9 jun. 2009

¿Todo está en los libros?

Todo está en los libros?/Gustavo Martín Garzo
Publicado en EL PAÍS, 07/06/09;
Leo con el apetito de una muchacha que piensa que va a encontrar al Príncipe Encantador en los libros”, escribió Isak Dinesen. La literatura nos permite vivir con más intensidad nuestra propia vida y tener aventuras que estén a la altura de nuestros anhelos y sueños. El lenguaje poético, según la gran escritora danesa, debe responder al sentimiento del placer pero también del deber. Amar algo es apropiarse de su vitalidad, como hace el cazador con las piezas que cobra, pero también hacerse responsable de ello. Algo, en suma, muy cercano a la experiencia amorosa.
“Una entrega encantada”, así definió Ortega el amor. Es lo que nos pasa cuando leemos un libro que nos gusta. Accedemos gracias a él a un lugar nuevo, un lugar de hechizo que tal vez no podamos abandonar. Buscamos como los vampiros nutrirnos de una sangre que no nos pertenece para fortalecer con ella nuestra propia vida.
Que los libros tienen el poder de cambiarnos, es algo que me parece fuera de toda discusión. No son obviamente todos, pero hay algunos que tienen sin duda ese incomparable poder. ¿Todo está en los libros? De alguna forma sí, porque los libros proceden de la vida. Edith Wharton, en su prólogo a Historias de fantasmas, se permite dar un consejo a los jóvenes aprendices de escritores: “Si quieres escribir una historia de fantasmas debes sentir miedo al hacerlo”. Es lógico que les diga esto, pues si no conocieran el miedo ¿cómo podrían transmitírselo al lector? El escritor necesita haber vivido para lograr que su experiencia pase a sus lectores a través de la escritura, pero esto no quiere decir que leer sea lo mismo que vivir. Los libros nos ofrecen imágenes y palabras que tal vez ayudaron a vivir a otros hombres, y que pueden ayudarnos a nosotros, pero no se confunden con la vida ni pueden sustituirla.
La literatura es como un gran almacén. Se guardan en él todas las emociones humanas, nuestros sueños y nuestras preguntas, y leer es entrar en ese almacén y tomar lo que necesitamos. El lector devuelve a la vida, a través de lectura, lo que el escritor tomó de ella para escribir sus libros, con lo que el círculo se cierra. Bernhard Schlink ha escrito una novela, sobre la que acaba de hacerse una película, que es una delicada metáfora de todo esto. Se titula El lector y en ella un adolescente conoce a una mujer que le dobla la edad y con la que inicia una apasionada relación. En las pausas de sus encuentros sexuales, ella le pide que le lea los libros que estudia en la escuela. El muchacho lo hace, y las palabras de esos libros regresan a la vida en forma de caricias y encendidos besos. Y el muchacho quedará marcado para siempre por esa turbadora mezcla.
Las bibliotecas son como la cueva de Alí Babá, y la historia de la literatura es la historia de cómo se ha ido formando ese botín inagotable y secreto. Leer es aprender a pronunciar las palabras que abren las piedras y rescatar ese botín del olvido. Las palabras de la poesía tienen esa maravillosa cualidad y participan a la vez del mundo real y el de los sueños. La poesía nos lleva a los lugares soñados donde yacen los tesoros, pero a la vez nos permite regresar de ellos con las bolsas repletas. ¿Paraqué serviría un tesoro si no se pudiera robar? Un tesoro no es nada sin un lugar real donde ser ofrecido o repartido. Y ese lugar real es la vida de todos los lectores del mundo.
Jorge Luis Borges agradece en El poema de los dones la diversidad de las criaturas que forman este singular universo. Da gracias por el rostro de Elena y la perseverancia de Ulises; por el amor, que nos deja ver a los otros como los ve la divinidad; por las místicas monedas de Ángel Silesio; por el último día de Sócrates; por aquel sueño del Islam que abarcó mil y una noches; por Swedenborg, que conversaba con los ángeles en las calles de Londres; por las rayas del tigre; por el lenguaje que puede simular la sabiduría; por el sueño y la muerte… Todos esos dones componen un único libro, un libro inagotable, en que vida y lenguaje se confunden.
Los libros están hechos de palabras, pero nuestra vida también. Ser hombre es vivir en el lenguaje, recibir esos dones que, en gran parte, se confunden con las palabras. Stéphane Mallarmé dijo que el mundo se creó para culminar en un hermoso libro, y vivimos tratando que nuestra vida se transforme en una historia que merezca la pena escuchar.
Cuando voy a dar charlas a los institutos de enseñanza media siempre digo a chicos y chicas que por mucho que se empeñen no pueden escapar a la literatura. No importa que no lean, que no abran un libro jamás, pues la literatura, la poesía, forma parte de ellos. Es más, tiene que ver con las experiencias más decisivas de sus propias vidas, con esos momentos de epifanía y gozo que todos anhelan tener.
Por ejemplo, el amor es una experiencia así. Transcurre en el mundo, es una experiencia que pertenece al campo de lo real, pero a la vez es una experiencia poética. Los momentos más intensos de nuestra vida tienen una naturaleza doble: suceden a la vez en el mundo real y en el de los sueños. La única manera de escapar a la literatura, sigo diciéndoles a mis jóvenes interlocutores, es dejar de vivir o tener una vida vulgar, cosa que ninguno de ellos obviamente desea.
Por eso les animo a leer, porque la vida sólo merece la pena cuando está hecha de la misma materia con que se hacen los buenos libros.
¿Y qué nos dicen esos libros? Algo muy simple: que podemos traernos cosas de los sueños. Coleridge tiene un poema en que un poeta sueña con un jardín fabuloso donde todo es perfecto. Paseando por sus senderos, ve un hermoso rosal y toma distraído una de sus rosas. Pero algo pasa y se descubre, de golpe, acostado en el cuarto inmundo de una pensión. Comprende decepcionado que ese jardín sólo ha existido en su fantasía y, cuando trata de volver a dormirse, ve sobre la mesilla la rosa que acaba de cortar. Puede que el jardín fuera un sueño, pero se ha traído de él una flor. ¿Es posible esto? La literatura nos dice que sí. El poema es la prueba. Coleridge no se limita a soñar con un lugar maravilloso, sino que escribe un poema que podemos leer. Ese poema es la rosa, una rosa de palabras. Leerlo es pasear por el jardín encantado, aspirar sus aromas desconocidos, llevar en las manos la rosa soñada.
No leemos porque queramos escapar del mundo, ni para sustituirle por otro hecho a la medida de nuestros deseos, sino para ser reales. Tal es la razón última de todos los libros que existen. “¡Quiero ser real!”, es lo que exclaman todos los lectores del mundo cuando abren un nuevo libro. Y, paradójicamente, ese deseo es su sueño más desatinado y hermoso.

Cárceles mexicanas

La carcelización/RODRIGO VERA
Revista Proceso # 1701, 7 de junio de 2009;
En un estudio sobre los reclusorios del país, el Episcopado Mexicano concluye que las políticas penitenciarias basadas en criminalizar a los pobres, así como la explotación monetaria de los reclusos por las autoridades federales, estatales y del Distrito Federal generan un círculo vicioso de corrupción y rencor social, que incrementa los delitos, hace necesario construir más cárceles y favorece así la formación de nuevos delincuentes... Se calcula que 2 millones de personas están envueltas en este tipo de “experiencia carcelaria”.
La creciente criminalización de la pobreza ha provocado la explosiva sobrepoblación en los reclusorios del país, ya que un gran porcentaje de sus internos están arrestados por cometer delitos “famélicos”, como se denomina a los ocasionados por el hambre y la miseria.
Pese a las carencias económicas de esos internos, cuyas familias pagan las cuotas que se les cobran durante su cautiverio, los reclusorios se han convertido en un gran negocio para los gobiernos estatales, que los utilizan como sus cajas chicas. Pero también para los cárteles de la droga, que cada vez tienen mayor control sobre las cárceles.
De esta manera, en México impera un sistema penitenciario que no rehabilita a los reclusos, sino que los pervierte todavía más, provocando en ellos y en sus familias un resentimiento social… Además, genera un círculo vicioso que incrementa la violencia social.
A esta conclusión llegó la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) después de realizar un detallado estudio en los reclusorios del país, y que dará a conocer en julio próximo.
Pedro Arellano Aguilar, encargado de Pastoral Penitenciaria de la CEM y quien coordinó la investigación a nivel nacional, dice a Proceso:
“El gobierno está implementando una política errónea en los reclusorios, pues parte del supuesto de que la inseguridad es el principal problema del país. Y su respuesta ha sido endurecer las penas con más carcelización. ¡Todo es cárcel! ¡Más y más cárcel!
“En los códigos penales, por ejemplo, se han endurecido las penas contra los llamados delitos famélicos, que son los cometidos por los pobres. Son principalmente delitos contra el patrimonio. Si alguien se robó un teléfono celular o algún objeto de menos de 2 mil pesos, pues que se cuide, porque ahora el robo se persigue de oficio.”
–Si no es la inseguridad, ¿cuál es entonces el problema principal?
–Sobre todo es la miseria, el desempleo, la drogadicción, la violencia institucional y la impunidad de cuello blanco lo que ocasiona la delincuencia. Desgraciadamente, a este sistema capitalista le estorban los menesterosos, los indígenas, los niños de la calle y todos aquellos que no producen. Por eso resulta más fácil meterlos en la cárcel. No combatimos las causas y después nos quejamos de los efectos.
“Pero lo más grave es que la cárcel no regenera a los reclusos, sino que los contamina y los pervierte todavía más. Un caso ilustrativo es el de El Mochaorejas, quien cayó en el Reclusorio Oriente por haberse robado unos tapones de auto. En la cárcel lo violaron, lo extorsionaron, lo obligaban a hacerle sexo oral a los custodios. Todo esto le provocó un gran rencor social. Ahí se transformó en un secuestrador cruel y sanguinario.
“Se piensa que mientras haya más gente en la cárcel disminuirá la criminalidad. No, es al revés: mientras haya más presos, más aumentará la delincuencia. Estamos ante un círculo vicioso al que no se le ve fin, y todo porque nuestras autoridades no han buscado alternativas para prevenir el delito. ¡Todo es cárcel, todo!”
Rencor social
El encargado de la Pastoral Penitenciaria, Pedro Arellano Aguilar, adelanta algunas estadísticas que incluirá en su informe:
De los 225 mil reclusos que hay en el país –concentrados en 488 prisiones– 28% son realmente “enfermos” con alguna adicción que los orilló a delinquir.
Explica Arellano Aguilar: “Generalmente, las familias no se dan cuenta de que algún hijo fuma mariguana o es alcohólico. Se enteran hasta que les hablan del Ministerio Público diciéndoles que su hijo está detenido porque se robó unas cervezas en una tienda de abarrotes. Ese muchacho lo único que tiene es una mala adicción, es un enfermo, y sin embargo se le juzga como delincuente. No es justo que se le meta a un reclusorio donde sí lo van a convertir en delincuente”.
Y agrega que, de acuerdo con la citada investigación, 62% de los jóvenes que están presos por robo se llevaron objetos que valen menos de 2 mil pesos, por lo que pueden considerarse robos famélicos.
Señala el investigador que “esta carcelización lo único que genera es un gran rencor social, puesto que los presos, así hayan sido arrestados injustamente, quedan estigmatizados junto con sus familiares”.
Además, de los 225 mil reclusos, Arellano menciona a los alrededor de 100 mil preliberados, que ya no están en prisión pero que tienen que ir a firmar y también son discriminados.
“En total –dice– es una población de unas 325 mil personas. Pero si a éstas les sumamos a su familia, pongamos seis familiares por cada una, ya estamos hablando de 2 millones de mexicanos y mexicanas que, en este momento, están viviendo directamente la experiencia carcelaria, porque los familiares de los presos también viven atados a la cárcel. Imagínese el rencor social que se está creando en ellos, y todo porque nuestros genios tecnócratas se han dedicado a meter y meter a la cárcel a los pobres.”
–¿Es correcta la afirmación que habla de la criminalización de la pobreza?
–¡Claro! ¡Por supuesto! Como también lo es la frase que define a las cárceles como las universidades del crimen. En México, eso son realmente.
–¿No cumplen entonces con su función?
–Mire, se dice que la prisión tiene tres objetivos: aislar a la persona para que no siga delinquiendo, castigarla y luego resocializarla. Es algo así como un hospital a donde se lleva a la persona para que se cure de su mal. Obviamente que esos objetivos son para dar risa.
“En México, por ejemplo, la gente que tiene dinero muchas veces vive mejor adentro que afuera de la prisión. Un miembro del crimen organizado, así sea multihomicida, puede salir de la cárcel si paga algunos millones de pesos por su preliberación. Pero quien se robó un bolso en la calle, pues ese que se pudra y se contamine en la prisión.”
Abogado y teólogo, Arellano Aguilar también es el actual director del Instituto de Penitenciaristas del Distrito Federal y lleva 25 años apoyando a reclusos. Señala que le llevó un año la investigación sobre las cárceles, para la cual contó con la ayuda de “las miles de personas” que trabajan en la Pastoral Penitenciaria de las diócesis y arquidiócesis del país.
Aclara que hicieron encuestas en 350 reclusorios, que concentran a más de 90% de la población penitenciaria del país. “En los reclusorios pequeños y de menor población no realizamos nuestra encuesta, que finalmente es una muestra representativa de las 488 prisiones mexicanas”.
Indica que les fue difícil determinar qué porcentaje de los reclusos está pagando delitos de narcotráfico, puesto que casi la mitad de los más de 50 mil presos por delitos federales aún no están sentenciados.
Eso sí, señala que la rebelión en las cárceles se ha disparado muchísimo:
“El año pasado hubo 18 motines a nivel nacional. En este 2009 ya llevamos 13 motines, pese a que todavía no llegamos a la mitad del año. En los reclusorios no se vive una realidad distinta a la de afuera. Al contrario, se condensa más dramáticamente esa realidad. Afuera hay droga, adentro también. Afuera hay violencia y atropellos a los derechos humanos, adentro se acentúan esos problemas.”

El monto del negocio

Entrevistado en las oficinas de la Comisión para la Pastoral Social, de la cual depende la Pastoral Penitenciaria, Arellano agrega:
“También se están dando más fugas y evasiones en las cárceles. Las primeras se dan de manera violenta. En cambio, los evadidos salen hasta saludando por la puerta, ya que muchas veces logran que se les altere su expediente por sentencias más cortas. Existen grupos de abogados que realizan impunemente este tipo de trabajo sucio.”
–¿Están coludidos con las autoridades penitenciarias?
–Sí, por supuesto. Los reclusorios son un gran negocio no sólo para las autoridades penitenciarias, sino también para autoridades de más alto nivel. Para muchos gobiernos estatales, el reclusorio es la caja chica de donde se saca dinero para financiar campañas políticas y ambiciones personales.
“En el Distrito Federal, por ejemplo, el gobierno de Marcelo Ebrard repartió los reclusorios entre las distintas tribus del PRD. Cada tribu tiene su propio reclusorio, de donde saca dinero para sus fines políticos. La tribu nombra al director y a las demás autoridades de su penal.”
–¿Es difícil calcular el monto del negocio carcelario?
–Muy difícil, ya que sólo seis prisiones son federales, las restantes 482 las manejan por su cuenta los gobiernos de los estados. Habría que investigar estado por estado. Nosotros no tenemos la capacidad para hacerlo, quizás alguna universidad o algún centro de investigación pudiera lograrlo.
Ejemplifica con el Reclusorio Norte de la Ciudad de México, que le deja jugosas ganancias al PRD por ser la cárcel más grande de América Latina:
“De los 12 mil internos del Reclusorio Norte, 4 mil tienen teléfono celular. Cada uno pagó mil pesos por meterlo, aparte está pagando a las autoridades del penal una cuota de 500 pesos semanales por usarlo. De manera que las autoridades, tan sólo por uso de celulares, reciben un ingreso semanal de 2 millones de pesos.
“Aparte, cada interno debe pagar cinco pesos cada que le pasan lista, que es tres veces al día. De manera que el preso desembolsa por ese rubro 15 pesos diarios. Así, las autoridades ganan diariamente 180 mil pesos por el pase de lista.
“Los presos del Reclusorio Norte –a quienes apoyan económicamente sus familiares– deben además pagar por ir al baño, por tomar agua, por pasar alimentos, por recibir visita conyugal y por varias otras cosas. Sí, los reclusorios son para los gobiernos un negociazo redondo muy difícil de cuantificar.”
Hasta el momento ha sido la Asociación Nacional de Familiares y Amigos de Detenidos, encabezada por Pedro Cedillo, la que logró hacer un cálculo sobre el negocio carcelario en el Distrito Federal.
“Cada año, las autoridades del Distrito Federal sacan alrededor de mil 700 millones de pesos por esas cuotas que cobran en sus reclusorios. Pura corrupción, no puede llamársele de otro modo”, comenta Cedillo a Proceso.
Y agrega que la venta de droga también se ha multiplicado en las prisiones: “Un caso ilustrativo es la prisión femenil de Santa Martha Acatitla. Antes, ahí sólo había una vendedora de droga. Ahora, son siete vendedoras las que surten de droga a las reclusas, en contubernio con las autoridades del penal”.

Fomento del crimen

José Patricio Patiño, a cargo del Sistema Penitenciario Nacional, dijo en una entrevista con el diario La Jornada, publicada el 24 de mayo pasado, que alrededor de 30 prisiones son consideradas “focos rojos”, sobre todo por el hacinamiento que altera el “orden interno”, por lo que es urgente “iniciar una despresurización”.
Mientras que Genaro García Luna, secretario de Seguridad Pública federal, anunció el martes 2 que triplicará el número de prisiones federales a su cargo: a las seis que ya existen se sumarán 12 nuevas, que mandará construir con apoyo de la iniciativa privada y tendrán capacidad para 45 mil internos.
Por su parte, Marcelo Ebrard se quejó de que las cárceles de la Ciudad de México ya están atiborradas
, y en ellas hay 6 mil reclusos que no deberían estar ahí porque son del fuero federal, por lo que ya no seguirá admitiéndolos. Ebrard también proyecta aumentar la capacidad de las prisiones capitalinas; creará 16 mil nuevos espacios para el año 2012.
Arellano Aguilar dice sobre esa política carcelaria:
“Al crearse más universidades, habrá más profesionistas. Y al crearse más cárceles, habrá más delincuentes. Eso es justamente lo que están haciendo García Luna y Ebrard; aumentando la delincuencia. A partir del gobierno foxista, la Secretaría de Seguridad Pública empezó a manejar las cárceles, lo cual es muy cuestionable, porque su perfil es perseguir y encarcelar al pillo, no cuidarlo ni readaptarlo. Ya estamos viendo las consecuencias; en el penal federal del Altiplano mataron a balazos a una persona, un caso nunca antes visto.
“Y respecto al subsecretario Patricio Patiño –quien viene del Cisen, que tampoco tiene que ver con la readaptación social–, lo mejor es que diga con claridad que esos “focos rojos” son realmente autogobiernos impuestos por los narcotraficantes que corrompieron a las autoridades.
“Las mafias llegan y se apoderan de las cárceles. Van hasta con el gobernador de algún estado para decirle: ‘Queremos que pongas a tal persona como director del penal’. También se valen de métodos más inteligentes; crean grupos de expertos penitenciaristas que dizque dan asesoría y capacitación para las prisiones, y así poco a poco van logrando controlarlas. Anteriormente, los narcos querían ser políticos. Hoy los políticos quieren ser narcos.”
–¿Cuál es entonces la solución al problema penitenciario?
–¡La prevención, la prevención del delito! La cárcel no es natural. Dios nos hizo para vivir en libertad, no en cautiverio. La utopía cristiana es de una sociedad sin cárceles.
Arellano Aguilar muestra al reportero las propuestas de la Iglesia que –por lo menos con el fin de “humanizar” la prisión– se incluirán en el informe:
La implantación de un servicio penitenciario de carrera; la creación de juzgados para adictos; “antidoping permanente” a funcionarios y custodios de los penales; que los reclusos, vía internet, puedan tener “visitas virtuales” de sus familiares; cárcel electrónica para la prisión preventiva; cárcel para los agentes del Ministerio Público que mientan en la consignación del detenido; y que el juzgador que lleve el proceso sea distinto al que dicte el auto de formal prisión, entre otras propuestas.
Comenta Arellano: “Esta es la primera vez que el Episcopado hace un informe de esta naturaleza, con estadísticas, gráficas y testimonios de los propios reclusos y de las autoridades penitenciarias. Calculo que el informe será dado a conocer en julio próximo. Representó un gran esfuerzo para nuestros catequistas y voluntarios que están trabajando en las prisiones mexicanas”.
–¿La Pastoral Penitenciaria no se conforma con dar alivio espiritual a los reclusos?
–La moderna pastoral no empieza ni termina entre los muros de los reclusorios. Nada de solamente rezar, prender veladoras y darse golpecitos de pecho. La Iglesia tiene un compromiso social que incluye la denuncia. En este caso, la denuncia de un sistema penitenciario injusto y cruel.

Obama en El Cairo

Obama en El Cairo: ¿sólo palabras?/Felipe González, ex presidente del Gobierno español Publicado en EL PAÍS, 07/06/09;
Cuando un responsable político hace una declaración, no está opinando como cualquier ciudadano sobre un problema. Se está comprometiendo con una acción. Por eso roza el ridículo minimizar la importancia del compromiso contraído en El Cairo por el presidente de Estados Unidos, Barack Hussein Obama, diciendo que sólo son palabras.
Con palabras empezó la política de choque de civilizaciones. Con palabras se gestó la Guerra de Irak. Con palabras se inició la satanización del “otro”, del que es diferente, convirtiéndolo en enemigo, clasificándolo a partir de arbitrarios ejes de malos y buenos. Y con palabras entramos en un periodo desastroso de unilateralismo y gendarmería internacional, tanto en seguridad como en materia financiera. ¡Ya conocemos muy bien los resultados de aquellas palabras!
Así que es importante que con palabras se inicie un nuevo periodo que sustituya el unilateralismo por un orden internacional basado en la cooperación y el entendimiento. Importa, y mucho, que se sustituya el discurso del choque de civilizaciones y la diplomacia de las cañoneras, por otro de entendimiento, diálogo y respeto al “otro”, con una diplomacia que realmente lo sea, sin imponer el poder que se tiene y sin renunciar a defender los valores en los que se basa.
Y sí, importa que se reconozca el sufrimiento del pueblo palestino y sus derechos a disfrutar de un Estado soberano en las fronteras deshechas de la Guerra de 1967, sin olvidar que los judíos soportaron un holocausto como culminación de siglos de persecución y tienen derecho a vivir en paz y con seguridad en el Estado de Israel.
Importa que se declare que Irán tiene derecho al uso pacífico de la energía nuclear y que se le ofrezca un diálogo sin condiciones, recordando el Tratado de No Proliferación y sus obligaciones. Todo eso, de lo que ha hablado con claridad Obama en El Cairo, importa.
Ser la primera potencia del mundo comporta respetar a los demás y hacerse respetar, entre otros medios por la actitud con los otros. Nunca será respetable quien no respeta a los demás aunque tenga fuerza para imponerse. Será temido y, con frecuencia odiado, pero no respetado.
Obama sabe que no tiene mucho tiempo, ni mucho margen, para transformar las palabras en planes operativos que lo hagan avanzar hacia objetivos de seguridad compartida en Oriente Medio y en el mundo. Pero es absurdo que se le pida lo que no puede, ni debe, dar, como renunciar a la relación de Estados Unidos con Israel. Tan absurdo como que un Gobierno israelí no comprenda que su seguridad no se basa en la guerra permanente, sino en una paz con garantías, basada en el respeto a los derechos de todos y avalada por Estados Unidos y la comunidad internacional.
El mundo árabe cambió su posición en 2002, con el plan de paz del entonces príncipe heredero de Arabia Saudí aprobado en Beirut, y con la reiteración del mismo por la Liga Árabe reunida en Riad en 2007: “Retirada israelí de los territorios ocupados en 1967, incluido los Altos del Golán; solución justa al problema de los refugiados; aceptación de un Estado Palestino independiente en
Cisjordania y Gaza, con capitalidad en Jerusalén Este”.
A cambio, según esa resolución, “los países árabes darán por finalizado el conflicto con Israel; firmarán un acuerdo de paz para garantizar la seguridad de todos los Estados de la región, y establecerán relaciones con Israel”.
Si se superponen esta resolución unánime de la Liga Árabe y el discurso de Obama en la capital egipcia se tienen una parte sustancial de los mimbres para el cesto de la paz en un conflicto que ha sido y es el epicentro de todos los problemas de Oriente Medio, aunque no sea el único.
Éste es el inmenso valor del compromiso contraido por Obama en su discurso del pasado jueves.
Imaginen que una Europa rota por la aventura bélica de Irak, una querella que aún pesa en nuestras posiciones en política exterior, se suma como Unión a Estados Unidos para colaborar en una acción diplomática decidida. El potencial de esa colaboración sería extraordinario.
El histórico conflicto árabe-israelí es para Europa un problema de vecindad, como todos los de Oriente Medio. Por eso es una prioridad, la más importante de sus relaciones con el mundo. La desgracia que nos llevó a la división y al enfrentamiento de posiciones ante la Guerra de Irak puede y debe convertirse ahora en unidad, con Estados Unidos, con la Liga Árabe y con Israel.
No menosprecien las palabras, porque de ellas nacen tanto la guerra como la paz. En El Cairo Obama ha pronunciado las de la paz.

El regreso del Estado

El Estado ha vuelto… y a lo grande/Paul Kennedy. Ocupa la cátedra J. Richardson de Historia y es director de Estudios sobre Seguridad Internacional en la Universidad de Yale. Está escribiendo una historia de la Segunda Guerra Mundial
Publicado en El País, 7 de junio de 2009;
Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia
Hace unos 500 años, en algunas zonas de Europa occidental, ocurrió algo curioso en la sociedad humana. En vez de pequeñas unidades territoriales -ducados, principados, ciudades libres, áreas gobernadas por caudillos anárquicos y fronteras llenas de violencia- aparecieron varias naciones-Estado (España, Francia, Inglaterra y Gales), cuyos Gobiernos poseían poderes extraordinarios: el monopolio del ejército y la policía, el derecho a recaudar impuestos y el establecimiento de estructuras uniformes de gobierno, además de una asamblea nacional, una lengua común, una bandera, un sistema de correos y todos los demás atributos de la soberanía que los 192 miembros actuales de la ONU dan por descontados.
Había llegado el Estado nacional, y el mundo nunca volvería a ser el mismo.
Pero ese Estado nunca careció de enemigos ni de críticos, entre ellos los numerosos intelectuales que se atrevieron a predecir su desaparición. Por ejemplo, Karl Marx profetizó que el éxito futuro del comunismo internacional llevaría de forma inevitable al “desvanecimiento gradual del Estado”. También los partidarios de una Federación Mundial en los años cuarenta del siglo XX propugnaron la instauración de varias formas de gobernanza mundial, incluido un Parlamento de toda la humanidad.
Más recientemente -y esto nos aproxima al tema de este artículo-, los defensores del capitalismo de libre mercado sin ningún tipo de control dijeron que el mundo estaba convirtiéndose en un bazar único en el que los Gobiernos eran cada vez más ineficaces, las guerras y los conflictos eran una cosa del pasado, la guerra fría era una curiosidad histórica y las finanzas cosmopolitas eran la fuerza dominante en los asuntos internacionales.
Los lectores recordarán libros con títulos tan sugerentes como El mundo sin fronteras (Kenichi Ohmae, 1990) y provocadores artículos sobre El final de la historia (Francis Fukuyama, 1989) como ejemplos de este tipo de pensamiento. Si había un grupo de actores al que perteneciera el mundo, era a los juveniles banqueros de Goldman Sachs, los capitalistas de riesgo y los jadeantes economistas del laissez-faire. El Estado se había quedado anticuado, sobre todo en sus variantes más grandes.
Pues bien, dos grandes erupciones de principios del siglo XXI han puesto en tela de juicio la hipótesis de que ya no necesitamos ni tenemos que prestar atención a lo que los conservadores estadounidenses llaman, con desprecio, el “gran gobierno”.
La primera fueron los atentados terroristas del 11-S. Aquellas acciones mortales e inesperadas por parte de unos actores no estatales hirieron profundamente a la nación más poderosa de la tierra y la empujaron a llevar a cabo una increíble variedad de respuestas contra Al Qaeda y los talibanes. Todas las medidas de seguridad, la enorme acumulación de datos sobre cada ciudadano, la comunicación de informaciones de inteligencia nacional con otros Estados y las medidas coordinadas contra las cuentas bancarias sospechosas y los artículos prohibidos fueron algunas de las muchas consecuencias de la llamada guerra contra el terror. (Como nota personal, este artículo lo he escrito durante un viaje reciente alrededor del mundo en el que siempre estuvo presente el “Estado”; en el aeropuerto de Roma tuve que pasar tres controles de seguridad. Hace 20 años, habría resultado increíble).
Si a esos miedos al terrorismo unimos el inmenso malestar sobre la inmigración ilegal y las medidas contra ella, tenemos la impresión de que el “mundo sin fronteras”, si es que alguna vez existió, se ha visto sustituido por controles gubernamentales y exhibiciones de autoridad en todas partes.
El segundo acontecimiento desafortunado y aterrador ha sido la crisis financiera internacional de 2008-2009, en la que la irresponsabilidad generalizada en el mercado de las hipotecas basura de Estados Unidos ha causado una onda expansiva que ha alcanzado a todo el mundo.
Se pueden decir muchas cosas sobre esta convulsa situación, pero una de las más importantes es seguramente cómo ha humillado a quienes el novelista estadounidense Tom Wolfe llamó con sarcasmo “los Amos del Universo”, es decir, los banqueros, los asesores de fondos de inversión y los falsos profetas de un índice Dow Jones en crecimiento constante. También han acabado aplastadas algunas de las entidades financieras más venerables y distinguidas. Para las personas que han perdido sus casas o han visto cómo se diezmaban sus ahorros y sus pensiones, la humillación pública de banqueros y consejeros delegados que hemos presenciado durante el último año no es más que un triste consuelo parcial. Para los millones de trabajadores que han perdido sus empleos o se han visto forzados a reducir sus jornadas de trabajo debido a la recesión mundial, el grado de castigo de los ricachones no es, ni mucho menos, suficiente.
Pero eso no es lo que quiero dejar claro aquí. Lo que quiero decir es que el mundo del capitalismo de libre mercado sin control se ha encontrado con un final brusco y escalofriante y que el Estado ha tenido que intervenir para hacerse con el control de la situación tanto económica como política.
En varias partes del mundo, por supuesto, el Estado nunca se quitó de en medio, y a finales de los noventa ya había indicios de que estaba aumentando sus poderes en países tan distintos como Rusia, China, Venezuela y Zambia. Pero lo que resulta más llamativo es el reciente vuelco en las economías que hasta ahora se regían por el mercado, sobre todo en Estados Unidos.
Ver a los principales banqueros estadounidenses interrogados una y otra vez en los comités del Congreso, ver cómo sus empresas están sujetas a “pruebas de estrés” gubernamentales, enterarnos de que sus salarios y primas van a tener en el futuro un “tope”, es ver cómo se derriba a unos gigantes. Y es un poderoso recordatorio de la fuerza latente del Estado-nación.
Lo mismo ocurre, lógicamente, en la esfera internacional. ¿Quiénes son hoy los Amos del Universo: los señores del capital privado, cuyas limusinas y cuyos helicópteros entraban y salían cada año del Foro Económico Mundial en Davos, o los adustos responsables de nuestros principales ministerios de Hacienda y bancos centrales? La respuesta es evidente.
Hasta las grandes instituciones financieras mundiales bailan al son que les marcan sus amos políticos, es decir, los Gobiernos que más voz tienen en ellas. Tal vez el Fondo Monetario Internacional vaya a disponer de unos cuantos cientos de miles de millones de dólares más para ayudar a las economías dañadas y las divisas en bancarrota, pero ¿quién lo ha autorizado?
Por supuesto, un grupo de gobiernos nacionales que comprendieron la necesidad de rescatar el sistema financiero mundial. Da igual que lo decidiera el viejo G-7 o el nuevo G-20 en su reciente reu-nión de Londres; el caso es que fue claramente un G-algo, es decir, fue una acción de “gobierno”.
En resumen, el Estado ha vuelto a primera fila (si es que alguna vez dejó el teatro, y no estaba meramente descansando entre bambalinas). En la mayoría de los países, la parte gubernamental del PIB está aumentando sin cesar, en consonancia con el gasto oficial y las deudas nacionales. Todos los caminos parecen llevar al Congreso, o el Parlamento, o el Bundestag; o al Banco Popular de China. Los mercados observan con ansiedad el menor indicio de alteración de los tipos de interés o cualquier afirmación, por muy calculada o torpe que sea, sobre la fortaleza
del dólar estadounidense.
Todas estas cosas no habrían sorprendido a los reyes Valois de Francia, ni a los monarcas Tudor, ni a Felipe II de España. Al final, y para utilizar una frase favorita del presidente Harry Truman, “la responsabilidad es mía”. Es decir, de los líderes políticos, que, elegidos o no, son quienes suelen tener las riendas del poder.
Era una locura pensar que esa vieja verdad ya no era válida en los últimos años, sólo por las especulaciones de algunos responsables de fondos alternativos y unos cuantos banqueros excesivamente ambiciosos.

Columna Bajo Reserva

Columna Bajo Reserva
Publicado en El Universal, 9 de junio de 2009;
Estrategia panista fracasa en Chihuahua
Todo empezó con el arresto, por presunto peculado, del candidato del PAN al sexto distrito en Chihuahua, Juan Blanco. Los panistas, enojados, respondieron con protestas. Muchos de ellos miembros connotados de la cúpula de su partido, acusaron al gobernador de Chihuahua, José Reyes Baeza, de ser narco. Pero al día siguiente de que el priísta anunció que los demandaría, la mayoría de sus acusadores se fueron desdiciendo. Que no estaban seguros, que no tenían pruebas. Pues ahora, en un capítulo nuevo, los cinco obispos de Chihuahua firmaron un desplegado para apoyar al mandatario estatal y desmentir a los panistas. “Lo acompañamos en los momentos difíciles que pasa, por las diversas opiniones vertidas en contra de su labor que consideramos sana”, dice el texto de Renato Ascencio León, Juan Guillermo López Soto, José Fernández Arteaga, José Andrés Corral Arredondo y Gerardo de Jesús Rojas López. No todos se compraron el arrebato electorero de los panistas, como podemos ver.

Tragedia en Hermosillo

Columna Itinerario Político/Ricardo Alemán
Publicado en El Universal, 9 de junio de 2009;
Caerá la “tía incómoda”
La tragedia es del tamaño de la corrupción
El castigo, ejemplar… si quieren votos
De un momento a otro se conocerán las investigaciones de la tragedia de la guardería en la que perdieron la vida 44 niños, reporte en el que abundan indicios de que la responsabilidad alcanzará a los gobiernos estatal y municipal, a la delegación del IMSS y, sin duda, a los “parientes incómodos” de la casa presidencial.
De acuerdo con las indagatorias, existe responsabilidad en distintos niveles no sólo del gobernador Eduardo Robinson Bours, sino del alcalde Ernesto Gándara, de cercanos colaboradores de los mandatarios estatal y federal; además de toda la delegación del IMSS en la entidad y de quienes presiden los sistemas estatal y municipal de Protección Civil.
Acaso el mayor grado de responsabilidad se pudiera encontrar en los propietarios de la guardería —entre ellos la señora Marcia Gómez del Campo, tía segunda de la esposa del Presidente y copropietaria de la estancia infantil—, debido a que de los dueños del establecimiento es de donde habrían salido los sobornos para torcer todo el esquema de Protección Civil bajo el que debe operar una guardería subrogada por el lMSS.
De acuerdo con fuentes oficiales, la investigación aclara, primero, que desde hace por lo menos tres décadas existe la figura de subrogación en distintos servicios del IMSS, entre ellos los de guarderías. Luego establece que al momento de la tragedia la respuesta oficial para atender la emergencia no fue lo efectiva que debiera y lo rápido que se esperaba, porque los gobiernos municipal y estatal estaban acéfalos. ¿Qué quiere decir eso?
Poca cosa, que ni el alcalde Gándara ni el gobernador Bours se encontraban —respectivamente—, en el municipio y el estado que gobiernan. Según una versión no oficial, el alcalde de la capital de Sonora se encontraba en Guaymas, en tanto que el gobernador, fuera del país, atendiendo sus negocios en Tuckson, Arizona.
La bitácora oficial del siniestro reporta que los servicios de protección civil llegaron al lugar por lo menos entre 15 y 20 minutos después de que el fuego ya era una amenaza mortal. Por eso las labores de socorro estuvieron a cargo de ciudadanos que arriesgaron sus vidas.
Por increíble que parezca, a esa situación de suyo deficiente, también se detectó que a pesar de las temperaturas extremas y de los incendios constantes en la temporada, los hospitales de la capital de Sonora no cuentan con salas especializadas para atender pacientes quemados.
Según los mismos reportes oficiales, la tragedia resultó de una cadena de hechos de corrupción e ingobernabilidad que resultan intolerables. Hasta hace algunos meses, y debido a la construcción de un paso a desnivel, fue cerrada la más importante guardería del DIF estatal, conocida por todos como “Caperucita Rosa”. Los niños que eran atendidos en esa guardería fueron trasladados a una estancia particular, conocida como ABC. ¿Cuál fue el resultado? Hacinamiento, atención deficiente, además de un riesgo permanente.
Pero resulta que la guardería ABC fue instalada en un galerón que había sido una maquiladora, en terrenos propiedad de colaboradores del gobernador Bours. ¿Pero cuál es la responsabilidad directa de Bours y Gándara; gobernador y alcalde? Casi nada, que legalmente son quienes presiden los sistemas estatal y municipal de Protección Civil. Es decir, que esos sistemas debieron negar la licencia de funcionamiento a una guardería como esa. ¿Por qué no la clausuraron? Por corrupción.
¿Y la responsabilidad del IMSS? Es una responsabilidad que recae en toda la delegación estatal. ¿Por qué? Porque queda exhibida la criminal corrupción. Pero todos saben que para que exista una autoridad que permita la corrupción, debe existir una contraparte, un ciudadano corrupto y uno corruptor.
¿Y quienes corrompieron a la autoridad? En efecto, los propietarios de la guardería, entre ellos la tía segunda de la esposa del Presidente. Y la primera incómoda o quienes de su familia que aparezcan como dueños de la guardería, deberán parar en la cárcel.
¿Quiénes van a pagar, y qué castigo recibirán?
El gobernador Eduardo Bours y el alcalde Gándara deberán pagar con sus cargos y acaso con un juicio penal —aunque el gobernador deberá ser sometido a juicio político—, en tanto que en el IMSS no todo se puede quedar en la delegación. Acaso el actual director sea el menos responsable —porque su antecesor, Juan Molinar, no hizo nada en dos años—, pero en todo caso el señor Daniel Karam tendrá que pedir perdón a todos por sus infortunadas declaraciones.
El tamaño de la tragedia es del tamaño de la corrupción. Y el castigo tendrá que ser ejemplar. De lo contrario, que nadie se queje de la abstención. Al tiempo.

Respuesta de Segob

La Secretaría de Gobernación (SG) informó este lunes 8 de junio estar dispuesta "a reiniciar el diálogo y definir la fecha de un nuevo encuentro" con la Comisión de Mediación (Comed)formada por intelectuales para esclarecer la desaparición de Edmundo Reyes y Gabriel Cruz, militantes del EPR.
En un comunicado, la SG responde así a una propuesta formulada ayer por la mañana por el EPR a los miembros de la Cmed para que reinicien el diálogo "porque por sobre todas las cosas tenemos el interés de que nuestros compañeros sean presentados vivos y en libertad", según dice la carta del grupo guerrillero.
Posición de SG ante el comunicado del EPR a la Comisión de Mediación
México, D. F., a 08 de junio de 2009 Boletín No.098-08/06/2009
El día de hoy el llamado PDPR/EPR informó mediante un comunicado que, tras realizar una consulta a sus miembros, decidió solicitar a los integrantes de la Comisión de Mediación que retomen su cometido y se constituyan nuevamente como tal. Ante ello, el gobierno federal manifiesta que:
1. Rechaza la violencia como medio de expresión y subraya que la construcción de condiciones de justicia, dentro del marco de las instituciones, es labor de todos los actores políticos y sociales del país en un ámbito de civilidad política.
2. Mantiene un compromiso indeclinable con la protección y promoción de los derechos humanos y las libertades civiles y, en este sentido, reitera que está en su interés esclarecer la desaparición de Edmundo Reyes y Gabriel Cruz.
3. Espera la decisión de los miembros de la Comisión de Mediación, al tiempo que reitera su disposición a reiniciar el diálogo y definir la fecha de un nuevo encuentro.