12 oct. 2010

El arte de contar

El arte de contar/Fernando Rodríguez Lafuente

ABC, 11/10/10;

El hecho misterioso de la literatura, así lo recordaba Borges en sus conversaciones, es que lo surgido de la imaginación de un escritor se convierta en la memoria de otro, el lector. No hay mayor don. Es algo mágico, extraño y extraordinario. Que los personajes creados, retratados por la rara alquimia de las palabras tomen vida en la mente de un lector anónimo e invisible, hasta transformarse en seres vivos, en nombres que la memoria recrea con mayor firmeza y presencia, casi física, que los reales. Pocos escritores lo poseen desde Homero.
En el siglo XX, los nombres que se han inscrito en hecho tan admirable forman parte de una estela imborrable: el John Marlowe de El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad, el Hans Castorp de La montaña mágica de Mann, el Leopold Bloom de Ulises de Joyce, el Gregorio Samsa de La metamorfosis de Kafka, el Swann de En busca del tiempo perdido de Proust, el Príncipe Salina de El Gatopardo de Lampedusa, el Holden Caulfield de El guardián entre el centeno de Salinger, o el Zavalita, entre tantos otros, de Conversaciones en la catedral de Vargas Llosa. 

América, buen día

América: la fuerza de los mitos

Por Francisco A. Marcos-Marín, profesor de Lengua Española en la Universidad de Texas
ABC, 12/10/10;
En el bicentenario del inicio de las independencias americanas el interés por el 12 de octubre tiene que tener necesariamente otra dimensión. Ha transcurrido el suficiente tiempo como para que no se pueda achacar todo lo malo del presente de los países americanos a los tiempos virreinales. Se puede también hacer un análisis ecuánime de qué es realidad y qué es invención en la historia recibida. Un joven y distinguido historiador español, Manuel Lucena Giraldo, desveló en mayo de 2010 en el diario ABC de Madrid la falsedad de afirmaciones que se han venido dando por buenas, como el dominio de la Inquisición y la falta de educación e imprentas o el carácter malvado y avaricioso de los españoles, entre otras. Economistas como Earl J. Hamilton ya habían analizado, en 1929, la delicada cuestión de los metales preciosos americanos y Europa, aunque, sin duda impelido por el espíritu de su época, le costara compaginar su idea de la reinversión en América con la tradicional del expolio de los indios. Los datos de John Munro en 2003 y de los economistas que siguen sus enseñanzas deshacen todavía más la errónea idea del valor incalculable de la riqueza americana supuestamente expoliada.
Su descubrimiento por los occidentales y la conquista y posterior reestructuración religiosa, política y económica del continente americano bajo la forma virreinal implicó un cambio decisivo no sólo para América, sino para Europa y, en última instancia, el mundo en general. Piénsese en que, por primera vez, quedaban demostradas ideas, como el carácter esférico de la Tierra, que podían haber sido consideradas totalmente erróneas pocos años antes. Se transformó el mundo y se transformó también la manera de conocerlo y ordenarlo.
Los conquistadores y su entorno difundieron mitos como la existencia de hombres con cabeza de perro o de mujeres guerreras como las amazonas clásicas. Tomaron elementos de la novela de caballerías para buscar en la Florida la fuente de la eterna juventud o situar un reino mítico en California o los territorios del Noroeste. Todo ello era falso; pero no lo eran plantas extrañas y maravillosas que cambiaron la vida occidental, como el tabaco, la papa, el tomate y tantas otras. La historia no puede rescribirse, si se quiere ser veraz, y no puede desvivirse, si se quiere ser auténtico. No se cambia con leyes, hay que estudiarla, sencillamente.
Hoy está demostrado que la política lingüística americana de la Casa de Austria fue la de tolerancia lingüística y uso para la evangelización de las lenguas amerindias. Cuando llegó la independencia, el porcentaje de hablantes de español en las Indias no llegaba al 30 por ciento. Con el ideal de la Ilustración, una lengua y una educación, los revolucionarios liberales impusieron una lengua común, la española, y realizaron en pocos años un proceso a veces completo de eliminación de lenguas indígenas. Otras, como siempre ocurre, habían desaparecido en el proceso histórico de las sucesivas conquistas e imperios, indios y españoles. Si se quiere hablar de «genocidio cultural» hay que dar su parte, grande, al período independiente. Ya se dijo al principio que doscientos años dan para mucho. No en vano la mayoría de los indígenas habían permanecido fieles a la Corona, que protegía por las Leyes de Indias sus tierras comunales. Los araucanos de Chile, nos dice Lucena Giraldo, propusieron en 1813 «formar para la defensa del Rey una muralla de guerreros en cuyos fuertes pechos se embotarían las armas de los revolucionarios». A partir de 1820, las tropas de Bolívar encontraron la mayor resistencia entre los nativos del sur de Colombia y Ecuador. Son hechos.
Hablar de los excesos de una conquista y un cambio total de sistema y rasgarse las vestiduras es tan inútil como si los españoles de hoy se presentasen ante el Parlamento italiano para pedirle cuentas de las crueldades romanas y la destrucción de las culturas celta, ibérica o tartesia. Sería ridículo. Así, resulta sorprendente para los españoles el interés obsesivo de muchos americanos por degradar a los que, en último término, son los antepasados de los americanos actuales, los suyos, y no de los europeos. La conquista fue realizada por gentes con vocación de permanencia, que rehicieron sus vidas en los nuevos territorios. Los de ida y vuelta no pasaron de algunos funcionarios y eclesiásticos, que incluso volvían a España para regresar a las Indias a la primera oportunidad. Los marinos, por supuesto, no pertenecían a la crema de la sociedad; pero, a diferencia de Australia, América no se pobló con presidiarios y carne de horca. Los aspirantes pertenecían a clases muy diversas y muchos triunfaron en otras latitudes. El caso más llamativo es el de Miguel de Cervantes, el autor del Quijote, que pretendió repetidas veces venir a América, sin que le fuera concedido nunca el permiso. Si se lo hubieran dado, el ingenioso hidalgomanchego hubiera visto la luz en México, Colombia o el Perú, con lo que ello implica, o, quizás, no se hubiera escrito.
Repasar todos los mitos y falsas ideas respecto a la conquista y el período virreinal exigiría un libro. Para terminar, como poderoso caballero es don Dinero, permítasenos analizar la cuestión del oro y la plata. La idea errónea es que el oro y la plata americanos fueron a parar a España y de ahí a los banqueros de Italia, Holanda y Alemania, para pagar las deudas de las guerras de religión europeas. Lo que falla es, sencillamente la primera premisa: los metales llevados a España, con los métodos de minería de la época, constituyen, comparativamente, una pequeña cantidad.
Naturalmente, de un argumento económico se esperan cifras. El tesoro enviado a España por los virreinatos y capitanías generales entre 1530 y 1650 equivale a la extracción actual de plata durante 26 meses y de oro durante seis meses. Todo el oro y plata enviados a España desde la conquista hasta 1810 se extrae actualmente en cuatro años de minería de plata y uno de oro.
Además, suponer que esas cantidades, pequeñas hoy, pero significativas en la economía de entonces, sirvieron exclusivamente a intereses europeos es otra idea sin fundamento. España reinvirtió en América muy buena parte del tesoro americano: se crearon ciudades, muchas completamente nuevas, se mantuvo a arquitectos, técnicos, científicos y artistas, se fundaron imprentas y universidades y se importaron bibliotecas, además de ropas, instrumentos y otros objetos necesarios. Se dotó a América de una infraestructura moderna, con obra civil importantísima en la historia y se cambió totalmente el significado universal, global, del continente completo. Eso es lo que hay que festejar el 12 de octubre.

El secretario Blake Mora

Blake Mora, Secretario de Gobernación, durante la inauguración de la 52 Semana Nacional de Radio y Televisión
Discurso
México, D.F., 12/10/2010
Lic. Karen Sánchez Abbott, Presidenta del Consejo Directivo de la Cámara de la industria de Radio y Televisión;
Mtro. Juan Molinar Horcasitas, Secretario de Comunicaciones y Transportes;
Estimados integrantes del presídium;
Señoras y señores;
Amigos de los medios de comunicación;
Amigas y amigos:
Agradezco a la Cámara Nacional de la Industria de la Radio y Televisión la invitación a este espacio, al tiempo de que extiendo una sincera felicitación a Karen Sánchez Abbot por su destacada labor y liderazgo frente de ella.
Ayer, hoy y siempre, como lo señala el lema de esta Quincuagésima Segunda Semana Nacional de Radio y Televisión, México ha contado con industriales comprometidos con la importante tarea de comunicar y establecer los vínculos necesarios para el desarrollo social, económico y político del país.
Comunicación, Conectividad, Conocimiento e Información son cuatro pilares claves para el crecimiento y desarrollo de las sociedades de hoy en día. Y esto es cierto no sólo en el ámbito del avance económico y material, sino en la consolidación de nuestros valores como sociedad y en la edificación de bienes públicos, como la libertad y la democracia, que en el caso de nuestro país hemos alcanzado después de décadas de singulares luchas históricas.
En este tránsito, la Industria de la Radio y la Televisión ha sido un elemento fundamental en la consolidación democrática de nuestro país y ha contribuido al fortalecimiento institucional que permite hoy una convivencia más ordenada y equitativa a través de un ejercicio pleno de libertades ciudadanas.
Por esta importancia el Gobierno Federal reconoce como una de sus premisas en el ámbito de las competencias que le otorga la ley, impulsar la modernización del espectro radioeléctrico ampliando la convergencia, la competencia y la cobertura en el sector, como condiciones necesarias para el éxito de las iniciativas y el esfuerzo de las empresas.
Sabemos que el fomento de la actividad empresarial dentro de un marco de respeto a los derechos democráticos y de terceros, es una pieza clave para el desarrollo económico y político de nuestro país. Y en ese sentido, no es sólo un compromiso, sino una obligación del gobierno atenderla.
Por ello, la determinación de las autoridades con ésta y el resto de las industrias, es proveer un sistema de instituciones que otorguen certidumbre jurídica e incentivos para su modernización.
En tal sentido la Comisión Federal de Telecomunicaciones en su coordinación con la Secretaría de Comunicaciones y Transportes y con el resto de gobierno ha logrado concretar avances decisivos.
Por un lado, como bien aquí hemos comentado, damos cuenta de la aceleración del proceso de migración de estaciones de radio que operan en la banda de AM a la banda de FM. Este camino está dando la posibilidad a los operadores de competir con mejores condiciones técnicas en un mercado cada vez más complejo, exigente y dinámico.
A tono con el cambio y la modernización, el Presidente Felipe Calderón Hinojosa expidió el Decreto que establece una serie de acciones de política pública orientadas a adelantar la transición de la televisión analógica a la televisión digital.
Esto favorece el aprovechamiento del espectro radioeléctrico en beneficio del interés general. Se podrán incorporar nuevas y mejores tecnologías y servicios de telecomunicaciones, además de dar impulso a la competencia y al dinamismo del sector.
En este mismo sentido, el Organismo Promotor de Medios Audiovisuales busca ampliar y hacer más diverso el servicio de radiodifusión como actividad de interés público, operando a la fecha en cuatro ciudades del país y pronto en ocho mas, mediante un Convenio de Colaboración con el Instituto Politécnico Nacional, a través del cual se puso a disposición de canal 11 frecuencias, transmisores y antenas de televisión.
De este modo, México se pone al día en materia de radiodifusión y telecomunicaciones. Así establece que su camino tiene que ser el de una sociedad en que las tecnologías y los medios de comunicación refleje la vocación para la competencia que la impulsa y la pluralidad que desde su origen le caracteriza y la enriquece.
El beneficio final es para la audiencia. Los mexicanos tendrán más opciones para elegir y exigir más calidad, más representatividad y más espacios de comunicación. Más oportunidades y más desarrollo se complementan con una función social más responsable.
Este foro es una inmejorable ocasión para reconocer el papel que han jugado ustedes como factor de unidad y como herramienta de servicio ante los retos de naturaleza distinta que ha confrontado a nuestro país. También es una gran oportunidad para apelar a su compromiso con la legalidad y a su solidaridad con el bienestar social de nuestra ciudadanía.
Los medios de comunicación se han movilizado de manera ejemplar ante los embates de la naturaleza que ha dañado a distintas comunidades y regiones del país; ha dedicado horas de transmisión para difundir información de servicios públicos, convocatorias a la suma de esfuerzos. Han sido exitosos en estas acciones y han significado mensajes de aliento para los mexicanos que han perdido su patrimonio y, en los casos más lamentables, a sus seres queridos.
A fin de cuentas es en la vida diaria de los ciudadanos que nuestras acciones como autoridades, como industria reflejan el valor. Ésa es nuestra incidencia como autoridades y en la suya como medios de comunicación y encuentro.
En otras tareas, nuestra actuación comparte circunstancia y corresponsabilidad. Tal es el caso del esfuerzo que hacemos como autoridades y como sociedad para recuperar las condiciones de seguridad, paz y bienestar, frente a la agresión del crimen que atenta la tranquilidad, el patrimonio y la integridad de los mexicanos.
La tarea de comunicación del fenómeno de la inseguridad y su atención, es una tarea compartida que exige unidad y compromiso. Somos conscientes de que, lamentablemente, la amenaza y la agresión de los delincuentes ha alcanzado a los comunicadores del país, lo que adquiere una relevancia distinta porque ustedes trabajan desde la trinchera de la libertad de expresión, que es conquista y baluarte de todos los ciudadanos.
Ceder nuestra libertad de expresión como sociedad, implicaría renunciar a uno de los elementos más importantes de nuestra democracia. Trabajemos juntos para su defensa.
En el Gobierno del Presidente Felipe Calderón estamos convencidos que los mexicanos podemos avanzar más rápido en alcanzar nuestro propósito de bienestar y progreso, que abata los rezagos que aún tenemos y nos abra un nuevo derrotero de crecimiento y desarrollo en la libertad y en la democracia, sin necesidad de dar la vuelta a autoritarismos ni a fórmulas del pasado que restringieron por generaciones nuestras libertades básicas.
Asumimos, como muchos de ustedes, que la democracia es la única forma de gobierno en el tiempo y en la historia, que ha permitido generar y garantizar los derechos humanos, incluida la libertad de expresión, en el ámbito individual y colectivo. Al mismo tiempo, sólo en democracia existe la posibilidad para resolver los conflictos a través del diálogo, la racionalidad política, la construcción de mayorías y también, ¿porqué no? de consensos.
Sólo en democracia y con instituciones sólidas podemos asegurar, con todas sus expresiones, la coexistencia de nuestra pluralidad política, y la construcción de una sociedad más fuerte y más participativa que garantice una convivencia armónica y fructífera.
Nuestra pluralidad sólo tiene sentido si logramos que esta pueda enriquecer un hacer, un decir y un pensar comprometido con las generaciones de bienes públicos. Y de dentro de ellos -sin duda alguna- se encuentra en primer lugar la libertad y sus distintas formas de expresión.
Por ello, nuestra libertad sólo alcanzará su plena expresión si se articula en la responsabilidad con los demás. Y nuestros valores democráticos sólo mostrarán sus mayores alcances, cuando la práctica política manifieste un actuar fundado en una ética y en un compromiso que todos podamos compartir.
A esta generación del Bicentenario y Centenario, le ha tocado el desafío de construir la institucionalidad democrática del siglo XXI, con la convicción de que es posible garantizar el orden de libertades y el desarrollo social y humano, con base en la participación, el entendimiento y la congruencia política.
Nos ha tocado la ineludible responsabilidadde asegurar que la democracia siga siendo el mayor patrimonio de nuestra sociedad.
Por ello, al hablar de gobernabilidad democrática es fortalecer a las instituciones y a las prácticas políticas como mecanismos de acuerdos y compromiso eficaz para superar los desafíos internos que tiene esta nación.
Tenemos grandes retos de manera simultánea y convergente en todos los ámbitos de la vida pública, que van desde de la marginación social a la competitividad, pasando por la necesidad de reformas jurídicas y políticas, de nuevas formas de integración y cooperación regional, multilateral y bilateral, y por crecientes demandas y necesidades sociales.
En este marco, requerimos de una democracia eficiente y de resultados, donde las reformas puedan ser quizá graduales en el tiempo para los ajustes necesarios, pero pertinentes y trascendentes, que respondan a los problemas reales que enfrentamos a la aspiración de los ciudadanos.
Tenemos ante nosotros el desafío de concebir cambios en la forma de hacer política, de pensar y aplicar las políticas públicas, de acordar las reformas legislativas y de afirmar la corresponsabilidad entre los poderes del Estado.
Estamos también ante la evidencia de asumir como principios de acción institucional la coordinación entre poderes y ordenes de gobierno; la sustentabilidad ambiental; la equidad de género, así como el respeto a toda diversidad y preferencia política, religiosa y social.
Tan sólo en materia de libertades políticas, estamos ante la gran oportunidad de transformar al Estado y otorgarle al ciudadano, por encima de los partidos políticos, una mayor capacidad de decisión y de ejercicio de su libertad para castigar o premiar a quien en verdad le represente o sirva a su comunidad.
México no es, ni será ya el país de un solo hombre, de una sola organización o de un solo partido; México es hoy una nación plural, democrática, con retos aún, pero donde el poder se comparte y se equilibra; donde los gobiernos de estados y municipios provienen de diferentes identidades políticas, donde la sociedad civil dispone de organización y mayor presencia pública.
Este es el gran valor de nuestra democracia y de nuestra libertad. Avancemos unidos en su consolidación y hagamos posible los cambios que necesita el país para beneficiar de sus ciudadanos.
Les deseo el mayor de los éxitos en los trabajos de esta Quincuagésima Segunda Semana Nacional de Radio y Televisión, para el buen desarrollo de esta industria y, por consecuencia, del país.