22 ene 2026

El Hércules C-130 y el permiso del Senado/ Fred Alvarez P.

El Hércules C-130 y el permiso del Senado

La soberanía no solo se defiende con aviones propios, sino con la verdad completa. | Fred Álvarez

La Silla Rota, el 21/1/2026 · 22:06 hs

El cielo de Toluca, acostumbrado al murmullo discreto de los jets ejecutivos, fue sacudido el pasado sábado por una silueta que no admitía indiferencia. Un Hércules C-130 estadounidense emergió del horizonte mexiquense; un gigante diseñado para la guerra respirando, de pronto, en nuestro patio civil.

En la geopolítica, ver un coloso de la Fuerza Aérea norteamericana descender desde Texas hasta el corazón del Estado de México es mucho más que logística. Con la sombra de Trump proyectándose nuevamente desde el norte, el estruendo de esos motores se sintió como un eco de incertidumbre, especialmente a pocas horas de la alerta KICZA 0015/26, emitida por la Federal Aviation Administration (FAA) de EU y vigente hasta mediados de marzo. Hoy, cada neumático extranjero que toca suelo mexicano se convierte, inevitablemente, en un debate sobre la soberanía.

La parálisis y el "autobús" de la discordia

Tras 24 horas de vacío informativo y revuelo digital, el Gabinete de Seguridad soltó, pasadas las 20:00 horas del domingo, un escueto mensaje en "X" apelando a protocolos establecidos y acuerdos bilaterales. Fue hasta la mañanera del lunes 19 de enero cuando la presidenta Claudia Sheinbaum intentó armar el rompecabezas: el Hércules funcionó como un "autobús escolar" de alto tonelaje para llevar a funcionarios de la SSPC a entrenarse con el Comando Norte. Una estancia de un mes, sin armas, bajo un permiso —según ella— de octubre.

—"¿Y por qué no aterrizaron en la base militar del AIFA?"—, le preguntaron. "Tuvieron sus motivos", respondió, admitiendo que la SEDENA autorizó la pista civil por "condiciones logísticas".

Mmm... Quizá el motivo era ese: que todos pudiéramos verlo. Un mensaje de acero a la vista de todos; así se maneja hoy la Casa Blanca.

Aquí es donde la presidenta parece "hacerse bolas" con la información; quizás debió callar y dejar la respuesta técnica al Gabinete de Seguridad. Mi comentario sobre este punto pueden verlo en la red:

https://www.youtube.com/watch?v=D2hdBvvFYpY

¿Cómo estuvo la mañanera del lunes 19 de enero?

El ambiente se tensó cuando Elizabeth Robles, del Canal del Congreso, puso sobre la mesa la duda que flotaba en los pasillos legislativos: se pidió autorización, sí, pero la oposición reclama que el Senado fue ignorado.

—No tendría que haberse consultado —reaccionó de inmediato la c. Presidenta—. No venían tropas de Estados Unidos ni mucho menos. Es una autorización de octubre pasado para un asunto de capacitación —subrayó—.

Sin embargo, la duda persistía. Salvador Corona, de El Universal, buscó la precisión: —¿Pero fue el Senado quien autorizó ese vuelo?

—¡No necesita autorización del Senado! —sentenció la presidenta, tajante. Acto seguido, ofreció que el Gabinete de Seguridad informara bajo qué condiciones técnicas es necesaria dicha venia.

El reportero, buscando el detalle humano y logístico, reviró: —Entonces, si no hubo ingreso de tropas y es para capacitación... ¿quiénes venían en ese avión?

—No, al revés —corrigió ella—. Fueron unas personas a capacitarse a EU.

—¿Mexicanos a EU? —inquiere el versado reportero, casi incrédulo.

—Sí, claro, sí —confirmó la presidenta.

—¿Y por qué no aterrizaron en la Base Militar del AIFA, en Santa Lucía? —lanzó la pregunta directa.

—Fue una condición que se estableció. En efecto, deben aterrizar en Bases Aéreas Militares, pero en este caso aterrizaron en Toluca con autorización de la Secretaría de la Defensa —explicó la jefa del Ejecutivo—.

Para cerrar el círculo y no dejar cabos sueltos, se le insistió a Sheinbaum sobre la identidad de los viajeros en ese avión americano: —¿Son soldados mexicanos los que viajan?

—Un equipo de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana se fue a capacitar allá —concluyó ella—. Está autorizado por el Sistema de Seguridad Nacional; son capacitaciones que se realizan dentro de este Entendimiento —pero no dio los nombres—, y fueron civiles, no marinos.

El tablero de ajedrez

Aquí es donde la crónica se vuelve humana en su contradicción. Si el permiso estaba listo desde octubre, ¿por qué la Secretaría de Gobernación envió una nueva solicitud a la Comisión Permanente apenas el pasado 13 de diciembre? Ese desfase sugiere un error de cálculo o una narrativa que busca saltarse el proceso legislativo que marca la ley.

Todo comenzó como un trámite de rutina: 60 marinos mexicanos (no policías civiles) tenían las maletas listas para Camp Shelby, Mississippi, para dominar la tecnología de drones. Pero el 17 de diciembre el tono cambió. Sobre la mesa de la Permanente aparecieron dos documentos espejo: la salida de nuestros marinos y la entrada de Navy SEALs a territorio nacional (Estado de México y Campeche).

La senadora Verónica Camino Farjat (Morena) leyó la solicitud para el viaje de los marinos. "Remítase al Senado", sentenció la diputada presidenta de la CP, Kenia López Rabadán, con frialdad; ahí está registrado en el Diario de Debates. Pero la otra mitad del espejo llegó de inmediato: la solicitud para abrirle la puerta a los Navy SEALs y al Séptimo Grupo de Fuerzas Especiales de EU. El plan era ambicioso: soldados estadounidenses desplegados desde Donato Guerra hasta las costas de Champotón.

La pausa en el Senado

El Senado recibió la petición y fue turnada a la Comisión de Marina, pero ocurrió el "fenómeno Venezuela" que dejó todo en pausa, especialmente el arribo de las fuerzas especiales norteamericanas.

En efecto, lo que debía ser una aprobación rápida el 5 de enero se esfumó. No fue burocracia, fue geopolítica pura. Los senadores decidieron congelar la puerta de entrada y salida a las fuerzas de élite. No fue una simple cuestión de agenda parlamentaria, sino un síntoma de los tiempos. El senador Manuel Huerta fue claro: la intervención militar de EU en Venezuela obligó a México a poner pausa...

—"¿En la gaceta parlamentaria de hoy aún está agendada esa reunión del lunes 5?"—, preguntó a Huerta la reportera Andrea Becerril de La Jornada.

—"Ya hemos sido informados los integrantes de la Comisión de Marina que se suspende esa reunión y considero que es lo más adecuado por este contexto de movilización geopolítica. Si vamos a analizar ese tema para que tengamos más elementos de decisión. Hay que ver cómo se reacomoda la situación, siempre es importante actuar sin aceleramientos, sin prisas" —respondió el legislador—.

¿Quién dio la orden de poner esa pausa?

https://www.youtube.com/watch?v=O71kskV8vRI

No lo sabemos. El punto es que el periodo extraordinario prometido para el 13 de enero nunca ocurrió; el silencio fue absoluto. La presidenta de la Mesa Directiva, Laura Itzel Castillo, confirmó la "pausa" indefinida. Sin consensos, el Senado dejó a las tropas en un limbo legal, y ocurrió lo que vimos. Simplemente los senadores no hicieron su trabajo; hay responsabilidad por ese error.

El muro de la Constitución y el vacío de la ley

Mientras la oposición enciende alertas citando el Artículo 76, Fracción III, Laura Itzel Castillo ha marcado una línea para deslindar a la Cámara Alta. Su argumento es de una técnica legal que deja más dudas que certezas: dice que como el avión transportaba a "elementos civiles", el Senado no tiene "vela en el entierro".

¡Caray con la hija de Heberto Castillo!

Resulta curioso que se use la etiqueta de "personal civil" para justificar un transporte de guerra de la Fuerza Aérea norteamericana (Base Dyess, Texas), argumentando que la Constitución habla de hombres, pero no de sus máquinas; leamos:

Artículo 76. Son facultades exclusivas del Senado: 

(...) III. Autorizarlo también para que pueda permitir la salida de tropas nacionales fuera de los límites del País, el paso de tropas extranjeras por el territorio nacional y la estación de escuadras de otra potencia, por más de un mes, en aguas mexicanas.

¡La ley es la ley!, y "no acierta ni se equivoca", como diría el poeta Auden.

La oposición alzó la voz

Ante ello, los líderes del PAN y el PRI, Marko Cortés y Manuel Añorve, lanzaron un contraataque frontal. Cortés exige saber quién autorizó el ingreso, mientras que Añorve revela un dato demoledor: la última autorización del Senado para tropas estadounidenses venció el 12 de diciembre. Cualquier presencia posterior carece de sustento legal vigente. Hasta el momento no ha quedado claro el asunto; este miércoles hay sesión de la Permanente, y debemos estar pendientes.

El senador Ricardo Anaya (PAN) cuestionó la opacidad en torno al aterrizaje del Hércules C-130; instó de hecho al Gobierno Federal a aclarar los detalles sobre este vuelo, exigiendo saber quiénes viajaron en la aeronave y bajo qué marco jurídico se permitió la entrada de personal estadounidense. Anaya pone el dedo en la llaga: "Cooperación sí, opacidad no. Y respeto absoluto a las facultades constitucionales del Senado" (Nota de Mayolo López de Reforma).

En fin. La urgencia de profesionalizar a nuestros cuadros de seguridad terminó exponiendo lo que debió ser una operación transparente. La postura oficial es clara: cooperación sí, subordinación no. Pero el Hércules en Toluca queda como la metáfora perfecta de nuestra realidad. Mientras en los palacios se negocia el tablero Trump-Sheinbaum, en la pista se siente el viento helado que sopla desde el norte, desde las orillas del Potomac.

El ciudadano hoy observa con cautela, intentando distinguir si quien aterriza en su jardín viene a ofrecer una herramienta o a marcar un territorio bajo asedio. Violaron la Ley y, tarde o temprano, deberán reconocerlo.

Pero en México no pasa nada, solo queda el registro:  ¡Para la historia inmediata!

PD: El documento vence al discurso

Para frenar la especulación sobre la colaboración con EU, la presidenta anunció un giro táctico: de ahora en adelante, México pondrá el transporte. "Es mejor que vaya un avión mexicano a que vengan aviones de Estados Unidos a recogerlos", sentenció, buscando retomar el control de la narrativa..

Sin embargo, mientras la explicación oficial se refugiaba en una escueta "decisión del Consejo Nacional de Seguridad", los documentos contaban otra historia. Una filtración revelada por el periodista Claudio Ochoa para Latinus puso nombre, apellido y matrícula a la operación. El permiso, emitido por el Estado Mayor de las Fuerzas Armadas el 16 de enero —con una fecha escrita a mano que delata una firma de última hora—, autorizó al coronel Keith B. Weiner, de la Embajada de EU, para que la aeronave cumpliera su misión.

Los puntos que el oficio aclara y el discurso omitió son quirúrgicos:

El objetivo: El avión no venía por "personas" al azar, sino por 39 integrantes de la Unidad Nacional de Operaciones Estratégicas de la SSPC, con destino al centro de entrenamiento de Camp Shelby (Curiosamente al mismo lugar y el mismo día que estaba planeado para que fueran  60 marinos mexicanos (no policías civiles), iban a dominar la tecnología de drones)…

La tripulación: Mientras la Presidenta dejaba el dato en el aire ("a ver si nos dicen"), el documento ya registraba a cinco efectivos bajo el mando  del capitán Neil Lindsey.

En efecto,  se prohibió el armamento orgánico y se ordenó desactivar cámaras y sensores de percepción remota sobre territorio mexicano, avalando incluso 28 matrículas alternas.

La presidenta insistió en que no se violó ninguna ley y que, al no ser "tropas" en misión de combate, el permiso del Senado era innecesario. No obstante, la realidad es más compleja: el traslado de los marinos no pudo concretarse precisamente por la falta de ese permiso que el Senado no otorgó.

¿Por qué no decirlo como fue? Al final, la soberanía no solo se defiende con aviones propios, sino con la verdad completa. Mientras el discurso intenta matizar, el periodismo de investigación hace su trabajo y nos recuerda que, en la era de la transparencia, los documentos siempre terminan por alcanzar a las palabras.

@fredalvarez 

 

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