20 dic. 2009

La hermosa charla

La hermosa charla/Gustavo Martín Garzo, escritor
Publicado en EL PAÍS, 19/12/09;
Un joven historiador se refugia en la montaña de León para terminar su tesis. Allí contempla el desenterramiento de un grupo de personas asesinadas en el verano de 1936, por orden de su abuelo, un líder falangista. Mientras asiste a este hecho, anota en un diario sus reflexiones. Hablan de un pasado familiar conflictivo, pero también de la tensión cainita que parece caracterizar nuestra historia. El joven historiador se pregunta sobre distintos momentos de esa perversa obsesión nacional: la reconquista, la expulsión de los judíos, las luchas fratricidas en la guerra del Perú, las tres Guerras Carlistas o la Guerra Civil. Tal es el argumento de La sima, la última novela de José María Merino.
Según unas declaraciones del escritor leonés, fue el comportamiento extremadamente duro de la oposición en la legislatura socialista a partir del 11-M el que le animó a escribir sobre ese “espíritu terrible de confrontación” que suele reinar entre los españoles. La sima en que el protagonista de su novela contempla los cuerpos de los fusilados durante la guerra es una metáfora de todas esas simas que nos siguen separando, haciendo tan difícil nuestra convivencia.
Puede que la hipótesis de la maldición cainita en la historia española sea insostenible como punto de partida para una investigación sobre la naturaleza real de nuestro país, pero basta con echar una mirada a nuestro alrededor para ver por doquier el fantasma de esa maldición. El tono de muchas tertulias radiofónicas y televisivas, las descalificaciones brutales en el Parlamento, el deseo de dañar al rival hasta límites intolerables, y la ligereza con que se profieren insultos y acusaciones gravísimas, nos advierten de que la amarga tesis del protagonista de la novela de José María Merino tal vez no ande tan descaminada.
¿De verdad los españoles somos así? No deja de ser curioso que los que se expresan o actúan de una manera más inmisericorde sean luego los que anden enarbolando la bandera de la patria o el patriotismo. Pero ¿qué patriotismo es el suyo? ¿Puede fundarse un país sobre esa confrontación permanente entre sus ciudadanos?
Un país, si de verdad quiere merecer ese nombre, necesita espacios donde se debatan sus problemas y se vigile a sus gobernantes, necesita la crítica y la discusión, pero también lugares de sosiego donde encontrarse con los demás y escuchar esas historias que a todos pertenecen. ¿Cuáles son las nuestras? Una de las razones de la riqueza de la cultura judía, y de su pervivencia como pueblo, es la convicción de que, al margen de sus diferencias individuales, había algo que compartían, aunque sólo fuera la idea del exilio y la esperanza de alcanzar alguna vez el regreso a la tierra prometida. ¿Tenemos nosotros algo semejante?
Creo que no, que carecemos de esas historias comunes que dan cohesión a los pueblos. Nuestra “arca de las alianzas” está vacía, y eso ha dado lugar a una proliferación de relatos tendenciosos, sólo dictados por los intereses o la mala fe de quienes los cuentan. Pero los verdaderos relatos deben ser universales, pues hablan del corazón humano y ese corazón no varía con el sexo, la raza o la cultura a que pertenece. El arca de alianzas es el símbolo de la heterogeneidad de ese corazón, y en los mejores momentos de su historia todos los pueblos han sabido conservar y cuidar los relatos que guardaba en su interior.
Eran esos relatos los que permitían a los hombres sentirse parte de un mismo pueblo, pero también abrirse a las vidas de los otros pueblos. Para ello, debían cumplir dos condiciones: surgir de la memoria amorosa y que sus palabras fueran desinteresadas.
En José y sus hermanos, la gran novela de Thomas Mann, hay un momento en que Jacob descansa junto a un pozo junto a su hijo José, que es aún casi un niño. Es una noche de primavera iluminada por la luna, y ambos están bajo las ramas de un anciano y robusto árbol, lleno de racimos de flores. Jacob se acerca maravillado a su hijo, lo que éste aprovecha para reclinar adormilado la cabeza sobre su pecho. Ambos se ponen a hablar y, como lo que se dicen discurre por cauces tan llenos de interés y dulzura, José enseguida comprende que la conversación va a volverse “hermosa”, una “hermosa charla”, es decir “una conversación que ya no estaba al servicio del intercambio útil de información o el entendimiento acerca de cuestiones prácticas, sino de la mera enunciación y declaración de cosas sabidas por ambos, del recuerdo, confirmación y edificación, y era un canto dialogado como el que intercambian los zagales por la noche junto al fuego”.
En nuestro país hay una alarmante incapacidad para mantener charlas así. Hablamos tratando de imponer nuestras ideas o nuestros credos a los demás, no buscando el acuerdo con ellos. Tiene razón el joven historiador de la novela de José María Merino, nuestra historia es una sucesión ruidosa de desencuentros y turbios ajustes de cuentas: pura memoria del rencor.
La República pudo ser el comienzo de un país distinto, tolerante y amable, y de hecho pocas veces se habló tanto y tan bien de todo lo divino y humano, pero fracasó en el intento. ¿Lo ha conseguido la Transición? No lo tengo claro. La Transición ha sido un luminoso ejercicio de cordura, pero fue posible gracias a un pacto de silencio. No nos hizo hablar, y faltó algo esencial: la alegría. Nada que ver con esas charlas a la orilla del pozo de las que habla la novela de Thomas Mann.
El nuevo Estado de las autonomías tampoco ha hecho posible charlas así, pues en él nadie quiere escuchar a los demás. Su dominio es el feroz dominio de la identidad, no el del gozoso despertar en la casa del otro.
Y ¿qué decir de la religión? Sus historias hablan de la igualdad de los hombres, de la crítica a los poderosos y de la necesidad del perdón, pero sus propios sacerdotes son los primeros en silenciarlas: tienen historias que se niegan a contar.
Tampoco la cultura logra cumplir esa función. Guarda la memoria de nuestros sueños, pero pocos son los que la valoran y son constantes entre nosotros las críticas acerca de la mediocridad y la inanidad de esos sueños, de modo que aquí nadie escribe como debe, el cine es un desastre; los músicos, torpes, y los actores, perezosos e histéricos. Un mundo de titiriteros y aventureros, se dice despectivamente, como si unos y otros no hubieran alimentado con sus locuras nuestras mejores charlas junto al fuego.
Hablamos de nuestro país, incluso tenemos extrañas corazonadas acerca de Juegos Olímpicos y futuras visitas papales, pero es difícil saber de qué país estamos hablando, y si tiene algún fundamento seguir manteniendo la ilusión de su existencia. Sin embargo, estaría bien conservar esa ilusión, aunque sólo fuera para tener hermosas charlas entre nosotros.
Hablaríamos de Rocinante y el rucio de Sancho, de los amores desdichados de Fortunata, de las niñas magas de Ana María Matute, de la infanta y las damitas de compañía que amó Velázquez, de Rosalía y su sombra negra, de los maestros de la República, de las cajas de Oteiza, de Picasso y su Minotauro, del péndulo de Víctor Erice, de la música callada de Mompou, de la pobre Colometa, de la dulce queja de Lorca o de esa muchacha dormida que es el centro secreto de la obra de Almodóvar.
Bien mirado, ¡tenemos tantas cosas que contarnos! Entonces, ¿por qué no empezamos a hacerlo? “Haz una dulce melodía -dijo Isaías a Tiro, la ramera largo tiempo olvidada-. Haz dulce tu camino y recibirás una melodía”. Es la dulzura de esas charlas que se tienen mientras dura el camino de la vida la que debe dar cuenta del verdadero valor de los pueblos, no la opulencia de sus mercaderes.
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http://www.elpais.com/elpaismedia/ultimahora/media/200906/06/cultura/20090606elpepucul_2_Pes_PDF.pdf

El final del terrorismo

El final del terrorismo?/ Walter Laqueur, director del Centro de Estudios Internacionales y Estratégicos de Washington
Publicado en LA VANGUARDIA, 20/12/09;
¿Está desapareciendo el terrorismo global? El presidente Obama ha empleado el término únicamente en una o dos ocasiones en sus numerosos discursos. Funcionarios de mayor y menos rango de su Administración han recibido instrucciones en el sentido de no emplearlo, dado su carácter (para algunos) ofensivo y sesgado, y de emplear en su lugar el de “desastre debido a la acción de un hombre” pese a que ello no incluya los ataques llevados a cabo por mujeres o, en algunos casos, niños. El término islamismo ha sido prácticamente prohibido en Inglaterra. En su lugar, se emplea el de actividades antiislámicas o términos similares. Los medios de comunicación emplean de modo creciente los términos militantes y radicales en calidad de sinónimos. Libros y publicaciones recientes en Estados Unidos y Gran Bretaña sostienen que se exagera notablemente el peligro del terrorismo.
Dejando a un lado los numerosos ejemplos de circunloquio, es mucha verdad que – con escasas excepciones-parece darse una cierta mengua mundial de episodios terroristas. Lo que sucede en Afganistán o Somalia es enfrentamiento guerrillero o guerra civil más que terrorismo; los atentados que se producen en Pakistán, pero también en Iraq y otros países islámicos, apuntan principalmente contra otros musulmanes. Debe concederse que apenas transcurre un mes sin que se produzca un atentado importante, sea en Rusia, India u otro país. Sin embargo, ya no concitan notoria atención y tal vez con razón porque, desde una perspectiva política, no revisten gran importancia. No provocan, por ejemplo, el derrocamiento de un gobierno u otros cambios radicales. Los líderes de Al Qaeda lanzan todos los meses horribles amenazas ya sea por escrito, a través de internet o mediante un vídeo, pero ya no causan la misma impresión súbita porque suelen ser amenazas hueras. Muchas figuras importantes de Al Qaeda han sido eliminadas y aunque Bin Laden y Al Zauahiri no han sido apresados, lo cierto es que están huidos y difícilmente en condiciones de planificar y asestar un ataque de alcance devastador contra sus enemigos.
Ahora bien, aun considerando cuanto antecede, sería extremadamente necio e insensato cantar victoria en la guerra contra el terrorismo (término incorrecto que afortunadamente ya no se usa, gracias a una actitud sensata y cuerda). En las últimas décadas se ha apreciado en Occidente una tendencia a exagerar la importancia del terrorismo. Se juzgó como realidad insospechada, impactante, espantosa y, en el sentir de muchos, enigmática. No se cayó en la cuenta, sin embargo, de que los terroristas sólo podían infligir daños limitados. Fue Trotski quien observó, hace más de cien años, que cuando se mata a un ministro media docena ansían sustituirlo y cuando es asaltado un banco todos los demás siguen funcionado. Incluso grandes atentados terroristas no paralizaron a la sociedad ni derribaron gobiernos; por el contrario, los fortalecieron.
Por otra parte, si bien se produjo en el pasado una tendencia a exagerar la amenaza del terrorismo, ahora se cierne la de infravalorarlo. Los expertos nos advierten de los peligros que acechan. Hace unos meses, un comité del Congreso estadounidense con representación de los dos principales partidos declaró por unanimidad: “Nuestro margen de seguridad mengua en lugar de aumentar”. El ex senador demócrata San Nunn – durante muchas décadas un experto bien informado en cuestiones de defensa-manifestó que la amenaza de un ataque nuclear exitoso es mayor ahora que en septiembre del 2001.
Graham Allison, otro demócrata, profesor de Harvard y consultor del Gobierno, ha sido la voz más destacada de Estados Unidos a favor de un poder blando,es decir, donde la propaganda resulta preferible a la acción militar. No obstante, su último libro (Terrorismo nuclear: la máxima catástrofe evitable)se refirió al peligro nuclear, que a su juicio es muy importante y no se valora suficientemente.
¿Qué grado de dificultad presenta la obtención de tales armas? Exiguo. El material nuclear puede adquirirse en el mercado negro y los expertos pueden contratarse entre los que trabajaron en la URSS o en Pakistán y están en paro o no ganan mucho dinero. Aún resulta más fácil fabricar una bomba sucia,artefacto que combina material radiactivo y explosivo convencional. Este ingenio, aun sin provocar una explosión de grandes características, causaría sin embargo enormes daños. Por último, cabe consignar que el acceso a las armas de destrucción masiva de tipo biológico y químico es más bien restringido y resulta plausible que su empleo se demore más de lo que juzgan los expertos. También puede suceder que fracasen cuatro de cada cinco ataques con tales armas por razones técnicas u otras… Sin embargo, no cabe en absoluto abrigar dudas de que nos hallamos en un periodo de transición de atentados terroristas con armas convencionales, propios de los atentados de Nueva York y Washington de hace ocho años, a una era de armas nuevas y potencialmente mucho más destructivas.
La distancia entre escépticos y acusadores no hace más que aumentar. Los escépticos dicen: “Ya hemos oído todo esto. Sadam Husein fue acusado de poseer tales armas y, al final, resultó que no tenía ninguna y no ha pasado nada. Toda esta cháchara sobre la destrucción masiva es meramente un pretexto para restringir nuestra libertad”. Los acusadores dicen: “El hecho de que no haya acaecido ningún desastre importante hasta ahora no garantiza que no suceda en el futuro”. Mientras, el tiempo pasa…

El operativo en Altitude

Un golpe lleno de dudas/
Ricardo Ravelo, reportero
Revista Proceso # 1729, 2009-12-20
 La muerte de Arturo Beltrán Leyva el “Jefe de Jefes” fue considerada por muchos como un golpe contundente contra el narcotráfico/ Sin embargo, la información oficial acerca del operativo preparado y ejecutado por las fuerzas especiales de la Marina deja muchos huecos/ Según un testimonio ministerial, el día del ataque “El Barbas” esperaba a comer en su departamento nada menos que al General Leopoldo Díaz Pérez, comandante de la 24 Zona Militar, con sede en Cuernavaca. El mismo testigo afirma que el capo fue víctima de la traición de su jefe de sicarios, La Barbie.
Poco antes de las 3 de la tarde del miércoles 16 se preparaba una comida en el departamento 201 de una de las cinco torres del complejo residencial Altitude, ubicado en la colonia Lomas de La Selva, en Cuernavaca, Morelos, que habitaba el capo Marcos Arturo Beltrán Leyva.
Lo acompañaban cinco de sus hombres de mayor confianza, entre ellos Edgar Valdez Villarreal, La Barbie, su jefe de sicarios.
Cabeza de su propia célula criminal desde 2008, Beltrán Leyva recibía en su búnker del edificio Elbus constantes reportes de los gatilleros que conformaban los tres cinturones de seguridad que, como ya era costumbre, vigilaban tanto el condominio como los movimientos en las calles.
Según el testimonio que rindió en la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO) una de las cinco personas detenidas durante el operativo en el fraccionamiento Altitude y quien es cocinero, el capo ya había sido informado de algunos movimientos extraños a las afueras de su lujoso departamento, pero “confió en que su gente tenía todo controlado y que nada ocurriría”.
Mientras tanto, El Barbas, como le apodaban al narcotraficante sinaloense, dialogaba con Valdez Villarreal y otros miembros de su séquito. Afinaban detalles para recibir a un invitado especial con quien supuestamente Beltrán había acordado comer: el general Leopoldo Díaz Pérez, jefe de la Zona Militar 24, con sede en la capital morelense.
Por las declaraciones de otros indiciados –cuyos nombres se reservó la SIEDO y quienes fueron capturados el 11 de diciembre cuando participaban en una preposada de narcos en Tepoztlán, Morelos, a la que según reportes recibidos por la Secretaría de Marina asistiría El Barbas– se sabe que a ese encuentro también estaban invitados un capitán y un mayor del Ejército adscritos a la misma zona militar. Sus nombres tampoco han sido revelados.
El testimonio de quien es identificado como “el cocinero” –a cuya parte medular se tuvo acceso – no precisa qué hizo Valdez Villarreal el día del operativo desplegado el miércoles 16: si huyó al percatarse de la irrupción de los marinos o si decidió irse antes de que iniciara la balacera; en cambio, sostiene la versión que La Barbie pudo ser el traidor que aportó la información sobre la ubicación exacta de Arturo Beltrán Leyva.
Marinos al asalto
Desde el mediodía y hasta poco antes de las 5 de la tarde del miércoles 16, más de cien elementos de la Armada de México se avocaron sigilosamente a revisar y a desalojar a los habitantes del edificio Elbus. El objetivo era claro: acorralar a Beltrán Leyva –uno de los capos más buscados de la última década– y a los cinco escoltas que lo acompañaban.
Los marinos, equipados con artillería pesada, tanquetas y vehículos blindados, también sobrevolaron la zona en helicópteros. Todo ese movimiento para capturar a Beltrán ocurrió entre la 1 y las 4 de la tarde, antes de la irrupción en el fraccionamiento Altitude.
Cuando los cinturones de seguridad de Beltrán Leyva habían sido aparentemente anulados, y cuando los marinos sintieron que tenían la situación bajo su control, los integrantes de las fuerzas especiales fueron recibidos a balazos. El tiroteo se generalizó. Desde sus vehículos artillados, los infantes de marina accionaron ametralladoras calibre 7.62 y fusiles de asalto R-15, en tanto que desde los helicópteros otro grupo descendía a rappel por el condominio de Arturo Beltrán.
De acuerdo con las versiones que ha difundido la Secretaría de Marina, no la tuvieron fácil: el grupo de sicarios de Beltrán Leyva respondió lanzando decenas de granadas de fragmentación y ráfagas de fusiles AK-47 y R-15 a través de las ventanas del departamento 201, ubicado en el segundo nivel del edificio de 15 pisos y valuado en unos 4 millones de pesos.
Otros sicarios, que formaban parte del cinturón de seguridad del capo, dispararon contra los marinos que estaban en la planta baja. Según los informes oficiales, la contraofensiva no sirvió de nada: una ráfaga los abatió.
Al transcurrir las horas –cerca de cinco, desde la toma del edificio hasta el tiroteo que segó la vida de Arturo Beltrán–, los narcos se fueron quedando sin granadas. Ya sin capacidad ofensiva, tres de los cinco sicarios que defendían a Beltrán murieron a tiros en medio de la sala del departamento. Según la versión oficial, otro se mató de un disparo.
La misma versión asegura que uno más, desesperado, decidió suicidarse lanzándose por los ventanales, pero cuando iba en caída libre una bala expansiva le penetró la espalda. Su cuerpo pudo ser fotografiado precisamente de espaldas sobre el jardin de un departamento de la planta baja.
De acuerdo con la versión de los marinos, eran alrededor de las nueve de la noche cuando, ya sin gatilleros, Arturo Beltrán abrió la puerta de su departamento. Aparentemente su intención era huir por el elevador. Al cruzar el umbral enfrentó a tiros a los marinos que estaban afuera, pero cayó abatido por los oficiales de la Armada que habían subido por la escalera.
El cuerpo de quien fue llamado El jefe de jefes –aunque por dos décadas vivió a la sombra de Amado Carrillo, primero, y de Joaquín El Chapo Guzmán después– se desplomó frente a la puerta: varias balas expansivas le perforaron el tórax, el abdomen y la cabeza. Fue ahí donde el cadáver de Beltrán Leyva fue captado por diversas cámaras de fotografía y de video y fue ahí también donde fue manipulado y vejado.
Ascensos jerárquicos
Tras la muerte de Arturo Beltrán Leyva, el poder de su organización criminal, una de las más poderosas de los últimos 20 años, podría quedar en manos de Héctor Beltrán Leyva, el único de los hermanos que está libre y que, según datos oficiales, es el responsable del lavado de activos de la organización.
Sin embargo, en medio del reacomodo interno de fuerzas, otros dos nombres se mencionan como posibles relevos: Sergio Villarreal Barragán, El Grande, y Edgar Valdez Villarreal, La Barbie, el jefe de sicarios de Arturo Beltrán y quien es señalado en declaraciones ministeriales como “el traidor”.
De acuerdo con su ficha criminal, Valdez Villarreal nació el 11 de agosto de 1973 en Laredo, Texas, y desde muy joven se incorporó a las filas del narcotráfico. Hijo de Abel Valdez y de Ofelina Villarreal, La Barbie tiene 39 años de edad y ha sabido librar tanto la cárcel como la muerte.
En 1994, por ejemplo, según la ficha elaborada por la desaparecida Unidad Especializada en Delincuencia Organizada (UEDO), fue detenido en Springfield, Missouri, Estados Unidos, luego de que la Corte de Nueva Orleáns libró una orden de aprehensión en su contra. No obstante, obtuvo pronto su libertad.
En su etapa inicial, Valdez Villarreal fue miembro del cártel del Golfo, responsable de crear toda la logística de espionaje a través de un numeroso grupo de informantes, conocidos como Los Halcones.
Luego dejó esa organización criminal y se convirtió en una pieza clave del cártel de Sinaloa, cuando los hermanos Marcos Arturo, Héctor y Alfredo –los llamados Tres Caballeros– formaban parte de lo que ahora se conoce como La Federación de Narcotraficantes y que, según la PGR, encabezan Ismael Zambada García El Mayo, y Joaquín Guzmán Loera, El Chapo.
Pronto La Barbie se convirtió en jefe de sicarios de los Beltrán, pues mostró capacidad para orquestar las ejecuciones de sus rivales. Pero, de acuerdo con el informe de la UEDO, también se distingue por su destreza para corromper a funcionarios públicos.
Uno de los casos más sonados de cooptación fue el de Domingo González Díaz, quien en 2003 se desempeñaba como jefe de la Agencia Federal de Investigación (AFI) y era cercano a Genaro García Luna. En la averiguación previa PGR /SIEDO /UEIDCS /013 /2003 se asienta que La Barbie le pagó un millón de dólares a González Díaz para que brindara protección a los hermanos Beltrán Leyva.
Redes familiares y policiacas
La célula del narcotráfico integrada por los hermanos Marcos Arturo, Héctor, Mario, Carlos y Alfredo Beltrán Leyva es una de las más viejas en el negocio de las drogas: emergió a la luz pública entre mediados de los ochenta y comienzos de los noventa, cuando Amado Carrillo Fuentes se convirtió en el jefe del cártel de Juárez tras el asesinato de Rafael Aguilar Guajardo, crimen que se le atribuyó a Carrillo Fuentes, llamado El Señor de los Cielos.
Los Beltrán Leyva desplegaron todo su poder económico y armado en el país. Disponían desde entonces con un respaldo policiaco tan fuerte que, en el año 2007, José Luis Santiago Vasconcelos, quien fungía como subprocurador de Asuntos Jurídicos e Internacionales de la PGR, reconoció públicamente que un grupo de sicarios bajo el mando de los Beltrán planeó ejecutarlo.
Originarios de Sinaloa –donde se formó la mayor escuela del narco en toda la historia del crimen organizado de México–, los Beltrán Leyva se mantuvieron durante varios años como un ala importante del cártel de Juárez, pero tras la muerte de Amado Carrillo decidieron operar por su cuenta, aunque por aquellos años ya mantenían nexos con Joaquín El Chapo Guzmán, quien a la postre se convirtió en su jefe.
Tras la fuga de El Chapo del penal de Puente Grande, el 19 de enero de 2001, los Beltrán Leyva se asociaron con él. Había más de una razón para que el jefe del cártel de Sinaloa los acogiera: fueron ellos quienes lo arroparon después de que se peleó con Miguel Ángel Félix Gallardo, el capo más audaz de la historia reciente de México y de quien Guzmán fue lugarteniente.
Este dato salió a flote luego de que la PGR detuvo e introdujo en su programa de testigos protegidos a Marcelo Peña, cuñado de Guzmán Loera y cuya clave como testigo es “Julio”. Este personaje relató, entre otras historias, que los Beltrán iniciaron al Chapo en el negocio de las drogas.
Además, durante la reclusión de Joaquín Guzmán, tanto en el penal de Almoloya de Juárez (hoy Altiplano) como en Puente Grande, los Beltrán se hicieron cargo de suministrarle dinero y todo lo que necesitaba el capo sinaloense para vivir cómodamente en aquella prisión de máxima seguridad, irónicamente conocida como “puerta grande”.
Tras la fuga del Chapo, los hermanos Beltrán se reposicionaron en el negocio del tráfico de drogas: durante el sexenio de Vicente Fox alcanzaron tanto poder que lograron dominar 11 estados de la República, aunque sus principales feudos fueron Sinaloa y Guerrero. Posteriormente se afincaron en Morelos.
Según documentos de la PGR, los Beltrán dirigen operaciones de transporte de droga, lavado de dinero, compra de protección y reclutamiento de sicarios.
De lo anterior da cuenta la averiguación PGR/UEIDCS/021/2005, así como las causas penales 82/2001 y 125/2001, las cuales establecen que Marco Arturo Beltrán Leyva, El Barbas; Héctor Alfredo, El H; Mario Alberto, El General; y Carlos, consiguieron quedar impunes durante largos periodos gracias a la protección de policías, militares y funcionarios de primer nivel del gobierno de Vicente Fox. Con base en esos acuerdos crecieron en forma fulgurante como empresarios del narco, lo que le permitió a su socio, El Chapo, convertirse en el capo más poderoso de los últimos nueve años.
Tanto los informes de la Secretaría de Seguridad Pública como los expedientes citados indican que el radio de acción de este clan abarca al Distrito Federal desde hace una década por lo menos. Otros territorios bajo su dominio son el Estado de México, Sonora, Guerrero, Chiapas, Querétaro, Sinaloa, Jalisco, Quintana Roo, Tamaulipas y Nuevo León.
Los mismos informes señalan que, además de sus actividades de narcotráfico, los Beltrán son dueños de un equipo de futbol de salón en Culiacán, Sinaloa; tienen residencias de lujo en Acapulco, así como casas de descanso y de seguridad –para sus negociaciones y acuerdos con políticos– en Valle de Bravo, Estado de México.
De acuerdo con un organigrama de grupos criminales elaborado por la PGR, el líder de la banda era El Barbas, Marcos Arturo Beltrán Leyva. Ninguno de los cinco hermanos había estado en prisión. Se habían mantenido impunes hasta que un grupo especial del Ejército detuvo, 21 de enero de 2008, a Alfredo Beltrán en una zona residencial de la capital sinaloense.
Sobre la captura de Alfredo Beltrán, que se consideró un golpe inusual contra el cártel de Sinaloa, surgieron al menos dos versiones: que los Beltrán habrían roto con El Chapo por diferencias en los negocios y que los efectos de esa ruptura alcanzaron a la SSP, encabezada por Genaro García Luna, quien ha sido señalado públicamente y en la indagatoria arriba citada como presunto protector de los hermanos Beltrán.
Los miembros del cártel de Sinaloa –el más sólido, por lo menos antes de la captura de Alfredo Beltrán– no sólo están asociados en el negocio del narcotráfico: también existen líneas de parentesco. El 27 de junio de 2001 el testigo “Julio” declaró ante la PGR:
“Arturo Beltrán Leyva es primo lejano de El Chapo, a quien inició en el negocio de la cocaína, ya que me lo dijo Beltrán una vez que fui a pedir dinero por parte del Chapo a la ciudad de Querétaro (otro de los refugios de los Beltrán); esto fue por 1995 o 1996.”
Agregó en su testimonio: “Sé que esta persona (Arturo Beltrán) es muy ostentosa y que tiene una casa en Acapulco, porque El Chapo me mandó una vez a visitarlo, citándome en una casa que tiene en el fraccionamiento Las Brisas”.
Y de acuerdo con el testimonio de Albino Quintero ante la PGR, otro socio de los Beltrán, Juan José Esparragoza Moreno, El Azul, también está ligado familiarmente con ellos: en la causa penal 26/2006, página 62, Quintero cuenta: “Respecto a Juan José Esparragoza Moreno, lo conocí en Querétaro en una casa propiedad de mi compadre Arturo Beltrán Leyva.”
Más adelante dice que un familiar de Esparragoza está casado con una sobrina de Arturo Beltrán.
El poder que alcanzó Arturo Beltrán en el narcotráfico le permitió asesinar, corromper y hasta someter a altos miembros del gabinete federal. Se le atribuye, por ejemplo, el asesinato de Edgar Millán, jefe de la Policía Federal asesinado en 2008; también el de Igor Labastida, otro policía relacionado con el titular de la SSP, Genaro García Luna.
De acuerdo con una carta firmada por policías federales inconformes por la desaparición de la AFI, enviada el 19 de octubre de 2008 a la Comisión de Seguridad Pública de la Cámara de Diputados, el secretario Genaro García Luna y su escolta fueron interceptados en la carretera Cuernavaca-Tepoztlán por un alto capo de las drogas que se acompañaba de un indeterminado número de pistoleros o sicarios en diez vehículos Suburban blindados. Según la misiva, los escoltas de García Luna fueron despojados de sus armas y permanecieron con los ojos vendados durante alrededor de cuatro horas. La carta señala, además, que una voz, presuntamente del capo, le dijo a García Luna: “Este es el primero y último aviso para que sepas que sí podemos llegar a ti si no cumples con lo pactado” (Proceso 1672). Ese capo era, presuntamente, el hoy extinto Arturo Beltrán Leyva.

La tutela de la figura papal a resguardo

Declaración para la tutela de la figura del Papa
Este sábado 19 de diciembre la Oficina de Prensa de la Santa Sede, emitió un comunicado sobre el uso de la figura del Papa:
DECLARACIÓN PARA LA TUTELA DE LA FIGURA DEL PAPA
Sobre todo a lo largo de estos últimos años, se ha podido constatar el creciente afecto y estima cordial de muchos respecto a los Sumos Pontífices, a quienes algunos desean dedicarles instituciones universitarias, escolares o culturales, así como asociaciones, fundaciones u otras entidades.
Teniendo en cuenta esta situación, se declara que compete exclusivamente a la Santa Sede la legitimidad de tutelar en todas las formas el debido respeto a los Sucesores de Pedro y, por tanto, de salvaguardar su figura y su identidad personal de aquellas iniciativas que usen sin autorización el nombre y/o el escudo de los Papas para fines y actividades que en poco o nada tienen que ver con la Iglesia Católica. En efecto, a veces, con el uso de símbolos y logotipos eclesiales o pontificios, lo que se pretende es dar credibilidad y autoridad moral a lo que se está promocionando u organizando.
Así pues, tanto el uso de lo que se refiere directamente a la persona o al ministerio del Sumo Pontífice (nombre, imagen y escudo), como de la denominación "Pontificio/Pontificia", debe contar con la autorización expresa y previa de la Santa Sede.

Foto de un cadáver

Columna Bitácora del director/Pascal Beltrán del Río
Excélsior, 20 de diciembre de 2009;
Fotos de un cadáver: ¿ley o venganza?
Es importante llegar al fondo de quien cubrió con billetes y seguramente también bajó los pantalones al cadáver de quien las autoridades han identificado como el capo Arturo Beltrán Leyva.
Al hacerlo, se despejará cualquier duda —al menos en este caso—de que el Estado mexicano y sus instituciones están dispuestos a brincarse la ley y emplear tácticas propagandísticas del crimen organizado para tratar de bajar la moral al enemigo mediante la ridiculización de un muerto.
Como ciudadano y contribuyente, debo decir que sentí un gran orgullo al ver en acción a un grupo de élite de la Armada de México, deslizándose por una cuerda desde un helicóptero en vuelo.
Me hizo pensar que sí son posibles los golpes a la delincuencia propinados mediante el uso de información de inteligencia, una táctica infinitamente superior –creo, desde mi ignorancia en materia de operaciones militares—al despliegue masivo de soldados.
No dudé de la versión oficial respecto de que los marinos habían usado la fuerza necesaria para someter a Beltrán Leyva y sus sicarios, siempre a reserva de revisar los datos disponibles y los que se pudieran allegar los reporteros de Excélsior.
Sin embargo, ese orgullo y esa confianza se disiparon al día siguiente cuando recibimos en la redacción del diario las fotografías del cadáver del capo, distribuidas por dos agencias internacionales.
En ese momento, algo olió muy mal. Las preguntas fueron obvias: ¿Por qué un diario de la Ciudad de México, cuyo fotógrafo fue uno de los pocos que tuvieron acceso al sitio del combate con los narcos, había vendido o cedido las fotos a las agencias? ¿Por qué tenía el cadáver los pantalones a las rodillas? ¿Por qué, de una misma serie de fotografías del cuerpo, en algunas aparecía cubierto de billetes ensangrentados?
Y más: ¿Quién le había bajado los pantalones, como recientemente ocurrió con uno de los hombres que fueron colgados de un puente en Tijuana? ¿Quién lo había tapizado de billetes y le había colocado encima algunas joyas? ¿Sabía quien lo hizo que el fotógrafo estaba presente? ¿Lo hizo precisamente por eso? ¿El fotógrafo (cuyo nombre me reservo, por su propia seguridad) no se sorprendió por la presencia de los billetes?
En circunstancias normales este diario ha sido siempre cuidadoso con la publicación de fotos que reflejan una extrema violencia. Con el paso del tiempo y mediante varias discusiones sobre ética periodística, hemos desarrollado una postura editorial sobre la cobertura de las acciones del crimen organizado que he comentado varias veces en este espacio, así como en conferencias a las que me han invitado: salvo en circunstancias extraordinarias, no publicamos imágenes de narcomensajes ni de cuerpos mutilados precisamente porque eso es lo que los criminales esperan que hagan los medios de comunicación.
Éstas no eran, desde luego circunstancias normales. No todos los días abaten a uno de los grandes capos del narcotráfico. Justamente por eso, había que ser aún más cuidadosos en el tratamiento de la información, que incluye la decisión de publicar fotografías.
Después de discutirlo con mi compañero Gerardo Galarza, convocamos a un grupo de editores para discutir el tema: ¿Debíamos o no publicar las fotografías del cadáver de Beltrán Leyva? Si sí, ¿cuáles y en qué parte de la edición del viernes? Si no, ¿por qué?
Se escuchó una decena de opiniones, todas con mucho fundamento periodístico. Concluimos que, pese a un interés evidente de la opinión pública por comprobar que Beltrán Leyva realmente había sido muerto —y no andaría por ahí, supongo, libre y provisto de otra identidad—, las fotografías donde aparecía el cadáver sin los billetes sobrepuestos no eran realmente informativas y sí tenían una carga dantesca que poco serviría para que el lector supiera qué pasó. En suma, era material para tabloides sensacionalistas que serviría a un simple interés morboso.
En cuanto a las fotos del cadáver con los billetes, es evidente que ahí hay un interés público: consiste en saber quién y para qué le puso los billetes encima al cuerpo y sólo se puede llegar a una certeza si se responden las preguntas que planteo arriba.
Publicar la foto sin responder dichas preguntas sirve pobremente al interés periodístico, porque el hecho —la manipulación del cadáver—sólo se conoce por la decisión de varios medios de publicar la foto.
Es decir, una cosa es bajarle los pantalones y cubrirlo con billetes —que, para mí, es una táctica propagandística aprendida del narco—y otra es tomar las fotos y otra más es difundirlas mediante dos agencias internacionales y una más es publicarlas.
Los medios que publicaron las fotos, ¿podían responder a las preguntas de arriba al momento de decidir la publicación de la foto? No lo creo, ni ellos ni nosotros. Así que publicarlas no ayudó al conocimiento de la información que podía ser de interés público.
Recuerdo haber escuchado al maestro del periodismo colombiano y especialista en temas de ética Javier Darío Restrepo decir que los periodistas no somos simples intermediarios entre el hecho y el consumidor de la información, sino mediadores. Y que, en momentos de conflicto, los razonamientos sobre ética periodística deben ser más calmados y profundos.
Como conclusión: 1) Quiero a un Estado que procure la justicia mediante la estricta aplicación de la ley, no uno que administre la venganza social. 2) Así como este diario no publica narcomensajes, para no dar publicidad gratuita a los criminales y hacerles el juego, tampoco se prestará a la humillación mediante la manipulación de un cuerpo sin vida, sea de quien sea, y haya sido hecha por quien haya sido hecha y con los fines que sean.

El heredero: "El General"

Excélsior, 20-Diciembre-2009;
Ignoran perfil del heredero de El Barbas
Andrés Becerril, reportero
El gobierno presume que Mario Alberto Beltrán Leyva asumirá el liderazgo del cártel, pero muy poco se sabe de él, aunque es de los más buscados
Las proyecciones realizadas en distintas oficinas de inteligencia del gobierno federal sobre quién tomará el lugar de Arturo Beltrán Leyva como líder de su cártel apuntan hacia Mario Alberto Beltrán Leyva que, sin embargo, es como un espectro para las autoridades, porque poco o nada saben sobre él.
Mario Alberto, que se haría llamar también Carlos o Héctor, es conocido por el alias de El General, según las versiones gubernamentales, alimentadas por declaraciones ministeriales de cómplices de los Beltrán Leyva arrestados desde 2005.
La información que el gobierno ha hecho pública sobre Mario Alberto, señalado como uno de los dos líderes del cártel de los Beltrán Leyva, no es tan precisa como la de otros capos del narcotráfico.
Sin embargo, en la lista de los más buscados por la Procuraduría General de la República (PGR) aparece una fotografía de Mario Alberto junto a la del otro jefe, Arturo Beltrán Leyva, muerto el miércoles pasado en un enfrentamiento con marinos, en Cuernavaca, Morelos.
Desde la captura de Héctor Alfredo Beltrán Leyva, El Mochomo, el 21 de enero del año pasado, el gobierno federal no le quitó el ojo al cártel de los Beltrán Leyva, que durante 20 años se manejaron en el negocio de las drogas prohibidas.
Como ningún otro grupo delictivo, los Beltrán Leyva se movieron con un perfil muy bajo para hacer sus operaciones. Esta estrategia de grupo se refleja en los documentos oficiales, ya que ni en el Informe de resultados 2007 de la PGR aparecen en la lista de organizaciones delictivas.
Prueba de la poca información que tiene el gobierno sobre El General es el hecho ocurrido el 28 de marzo pasado.
Ese día fue arrestado un hombre llamado Mario Alberto Beltrán Leyva, en Caléxico, California. Las autoridades de Estados Unidos creyeron que era parte de la banda de los hermanos sinaloenses y lo entregaron a la PGR. Horas después se comprobó que se trataba de un homónimo.
La discreción con la que los Beltrán Leyva se habían movido desde el apadrinamiento del legendario narcotraficante Miguel Félix Gallardo, en la década de los 80, había sido tal que las mismas autoridades no saben en realidad cuántos hermanos de los once Beltrán Leyva, originarios de la comunidad Tameapa, municipio de Badiraguato, Sinaloa, están metidos en el negocio de las drogas ilícitas.
En las declaraciones ministeriales de los cómplices de los Beltrán Leyva se mencionan siempre los nombres de Héctor Alfredo, Marcos Arturo, Mario Alberto y Carlos Beltrán Leyva. Pero hasta ahora sólo hay claridad sobre Héctor Alfredo y Marcos Arturo.
Análisis de la PGR y de la Secretaría de Seguridad Pública federal (SSP), muestran que el ascenso de El General para hacerse cargo de los negocios del cártel Beltrán Leyva es inminente, aunque no descartan una pugna con dos hombres fuertes de su organización, que podría llegar a estados violentos.
Los hombres que podrían disputarle el liderazgo a El General son Édgar Valdez Villarreal y Heriberto Lazcano Lazcano. El primero es conocido como La Barbie. Los datos que tiene la PGR sobre Édgar Valdez es que nació en Laredo, Texas, tiene menos de 40 años y que negocia con drogas prohibidas desde hace una década en México.
La Barbie es señalado como jefe de un grupo de sicarios conocido como Los Pelones. En enero de 2006, cuatro de sus integrantes (cuando Joaquín El Chapo Guzmán y Arturo Beltrán Leyva eran socios) fueron ejecutados por policías municipales de Acapulco.
De Lazcano, las autoridades presumen que es el jefe de Los Zetas, sicarios que armaron su propia organización, luego de haber servido a los intereses del cártel del Golfo, cuando su líder era Osiel Cárdenas Guillén.
El Lazca o el Z-2, como es conocido este ex integrante del Ejército mexicano, fue exhibido por las autoridades como jefe del cártel del Golfo en noviembre del año pasado.
Las declaraciones ministeriales procesadas por la PGR, donde aparece el nombre de Mario Alberto llevan a concluir a esta autoridad que El General ha sido el encargado de negociar las alianzas con Heriberto Lazcano y Valdez Villarreal para combatir al cártel de Sinaloa y a su líder, Joaquín El Chapo Guzmán, con quien alguna vez los Beltrán Leyva estuvieron asociados.

Xacobeo 2010 Gloria en la alturas

REPORTAJE: XACOBEO 2010 GLORIA EN LAS ALTURAS
3. ¿Qué hay de nuevo por el camino?
PACO NADAL
EP Semanal, 20/12/2009;
Muchos más albergues, travesías lejos de las carreteras, mejor señalización. Las flechas amarillas de Santiago disparan cada vez con mayor eficacia.
"Se llevan mochilas al siguiente albergue; dos euros", reza un cartel en la puerta de un bar en Triacastela. En otra cuadra cercana, el dueño ha quitado los animales y ha puesto media docena de máquinas de vending: desde sándwiches hasta café caliente, pasando por apósitos para las ampollas. Hay un chorro de dinero circulando y nadie quiere perder tajada.
El auge de las peregrinaciones a Compostela ha vuelto a traer una nueva edad de oro al Camino de Santiago y, como ya pasó en la Edad Media, las poblaciones por las que transita se transforman. Cada año llegan más peregrinos que el anterior y cada nuevo Xacobeo significa un empujón a las estadísticas. A principios de noviembre de 2009 ya habían llegado a la catedral compostelana tantos peregrinos como en 2008 (unos 125.000), y para este nuevo Xacobeo 2010 se prevé que las cifras se desborden.
comercio y picaresca
Que te cobren cinco euros por un desayuno con magdalenas industriales envasadas en plástico o 25 por dormir en una habitación infecta de una casa particular (y dando gracias, porque igual hay 500 personas pernoctando en un pueblo de 100 habitantes) es algo habitual, sobre todo en verano. Claro que no hay por qué escandalizarse: la cosa viene de largo. Ya en 1133 las autoridades de Compostela amonestaron a los comerciantes tras comprobar que cobraban más al peregrino que al residente. Y unos años después, el obispo Gelmírez mandó canalizar agua hasta una fuente en la fachada norte de la catedral de Compostela para librar a los peregrinos de la codicia de sus caseros, que pretendían cobrársela.
Hoy la señalización del Camino Francés está ya muy consolidada, pero al principio de este boom hubo algunos que desviaban las flechas amarillas para que el maná jacobeo pasara por delante de su bar o de su hotel.
Vida para pueblos olvidados
Lo cierto es que hay pueblos perdidos en las soledades de la estepa castellana y de nombre singular, como El Burgo Ranero o Calzadilla de los Hermanillos, a los que entra más gente por la senda jacobea que por la carretera nacional. En Rabanal del Camino, una minúscula localidad de los montes de León, existen cuatro albergues de peregrinos, dos hoteles y una casa rural. Más paradigmático es el caso de Foncebadón, un pueblo también leonés abandonado y derruido desde hace al menos un siglo, en el que ya se han abierto tres albergues, una hospedería y un restaurante con carta medieval. Sarria (Lugo) ostenta de momento el récord: ocho albergues para romeros (aunque posiblemente mientras lee estas líneas se esté inaugurando alguno más). Todo esto ha redundado en comodidad para el peregrino. Hace unos años había que planificar las etapas con cuidado porque escaseaban los sitios donde comer y pernoctar. Hoy, la cifra de albergues para peregrinos diseminados por todo el Camino Francés asciende a 254.
Albergues públicos y privados
Si hay algo que identifica al Camino de Santiago y lo hace diferente a cualquier otra ruta senderista del mundo es la red de albergues exclusivos para peregrinos. Es la herencia de aquella tradición hospitalaria que permitió a los viajeros medievales moverse por el mundo. En ellos sólo pueden dormir quienes peregrinen a pie, en bici o a caballo y estén en posesión de la credencial de peregrino, una especie de pasaporte que expiden iglesias, asociaciones e incluso los propios albergues, y que los hospitaleros van sellando para autentificar el paso de los verdaderos peregrinos. Y evitar que se les cuelen veraneantes en busca de alojamiento barato.
Pero hasta en esto el Camino ha cambiado. Los albergues empezaron siendo gestionados por la Iglesia, ayuntamientos y asociaciones de amigos del Camino, y sólo se pedía la voluntad. Pero muy pocos dejaban la voluntad; es más, algunos aprovechaban para llevarse la caja. Aquel cartel que colocó un cura en el cepillo: "Peregrino, deja lo que puedas, toma lo que necesites", es ya un recuerdo nostálgico. Lo normal es que pidan ahora un precio fijo (tres o cuatro euros), excepto honrosos casos, como los albergues gestionados por la Federación de Amigos del Camino de Santiago, que siguen fieles al sistema de donativos.
Ante la afluencia masiva de romeros y la escasez de plazas en estos albergues públicos ha surgido una figura nueva: el albergue privado. Son seudohostales con servicios para el caminante, que poco a poco van siendo regulados por ley, en los que se ofrece alojamiento en literas, calefacción, agua caliente y diversos servicios a un precio fijo, que suele oscilar entre siete y 10 euros. La mayoría ofrece el mismo espíritu de acogida que los públicos, en zonas donde antes no había nada y con buena relación calidad / precio. Pero también los hay que sólo ven en el caminante un negocio, sin resquicio a la hospitalidad. En un albergue privado de Hospital de Órbigo vi cómo le negaban la entrada a un peregrino porque no podía pagar siete euros, a las siete de la tarde de un día de invierno.
'Compostela' o certificado
Hasta ahora, los peregrinos que llegaban a Santiago y demostraban mediante la credencial que habían completado los 100 últimos kilómetros a pie o a caballo o los últimos 200 kilómetros en bicicleta obtenían la compostela. Un documento en latín que certifica haber hecho el Camino por devotionis affectu, voti vel pietatis causa, es decir, por la devoción, el voto o la piedad. Antiguamente se utilizaban las conchas de vieira, que sólo se podían comprar en Santiago. Tan rudimentario sistema de certificación fue evolucionando con los siglos hacia las cartas probatorias. Pero ante la heterodoxa riada actual, la Iglesia quiere reconducir el carácter religioso de la peregrinación. Ahora, al llegar a la oficina de acogida de la catedral, al peregrino se le pregunta por sus motivaciones. Si son religiosas, se le concede esta compostela. Si son de otro tipo, se le entrega un certificado de bienvenida, en español.
La flecha amarilla
Señalizar todos y cada uno de los cruces y desvíos a lo largo de casi 800 kilómetros de ruta parece tarea imposible. Pero está hecho. Empezó en los años ochenta el cura de O Cebreiro Elías Valiña, que iba con un cubo de pintura amarilla y una brocha pintando flechas por el monte. Y siguieron administraciones y asociaciones de amigos del Camino. Hoy se puede ir de Roncesvalles a Santiago sin pérdida. Además, desde el Xacobeo 2004 se han construido más desvíos para sacar la ruta de los pocos tramos que quedaban aún por el arcén de carreteras nacionales.
Otros caminos
Todo esto ocurre en el Camino Francés, el más conocido, el más transitado desde la antigüedad. Entra en la Península por Roncesvalles (por el puerto de Somport en su variante aragonesa) y pasa por Pamplona, Logroño, Burgos y León antes de acceder a tierras gallegas por O Cebreiro. Pero hay otros muchos caminos que han mejorado de manera ostensible desde el último Xacobeo. Rutas también históricas, usadas por viajeros del Medievo y que ahora, al rebufo del éxito del francés, están siendo puestas en valor.
El principal de estos secundarios es el Camino Portugués, cuya primera flecha amarilla está pintada en la fachada de la Sé de Lisboa. Es una oportunidad única para conocer un Portugal distinto, a pie o en bicicleta, por caminos, parajes y aldeas remotas vedados a quienes viajen en coche. Desde Lisboa remonta el Tajo hasta Santarém y de allí sigue hacia el gran monasterio de Tomar, Coimbra, Porto y Vila do Conde, para entrar en Galicia por Tuy. También está señalizado, pero continúa con la misma escasez de albergues en la parte portuguesa como en el último Xacobeo: sólo tres.
Le sigue en número de romeros el Camino del Norte, el favorito para hacer en verano. Empieza en Irún y discurre por toda la cornisa cantábrica, con el mar a la derecha y la verde cordillera a la izquierda. Una delicia. Pasa por San Sebastián, Bilbao, Santander, y cerca de Oviedo se divide en dos: el de la Costa prosigue por Gijón, Avilés y Ribadeo, y el Primitivo se va al interior de Asturias hacia Grandas de Salime y Lugo. Está muy bien señalizado y el número de albergues ha crecido de manera espectacular desde 2004.
La Vía de la Plata aprovecha la traza de varias antiguas calzadas romanas que unían Sevilla con Astorga a través de Extremadura y Castilla y León. También ha mejorado mucho su trazado y señalización desde 2004. Y ahí más: el Camino Inglés (A Coruña-Santiago por Ferrol), el Camino de Fisterra (el único que en vez terminar en Santiago empieza allí; se dirige al cabo de Finisterre para visitar al Santo Cristo de Fisterra y el santuario de A Barca, en Muxía), el Camino de Álava, el Camino de Madrid, el de Soria, el del Valle del Ebro...
Las peregrinaciones están de moda. Y son un negocio. Por eso no hay Ayuntamiento que se resista a la tentación de poner un Camino de Santiago en su término.

Xacobeo 2010 Gloria en la alturas

REPORTAJE: XACOBEO 2010 GLORIA EN LAS ALTURAS
2. Mil años de maestros y peregrinos/JOSÉ MARÍA PÉREZ GONZÁLEZ,
EL País Semanal, 20/12/2009;
Anécdotas, hitos y curiosidades artísticas de la gran 'autovía' medieval, que ha renacido en plena era digital y globalizada.
Hay un momento glorioso en la infancia de Europa que es llamado impropiamente "siglos oscuros del Medievo". Un tiempo memorable donde lo sagrado y lo profano se daban la mano en el arte románico, el tiempo que amasó las lenguas romances e iluminó los beatos y los códices miniados. Es la hora de los monjes benedictinos, la de veneración de reliquias y del resurgir de Roma. En aquella época, la principal autovía de Europa era el Camino de Santiago, y por él transitaron, como ahora hacen los peregrinos, los maestros que sembraron nuestras tierras de unas iglesias y monasterios que perduran y nos maravillan.
EL PRIMER PEREGRINO CONOCIDO
Cierto día de primavera, cien años después de que Beato de Liébana inventara la venida de Santiago Apóstol a tierras hispanas, una comitiva de hombres de iglesia, con sus siervos y algunos soldados, cruzaba el Ebro entrando en las amables tierras riojanas después de dejar atrás las de los fieros vascones. Corre el año 950 y al frente del grupo va Godescalco, obispo de Le Puy-en-Velay, en la Aquitania francesa, que se dirige en peregrinación a los extremos del mundo conocido, "a los confines de Galicia para implorar humildemente la misericordia de Dios y la intercesión del apóstol Santiago". El grupo se aparta unas millas del camino habitual para llegar al monasterio de San Martín de Albelda, donde hay una biblioteca de cierta fama y un prestigioso escritorio donde los monjes se dedican a copiar e ilustrar viejos códices y beatos. Godescalco quiere uno de estos codiciados libros, el que habla de la virginidad de María y cuyo autor fue el obispo visigodo Ildefonso. De este episodio da cuenta Gómez, el escriba de Albelda que asumió el encargo y que dejó escrito en el propio libro -conservado en la Biblioteca Nacional de Francia- noticia del paso del obispo, de su solicitud y de cómo se llevó consigo el códice cuando, a su regreso desde Compostela, pasó de nuevo por Albelda el invierno del año 951.
MONJES E INGENIEROS
Un siglo después del paso de Godescalco, la antigua vía Aquitana de los romanos se convierte, con muchos puntos de peaje, en una autopista de peregrinos. Santo Domingo de la Calzada, por algo es el patrono de los ingenieros de caminos, y su discípulo san Juan de Ortega construyen puentes para facilitar el tránsito de los peregrinos, principalmente franceses. Muchos se quedan atraídos por la demanda de buenos artesanos, comerciantes o constructores de los que tan necesitados andan los reinos hispanos cristianos en pleno proceso de repoblación. Con ellos llegan también monjes y abades ultrapirenaicos, con el empeño de implantar la regla benedictina en todos los monasterios, de sustituir el autóctono rito hispano en las iglesias por el rito romano, de cambiar costumbres y de imponer modas, incluso hasta en la escritura, donde la tradicional letra visigótica va cediendo ante el empuje de la letra carolina que se había desarrollado en la corte de Carlomagno y de sus sucesores.
LAS CINCO REINAS BORGOÑONAS
Grandes impulsores y promotores del Camino fueron Sancho el Mayor de Navarra y el monasterio borgoñón de Cluny, la primera empresa multinacional conocida que, a partir de la reforma benedictina, situó bajo su dominio e influencia a las principales abadías hispanas, entre ellas San Fructuoso de Sahagún o San Zoilo de Carrión. De sus celdas procederán algunos de los abades y obispos que asumirán las nuevas sedes episcopales, como la de la Toledo recién conquistada, a cuyo frente puso a Bernardo de Sédirac el rey Alfonso VI. Éste, queriendo consolidar la alianza, que le servía para afrancesar y modernizar sus reinos, patrocinó con ingentes sumas de dinero, procedente de los tributos musulmanes, la renovación del citado monasterio de Cluny, que gracias a ello se convirtió en una gigantesca abadía capaz de albergar en su iglesia varios miles de fieles. Para sellar el pacto fue el propio abad cluniacense Hugo de Semur quien se acercó en 1090 a Burgos, donde el rey castellano confirmó una aportación anual de dos mil dinares y el francés le ofreció oraciones por su alma y la de su padre, Fernando I, a perpetuidad, y por si eso no fuera bastante, los de Cluny facilitaron al rey hasta cinco sucesivas esposas procedentes de la nobleza borgoñona.
LA EFICIENCIA EN EL TRABAJO
Los monjes benedictinos traen con ellos, a partir del ora et labora, la división del tiempo y del espacio, la eficiencia, la organización y la logística, y sobre todo el arte románico. Ninguna otra manifestación ha estado tan asociada a este itinerario, tan bien representada y tan equitativamente distribuida a lo largo de su recorrido. Durante su vigencia en España, desde mediados del siglo XI hasta los primeros años del XIII, se conocieron momentos de bonanza nunca vistos: creció la población, se expandieron los reinos cristianos a costa de los musulmanes, se colonizaron nuevas tierras, hubo estabilidad económica y social y un puñado de importantes monarcas aseguraron sus dominios y dieron cohesión a sus reinos. Con tan favorable situación se fundaron nuevas poblaciones y se renovaron casi todos los templos, desde las más humildes parroquias hasta las grandes catedrales y monasterios, intentando cada cual mejorar lo anterior y lo vecino. Y gracias a la Vía Jacobea, los reinos peninsulares pudieron compartir con las demás monarquías europeas los grandes movimientos culturales y artísticos que caracterizaron a la Edad Media: el románico y el gótico.
EL ROMÁNICO DE IDA Y VUELTA
Un ejemplo claro de las influencias artísticas y emblema del Camino es San Martín de Frómista, la más francesa de las iglesias, en uno de cuyos capiteles un avispado cantero interpretó una de las escenas de La Orestiada, asombrado de la perfección clásica de las figuras desnudas que contaba el mito griego en un sepulcro romano de la cercana abadía de Husillos. En Frómista tomó apuntes otro cantero, que copió el capitel en la catedral de Jaca, y otro, a su vez, en el castillo de Loarre, y algunos más trasladaron la escena a iglesias francesas, entre ellas Saint-Sernin de Toulouse, haciendo del Camino un itinerario de ida y vuelta, al contrario de hoy, que sólo es un camino de ida.
Son románicos los más significativos edificios que jalonan la ruta jacobea: San Juan de la Peña, la catedral de Jaca, Sangüesa, Santa María de Eunate, Estella, Santo Domingo de la Calzada, San Juan de Ortega, Frómista, Sahagún, San Isidoro de León, Santiago de Villafranca del Bierzo, San Nicolás de Portomarín, Vilar de Donas... y, por supuesto, la gran catedral de Santiago, levantada en honor del Apóstol por su representante en la tierra, el obispo Diego Gelmírez, activo personaje tanto bajo palio como sobre el caballo, que dejó a su muerte en 1140 un templo que semejaba no poco a un verdadero castillo flanqueado por torres y al que en 1188 remataría con toda su habilidad el maestro Mateo, cincelando el Pórtico de la Gloria. Una maravilla actualmente semioculta entre los andamios por mor de la restauración que sufraga la Fundación Barrié de la Maza. Aymeric Picaud, un peregrino del Poitou que visitó Compostela a mediados del siglo XII, dejó constancia del esplendor de la ciudad y de la magnificencia de la catedral, "espaciosa, luminosa, armoniosa, bien proporcionada en anchura, longitud y altura, y de admirable e inefable fábrica", un bálsamo para los peregrinos, pues "quien recorre por arriba las naves del triforio, aunque suba triste, se vuelve alegre y gozoso al contemplar la espléndida belleza del templo".
CATEDRALES GÓTICAS
Aunque durante los siglos bajomedievales las peregrinaciones mantuvieron cierta presencia, múltiples problemas sociales (la consolidación de una nobleza que necesitaba más y más recursos, largas guerras y ocasionales hambrunas y epidemias) empobrecieron muchos pueblos y comarcas. Con la progresiva reconquista de Andalucía, el foco de atención de los reyes y de la sociedad y la búsqueda de oportunidades se desplazan a tierras más ricas y benignas. En muchas aldeas norteñas ya no hay ni recursos ni necesidad de renovar los templos. Sólo algunas pequeñas poblaciones se atreven a embarcarse en proyectos desmesurados, como Villalcázar de Sirga, en Palencia, que dejó inacabado un templo grandioso que se divisa desde la distancia emergiendo sobre el bajo caserío.
A pesar de ello, se construyen extraordinarias catedrales góticas a la vera del Camino, en Burgos sustituyendo a la precedente románica, y en León. Estos templos que aspiran a tocar el cielo con sus agujas son el icono del lugar, la expresión del poder de unas ciudades que se alejan del espíritu jacobeo en un momento en que las tierras del norte peninsular empiezan su lenta decadencia. A finales del gótico y durante el renacimiento, y para atender a los que enfermaban, se construyen grandes edificios civiles: el hospital del Rey en Burgos, el de San Marcos en León o el de los Reyes Católicos en Compostela, estos dos últimos convertidos en el siglo XX en paradores de turismo.
RENACIMIENTO DEL CAMINO
A finales del siglo XVII, el peregrino italiano Domenico Laffi da cuenta de la miseria que padecen muchos de los pueblos del Camino, como el burgalés de Hontanas, que vive acosado por los lobos y donde él y sus compañeros se fueron "a la cama en tierra, porque no había otra", o el leonés de San Miguel del Camino, donde duermen igualmente sobre el suelo, "siendo los habitantes tan pobres que tienen necesidad de que se les dé una limosna y después se les pague la posada que dan bajo su cabaña". En esos tiempos, una España exhausta pretende vivir de las glorias del pasado, pero ni el país, ni el Camino, ni las gentes están para desafíos artísticos a excepción de la fachada del Obradoiro compostelana, obra de Fernando Casas Novoa, de la primera mitad del siglo XVIII. Y después del barroco, el silencio, el vacío, sin otros constructores que los albañiles locales haciendo torpes reparaciones. Ya no hay escultores que trabajen la piedra o la madera, ni pintores que cuenten los milagros de las reliquias. Desinterés absoluto por la veneración de éstas, pobreza secular, guerras continuas casi llegan a extinguir el Camino. Entre todo ello, sólo un resplandor: el santuario de la Virgen del Camino en León, obra del arquitecto dominico Francisco Coello y del escultor José María Subirachs, iniciada en 1957 y que sorprende por su espléndida modernidad en unas tierras que artísticamente parecía que habían dejado de existir hacía al menos dos siglos y medio.
Pero el Año Santo de 1993 supuso un cambio en esta deprimente evolución, al menos para el Camino, que desde entonces ha vivido una revitalización inusitada que parece acrecentarse de Xacobeo en Xacobeo.

Xacobeo 2010 Gloria en las alturas

REPORTAJE: XACOBEO 2010 GLORIA EN LAS ALTURAS

1. El gran 'biopic' de Jesús/MANUEL RIVAS
Publicado en El País Semanal 20/12/2009;
Desde el paraíso perdido al juicio final. El Pórtico de la Gloria de la catedral de Santiago es la primera gran película de la humanidad. Rodada en piedra.
Allá en el siglo VI, un gran predicador, Martín de Dumio, conocido como "el apóstol de los suevos", escribió un contundente sermón, De correctione rusticorum, destinado a las gentes de Galicia para convencerlas no sólo de que Dios mandaba más que el Diablo, pese a las apariencias, sino también de que no era cierto que las piedras hablaban. Pero la naturaleza siguió rumiando y expresándose con su genius loci, el espíritu del lugar. Cientos de años después, en el XIX, una confidente de la naturaleza llamada Rosalía de Castro, universal poeta, ve cómo se abren los labios de la piedra. Está en el Pórtico de la Gloria de la catedral de Santiago. Los semblantes "hablan quedo unos con otros". Y los ancianos de la gran orquesta del Apocalipsis "templan risueños sus instrumentos". A punto de iniciarse el Xacobeo o Año Santo de 2010, un original proyecto de restauración, planteado con sutileza ecológica, va a permitir reanimar como nunca esta puesta en escena de la trama sagrada de la humanidad. Oír y ver la magistral película rodada en piedra, en el último tercio del siglo XII, y en base a uno de los guiones más enigmáticos de la historia de la escritura, el Apocalipsis de San Juan.
Ahí está todo, en panorámica, desde el Alfa hasta el Omega. En un nártex de 17 metros de largo y 4,50 de ancho. Lo que Shakespeare llamaría "el gran escenario de la humanidad", pero labrado en granito y elevándose por el trabajo de la luz, desde la cripta hacia la tribuna, donde se esmera día y noche, con el obturador de un rosetón, el enigmático director de fotografía. Desde el paraíso perdido y el cautiverio hasta el Juicio Final, con el magnífico pesaje de las almas. El gran biopic de Jesucristo, con la novedad iconográfica del árbol genealógico de Jesé. La visión original de un Dios tan carnal que enseña las llagas de la tortura, acompañado de ángeles que muestran las herramientas, las arma Christi, con que fue ejecutada. Está el pánico en la mirada de una madre que abraza al hijo ante el horror de las guerras del pasado y del futuro, tal vez la misma que grita con angustia en el Guernika. Están los ángeles, bien llamados los "satélites del Señor", guiando a los bienaventurados, que en la obra son cuarenta extras. La vida urdida con la naturaleza real y fantástica, monstruosa y protectora, siempre simbólica, donde incluso aparece un pulpo románico. Aquí vemos, como enseñaba Lévi-Strauss, que los animales son buenos para pensar y no hay más que ver a los evangelistas, empezando por el mismo San Juan con su águila. Aquí, en fin, está el infierno terrenal, con un su genial club de diablos, ante los que queda suspendida toda incredulidad. Y aquí se alza, en el tímpano central, la forma de la esperanza apocalíptica: la ciudad celeste, en la que habitarán los inscritos en el "libro de la vida".
He estado en la cripta. La he imaginado con las grandes lámparas medievales, con el olor a grasa de ballena de la luz. A brazo partido luchaban a veces los pescadores para que las huestes del obispo no se llevasen los cetáceos varados. Sería lo lógico que la cripta tuviese el olor de las entrañas del gran pez. He subido por las escaleras interiores. Luego, por el gran andamiaje levantado para la restauración. A medida que subes los peldaños, te asalta un vértigo diferente a todos los vértigos. Ya antes de mirar, te sientes observado por los ojos de la piedra. Piensas en Vladimir y Estragón, en el momento de Esperando a Godot en el que hablan de las voces muertas. Entonces no tienen suficiente con estar muertas. No, no les es suficiente. Susurran. Casi todas murmuran. Rosalía de Castro tuvo esa intuición de que hablaban a pares, como los dos de Cervantes o Beckett. Y eso se ve muy bien en los ancianos músicos del Apocalipsis, el parloteo a pares, esa cháchara preliminar de las buenas orquestas mezclada con las afinaciones. Hay otros personajes que hablan solos, en especial los profetas. Bien se ve que Isaías está rumiando algún versículo sobre política internacional, su especialidad: el eterno asunto de Babilonia.
En el pórtico hay otro profeta que no habla. Quieras o no, la mirada lo elige. Te lleva a Daniel. Está sonriendo. Una sonrisa contagiosa. Nunca antes la piedra había sonreído así. Una de las mejores sonrisas de la historia del arte. Tan enigmática como la de la Gioconda, pero mucho más pícara. Los biblistas suelen coincidir: Daniel estaría expresando su gozo profesional como profeta, la de aquel que habría acertado con más precisión la llegada del Mesías. Pero nadie, ni los biblistas, puede resistirse al cotilleo. La sonrisa de Daniel, esa felicidad de la expresión, no parece motivada por el éxito, sino por el deseo. Y enfrente, en el mismo pórtico, tal vez está la respuesta. Daniel mira con disimulo la figura espléndida de la reina de Saba, al lado de la Sibila. Oigo retumbar la reprobación: ¡Son Judith y Esther! El primero en sugerir que esas dos figuras femeninas podían ser la maravillosa etíope que enamoró a Salomón y una de las sibilas fue un británico. En el siglo XIX se realizó, por la técnica del vaciado en yeso, una reproducción en tamaño real del pórtico con destino al Victoria & Albert Museum de Londres. Fue el director de este proyecto, Lonsdale, el que habló de la reina de Saba, lo que dio lugar a que con los años se abriese el sentido de la sonrisa de Daniel.
"La piedra está viva". Eso le dijo Borges a Ramón Piñeiro. El autor de El Aleph estuvo en Santiago. Le buscaron un guía. El mejor posible. El filósofo de la saudade, Ramón Piñeiro. Borges estaba ciego. Piñeiro apenas veía. ¿Cómo hicieron?, le pregunté a Piñeiro. "Fuimos palpando la piedra". Y olieron el incienso del botafumeiro. Y escucharon las campanadas palingenésicas de la Berenguela, tal vez cogidos de la mano como el ángel que lleva a uno de los justos. Según el relato de Piñeiro, Borges cumplió los ritos del peregrino. Son ritos contagionistas. La piedra transmite, comunica. Así, tocó el pie izquierdo del Apóstol. Con la mano, recorrió las ramas y los intersticios del árbol de Jesé. Y chocó su cabeza con la de Mateo. Tres veces: tres croques. Ahora ese rito, de origen popular, se ha prohibido. Dicen que para proteger la cabeza de Mateo. Pero ¿qué será de la imaginación de Galicia sin el Santo dos Croques?
Mateo. Ése es el hombre. El arquitecto está allí, en el pórtico, a ras del suelo, en la parte posterior del parteluz, mirando hacia el altar. No figura en el santoral, pero el pueblo hace siglos que lo aclamó como el santo de la imaginación. Una vez, un canónigo le preguntó a una anciana qué hacía allí, postrada en el suelo, hablando con aquella figura que no era santo ni nada. Y ella respondió: "¿Quién dice que no es santo? ¡Si fue él quien hizo todo esto!".
"andaba con el apocalipsis bajo el brazo". ¿Quién era el hombre obsesionado con ese guión? Mateo, el maestro de obra, es a la vez el principio de realidad y uno de los mayores enigmas de la catedral de Santiago, esa "fábrica divina" que hizo de Compostela la "aldea global" de la Edad Media, destino de la más extraordinaria romería de los tiempos, la primera ruta turística que se mantuvo siglos y que tenía ramales por tierra y mar, desde Armenia hasta Islandia y las estribaciones árticas. Hay una marca que actúa como un chip que atraviesa los siglos: la vieira. Vicente Almazán, sabio y también enigmático, muestra en Gallaecia Scandinavica (1986) el mapa internacional de la vieira, venera, concha de Venus o, en francés, coquille Saint Jacques. En realidad, lo que hizo el sabio Almazán fue levantar acta de una guía universal de sepulcros medievales donde lo único que resta, y a la altura del corazón, es la vieira, ese certificado natural que autentificaba la condición de peregrino a Santiago del difunto.
La vieira nos lleva al mar del Finis Terrae, en la hoy llamada Costa da Morte. Ahí podemos oír "rumiar lo primitivo". Sí, debía haber un camino antes del Camino. Hasta el César quiso llegar allí para ver si era cierto que el mar tenebroso chirriaba con la puesta de sol a la manera del hierro candente en el agua de la herrería. Es otro guión posible, más legendario: aquí, las almas, como en San Brandán, adquirían al morir la forma de una barca. Era el embarcadero hacia el Más Allá. La motivación "guerrera" del camino, su uso como propaganda bélica, parece en un principio tener un papel secundario. Son muchos los testimonios de quienes se aventuran a un viaje arriesgado y larguísimo para conseguir remediar lo que entonces se consideraba una maldición. El ser estéril. Así que el camino en pos de la vieira crece en prestigio como una milagrosa ruta de fecundidad, de la que se benefician desde campesinos hasta reyes.
santiago, la montaña de piedra, floreció sobre una tumba. Un tipo marginal, el ermitaño Paio, establece en la noche una conexión astral entre unas luminarias y una piedra, descubre un túmulo singular, y el obispo de Iria Flavia Teodomiro tiene la habilidad, la inspiración, de identificar el lugar como la tumba de Santiago apóstol, uno de los discípulos de Cristo, un humilde pescador palestino, fallecido en martirio en Oriente. La traslación de los restos al Finis Terrae, para mantenerlos a salvo, se habría hecho en "barca de piedra". Enterrado en secreto, se redescubre siglos después su tumba. Es la llamada invention. Santiago nace de la fertilización de la muerte. Parece un cuento, pero, en todo caso, lo sería a medias. Hay un gran desaparecido en la historia de Galicia, que es Prisciliano, degollado en Tréveris en el siglo IV. Otra versión es que la tumba sería de una joven de estirpe galaico-romana. ¿Una sibila?
La verdad incuestionable es el Pórtico de la Gloria. Y Mateo con el Apocalipsis de San Juan bajo el brazo. ¡Y no sólo con el de San Juan! Con los apócrifos y con el Apocalipsis de Esdras, que sin duda conocía, como demuestra Rafael Silva Ostoyas en El Pórtico de la Gloria: autor e interpretación, el libro que más luz aporta sobre el origen y sentido de la obra escultórica culmen del románico.
Después de la destrucción del primer templo, en el lugar del sepulcro se construye a partir de 1075 la catedral románica. La fachada de occidente tenía ya un bellísimo pórtico, que representaba la transfiguración de Cristo. "Admirablemente esculpido", se dice en el Codex Calixtinus. ¿Por qué pocos años después se construye en su lugar el Pórtico de la Gloria? Se ha especulado con alguna catástrofe o hecho violento que habría obligado a una nueva obra. La tesis de Rafael Silva parece más verosímil: la competencia de lo que hoy llamaríamos arquitectura-espectáculo. El sepulcro del Apóstol era importante, pero la "competencia" aumentaba. El románico florecía en la Europa cristiana, pero no de forma estática, sino en permanente renovación. Y los pórticos eran la vanguardia. Santiago de Compostela tenía que presentarse ante el mundo diferente. Deslumbrante.
Lo que hizo Mateo fue más allá. Hizo algo estremecedor. Con el Apocalipsis bajo el brazo, construyó, sí, el Pórtico de la Gloria. Pero también el centro de un paraíso inquieto.
Miramos a los ancianos músicos. Abren los labios. Cuchichean. Templan los salterios. Su edad, al menos, es de ocho siglos. Ocho siglos para un granito de canteras próximas. Sólo una pequeña parte del pórtico es de mármol. Miramos a los ancianos, que se desentienden de nuestra mirada con cierta sorna. ¿Cómo pudo hacerlo? Hace siglos, la piedra era policromada. Primero, al temple. Después se pintó y repintó con óleo. Un error. El óleo sobre el temple crea una pátina que no deja respirar a la piedra. El actual proyecto de restauración, que dirige Concha Cirujano, del Instituto del Patrimonio Cultural de España (con el mecenazgo de la Fundación Pedro Barrié de la Maza, que ha destinado tres millones de euros), no pretende devolver la policromía al pórtico, en el sentido de "repintarlo". Se investiga con curiosas herramientas de arqueología futurista como el inclinómetro o el fisurómetro o se entra en las zonas secretas de la piedra del pórtico con la sutileza de la videoindoscopia o la exploración por ultrasonido. Es importante detectar el punto de rocío: cuando se produce una condensación que puede resultar dañina. Localizar colonias de líquenes y algas. Medir la incidencia de la multitud humana. Los trabajos de estudio comenzaron en el mes de julio de 2009 y se prolongarán un año. Es un acercamiento ecologista al pórtico: observar la metamorfosis de la piedra; escuchar su pálpito; merodear su zona secreta. Un periodo que abarca las cuatro estaciones. Conocer el cambio climático del pórtico. La humedad aparece como el principal factor de riesgo. Por las termografías realizadas, parece que la humedad del suelo y de las pilastras no llega al pórtico. La humedad, por decirlo así, trepa en sus momentos más activos unos dos metros de altura.
cada edificio es un organismo. Dentro de ese ecosistema que es la catedral de Santiago, el pórtico, además de una obra sublime, es un ser vivo muy complejo. Hubo algunas modificaciones a lo largo de los siglos, no siempre muy acertadas. Se trata de encontrar ahora las "bocas" del pórtico. Allí por donde respiraba y que a veces fueron tapiadas. También para la conservación hay que aplicar el genius loci. Hoy día identifica un tipo de arte o arquitectura muy imbricado con el entorno en que nace. En su origen, el genius loci era el espíritu protector del lugar. El pórtico tiene potente espíritu guardián que le ha permitido sobrevivir a intervenciones funestas. Había que pensar en el maestro Mateo como el genius loci en el doble sentido. "Hay una inteligencia extraordinaria en la construcción, también en el sentido de prever el paso del tiempo".
La piedra del pórtico, transformada en materia sutil, tiene esa doble condición de ser vulnerable y a la vez resistente. La gran plaza a la que miran las fachadas de la catedral, el hostal (antiguo hospital) de los Reyes Católicos, San Clemente (actual rectorado) y el pazo o palacio de Raxoi lleva el nombre nada presuntuoso de Obradoiro, que en castellano significa taller. Y uno lo imagina no como fábrica sufrida, sino a la manera de los lugares creativos donde los canteros cantan, charlan y de vez en cuando, protegidas por la percusión sutil del cincel, se intercambian secretos y consignas en su xiria (jerga): O verbo dos arxinas, también llamado El latín de los canteros, que tomó préstamo de las lenguas del Camino. Uno de ellos, en ejemplo recogido por Varela Pose, puede preguntar: ¿Cantos zoinas paruan na caicoa? (¿cuántos curas hay en la iglesia?). Y otro responder: Bate e sedio (par y medio).
-Ah!, bai, bai (¡ah!, vale, vale).
La belleza del pórtico quedará realzada tras la restauración ecológica, pero se impondrá la artificialidad de pintarlo de nuevo. Imagino el pórtico policromado en la Edad Media. Imagino a los peregrinos ante esa escenografía, iluminada con la luz del poniente, después de haber quemado los harapos en A Cruz dos Farrapos, en el tejado enlosado de la catedral. Pero tampoco cambiaría esta experiencia. Ahora, a pocos centímetros, la piedra conserva una memoria de la policromía que la hace todavía más verdadera. Cuando hablo de verdad, hablo de ellos, de los seres que encarnan la piedra. De la verdad de su ficción.
Y el enigma de Mateo se va aclarando. No su vida, de la que casi nada sabemos. Sólo se conserva el documento de su paga. Fernando II de Galicia y León acuerda remunerarle con dos marcos de plata semanales de manera que sumen cien maravedises al año. Se sabe que antes de trabajar en el taller de la catedral fue constructor de puentes, un oficio muy cualificado. Pero, al margen de noticias, de su falta, hay algo que sabemos con seguridad a la vista del pórtico: Mateo y las otras cuatro manos que se detectan se adelantaron en siglos en el modo de representar las figuras. En su naturalismo. Como diría Darío Villanueva, tuvo que haber un "polen" especial, porque no puede ser una casualidad la coincidencia del florecimiento de los cancioneiros (música y poesía, con más de trescientos trovadores documentados) y esta vanguardia escultórica y arquitectónica.
lo que hace mateo en el pórtico es lo que nos asombrará en Caravaggio. Apóstoles, profetas, figuras míticas tienen rostro de tipos populares. Los ancianos músicos apocalípticos seguramente son los músicos que conocía Mateo. Y tal vez Daniel y sus compañeros profetas subían del Inferniño o bajaban de una taberna de la Algalia antes de ser inmortalizados. Y el demonio de la primera tentación sería uno de los cómicos que se ganaban la vida y se alegraban cuando veían excrementos de caballo en la ciudad, señal de que habría público. Y su alegre grito de suerte sería: "Moita merda!".
No es nada extraño, en realidad, el sentir que el pórtico más célebre del románico está actuando. "El que concibió la iconografía del pórtico imaginó la serie de profetas no tanto como una aparición celestial, sino como algo real. Más allá del poderío y majestad que evocan sus figuras, son personajes de carne y hueso". Es la tesis de Julio I. González Montañés, autor del estudio más riguroso sobre los orígenes del teatro y los espectáculos públicos en Galicia. Una tesis muy fundada, en la que se remite a la representación en la catedral del Ordo prophetarum y otras ceremonias dramáticas. También los demonios remiten a máscaras usadas en la escenografía medieval. La máscara grotesca, los pantalones peludos y las sandalias del demonio de la primera tentación son puro neorrealismo medieval. Así era el vestuario en los "cortejos de diablos".
Santiago, mucho antes de que el profesor canadiense MacLuhan formulase la teoría, funcionó como un nódulo de la aldea global. Pero el primer círculo, una vez producida la invention, es la cabeza de pelo caracoleado de Mateo. La cabeza del Santo dos Croques. Él fue quien marcó Santiago de Compostela con la impronta del paraíso inquieto. Es así como define Gaston Bachelard la pintura de Chagall. Hay en el mundo representado una elevación que no se escinde de lo humano. Así es el Pórtico de la Gloria. Las piedras hablan. Y es un milagro. Pero también es cierto que nunca lo sagrado fue tan realista.