes, la Procuraduría del DF declaró que la invasión no era de su competencia y no admitió más actas de los vecinos de Paseos de Tasqueña, pese a que se referían a robos, despojos, restricción al tránsito legal de personas y vehículos.
Entre tanto, en el interior de la cooperativa, los miembros de consejos y comisiones –en especial el Consejo de Vigilancia– exacerbaron sus ataques contra la dirección y la gerencia en un lenguaje insólito que adquirió tonalidades injuriosas. Al mismo tiempo algunos periódicos de la capital, que habían manifestado una sistemática hostilidad contra Excélsior pasaron directamente al insulto y se desarrolló una campaña ubicua y metódica de notas y desplegados contra la política editorial del diario y, de manera singular, contra el ensayista Gastón García Cantú. La empresa Televisa dedicó gran parte del tiempo de sus noticiarios a presentar el asalto a Paseos de Tasqueña como una legítima reivindicación de los ejidatarios supuestamente despojados –de modo que Excélsior parecía cometer los mismos atracos censurados una y otra vez desde sus páginas– y sus comentaristas vilipendiaron al periódico, sin cuidarse de la fundamentación de sus cargos y en términos que incitaban a la violencia.
Proporcionó un nuevo dato significativo la unión de cooperativistas desafectos quienes, en 1965, se constituyeron durante once años en feroces impugnadores de la empresa y tuvieron difusión en panfletos que circulaban en forma anónima y clandestina. Este grupo de expulsados, que tenía como cabezas visibles a Raúl Beethoven Lomelí y Arnulfo Rodríguez, contó esta vez con el apoyo de Televisa para desplegar en sus noticiarios la significativa unión de fuerzas concertada entre ellos y los miembros rebeldes de los consejos y comisiones de la cooperativa.
Regino Díaz Redondo, responsable de la segunda edición de Últimas Noticias y presidente del Consejo de Administración, se convirtió en caudillo de esta unión. No mostró reticencia alguna en aliarse con los expulsados. Datos internos de la cooperativa, estrictamente confidenciales, se hicieron públicos en algunos de los periódicos oportunistas que se publican los domingos –y que circularon en dependencias oficiales–, y cuando menos una estación de radio, la XEX, se sumó a la campaña contra Excélsior anunciando la celebración de una asamblea extraordinaria como si se tratara de una pelea de box.
Dentro de Excélsior, y sobre todo en la sección de talleres, miembros de los consejos y comisiones esparcieron el rumor de que la invasión a Paseos de Tasqueña –y la posible pérdida de 160,000 pesos por cada cooperativista– constituían una respuesta directa a la política editorial del diario. La crítica a los actos del gobierno –decían– cancelaba todo posible arreglo. Las cosas no volverían a la normalidad hasta que Julio Scherer abandonara la dirección del periódico. En el mismo sentido se expresó más tarde Regino Díaz Redondo cuando, en una reunión pública, confesó haberse entrevistado con Humberto Serrano, el candidato priista, quien le aseguró que en 24 horas sacaría a los invasores de Paseos de Tasqueña si se producía el derrocamiento de las máximas autoridades del periódico.
Tras largos trámites innecesarios y dilaciones, la Secretaría de la Reforma Agraria dio, al fin, su ratificación definitiva a convenios celebrados tiempo atrás entre la cooperativa y los antiguos ejidatarios, y declaró satisfactoria la permuta en todos sus aspectos. Los plenos derechos de Excélsior sobre Paseos de Tasqueña demostraron así de manera indubitable, el delito en que estaban incurriendo los invasores, cuyo número aumentaba todas las noches. Ninguna dependencia del gobierno dio un paso para resolver la contradicción: legal y socialmente todo se hallaba en orden en las transacciones; sin embargo, los ocupantes permanecían allí. Expresamente, la Procuraduría General de la República avisó que procedería al desalojamiento del fraccionamiento sólo el viernes; es decir, después del 8 de julio.
Este hecho permitió que los miembros de consejos y comisiones manejaran demagógicamente ante sus compañeros –siempre al nivel del rumor, de la plática en grupos– la “prueba fehaciente” de la incapacidad de sus autoridades.
Sabedor de que su cargo como presidente del Consejo de Administración terminaba en diciembre de 1975 –al cabo de dos años de ejercicio–, Regino Díaz Redondo tuvo que participar en los acontecimientos y convocar a una asamblea extraordinaria que a todas luces, dados los feroces ataques del exterior que soportaba la empresa, se consideraba inoportuna: se corría el riesgo de dividir a la cooperativa en momentos en que era objetivamente necesario consolidar la unidad interna.
En dos pretextos de muy diferente categoría y relevancia apoyó Díaz Redondo la “necesidad urgente” de celebrar una asamblea extraordinaria: el caso de Juventino Olivera, subgerente de administración y presidente del Consejo de Vigilancia, y el caso de la empresa PEPSA (Promotora y Editora de Publicaciones, S.A.), filial de Excélsior.
El caso de Juventino Olivera se desarrolló durante la segunda quincena de junio, cuando ya el Consejo de Vigilancia se había convertido en el ariete de la oposición a Julio Scherer García y a Hero Rodríguez Toro, recurriendo a insultos directos, actitud inusitada en el seno de las reuniones oficiales.
Hasta el día 21, y pese a su calidad de Presidente del Consejo de Vigilancia, Olivera no se había manifestado solidario de los impugnadores ni de las autoridades. Mantenía una aparente neutralidad. Fue entonces cuando 14 cooperativistas, reunidos para decidir qué hacer ante los ataques externos e internos, concluyeron que resultaba muy importante pedir a Olivera una definición al respecto. Para ello, el 21 de junio, acudieron a su oficina cinco de esos 14 cooperativistas. Arturo Sánchez Aussenac, jefe de redacción de Excélsior, 34 años de antigüedad en la cooperativa; Leopoldo Gutiérrez, secretario de redacción, 25 años de cooperativista; Ángel Trinidad Ferreira, reportero, con 24 años; Jorge Villalobos Alcalá, encargado de la primera edición de Últimas Noticias, con 21 años, y Arnulfo Uzeta, jefe de información de Excélsior, con 28 años en la cooperativa.
En diálogos con sus compañeros, Olivera se solidarizó con la institución. Dijo estar escandalizado, en desacuerdo con los consejeros y dispuesto a hacer pública su repulsa en un escrito. Para tal efecto dictó allí mismo, en su oficina, ante los cinco, una carta que textualmente decía así:
H. Consejo de Administración
Presente.
Ante la actitud asumida por algunos miembros del H. Consejo de Vigilancia que me honro en presidir, y con la lealtad inquebrantable que ha caracterizado mi trayectoria de 34 años en esta Cooperativa, me permito expresar categóricamente mi desacuerdo con dicha actitud, porque considero que enturbiar la convivencia de los compañeros cooperativistas, por motivos inconfesables que no alcanzo a comprender, constituye un acto de la mayor gravedad.
Estimo que convertir la normal vigilancia de los asuntos de nuestra sociedad, el trámite de los problemas inevitables en toda organización, en motivo de mítines, enfrentamientos personales, propalación de versiones parciales, tendenciosas e insidiosas, no sólo equivale a contrariar la función del propio Consejo de Vigilancia, sino que significa atacar los legítimos intereses de la Cooperativa.
Atentamente
Juventino Olivera López
Subgerente de Administración
Súbitamente, en ese instante, cuando Olivera terminaba de dictar su carta, un grupo de miembros de los consejos y comisiones trató de irrumpir en la oficina cerrada profiriendo voces. Se les abrió la puerta y entraron, irritados, con ánimo de “defender” a Olivera porque les habían informado –según dijeron después– que “lo tenían amenazado”. Pacíficamente salieron los cinco, con la carta del subgerente, y dejaron a los comisionados reunidos con Olivera.
Por la tarde de ese mismo día, en los talleres y oficinas circulaba la versión de que Olivera había sido amenazado por los cinco, pistola en mano, para que suscribiera la carta de repulsa. Los rumores calumniosos lo convertían en un mártir de actos gangsteriles.
En la noche de ese día 21, Olivera y los consejeros y comisionados se reunieron con el director de Excélsior. Olivera ratificó su absoluta confianza a Julio Scherer García y estuvo de acuerdo en romper su primera carta como acto simbólico de buena voluntad. La entrevista terminó en abrazos. Pese a ello, y acto seguido, Olivera fue paseado por consejeros y comisionados a través de los talleres de Excélsior como un héroe ofendido y victorioso, mientras se insistía en la versión de que el subgerente había sido encañonado con un arma.
Al día siguiente, martes 22, en sesión de consejo y a petición de Díaz Redondo, Olivera mostró una segunda carta en la que afirmaba que la primera había sido obtenida bajo presión. Propuso, sin embargo, que todo debía quedar en familia, y prometió romper esa segunda carta, al mismo tiempo que amenazaba renunciar a la cooperativa si alguien pretendía llevar adelante el asunto. Rompió la carta, en efecto; pero después de un receso de 40 minutos durante el cual se ausentó de la sala en compañía de varios consejeros, regreso diciendo: “Como hombre, rompo la carta, pero me asocio a las decisiones del H. Consejo de Vigilancia”, que exigía la consignación de los cinco cooperativistas involucrados en el asunto.
Los impugnadores de la dirección y la gerencia encontraron así, en ese hecho, un motivo artificial para acentuar sus ataques y difundir el descontento, y un pretexto para convocar a una asamblea -extraordinaria.
El otro pretexto fue el caso PEPSA.
Esta empresa subsidiaria de Excélsior fue creada en 1969, un año antes de que Hero Rodríguez Toro asumiera la gerencia con objeto de extender el ámbito de actividades de Excélsior hasta abarcar el campo de la edición y la distribución de libros, así como hacer inversiones productivas que aumentaran los ingresos de los cooperativistas y sobre todo mantener fuentes de trabajo remunerativas para los socios que laboran en los departamentos de rotograbado, encuadernación, fotocomposición y rotocolor. PEPSA comenzó a funcionar formalmente en marzo de 1974, y se encargó de su administración a Miguel Scorza, quien parecía experto en la edición y venta de libros, y su auditoría a Antonio Zavala Tobón, auditor interno de la cooperativa y, a partir de 1975, miembro de la Comisión de Control Técnico.
Al año del funcionamiento de PEPSA, el gerente Hero Rodríguez Toro se vio obligado a suspender a esas personas que provocaron un caos administrativo, y nombró una nueva administración encabezada por el licenciado Ignacio Álvarez Icaza, bajo el estricto control de erogaciones de Juventino Olivera.
La administración de Álvarez Icaza no tardó en descubrir que los manejos de Scorza y Zavala no sólo habían provocado un caos administrativo sino que acusaban una disposición indebida de fondos por parte de este último: Zavala no ingresó a PEPSA la cantidad de 400,000 pesos que Excélsior le había entregado para sufragar sus gastos de operación de acuerdo con pólizas adjuntas, además de no justificar gastos por un monto de 600,000 pesos.
En mayo de 1976, mientras la administración de Álvarez Icaza rectificaba el rumbo de la empresa y la abocaba a una creciente tarea de edición, una comisión designada por el Consejo de Administración por instancias de la propia gerencia general de Excélsior se propuso estudiar la situación real de PEPSA. Sin embargo, contrató para ello los servicios de un despacho de contadores sin ningún reconocimiento profesional y que, además, por sus relaciones personales con Zavala Tobón, resultaba sospechoso de parcialidad. En efecto, el informe rendido por el despacho de contadores y avalado por la comisión nombrada por el Consejo de Administración, emitió datos erróneos. Entre otros, atribuyó a PEPSA una pérdida de 6.372,000 pesos, evidentemente falsa, tanto por el monto como porque tal cifra no podía considerarse como una pérdida empresarial. En realidad se trataba de un déficit de operación representado por inversiones comprobables de 2.692.676.90 pesos, que para una empresa que llevaba funcionando menos de tres años –en uno de los cuales sufrió una caótica administración– no era desde ningún punto de vista considerable. Menos aún si se tomaba en cuenta que, por la venta en un año de los volúmenes existentes, PEPSA obtendría una utilidad neta de 8.000,000 pesos.
No obstante las rectificaciones que se hicieron a este informe presentado por la comisión designada –y a la decisión de la gerencia de encomendar a una organización de alto prestigio la realización de una auditoría que esclareciera definitivamente la situación– los consejeros impugnadores difundieron dolosamente el informe parcial y esparcieron rumores de que se habían cometido grandes fraudes imputables a las autoridades del periódico. Las calumnias encontraron eco en publicaciones dominicales panfletarias en las que se inventaban cifras cuantiosas y se acusaba insistentemente a Scherer y a Rodríguez Toro. Algunos trabajadores de talleres parecieron dar crédito a éstos y otros infundios, y se acentuó la división en el seno de la cooperativa.
En este clima de tensión exacerbada se convocó –con irregularidades jurídicas– a la asamblea del 8 de julio en cuya orden del día no se daba cabida, insólita pero significativamente, a los informes de la dirección y la gerencia.
En vísperas del acontecimiento, y con objeto de ilustrar a compañeros malinformados que habían prestado oídos a las calumnias y se dejaban liderar por los opositores, un grupo de cooperativistas hizo circular, entre otros documentos, uno en el que se asentaba:
“Este es un nuevo capítulo de la historia de las agresiones a nuestro periódico. Los ataques del exterior han tenido, más de una vez, cómplices entre miembros de la cooperativa. Es clara la coincidencia entre la invasión de la Candelaria (Paseos de Tasqueña) y nuestros problemas internos. También es muy clara la relación entre los agravios que antiguos compañeros lanzan ante la televisión y en las páginas de muchos pasquines y la actitud dolosa de consejeros y comisionados. Nos oponemos a esta actitud inmoral de consejeros y comisionados. Ellos saben que los infundios que han propalado serán destruidos por la verdad. Por eso pretenden acallarla. La convocatoria a la asamblea no sólo viola los principios de convivencia cooperativa sino que también infringe las normas jurídicas que nos rigen.”
Enterados de la situación, y conocedores del peligro que se cernía contra la libertad de expresión en México –puesta en juego por la crítica situación de Excélsior– cerca de 50 colaboradores del diario y de las demás publicaciones de la empresa elaboraron por voluntad propia un manifiesto en defensa de la libertad de expresión y de solidaridad con Julio Scherer García y Hero Rodríguez Toro. El manifiesto debía aparecer en la última plana, la número 22, de la primera sección de la edición del 8 de julio.
A las tres de la madrugada de ese día 8 –día de la asamblea– se consumó la primera operación del golpe: miembros de los consejos y comisiones se presentaron en el departamento de rotativas y, guiados por Díaz Redondo, en franca rebeldía contra las órdenes del director, eliminaron el texto e hicieron que el periódico se publicara con una página en blanco: afrenta al lector y humillación jamás inferida a las publicaciones Excélsior.
Horas después, la atmósfera que se respiraba dentro y en torno a las instalaciones de la empresa era ya de franca tirantez. Una patrulla de la policía circulaba continuamente por Paseo de la Reforma con su sistema de sirenas encendido, y pequeños grupos de individuos sospechosos –con aspecto de agentes, con aire de espías– paseaban en torno a los edificios. Un par de ellos incluso, entraron en el edificio, se identificaron abiertamente como agentes policiacos ante los reporteros de guardia y preguntaron dónde se hallaba la sala de asambleas. Los talleres, a su vez, se encontraban invadidos y cercados por gente extraña a la cooperativa: muchos fueron identificados como “porros”, otros eran simplemente desconocidos que denunciaban en su semblante los efectos del alcohol y la droga; todos integraban una especie de fuerza de choque que pretendía amedrentar a los socios de la cooperativa y que instalaba, definitivamente, un ambiente de violencia. Era clara también la presencia de armas que abultaba, en algunos de estos desconocidos, la parte posterior de su vestimenta.
Por otra parte, los cooperativistas rebeldes habían decidido uniformarse con sombreros de palma –en los que se leía la inscripción 8 de julio– y se identificaban a sí mismos como “la indiada”, bajo el pretexto de que los trabajadores de talleres habían recibido ese mote, a manera de insulto, de parte de miembros de la redacción en épocas anteriores.
Ante la violencia ambiental que gobernaba las instalaciones de Excélsior, horas antes de la celebración de la asamblea, uno de los colaboradores de las páginas editoriales, Ricardo Garibay, intentó desde las oficinas de la redacción, y en presencia de varios corresponsales extranjeros, una comunicación telefónica con el presidente de la República para enterarlo de la situación que se estaba viviendo y que hacía peligrar a la institución. El secretario privado del presidente recibió el mensaje de Ricardo Garibay, pero éste no obtuvo contacto telefónico con el primer mandatario, quien, según le informaron, asistiría a una premiación de niños aplicados.
Poco antes de las once y media de la mañana, Julio Scherer García y Hero Rodríguez Toro, seguidos por toda la redacción y por empleados administrativos y de talleres entraron en el salón de asambleas que se encuentra ubicado en el segundo piso de Bucareli 17, cerca de la sección de rotativas, y que tiene acceso también por el edificio de Reforma.
El salón donde habitualmente se realizan las asambleas, y que en esos instantes merecía para muchos el nombre de “ratonera”, de “trampa”, es un largo recinto rectangular, positivamente incómodo, que sólo cuenta con una angosta puerta de acceso ubicada en el extremo posterior al sitio donde se instala el presídium. Se habilita para tales efectos con sillas plegadas de lámina agrupadas en dos sectores que sólo dejan libre un pasillo central como única vía de tránsito entre el presídium y la puerta. Esta vez, el exceso de sillas obligaba a “amontonarse” a los concurrentes y hacía más estrecho el estrecho pasillo.
Cuando el grupo solidario al director y al gerente entró en el salón de la asamblea, los trabajadores identificados con sombreros de palma ocupaban ya casi el sector cercano al presídium donde tomaron asiento Scherer y Rodríguez Toro. Sus seguidores, en cambio, se vieron pronto apresados en la sección central, pues las filas posteriores se llenaron, instantes después, con quienes se identificaban como “la indiada” y entre los que había numerosos desconocidos, creando así una especie de sándwich que contribuía a acrecentar la presión. Por si esto fuera poco, el pasillo central se fue ocupando paulatinamente con los de sombrero de palma, de modo que se constituyó un émbolo humano que dificultaba no sólo la visibilidad, sino el libre movimiento de los que se hallaban incómodamente sentados. También llevaban sombreros de palma, además de un brazalete rojo, los miembros de la comisión de orden, nombrados por el Consejo de Administración y situados, lógicamente, en el repleto pasillo central. Tales comisionados ejercitaban muy arbitrariamente su función: cuando minutos después se inició la asamblea, los comisionados del orden hostigaban a los cooperativistas leales: les impedían ponerse en pie, los empellaban, trataban de silenciarlos con amenazas y abucheaban sus intervenciones. Era evidente la intromisión de abundantes individuos ajenos a la cooperativa, en cuya actitud provocadora se les adivinaba estar dispuestos a provocar un zafarrancho que, en un lugar así, hubiera tenido consecuencias catastróficas.
La entrada al salón de los distintos miembros de los consejos y comisiones, casi todos ellos ensombrerados y con los ojos enrojecidos, provocó aclamaciones de los soliviantados, obedientes siempre a un sistema de porras perfectamente organizado. Cuando Juventino Olivera cruzó el pasillo central, los del sombrero lo aclamaron. El subgerente agradecía los gritos balanceando el brazo derecho y sonriendo, con desacostumbrada expresión de orgullo, como un político en triunfo.
Transcurrió más de una hora antes de que Díaz Redondo, como presidente del Consejo de Administración, declarara abierta la asamblea. Lo hizo al fin sin comunicar la existencia o inexistencia del quórum legal, y procedió a solicitar proposiciones para el nombramiento de seis escrutadores. Su participación fue del todo arbitraria: rápidamente admitió la inscripción de los candidatos que le gritaban los que llevaban sombrero, y alegaba no escuchar, no entender en medio de la gritería, los nombres que le proponían los cooperativistas fieles a la institución.
La gritería era realmente fenomenal. Las voces del grupo opositor y sus comparsas, y el hostigamiento de los comisionados del orden, impedía toda expresión libre y el adecuado desarrollo del proceso. Díaz Redondo, sin embargo, sometió a votación los nombres que él consideró propuestos –sólo dos de los solicitados por los cooperativistas solidarios– y en forma también arbitraria –atisbando de una simple ojeada las manos que se alzaban, los sombreros que se agitaban– declaró triunfadores a cinco escrutadores de sus incondicionales y a sólo uno del otro grupo de cooperativistas. Estos escrutadores, ahora en connivencia con Díaz Redondo, hicieron válido el dudoso triunfo que el propio presidente del Consejo de Administración –desoyendo la petición de una votación nominal– decidió conceder para presidir la asamblea al candidato propuesto por los del sombrero, Jorge Castillero, sobre el candidato propuesto por el otro sector: Manuel Becerra Acosta, subdirector del periódico.
En medio de una gritería incontrolable se protestó fuertemente la decisión, al tiempo que las porras que dirigía un reportero de espectáculos, Ricardo Perete –quien se trepó al presídium y con expresiones desorbitadas agitaba su sombrero– coreaban burdamente: “¡la indiada ya votó!… ¡la indiada ya votó!”.
A estas alturas, la violencia ambiental había llegado a extremos francamente peligrosos. La farsa de asamblea que se habían propuesto celebrar los adictos a Díaz Redondo era palpable. Para evitar un incidente grave, y convencidos de que no existía posibilidad alguna de ejercitar la democracia, el director y el gerente decidieron abandonar el salón. Trabajosamente se formó una valla en el pletórico pasillo central para defender la integridad física de los dirigentes. Entre exclamaciones de “¡Scherer-Excélsior!, ¡Scherer-Excélsior!”, lanzadas por numerosos cooperativistas, salieron el director y el gerente acompañados de un considerable grupo, mientras algunos opositores gritaban “¡Fuera!” y otros se mantenían atónitos, repentinamente emocionados ante los encendidos gritos de apoyo a la institución y de repulsa al golpe que se acababa de instrumentar.
El director, el gerente y los cooperativistas que abandonaron el recinto, se -reunieron entonces en la sala de redacción del diario para celebrar allí, ante un notario público, la asamblea extraordinaria que no había podido desarrollarse en el salón de talleres.
Mientras se acondicionaba la redacción, varios de los principales dirigentes de Excélsior, reunidos en la dirección y encabezados por el director y el gerente, celebraron con los corresponsales extranjeros que habían llegado al periódico horas antes una entrevista de prensa. Allí dieron cuenta de lo acontecido en el salón, informaron de los antecedentes y de la significación del atentado contra la libertad de expresión, y denunciaron la intromisión de individuos extraños a la cooperativa y que los propios corresponsales detectaban sin dificultad.
Durante la asamblea en la sala de redacción, los cooperativistas allí escucharon y aprobaron por unanimidad los informes que rindieron el director y el gerente, y decidieron desconocer a los consejos y comisiones por su franca actitud de rebeldía y de ilegalidad.
En su informe, el director dijo: “Hemos venido padeciendo graves ataques del exterior. No necesito insistir en cuánto escozor causa nuestro trabajo –el de todos nosotros, absolutamente todos nosotros– a quienes en México se oponen al orden, a la independencia y a la honestidad. Hemos sabido contestar a los enemigos de afuera. ¡Cuántos quieren que Excélsior desaparezca como el único diario independiente y autosuficiente!…
“Pero resulta intolerable que la conspiración invada nuestras propias filas, que quienes tienden la trampa de Paseos de Tasqueña sean los mismos que asaltan la rotativa y lanzan a la calle un periódico mutilado, que quienes se han dicho nuestros amigos y compañeros atenten contra su propia fuente de trabajo para lograr finalidades ajenas. Siempre hemos puesto nuestro afán en que Excélsior sea el mejor, el más limpio, el más importante periódico de nuestra patria. Todos los días, desde sus páginas, hemos pedido al gobierno y a la nación respeto y amor para cada uno de los mexicanos. Excélsior ha sido combatido pero nunca juzgado con el desprecio con que puede comenzar a ser juzgado desde ahora. Díganme si destruyéndonos a nosotros mismos, si echándonos lodo a nosotros mismos, si haciendo de nosotros objeto de ineficacia, burla y anarquía podremos seguir demandando y defendiendo todo aquello que ha sido hasta la madrugada de hoy nuestra divisa.”
Terminada la asamblea, los cooperativistas presentes ocuparon las principales instalaciones de Reforma 18 –donde se encuentran las oficinas de redacción y administración– ante la noticia de que los asambleístas reunidos en el salón de talleres habían acordado suspender al director, al gerente y a los cinco socios implicados en el incidente de Olivera.
Se temía en esos instantes un acto de fuerza desencadenado por los soliviantados y el contingente de “porros”, algunos de ellos evidentemente armados, y ante tal peligro se solicitó telefónicamente la protección policiaca en presencia del notario público y de los corresponsales extranjeros. La protección no llegó jamás. Quienes llegaron hasta la oficina del director, ocupada por cooperativistas leales, fueron los integrantes de una comisión nombrada por los adictos a Díaz Redondo quienes comunicaron las suspensiones aprobadas en su reunión, la decisión de ocupar de inmediato las oficinas del director y del gerente, y la determinación de convertir al Consejo de Administración en la única autoridad para fijar la política editorial del periódico y su manejo administrativo.
No había pacto posible. Resultaba patente que negarse a acatar tales órdenes, resistirse a la ocupación de las oficinas, provocaría enfrentamientos violentos, toda vez que los accesos a las instalaciones se hallaban controlados por los soliviantados y los desconocidos, quienes a esas alturas ocupaban además las escaleras del edificio de Reforma formando un cordón y asumiendo actitudes acechantes.
Fue así como los dirigentes del periódico decidieron abandonar el edificio y salir a la calle, seguidos por un nutrido grupo de cooperativistas, trabajadores eventuales y colaboradores que entendían claramente la significación del golpe. Se trataba de un atentado artero contra la libertad de expresión en el que se habían conjuntado intereses ajenos a la cooperativa y ambiciones internas de quienes se convirtieron en instrumentos para la ejecución de un crimen. Un crimen que eclipsa, por el momento, la posibilidad de contar en México con una prensa libre, profesional, autónoma, independiente, verdaderamente analítica de la realidad y del mundo en que vivimos.
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La dignidad*/JULIO SCHERER GARCÍA
Al abandonar el edificio de Excélsior, en Reforma 18, me sentí perro sin dueño. Sin saber qué hacer con mi cuerpo, no había más mundo que el mundo interior. Algo me decía que mi comportamiento en la asamblea que nos había puesto en la calle había sido propio de un cobarde, pero algo me decía que no, que en el momento extremo me había acompañado la lucidez, tocado el periódico de muerte.
De esto hablaba a solas con Susana. Yo sentía que se apretaba contra mí, que nada mejor podía hacer en el agobio que era nuestra vida. La miraba a los ojos para mirar atrás de su mirada verde y descendía a los labios que tanto me gustaban. Temía lo peor, el despertar en ella de una amorosa compasión, irrepetibles los días que no se quieren olvidar.
Sin frontera que separe las palabras del pensamiento, un día me dijo Vicente Leñero: “Quizá abandonamos la asamblea antes de tiempo. Ya se coreaba tu apellido. En fin, no sé”.
Un agujero me devoró. Si nos habíamos salido antes de tiempo, el miedo me había ganado.
Trabajábamos en Proceso, la revista ya levantaba vuelo y volvió Vicente, directo e inesperado. Me dijo que había escrito un libro, Los periodistas, que me dedicaba la obra de la que yo era eje y que no me mostraría una línea del manuscrito. No se expondría ni me expondría a un punto de vista adverso, a la sugerencia de alguna modificación significativa o circunstancial.
Vicente se reflejaba en las palabras de Kertész, el Nobel húngaro: “¿La Verdad o mi Verdad? La Verdad. ¿Y si no es la Verdad? Entonces el error, pero el mío”.
Fui leyendo Los periodistas como quien camina, hablando y escuchando, observando y sintiéndome observado, comprendiéndome entre muchos, agradecido en las lágrimas de las que sólo yo puedo dar cuenta.
Las páginas se fueron haciendo una cadencia dolorosa, un andante y fui sabiendo que, poco a poco, recuperaba el sentido de mi propia dignidad. l
Presentación de Los periodistas, de
Vicente Leñero. Edición especial a 30 años del golpe a Excélsior (Joaquín Mortiz, 2006)
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953 días de impunidad

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