13 may. 2017

Un obispo vestido de blanco

Conferencia de prensa del papa Francisco en el avión en el que volvió del Santuario de Fátima en Portugal a Roma., 13 de mayo de 2017

Aura Miguel: Santidad, en Fátima, usted se ha presentado como el obispo vestido de blanco.
Papa Francisco: Sí.
Aura Miguel: Hasta ahora esta expresión se aplicaba a la visión de la tercera parte del secreto, San Juan Pablo II, y los mártires del siglo XX. ¿Qué cosa significa ahora su identificación con esta expresión?
Papa Francisco: La oración no la hice yo sino el Santuario. Pero yo también he buscado por qué han dicho esto y hay una relación con el blanco. El obispo de blanco, la Virgen de blanco, la vestidura blanca de la inocencia de los niños y luego el bautismo. Es la inocencia. Hay una relación en esa oración sobre el color blanco. Creo que, porque no lo hice yo, literariamente han buscado de expresar ese aspecto de inocencia, de paz, inocencia, no hacer mal al otro, de no hacer la guerra, lo mismo.

Aurora Miguel: ¿Hay alguna interpretación de las visiones del secreto?
Papa Francisco: No, qué visiones… Creo que el entonces Cardenal Ratzinger, en ese tiempo Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, lo ha explicado todo claramente. Gracias.
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La oración del “obispo vestido de blanco”: derribaremos todos los muros
Fátima, la súplica de Francisco a María. Bergoglio habló sobre sí mismo usando las mismas palabras del Tercer Secreto. Imploró la paz y la «concordia entre todos los pueblos»
Vatican Insider, Pubblicato il 12/05/2017
ANDREA TORNIELLI
ENVIADO A FÁTIMA
«Miro tu túnica de luz y, como obispo vestido de blanco, tengo presente a todos aquellos que, vestidos con la blancura bautismal, quieren vivir en Dios y recitan los misterios de Cristo para obtener la paz». Francisco está absorto en oración frente a la estatua de la Virgen de Fátima, delante de la canillita de las apariciones del Santuario de Fátima. Y, recitando la súplica a la Virgen, utiliza la expresión contenida en el texto del Tercer Secreto de Fátima para definirse a sí mismo: «obispo vestido de blanco». Como se recordará, al escribir, veinticinco años después de la visión recibida el 13 de mayo de 1917, sor Lucía habló de un «obispo vertido de blanco» que sufre el martirio en compañía de muchos otros cristianos, afirmando tener el presentimiento de que se tratara del «Santo Padre». 
En la oración, intercalada con el canto de invocaciones marianas, Francisco se presentó como «peregrino de la paz» y añadió: «imploro para el mundo la concordia entre todos los pueblos». El Papa le pidió a la Virgen que mirara también «los dolores de la familia humana que gime y llora en este valle de lágrimas». «Haz que sigamos el ejemplo de los beatos Francisco y Jacinta, y de todos los que se entregan al anuncio del Evangelio. Recorreremos, así, todas las rutas, seremos peregrinos de todos los caminos, derribaremos todos los muros y superaremos todas las fronteras, yendo a todas las periferias, para revelar allí la justicia y la paz de Dios». 
 «Seremos —concluyó—, con la alegría del Evangelio, la Iglesia vestida de blanco, de un candor blanqueado en la sangre del Cordero derramada también hoy en todas las guerras que destruyen el mundo en que vivimos». La invocación de la paz y la memoria de la sangre derramada por las víctimas de las guerras estuvo presente desde el primer acto público en el Santuario, en donde se reunieron algunas decenas de miles de fieles. 
 Francisco llegó al Santuario en helicóptero desde la base aérea de Monte Real, en donde lo recibieron miles de fieles que esperaron el paso del papamóvil para saludarlo y, de como fuera, lanzar pétalos de flores. A pesar de que las previsiones meteorológicas no eran de las mejores, cuando el Papa llegó al Santuario el cielo era sereno. Depuso al pie de la estatua un ramo de flores blancas y se detuvo a rezar por largo rato, de pie, frente a la efigie mariana. Lo seguían todos los fieles conmovidos. Esta estatua lleva todavía en la corona una bala extraídos del cuerpo de Juan Pablo II después del atentado del 13 de mayo de 1981. Un profundo silencio cayó en la explanada en donde se encontraba la Cova da Iria, en donde los tres pastorcillos videntes llevaban a pastar al ganado.


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