Todavía no se disipa el olor a copal de aquellas ceremonias de "purificación" en Cuicuilco y el Zócalo, y los nuevos ministros de la SCJN ya se bajaron del petate para subirse a la camioneta de lujo. ¡Para eso me gustaban!
Parecía que el pasado 1 de septiembre nacería un Poder Judicial distinto; uno que, investido con bastones de mando, prometía caminar el suelo de México con los pies en la tierra. Pero la mística resultó ser puro teatro, una farsa. El humo de las ofrendas se esfumó y lo que quedó debajo no fue justicia, sino el brillo de la pintura automotriz de alta gama; una sheroki, quizá para recordar el origen indígena de nuestro presidente de la Corte.
Ayer, la "Corte del Pueblo" —esa que encabeza Hugo Aguilar Ortiz— nos recordó que el poder tiene una debilidad crónica por el privilegio. Estamos ante una farsa de dimensiones monumentales: usan la sabiduría indígena para "limpiar" las oficinas, pero aplican la vieja maña de las placas de Morelos (RBE 247E) para evadir al fisco. (Foto de Reforma)
Es la ironía en su máxima expresión: mientras el ciudadano de a pie paga su tenencia completa, estos "ministros del pueblo" registran sus búnkeres móviles en Morelos para pagar menos de mil pesos, en lugar de los 140 mil que les corresponderían en la Ciudad de México.
¡Caray! La astucia para el ahorro personal le ganó, por mucho, a la vocación de justicia social.
¿Dónde quedó la austeridad? ¿Dónde la cercanía? Hoy se escudan en "estándares de seguridad" cuando no existe una sola amenaza real que justifique semejante despliegue. No solo es el blindaje; son los robustos equipos de seguridad personal que los encapsulan. Pareciera que les urge protegerse de ese mismo "pueblo" que dicen representar.
No hay congruencia en ser un "ministro itinerante" si el viaje se hace en una burbuja de acero que te separa de la miseria de los juzgados.
Lo que vimos en Cuicuilco y en el Zócalo fue propaganda, no reivindicación. Usaron lo sagrado para legitimar lo superfluo.
Al final, estos ministros resultaron tan "fifís" como los de antes —o acaso peores—, solo que estos vienen envueltos en incienso para disfrazar el olor a piel nueva.
Pregunto: ¿Se puede juzgar con ética cuando el primer acto es una simulación religiosa y el segundo es una evasión fiscal de lujo?
Y la sorpresa del día: la C. Presidenta Sheinbaum ahora funge como vocera de la Corte. Dijo desde Veracruz que la compra de estas camionetas fue para "ahorrar" mil millones de pesos.
Orale..
El discurso de austeridad se volvió un malabarismo de cifras para justificar la opulencia. Es el mundo al revés: el Ejecutivo justificando el lujo de un Poder Judicial que apenas ayer juraba austeridad "republicana".
La "limpia" con copal resultó ser solo un barniz para ocultar que la nueva élite judicial ya le tomó el gusto a la buena vida. Y lo peor: lo hacen con el visto bueno de quien debería exigirles cuentas, no fabricarles excusas.
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