22 ene 2026

Las columnas políticas hoy, jueves 22 de enero de 2026

La Marina suelta lastre: entre el linaje, el "huachicol" y el silencio del Altiplano

Bajo el cielo de Puebla, donde la "mañanera" de este 22 de enero se sintió más como un confesionario que como una conferencia, el Almirante Secretario, Raymundo Pedro Morales, marcó una línea de fuego. Con la sobriedad que otorga el mando, confirmó lo que el país sospechaba: la Marina ha decidido soltar lastre para no hundirse con él. Cuatro altos mandos están fuera; el motivo: haberle abierto la puerta al "huachicol fiscal".

Un escándalo con apellido y linaje

Lo que hace que esta historia queme es el origen de sus protagonistas. En el centro de la tormenta están el Vicealmirante Manuel Roberto Farías Laguna y el Contralmirante Fernando Farías Laguna. El golpe es seco porque no se trata de oficiales desconocidos, sino de los sobrinos del anterior Secretario de Marina, Rafael Ojeda.

Hoy, ese linaje se ha quebrado. Mientras Manuel Roberto despacha desde una celda en el Altiplano, intentando inútilmente aferrarse a su cargo mediante amparos, su hermano Fernando ha elegido las sombras de la clandestinidad. El uniforme que antes custodiaba los pasillos navales hoy es el blanco de una orden de aprehensión que lo persigue.

La batalla en el Altiplano

Pero mientras el discurso oficial habla de limpieza, en el silencio técnico del Centro de Justicia Penal del Altiplano se libra otra guerra: la de los expedientes. El abogado Epigmenio Mendieta, defensor del Vicealmirante, ha denunciado que la FGR juega a las escondidas con la información.

La jueza Mariana Vieyra Valdez no permitió que la justicia fuera ciega a conveniencia. En un acto de autoridad, le ha puesto un ultimátum a la Fiscalía: entregar los 20 tomos íntegros de la investigación, y darle fin de la secrecía unilateral: El Ministerio Público ya no podrá decidir, bajo su propio criterio, qué oculta y qué muestra.

Como si de una novela de espionaje se tratara, en la audiencia brotó un detalle inquietante: una videograbación clave, analizada por expertos de la Fiscalía, simplemente se "evaporó". ¿Dónde está esa pieza del rompecabezas? La jueza ha citado a un careo para el 27 de enero; ese día, los abogados se verán las caras con los analistas para buscar esa verdad perdida.

A pesar de estos respiros procesales, la acusación que pesa sobre los hermanos Farías Laguna es de plomo. La FGR sostiene que ellos lideraban la organización "Los Primos", un engranaje que permitía que millones de litros de combustible entraran al país disfrazados de aceite. Era la traición perfecta: usar la autoridad de las aduanas para burlar al fisco.

 El Almirante secretario  ha enviado un mensaje definitivo: la lealtad no se negocia y el uniforme no es escudo para el crimen. Sin embargo, la moneda sigue en el aire. El 27 de enero sabremos si la Fiscalía abre sus archivos o si el misterio de los videos perdidos sigue creciendo en los pasillos de la justicia.

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En la mesa o en el menú?

El escenario político de este 2026 se ha convertido en un tablero de ajedrez donde las jugadas no solo se hacen con leyes, sino con silencios y réplicas encendidas. Mientras el mundo fija su mirada en las cumbres nevadas de Davos, en México el debate se libra entre la tinta de las columnas y el micrófono de la "mañanera".

El México que se "hace chiquito"

Raymundo Riva Palacio soltó una de esas columnas que sacuden el tablero. Su tesis es amarga: en el gran banquete de la geopolítica, si no te sientas a negociar, terminas siendo el plato principal. Para el columnista, la ausencia de la Presidenta  Sheinbaum en el Foro Económico Mundial es la metáfora de un repliegue.

Riva Palacio nos pone frente a un espejo incómodo: el de Mark Carney, primer ministro de Canadá. Mientras Carney era aplaudido de pie por defender la soberanía canadiense frente a  Trump y buscar alianzas en China, aquí en México la estrategia parece ser la de la "invisibilidad". 

El análisis de Raymundo es duro:  sugiere que Sheinbaum ha preferido el refugio de Palacio Nacional para no alterar el humor del jefe de la Casa Blanca, pagando "tributos" en forma de  entregas de narcotraficantes que el autor califica de tercera división, mientras se cuida de no tocar las fibras sensibles de Morena para no incomodar a la sombra que aún proyecta Palenque.

La Respuesta en el Salón de la Tesorería: "¿Quién lo dijo?"

Pero la Presidenta no se quedó cruzada de brazos. Ayer, en un tono que mezclaba la indignación con la ironía, Sheinbaum se detuvo a diseccionar lo que llamó una "maquinaria de mentiras". Visiblemente molesta con los columnistas, lanzó preguntas al aire que buscaban desarmar la narrativa del dilema: "¿De dónde sacan la información? ¿Cuál es su fuente?".

Para ella, la idea de que se encuentra "entre la espada y la pared" por presiones de Trump es una fabricación mediática. Con gestos de incredulidad ante las cámaras, defendió su legitimidad vinculando a sus críticos con los pecados del pasado. Recordó que quienes hoy se rasgan las vestiduras por la democracia son los mismos que validaron fraudes, ignoraron "La Estafa Maestra" o se hicieron de la vista gorda con "Los Amigos de Fox". Es, en sus palabras, un ejercicio de hipocresía pura.

Más allá del choque de opiniones, la Presidenta aprovechó para fijar una postura sobre la Reforma Electoral. Ante el temor de un régimen que asfixie a las voces menores, fue tajante: no se pretende borrar a nadie. Aseguró que el proyecto respeta la "representación de las minorías", prometiendo que incluso quienes tengan una votación pequeña conservarán su espacio en el Congreso.

Balance de una Jornada

Estamos ante dos visiones de país que parecen irreconciliables. Por un lado, la prensa que ve una "entrega de la plaza sin pelear" y una soberanía que solo sirve para la foto local. Por el otro, una Presidenta que reclama su derecho de réplica, que descalifica los rumores de pasillo y que apuesta por una democracia que, según ella, no excluye a quien piensa distinto en las urnas.

Recomiendo lean la columna de Riva Palacio y vean esa parte de la mañanera de ayer, sobre todo la imagen no verbal.

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Templo Mayor/ REFORMA

EL GOBIERNO FEDERAL anunció lo que parece ser su gran plan en materia de salud, pero, como es usual en la 4T, los cómos del asunto generan demasiadas dudas.

EL 2 DE MARZO comienza el registro para lo que se denomina Servicio Universal de Salud. ¿Qué promete? Garantizar el derecho al acceso a la salud de las y los mexicanos. ¡Casi nada! ¿Y cómo funciona? Con una credencial con fotografía y código QR para conocer la clínica que le corresponde al usuario y a qué institución está afiliado, como si ese fuera el gran problema.

EL ASUNTO es que la emisión de la tarjeta no acabará mágicamente con el rezago de meses o hasta años de citas médicas en hospitales públicos. Y más viendo que los recursos para mejorar la atención no alcanzan y que no se termina de resolver el desabasto de medicamentos.

EN REALIDAD la credencial será sólo un medio de identificación para usuarios de las distintas dependencias que ofrecen servicios de salud: IMSS, ISSSTE, Pemex, Defensa, Marina e institutos nacionales, que de por sí ya emiten identificaciones. Cada chango en su mecate y cada institución con las carencias de siempre.

PARA LA inversión de 3 mil 500 millones de pesos quizás resultaría mejor ese recurso para fortalecer el abasto de medicamentos.

CON LA NOVEDAD de que el cabildo de Cuautitlán aprobó una disposición que no está claro si es homenaje o amenaza. A partir de hoy, toda la papelería oficial de ese municipio mexiquense llevará la leyenda "2026, Año de Andrés Manuel López Obrador". Y eso incluye los oficios de cobranzas, los recibos de predial y, por qué no, también las actas de nacimiento. Ahora, el alcalde morenista Daniel Serrano podrá decir "Tengo otros datos", cada vez que las cifras no cuadren. Y si el índice delictivo sigue siendo crítico, lo importante es que haya "abrazos, no balazos". No es por espantar a nadie, pero ese tipo de veneraciones a un líder suelen ser más cercanas al culto que a la política.

DE LENGUA se comió un taco Donald Trump en Davos, pues terminó bajándole el volumen a sus amenazas de apoderarse de Groenlandia e imponer aranceles. Analistas internacionales tratan de entender cómo le hizo Europa para desactivar el berrinche ártico.

ALGUNOS DICEN que los países de la Unión Europea amenazaron con deshacerse de los bonos del Tesoro norteamericano, que de haberse concretado de forma masiva pondría en aprietos las finanzas de EU porque se tendrían que subir las tasas de interés y, por supuesto, dejaría en una posición muy complicada al dólar.

OTROS afirman que la verdadera palanca fue la amenaza de boicotear... ¡el Mundial de Futbol! La propia federación de Alemania comenzó a barajar la posibilidad de no asistir, en rechazo a los desplantes de Trump. Y distintas voces en varios países europeos se sumaron a la idea de aguarle la fiesta al mandatario norteamericano. ¡Gol de Europa!

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Estrictamente Personal

El menú de Trump/ Raymundo Riva Palacio

El Financiero,  enero 22, 2026 | 

Es muy triste verlo, pero es una realidad: en el momento de las grandes definiciones y decisiones, la presidenta Claudia Sheinbaum se hizo chiquita. En el concierto de líderes que, en el Foro Económico Mundial en Davos, están dando la batalla política, diplomática y narrativa contra Donald Trump, nuestra presidenta parece como si hubiera optado por esconderse para que no la viera nadie, ni la extrañara, ni alterara, principalmente, el humor del jefe de la Casa Blanca. Cambió Davos, donde se discute el futuro del mundo, por su mañanera, para discutir el mundo, pero asegurándose de que nadie la oyera.

El tamaño de nuestra presidenta, porque lo es de todos los mexicanos, se vio muy contrastado ante un espejo cercano, el de Mark Carney, el primer ministro de Canadá y el tercer socio comercial norteamericano, que pronunció un discurso el miércoles que, al terminar, en algo que rara vez se ha visto en los 55 años de historia del Foro de Davos, fue aplaudido de pie por los líderes y presidentes de las más importantes empresas del mundo. Sheinbaum, en la más grande metáfora de sus contradicciones, elogió el mensaje de Carney.

“Las potencias medianas deben actuar unidas porque si no estamos en la mesa (de las negociaciones), estamos en el menú”, dijo Carney, mientras aquí, Sheinbaum pagaba un nuevo tributo a Trump para que no se enoje con ella: 37 narcotraficantes de tercera división desterrados a cárceles estadounidenses. Ya van 92 en un solo año y, al tiempo que se le están acabando criminales de relevancia para entregar, sigue cediendo ante sus exigencias. Lo único a lo que se resiste, todavía, es a iniciar un proceso contra alguna de las figuras de Morena vinculadas al narcotráfico, porque no quiere, y también porque no puede, por la molestia que podría causar en Palenque.

De la cabeza fría de la que tanto se habló en el mundo y aquí se sigue presumiendo, ya pocos se acuerdan. Vistos los resultados, no sirvió para evitar aranceles ni amenazas, aunque sí para que no la insultara públicamente. La ha humillado, pero no con gritos como a muchos otros, aunque debe sentirse incómodamente tranquila –sus paleros siempre resaltan las palabras de Trump sobre ella–, porque expresiones similares ha hecho sobre Delcy Rodríguez, la presidenta interina de Venezuela, que hoy es un títere del presidente estadounidense, y María Corina Machado, la líder de la oposición venezolana, a quien también ha maltratado.

Carney, que como su antecesor Justin Trudeau enfrentó a Trump, está luchando por darle viabilidad a Canadá como nación soberana, sabiendo de los costos a su persona. Ayer mismo, Trump le dedicó unas líneas de su discurso para decirle que su país recibía muchas prebendas de Estados Unidos por lo que debería ser agradecido. “Recuerda”, agregó, “Canadá vive gracias a Estados Unidos”. Le dolió a Trump que le dijeran las cosas directas, pero Carney, a diferencia de Sheinbaum, está tomando decisiones. Llegó a Davos desde China, a donde no se había parado un primer ministro canadiense en 23 años, donde firmó un acuerdo comercial estratégico. Carney no ha parado. Ha realizado 60 viajes internacionales para fortalecer las relaciones comerciales. En tanto, Sheinbaum recorre México ofreciendo cosas que no va a poder cumplir porque no habrá dinero, y poniendo en riesgo la viabilidad del régimen en el largo plazo.

Trump trata casi igual a Sheinbaum que a Carney, denostando a quienes lo confrontan y a quienes se callan. Davos ha mostrado que la última frontera de un líder es la dignidad contra la sumisión. “Cada día nos recuerda que vivimos en una era de rivalidad de los grandes poderes”, dijo el canadiense en su discurso. “El orden basado en las reglas se está desvaneciendo, en el que el poderoso puede hacer lo que quiera y el débil debe sufrir lo que deba”. Sus palabras debieron haber resonado en el Salón de la Tesorería, pero no parece que como parte de un ejercicio de autocrítica.

Carney, que no mencionó a ningún líder por nombre, criticó a muchos por no defender los intereses nacionales de su país. “Hay una fuerte tendencia de algunos países de avanzar de la mano y llevarse bien, para acomodarse, evitar problemas, esperando que la obediencia les comprará seguridad. No lo hará”. Mejor experiencia que la que vivimos en México para entender las palabras del primer ministro puede no haber en el mundo. La justificación de los voceros de Sheinbaum es que por más que se haga, Trump es incontenible.

Es cierto. Es un búfalo que corre y embiste a la velocidad del sonido. Es cierto que la asimetría de México con Estados Unidos no se parece a la de Canadá. Pero la lucha que han hecho Trudeau y Carney por acomodarse y sobrevivir en un nuevo orden internacional, como el que ha planteado Trump, está muy lejos de la postura de Sheinbaum, que no está buscando acomodarse a esta realidad de nuevos arreglos y ajustes geopolíticos, sino aceptar los designios del jefe de la Casa Blanca y buscar si aún le quedan espacios de maniobra antes de entregar la plaza sin pelear.

Sheinbaum no fue a Davos, lo que en este espacio se criticó la semana pasada por dejar escapar una oportunidad política y de negocios, y con lo que está sucediendo en el Foro hubiera sido contraproducente. No tiene argumentos para defender su posición. El discurso de soberanía le sirve localmente para la gradería, pero no funciona ante los líderes en Davos, que, defendiendo su soberanía, le hablaron a Trump con dignidad, entereza y dispuestos a plantear su diálogo como en el juego de la gallina de la Teoría de Juegos sobre confrontaciones de alto riesgo.

Su actitud ante Trump hacía imposible que saliera de Davos con credibilidad. Sheinbaum no tiene un mensaje que concilie sus palabras con sus acciones, ya no como el de Carney, sino como el de otros líderes que, con retórica menos encendida, han expuesto sus diferencias con Trump sin romper con él. Tampoco tiene el arrojo y la determinación. Una jefa de Estado acotada dentro y débil fuera. Sin consenso interno, ni siquiera en su partido, ni fuerza afuera. Qué triste y lamentable en momentos cruciales para el futuro de todos, porque, parafraseando a Carney, México ya es parte del menú de Trump.

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El señor de La Silla, o Sagitario, primer narcoterrorista en México, según EU

Uno de los 37

La historia de Pedro Inzunza Noriega es el relato de un hombre que comenzó repartiendo tostadas y terminó estrenando una etiqueta que ningún otro mexicano había portado: la de narcoterrorista. Su vida, marcada por el estruendo de la pólvora y el silencio de las complicidades, es un retrato de cómo se tejieron los hilos de la narcopolítica en Sinaloa durante las últimas tres décadas.

De las canchas a las botas blancas

Mucho antes de ser "Sagitario" o "El de la Silla", Pedro era simplemente "El Pedrón". Un muchacho de Culiacán que jugaba como delantero en el equipo de futbol de su barrio y se ganaba la vida como repartidor de una empresa. Pero a finales de los 80, el destino le puso enfrente a un hombre de botas blancas y aire imponente: Arturo Beltrán Leyva.

Aquella amistad cambió el rumbo de su historia. El auto de reparto quedó en el olvido, sustituido por los lujos de quien se convirtió en el brazo derecho de "El Barbas". Inzunza no era un gatillero más; era un estratega que manejaba mandos y tejía redes de protección. Una bala, sin embargo, le cobró la factura: en un atentado donde perdió a uno de sus hijos, el cuerpo de Pedro quedó parapléjico. Fue entonces cuando nació su apodo más famoso.

El refugio de Los Mochis y el mito de la impunidad

Tras la caída de Beltrán Leyva en 2009, Inzunza se asentó en  Los Mochis; se dice que desayunaba con total tranquilidad en el Hotel Santa Anita y era cliente asiduo de los casinos más exclusivos de la Ciudad... La estancia nunca era ostentosa; apenas lo suficiente para que el murmullo confirmara que ahí estaba "alguien".

Su nivel de impunidad era tal que sus hijos heredaron el mando del terror. Mientras Pedro navegaba con bajo perfil, sus vástagos —como "El Niño"— retaban a la autoridad con desmanes urbanos, riñas y borracheras que siempre terminaban a balazos. Fue ese ruido el que empezó a desgastar su cobijo.

El declive: Fentanilo y el adiós del "Pichón"

La suerte del Sagitario cambió cuando el fentanilo entró en la ecuación. A finales de 2024, tras el decomiso histórico de 1.5 toneladas de la sustancia en Los Mochis, la presión de Washington se volvió insoportable. En noviembre de ese año, en una incursión aérea de la Armada en Choix, murió su hijo Pedro Inzunza Coronel, "El Pichón".

Tras la caída de su  hijo, los aliados le dieron la espalda. Nadie quería estar cerca de un hombre designado por la administración Trump como objetivo prioritario bajo cargos de narcoterrorismo. Inzunza, ya cansado y con 62 años a cuestas, buscó refugio en sus orígenes: la colonia Guadalupe en Culiacán.

El cerco final y el silencio que viaja a San Diego

Fue en la víspera de Año Nuevo, el 31 de diciembre de 2025, cuando el estruendo de un helicóptero Black Hawk rompió la calma de la calle Río Elota. La Marina y el Ejército cerraron el cerco. Inzunza Noriega no opuso resistencia; simplemente se dejó llevar en su silla de ruedas hacia el destino que le esperaba.

Hoy, Pedro Inzunza Noriega es uno de los 37 extraditados de este enero de 2026. Al entregarlo a la corte federal de San Diego, México no solo envía a un capo, sino a un archivo viviente. "El de la Silla" se lleva consigo los secretos de treinta años de complicidades: nombres de jueces, políticos y funcionarios que permitieron que su silla nunca dejara de rodar en la impunidad.

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Inzunza Noriega, El de la Silla: 35 años de conexiones políticas/Héctor De Mauleó

EL UNIVERSAL

Pedro Inzunza Noriega, alias Sagitario o El de la Silla, uno de los líderes del Cártel de los Beltrán Leyva, aprehendido el 31 de diciembre en la colonia Guadalupe, de Culiacán, Sinaloa, era visto con frecuencia en el Hotel de Santa Anita, un establecimiento de cinco estrellas ubicado en el centro histórico de Los Mochis, al que el capo solía acudir a desayunar en su silla de ruedas.

Antes de convertirse en el primer narcotraficante mexicano designado como narcoterrorista por el gobierno de los Estados Unidos, Inzunza Noriega gozó de tranquilidad y protección en el municipio de Ahome, desde donde, según la acusación de agencias de inteligencia estadounidenses y la fiscalía federal del Distrito Sur de California, dirigía al lado de Fausto Isidro Meza Flores, El Chapo Isidro, y de Óscar Manuel Gastélum Iribe, El Músico (llamado así porque, según reveló el fiscal Adam Gordon, escribe las letras de sus propios narcocorridos), “una de las redes de producción de fentanilo más grandes y sofisticadas del mundo”.

Su nivel de impunidad era tal que uno de sus hijos, conocido como El Niño, asesinado en el atentado que condenó al capo a vivir para siempre postrado en una silla de ruedas, solía mandar a los patrulleros de la policía municipal a comprarle alcohol y cervezas.

Inzunza Noriega salió de Ahome y se refugió en una comunidad serrana de Choix tras el decomiso histórico, a finales de 2024, de más de una tonelada de fentanilo en dos bodegas de su organización, y cuando se hizo pública la acusación del gobierno estadounidense, a principios del año pasado.

A los pocos meses de ser designado como narcoterrorista abatieron en Choix, durante una incursión de la Marina, a otro de sus hijos, Pedro Inzunza Coronel, alias El Pichón, que había tomado el relevo como gran operador del cártel desde que su padre quedó parapléjico y quien estaba encargado de la conexión del grupo con la clase política estatal.

Inzunza Noriega buscó entonces un nuevo refugio. Fue a dar a la colonia Guadalupe de Culiacán, de donde era originario, y en donde había comenzado su carrera criminal. A quienes lo conocieron en sus primeros años como El Pedrón, les costó creer que el gobierno de Donald Trump lo hubiera ubicado como narcoterrorista. Fanático del futbol, delantero del equipo amateur “Colonia Guadalupe”, era considerado en el barrio como “un muchacho noble”, que para sostener a su madre trabajaba como repartidor, en las tiendas, de Tostadas Trizalet.}

Cuentan que la colonia Guadalupe, al oriente de la ciudad, se pobló en un primer momento con personas de origen duranguense. En una etapa posterior se sumó a esa población gente llegada de Badiraguato. Fue notorio el cambio. A fines de los años 80, El Pedrón se hizo amigo de un hombre barbón, de botas blancas, aire como de grupero y aspecto imponente. Se llamaba Arturo Beltrán Leyva. Solía ir a visitarlo o a recogerlo.

En poco tiempo, la gente de la colonia lo vio ascender. El Pedrón cambió el viejo auto en el que repartía tostadas por uno que le había regalado Beltrán. Remodeló la casa de su madre desde sus cimientos y la rodeó de lujos. Sus viejos amigos lo perdieron de vista. “Se desconectó”, recuerdan. Solo se supo que estaba haciendo viajes a la frontera.

Desde esos años, Inzunza Noriega se convirtió en el hombre de confianza de Beltrán Leyva. Fue descrito como “el brazo real” de ese líder de una de las facciones más poderosas del Cártel de Sinaloa. “Fue El Barbón el que lo llevó con El Chapo Isidro. Los fue juntando”, relatan. Inzunza no llevaba a cabo funciones operativas: daba órdenes, manejaba a los mandos del Cártel de los Beltrán, en tiempos en que este grupo se hallaba incrustado en la cúpula del Cártel de Sinaloa a través de su alianza con El Mayo Zambada y El Chapo Guzmán.

En sus horas de esplendor, los Beltrán dominaron Sinaloa, Sonora, Chihuahua, Baja California, Tamaulipas, Guerrero, Zacatecas, Morelos, Querétaro, Puebla, la Ciudad de México, Cancún, Jalisco, Veracruz y Guanajuato, entre otros estados. Tras el abatimiento de Arturo Beltrán Leyva en 2009, El Chapo Isidro y Pedro Inzunza quedaron al frente de la organización criminal. Para entonces, Inzunza llevaba dos décadas de experiencia, comprando policías, judiciales, ministerios públicos, políticos y funcionarios, y pagando campañas políticas de alto nivel.

El grupo se asentó al norte de Sinaloa y quedó fuera del radar durante varios lustros. Desde Guasave y Los Mochis impidió el avance de las otras facciones del Cártel de Sinaloa, rotas tras la traición que llevó a prisión a otro de los grandes jefes, Alfredo Beltrán Leyva, El Mochomo.

Inunza Noriega, El Chapo Isidro y El Músico lograron relanzar el Cártel de los Beltrán y volvieron a dominar extensos territorios del noroeste del país. Gracias a su alianza con el sobrino de Rafael Caro Quintero, José Gil Caro Quintero, El Pelo Chino, mantuvieron una fuerte presencia a lo largo de la costa del Pacífico.

A poco más de medio año de haber sido designado como narcoterrorista por el gobierno de Estados Unidos, y a cosa de un mes del abatimiento de su hijo, El de la Silla organizó una cena de fin de año en una casa de la colonia Guadalupe. Había botanas y tragos. Un intercambio de información entre agencias de Estados Unidos y la Marina permitió que lo ubicaran y esperaran el momento exacto. Fue uno de los 37 enviados el martes pasado a los Estados Unidos, como parte de la ofrenda de apaciguamiento del gobierno de Claudia Sheinbaum al de Donald Trump.

Sagitario o El de la Silla lleva consigo el archivo de 35 años de narcopolítica: el archivo de la protección oficial, estatal y federal, que permitió que su organización criminal construyera, entre otras cosas, “una de las redes de producción de fentanilo más grandes y sofisticadas del mundo”.

Esa información está ya fuera de México. Tarde que temprano, será empleada.

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El regaño de Sheinbaum a Harfuch/Carlos Loret de Mola

El Universal, 22/01/2026 |

La presidenta está irascible. Lleva varios meses así. Las cosas no le están saliendo y hay cada vez más reportes de que estalla en privado. En público lo mismo: se le ve más enojada en sus giras y en sus conferencias mañaneras. Está perdiendo aquella serenidad que tanto le dio en el arranque de su administración.

Motivos para estar irritada sobran. El gobierno no anda bien y, por tanto, la presidenta tampoco. Como nunca está bajo presión de Estados Unidos: las zarandeadas verbales que le receta Trump, la amenaza creíble de operaciones militares americanas contra el narco en suelo mexicano, la exigencia de narcopolíticos de Morena que la pone en ruta de choque con el patriarca López Obrador, el peligro de rompimiento en el TMEC. Súmele las presiones desde Palenque y hasta dentro de su coalición electoral: ya hasta el PT y el Verde se le están rebelando y su reforma electoral está en peligro. Las encuestas reflejan estas crisis: aunque sus niveles de popularidad aún son buenos, ha caído notablemente en el último año, y la gente considera que no ha dado resultados.

Ayer la presidenta estalló contra uno de sus más leales: su secretario de Seguridad, Omar García Harfuch. Encima, lo hizo delante de un buen número de personas que reaccionaron asombradas. Varios de los ahí presentes me lo contaron, pidiendo el anonimato para no sufrir represalias.

La presidenta Sheinbaum se quejó del secretario Harfuch por dos razones centrales: la reciente entrega de 37 narcos al gobierno de Estados Unidos y los golpes de fuerza —balazos, no abrazos— que ha dado a los criminales.

El regaño —por el tono, el motivo y el destinatario— resultó asombroso para los ahí presentes. Algunos lo celebraron, desde luego: los más duros de Morena, los más cercanos a AMLO. Pero la mayoría de los testigos se quedaron en estado de choque. Resultaba inexplicable: la estrategia de seguridad es una especie de “gallina de los huevos de oro” del gobierno de Sheinbaum. ¿No es lo que más presume la presidenta cuando habla de logros, con aquello de que han bajado 40% los homicidios? ¿No es la estrategia de seguridad lo que le ha dado fichas para la negociación hasta comercial con Estados Unidos? ¿No están felices los norteamericanos con las remesas de narcos (basta ver las declaraciones ayer de la fiscal Pam Bondi y del director del FBI, Kash Patel)? ¿No es la estrategia de seguridad una de las pocas cosas que generan cierta unidad en México, que no critican la oposición ni los medios de los que tanto se queja? ¿No es Harfuch el mejor posicionado en las encuestas? Salvo que haya dado un manotazo, desde su “retiro”, el único afectado por esta estrategia de seguridad: sería terrible en pleno año 2 de la presidenta y cuando están en juego la relación con Estados Unidos… y hasta la soberanía.

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La reivindicación del carcelero/El asalto a la razón

Milenio, 

Tan escaso de talentos, experiencia y eficiencia está el obradorato que la presidenta Claudia Sheinbaum designó al impresentable ex director del Instituto Nacional de Migración Francisco Garduño para un cargo directivo y decorativo de la Secretaría federal de Educación.

“Se analizaron distintos perfiles”, justificó la Presidenta ayer, “y para la designación se tomó en cuenta el pasado de Garduño”, y enfatizó: “Se analizaron distintos perfiles, particularmente para ese puesto”, y reconoció que el nombramiento “es polémico, pero él terminó su proceso, no tiene ya ningún proceso jurídico…”.

Al darle posesión del inmerecido hueso, el secretario Mario Delgado describió a Garduño como “funcionario ejemplar”, motivando que Joaquín López-Dóriga, habitualmente contenido y “bien hablado”, titulara su columna (MILENIO de ayer): ¡Qué poca madre…!

La presidencial designación vuelve a confirmar que la 4T, lejos de combatirla, premia la impunidad.

Viejo amigo de López Obrador (en la capital fue su director de prisiones), Garduño se mantuvo en el INM de mediados de 2019 a mayo de 2024, y su gestión quedó marcada, desde marzo de 2023, por la horrible muerte de 40 migrantes en el incendio de la cárcel ––“estación migratoria”, le llaman–– que tenía bajo su mando en Ciudad Juárez.

“Me dio mucho gusto reunirme con Francisco Garduño, que ha sido nombrado por parte (sic) de la presidenta @Claudiashein, como (sic) Director General de Centros de Formación para el Trabajo. Francisco Garduño es un funcionario ejemplar y su participación en estos centros será fundamental para la reforma a la educación #MediaSuperior que está en marcha con el #BachilleratoNacional. Esto se suma a la actualización de la oferta educativa en educación superior que se alinea con los sectores estratégicos del #PlanMéxico y los polos de desarrollo para el bienestar”, escribió Delgado en las redes.

Con Garduño se disparó la detención de migrantes (a la mayoría de los cuales obligaba a caminar desde Chiapas hasta la frontera norte) y se impulsó la virtual militarización del instituto con la contratación de personas que son o fueron militares, o con un perfil policiaco.

Para eludir su responsabilidad en la tragedia de Ciudad Juárez, el “funcionario ejemplar” arguyó que al momento del incendio se encontraba “a mil 800 kilómetros” de distancia, como si se le hubiese acusado de provocar el incendio, pero no: el señalamiento ha sido que tenía en operación una prisión mal administrada y no una “estación migratoria” tolerable.

Garduño fue absuelto a cambio de cumplir algunas “medidas reparatorias”, como pedir perdón públicamente a las víctimas, lo que explicablemente ofendió a los deudos y a organizaciones de derechos humanos, porque así dieron “carpetazo” a sus demandas de justicia.

Con él en el INM, en 2024 la detención de migrantes alcanzó cifras históricas: poco menos de un millón.

Por donde se vea, la reivindicación del carcelero con su reincorporación al servicio público es, sencillamente, imperdonable. 

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El arte de patear el bote

Pensándolo bien/Jorge Zepeda Patterson

Milenio, 

No, no hay manera de que México pueda enfrentar a Trump. Y habrá que recordarlo, porque todo parece indicar que dará un manotazo sobre algún objetivo del crimen organizado en territorio nacional. Está convencido de que necesita golpes mediáticos antes de las elecciones de noviembre. Su popularidad había caído mes tras mes hasta rondar apenas en 40 por ciento de aprobación, pero en enero subió dos puntos porcentuales. Su círculo lo atribuye a la aprehensión de Nicolás Maduro. En consecuencia, Trump asume que en los próximos meses necesita acciones de la misma espectacularidad. El republicano entiende que, de no levantar sus niveles de aprobación, la probabilidad de perder una o las dos cámaras del Poder Legislativo provocaría que la segunda mitad de su periodo quede muy maniatado.

No es casual, pues, que en los últimos días nada le interese más que hablar de una especie de anexión de Groenlandia y de asestar un golpe directo a los cárteles de la droga en México. Son acciones que nutren la imagen de macho alfa que Trump gusta proyectar entre su base y que, a diferencia de otras, como las disputas tarifarias o el envío de tropas a ciudades de mayoría demócrata, no le generan la desaprobación del electorado. La mayoría de los estadunidenses no desea que sus hijos se involucren en una guerra en cualquier lugar del mundo, pero a la luz de las encuestas de enero queda claro que muchos de ellos aplauden las exhibiciones de poder de Estados Unidos, siempre y cuando no tenga costos personales para el ciudadano. Trump entiende que encontrar una forma de hacerse de Groenlandia o asestar coscorrones punitivos a quienes “asesinan con fentanilo a nuestros hijos” es una manera de conseguirlo.

Visto así, la probabilidad de que suceda es alta. Hay que intentar evitarlo, pero es evidente que Donald Trump no es un hombre que tome decisiones a partir de datos reales o de argumentos sobre lo que en verdad conviene a ambos países. Opera a partir de sus intereses político-personales y su insaciable necesidad de reconocimiento. Por supuesto que seguirá argumentando sobre el impresionante descenso, casi a la mitad, del número de muertos por sobredosis en los últimos doce meses en Estados Unidos, que los expertos atribuyen al desplome en la circulación de fentanilo. Es decir, los datos muestran que México está cumpliendo su parte a cabalidad. Para Trump no es suficiente; asestando una media docena de intervenciones (el bombardeo de un laboratorio en la sierra, el secuestro de algún capo, la destrucción de un almacén), intentará hacerse del protagonismo completo y aprovechar la nueva estadística para atribuirse el mérito. Por desgracia, que una intervención suceda o no, no depende de estadísticas, de razones jurídicas, humanitarias o morales, sino de cálculos electorales.

Dentro de los escasos márgenes con los que cuenta, el gobierno de Claudia Sheinbaum ha hecho un meritorio trabajo para, al menos, no ponérsela fácil. No solo por el abatimiento del crimen y el descenso en los montos del tráfico, sino también por la disposición a una colaboración plena. El envío de 92 capos, entre ellos los más importantes, desmonta el argumento de que el Estado mexicano está coludido con los cárteles de la droga, como suelen decir algunos halcones en Washington. Si así fuera, el gobierno mexicano sería el menos interesado en poner en manos de un sistema judicial extranjero a los cómplices de su crimen.

Todo lo que ha hecho México a este respecto era necesario, pero no es suficiente, porque en buena medida escapa a nuestro control. Lo cual nos lleva al segundo punto. ¿Qué haremos cuando suceda?

Algunos en Morena apostarían, de manera natural, al “masiosare”, atraídos por una romántica noción del martirologio y los lemas de “patria o muerte”. Dirán que México necesita responder con severas represalias políticas o comerciales y el fin de toda colaboración con agencias de seguridad o el Pentágono. Es una línea por demás delicada. Cada cual está en libertad de inmolarse, si así lo desea, pero el gobierno sabe que las consecuencias para millones de mexicanos de a pie pueden ser devastadoras. Somos terriblemente vulnerables por razones de frontera, exportaciones, remesas, tecnologías, suministro de gas y combustibles, turismo, entre otros. Plantarle cara a Trump suena hermoso, pero es irresponsable cuando la vida de tantos está en juego y solo el agresor tiene un dedo sobre el gatillo.

Por otro lado, críticos y oposición aprovecharían un golpe de Trump para argumentar la debilidad del gobierno mexicano y exigir que nuestro país deje de ser rehén de Estados Unidos. Como si la dependencia extrema que hoy nos tiene atados de manos no hubiese sido responsabilidad de los gobiernos que estos críticos apoyaron.

La respuesta ante una posible intervención tendrá que ser un portento de cabeza fría y estrategia. Nadie meterá las manos por nosotros. Ni las denuncias internacionales ni las marchas en el Zócalo disuadirán a Trump de intervenir. El gobierno tendrá que hacer el ruido que sea necesario para encarecerle acciones de esta naturaleza. Pero habrá que entender que la eliminación arbitraria de un capo no es anticipo de una invasión o la pérdida del territorio. En esencia, de lo que se trata es de un político en búsqueda de un golpe mediático electoral, no de quebrantar lo fundamental de nuestra soberanía.

La única buena noticia es que este Trump desaforado enfrenta una posible fecha de caducidad: nueve meses más. Habría que apostar a que a partir de noviembre cambien las cosas y en dos años sea factible una alternancia en la Casa Blanca.

Siendo así, habría que relativizar las cosas, evitar la indignación arrebatada que apele a la heroicidad con cargo a los más necesitados. Encontrar la manera de responder con dignidad, pero entender que mexicanos y estadunidenses estamos vinculados en modalidades complejas que no deben ser afectadas por la imagen que tengan los dirigentes políticos de sí mismos. Si hay un irresponsable en la mesa, Trump, el mejor interés de México es mostrar lo absurdo de su proceder, aislar el incidente, entenderlo como lo que es, una necesidad puntual de un político desmesurado a la baja. Las circunstancias son desfavorables, pero los tiempos están a nuestro favor si sabemos utilizarlos. Patear el bote con inteligencia puede ser la mejor estrategia en los próximos meses.

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'Autoritarismo competitivo' y 'dictadura germinal'

Día con día/Héctor Aguilar Camín

Milenio, 

Con buen sentido, muchos observadores de la involución democrática de México desconfían del uso de la palabra dictadura para describir lo que sucede aquí.

Algunos, como Denise Dresser, sienten mejor descrito lo que nos sucede por el concepto autoritarismo competitivo, acuñado por Steven Levitsky en su reflexión sobre el ascenso de los populismos autoritarios del siglo XXI.

Levitsky dice que hay países cuyo régimen político involuciona hacia la autocracia, pero no ha llegado ahí, porque a sus gobiernos les falta el control del Poder Judicial y el control de los órganos electorales.

Mientras eso no está en manos del gobierno, dice Levitsky, los populismos pueden ser dominantes, incluso avasalladores, pero queda un espacio no dominado por quien manda, un espacio competitivo donde pueden ganar en las urnas la protesta, el contraste, la oposición y la pluralidad, por limitadas que sean.

En sus reflexiones sobre el tema, Levitsky no ha incluido a México entre los países caracterizados por el autoritarismo competitivo.

Supongo que irá añadiendo a su lista los que van derivando hacia allá, aquellos que han desmantelado toda la arquitectura democrática que tenían, pero no han cruzado las rayas que él traza como decisivas: el control del Poder Judicial y el control de los procesos electorales.

Yo he intentado para México una caracterización que procede al revés: reconociendo no solo cómo avanza el régimen autoritario hacia los controles plenos, sino cómo está diseñado y hacia dónde se dirige según su diseño, cuando ya tiene en las manos el poder suficiente para cambiar las leyes que le estorban y quedárselo todo.

Creo que vivimos en México una dictadura germinal, en el sentido de que todo lo que necesita un gobierno para ser una dictadura está ya puesto en las leyes mexicanas, menos una: el control de las elecciones.

Es el paso que le falta al autoritarismo competitivo mexicano para volverse una dictadura: controlar las elecciones, de modo que no puedan perder el gobierno en las urnas.

Es el asunto en que está empeñado el régimen morenista en estos días, la pieza cuyos detalles no conocemos, pero cuya intención sabemos de sobra: quedarse legalmente con todo el poder, ser una dictadura constitucional plenamente germinada.

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Obligan a Pablo Gómez a escuchar a PVEM y PT/Salvador García Soto

EL UNIVERSAL, | 22/01/2026 |

Como los flojos y los soberbios, que por hacer mal las cosas y no escuchar opiniones terminan trabajando doble, a Pablo Gómez la presidenta Claudia Sheinbaum le ordenó reabrir los trabajos de la Comisión para la Reforma Electoral y le regresó sus propuestas para que las dialogue y negocie con los dirigentes del PVEM y el Partido del Trabajo, los dos aliados de Morena a los que Gómez nunca escuchó ni tomó en cuenta y que amenazaron con no acompañar dicha reforma por no haber sido consultados.

La decisión de que sea Gómez quien se siente a la mesa con los líderes del Verde y del PT, se tomó en Palacio Nacional, después de que los dos partidos advirtieron que no votarían a favor de una reforma que no conocen y para la cual no fueron tomados en cuenta. Fue la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, quien ayer en las pláticas con dirigentes y coordinadores de los dos aliados del oficialismo, les anunció que por indicaciones de la doctora, la Comisión Presidencial volverá a sesionar para escuchar exclusivamente a los petistas y a los verdes.

“En 6 meses que estuvieron haciendo consultas nunca nos contemplaron ni nos convocaron a presentar nuestras propuestas; de ahí que nosotros no nos sintiéramos identificados ni representados por las propuestas que presentó la Comisión. Hoy lo que nos dijeron en Gobernación es que Pablo Gómez tendrá que escucharnos, dialogar abiertamente con nosotros y tomar en cuenta las propuestas que tenemos tanto nosotros como los del PT”, comentó a esta columna un dirigente del PVEM que participó en las negociaciones de los últimos días en Bucareli.

Esta y la próxima semana Pablo Gómez tendrá que sentarse con los aliados morenistas y responder a sus dudas y cuestionamientos en temas como la reducción de los plurinominales, que se plantea reducir en 100, aunque eso es algo que no ven bien ni el PT ni el Verde, además de la reducción del financiamiento a los partidos, algo que preocupa porque si les reducen dinero público las fuerzas políticas recurrirán a financiamientos privados de cualquier tipo.

Pero la molestia que ha generado el trabajo de Gómez y la Comisión presidencial no es exclusivo de los verdes y petistas. Dentro de Morena hay muchas voces, en el Senado y la Cámara de Diputados, empezando por los coordinadores Adán Augusto López y Ricardo Monreal, que cuestionan duramente la “cerrazón y soberbia” con la que se condujo el presidente de dicha comisión que no sólo no escuchó a los aliados, sino que tampoco tomó en cuenta a las bancadas de Morena en el Congreso, que serán finalmente las que tengan que votar y aprobar la iniciativa.

Ya no digamos en la oposición donde, no sólo Gómez, sino la propia presidenta Sheinbaum diseñó un mecanismo de consulta y elaboración de su reforma en la que nunca contempló a los dirigentes opositores y a expertos electorales que fueron y siguen siendo desdeñados e ignorados en el diseño y elaboración de una reforma que cambiará las reglas del juego político y democrático en el país.

Ahí sí que la soberbia también fue de la Presidenta que, al encomendar la consulta y redacción de su propuesta de reforma a un grupo cerrado de militantes de Morena y funcionarios de su gobierno, traicionó y violentó los criterios políticos que hasta ahora habían funcionado y operado en la elaboración de las últimas reformas electorales y políticas en México, desde la de 1977 del priista Jesús Reyes Heroles, que le abrió la puerta a las minorías y a la pluralidad en el Congreso; hasta la de 1996 de Ernesto Zedillo que creó el IFE ciudadano y sacó al gobierno de la organización y calificación de los comicios; hasta la más reciente que se hizo en 2006, después de la protesta de Andrés Manuel López Obrador con su “voto por voto y casilla por casilla”.

De hecho, si no hubiera sido por esa reforma que se hizo en el gobierno de Felipe Calderón, el mismo al que tanto repudian los morenistas, López Obrador no hubiera podido crear un partido político como Morena, no hubiera podido competir y difundir sus ideas con tiempos gratuitos en los medios, y no hubiera podido construir, con  el movimiento que en el 2018 compitió en igualdad de circunstancias y arrasó en la Presidencia. Esa reforma, que le dio al lopezobradorismo la posibilidad de llegar a poder, se hizo con la consulta, diálogo y consenso del gobierno, su partido, el PAN y todos los partidos de oposición que existían en ese momento, incluido el PRD antecedente de Morena.

Por ahora la Presidenta dio una pequeña muestra de flexibilidad y le ordenó a su soberbio coordinador de la reforma que se siente a dialogar con el PVEM y el PT, aunque lo hizo obligada porque sin los votos de esos dos aliados Morena no podría aprobar los cambios constitucionales porque no tiene mayoría calificada. Esperar que la doctora dejara a un lado su fanatismo morenista y aceptara también escuchar y tomar en cuenta a la oposición, por minoritaria que esta sea, sería casi como pedirle peras al olmo.

Parece que la soberbia del poder ya la hizo olvidar que un día ella y su partido fueron minoría y que fueron los gobiernos del PRI y el PAN los que hicieron reformas y crearon instituciones ciudadanas con las cuales ellos pudieron llegar al poder. Y si ella dice que su reforma no es mala ni es para perpetuarse en el gobierno, ¿por qué entonces no escuchar a los opositores y tomarlos en cuenta con sus propuestas para modificar el modelo electoral?

NOTAS INDISCRETAS… 

En la bancada morenista del Senado descartan que su coordinador, Adán Augusto López, vaya a ser enviado a alguna embajada en Europa como se ha especulado en los últimos días. Nos dicen que el tabasqueño arrancará el periodo de sesiones en febrero, con la encomienda de sacar adelante la reforma electoral de la Presidenta, y que seguramente concluirá ese mismo periodo en septiembre. Ahora que, después de eso, los mismos morenistas confiesan que “todo puede pasar”, desde una decisión de la Presidenta para cambiar la coordinación en el Senado, hasta presiones de Estados Unidos y, no descartan, la salida del exilio diplomático para el polémico amigo y compadre de Hernán Bermúdez Requena, líder de La Barredora… Y hablando de la Presidenta, se cumplió ya un año del huracán Trump en la Casa Blanca y la doctora Sheinbaum simplemente no ha tenido una reunión bilateral formal y en persona con el presidente de Estados Unidos. Por más llamadas telefónicas y charlas por zoom o aquel fugaz encuentro en el sorteo del Mundial, sin contar el único intento que hizo la doctora para reunirse con Trump en el G7 de junio pasado, hasta ahora nomás no se da la reunión cara a cara y en la Casa Blanca. Y eso que, según fuentes gubernamentales, después de la ríspida llamada del pasado 11 de enero, la Presidenta instruyó al canciller Juan Ramón de la Fuente a pedir, ahora sí ser recibida en Washington para su primera reunión oficial con el presidente de Estados Unidos. El problema, nos dicen las mismas fuentes, es que de la oficina de Marco Rubio nomás no les dan fecha para esa reunión y lo único que le han dado a la SRE son largas, pero ninguna fecha definida para un encuentro entre los dos mandatarios. Y curiosamente ayer el propio Trump anunció que Delcy Rodríguez, la presidenta de Venezuela, pronto será recibida por él en la Casa Blanca, aunque no dio aún una fecha segura… 

En los pasillos del edificio de la Suprema Corte se comenta que, tras su conducta en la última sesión, donde se negó a borrar un párrafo de su proyecto de sentencia que pretendía reabrir el tema de "la cosa juzgada" y sostenerlo como si fuera criterio judicial, la que cada día se queda más sola es la ministra Lenia Batres por tantos problemas en que ha metido a la Corte y tanto desprestigio que ha traído. Y cuentan que la "ministra del pueblo" reciente fue a Austin, Texas, a hablar mal de la Corte anterior y del sistema de justicia que dinamitaron con la Reforma Judicial de Claudia Sheinbaum y de López Obrador anterior. Y quienes la escucharon dicen que dio un discurso plagado de errores jurídicos y de temas ideológicos. La invitó a dar esa plática John Ackerman, cuñado de su  coordinador de ponencia Netzaí Sandoval. Y se soltó tanto la ministra Batres que hasta habló de Femsa, la empresa de un particular nacional, como es José Antonio Fernández y lo hizo en el extranjero, algo grave para una ministra de la Corte que tendría que ser imparcial y respetuosa de los derechos de los mexicanos... En el incendiado Foro de Davos, donde el calor e importancia del debate entre el presidente Trump y la Unión Europea, reavivó al decaído "templo del neoliberalismo y la globalización", fue visto el diputado de Morena, Pedro Haces, y quienes lo vieron dicen que el polémico líder de la CATEM prepara una noticia desde Davos para los trabajadores de su central. ¿Qué anunciará el también vicecoordinador de Morena en la Cámara de Diputados... Se baten los dados. Capicúa y repetimos tiro. 

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