El giro obligado de timón en Palacio Nacional
La diplomacia suele ser un juego de susurros y matices, pero Donald Trump prefiere el estruendo del megáfono. Lo que hasta hace unas horas se resguardaba bajo el velo de las "conversaciones cordiales", el republicano lo transformó la noche del sábado en una cruda y pública exhibición de poder.
A bordo del Air Force One, con la soltura de quien se sabe dueño del tablero y del viento a favor, soltó la bomba: Claudia Sheinbaum cedió.
La narrativa oficial de Palacio Nacional se resquebrajó ante la calculada indiscreción del magnate. Trump no buscó eufemismos para confesar que su instrucción fue seca y directa: "No queremos que envíes petróleo allá", le habría dicho a la mandataria mexicana durante aquella llamada telefónica de 40 minutos que, en su momento, fue calificada de "exitosa".