18 jul 2015

Los mexicanos, espiados hasta en la cocina

Los mexicanos, espiados hasta en la cocina&Reportaje
JORGE CARRASCO ARAIZAGA Y MATHIEU TOURLIERE
Revista Proceso 2019, 11 de julio de 2015
Durante años el gobierno mexicano ha usado una poderosa herramienta cibernética para espiar a los ciudadanos. En teoría nadie escapó al fisgoneo de sus cuentas de correo, redes sociales, llamadas telefónicas, mensajes de texto. Y esa herramienta la maneja una compañía, Hacking Team, que tiene entre sus clientes, además de la federal, a muchas administraciones estatales. Pero la empresa del superespionaje fue espiada y vulnerada, así que la información ilegal –política, financiera e incluso personal– de sus espiados está ahora al alcance de casi cualquiera en internet.
El ataque cibernético en contra de la empresa italiana Hacking Team –asunto que se hizo público el domingo 5– fue catastrófico para el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto y una docena de gobernadores. La intervención y filtración de las bases de datos de la empresa productora de programas y desarrollos informáticos puso al descubierto que desde el sexenio pasado las autoridades mexicanas espían a sus ciudadanos.
Aunque la información se refiere sólo a una empresa proveedora de ese tipo de software, las bases de datos hackeadas (es decir, vulneradas, descifradas y robadas) demuestran la intensidad de los gobernantes mexicanos en materia de espionaje. La referencia principal es que, hasta antes del ataque, México era la principal fuente de ingresos de Hacking Team. Por entidades, el Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen) era su tercer cliente más importante en el mundo.
La puerta de entrada de Hacking Team a México fue el propio Peña Nieto. Cuando era gobernador del Estado de México, su administración contrató en 2009 a esa empresa de Milán. El propósito fue equipar a los Cuerpos de Seguridad Auxiliares del Estado de México (Cusaem) con un software que le permitiera hacer el seguimiento de personas, instituciones y organizaciones consideradas “objetivos” de su gobierno.


Computadoras, teléfonos celulares y otros dispositivos, cuentas de correo, redes sociales, contactos, mensajes escritos o de voz, chats, conversaciones por Skype, imágenes… toda la información de esos “objetivos” ha sido hurgada desde entonces no sólo por el gobierno del Estado de México, sino por el federal y, desde hace dos años, por otros gobiernos estatales y hasta por Petróleos Mexicanos (Pemex).
 Abierto así el camino en México, Hacking Team es desde hace seis años proveedor del gobierno federal, y desde hace dos, de una creciente lista de administraciones estatales.
 El principal producto que han comprado es un potente sistema llamado Remote Control System, capaz de penetrar de manera simultánea “miles” de celulares y computadoras, desde donde infiltra las cuentas personales en Facebook, Google, Yahoo, Gmail, etcétera, para extraer imágenes, correos, chats y mensajes de texto con archivos adjuntos de voz. También puede extraer datos y multimedia y hacer inútil la encriptación.
 Con México como uno de sus principales compradores, hasta antes del ataque cibernético Hacking Team tenía planeado expandirse. Para octubre próximo está anunciado como uno de los patrocinadores del encuentro internacional Telestrategias, que se realizará en la Ciudad de México organizado por ISS World Latin America, empresa dedicada a los sistemas de apoyo de inteligencia para intercepción legal, vigilancia electrónica y obtención de ciberinteligencia.
 Pero más importantes eran las intenciones de compra que le habían manifestado tanto el gobierno federal como algunos estatales, una vez que pasaran las elecciones del pasado 7 de junio.
 Tierra de oportunidades
 En el gobierno federal, los programas de la empresa italiana han sido comprados desde el sexenio pasado para las secretarías de Gobernación (Cisen y Policía Federal), de la Defensa Nacional (Sedena), de Marina, la Procuraduría General de la República (PGR) y hasta para Pemex.
 Entre la información de la empresa hecha pública el lunes 6, está el plan estratégico de Hacking Team para México, al cual la empresa caracteriza como clave para sus ventas en el Continente Americano.
 Además del gobierno federal, el plan identifica como clientes a los del Estado de México, Querétaro, Puebla, Campeche, Tamaulipas, Yucatán, Durango, Jalisco y Baja California. La peculiaridad común es que la agencia responsable ante la empresa italiana es, en todos los casos, la “oficina del gobernador”. Por el tiempo en que esos gobiernos compraron los equipos se trata de los actuales mandatarios estatales.
 En el caso del Estado de México, los equipos han sido para los Cusaem y la Procuraduría General de Justicia.
 Además, según la información intervenida, Sonora y Nayarit eran considerados el año pasado por la empresa como “oportunidades”, mientras que los actuales gobiernos de Chihuahua, Guerrero y Zacatecas, además de la Sedena y la Policía Federal (PF), tenían prometidas compras para el tercer trimestre del año pasado. En el caso de la Defensa, por 510 mil euros, y en el de los gobiernos, 350 mil cada uno.
 Desde 2009 la inversión conjunta del gobierno federal y los estatales ha sido de 5 millones 808 mil euros, que al tipo de cambio actual equivalen a unos 100 millones de pesos, que han salido de los presupuestos públicos. Un costo relativamente bajo para las ganancias que las autoridades federales y estatales han obtenido en el conocimiento de sus blancos a seguir.
 Pero 2015 iba a disparar esa cifra. Pasadas las elecciones, los vendedores de Hacking­ Team respondieron a solicitudes de cotizaciones por parte de varias instituciones y entidades para adquirir la última versión de su sistema Galileo.
 Días antes del hackeo y de la exhibición de la base de datos de la empresa, sus intermediarios advertían que los contratos estaban prácticamente ganados. Otra vez, para el gobierno federal y otros gobiernos estatales. Para la PF se elevaba a 785 mil euros. Para la Sedena, a más de 1 millón 500 mil euros. Para la Unidad Antisecuestro de Jalisco, a 925 mil euros. La propuesta para Guerrero, fechada al 21 de enero de 2014 y calificada de “extremadamente confidencial”, se elevaba a 610 mil euros.
 Las bases de datos de Hacking Team incluyen listas e historial de sus clientes, las empresas intermediarias que colocaron el equipo en México y otros países, nombres de ejecutivos y operadores, correos electrónicos, facturas, cartas de crédito, bitácoras y todo tipo de información que muestra las relaciones comerciales de la empresa.
 En total, más de 400 gigabytes de la empresa italiana y sus clientes, entre los que destaca México. Otros de los compradores de software de intrusión son Marruecos, Arabia Saudita, Malasia, Etiopía, los Emiratos Árabes Unidos, Singapur y Chile, además de Italia y Estados Unidos.
 Desde el sexenio pasado
 El sofisticado ataque cibernético llevó días, incluso semanas, superando nuestras defensas, explica a Proceso Eric Rab, jefe de marketing y oficial de comunicaciones de Haking Team. “Hemos hablado con nuestros clientes, les hemos explicado lo que sabemos del ataque y les hemos pedido suspender cualquier investigación que tengan en curso. Todos los clientes han acordado hacer eso”, respondió vía electrónica.
 En esa condición se encuentran por lo menos una veintena de compradores mexicanos, a decir de la información consultada por este semanario. Después de las compras en 2009 del gobierno de Peña Nieto en el Estado de México, se desató la adquisición de equipo por parte del entonces gobierno de Felipe Calderón y luego de gobiernos estatales.
 En 2010 el gobierno federal empezó a comprar a través del Cisen y de la PF. Al siguiente año, la Marina se convirtió en nuevo cliente. Según lo reportado por las propias dependencias a la empresa italiana, el Cisen tenía 140 “objetivos”; la Marina, 100, y los Cusaem, 100.
 A cargo entonces de Guillermo Valdés Castellanos, el Cisen ha sido el principal comprador de software intrusivo y ofensivo a Hacking Team.
 Entre los gobiernos de Calderón y de Peña Nieto, la agencia de seguridad del Estado mexicano ha comprado a la empresa italiana equipos y software por 1 millón 390 mil euros.
 El Cisen y los Cusaem han sido los únicos adquirientes mexicanos directos de ese tipo de programas informáticos. Las demás autoridades mexicanas han adquirido el llamado software “defensivo” y lo han hecho a través de empresas privadas.
 Las empresas identificadas como intermediarias son Teva Tech de México, Sym Servicios Integrales, Elite by Carga y Dynamic Trading Exchange, con contratos firmados. También están como distribuidores oficiales Neolinx, Grego y Cloudsec, aunque hasta donde indica la información no habían concretado ventas en el momento del hackeo.
 El empresario de seguridad Eduardo Margolis, implicado por Florence Cassez­ en su caso judicial en México, también intentó convertirse en intermediario de Hacking Team con su empresa Epel, al ofrecer a los ejecutivos italianos sus “relaciones de alto nivel con el gobierno mexicano” y sus contactos con el de Israel.
 De acuerdo con las facturas exhibidas, esas empresas intermediarias adquirieron entre 2012 y 2014 licencias para explotar el Remote Control System, en sus sucesivas versiones, primero Da Vinci y luego el más sofisticado Galileo, capaces de penetrar varios targets (objetivos) al mismo tiempo.
 Mina mexiquense
 Después del Cisen, la entidad que más ha gastado en el software de la empresa italiana es el Estado de México. Con Peña Nieto, en 2009, gastó 400 mil euros; después, en 2012, ya en el actual gobierno de Eruviel Ávila, 783 mil euros para la Procuraduría General de Justicia (PGJ).
 En el primer caso, el responsable de los Cusaem era Ciro Mendoza Becerril, considerado protegido del entonces gobernador Peña Nieto. El organismo dependía de la Agencia de Seguridad Estatal –hoy Secretaría de Seguridad Ciudadana–, a cargo entonces de David Garay Maldonado, actual responsable de la Unidad de Gobierno de la Secretaría de Gobernación.
 Por lo que hace a la PGJ mexiquense, la primera vez que entró en contacto con la empresa de Milán fue en 2012. Ese año la procuraduría tuvo dos titulares: Alfredo Castillo, excomisionado del gobierno de Peña Nieto en Michoacán y actual director de la Comisión Nacional del Deporte; y Miguel Ángel Contreras Nieto, actual secretario de Medio Ambiente del gobierno de Eruviel Ávila y procurador de Protección Ambiental del gobierno estatal de Peña Nieto.
 Después del Estado de México y el gobierno federal, a partir de 2013 los gobiernos estatales empezaron a comprar el software y su actualización. Ese año fueron Querétaro, Puebla y Campeche; además de Pemex, con Emilio Lozoya Austin como director.
 En 2014 se sumaron Tamaulipas, la Secretaría de Planeación y Finanzas de Baja California, Yucatán, Durango y Jalisco. De acuerdo con los reportes, durante 2015 esas entidades han hecho o tienen que hacer pagos de mantenimiento.
 En cuanto se conoció que México era un importante comprador de software para espiar, el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, de quien depende el actual director del Cisen, Eugenio Ímaz, aseguró que la adquisición había ocurrido en el sexenio pasado. Pero las bases de datos demuestran que el gobierno de Peña Nieto ha pagado 410 mil euros para mantenimiento y actualización del software.
 En México Hacking Team enfrenta a la competencia del programa FinFischer –desarrollado por la alemana Gamma Group– y del oneroso sistema Pegaso, producido por la israelí NSO Group y que distribuye aquí Security Tracking Devices.
 Durante las administraciones panistas, el Cisen y la PF adquirieron, mediante esa empresa, equipo de espionaje de Estados Unidos, según contratos del Departamento de Estado publicados por este semanario en 2013 (Proceso 1915).
 Uno de los operadores fue el entonces secretario de Seguridad Pública federal, Genaro García Luna, quien antes ya se había hecho de equipos de espionaje también a través de esa oficina del gobierno estadunidense, cuando era director de la entonces Agencia Federal de Investigaciones (AFI), en el gobierno de Vicente Fox. En ese entonces, García Luna pidió “la intercepción de llamadas objetivo y sesiones” de Telmex, Telcel, Nextel, Telefónica, Unefon, Iusacell, Cisco y Prodigy.
 La sucesora de la AFI en la PGR es la Agencia de Investigación Criminal, a cargo de Tomás Zerón de Lucio, quien aparece en las comunicaciones internas de Hacking Team como uno de los principales negociadores por parte de México.
 Con García Luna como secretario de Seguridad Pública, la PF estaba a cargo de Facundo Rosas cuando Hacking Team vendió software a la corporación en 2010. De él dependían los programas informáticos de espionaje, pero debió salir de la institución en 2012 tras un fallido operativo en la normal rural de Ayotzinapa, que dejó dos estudiantes muertos.
 En abril siguiente fue rescatado por su paisano, el gobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle, quien lo designó secretario de Seguridad Pública estatal. En 2013 Moreno Valle compró por primera vez el software de Hacking Team para “10 objetivos”. Según las bases de datos intervenidas, hasta agosto del año pasado la administración de Moreno Valle había pagado 428 mil 835 euros, entre compra, mantenimiento y actualización de los programas.
 En el caso de Querétaro, la compra fue hecha también en 2013 por el gobierno de José Calzada mediante la empresa Teva, y manifestó sólo cinco “objetivos”. El gobierno de Fernando Ortega Barnés, en Campeche, adquirió el software a través de Servicios Integrales para 25 “objetivos”.
 En el caso de Tamaulipas, ya en 2014, el equipo fue a parar a la Secretaría de Seguridad Pública, a cargo del general de brigada Arturo Gutiérrez García, quien relevó a Rafael Lomelí Martínez. En Yucatán, el software lo compró la administración de Rolando Zapata Bello; en Durango, la de Jorge Herrera Caldera, y en Jalisco, la de Aristóteles Sandoval.
 Entrevistado por Proceso, Eric Rab aseguró que con su “código fuente imprudentemente puesto en internet, ahora está disponible a cualquiera que le quiera dar un uso bueno o malo. Consideramos que subir este código a la red mundial es un acto impactante e intolerable que debe ser castigado por cualquier medio legal posible”.hi 
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Citizen Lab exhibe a Hacking Team/MATHIEU TOURLIERE
El 13 de febrero de 2012, los periodistas de Mamfakinch, un portal independiente de información marroquí, recibieron en su página web un mensaje misterioso acompañado de una liga de internet que decía: “Por favor, no mencionen mi nombre… no quiero broncas”.
En julio de ese mismo año, Ahmed Mansour, el activista y bloguero de los Emiratos Árabes Unidos recibió un correo electrónico de Arabic Wikileaks acompañado de un archivo con la leyenda veryimportant.doc. El año anterior Mansour había estado en prisión por “insultar” a los príncipes de la federación.
Los periodistas marroquíes y Mansour dudaron y optaron por no dar un click sobre el vínculo o el archivo. Con ello evitaron que se abriera una “puerta trasera” a través de la cual un “agente” del Remote Control Systems (RCS) –el sistema de espionaje electrónico desarrollado por la empresa italiana Hacking Team– se infiltrara en sus aparatos e iniciara desde ahí su trabajo de espionaje.
De acuerdo con la base de datos de Hacking Team, la cual fue sustraída de los servidores de la empresa y exhibida en internet el lunes 6, la monarquía marroquí es cliente de la firma italiana desde antes de 2010. Hoy, Marruecos es el tercer país que invierte en los servicios de espionaje que proporciona Hacking Team, detrás de México e Italia.
Los Emiratos Árabes Unidos empezaron a operar los sistemas RCS en 2011 y hasta ahora han gastaron alrededor de 2 millones de euros.
Morgan Marquis-Boire y Bill Marzac, investigadores del Citizen Lab, adscrito a la Escuela de Asuntos Globales de Munsk, en la Universidad de Toronto, recuperaron los archivos y desmenuzaron sus códigos. En octubre de 2012, publicaron incluso una investigación en la cual revelaron que los archivos estaban infectados por el programa Da Vinci, recientemente detectado por la empresa comercializadora de antivirus Dr Web.
Más que el programa en sí, los investigadores denunciaron el espionaje de ciudadanos por parte de gobiernos autoritarios. Hace un año, ellos demostraron que el gobierno de Bahrein espiaba a los disidentes a través del programa Finfisher, similar, aunque menos potente, al de la empresa alemana Gamma Group.
David Vincenzetti, director de Hacking Team, redactó entonces una respuesta para calmar las preocupaciones de sus clientes: “Estas herramientas están vendidas únicamente a reconocidas agencias gubernamentales de policía y antiterroristas, no las vendemos a agencias o gobiernos que se encuentran en las listas negras de la Unión Europea o los Estados Unidos.”
Desde este entonces, Marquis-Boire y su equipo comenzaron a rastrear su versión Da Vinci del sistema RCS, así como la más reciente denominada Galileo. Sus hallazgos llevaron a la organización Reporteros Sin Fronteras a calificar a la firma italiana como uno de los cinco principales “enemigos de internet”.
El 12 de febrero de 2014, Marquis-Boire reveló que el gobierno de Etiopía ha intentado utilizar el programa para espiar a periodistas del Servicio de Televisión Satelital, una cadena independiente radicada en Estados Unidos, a través del programa de videollamadas Skype.
Cinco días después, Citizen Lab publicó una amplia investigación técnica en la que exhibe a 21 gobiernos-clientes de Hacking Team, entre ellos el de Peña Nieto, así como los de Kazajistán, Sudán y Azerbaiyán, reputados para pisotear los derechos humanos y reprimir la libertad de expresión.
Citizen Lab publicó una lista de servidores utilizados para espiar a ciudadanos, entre ellos cinco de Telmex, en México. Además, puso como ejemplo el “circuito mexicano”, según el cual la información robada por las agencias gubernamentales transitaba por Atlanta, Ámsterdam, Londres y Hong Kong para erradicar sus huellas.
Los clientes
A raíz de la publicación de los datos de Hacking­ Team en línea, quedó comprobado que las direcciones de IP (Protocolo de Internet) y las cadenas de anonimización reveladas por los investigadores de Citizen Lab pertenecían al Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen), que tenía entonces 19 operaciones de espionaje en curso, aunque los técnicos de la agencia de espionaje mexicana no se percataron de ello.
“Su IP ha sido publicada junto con su cadena de anonimato. No se han enterado aún, es lo que sé. Pero lo peor es que no tienen un firewall (un programa informático de seguridad) en su sistema, nos echan la culpa por la ausencia del dispositivo y dicen que compraron un sistema completo y que no le proveemos”, dijo con alarma Alejandro Velázquez, enlace de Hacking Team en México en esas fechas.
De la conversación interna destaca que en 2010 el Cisen sólo compró el sistema informático, pero se negó a adquirir los aparatos ofrecidos por Hacking Team; al final no instaló ningún firewall.
“Muchos clientes, como la (Procuraduría General de Justicia del Estado de México), saben que un firewall sirve para la seguridad, pero para ellos equivale a un muro mágico que evite hechizos”, expuso el técnico Sergio Rodríguez Solís.
Y añadió que en los talleres de capacitación “no lograremos ‘hacer’ ingenieros a partir de policías idiotas trasladados a un escritorio”.
La presencia de Sudán en la lista de clientes de la firma italiana contradice su argumento de que no vende sus productos a gobiernos incluidos en las listas negras de las potencias occidentales. La crisis en el seno de Hacking Team se conoció gracias al intenso intercambio de correos.
Tras la publicación del informe de Citizen Lab siguieron innumerables artículos­ en la prensa internacional, así como reportes de organizaciones defensoras de derechos digitales y de la libertad de expresión. Ese material preocupó a los analistas de Hacking Team.
Días después, el 28 de febrero de 2014, Citizen Lab sacó un nuevo estudio en el que reveló que el espionaje cibernético transitaba por servidores ubicados en Estados Unidos, o que algunos de los servidores espías empleados por Hacking Team eran “disfrazados” como páginas de internet de empresas estadunidenses.
El 24 de junio siguiente, Vincenzetti envió un correo a los empleados de Hacking Team para comunicarles que “un nuevo artículo sobre nuestros productos ha sido publicado hoy por nuestros queridos amigos del Citizen Lab. Esperamos una reacción masiva de los medios”.
Y les advirtió: “Nadie, incluso yo, está autorizado a hablar con la prensa”.
Ese mismo día, el equipo de Marquis-Boire reveló que la monarquía de Arabia Saudita infiltró a los celulares Android a través de una aplicación destinada a los integrantes de la minoría chiita del país. La tecnología de base era desarrollada por Hacking Team y el equipo de la universidad de Toronto vio una correlación entre el uso del programa y las protestas sociales que sacudían entonces al reino y que desembocaron a detenciones masivas y violencia policiaca.
“¿Les podemos demandar –preguntó Vincenzetti a sus colaboradores más cercanos–, están publicando el manual de nuestro producto, que es cosa confidencial de la empresa.”
Hacking Team publicó una declaración en su página, en la que denunció “los esfuerzos constantes de Citizen Lab para atacar nuestro negocio” y asumió que la empresa operaba “en total cumplimiento con las leyes relevantes”.
Y mientras Vincenzetti instruía a sus empleados sobre la necesidad de calmar las inquietudes de sus clientes, el director de ventas de la empresa, Marco Bettini, aseguró a su cliente saudita que “Hacking Team está totalmente comprometido con la confidencialidad, nunca confirmaremos ni negaremos la identidad de nuestros clientes”.
El pasado 9 de marzo, Citizen Lab divulgó otra investigación en la cual afirmó que, a pesar del señalamiento del espionaje contra los periodistas de Etiopía exiliados en Estados Unidos, Hacking Team siguió proveyendo sus servicios al régimen, el cual atacó de nuevo al equipo de reporteros.
Esta vez los italianos se prepararon: cuatro días antes, la universidad canadiense les había proporcionado una copia del informe. De hecho, ya había contestado a las primeras entrevistas de los periodistas que accedieron al reporte antes de su publicación.

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