10 ago. 2010

Posicionamiento del PRI ante el llamado de FCH

Abiertos a discutir propuestas del Ejecutivo, señala el PRI.
El grupo parlamentario del PRI expresó su compromiso para que los recursos públicos en materia de seguridad aumenten en la proporción que se requiere para el próximo año, ya que es una prioridad el tema del combate a la delincuencia.
Aseguró que el Congreso de la Unión ha aprobado una serie de reformas para combatir con mayor eficacia la ola de violencia en el país, sin embargo el gobierno federal no ha publicado en el diario oficial de la federación los cambios que se han hecho a las disipaciones legales, lo que ocasiona que las propuestas anticrimen sigan limitadas.
En un desplegado, el grupo parlamentario del PRI, refirió que se han realizado grandes reformas dentro del Código Penal Federal, así como un régimen en materia de pederastia y en disposiciones en materia de delitos por derechos de autor y tráfico de personas.
“Si el Ejecutivo requiere de promociones para piezas legislativas nuevas, el Legislativo está siempre dispuesto a discutirlas con prontitud, sin embargo es motivo de preocupación que la legislación en materia de terrorismo que ya tiene en su poder para su publicación, a la fecha no se ha efectuado".
En ese sentido, manifestó su rechazo y advirtió que en la discusión de la Ley de Seguridad Nacional, aparecerán posiciones divergentes en áreas distintas del propio Ejecutivo federal.
“Rechazamos el autoritarismo y la simulación, pero ratificamos nuestra voluntad por el acuerdo y la discusión responsable de los asuntos en beneficio del país”, indicó.
Expresó que para los legisladores del partido tricolor, la seguridad pública debe ser un bien apreciado por toda la comunidad, por ello, aseguró que desde el ámbito de su competencia constitucional seguirán cumpliendo con su responsabilidad para que el país supere los problemas de crimen y narcotráfico.
Insistió que ante la escalada de sucesos criminales el Congreso ha respondido de manera puntual y continuará con su responsabilidad para evitar “huecos legislativos” en materia de seguridad pública.
***
En relación con el desplegado publicado hoy por el Grupo Parlamentario del Partido Revolucionario Institucional en la Cámara de Diputados en materia de seguridad, la Secretaría de Gobernación manifiesta lo siguiente:
En distintas ocasiones el Ejecutivo Federal, especialmente de manera expresa y directa el Presidente Felipe Calderón, ha convocado a los diversos actores políticos del país, en particular a los partidos políticos y sus grupos parlamentarios, a construir -mediante el diálogo y la corresponsabilidad- una verdadera política de Estado en materia de seguridad y combate al crimen organizado. El diálogo al que se ha convocado tiene como finalidad no sólo fortalecer la actual estrategia federal en la materia frente a un fenómeno por décadas soslayado, sino ampliar los radios de actuación y eficacia de todos los involucrados, incluida la sociedad y los gobiernos locales.
El Gobierno Federal está convencido de que el costo de renunciar al fortalecimiento de un pleno Estado de Derecho y de las instituciones democráticas, equivaldría a la perpetuación indefinida del clima de violencia, la Estrategia de Seguridad ha estado orientada a lograr los cambios institucionales que el país requiere.
El Ejecutivo Federal, en apego a su responsabilidad constitucional y a los nuevos instrumentos jurídicos hasta ahora aprobados por el Congreso de la Unión, ha desplegado el mayor combate frontal en la historia del país -sin simulación ni concesiones- contra el crimen organizado y sus redes operacionales.
El enfrentar a un fenómeno de las dimensiones actuales como las del crimen y sus implicaciones es tarea inacabada que requiere no sólo la renovación del esfuerzo por parte de las instituciones encargadas de la seguridad, incluidas las autoridades estatales y municipales, sino de la mayor participación de otros agentes de la sociedad, como los organismos civiles, académicos, religiosos y los medios de comunicación, a efecto de ir cerrando, comprometidamente y entre todos, la subcultura del crimen en nuestro país.
En este contexto, es pertinente aclarar que el actual diálogo no persigue fines protagónicos, ni desmerecer los procesos legales e institucionales en el diseño de las políticas públicas en materia de seguridad. Lo que sí pretende es fortalecer la participación y la vinculación con la sociedad y los diversos actores públicos y privados, así como con los tres órdenes de gobierno para, que desde su espacio de actuación diaria y desde su perspectiva, puedan contribuir con el fortalecimiento de la actual estrategia de seguridad pública y a institucionalizar muchas de las propuestas para avanzar hacia una política de Estado.
Por otro lado, se ha abierto el espacio para la discusión necesaria en todo régimen democrático, especialmente aquellos relacionados con la seguridad pública, incluyendo la creación de un nuevo modelo de policía con mando único o la incorporación de nuevas medidas fiscales en la lucha contra el lavado de dinero. Todas estas medidas deben discutirse con seriedad, responsabilidad y tolerancia.
Nada enriquece más que el diálogo y nadie puede ni debe oponerse al mismo. En toda democracia debe haber espacio para el cuestionamiento, pero también se deben establecer claramente los aspectos que compartimos más allá de visiones partidistas o de la coyuntura para mostrar nuestro verdadero compromiso con México. Más aun, cuando se trata de un renglón fundamental para nuestra convivencia social y la razón principal misma de existencia del Estado.
-COMUNICADO- | Boletín No.318-09/08/ Segob

Estado laico

Columna Itinerario Político | Ricardo Alemán
En la Corte las togas derrotan a las sotanas
Salvo un milagro —que no sería extraño en la Corte, donde parece que se han enfrentado togas contra sotanas—, la Suprema Corte dará un nuevo paso histórico —entre hoy y el jueves próximo—, en la garantía de libertades fundamentales.
Y es que para el venidero fin de semana, la Corte no sólo habrá aprobado los matrimonios entre personas del mismo sexo, sino ratificado el espíritu del artículo 121 constitucional —al validar la vigencia de los matrimonios gay en todo el territorio nacional—; confirmará que cualquier ciudadano mexicano adulto, en plenitud de derechos, es libre de ejercer el derecho de adopción, independientemente a su preferencia sexual.
En pocas palabras, que antes del fin de semana, en la Corte las togas habrán derrotado a las sotanas. Y lo anterior va más allá de una metáfora o un juego de palabras. No, lo cierto es que entorno al debate de matrimonios de personas del mismo sexo, lo que vimos fue un choque entre la poderosa Iglesia católica mexicana —a través de una ultraderecha que tiene en la propia Corte ministros con sotana, antes que Ministros del Máximo Tribunal—, y un Estado laico que está vigente —a pesar de todo—, y que fue defendido por la Corte.
Y ese, el de la vigencia del Estado laico, habrá sido el mayor logro de la Corte —y de sus ministros con toga, que derrotaron a los ministros con sotana—, en la controversia constitucional interpuesta por la PGR, y en general por la ultraderecha mexicana, contra el decreto emitido por la Asamblea Legislativa que aprobó los matrimonios de personas del mismo sexo en el Distrito Federal.
Así pues, es un hecho que el fin de semana venidero será constitucional el matrimonio gay en la capital del país, que por mandato constitucional del artículo 121 fracción IV, ese derecho valdrá para todo el territorio nacional y que, uno o dos cónyuges de matrimonios de personas del mismo sexo, podrán ejercer el derecho de adopción. Y fin de la historia.
Sin embargo, y a pesar de que la Iglesia católica sabe que tiene perdido el debate sobre el matrimonio de personas del mismo sexo, no dará “su brazo a torcer” fácilmente, y continuará con su lucha para negar la vigencia de esos derechos fundamentales. Y una prueba de ello es la reciente homilía —del pasado domingo en la catedral metropolitana—, en donde el Cardenal Norberto Rivera mandó decir a los católicos y al Poder Judicial, que esa ley “podrá ser legal, pero nunca será moral”. Además dijo que es “aberrante” el aval de la Corte a las bodas gay y que se trata de “un ataque a la familia, con intereses oscuros”.
A pesar de esa presión, los ministros de la Suprema Corte ya confirmaron la constitucionalidad de los matrimonios de personas del mismo sexo, y hoy podrían ratificar la vigencia de la fracción IV del artículo 121 constitucional, que a la letra dice: “Los actos del estado civil ajustados a las leyes de un Estado tendrán validez en los otros”. En pocas palabras, que entre los días de hoy y mañana, el pleno de la Corte votará la vigencia de ese artículo en el caso de los matrimonios gay. Y el voto será mayoritario, sea por siete votos a favor y cuatro en contra, u ocho votos a favor y tres en contra. En cualquiera de los casos, se validará que los matrimonios de personas del mismo sexo, serán constitucionales en todos los estados de la República mexicana.
De igual manera, entre el miércoles y jueves, el pleno de la Corte entrará al debate del derecho de adopción que tienen los homosexuales, sean parejas o matrimonios del mismo sexo. Esa, en realidad, es una discusión ficticia, si no es que estéril, ya que en el fondo no se trata de reforma alguna. Es decir, que cuando la Asamblea del Distrito Federal aprobó los matrimonios gay, sólo agregó a esa reforma una parte del articulado vigente en materia de adopción.
Por eso, ministros de la Corte, como el ponente, Sergio Valls, alegaron que no era materia de la controversia constitucional de los matrimonios gay, el tema de la adopción. ¿Por qué? Porque no se trataba de una reforma, sino de un derecho ya establecido. Aun así, el pleno de la Corte sometió a discusión el tema, que será debatido hacia el fin de semana. Todo indica que en la sesión del próximo jueves, con una votación estimada en siete ministros a favor, y cuatro en contra, se aprobará que los matrimonios de personas del mismo sexo tienen garantizado el derecho de adopción.
De esa manera, el Estado laico se habrá impuesto al pensamiento de una religión, la católica. ¿Y que es el laicismo? Todos lo saben; el método de convivencia de todas las ideologías, las filosofías y las religiones, bajo la premisa de que ninguna pretenda poseer más verdad que las otras. Así, la Corte determinó que por sobre la filosofía católica, en el caso de los matrimonios gay, están los derechos y las libertades de mujeres y hombres.

Crónica de la marcha por Marcela Turati


CRÓNICA
TRASBAMBALINAS DE LA MARCHA DEL SÁBADO/ DE MARCELA TURATI
Hoy a las 1:19
Hola,
A todos los que estuvieron pendientes de la marcha del sábado pasado y la apoyaron desde sus ciudades, desde sus medios de comunicación, desde sus países, desde su organización y desde su solidaridad y que nos pidieron que les contáramos la marcha, acá les mando esta reseña.
Queremos compartirles la importancia que tuvo para nosotros el sábado 7 de agosto, ese día histórico en México porque los periodistas salimos a las calles a manifestarnos en el DF y en diez ciudades del país para exigir que cesen los ataques al gremio y la impunidad, todos bajo el mismo grito 'Ni uno más'.
La movilización defeña comenzó pasado el medio día en la glorieta de El Ángel de la Independencia con el pase de lista de los 64 periodistas muertos y 12 desaparecidos en una década, y la petición de hacer silencio a su nombre.
"Es una marcha donde los periodistas mexicanos hemos renunciado a la palabra porque la palabra está en riesgo", explicó al inicio la periodista Elia Baltazar, quien fue nombrada vocera por el comité organizador conformado por periodistas treintañeros que desde las 10 de la mañana, en un café cercano, preparaban las cartulinas con las que caminaríamos.
Del Ángel arrancó el contingente, entre el que destacaba un hombre con unas cadenas alrededor de los labios y varios comunicadores amordazados que cargaban cartulinas con frases como: "Porque no queremos ser la nota", "por tu derecho a saber y mi derecho a informar", "me da rabia el silencio", "no queremos elegir entre la nota o la vida" o "nunca más un periodista en zona de guerra sin seguro social y seguro de vida".
Aunque la marcha iba a ser en silencio los periodistas demostramos que no sabemos quedarnos callados y pronto la caminata se convirtió en un festejo donde nos reconocimos todos como pares, como tripulantes del mismo barco; todos con la misma indignación por lo que estamos viviendo y la difícil situación que viven muchos como nosotros.
Ahí estábamos caminando juntos por Paseo de la Reforma los que nos oponemos a que la única opción para salir a trabajar sea usando chalecos blindados. Los que no queremos más redacciones secuestradas y obligadas a aplicarse la silenciadora mordaza. Los que no queremos que ninguno de los nuestros quede en medio de esta guerra y sea obligado a hacer propaganda de alguno de los bandos. Los que nos oponemos a que se extiendan las zonas de silencio que hay en varias regiones del país, donde se vive bajo la ley del silencio o el plomo. Quienes no queremos volver a saber de compañeros que piden asilo político. Ni encontrar sordera e impunidad cuando denunciamos las agresiones en su contra. Ni trabajar en las ‘zonas de guerra’ sin las condiciones laborales básicas para hacer un trabajo profesional. Ni vivir bajo el imperio del miedo, venga éste de donde venga. Ni decidir todos los días entre “la nota o la vida”.
Los asistentes comentaban asombrados que la marcha era inédita porque venció la histórica desunión del gremio, convocó a todas las generaciones de periodistas, a trabajadores de todos los eslabones de la prensa estaban presentes (desde las 'vacas sagradas' y los que salen en televisión hasta la tropa) y hubo gente de todas las empresas (La Jornada, Proceso, Milenio, Reforma, Canal 11, El Universal, Televisa, La Prensa, Tv Azteca, Emeequis, Excélsior, Contralínea, Canal 11, Notimex, televisoras por cable, radios comunitarias, muchos más).
Echamos de menos, eso sí, a los dueños de los medios de comunicación.
Un hecho importante es que asistieron muchos reporteros del periódico Reforma que, por primera vez, tuvieron autorización de sus jefes para salir a manifestarse a las calles a condición de no dar declaraciones y hacerlo a título personal (ya que ese medio se ha caracterizado por desautorizar las manifestaciones aunque sean a título personal y su postura desde su fundación era inamovible).Y ahí estaban los de Reforma, indignados como todos.
El padrino de la marcha, si se le puede llamar así, fue el periodista Miguel Ángel Granados Chapa, quien fue el primero que creyó en el movimiento. A pesar de que su salud desde hace tiempo es muy frágil, acompañó al contingente al principio y al final, dijo en las entrevistas que este podría ser el inicio de una toma de conciencia colectiva y lamentó que nos convocara la emergencia.
El maestro propuso cambiar el rumbo para pasar por la Procuraduría General de la República para echarle en cara su inutilidad a la hora de investigar los crímenes contra los compañeros, pero la ruta establecida no pudo ser cambiada.
Caminando junto a los reporteros, camarógrafos y fotógrafos estuvieron Ricardo Rocha, Ricardo Alemán, Humberto Musacchio, Rossana Fuentes-Beráin, Gabriela Warketin, Katia D´Artigues, Sara Lovera, Pepe Reveles, Pepe Cárdenas, Alberto Bello, Martha Anaya, Froylán López Narváez, por mencionar algunos de "los famosos", además de representantes de todas las organizaciones: la Red de Periodistas de a Pie, la SIP, Cepet, Reporteros sin Fronteras, Fundación Manuel Buendía, Prensa y Democracia, Artículo 19, Fundalex, el Sindicato de Trabajadores de La Jornada, la Comisión de DH del DF, AMARC, entre otras.
Visto a la distancia, la unión se logró gracias a que la convocatoria no llevaba membretes de organización alguna y surgió del grupo de reporteros de los de la red de a pie que se hizo llamar #Losqueremosvivos, y que ganó la confianza por lanzar una iniciativa anónima, alejada de los protagonismos, surgida de la urgencia del secuestro de los cuatro colegas en Durango, a quienes sus captores querían obligar a transmitir unos narcovideos.
La idea de la movilización surgió de una conversación que inició un par de periodistas en facebook a raíz de la toma de rehenes de los cuatro periodistas que cubrían la fuga del penal de Durango, la conversacion catártica pronto incluyó a más integrntes que pasaron a la propuesta de organizar una marcha, y a la iniciativa se fueron sumando otros reporteros que se pusieron de acuerdo por correo electrónico.
La movilización fue exitosa por lo mismo: gracias a que se apoyó en las redes sociales --principalmente Tuiter y Facebook-- porque todos de antemano sabíamos que muchos otros como nosotros también iban a asistir y todos los días confirmábamos nuestra asistencia en público.
Las periodistas Elia Baltazar y Daniela Pastrana recorrieron días antes decenas de foros de radio y televisión para explicar las razones de la marcha y discutir las condiciones de trabajo del gremio y los riesgos que enfrentamos. Ellas fueron muy generosas y valientes porque prestaron su voz y dieron la cara por todos aquellos que no podían darla porque las empresas los 'boletinan' o los meten a la 'lista negra' de periodistas problemáticos (igual que como ocurre en las maquilas).
A la marcha se sumaron reporteros llegados de varios estados, corresponsales extranjeros, familias de periodistas, muchos ciudadanos anónimos (desde campesinos de Xochimilco, estudiantes contrarios a la estrategia de seguridad hasta profesionistas preocupados por el silenciamiento de la prensa), algunos funcionarios y jefes de prensa de dependencias gubernamentales, además de integrantes de organizaciones sociales de derechos humanos que sintieron la necesidad de arropar al contingente y que querían corresponder a la cobertura que siempre se ha dado a sus actividades.
Como lo dijo Lucha Castro, la abogada defensora de las mujeres desaparecidas y muertas en Juárez: “No podíamos no estar, si con ustedes hemos llorado, si ustedes nos han acompañado, si gracias a ustedes visibilizamos los asesinatos y masacres contra las mujeres”.
O como expresaron los integrantes de la organización Familia Pasta de Conchos (surgida a raíz del accidente en el que murieron 67 mineros): “Nadie tiene que morir haciendo su trabajo, ni los mineros ni los periodistas que hacen un trabajo tan peligroso como el de los mineros y que igual que los mineros lo hacen sin seguro social, sin prestaciones, poniendo la vida”.
Los activistas de organizaciones de derechos humanos que desde el principio apoyaron la convocatoria y se convirtieron en aliados se reían todo el tiempo de nuestra inexperiencia para cargar mantas, para organizar al contingente, para tomar las calles, y decían burlones: 'Ahora si van a saber lo que se siente salir a marchar'.
Lo más curioso de ese día fue aquello de entrevistarnos entre colegas, de que muchos íbamos a marchar y a cubrir la marcha al mismo tiempo (como bien dijo un corresponsal parafraseando el refrán popular de ‘no se puede estar en la procesión y tocar las campanas’: nosotros sí estábamos en la procesión y repicando).
Hubo varios que tuvieron que pedirle a otros que les detuvieran por un momento la cartulina que cargaban para poder tomar una foto para su reportaje, o momentos en las que dos colegas iban caminando a la vez de que se iban entrevistando.
El periodista Pablo César Carrillo, quien marchó ese mismo día en el estado de Guanajuato, con 21 colegas, describió bien en su columna: “El mismo reportero que fue a gritar, fue a cubrir. El mismo fotógrafo que tomó la foto, quería salir en ella. Yo no sabía si gritar o apuntar, si argumentar o grabar, si tomar la foto o estar adentro de la foto. La protesta fue un éxito. En el DF eran más de 700 (..) En León fuimos 22 periodistas. Fue una manifestación sencilla, afuera de la PGR”.
ARMADOS DE LIBRETA Y DE PLUMA
Algunos reporteros --lo mismo de deportes, temas indígenas o policiacos-- contaron en el camino a otros periodistas las amenazas que han sufrido (ya sea de los narcos, políticos locales, caciques, policías, empresarios o paramilitares) y el miedo que alojan en el cuerpo.
Hubo sólo una mancha en el recorrido: en la glorieta a Colón aguardaba una manta que atacaba a los periodistas Ciro Gómez Leyva, Pedro Ferriz, Carlos Marín y Pablo Hiriart, a los que tachaba de “peligrosos seudoperiodistas”. Pero de manera espontánea la fotógrafa Grace Navarro y la periodista Ana Avila, apoyadas por Rossana Fuentes, desactivaron la provocación e hicieron malabares para retirar la manta.
Durante el trayecto comenzaron a llegar mensajes de los colegas de Chiapas, de Oaxaca, de Juárez, de Tijuana, de Hermosillo, de Torreón, que preguntaban cómo iba todo por acá o que informaban cómo les estaba yendo en sus estados. Algunos de ellos, días antes habían mandado correos para contar su adhesión a la iniciativa, para compartir las amenazas de muerte que han recibido, para denunciar el silenciamiento en el que viven.
Después mandaron fotos de sus manifestaciones desde las 'zonas de guerra', las silenciadas.
--¡Qué güevos de éstos de salir a marchar!—comentó una reportera de radio defeña cuando supo que en el norte también habían salido a las calles.
El momento más emocionante, en el que se hicieron nudo las gargantas, fue cuando el contingente llegó a la Secretaría de Gobernación (Ministerio del Interior), donde se colocó una manta con los nombres de 'los caídos', se dispusieron en el piso las fotos de los periodistas que nos hacen falta, a los que extrañamos, y se colocaron manchadas de rojo con nuestros instrumentos de trabajo (máquinas de escribir, cámaras, libretas) y una cruz.
Ahí estaban las fotos de las locutoras indígenas Teresa Martínez y Felícitas Bautista, de Armando Rodríguez “El Choco”, de Alfredo Jiménez Mota, de María Esther Aguilar Casimbe, de Eliseo Barrón, y de medio centenar más, presentes desde la ausencia.
En ese lugar se pasó lista a nombre de los ausentes y los periodistas comenzamos a corear, con una indignación profunda surgida desde lo más hondo de la impotencia 'ni uno más, ni uno más, ni uno más...'. Y a ese grito le siguió el silencio.
No había que decir más.
Esa fue la manera que encontramos para honrar a nuestros compañeros mucho, muchísimo tiempo después de que comenzaron los asesinatos y las desapariciones en los estados. Esa fue nuestra manera de decir que sí nos importan y que no queremos que esto siga ocurriendo. Que si callan a uno nos callan a todos.
La policía calculó que la asistencia fue de mil 200 personas, nosotros sentíamos que éramos muchos más, que éramos un chingo, que éramos uno solo y que estábamos todos los que teníamos que estar.
Cuando la manifestación acabó, y comenzamos a abrazarnos, a despedirnos, a decirnos que qué chingón, que habíamos hecho historia, que por fin rompimos la desconfianza, desde una esquina se abría paso una canción cuya letra decía:
“Cuando muere un periodista es una luz que se apaga
Que vivan los periodistas, su trabajo es muy valioso,
Los tenemos que cuidar, que por abrirnos los ojos, los tenemos que cuidar…”
Era la voz del inconfundible Andrés Contreras, “El Juglar de los Caminos”, el hombre que con un diablito de mercado transporta por toda la República una grabadora y una caja con los discos compactos con sus composiciones, con las que acompaña desde hace una década toda marcha que se precie de serla.
Aunque ‘el juglar’ ha acompañado ‘miles’ de manifestaciones y sufrido la suerte de los manifestantes, porque ha sido encarcelado 50 veces, ha olfateado los gases lacrimógenos y recibido golpizas policiacas, esta marcha le parecía distinta.
“No había visto que el periodismo en exclusivo se manifestara”, dijo sorprendido, mientras la grabadora continuaba con la letra:
“Únicamente anda armado, con su pluma y su libreta,
el periodista no carga pistola ni metralleta,
en un mundo demente desafía la adversidad,
con su pluma y su libreta, armado va de verdad…”
De ahí muchos nos fuimos a la Cantina Trasatlántica y a los bares cercanos para con-beber, comer unos tacos, intercambiar impresiones e improvisar respuestas para la pregunta que todos rumiábamos en la cabeza: '¿Y qué sigue?' ‘¿Qué más?’ ‘Ahora ¿pa’dónde?’
Ahí los veteranos que en la década de los 80 salieron a las calles para exigir el esclarecimiento del asesinato del columnista Manuel Buendía, hace 25 años, recordaban aquellos tiempos de cerrazón y decían que esta manifestación era distinta, además de que superó a la anterior en número, convocó gente de las más distintas ideologías bajo el mismo grito.
También estábamos la nueva generación, la que Gómez Leyva definió en una columna como la generación de los periodistas de la guerra, los “corresponsales en tierra propia”.
DESDE LOS ESTADOS
Nos fuimos enterando por mensajes de celular que al mismo tiempo en Oaxaca capital 100 reporteros protestaron con pancartas enfrente de la Catedral Metropolitana, en las que se leía “alto a la violencia en contra de periodistas”, “ni una agresión más contra los periodistas” y “en Oaxaca los periodistas nos queremos vivos”. (En esa entidad dos comunicadoras indígenas han sido asesinadas, recientemente una corresponsal fue baleada en la capital mientras cubría una marcha, un corresponsal secuestrado y obligado a exiliarse y un extranjero asesinado.)
En Monterrey los colegas caminaron del Palacio de Gobierno al monumento a la Libertad de Expresión, cerca de la Macroplaza. En Hidalgo, medio centenar de comunicadores y directores de medios caminaron por las calles de Pachuca. En Chiapas una treintena de periodistas se manifestaron al pie del Monumento de La Libertad, en la capital. En León acudieron 22. En Morelia, Michoacán, caminaron de la Plaza Melchor Ocampo al Centro Histórico. En Juárez, donde la nueva amenaza es recibir granadazos o ser alcanzado por artefactos explosivos, 100 colegas marcharon a la PGR.
En Tijuana, 50 editores, fotógrafos, camarógrafos y reporteros de la ‘nota roja’, de esa ciudad y de San Diego, California, se concentraron en el faro de Playas de Tijuana –elegido porque para algunos es donde inicia la patria y para otros el último rincón de Latinoamérica-- y colocaron sus plumas, cámaras y libretas en el piso; se cubrieron el rostro con el logotipo de la imagen del periodista censurado del logotipo de la convocatoria ‘Los queremos vivos’ y guardaron un minuto de silencio.
“Sin importar el miedo de ser vistos por los delincuentes, por primera vez todos los reporteros de la nota roja en Tijuana se reunieron y se unieron a la manifestación que se celebró en varias ciudades del País. El riesgo de ser ubicados por el crimen organizado era latente, sin embargo los periodistas manifestaron estar hartos de los crímenes en contra de los comunicadores y es por eso que se unieron al repudio general. El trabajar en esta fuente le ha cambiado la vida todos los periodistas del norte, en su forma de ser, a donde salen, es un sacrificio que aceptaron, pero lo que ya no están dispuestos a soportar es un asesinato más”, escribió un periodista local sobre la manifestación, quien, como muchos ha recibido amenazas de muerte por su trabajo que no puede compartir con su familia.
En Hermosillo, 200 colegas suscribieron un manifiesto en el que expresaron: “Hace cinco años, los periodistas de Sonora suscribimos un manifiesto a propósito de la desaparición de Alfredo Jiménez y del asesinato de Miriam Denise, en el que se leía hemos venido a preguntarle a todos si la vida de un periodistas es el precio que hay que pagar por escribir el relato de estos días (...) A cinco años estamos de vuelta para preguntar por nuestros muertos, por nuestros desaparecidos, por nuestras garantías. Hoy llegamos aquí una vez más unidos por lo que nos hermana, la exigencia de justicia y de respeto. Los periodistas no somos candidatos a prisioneros de guerra. No nos seduce la idea de pasar a la historia como víctimas colaterales (…) Somos periodistas y hemos de contar los que sucede. Somos si se quiere una plaga molesta. Una nube diversa de gustos y voluntades. De aficiones, simpatías y desapegos, iguales y diferentes pero juntos en la tarea que hemos elegido”.
Los periodistas también se manifestaron en Chihuahua, Sinaloa, Xalapa, Acayucan, Torreón… Otros, como los colegas de Tamaulipas, no pudieron darse el lujo ni de intentarlo.
VOCES SIN MEBRETES
En el Distrito Federal, al final de la marcha, de camino a la cantina, al automóvil o al metro se escucharon comentarios que ayudan a entender lo que para todos significó esa manifestación espontánea, urgente, inédita, cargada de dolor, de rabia y de esperanza.
En la calle se abrieron paso voces (sin membretes, como indicaba la convocatoria) como las que siguen:
“Cuando arrancó la marcha me puse a llorar, tengo 17 años de ser tropa como todos, es emocionante hacer algo conjunto, hacer algo porque siempre los reporteros de los estados han sido ninguneados, han trabajado desprotegidos, ninguno usa un escudo, por eso es bueno que se visibilice, que se hable de ellos” (Cecilia González, corresponsal).
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“En esta marcha silenciosa que se convirtió en fiesta, un 35% de los participantes eran reporteros, había también funcionarios, jefes de prensa, gente solidaria y uno que otro ultra. Hubo folklor. Antes se hacían reuniones en el monumento a Zarco, e iban pocos, no llegaban a 50, esta fue plural, vino gente de todos los medios, ahora no sólo se aparecieron los medios que tienen sindicato como siempre lo habíamos visto, ahora vimos gente de Excélsior, de La Prensa, de Milenio, de El Universal, del Sol de México, de Reforma, de todos lados” (Humberto Ríos Navarrete, cronista)
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“Para ser una primera marcha de periodistas convocada por periodistas fue un éxito. Algo bastante significativo que después de tanto tiempo y tantos asesinatos los reporteros, fotógrafos, camarógrafos hayan decidido salir a la calle. El caso de los 4 reporteros secuestrados fue la gota que derramó el vaso porque ya había muchos antes. Esto fue algo inédito, que haya acudido tanto reportero significa que cada vez son más sensibles a la situación. Estas marchas tendrían que ocurrir siempre que se mata o desaparece a un periodista, porque siempre las organizaciones internacionales se preguntan qué pasa en México que los periodistas no reaccionan”. (Balbina Flores, Reporteros Sin Fronteras)
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“Mi mamá es periodista, ¡cuídenla!”(letrero que cargaba Artemisa, ‘la celulita’ en su carreola)
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“Quería chillar cuando se pusieron a gritar ‘ni uno más, ni uno más’, todos los gueyes de todos los lados. Yo no pienso como muchos de estos cabrones que vinieron, pero el pedo es que estamos en el mismo barco, si le parten la madre a uno nos la parten a todos. Tenemos que defender el periodismo aunque algunos hagan un periodismo de mierda, aunque no concuerde con la forma en que algunos lo hacen, pero hay que defender la libertad de expresión y desearle larga vida al periodismo mexicano.
Lo que más valor es que logramos romper la inercia de desconfianza dentro del gremio, porque hubo gente de Proceso, Reforma, La Jornada, Televisa, el Once, que creyeron que era un asunto nuestro, que compete a los periodistas”.
(Luis Guillermo Hernández, reportero de televisión, el autor de la idea de convocar a una marcha)
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“Me parece interesante porque es la única vez que recuerdo que los periodistas se unan por una causa común, propia, y las figuras que vinieron se pusieron a la altura. Hubiera sido padre que vinieran más”. (Rocío Bolaños, televisión)
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“A todos nos toca la violencia, en plazas como Tamaulipas o Monterrey, donde a la gente le gusta mucho el béisbol, sabemos de compañeros a los que los obligan a publicar notas de hijos de narcos que quieren que se destaquen en los diarios, privilegiando información sin valor para servir a intereses de unos pocos”
(Ricardo Thomas, reportero de deportes)
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“Si bien la situación en el norte es lamentable, es importante voltear a ver al sur del país donde los que están atentando contra la libertad de expresión aparentemente son del crimen organizado, pero sobre todo lo vemos con los poderes fácticos, los líderes de movimientos, los caciques, los paramilitares” (Patricia Briseño, corresponsal llegada desde Oaxaca).
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“¿Y los dueños, dónde están? Si se han unido para sacar iniciativas unidas como Teletones y otras cosas, por qué no pueden unirse para sacar iniciativas que protejan a sus trabajadores, de lo que ellos viven, de lo que les deja ganancias. Aunque los que estamos aquí somos de distintos medios, somos competencia y tenemos diferencias, estamos por un objetivo, decir: “Ya estuvo, queremos seguir contando historias, pero no vamos a poder si siguen levantando o asesinando periodistas’, queremos ir a hacer historias y regresar con vida, pero nos comenzamos a censurar porque tenemos miedo”. (Alejandro Almazán, cronista)
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“El narco se te atraviesa en cualquier tema, hasta cuando haces reportajes sobre los pueblos indígenas. Cuando estábamos en una comunidad de Sonora entrevistando llegó una camioneta, se bajaron dos tipos con dos ametralladoras y se colocaron detrás de mí, dijeron ‘buenas tardes’, y ví cómo mi entrevistado bajó la cabeza, y los ocho de mi equipo, y no sabes si callar o seguir preguntando, intentas actuar normal, pero no sabes si vas a salir vivo, ese acoso es terrible. El miedo es terrible, como si te incrustaran sereno, rocío en la piel, se te eriza” (Mardonio Carballo, radio, televisión, prensa escrita)
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"Llegamos tarde, pero no podemos lamentarnos, tenemos mucho por hacer" (Ricardo Rocha, conductor)
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“Es muy simbólico que esté presente gente del corporativo Reforma, como ex trabajadora de Reforma sé lo que significa. Aquí hay periodistas de todos los medios, las generaciones y todos los niveles porque nos unió algo: el derecho a informar y a estar informados. Hay una conciencia de que hay un mínimo común básico compartido por todos, desde los mismos empresarios hasta los trabajadores de la calle: tenemos derechos a informar y a recibir información” (Ivonne Melgar, columnista y reportera multimedia)
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“Es una marcha muy valiente, muy plural donde por hoy nos quitamos el bozal. Era intergeneracional, multimedia y después de todo lo que escribimos no había que decir nada, sólo guardar silencio. Mostramos un filón de que nos da vergüenza este país, y nos autocensuramos muchas veces, otras veces no tenemos espacios dónde publicar. Este no será el principio de nada como gremio, más que decir ‘basta’” (Sara Lovera, fundadora de una agencia de noticias y periodista independiente)
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“Me han amenazado varias veces, la última vez fue en el Estado de México, cuando regresaba de hacer un reportaje de La Familia, dos camionetas me detuvieron en el carro, en la autopista México-Puebla, se bajaron cinco cuates, me pusieron una pistola en la cabeza y me dijeron: ‘Le bajas de güevos o te partimos la madre’. Esa fue la peor. Otra fue en Nuevo Laredo, fueron ‘Los Zetas’, te preguntan a donde vas, a qué fin, y te dicen ‘aquí no se habla de esto’, y si se habla hasta ahí llegaste. Así como han matado a esos periodistas, nos puede pasar a nosotros, más cuando tienes amenazas de muerte. Por eso teníamos que venir, más ahora que nadie nos respeta, en lar marchas te andan madreando, buscando cualquier pretexto para insultarte, para golpearte, y tenemos que poner un alto a la impunidad” (Raúl Flores, reportero de tele).
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“En mi periódico publicamos la convocatoria a la marcha y el gobierno nos castigó retirándonos publicidad” (anónima, directiva de un diario del interior del país)
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“Espero que haya un principio de unificación, aunque sea mínimo, para tratar de protegernos de este desmadre de la guerra del narco que se va a seguir radicalizando sin regreso” (Jorge Medellín, reportero y bloguero)
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“Lo importante en esta fue una suma, no hubo membretes, esto lo distingue de las otras, y también que las nuevas tecnologías están refrendando la participación social”
(Omar Raúl Martínez, presidente de la Fundación Manuel Buendía)
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“(Para protegernos) lo primero que tratamos de hacer nosotros siempre (en el periódico El Noroeste, de Sinaloa) es de dejar claro es que todo se podía publicar, la duda no era qué sino cómo. Lo otro es que se viera como una acción del medio de comunicación y no como un asunto personal del reportero, por eso rotábamos a los reporteros por distintas fuentes para que no lo tomaran como personal de parte de alguno, y eso tenía sus pros y sus contras, también en algunas notas que no firmaban los reporteros veíamos que no eran tan rigurosos como las que sí llevaban su firma. Dejábamos claro que quien se metía con uno se metía con todos (…) Un día le amenazaron a un reportero, Ismael Bojórquez (que luego fundó el valiente semanario Rio12). Después de meditarlo lo envió un mes a hacer un trabajo periodístico trascendente en otra zona del país, para que regresara con una medalla. Y lo logró. Entrevistó al SubComandante Marcos, en Chiapas, y el periódico desplegó su entrevista. El mensaje fue claro: ‘No anda escondiéndose, anda trabajando y su trabajo es muy valioso para nosotros’. Lo que cuento no pretende ser una receta, cada medio tienen que aplicar sus medidas de seguridad según sus circunstancias”. (Manuel Clouthier, político y ex director del Noroeste, de Sinaloa)
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“Me preguntaba si esta marcha hará historia. En realidad es una muestra de enojo, desesperación, ira porque se nos acumuló y de todos modos no encontramos respuesta institucional. Me parece triste que tengamos que ir a la calle a exigir los derechos, cuando lo que tendríamos que estar haciendo es escribiendo para informar.
Lo que tendrá que seguir es que en delante aprovechemos la atmósfera de solidaridad para empezar a construir mecanismos propios para nuestra defensa y ser interlocutores con quienes no nos hacen caso, los gobernantes, los legisladores y los patrones”. (Rogelio Hernández, veterano desde 1974 de las agrupaciones en defensa de los derechos de los periodistas)
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“No sé si el éxito de la convocatoria se debe, además de la indignación general (por lo muertos y por las condiciones laborales en general, por los despidos y reducciones de prestaciones), a la convocatoria anónima, sin protagonismos, y a que, a diferencia de los dueños y directivos que se la han pasado peleándose y que tiene intereses comerciales definidos, los periodistas sí nos hemos estado organizando desde hace varios años, hemos organizando y tomando cursos de capacitación, hemos buscado salidas a nuestro trabajo en libros y discusiones de café... es decir, aquí hubo un trabajo previo de muchas redes de periodistas que se activaron para la difusión y organización. Fue fundamental en el resultado final” (Daniela Pastrana, corresponsal)
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“Ya salimos, dimos la cara, nos prometimos juntos, mejores, más profesionales. Ahora habrá que cumplirlo. Recién recuperado nuestro derecho a hablar, a manifestarnos y protestar, también necesitamos recuperar nuestra capacidad para proponer, para imaginarnos mejores prácticas, para hacernos de nuevas herramientas, de estrategias más efectivas que nos permitan llevar adelante nuestra labor, sortear la violencia y combatir el silencio, la impunidad, la corrupción. No hay que esperar que nos digan qué hacer. En solitario, en pequeños grupos, en organizaciones o redes, y hasta entre amigos, hemos compartido ideas, discutido posibilidades, soñado soluciones. Hace falta trasladarlas al papel. Reflexionarlas. Compilarlas. Trabajarlas. Compartirlas. Discutirlas. Y, por último, empujarlas allí donde debamos. Juntos (…)Ahora hace falta construir los espacios de reunión, encontrar nuestros ámbitos naturales para actuar, para participar y construir. Comencemos entonces por pensar, por imaginar juntos el periodismo que queremos y las condiciones que merecemos. Hay que empezar, entonces, por proponer para actuar. Porque de aquí en adelante, no podemos volver a ser los mismos”. (Elia Baltazar, periodista, bloguera, tuitera, editora)
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La esperanza se sigue reflejando en las redes sociales, en los mensajes que seguimos recibiendo en nuestros correos electrónicos, en las columnas que siguen publicando los diarios sobre el papel de la prensa en estos momentos.
Y desde el sábado en eso estamos todos pensando: ¿Y ahora qué sigue?
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PD. Esta reseña intenta convidarles a ustedes de lo que vivimos en el DF, para agradecerles por acompañarnos desde sus ciudades, sus países, sus organizaciones y sus medios, en esta aventura colectiva. Ya les avisaremos cuáles son las respuestas que vamos improvisando a la pregunta de qué paso sigue dar. Esperamos que nos ayuden a construir la respuesta.
El correo del movimiento es losqueremosvivos@gmail.com, pueden mandarnos crónicas de cómo lo vivió cada quien para armar una memoria colectiva y propuestas de hacia dónde podemos caminar.
Gracias, un saludo desde México

La marcha de los periodistas


La marcha de los periodistas. Con eso ganamos todos, escribió Martha Anaya
Ejecentral.com. August 9, 2010 —
Martha Anaya / Ejecentral.com.
Al pié del Ángel (de la Independencia), en su sillita desplegable, Miguel Ángel Granados Chapa veía –no sin asombro– cómo llegaban más y más periodistas. Eran las doce del día. Puntual, como siempre, aguardaba el inicio de la inédita marcha.
-¿Por qué estar aquí este día, en esta marcha?
-Porque es necesario que estemos juntos…, ojalá fuera en circunstancias menos lastimosas.
-¿Cuál es el propósito de la marcha?-, le interrogó una joven reportera.
-No sé cuál es el propósito –repuso–. Más que un propósito es un objetivo, es un hecho: el inicio de una toma de conciencia.
Allá van llegando Luis Javier Solana, Joel Hernández y Miguel Badillo. Se acercan José Cárdenas, Rossana Fuentes Berain, Ricardo Rocha, Gabriela Warketin, Ricardo Alemán, Leopoldo Mendivil, Froilán López Narváez, Ignacio Rodríguez Reyna, María Idalia, Gonzalo Álvarez del Villar, Beatriz Reyes Nevares, Humberto Musacchio, Rubén Álvarez, Roberto González Pérez, Sofía Miselem, Rogelio Hernández, Carole Simonet, Jorge Medellín, Elías Chávez, Luis Guillermo Hernández, Daniela Pastrana, Evangelina Hernández, Laura Simón, Federico Campbell, Sofía Miselem, Nidia Marín, Víctor Hugo Michel, Andrea Merlos, Claudia Salazar, Ariadna García, María Félix, Ethel Riquelme, Fred Álvarez, Estela Livera, Raquel Flores, Lesli Gómez, Jazmin Alessandrini, Luis Pavón, Alberto Morales…
Unos traen mantas y carteles: “No a la prensa silenciada”, “Sin periodistas no hay información”, “No queremos ser la nota. Los queremos vivos”, “Por nuestro derecho a saber y el derecho a informar”, “Porque hay silencios que aniquilan… el de la prensa es mortal”, “Matando a un periodista, no se mata la verdad”.
Cámara al hombro, Epigmenio Ibarra va de aquí-allá. Sabe muy bien lo que es cubrir conflictos armados, guerras en las que se pierden compañeros y sabe también lo que significa luchar por la labor de los periodistas. Juan Manuel Villalpando va twitteando en cada tramo la marcha de los periodistas. Fotógrafos y camarógrafos toman y graban a sus propios compañeros.
Vuelvo la vista hacia atrás en el camino. La marcha cubre ya por completo el tramo del monumento a Colón a la palmera de Niza. “¡Somos un chingo!” Todos estamos anonadados. Ninguno esperábamos ser tantos los asistentes a la marcha.
Daniela Pastrana y Luis Guillermo Hernández no dan crédito a la convocatoria que ellos mismos iniciaron a través de Facebook:
“Estoy –diría ella horas después desde el Face–maravillada de ver en la marcha a periodistas de todas las generaciones, de todas las camisetas, de todas las trincheras… estaban ahí los de mil batallas, los escépticos, las periodistas, las “vacas sagradas”, los veteranos y los de a pie. Hoy se rompió un paradigma en México y ya con eso, ganamos todos”.
-Salió de los cientos y cientos que contó la policía, la que dijo “son mil 200″ cuando la caravana avanzaba desde el Ángel con su movilización de pocos precedentes. Salió de entre las pancartas, de entre las mantas, de entre las gorras, de ese silencio que se convino blandir como protesta, como indignación, como manifiesto de hartazgo pero también de humildad: “perdón, a cada uno de nuestros colegas muertos, por no haber salido a la calle hace 10 años, cuando cayó el primero de los nuestros”. Salió de la certeza de que “juntos, nos salvamos”-, diría a su vez Luis Guillermo.
Rogelio Hernández se ve emocionado ante la convocatoria. Recuerda algo semejante cuando mataron al periodista Manuel Buendía –columnista entonces de Excélsior–, en 1984. Hace más de 25 años.
Carteles grabados con los rostros de los más de sesenta periodistas asesinados en los últimos diez años, se alzan sobre las cabezas de los colegas: “Ricardo Rincón Taracena. Periodista muerto. Villa Hermosa, Tabasco. 20/01/07”, “Teresa Bautista, Felícitas Martínez. Periodistas asesinadas. San Juan Copala, Oaxaca. 7 de abril, 2008”. Imágenes, lugares y fechas se suceden.
Manuel González Arizpe narra a Granados Chapa lo ocurrido con Jesús Lemus Barajas, del Tiempo de La Piedad, Michoacán; periodista detenido y encerrado ahora Puente Grande, Jalisco. El maestro de periodistas quiere que la marcha se detenga frente a la Procuraduría General de la República, “ellos tienen una fiscalía para periodistas, ¡que cumplan”, expresa.
Humberto Aranda tiene otra razón para marchar: el “robo” de las cooperativas La Prensa y Excélsior. Eso, afirma, “también es delincuencia organizada”. Volantes sobre el tema se reparten en el camino.
La marcha llega hasta las puertas de Gobernación. Elia Baltazar, de la organización “Periodistas de a pie”, dice: “No venimos a tumbar puertas, no venimos a entregar nada; venimos a exigir justicia por nuestros compañeros muertos”.
Se hace un minuto de silencio y se canta el himno nacional en torno a una máquina de escribir portátil y las decenas de carteles que cruzaron del Ángel para acá. Los periodistas nos miramos, nos reconocemos…, parecemos mirarnos de otra manera.


Mejor investigar que protestar en la calle, dice Carlos Ramírez
INDICADOR POLÍTICO
Carlos Ramírez
Lunes, 9 de agosto de 2010
* Narcotráfico: se les fue la nota .
* Periodistas con miedo, no útiles.
A la memoria de Fidel Samaniego, un reportero de trincheras
Cuenta la leyenda urbana periodística que un día un aspirante a reportero acudió a solicitarle empleo a uno de los directores del The New York Times. El veterano periodista lo miró de arriba abajo y le pidió que fuera a una tienda a dos cuadras del diario a comprarle cigarros.
El aspirante cumplió la tarea pero en el camino fue pensando cómo botarle la solicitud en la cara al editor. Como periodista en crecimiento, necesitaba experiencias serias, no de mandadero. Al regresar con los cigarros y antes de que pudiera explotar, el editor le dijo:
-Siéntese en aquella máquina de escribir. Y quiero que me haga una descripción periodística de lo que vio en el camino a comprar mis cigarros.
Los periodistas mexicanos están enojados. Y con bastantes razones: han matado a varios de ellos, otros fueron secuestrados y hay varios desaparecidos, además de algunos zarandeados en la cobertura de asuntos vinculados a la violencia del crimen organizado. Pero la verdad es que a los periodistas se les está escabullendo la nota entre los dedos de la mano: prefieren protestar que escribir, fotografiar, editar y denunciar.
En los años de la represión mexicana, a un reportero novato lo enviaron a cubrir una manifestación de estudiantes, allá por los años setenta. La marcha fue reprimida por la policía y el reportero pasó unas tres horas lidiando, en separos policiacos, por identificarse con los jefes policiacos para que lo dejaran salir libre. Una vez que lo logró, llamó a su jefe de información y le contó el incidente. El reportero veterano le dijo que escribiera lo que vio dentro de la prisión, los nombres de los detenidos y el cargo de los funcionarios. Al reportero novato se le fue la nota: lo periodístico no era su aprehensión sino la recopilación de datos sobre la realidad de la represión.
El periodista italiano Roberto Saviano publicó un extraordinario reportaje sobre la mafia italiana: Gomorra. Además de un éxito editorial, el trabajo le acarreó amenazas de muerte de los mafiosos. Y desde 2006 vive escondido con una guardia policiaca permanente. Además de algunas quejas propias de su autodesaparición forzosa, Saviano le dedica la mayor parte de su esfuerzo a seguir denunciando al crimen organizado.
En Rusia, la periodista Anna Politvóskaya fue asesinada en 2006 por los servicios secretos del Estado ruso por sus severas críticas al entonces presidente ruso Vladimir Putin. Desde 2007, el caricaturista sueco Lars Vilkis vive escondido por las amenazas de muerte en su contra por los radicales musulmanes que no le perdonarán la vida por haber criticado a Mahoma.
A finales de los años setenta y principios de los ochenta, el periodista Manuel Buendía se dedicó a revelar identidades de la CIA y a denunciar al crimen organizado. En 1984 comenzó a recopilar datos sobre la corrupción policiaca y política y gubernamental por complicidades con el narcotráfico. A pesar de que amigos y enemigos le insistieron en lo peligroso de la tarea, Buendía estaba comprometido con su convicción del periodismo de lucha. Si el atentado que lo asesinó hubiera fallado, sin duda que Buendía no habría pensado en protestas contra el gobierno y contra el Estado ni exigido escolta personal sino que hubiera continuado su denuncia.
La nota, como se dice en el argot periodístico, no ha sido la agresión contra los medios sino la violencia del narco contra la sociedad. El tono de queja y protesta de los periodistas, en el caso de los camarógrafos secuestrados en Durango hace unas semanas, se ha enfocado contra el Estado y el gobierno, sin que haya hasta ahora el gran reportaje audiovisual contra el crimen organizado en la plaza. En la marcha a favor de los secuestrados, el pasado sábado, no hubo reportajes de denuncia sobre la corrupción criminal en el sistema penal de Durango, sino gritos exigiendo seguridad.
El periodismo es el oficio más peligroso del mundo y el peor comprendido. En las guerras -ahí está la cobertura en Vietnam revelada por Tom Wicker en De la prensa, por la prensa y para la prensa- siempre se ha tratado de engañar a los medios. En Vietnam los medios anduvieron sueltos porque no eran objetivo de guerra. En Irak, en cambio, los terroristas secuestran y asesinan periodistas como una forma de debilitar la cohesión social en Estados Unidos. Ahí está, como ejemplo, el asesinato despiadado del periodista Daniel Pearl, del The Wall Street Journal. Los corresponsales en Irak y Afganistán no tienen más que dos escenarios: o trabajan por la libre y por tanto sus textos son reveladores de la verdadera guerra o prefieren andar, con casco y chaleco antibalas y algunos con pistolas al cinto, dentro de los camiones del ejército de EU pero dando sólo la óptica oficial del conflicto. A estos últimos se les llama embedded o empotrados, aunque en una traducción libre y juguetona se puede caracterizar -por la palabra bed- como encamados.
La función del periodista es siempre incómoda: queda atrapado, sin remedio, en medio de los conflictos para poder narrar-contar-revelar-denunciar-criticar sin las complicidades que da la corrupción el miedo. Los que no quieran riesgos tienen la opción de cubrir las noticias deportivas, de espectáculos o de sociales.
www.grupotransicion.com.mx carlosramirezh@hotmail.com
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Me resulta innecesario “salir a las calles convocados quién sabe por quién”: Rafael Cardona.
El Cristalazo
Porqué no fui a la marcha
Rafael Cardona | Opinión / Crónica de hoy
Lunes 9 de Agosto, 2010
Si esta profesión permite, entre otras cosas, publicar convicciones, puntos de vista, opiniones, pensamientos reflexivos; análisis políticos, memorias, sinsabores, emociones, datos, alabanzas, condenas, proclamas propias y ajenas, entonces los periodistas no necesitamos salir a las calles a protestar como si fuéramos encuerados de los “400 pueblos”.
Si somos periodistas digamos nuestra verdad en los espacios disponibles. Y si no los hay, construyamos esos espacios, editorialmente, pero también políticamente.
Pero salir a las calles convocados quién sabe por quién, en coincidencia de la convocatoria del gobierno para formar parte de su estrategia contra la delincuencia organizada, acuerdo convenido con los dueños de los medios, no con nosotros los “de a pie”, a mí me resulta innecesario. Y además de inútil, ofensivo para algunos a quienes se ofendió en plena euforia contestataria y urbana, y paradójico para todos, como se vio el sábado.
“Los queremos vivos”, gritaban. Yo también quisiera vivos a muchos, empezando por mi inolvidable padrino Manuel Buendía cuyo asesinato ocurrió sin saberse hasta hoy cuál fue el móvil del crimen, lo cual no impide ver por la banqueta a su asesino, de paseo por el mundo con su secreto a cuestas.
También me gustaría ver vivos a los sesenta y tantos colegas por cuyas vidas hemos pedido no de ahora sino desde hace años en todos los foros posibles y en las asociaciones gremiales existentes. No hay otras. Quisiera ver el avance de las investigaciones, si éstas al menos existieran y así se lo hicimos saber algunos (apenas el miércoles pasado en su oficina) al fiscal especial de la PGR para la atención de asuntos relacionados con delitos contra periodistas.
Pero volvamos a la marcha.
Si nos atenemos a la convocatoria, al defender la seguridad de los periodistas en su ejercicio profesional, se impiden los obstáculos a su labor y se beneficia a toda la sociedad, pues el periodismo es la expresión organizada, legalmente vertebrada; institucionalmente responsable; socialmente válida de la vigencia de una libertad pública fundamental; la de expresión, con sus inseparables componentes de libre información, opinión y pensamiento crítico. Emitir y recibir información verosímil, sustentada, legal y profesionalmente.
Si tuviéramos un pensamiento genuino de gremio, cuanto le ocurre a un periodista les ocurre también a los demás. Quien calla una voz, disminuye todas las demás, dicen.
Por eso los periodistas no podemos tolerar la censura o la inquisición sobre nuestro trabajo ni cuando son otros quienes la sufren. Por eso defendemos nuestras independencias aun cuando éstas sean tan relativas como la virtud. Pero si la entera libertad es una utopía, al menos la utopía no es una locura. Es un anhelo.
Visto así el asunto, resulta hasta gracioso (además de grotesco) enterarse de cómo en la marcha se cometieron varias agresiones entre quienes se suponían fraternamente convocados para enfrentar un mismo peligro. Como yo no estuve ahí no lo puedo relatar. Prefiero citar la crónica de Humberto Ríos, reportero de Milenio a quien conozco desde hace muchos años como para otorgarle pleno crédito a sus textos.
“...Y ahí van. En el camino se adhieren más. En la glorieta a Colón aparece una manta, enmarcada con el letrero ‘Se buscan’ y abajo las fotografías de los periodistas Ciro Gómez Leyva, Pedro Ferriz, Carlos Marín y Pablo Hiriart, y abajo, una inscripción ‘Peligrosos seudo periodistas, integrantes del Cártel (desinformativo) del Milenio y asociados’. En la parte inferior: ‘Recompensa, el bienestar de millones de mexicanos’.
“Hay quienes reprueban el hecho. Es otra protesta silenciosa con ceños fruncidos y expresiones de extrañeza. ‘¿Viste?’, pregunta un reportero. ‘¡Qué mamadas son esas!’, dice y mueve la cabeza, como muestra de rechazo. Surgen preguntas. ¿Quiénes la colgaron? ‘El cártel de los ultras’, reflexiona otro.
“Las periodistas Grace Navarro, fotógrafa, y Ana Ávila, reportera, apenas logran desatar y quitar la manta, pues, como los demás, consideran el panfleto como una provocación. ‘Se supone que estamos para ser solidarios, no para arraigar el encono’, exclama Ávila, quien añade que se trata de una situación ‘muy violenta’ por parte de quienes pusieron el letrero.
“Una pareja, hombre y mujer, se acercan a ellas y preguntan la razón por la que desatan el letrero. ‘Porque es una manifestación de los periodistas y no tenemos que permitir una manta contra ellos’, responden Grace y Ana. La mujer les reprocha que sean ellas las ‘intolerantes’, porque mientras luchan por la libertad de expresión, dicen, no permiten expresarse a los demás.
“Luego enrollaron la manta y se la entregaron a un policía preventivo, quien metió el lienzo en una patrulla. En ese momento —relatarían Ana y Grace— llegó la analista y conductora Rossana Fuentes Berain, quien reclamó a los policías por el hecho de haber permitido poner ese tipo de letreros, pero no le hicieron caso”.
Y como remate le entrego esto. Un colega me hizo favor de enviarme estas pocas líneas en cuya brevedad luce la precisión analítica sobre el rol solicitado por el Presidente a los medios.
“Por si ve usted al Presidente —me dice—; un recordatorio:
“La mejor garantía para la libertad es su ejercicio pleno. El garante del tal ejercicio es el Estado (con mayúscula). El responsable de las condiciones para tal ejercicio es el gobierno. La responsabilidad de gobierno recae en el titular del Ejecutivo. Lo demás es limitación de la libertad, para empezar por la de expresión.
“Desde el Campo Marte. En el nombre del Padre, de Emilio, Norberto... Saludos”.
racarsa@hotmail.com
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Tras la marcha, evitar que se beneficien el periodismo de elite, los conductores electrónicos y columnistas del oficialismo, advierte Julio Hernández López
Astillero / La Jornada
Julio Hernández López
* Periodistas en marcha
* Enójense los polis y...
* Dia visita a FC
* ¿Malovazo en Guerrero?
Aun cuando no está en sus propósitos la creación de una estructura formal de defensa de periodistas, e incluso se corre el riesgo de que esta primera acción quede como un simple asomo sin seguimiento ni logros inmediatos, la manifestación pública realizada el sábado anterior, en la capital del país y en otras ciudades, tuvo la gran importancia de hacer visible la inconformidad y preocupación del gremio de los trabajadores de los medios de comunicación por los riesgos, amenazas y agravios que sufre, en el contexto de la llamada "guerra" contra el narcotráfico, y por el evidente abandono institucional en que se mantiene la protección del ejercicio de una actividad cuya importancia es creciente en cuanto la oscuridad y densidad de los acontecimientos nacionales requieren mejores y mayores suministros de información, análisis y contexto.
La disposición de un buen número de periodistas para marchar y hacer públicas algunas posiciones conjuntas es ya, de entrada, un avance notable, y es de esperarse que sea el anuncio de un activismo similar ante la previsible continuidad de los ataques provenientes de los poderes reales (el narcotráfico y sus contrapartes gubernamentales) y la desidia oficial para prevenirlos y castigarlos. La movilización de este sábado debe evitar que el beneficio político quede en manos del periodismo de elite, de los conductores electrónicos y columnistas del oficialismo cuyos intereses y medios de protección son otros, y de los empresarios mediáticos a los que sólo interesan los negocios.
La protesta sabatina será trascendente si no se queda en el inmediatismo y si logra articulación política, pues una de las trampas del sistema es estigmatizar lo político, como si ello fuera sinónimo de electoral o partidista: los periodistas necesitan hoy organización con sano sentido político, para darle sentido a la lucha y evitar la volatilidad amorfa. Sólo así se tendrá capacidad de respuesta frente a los problemas de fondo y no sólo ante un confuso y manipulado caso específico que ganó presencia masiva por haber involucrado a la televisora de mayor control nacional y a su asociada versión impresa. De otra manera, se estarían reproduciendo inocuas formas de desahogo insustancial, como sucedió con las masivas marchas de blanco virtualmente convocadas por las televisoras para "protestar" por la inseguridad pública.
Por desgracia, el entramado institucional que debería escuchar esas demandas no está en condiciones de hacerlo. FC no halla cómo zafarse de las trampas que se puso a sí mismo convocando a un diálogo selectivo que le ha resultado inmanejable. La fiscalía federal de atención a problemas de periodistas es una burla burocrática inservible y la CNDH está más preocupada por ofrendar la cabeza de un funcionario de tercer nivel a los soberbios berrinches de quienes explotaron porque esa comisión había reproducido la información del peculiar secuestro de tres periodistas en Gómez Palacio, y porque había expresado una condena pública a tales hechos que los directivos de los medios involucrados estaban negociando en otros términos.
No hay quien pueda atender, prevenir y resolver, si se atienden los términos de la acusación con plena autoridad técnica que contra los simulacros de guerra al narcotráfico han hecho centenares de policías federales asentados en Ciudad Juárez a quienes sublevó la detención y consignación tramposa de uno de sus compañeros, lo que les llevó a un insólito enfrentamiento con algunos de sus propios jefes, a los que acusaron de estar en permanente arreglo con determinado cártel, de utilizar recursos y operaciones policiales para combatir a unos y ayudar a otros, de sembrar falsas pruebas a ciudadanos inocentes, de quedarse con dinero, armas y droga supuestamente decomisadas y de lanzar a esos uniformados a las calles a extorsionar y a cumplir órdenes facciosas. Enójense los policías y díganse las verdades. El mejor juicio sobre la falsa guerra felipista al narcotráfico ha sido pronunciada en su plaza más caliente, de labios de sus ejecutores con más experiencia.
Astillas (…)
Fax: 5605-2099 • juliohdz@jornada.com.mx
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