Davos fue testigo de un desafío sin precedentes. Mark Carney no solo habló; sacudió los cimientos del foro al confrontar la visión de Trump. La respuesta fue unánime: una ovación de pie que hizo historia en la nieve suiza.
Carney no solo convenció, arrebató el aplauso más largo y sonoro que se recuerde en la historia reciente de Davos.
Este es su discurso que dió el pasado 20 de enero..
Es un placer, y un deber, estar entre ustedes en este momento decisivo para Canadá y para el mundo.
Hoy hablaré de la ruptura del orden mundial, del fin de una ficción agradable y del comienzo de una realidad brutal en la que la geopolítica de las grandes potencias no está sujeta a ninguna restricción.
Pero también les diré que los demás países, en particular las potencias medias como Canadá, no son impotentes. Tienen la capacidad de construir un nuevo orden que integre nuestros valores, como el respeto de los derechos humanos, el desarrollo sostenible, la solidaridad, la soberanía y la integridad territorial de los Estados.