Entre el rugido del acero y el silencio del sistema
El kilómetro Z230+290, cerca de Nizanda, Oaxaca, ha dejado de ser una simple coordenada técnica para convertirse en una cicatriz abierta. El saldo no admite eufemismos: 14 vidas segadas y casi un centenar de personas que hoy llevan el siniestro tatuado en la memoria y en el cuerpo.
La Fiscal General, Ernestina Godoy, ha puesto las cartas sobre la mesa con el comunicado 043/26. Su narrativa, presentada en un video grabado —sin el incómodo filtro de las preguntas de la prensa—, es tajante y no admite matices: la culpa es del hombre, no de la máquina; del maquinista, no del sistema.
El veredicto es de la "Caja Negra". ¡Punto!
Según el peritaje oficial, la física fue la única jueza, hasta el momento.
El informe dibuja un escenario de decisiones inexplicables en la cabina: en la curva del desastre, el convoy rugía a 65 km/h, desafiando el límite de 50 km/h dictado por la norma de seguridad. Pero el dato más inquietante es el trayecto previo: durante una hora, el tren alcanzó picos de 111 km/h en rectas donde el tope son 70.