Entre el "tijeretazo" y el control: el matiz de Sheinbaum
Esta mañana, desde el púlpito de la mañanera, la Presidenta Sheinbaum intentó suavizar las aristas más filosas de lo que ya se conoce como la “Ley Maduro”. Con la mira puesta en la primera semana de febrero, la mandataria salió al paso de las alarmas para asegurar que el INE conservará su autonomía y que las minorías no serán borradas del mapa. Sin embargo, en política, el diablo no solo está en los detalles, sino en las intenciones.
Los ejes de la narrativa oficial:
El dilema de los “Pluris”: Dice la Presidenta que se quedan, aunque quizá pasen por la guillotina para quedar en solo 100. La novedad es que busca arrebatarle a las “cúpulas partidistas” el control de las listas para dárselo al dedo del pueblo. Una propuesta que suena bien al oído ciudadano, pero que en la práctica podría convertir la representación proporcional en un nuevo concurso de popularidad oficialista.
La chequera de la democracia: Bajo el viejo estribillo de que tenemos las elecciones “más caras del mundo”, viene un recorte seco al INE, a los partidos y a los OPLES. Sheinbaum jura que no se tocará la operatividad ni la autonomía, pero sabemos que en este país, el que controla el presupuesto, suele terminar controlando la voluntad. Mmm.
Consultas para todo: Se busca potenciar la democracia participativa desde lo municipal hasta lo nacional. Un esquema que, mal ejecutado, suele servir más para legitimar decisiones tomadas de antemano que para escuchar al ciudadano de a pie.
¿Garantía para las minorías?: La mandataria rechazó el mote de “autoritaria” y prometió que los partidos pequeños seguirán teniendo su silla.
El juego de los espejos
Lo que vimos hoy fue un ejercicio de equilibrismo. Sheinbaum matizó los desplantes de Pablo Gómez y nos vendió un sistema menos oneroso y más "del pueblo". Pero no nos llamemos a engaño: el verdadero pulso no está en la retórica de la transparencia, sino en la supervivencia.
Habrá que ver cómo aterriza la propuesta final. Lo más probable es que, al final del día, el texto sea un traje a la medida para complacer a sus aliados del PVEM y al PT de Beto Anaya. Porque en este "segundo piso", la lealtad de los satélites se paga con reformas que aseguren su permanencia en el festín.
Veremos... pues el papel aguanta todo, pero la realidad democrática es mucho más frágil de lo que admiten en Palacio.
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