27 ene 2026

El buque que no zarpó: Cuando el realismo venció a la solidaridad


En apenas unos días, nuestro país ha recibido una ráfaga de realidades que vienen del norte y que no admiten matices: desde el aterrizaje del Hércules C-130 en Toluca hasta la entrega exprés de 37 objetivos prioritarios y la captura de Ryan Wedding bajo la mirada vigilante de Kash Patel, el poderoso director del FBI.
Pero el mensaje más contundente no llegó en un avión militar, sino en el silencio absoluto de un puerto petrolero.
La advertencia de la republicana María Elvira Salazar fue el preludio de lo que venía: el envío de crudo a Cuba ya no es un gesto humanitario para Washington, sino una factura que se cobrará con intereses en la revisión del T-MEC este julio. Tras la visita de Patel —el "cerebro" de seguridad de Trump—, México parece haber entendido que la solidaridad ideológica es hoy un lujo demasiado caro.
El resultado es el buque Swift Galaxy, un gigante de acero que debía zarpar este mes cargado de crudo para la isla y que, súbitamente, desapareció del programa de Pemex sin rastro ni explicación. El año pasado, Pemex enviaba en promedio un barco al mes (unos 20 mil barriles diarios); hoy, la bitácora está en blanco.
Esta mañana, 27 de enero, ante el desmentido de los hechos, la Presidenta optó por el refugio de la semántica. Confirmó que el país dejó de enviar crudo, pero se apresuró a etiquetarlo como una "decisión soberana".
"Pemex toma sus decisiones... es una decisión soberana que ha venido desde hace muchos años", señaló, evitando comentar directamente el reporte de Bloomberg.
Sin embargo, en EU este movimiento se lee como una capitulación necesaria. El discurso dice que México es libre de ayudar a Cuba frente al bloqueo, pero la realidad se impone: el cargamento se cancela justo cuando Trump amenaza con dejar en "cero" el flujo de energía a la isla tras la caída de Maduro en Venezuela.
El mensaje en el muelle
Es el dilema de una administración atrapada entre su historia y sus intereses. Mientras la Mañanera defiende principios de "no intervención" y "ayuda humanitaria", los documentos técnicos confirman que las manos en las válvulas están siendo mucho más cautelosas que las palabras en el atril.
Bajo el paraguas de Pemex, el Gobierno Federal intenta salvar la cara. Se dice que la estatal decide "cuándo y cómo", pero la coincidencia con la presión de la Casa Blanca es absoluta. El mensaje es ambiguo pero descifrable: se mantiene el puño en alto en el discurso, pero se baja la palanca en el muelle.
Al final, la solidaridad mexicana ha chocado de frente con el muro del pragmatismo. La soberanía se predica con pasión, pero los barcos se detienen con realidades geopolíticas. Como diría el clásico: la realidad tiene otros datos, y esos datos hoy se quedan anclados en puerto mexicano por orden de quien realmente marca el ritmo desde el norte.


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