La farsa de nuestros grandes "árbitros": Del copal de ayer al blindaje de hoy
Todavía no se disipa el olor a copal de aquellas ceremonias de "purificación" en Cuicuilco y el Zócalo, y los nuevos ministros de la CCJN ya se bajaron del petate para subirse a la camioneta de lujo. ¡Para eso me gustaban!
Parecía que el pasado 1 de septiembre nacería un Poder Judicial distinto; uno que, investido con bastones de mando, prometía caminar el suelo de México con los pies en la tierra. Pero la mística resultó ser puro teatro. El humo de las ofrendas se esfumó y lo que quedó debajo no fue justicia, sino el brillo de la pintura automotriz de alta gama.
Ayer, la "Corte del Pueblo" —esa que encabeza Hugo Aguilar Ortiz— nos recordó que el poder tiene una debilidad crónica por el privilegio. Estamos ante una farsa de dimensiones monumentales: usan la sabiduría indígena para "limpiar" las oficinas, pero aplican la vieja maña de las placas de Morelos (RBE 247E) para evadir al fisco. (Foto de Reforma)